Lo siento tanto por actualizar tarde pero el trabajo me absorbe

Disfruten

Los personajes de Glee así como la historia no me pertenecen.


—¿Santiago?

Él gruñó, incapaz de hablar, cada músculo suelto y relajado. Brittany había logrado llevarse la fuerza de su cuerpo. La comisura de su boca se curvó en una sonrisa débil. No podía recordar la última vez que había estado tan agotado después del sexo. Por supuesto, tampoco se acordaba de la última vez que su pareja había inspirado tanta necesidad de una segunda ronda. Después de esa primera vez, la había tomado de nuevo. Un poco más rápido, un poco más duro. Rápidamente se hizo evidente que una vez, incluso dos veces, no iban a ser suficientes. Y ella había estado con él, devolviendo cada caricia, su confianza aumentaba y con ella sus deseos. Su sonrisa se ensanchó. Tenía la sensación de que Brittany resultaría ser un amante exigente.

Apretó la mano en su culo, acercándola. El calor de su coño calentaba su muslo y daba lugar a todo tipo de formas en que él podría tenerla, pero sabía que tenía que esperar. Su polla se tomaría un tiempo en recuperarse y ella probablemente estaría irritada. La había montado muy salvajemente la segunda vez. Se lamió los labios imaginando montarla por detrás, con ese culo prieto contra él. Oh, sí, había mucho más que quería hacerle a Brittany pero ahora tenía que darle una oportunidad de recuperarse.

—Creo que deberíamos ir mañana a casa de tus padres.

—¿Hmm?

Había algo preocupante en esa declaración pero como la única parte de su cerebro que parecía estar funcionando estaba centrada en las maneras de follar a Brittany, él no podía averiguar lo que era. Ella pasó la mano por el centro de su pecho y rodó su dedo sobre su pezón. El plano pezón se tensó con su ligero toque. La caricia fue seguida por el lento chapoteo de la lengua en el mismo lugar. Ella imitó los movimientos que él había aplicado a sus pezones, dando vueltas y chupando. Su polla se retorció e instintivamente se movió más cerca, tirando de su pierna sobre la cadera. El calor y la humedad le dieron la bienvenida mientras él apretó su creciente erección entre sus muslos.

—Deberíamos conducir a donde tus padres mañana.

Él trató de escuchar lo que estaba diciendo, pero ella hablaba entre besos sexys y calientes y era difícil concentrarse.

—¿No tenemos programado volar en Nochebuena?

—Sí, pero un coche sería mucho más bonito y entonces Jack podía pasar la Nochebuena con su familia.

—¿Quién?

Él se movió, poniéndose encima de ella, instintivamente deslizándose entre sus piernas. Ella gimió cuando él empujó su polla contra su coño. La parte funcional de su cerebro se estaba desvaneciendo. Había una razón por la que no la iba a follar otra vez, pero ahora mismo, no podía pensar en cuál era. Tenía que estar de vuelta en su interior. Sintiendo todo ese calor que parecía sólo para él.

—Tu piloto. Tiene un nuevo bebé y pensé que sería bueno si no lo hacíamos trabajar en Nochebuena.

La frase concluyó con un jadeo mientras él deslizaba dentro los primeros centímetros. El calor estaba allí, esperando por él, llamándolo por dentro. Brittany clavaba sus dientes a lo largo de la línea de su cuello mientras curvaba su pierna detrás de su espalda.

—¿Podemos, Santiago?

—Por supuesto. —No podía recordar lo que estaba aceptando y no le importaba. Estaba follando a Brittany otra vez y eso era todo lo que importaba. —Bien. —Gimió cuando él empujó, dándole más y más de su polla. — Oh sí, eso es muy bueno —se rió. — Fred es muy interesante.

—¿Fred? —El nombre de otro hombre lo sacó de su aturdimiento. Miró hacia abajo y se dio cuenta de lo que estaba hablando. Genial. Siempre había evitado nombrar a su pene. Ahora, se llamaba Fred y honestamente no tenía a nadie a quien culpar sino a sí mismo. — Me alegro de que te guste.

Él se retiró y se hundió de nuevo, llenándola con cada centímetro.

—Oooh, sobre todo cuando haces eso.

Por la mañana la luz del sol iluminó la habitación y sacó a Brittany de su sueño a regañadientes. Ella se despertó lentamente con una sensación general de paz y calidez, y la creciente conciencia de calor entre sus piernas. Sonrió incluso antes de abrir los ojos. Santiago. Reconoció su caricia mientras deslizaba su dedo en su coño, manteniéndose quieta, saboreando la penetración lenta, los golpes provocativos de la yema del dedo cada vez que se retiraba.

—Sé que no estás dormida, Brittany, —dijo.

—Es sólo una deliciosa manera de despertar. Todo cálido y...

—... y mojada. —retiró su mano y empujó dos dedos dentro de ella. Más familiar ahora con la sensación, ella gimió, sintiendo su cuerpo relajarse al tomarlo.

—¿Está dolorida?, —preguntó mientras seguía con los movimientos lentos en su interior.

—No, sólo siento... Oh, como que quiero más.

Se movieron juntos, rodando hasta él estuvo encima de ella, su polla preparada. Ella inclinó sus caderas, deseando que entrara, deseando más de…

El molestoso sonido de su teléfono móvil rompió el silencio jadeante entre ellos. Santiago cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia adelante.

—Tengo que contestar eso.

Maldiciendo todo el camino, se deslizó fuera del agarre de Brittany y tomo el móvil de la cómoda.

—López —ladró en el teléfono.

Quedándose sin su calor, Brittany rodó hasta el borde y le miró. Estaba tan hermoso allí de pie, todos los músculos fuertes y la deliciosa y erecta polla. Se dio la vuelta sobre su estómago, apretando su mejilla contra el calor que dejó su cuerpo. Su coño se froto contra el colchón y envío cosquillas deliciosas en su núcleo. Repitió el movimiento. No era tan fuerte como cuando Santiago la tocaba pero ooh, era agradable. Observándole, movió sus caderas en círculos, buscando esa caricia esquiva.

Santiago puso el teléfono en la oreja, pero no comprendió una palabra de lo que se dijo. Toda su atención estaba en Brittany; follando despacio el colchón, el culo empujando arriba y abajo. Se quedó con la boca abierta mientras ella deslizaba la mano por debajo de su cuerpo y entre sus piernas. Su débil gemido le dijo que había descubierto su clítoris y estaba explorando. Su polla se despertó hasta el punto de dolor. Nunca había visto algo tan sexual como Brittany desnuda y masturbándose en su cama.

—¡Santiago!

La voz estridente estalló en el teléfono tan alto que incluso Brittany se estremeció. Ella lo miró como si se hubiese interrumpido su placer.

Santiago se quedó mirando el teléfono tratando de reconocer la voz.

—¿Elaine?

—Bueno, ¿quién más creías que era? He estado hablando durante cinco minutos. ¿Has oído una palabra de lo que he dicho?

—No. Lo siento —sabía que debía mirar hacia otro lado, pero no podía convencerse a sí mismo de perderse un momento.

—¿Qué estabas diciendo?, —preguntó vagamente, sin importarle.

—Teníamos una reunión. Hace treinta minutos. ¿Dónde estás? Mi padre está listo para dar el siguiente paso.

Sí, a la cama.

Brittany rodó sobre su espalda, con la mano entre sus piernas. El rosa profundo de su coño brillaba por la humedad. Húmedo y caliente. Deslizo un dedo en el coño y lentamente comenzó a empujar.

—Santiago, te estamos esperando. ¿Cuándo estarás aquí?

—Sí, lo recuerdo. Estaré allí en treinta minutos. —Las caderas de Brittany se mecieron, introduciendo su dedo más profundo. — Tal vez una hora. Hablamos entonces.

Apagó el teléfono y lo dejó caer al suelo, moviéndose hacia la sexy mujer en la cama. Tomó un condón mientras colocaba una rodilla en el colchón y se arrodilló entre sus piernas.

—Santiago, —gimió. — Se siente mejor cuando tú lo haces.

—Permíteme entonces.

Parte de su mente gritaba que tenía que ir a trabajar, pero el resto de su mente, cuerpo y alma callaban la solitaria voz. No había manera de que pudiera perderse esto, renegó de cualquiera de ellos. Elaine, su padre y el resto del mundo podían esperar.

Deslizo los dedos de Brittany fuera de su coño y se los llevó a su boca, lamiendo la humedad de su piel. Algún día no muy lejano podría ser capaz de follarla lentamente; pero el sabor de su coño caliente y el sexy dedo que la penetraba destruyeron las posibilidades de que eso ocurriera ahora. Él chupó los dedos y luego agarró sus caderas, atrayéndola hacia arriba sobre sus muslos. Ella se abrió de par en par ante él, casi sin poder moverse, suya para ser follada. Él puso la polla en su entrada y fue hacia adelante, llenándola con un profundo empujón. Se esforzó por contener un grito. Se sentía tan bien, tan caliente.

—¿Te estoy haciendo daño, cariño?, —preguntó, esperando que ella lo negara. El calor fluyó de su centro y se vertió en su polla.

—Un poco, no, no te detengas. Se siente tan bien. — Sus pechos oscilaron con cada respiración.

—Toca tus senos, —le ordenó. Sus ojos se abrieron como platos, pero ella lentamente deslizó las manos por su cuerpo, acunándolos completamente. — Eso es, cariño, —le alentó él. — Juega con tus pezones. Déjame ver lo mucho que te gusta.

Sus manos se movían en círculos lentos, masajeando y acariciando sus hermosos pechos. La vista endureció su polla aún más, su cuerpo se abrió ante él, su polla enterrada profundamente en su coño.

—Santiago, por favor.

Él apretó su agarre en las caderas y la penetró, montándola con rápidos y profundos golpes.

—Me aprietas con tanta fuerza, cariño, como si nunca me dejarás ir, —dijo mientras empujaba dentro de ella. Sus ojos eran del color del mar por la noche mientras lo miraba fijamente. Las diminutas palpitaciones comenzaron en el fondo de su coño y supo que ella se iba a correr. Deslizó su pulgar en la hendidura y provoco a su clítoris, masajeando el nudo apretado al ritmo de sus embestidas.

Observó mientras la conducía más alto, el placer glorioso en su rostro mientras se corría; largas vibraciones moviéndose a través de su coño que se trasladaban a su polla. Apretó los dientes y gimió cuando la siguió.

A pesar de la urgencia, del hecho de que había gente esperándolo en su oficina; se había tomado el tiempo para un rápido polvo matinal, Santiago se sentía relajado y lleno de energía mientras se vestía. Eso es lo que una noche, y una mañana, de buen sexo hacían por ti. Se quedó mirando las arrugadas mantas y las sábanas esparcidas. La sábana ajustable estaba arrugada en un rincón. Ciertamente habían hecho algún daño a la cama anoche. Él tarareó en voz baja mientras se ajustaba su reloj, creando mentalmente los planes para esta noche. Tal vez traería a casa la cena para que Brittany no tuviera que preocuparse de cocinar y podían pasar la noche en frente de la chimenea, con el árbol de Navidad iluminando. A Brittany le gustaría eso.

Ella entró cuando estaba abrochándose la camisa. Le dio una taza de café, pero se inclinó para darle un beso antes de que pudiera beberlo. No era un beso amistoso, era uno de seducción y Santiago se sintió caer bajo su hechizo.

Maldijo a la gente que esperaba en su oficina y el plan para adquirir Henderson y todo lo que le impedía gatear de regreso a la cama con Brittany. Pero tenía responsabilidades. Las personas dependían de él. Su padre exigiría una contabilidad.

Con una fuerza de voluntad que no sabía que poseía, levantó la cabeza.

—Me tengo que ir. Tengo a Elaine y a su padre esperando en mi oficina.

Los ojos de Brittany se entrecerraron y sus dedos se cerraron alrededor de su cuello, aplastando la tela y sosteniéndolo en su lugar.

—¿Elaine? ¿También tienes sexo con ella?

Abrió la boca para negarlo; él no hablaba de anteriores amantes, pero no podía mentirle.

—Sí. A veces. No muy a menudo. No desde hace tiempo, —se sintió obligado a aclararlo.

—Por lo tanto, ¿la ha hecho sentir de esa misma manera? —Brittany parecía muy ofendida ante la idea.

Santiago negó con la cabeza y respondió con honestidad absoluta.

—No creo que nunca haya hecho a Elaine sentir lo que tú sentiste anoche. No de la misma manera. — Sabía que Elaine se corría cuando estaban juntos o supuso que lo hacía, pero era evidente que no sentía la misma alegría o emoción que Brittany tenía. O entusiasmo y energía.

Brittany asintió con la cabeza, pero él sabía que no estaba completamente satisfecha con sus respuestas.

Supongo que está bien entonces. —Hizo una pausa y él pudo ver su mente trabajando. — No quiero que nadie me caiga mal pero con ella no me importa y no quiero que tú le des ese tipo de magia.

—No lo haré.

—¿No tendrás sexo con Elaine nunca más?

—No.

Los ojos de Brittany se iluminaron con su sonrisa y placer.

—Gracias. — Envolvió los brazos alrededor de su cuello y plantó la boca sobre la suya.

—Me tengo que ir, —dijo alejándose a regañadientes.

—Lo sé. —Le dio unas palmaditas en el pecho y alejó la taza de café de él. — Pero no olvides que estaremos conduciendo esta noche hacia casa de tus padres.

Probablemente deberíamos salir un poco más temprano.

Asintió con la cabeza y luego se detuvo. ¿Qué? ¿Conducir a casa de sus padres? ¿Cuándo había aceptado eso?

Se devanó los sesos mientras se dirigía al coche. Había un vago recuerdo de una conversación aún más borrosa sobre conducir en lugar de volar. Y él lo había aceptado.

El sexo había confundido su cerebro. Se detuvo. No, el sexo nunca había hecho eso antes. Era Brittany. Ella había confundido su cerebro.

Contempló su casa un largo rato antes de decidir que tendría que establecer otra regla en su vida sexual: no hablar con él durante el sexo.


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