- ¿¡Qué!? – exclamaron todos al unísono.
- ¿Acaso perdiste la poca cordura que tenías? – inquirió Hao viendo a Yoh como un loco.
- Solo mira – comenzó Yoh -, somos idénticos, de no ser por el cabello nadie nos diferenciaría. Si yo tomo tú lugar en el Torneo y tú tomas mi lugar en las gradas apoyándote nadie lo notara.
- Eso suena muy bien – dijo Hao haciendo como que lo consideraba – si no tomamos en cuenta un minúsculo detalle… ¡Mi espíritu acompañante es el Espíritu de Fuego, no Amidamaru!
- Entonces enséñame a usar al Espíritu de Fuego – soltó Yoh, logrando que todos lo dieran como perdido -. Corrígeme si me equivoco, Espíritu de Fuego: técnicamente los dos somos una parte del Hao Asakura de hace 500 años y el Espíritu de Fuego era el espíritu acompañante de ese Hao, lo cual significa que no solo tú puedes controlarlo, también yo. – Todos voltearon a ver al Espíritu de Fuego, quien asintió – Solo necesitas enseñarme a hacerlo.
Todos se quedaron callados ante esto, esperando la respuesta de Hao. Éste simplemente veía a su hermano mientras consideraba la idea de Yoh. No era mala, para nada mala y, aunque pareciera una locura, era la única salida buena ante él. Pero, ¿cambiar lugares con Yoh? ¿ser su hermano aunque sea un solo minuto? Ese si iba a ser un suplicio.
- ¿Estás seguro de poder aprender a controlar al Espíritu de Fuego en cinco días? – pregunto Hao poniéndose de pie.
- Completamente – aseguro Yoh. Hao lanzo un suspiro.
- Con seguridad me arrepentiré de esto muy pronto – dijo Hao – Está bien, hagámoslo.
- ¿¡Qué!? – exclamaron todos, excepto Anna, que estaba en estado de sorpresa.
- ¿Enloquecieron o qué?, aunque engañen a todos, no podrán engañar a los Grandes Espíritus, ellos estarán al tanto de esto y los expulsaran del Torneo – salto Irone al tiempo que un extraño dolor de cabeza comenzaba a atacarla.
- Ay, por favor, si fueron tan imbéciles de dejarme con vida, dudo que hagan algo contra esto – señalo Hao.
- ¿Y qué van a hacer con el cabello? – pregunto Irone – Dudo que quieras cortártelo.
- Además de que eso se vería muy sospechoso – apoyo Yoh.
- Fácil – hablo Anna ganándose la atención de todos – Irone, tú tienes la capacidad de copiar los poderes de los demás shamanes, supongo que hacer que uno parezca el otro debe de ser pan comido para ti.
Irone se quedo sin habla ante eso. Era pan comido para ella, de eso no cabía la menor duda. La idea era buena y había sacado a Hao de su estado de desesperación, además de ser la única viable. No le veía lo malo y, aún así, una pequeña voz, tal vez su conciencia, le decía que eso estaba mal y era una locura.
- ¿Qué te parece? – le pregunto Hao.
- Me parece bien – acepto Irone aún en contra de la vocecita - ¿Cuándo empezamos?
- Espera, antes que nada debo de preguntarle a Riu y a Lyserg – hablo Yoh -. Ellos son mi equipo y deberían de estar de acuerdo en esto.
- Lyserg se va a negar de seguro – indico Hao y con una sonrisa sádica añadió – Mejor a él déjalo al último. Llama a tus demás amigos.
- ¿Qué piensas hacerle a Lyserg? – pregunto Irone.
- Nada malo, te lo aseguro – prometió Hao.
- ¿Para qué quieres que llame a los demás? – pregunto Yoh sin entender.
- Si voy a hacerme pasar por ti, prefiero que sea el menor tiempo posible, y si puedo ser yo enfrente de tus amigos mejor para mi – respondió Hao.
- Espera un minuto, pero si solo van a cambiar lugares en el combate, ¿no? – inquirió Mati.
- Si vamos a hacer esto, debe ser perfecto – explico Hao – Yohri es demasiado lista para engañarla tan fácilmente, por eso no debe de haber ningún error y para eso, cada uno debe de ser una perfecta copia del otro, tanto que los hagamos dudar a ustedes.
- Por eso es mejor que desde este momento cada uno tome el lugar del otro – añadió Yoh.
- He llegado a una conclusión – expreso Irone – si Hao hubiera logrado convencerte de estar de su parte, los dos habrían dominado al mundo en menos de un día. Los dos juntos son tétricos.
- Pues, cuenten con nosotras en todo – hablo Kanna.
- También con Opacho – apoyo Opacho con una gran sonrisa.
- ¿Y tú, Anna? – le pregunto Yoh a la sacerdotisa.
- Es tú decisión – respondió Anna. Esto no solo ayudaría a Hao, también era muy posible que aumentara el poder de Yoh en el proceso – Pero, si te expulsan del Torneo olvídate de volver a la pensión.
- Si, Anna – acepto Yoh – Bueno, iré por los chicos.
- Yo me encargo de eso – lo detuvo Anna - ¡Matamune! – al acto, aprecio el nekomata al lado de Anna – avísale a los inútiles amigos de Yoh que vengan aquí. Eso incluye a Manta y Riu. A Lyserg no lo llames.
- Entendido – asintió Matamune para después desaparecer.
Minutos más tarde… La cara de Manta, Len, Horo-Horo, Riu y Chocolove era indiscutiblemente de incredulidad después de escuchar el demente plan de los gemelos Asakura. Ninguno era capaz de emitir una sola palabra.
- ¿Estás de acuerdo con esto? – pregunto Len rompiendo el silencio en dirección a Anna, cómodamente sentada en el sillón.
- Es su vida, no la mía – respondió Anna.
- ¿Yoh, ya tomaste en cuenta que si te descubre te van a expulsar del Torneo? – pregunto Horo-Horo.
- No creo que nos descubran – aseguro Yoh.
- Pero, Don Yoh – comenzó Riu.
- ¿Estás seguro de querer hacer esto, Yoh? – inquirió Manta – sé que quieres mucho a Hao, pero no tienes porque hacer todo lo que te pide.
- Fue su idea, no mía – señalo Hao sorprendiendo más a los presentes.
- Entonces, sabes qué tienes mi apoyo, amigo – expreso Manta con una sonrisa.
- También el mío, don Yoh – dijo Riu – yo lo seguiré a donde usted vaya.
- No cabe duda – comenzó Chocolove -, tú ya perdiste la cabeza, amigo, pero aún así, cuenta conmigo.
- Y conmigo, al fin y al cabo los únicos arriesgados aquí son ustedes – apoyo Horo-Horo cruzando los brazos detrás de su nuca.
- O son muy idiotas o en serio creen que esto funcionara, lo cual es peor – hablo Len cruzando los brazos – Mientras no nos arrastren en su locura, hagan lo que quieran.
- Gracias, chicos – agradeció Yoh.
- No necesitábamos su permiso, pero, gracias – hablo Hao imitando a su hermano con cierta burla.
- ¿Cómo demonios piensan lograrlo? Es imposible que Hao sea Yoh e Yoh sea Hao – salto Irone desde la mesa llamando la atención de todos – él es demasiado bueno y tú eres demasiado malo.
- Hace unos minutos estabas de acuerdo, bipolar – dijo Hao extrañado.
- Y lo estoy – aseguro Irone poniéndose de pie – así que comencemos – la muchacha camino hasta ellos, los cogió del brazo y los arrastro escaleras arriba ante la mirada de todos.
- Esto va a ser divertido – expreso Horo-Horo.
Horas después…
Hao se miraba en el espejo de cuerpo completo colocado en una de las paredes del cuarto de Irone. Se veía tan extraño así. Paso su mano por su corto cabello. Sin lugar a dudas, eso era lo peor de todo el cambio. Y tanto que le había costado tener el cabello de ese largo.
- Esto es una locura – dijo Hao girándose para ver a Yoh, con quien terminaba de trabajar Irone en ese momento. Yoh era un reflejo de él, como verse en un espejo, y él era un reflejo de Yoh.
- No me digas que ya te echaste para atrás – dijo Yoh divertido.
- Dije que era una locura, no que no lo haría – puntualizo Hao sentándose en la cama de Irone.
- Listo – anunció Irone entregándole a ambos una pulsera – En esa pulsera reside un poco de mi poder espiritual, el cual les permitirá mantener esa forma. Si quieren volver a ser ustedes quítensela y listo.
- ¿No crees que se verá un poco sospechosa la pulsera? – inquirió Hao.
- Lo dudo, a menos de que Yohri sea una obsesiva – respondió la muchacha ganándose una mirada de parte de Hao - ¿Tienes alguna idea para esconderla entonces?
- Podemos ponérnosla en el tobillo y nuestros pantalones la cubrirán – propuso Yoh.
- Hoy si se te prendió el cerebro, ¿verdad, hermanito? – lo felicito Hao poniéndose la pulsera en el tobillo.
- Y a ti no – se la regreso Yoh.
- Oye – se quejo Hao – Debes de ser más cruel si quieres ser como yo.
- Esto sí es una locura – murmuro Irone saliendo del cuarto. Se llevo una mano a la cabeza. El dolor en su cabeza le disgustaba demasiado, sin omitir a su conciencia que seguía atacándola. Bajo al piso inferior donde todos la esperaban expectantes.
- ¿Ya?, pronto será la hora de la comida y tengo hambre – pregunto Horo-Horo sentado a la mesa junto con Len, Riu, Chocolove, Mati y Kanna.
- Tú siempre tienes hambre – señalo Len.
- Que tú solo vivas de leche no es mi problema, hay gente que si se alimenta bien – dijo Horo-Horo.
- ¿Ya están listos? – pregunto Manta, éste sentado en el sillón junto con Anna, Kino y Opacho.
- Acepto aplausos y ovaciones – expreso Irone - ¡Hao, Yoh, bajen!
Esperaron un momento hasta ver bajar a los dos hermanos. Era imposible saber si ya habían efectuado el cambio, pues se veían igual, aunque era lago de suponerse.
- No me la creo, están igualitos – soltó Horo-Horo.
- Verdad que si – se alegro Yoh caracterizado de Hao.
- Tenemos el primer problema: los van a reconocer por las voces – señalo Len con los brazos cruzados.
- Ya lo habíamos pensado – anunció Hao – Irone.
- Eritrea – llamo Irone. Enseguida la pequeña hada se acerco a ambos chicos y dio una vuelta alrededor de la garganta de ambos para después quedarse viéndolos expectante.
- Asunto solucionado – hablo Hao con la voz de Yoh.
- ¿¡Esa es mi voz!? – inquirió Yoh sorprendido de oír su voz salir de la boca de Hao, pero se sorprendió más al escuchar su voz cambiada a la de Hao – Que voz tan extraña tienes.
- La tuya parece de idiota y no me ves diciéndotelo, ¿o si? – le regreso Hao cobrándose la del cuarto hace unos minutos.
- Muy bien – hablo Anna poniéndose de pie. Se acerco a ambos, les dio una vuelta como inspeccionándolos y al terminar dijo – Tenemos otro problema. Yoh entro a esta casa sin vendas en los brazos.
- Ya me habías asustado, pensé que era algo peor – dijo Hao quitándose en un santiamén las vendas de las muñecas.
- ¡Tú no puedes ir por ahí con los brazos así! – exclamo Irone con enojo llamando la atención de todos. La muchacha estaba en la puerta de la cocina con los brazos cruzados y una cara de pocos amigos - ¡puedes lastimarte!
- ¿Te sientes bien? – pregunto Hao extrañado por la actitud de Irone.
- No, me duele la cabeza, pero ese no es el punto, el punto son tus brazos – respondió la muchacha con el mismo tono.
- Yo puedo estar sin las vendas – afirmo Hao mirando a Irone con cierta preocupación – tú deberías de descansar.
- Yo estoy bien, es un simple dolor de cabeza – expreso Irone mientras Mari llegaba a su lado con una taza en las manos – Gracias, Mari – agradeció cogiendo la taza de las manos de Mari. Mari asintió y después volteo a ver a los demás reunidos en la sala.
- Bueno, si tú lo dices – acepto Hao acercándose al teléfono y comenzó a marcar un número.
- ¿A quién le hablas? – pregunto Yoh.
- A nuestro invitado de honor, Lyserg – respondió Hao.
- ¡¿Qué?! – exclamaron todos.
- Si lo engañamos a él, podemos engañar a cualquiera – explico Hao poniendo el teléfono en su oreja.
- Ese es un buen punto, Lyserg es capaz de oler a Hao a veinte kilómetros a la redonda – comento Horo-Horo.
*****
El teléfono en la casa de los Asakura sonaba sin parar. Pilika, la más cercana a él, corrió para contestarlo.
- Casa de la familia Asakura – saludo Pilika.
*****
- Hola, Pilika, ¿le podrías decir a Lyserg que venga a la casa de Irone?, por favor – pidió Hao imitando magistralmente a Yoh, solo le falto la tonta sonrisa para quedar perfecto.
- Éste si se ganaría un Oscar – señalo Chocolove.
- A ver cómo te sale a ti la actuación de Hao – molesto Horo-Horo a Yoh, a lo que este respondió con una de sus típicas risitas.
*****
- Todavía no llega de entrenar, pero en cuanto llegue te lo mando – le respondió Pilika sin sospechar absolutamente nada. En ese momento se oyó como alguien abría la puerta de la casa – Creo que ya llego. Ahora le digo – y acto seguido colgó el teléfono.
*****
- Tú hermana me cayó bien – dijo Hao colgando él también el teléfono. – Lyserg viene en camino, así que evita las risitas tontas.
- Y tú sonríe – hablo Anna mirando a Hao. El muchacho lanzo un bufido y trato de imitar la tonta sonrisa de Yoh, sin conseguirlo del todo. Se habían topado tal vez con el problema más difícil de resolver, incluso más difícil que Yoh aprendiera a controlar al Espíritu de Fuego: hacer a Hao sonreír y reír igual a Yoh – Más tranquilo – Hao entrecerró los ojos. - ¿Quieres qué esto funcione? – Hao respiro hondo y profundo y lo intento una vez logrando una sonrisa perfecta, tanto así que todos le aplaudieron, excepto Anna, para quien esa sonrisa no era para nada perfecta. – Bien, después veremos lo de la risa.
- Ah no, no pienso reírme como éste – se negó Hao señalando a Yoh con cierta dificultad, quien estaba bastante divertido con todo esto.
- Tendrás que hacerlo – dijo Yoh sonriendo.
- Y tu deberías de dejar de reírte y ponerte serio – lo regaño Hao.
- Pero si todavía no es hora de actuar – indico Yoh justo antes de que alguien tocara el timbre de la puerta.
- Yo me voy, no pienso ver como juegas con Lyserg – anunció Irone subiendo las escaleras al instante, con su tasa en las manos.
- Yo voy – dijo Hao después de ver subir a Irone. Hao camino hasta la puerta y la abrió dejando ver a Lyserg.
- ¿Qué pasa? – pregunto Lyserg sin moverse de su lugar - ¿Para qué me llamaste?
- Quería hablar contigo sobre algo – respondió Hao actuando de nuevo como su hermano, incluso usando la misma expresión de despreocupado. – Ven, pasa – lo invito haciéndose a un lado. Lyserg lanzo un suspiro y entro a la casa.
- Si es por lo de Hao, aún no se lo he dicho a nadie – dijo Lyserg en un tono que no se podía catalogar de tranquilizador, más bien todo lo contrario.
- Algo hay de eso – acepto Hao caminado de regreso a la sala. En cuanto le dio la espalada una sonrisa de burla se dibujo en su cara. Lyserg lo siguió esperando cualquier cosa, excepto la que le tenían preparada. En la sala estaban todos sus amigos, el trío, Opacho y él… Hao.
- ¿Pasa algo? – pregunto Lyserg al ver a todos reunidos ahí.
- Solo queríamos hablar contigo, Lyserg – respondió Hao pasándole un brazo a Lyserg por el cuello. Este acto le causo cierto escalofrío a Lyserg sin explicación alguna. Miro a sus amigos, todos tenían miradas atónitas e incluso Horo-Horo y Chocolove tenían un poco abiertas las bocas.
- ¿De qué? – inquirió Lyserg mirando de reojo a Hao a un lado de él, que también lo miraba.
- Mira, Hao y yo tomamos una decisión, pero no quiero hacer nada sin consultárselo a mis amigos y en especial a ti porque somos parte del mismo equipo – comenzó Hao siguiendo con la farsa.
- ¿Cuál decisión? – inquirió Lyserg
- Intercambiar lugares – respondió Hao. Lyserg abrió los ojos desmesuradamente.
- Hao – repitió Lyserg. Y como si le hubieran dado una descarga eléctrica, se alejo lo más rápido que pudo de Hao dirigiéndole una de sus ya conocidas miradas de odio - ¿Cómo demonios?
- Yo te explico – dijo Yoh quitándose la pulsera del tobillo volviendo a ser él mismo, ante el asombro de todos los presentes, vestido con la ropa de Hao – Lyserg, decidí cambiar lugar con Hao para el combate del sábado. Como ya viste el físico no es un problema y en cuanto al Espíritu de Fuego, Hao me enseñara a controlarlo. Lo único que quería hacer era informarlos a todos, sobre todo a ti y a Riu.
- ¿Estás loco? – hablo Lyserg completamente atónito - ¿Qué demonios te dio Hao para que actúes como su marioneta?
- No me dio nada, está fue idea mía, no de Hao – explico Yoh – y espero ustedes me apoyen.
- ¿Apoyarte? ¿Apoyarte mientras echas a la basura tú única oportunidad para ser el Shaman King? – le largo Lyserg – si te descubren, te expulsaran del Torneo, y a nosotros también por estar al tanto y no detenerte.
- Ustedes estarán bien, mientras nieguen saber algo sobre todo esto – hablo Hao, habiéndose quitado también la pulsera.
- Una vez más queda comprobado la porquería de ser humano que eres Hao – lo acribillo Lyserg girándose para quedar de frente a él – No te importa si Yoh pierde su lugar en el Torneo mientras tú tengas una salida fácil a esto. Eres detestable e incapaz de sentir aprecio por nadie, ni siquiera un poco por tu hermano que está arriesgando todo por ti. No te mereces nada de lo que tienes.
- Tú tampoco te lo mereces, empezando por la atención de Irone – ataco Hao – y la de todos estos que inocentemente te perdonaron sabiendo la basura que eres, Lyserg. ¿Te crees mejor que yo? ¿Tú y tus estúpidos amigos soldaditos X se creen mejor que yo? Pues no lo son, son iguales a mi o peores. Ustedes si no conocen la palabra "aprecio" porque yo evite que la conocieran cuando les destruí sus vidas.
Ante tales palabras, Lyserg olvido cualquier técnica de shamanismo conocida y se le lanzo a golpes a Hao, a quien tomo esto desprevenido y terminó en el suelo, pudiéndose a penas defender del peliverde. De inmediato todos reaccionaron y se dirigieron a Lyserg para detenerlo, lográndolo entre Yoh y Horo-Horo.
- ¡ERES UN MALDITO DESGRACIADO! – gritaba Lyserg completamente fuera de sí y tratando de zafarse del agarre de sus amigos.
- Solo digo la verdad – continuo Hao parándose del suelo. Su labio estaba cortado y le salía sangre de la herida.
- Hao, ya – lo detuvo Yoh.
- ¿Se puede saber qué pasa? – pregunto Irone bajando las escaleras. No necesito respuesta, pues con ver a Hao sangrando y a Lyserg atrapado por Yoh y Horo-Horo se dio por respondida. Irone lanzo un bufido, camino hasta Hao y le propino una cachetada, para después darse la vuelta y hacer lo mismo con Lyserg, acto que calmo por completo al muchacho – En esta casa están prohibidas las luchas. Si quieren matarse háganlo afuera. – Miro a Lyserg y dijo con gran seriedad – Vete de aquí y no vuelvas a poner un pie en esta casa, Lyserg – El aludido la miro con la intención de decirle algo pero Irone no se lo permitió, pues enseguida su atención estaba en Hao – Y tú, sadista piromaníaco, sube para arreglarte porque con eso no puedes llegar a la casa de los Asakura sin levantar sospechas.
- No hasta que este imbécil se vaya – negó Hao.
- Lyserg – pidió Irone. Lyserg, dolido por el trato de la muchacha, se zafo de sus captores y salió de la casa, no sin antes dedicarle una mirada de profundo odio a Hao. Una vez se oyó la puerta de la casa cerrándose, Irone miro a Hao – Sube – acto seguido, Irone subió una vez más las escaleras seguida de Hao.
- Segurito después de esto va a correr a decirle a la Doncella Jeanne sobre todo – aventuro pesimistamente Horo-Horo.
- Lo dudo – expreso Yoh.
- Tal vez Hao tenga razón y somos demasiado inocentes – dijo Chocolove.
- No, Lyserg no va a decir nada – aseguro Yoh.
- ¿Por qué estás tan seguro? – inquirió Len.
- Porque fuera de todo, él tiene un buen corazón – señalo Yoh sonriendo como siempre.
*****
Entro en la casa azotando la puerta tras de sí y se dirigió de inmediato a su cuarto, sembrando la curiosidad en Tamao, Pilika, Jun y Li Pailong, únicas personas en la casa. Entro en el lugar y de nuevo cerro de un portazo. Estaba furioso, harto de toda esta maldita situación. Hao era un maldito demonio y a pesar de eso todos creían en él y eran su amigo. ¿Por qué? ¿Por qué Yoh era capaz de hacer tanto por tan despreciable persona? Pero, sin duda alguna, lo que más lo enfurecía era ella, Irone. ¿Cómo demonios podía ponerse del lado de Hao cuando él era el malo? ¿Por qué solo lo echaba a él de su casa y no hacia lo mismo con Hao? Y la más importante de todas, ¿Por qué demonios le importaba tanto la opinión de una niña que era incapaz de entender la diferencia entre lo bueno y lo malo? ¿Por qué Irone era tan importante? ¿Por qué le habían dolido tanto sus palabras? Camino hasta su cama y se dejo caer sobre ella, tratando de encontrar una buena respuesta para eso, si es que la había.
*****
- ¿Estás enojada conmigo? – pregunto Hao una que Irone terminara de esconder el corte de su labio. Irone suspiro.
- No, Hao, estoy increíblemente feliz con tu comportamiento – dijo sarcásticamente Irone.
- Él comenzó todo – señalo Hao – Yo solo me defendí.
- ¿Restregándole en la cara la muerte de sus padres?, esa es una gran forma de defenderse – indico Irone -, aunque yo conozco una mejor: Mantén tu boca cerrada cerca de Lyserg o todo este plan se va a ir a la basura. Yoh es amigo de Lyserg, así que vas a tener que actuar como amigo de Lyserg una semana.
- Cinco días – corrigió Hao.
- Ya de por si todo esto es muy riesgoso y tú lo empeoras con tus tontos juegos infantiles – expreso Irone -. Sé que tienes ganas de descargar tu ira con alguien, pero evita hacerlo, ¿si?
- No necesitas decirme todo esto, yo ya lo sé, solo quería divertirme un poco – hablo Hao – Gane un poco de diversión, una cortada en el labio y que terminaras echando a Lyserg de tu vida.
- Yo no eche a Lyserg de mi vida, solo de la casa – corrigió Irone
- Lastima – dijo Hao caminado a la puerta del cuarto. Cuando llego a ella volteo a ver a Irone - ¿Cómo sigue tu cabeza?
- Mejor, ya no me duele – respondió Irone sentándose en su cama – El té de Mari es mágico.
- Si te sientes mal otra vez, avísame – pidió Hao – no vaya a ser que te pongas mal mientras estoy en la casa de los Asakura y se descubra todo.
- ¡Eres un interesado! – exclamo Irone haciéndose la ofendida.
- Según Lyserg, si – añadió Hao abriendo la puerta y antes de salir le sonrió – Nos vemos mañana. Descansa.
Irone lo miro hasta que Hao cerró la puerta del cuarto. Se acostó en su cama y se puso a pensar en lo larga que sería esa semana. Por su parte, Hao bajaba las escaleras para encontrarse con todos esperándolo en el piso de abajo.
- Ya vámonos – dijo Hao poniéndose de nuevo la pulsera en el tobillo, cambiando su largo de cabello y ocultando el golpe en su labio.
- Yo estaba pensando que sería mejor comenzar con el entrenamiento – señalo Yoh.
- No, empezaremos mañana, a las doce de la tarde - anunció Hao, con la voz de Yoh, extrañando a todos.
- ¡Hasta las doce!, pero, Hao, no crees que debería de empezar cuanto antes, la verdad no creo que sea nada fácil – hablo Yoh.
- Porque no será fácil es mejor que descanses todo lo posible, así que comienza desde este momento – explico Hao y luego con malicia añadió – Cuando comencemos a entrenar desearas estar muerto.
- Dudo que su entrenamiento sea peor que el de Anna – murmuro Manta.
- En ese caso, vámonos – dijo Anna poniéndose de pie. Acto seguido, la muchacha camino hacia la salida de la casa
- Disfruta de tu día de descanso – dijo Hao antes de seguir a Anna.
- Nosotros también debemos de irnos, si nos quedamos aquí sin Yoh en casa levantaremos sospechas – señalo Len siguiendo a Anna y Hao.
De inmediato, los demás se pusieron de pie, le desearon suerte a Yoh y salieron de la casa, dejando al chico solo con Opacho y el trío.
- Bueno, en vista de que pasaremos toda la semana juntos lo mejor sería conocernos, ¿no creen? – expresó Yoh con una gran sonrisa.
- Opacho está de acuerdo con eso – apoyo Opacho.
- Si no hay de otra – dijo Kanna mirando con complicidad a Mati.
- Esa mirada no me gusta – susurro Yoh con una gota en la cabeza.
*****
- Sonríe – ordeno Anna antes de abrir la puerta de la casa de los Asakura. Hao rodo los ojos y repitió una vez más la sonrisa de Yoh. Ante esto Anna abrió la puerta y entro en la casa seguida de los demás.
- ¡Hasta que llegan! Se puede saber dónde estabas, hermano – regaño Pilika aparecida de quien sabe dónde.
- ¿Y qué está pasando? – pregunto Jun apareciendo al lado de Pilika – y no digan que nada.
- ¿Acaso estaban esperándonos aquí? – pregunto Horo-Horo un tanto asustado por la repentina aparición de su hermana.
- Por supuesto – acepto Pilika
- Vayan a la sala, yo les explico todo – hablo Anna dirigiéndose a la sala. Jun la siguió enseguida, pero Pilika…
- Más tarde hablaremos sobre tu entrenamiento, hermano – amenazo Pilika, para después seguir a las otras dos.
"Parece que esta casa no será tan aburrida como pensé" pensó Hao mirando de reojo a Horo-Horo que comenzaba a sufrir un ataque de pánico y era tranquilizado por sus demás amigos, exceptuando Len, que había ido con las chicas a la sala. Justo en ese momento Lyserg llego al vestíbulo, donde todos estaban reunidos. Al instante la mirada de Hao se cruzo con la de Lyserg. Éste lo miro con odio y lo paso de largo a él y a los demás sin decirles una sola palabra. "Para nada aburrida" añadió Hao.
- Disculpen, la comida ya está lista – informo una Tamao algo asustada desde el umbral de la entrada a la sala. La chica tenía la mirada clavada en el suelo.
- No tengas miedo, será como si Yoh estuviera aquí – aseguro Hao encaminándose al comedor.
- ¿Seguro que no es el joven Yoh? – pregunto Tamao a los demás.
- Seguro – le respondieron todos al unísono.
Hao entro en el comedor, donde ya estaban reunidos Yohmei, Kino, Mikihisa y Keiko.
- Hola – saludo Hao con una sonrisa marca Yoh en la boca.
- Hola, hijo – le regreso el saludo Keiko, extrañando mucho a Hao. Técnicamente, hace 500 años que nadie lo llamaba "hijo".
- Buenas tardes – saludo Manta entrando al comedor y dirigiéndose a su lugar en la mesa. Acto seguido, le hizo señas a Hao para indicarle que el asiento al lado de él era el suyo. Hao se sentó en dicho lugar.
La comida paso con tranquilidad, como si fuera Yoh el sentado a la mesa.
- Debo de admitirlo, tú y Hao no están tan locos – dijo Manta a Hao. Ambos habían salido del comedor al mismo tiempo.
- Estamos locos, pero por lo menos la inteligencia lo compensa – señalo Hao mirando a Manta – Supongo que me vas a seguir mientras esté aquí.
- Yoh no es de los que se queden solo de repente – explico Manta – Además, puedes necesitar ayuda.
- Ese es un buen punto – acepto Hao comenzando su camino hacia la puerta de la casa.
- ¿A dónde vas? – pregunto Manta siguiéndolo.
- A probar mi disfraz – respondió Hao abriendo la puerta.
- En ese caso, llévate esto – hablo detrás de ellos Anna. Los dos voltearon a ver a la sacerdotisa. Ésta le lanzo algo a Hao, que lo atrapo con cierta dificultad. Lo miro bien, eran muñequeras.
- ¿Y esto? – inquirió Hao.
- Se te notan mucho las cicatrices, alguien podría verlas – expreso Anna. Hao se dio un golpe mentalmente. Por suerte solo Anna las había notado, porque si alguien más lo hubiera hecho hasta ahí llegaba su farsa. Se puso las muñequeras mientras hacía una nota mental de pedirle a Irone arreglar eso mañana.
No es necesario decir que todos los que vieron a Yoh Asakura en la Aldea Apache, caminando y platicando junto con su mejor amigo, Manta, jamás imaginaron que en verdad se trataba de su hermano, el tan temido Hao Asakura. Ni siquiera una pequeña serpiente que lo siguió durante todo el camino noto la diferencia.
- Hao no salió en todo el día de su casa y al parecer puso una especie de muro protector para que nadie externo se acercara a ella – informo Serpiente – Al que si vi fue a Yoh Asakura, pero él estaba de lo más normal.
- Predecible – dijo Yohri. Se encontraba de nuevo inmersa en la reconstrucción de su amado Rosario de los 1080. Se podía decir que ya llevaba un cuarto del rosario reconstruido. – Ahora que se dio cuenta de su grave error al dejarse perseguir hace un muro para alejarnos. – Yohri miro encantada sus nuevos guantes, los cuales no se había quitado desde la madrugada. – Predecible.
*****
Los rayos del sol comenzaron a dar luz a la Aldea Apache, donde la actividad comenzaba con dicho acto… o por lo menos en la mayoría de los casos.
- Creo que te gane una vez más – expuso Hao mostrándole las cartas en su mano al espíritu enfrente de él, Amidamaru.
- No puedo creerlo – dijo Amidamaru antes de mostrar su mano – te gane – Hao miro la mano de Amidamaru, si, le había ganado.
- Es la primera vez que me ganan – expreso Hao dejando las cartas en el suelo – Debo felicitarte.
- Gracias, joven Hao – agradeció Amidamaru.
- ¿No estás enojado? – pregunto Hao. Llevaba toda la noche platicando con el espíritu acompañante de su hermano y esa era la última pregunta en su mente.
- ¿Por haberle ganado? – regreso la pregunto Amidamaru.
- No, porque Yoh te cambio por el Espíritu de Fuego – señalo Hao.
- El amo Yoh no me cambio – hablo Amidamaru – simplemente va a aprender a usar al Espíritu de Fuego para ayudarlo.
- Si – asintió Hao – La verdad no conozco a nadie que arriesgue tanto sin ganar algún beneficio.
- Conoce al amo Yoh – señalo Amidamaru.
- Yoh rompe todas las reglas establecidas – indico Hao poniéndose de pie y acercándose a la puerta.
- No debería de salir, el amo Yoh se levanta dentro de tres horas y eso porque la señorita Anna lo despierta – informo Amidamaru.
- Sabía que Yoh era flojo, pero nunca pensé que tanto – murmuro Hao regresando a sui lugar en el suelo. - ¿Otra partida?
- Debería de dormir un poco – apuntó Amidamaru.
- No soy Yoh, yo si sobrevivo sin dormir – dijo Hao revolviendo las cartas una vez más – y no tengo sueño.
***** Tres horas después *****
- Buenos días – saludo Irone bajando las escaleras. Para su sorpresa, no había nadie en el piso inferior. Entonces lo recordó: Hao estaba en la casa de junto. Sin embargo, a pesar de eso, el lugar estaba demasiado solitario. Fue hacia la cocina y encontró a Mari preparando el desayuno. Ella y Hao eran los únicos capaces de madrugar – Buenos días – repitió.
- Buenos días – saludo Mari – El desayuno ya está casi listo.
- Voy a avisarle a los demás – anuncio Irone antes de salir de la cocina con dirección al piso de arriba. Llegando a las escaleras se encontró con Kanna y Mati bajando.
- Hola, Irone – saludo Mati con una sonrisa propia de quien ha hecho una travesura.
- Hola – regreso el saludo Irone subiendo la escalera. Kanna y Mati se vieron entre si y se rieron. Irone, por su parte, se dirigió al cuarto de Opacho y toco – Ya casi está el desayuno, Opacho.
- Ya voy – dijo el pequeño detrás de la puerta. Después, Irone se encamino al cuarto de Hao y realizo la misma acción – Ya casi está el desayuno, Yoh – Al no recibir respuesta del chico, decidió abrir la puerta - ¿Yoh, me escuchaste?
Se acerco a la cama, descubriendo que el chico aún seguía dormido. Lo movió un poco tratando de despertarlo.
- Yoh, ya es hora de desayunar – dijo con mucha tranquilidad.
- Cinco minutos más, Anna – pidió el muchacho entre dormido y despierto.
- Yoh, no soy Anna – corrigió Irone divertida – Anda, despiértate o se enfriara tu desayuno.
Yoh se quejo y se dio la vuelta espantando a Irone: el chico tenía toda la cara manchada con diferentes colores y en el mismo estado estaban sus brazos. Irone pasó la yema de su dedo en una de las manchas, acto con el que se mancho. Era maquillaje y suponía quienes eran las responsables.
- Esta cama es demasiado incomoda – se quejo Yoh sentándose en ella mientras se rascaba la cabeza – Buenos días, Irone.
- Buenos días, Yoh – respondió Irone con una sonrisa – El desayuno estará listo pronto, aunque antes de bajar deberías de bañarte.
- Siempre lo hago, pero, ¿por qué lo dices? – pregunto Yoh extrañado.
- Digamos que eres oficialmente bienvenido en la casa por parte de Kana y Mati – señalo Irone.
*****
El desayuno en la casa de los Asakura fue menos tenso que el día anterior, tal vez se debía a la falta de Lyserg en la mesa, hecho que no paso desapercibido para nadie. Tras terminar de desayunar, cada uno se dividió para ir a sus correspondientes entrenamientos, con sus correspondientes verdugos.
- Lyserg, ¿por qué no desayunaste con nosotros? – pregunto Manta al encontrar al peliverde esperando en la puerta.
- No me gusta compartir la mesa con asesinos – respondió Lyserg provocando una sonrisa en Hao.
- Antes de que comience una batalla aquí, tomen – hablo Anna entregándole a cada uno sus correspondientes pesas para el entrenamiento de ese día. Hao se rio en cuanto sintió las pesas.
- Si vamos a hacer esto, hagámoslo bien – dijo Hao dejando la bolsa con las pesas en el suelo y cruzándose de brazos.
- Pensé que dirías eso – indico Anna entregándole otra bolsa a Hao. Éste midió su peso y sonrió con burla.
- Yoh se queja por tan poco – se burlo Hao poniéndose las pesas sin hacer ninguna muestra de dolor – ya quiero verlo en nuestro entrenamiento.
- Espero que sean las pesas sin nada – dijo Fausto llegando al lugar.
- Claro, no soy tan inconsciente – dijo Hao sarcásticamente.
- Te vas a lastimar – advirtió Fausto.
- ¿Más?, lo veo imposible – expreso Hao. Fijo su mirada en Lyserg, quien se alistaba para salir de la casa. Ambos se quedaron viendo – Apostemos a que termino el entrenamiento antes que tú
- No pienso seguirte la corriente – puntualizo Lyserg saliendo de la casa. Hao lo siguió y se puso a su lado.
- Yo tampoco lo haría, si sé que voy a perder de todas formas – soltó Hao. Lyserg se enojo y salió corriendo de ahí. Hao rió por lo bajo y lo siguió.
- Esto no se ve nada bien – dijo Manta.
- Vayan y vigilen a esos dos – ordeno Anna a lo que Manta y Riu asintieron y salieron detrás de Hao y Lyserg - No te preocupes por él – hablo dirigiéndose a Fausto – Al fin y al cabo, es su problema lo que le pase – termino entrando en la casa. Camino hacia el perchero colocado cerca de la entrada, cogió su bolsa de ahí y salió de nuevo de la casa, esta vez con rumbo a la casa de los Nadiri. Fausto por su parte entro a la casa sin poder dejar de pensar en las muñecas de Hao; cierto, no era su problema, pero ningún doctor que se respete podía ver como alguien hacia algo en contra de su salud y no decir nada.
*****
- Siento como si faltara algo – expreso Opacho sentado a la mesa del comedor y viendo con curiosidad a Yoh, dormido en el sofá de la sala.
- ¿Hao? – inquirió Irone.
- Si – asintió el pequeño. En ese instante sonó el timbre de la casa. Irone se puso de pie y fue a abrir la puerta, dejando entrar a Anna.
- Por favor, dime que Hao no ha cometido ninguna estupidez – pidió Irone al tiempo que ambas caminaban de regreso a la mesa.
- Además de molestar a Lyserg – señalo Anna entrando en la estancia. Su mirada de inmediato se fue al dormido Yoh en el sillón – ¿Aún no se levanta?
- Desayuno y se volvió a dormir – informo Irone sentándose a la mesa junto a Opacho
- Es un flojo – puntualizo Anna sentándose también a la mesa.
*****
Se detuvo en su camino justo al pasar por decima vez la fuente. Llevaba una relativa ventaja sobre Lyserg, así que unos minutos de descanso no le irían mal. Se sentó al pie de la fuente, se quito las pesas de las muñecas y se les quedo viendo. No tenían ningún color extraño o algún signo, sin embargo, el dolor lo estaba literalmente matando. Tal vez si debió de haber utilizado las otras pesas.
- ¿No me ibas a ganar? – se burlo Lyserg llegando a la fuente. La rodeo y regreso por el mismo camino. Hao cogió las pesas y se las puso con una mueca de dolor en la cara.
- Por supuesto – murmuro Hao poniéndose de pie para continuar con el entrenamiento.
No hace falta decir que, efectivamente, Hao le gano a Lyserg en su pequeña apuesta, haciendo enojar al peliverde. Para el momento en que habían terminado de entrenar ya eran las doce de la tarde, lo cual explicaba porque todos los amigos de Yoh se encontraban en el vestíbulo de la casa de los Asakura, esperando al mayor de los gemelos.
- Reunión en el vestíbulo – señalo Hao entrando a escena - ¿Qué hacen aquí?
- Vamos a acompañarte al entrenamiento – anuncio Horo-Horo.
- ¿Quieren ver como llora Yoh? Bien, porque será algo memorable – soltó Hao pasando a todos para salir de la casa seguido de los amigos de su hermano, por supuesto, exceptuando a Lyserg, quien se quedo en la casa.
El grupo llego hasta la casa de los Nadiri, Hao saco una llave de sus bolsillos y abrió la puerta dejándolos entrar a todos.
- ¿No crees que resulte extraño que Yoh tenga una llave de la casa? – señalo Manta.
- Podemos decir que Irone se la dio – propuso Hao entrando a la sala-comedor donde Anna, Kino, Irone y Opacho se encontraban sentados a la mesa. Al instante su mirada se quedo en su hermano, plácidamente dormido - ¿Sigue dormido? Le dije que descansara, pero esto es un exceso.
Tras decir eso, Anna se levanto de su lugar, con un vaso de agua en la mano, y camino hacia el sillón donde estaba dormido Yoh. Ya estando ahí, le tiro en contenido del vaso a Yoh en la cara despertando a éste de inmediato.
- ¡Ahhh! – grito Yoh sentándose en el sillón mojado. Inmediatamente su mirada busco a la culpable de su repentino despertar – Annita, ¿cómo estás?
- Más te vale que no te acostumbres a esto de levantarte tan tarde – hablo Anna haciendo caso omiso a la pregunta de Yoh y regresando a su lugar en la mesa.
- Listo para sufrir – pregunto Hao mirando a Yoh. En ese instante, ambos eran Yoh, puesto que Hao aún tenía en su tobillo la pulsera e Yoh no la llevaba.
- Listo – afirmo Yoh poniéndose de pie.
- En ese caso – comenzó Hao quitándose las muñequeras que Anna le había dado ayer dejando ver la pulsera, la cual también se quito recuperando su propio físico. Se paso la mano por el largo cabello, como dándole la bienvenida, y continuo – vamos al jardín.
Los dos hermanos salieron al jardín, seguidos de cerca por todos, excepto Anna, Kino e Irone. Hao camino hasta quedar a la mitad del lugar junto con Yoh, mientras el resto se quedo cerca de la puerta que daba al jardín y tomaban asiento ahí para ver lo que sucedería.
- Siéntate – ordeno Hao. Yoh se sentó en el suelo - ¡Espíritu de fuego! – de inmediato el espíritu apareció en su forma chibi mirando a Yoh con curiosidad. – Muy bien, lo primero, es que su mente se sincronice, que sea una sola, para eso, debes de tener el mismo nivel de concentración que el Espíritu de Fuego, poder saber lo que piensa y el debe de saber lo que tú piensas.
- Entiendo – asintió Yoh con una sonrisa.
- Por eso, comenzaremos con una sesión de meditación entre los dos para unir sus mentes – señalo Hao – Siéntate enfrente de Yoh – le ordeno al espíritu; éste se situó enfrente de Yoh – Deben de pensar el uno en el otro – indico Hao.
- Bien – dijo Yoh antes de cerrar su ojos y comenzar a concentrarse únicamente en el Espíritu de fuego, acto que imito éste de inmediato. Hao se dio la vuelta y camino hacia el grupo de espectadores.
- Es un ejercicio de meditación para unir sus mentes – explico Hao – si tenemos suerte, en unas cinco horas terminaran.
- Yo creí que comenzarían ya con el entrenamiento en forma – se quejo Horo-Horo.
- Es regla general, primero debes de conocer a tú espíritu acompañante antes de lograr una fusión de almas al cien por ciento – señalo Len.
- ¿Cuánto tiempo tardaste tú en lograr tu conexión con el Espíritu de Fuego? – pregunto Anna llegando al lugar junto con Kino e Irone, la cual llevaba una bolsa al hombro.
- En esta vida no hubo necesidad, estábamos conectados desde hace 500 años – respondió Hao.
- ¿Entonces porque hay necesidad de que Yoh haga ese proceso? – pregunto Manta – si al fin y al cabo, el también está conectado al Espíritu de Fuego
- Su conexión es débil, no niego que exista, pero es débil gracias a que no la ha ejercitado durante quince años – señalo Hao.
- Entonces esto es cuestión de fortalecerla de nuevo – soltó Riu.
- Por eso digo que en cinco horas lo lograra, según mis cálculos – dijo Hao – si fuera por primera vez, nos llevaríamos todo el día en esto.
- Bien, en ese caso, suerte – deseo Irone con una mano en la sien. El dolor de cabeza había vuelto, acompañado de la maldita voz de su conciencia – Ahí me cuentan que tal les fue.
- ¿A dónde vas? – inquirió Hao.
- A pasear – respondió sencillamente la muchacha antes de alejarse del ahí para salir de la casa, ante la mirada algo preocupada de Hao y Opacho.
- ¿Le siguió doliendo la cabeza? – pregunto Hao a Opacho. El pequeño negó con la cabeza.
*****
Salió de la casa con una sola cosa en mente: buscar a la Doncella Jeanne y a Marco y ponerlos al tanto de toda la situación. Estaba cansado de estarle cuidando la espalda a Hao y realmente no le importaba si con eso se ganaba el odio de Yoh y del resto. Era justicia, y Hao se la merecía. A su lado estaba Morphin, mirándolo con tristeza, al parecer intuyendo su plan. No importaba lo que los demás pensarán, lo único que importaba en ese momento era ver a Hao acabado. Si los Soldados X supieran la condición de Hao, sin lugar a duda lograrían destruirlo. El dolor en sus manos era más del que jamás aceptaría y él había sido testigo de eso; era imposible defenderse en ese estado. Comenzó a caminar por el sendero con rumbo a la Aldea Apache mientras una mueca de triunfo se dibujaba en su rostro. Lo disfrutaría, disfrutaría ver a Hao suplicando piedad, y nada sobre este mundo le impediría eso…
- ¡Lyserg! – lo llamo una voz detrás de él congelándolo en seguida. Conocía de memoria esa voz. Giro un poco la cabeza esperando encontrarse con la hermosa sonrisa de Irone, pero no fue así. Sí, era Irone, pero no sonreía, por lo menos no como siempre, más bien parecía una mueca, además de que tenía una mano sobre su sien, como si le doliera la cabeza. Por primera vez en el día, Lyserg dejo de pensar en Hao y al instante un nuevo sentimiento lo ataco: preocupación; algo no estaba bien con la chica. Sin embargo, del mismo modo rápido que este nuevo sentimiento se apoderaba de él, así de rápido lo olvido y recordó la forma en la que Irone lo había tratado el día anterior. Irone llego hasta él y le regalo una sonrisa. – Hola, ¿cómo estás?
- Bien – respondió Lyserg fríamente continuando con su camino. Irone lo miro extrañada; él nunca la trataba de esa manera. Sintió la punzada en su cabeza crecer, sin contar que la voz en su cabeza le exigía, casi implorando, que regresara a la casa y detuviera el entrenamiento de los gemelos Asakura. Trato de hacer caso omiso a la desesperante voz y siguió de cerca de Lyserg.
- Estás enojado conmigo por lo de ayer, ¿verdad? – inquirió Irone. Lyserg no respondió. Ante la falta de respuesta se enojo. Cuando se sentía mal tendía a enojarse por cualquier cosa, lo cual la hizo añadir con un tono bastante enojado – Odio ver a las personas pelear, por eso te eche de la casa y te prohibí ir de nuevo. Sé que tú presencia ahí solo significa problemas patrocinados por el imbécil de Hao. – aumento el tono de voz - La verdad es que los dos son unos idiotas. Ya sabes que Hao vive para molestarte y aún así te molestas, lo único que logras con eso es divertirlo y darle incentivos para seguir haciéndolo. Te encanta la mala vida, ¿verdad? ¡Masoquista!
Ante dichas palabras, Lyserg se detuvo en seco. Irone lo rebaso furiosa y continuo caminando. Lyserg la seguía con la mirada sin moverse de su lugar. Esa no era Irone, o por lo menos no la Irone que él conocía; algo había pasado, algo malo, y eso no le agradaba. Camino con rapidez para alcanzarla y la tomo del brazo para detenerla. Irone lo volteo a ver. La mirada en sus ojos era nueva para Lyserg, aunque se parecía mucho a la del día anterior. Realmente estaba enojada.
- Si, me enoje por lo de ayer – respondió Lyserg con tono calmado, como en un intento de tranquilizar a la chica – No entiendo por qué fui al único que echaste, si Hao también tuvo la culpa.
- Hao vive ahí, Lyserg – señalo Irone como si fuera algo lógico. Lanzo un suspiro tratándose de calmar, odiaba enojarse – Solo quería evitar otra pelea estúpida entre ustedes.
- Se burlo de mis padres – señalo Lyserg.
- Lo sé, y lo seguirá haciendo mientras sigas reaccionado ante eso – indico Irone mirando a los ojos a Lyserg – Tienes que dejar de hacerle caso.
- ¿Cómo puedes pedirme eso? Mato a mis padres – soltó Lyserg enojándose.
- Si, pero respondiendo a todas sus provocaciones lo único que ganas es divertirlo, Lyserg – puntualizo Irone. Lyserg lo pensó, tenía razón, no ganaba nada con hacerle caso a Hao, y a pesar de eso, no podía evitarlo. Soltó a Irone del brazo - ¿Adónde vas? – pregunto Irone llevándose una mano a la cabeza, regresando a la mente de Lyserg su plan de contarle todo a la Doncella Jeanne.
- Iba a ver a la Doncella Jeanne – respondió Lyserg - ¿Estás bien?
- Si, solo me duele un poco la cabeza – respondió Irone con una sonrisa.
- ¿Por qué no te quedas en tu casa? – propuso el peliverde.
- No, me da más jaqueca si veo a esos dos entrenado – negó Irone comenzando a caminar – Además quiero respirar un poco de aire libre.
Lyserg la miro. En su mente se libraba una batalla sin precedentes: una parte de él le decía que la dejara sola y continuara con su plan, al fin y al cabo, ella decía que solo era un pequeño dolor de cabeza; por otro lado, la otra parte estaba a favor de quedarse con ella, para cuidarla y ver que nada le pasara. Morphin lo miraba en espera de su resolución, rezando internamente porque se le olvidara todo y paseara un rato con Irone.
- ¿Qué demonios me está pasando? – murmuro Lyserg sin creer sus acciones futuras. De nuevo alcanzo a Irone y comenzó a caminar a su lado - ¿Puedo acompañarte?
- ¿No ibas a ver a Jeanne? – inquirió Irone extrañada.
- Le iba a decir algo, pero no es importante, puedo hacerlo otro día – respondió Lyserg sonriéndole. Para él, que había pasado los últimos nueve años de su vida con una mueca de dolor y odio en la cara, era sorprendente como Irone le provocaba tan fácilmente el sonreír.
- Si quieres, aunque soy algo detestable cuando me siento mal – le advirtió Irone sonriendo también.
- Si tú me aguantas todos los días con mal humor, yo puedo aguantarte un día con mal humor – señalo Lyserg causando una risa de parte de Irone, risa que le despejo a Lyserg todas sus dudas. Prefería estar con Irone, que ir a cavar la tumba de Hao. Prefería escuchar esa dulce risa que la suplica de misericordia de Hao. Sí, prefería ver su sonrisa, aunque algo forzada a causa del dolor, que el cadáver de Hao. ¿Por qué Irone era más importante? Con seguridad, jamás encontraría la respuesta a esa pregunta. Ambos comenzaron a caminar a la Aldea mientras Irone empezaba un tema de conversación. Detrás de ellos, muy de cerca, iban Morphin y Eritrea, ambas irradiando felicidad.
***** Tres horas después *****
Yoh abrió los ojos mirando al Espíritu de Fuego, quien le regreso la mirada. ¿Qué debía de sentir exactamente? Normalmente, cuando un shaman quería unir su mente con la de su espíritu acompañante, realizaban la fusión de almas y eso era más que suficiente. En este caso, no tenía ni idea de a donde debía de llegar.
- Realmente esperabas que fuera como un espíritu cualquiera – le dijo una voz grave. Yoh abrió los ojos como platos mirando al Espíritu de Fuego que lo miraba con diversión – No soy un espíritu cualquiera, soy un espíritu sagrado de la naturaleza, provengo de los Grandes Espíritus, recuérdalo.
- ¿Estás hablando o ya enloquecí? – pregunto Yoh algo dudoso.
- Estoy hablando, además, tú ya enloqueciste desde hace rato – respondió el Espíritu de Fuego – Pensar en un plan como este no es de personas cuerdas.
- Pero debes de admitir que es un buen plan – señalo Yoh con una risita.
- Te doy tu merito – acepto el Espíritu de Fuego.
- Te tardaste menos de lo que calcule – indico Hao algo sorprendido a un lado de Yoh y el Espíritu de Fuego.
- Una vez más has comprobado que no es tan débil como creíste – comento el Espíritu de Fuego.
- Vaya, ya pusiste al Espíritu de Fuego a tu favor – le recrimino Hao en broma.
- ¿Y ahora? – pregunto Yoh.
- Ahora come, Mari preparo la comida – respondió Hao. Yoh, cuyo estomago ya reclamaba el preciado alimento, no espero a escuchar a Hao por segunda vez y corrió rápidamente hacia el interior de la casa.
- ¿Crees que lo logre? – inquirió Hao mirando al Espíritu de Fuego.
- Tiene grandes capacidades, más grandes de las que habíamos pensado – expreso el Espíritu de Fuego.
Por segunda vez todos estaban reunidos en la casa de los Nadiri para comer. Después de que todos hubieran terminado de comer, el entrenamiento continuo.
- Ahora practicaremos la fusión de almas – comenzó Hao una vez más en el centro del jardín – una vez que lo hayas controlado pasaremos a la posesión de objetos. Mi objeto de posesión es mi propio cuerpo, por eso es esencial tener una fisión de almas perfecta, de allí se exterioriza el poder, convirtiendo la fusión de almas en una posesión de objetos.
- Como si fueran una sola forma – dijo Yoh en acción de haber comprendido.
- Muy bien, comencemos – hablo Hao alejándose unos metros.
- ¿Es cómo cualquier fusión de almas? – pregunto Yoh a lo que el Espíritu de Fuego le asintió – Bien – Yoh extendió su mano hacia arriba - ¡Espíritu de Fuego, concédeme tu alma! – en el acto el Espíritu de Fuego desapareció y reapareció en forma de una llama en la mano de Yoh. – ¡Fusión de almas! – llevo la palma de su mano a su pecho y unió su alma con la del Espíritu de Fuego. No paso ni un segundo antes de que Yoh expulsara al Espíritu de Fuego de su cuerpo cayendo sobre sus rodillas en el proceso. Todos los espectadores se alteraron ante dicha escena. Hao lanzo un resoplido; esto sería difícil, muy difícil. Por su parte, Yoh estaba completamente sorprendido. El poder del Espíritu de Fuego era mucho más extraordinario de lo que había pensado. Ni un segundo había durado, simplemente no pudo soportar tanto poder de golpe, su cuerpo no estaba acostumbrado y su poder espiritual tampoco. Por primera vez estaba pensando que tal vez este plan si era una locura.
- ¿Estás bien? – le pregunto Hao a un lado de él. Lo volteo a ver. Hao lo miraba con seriedad.
- Si – asintió Yoh poniéndose de pie de nuevo.
- Hazlo otra vez – ordeno Hao alejándose de nuevo.
Y así lo hizo, lo volvió a intentar, consiguiendo el mismo resultado, una y otra vez, terminando cada vez más cansado con cada intento. Mientras tanto, sus amigos lo veían con preocupación, temiendo que Yoh no fuera capaz de soportar semejante poder. Los únicos tranquilos eran Anna y Matamune, o por lo menos estaban tranquilos hasta que, tras intentarlo una vez más, Yoh termino tirado en el suelo sin moverse.
- ¡Levántate y hazlo otra vez! – exclamo Hao, sin recibir respuesta de Yoh, a cuyo lado apareció el Espíritu de Fuego mirando con preocupación al chico. – Demonios – murmuro Hao acercándose rápidamente a Yoh e hincándose a su lado. Estaba inconsciente - ¡Fausto!
De inmediato Fausto llego hasta los dos, seguido de Elisa y de los demás. Anna era la única que no se había movido de su lugar, no era propio en ella demostrar ningún tipo de emoción, aunque se estuviera muriendo de la preocupación. Además, sentía la presencia de Yoh, lo cual la tranquilizaba, y a la vez la hacía pensar si esto era una buena idea, es decir, Yoh se había sometido a toda clase de entrenamiento, pero nunca ninguno de ellos lo dejo inconsciente en el piso.
Entre Len y Horo-Horo llevaron a Yoh, aún inconsciente al interior de la casa y lo recostaron en el sillón de la sala.
- ¿Seguro está bien? – pregunto Manta al lado de su amigo mirándolo con preocupación.
- Si, solo fue el cansancio – aseguro Fausto.
- Nada bueno va a resultar de todo esto – dijo Horo-Horo.
- Háganse a un lado – dijo Hao abriéndose paso entre los amigos de Yoh. Se puso en cuclillas para estar al nivel de Yoh y le acercó un algodón a la nariz. Con ese simple acto, Yoh reacciono sentándose en el sillón tosiendo estruendosamente, sobresaltando a todos en el proceso, excepto a Hao quien se puso en pie como si nada.
- ¿Qué demonios fue eso? – pregunto Yoh después de parar de toser.
- Es una formula especial para despertar a cualquiera – respondió Hao – si no te despierta, es porque estás muerto.
- Huele horrible – se quejo Yoh.
- A ver – dijo Chocolove mirando a Hao.
- Créanme, no quieren olerlo – dijo Hao regresando a la cocina, de donde había salido con el algodón impregnado de la misteriosa formula.
- ¿Qué hago aquí? – pregunto Yoh extrañado de encontrarse en la sala y no en el jardín.
- Te desmayaste, Yoh – informo Len.
- Yo creo que ya deberías de dejarlo aquí – propuso Horo-Horo.
- Si, ¿por qué no sigues mañana? – añadió Manta en apoyo a la moción. Yoh suspiro, estaba exhausto y ni siquiera llevaba una hora de entrenamiento. Levanto la mirada y sus ojos cayeron sobre Anna, apoyada en la pared de enfrente viéndolo. Había pasado los suficientes años ala lado de ella como para saber que esa mirada estaba impregnada de preocupación e incluso podía casi oír a Anna diciéndole que detuviera toda esta locura. Agacho la cabeza y suspiro de nuevo - ¿Tienen agua?
- Toma – dijo Hao extendiéndole un vaso de agua salido seguramente de su último viaje a la cocina. Yoh tomo el vaso y se bebió su contenido de un solo trago – Podemos seguir mañana, aunque será solo tiempo perdido, sino consigues nada ahora no lo conseguiremos mañana.
- Mejor descanse, don Yoh – sugirió Riu.
- ¿Me das otro? – pidió Yoh dándole el vaso vacio a Hao. Éste lo cogió, fue a la cocina de nuevo y regreso con el mismo vaso lleno.
- Si quieres te traigo la jarra – dijo en tono de burla Hao.
- No es necesario – negó Yoh antes de tirarse encima el contenido del vaso de agua, mojándose la cabeza. Después, se puso de pie y con una sonrisa dijo – Vamos, Espíritu de Fuego.
Y sin escuchar a sus amigos salió de nuevo al jardín, deteniéndose un momento enfrente de Anna para dedicarle una sonrisa. Anna lo siguió con la mirada completamente tranquila. Esa sonrisa tenía un solo significado: "no te preocupes"
- Anna, detenlo, se va a matar – le pidió Manta. Anna hizo caso omiso del pequeño y miro a Matamune.
- Tráeme mis galletas – ordeno Anna, dejando a los amigos de su prometido sin esperanza alguna para detener al desquiciado de Yoh.
Sin embargo, a pesar de los pronósticos, a partir de ese momento, Yoh parecía a ver sacado nueva energía de quien sabe dónde y era capaz de mantener la fusión entre su alma y el Espíritu de Fuego por mucho más tiempo. Para el atardecer, Yoh ya era capaz de mantener la fusión más de una hora. Nadie podía dar crédito a sus ojos, era imposible la hazaña de Yoh, y aún así, ahí estaba, enfrente de ellos, Yoh Asakura como si nada caminado por el jardín platicando plácidamente con Amidamaru, quien también estaba sorprendido. Pero, si había alguien ahí en verdad incrédulo era Hao. No sabía si golpearse contra una pared por jamás haberse preocupado de despertar tal poder en Yoh cuando le era necesario en sus planes o echarse a brincar de felicidad porque el plan ideado por su hermanito era, ahora sí, a prueba de fallas. En fin, el pasado era el pasado y sus antiguos planes ya no eran sus planes de ahora, así que lo único que podía hacer en ese momento era detener el entrenamiento y continuar mañana, antes de que en serio le pasara algo a Yoh.
*****
- Y después se fueron como si nada, así, como si nada hubiera pasado – termino Irone su relato ante la completa atención de su acompañante. Acababa de anochecer en la Aldea Apache y los establecimientos comenzaban a cerrarse, hecho que les indico a los dos jóvenes que ya era tarde.
- ¿Y qué paso con el policía? – pregunto Lyserg llevándose a la boca uno de esos dulces apaches que eran tan desagradables para Irone y que a él le encantaban
- Más tarde, salí a pasear con Opacho para comprar algunas cosas y nos encontramos al pobre policía ahí amarrado al poste, así que lo liberamos y salió corriendo despavorido – respondió Irone – creo que renuncio o algo por el estilo porque no lo volvimos a ver rondando el lugar.
- Pobre hombre – se compadeció Lyserg algo divertido por la anécdota.
- La verdad es que el Trío a veces se pasa, son demasiado agresivas – añadió Irone – por suerte no son como el resto de los demás, que nada más veían a una persona caminando por la casa y la mataban.
- No puedo entender como soportaste vivir con gente así – expreso Lyserg.
- Si no hubiera tenido amigos, entonces yo creo que si habría abandonado a Hao hace mucho tiempo – señalo Irone con una sonrisa – Hao no solo llama la atención de personas con un corazón cruel y prácticamente inexistente, también atrae a personas con un gran corazón que solo buscan un poco de compañía.
- ¿Jamás te dieron ganas de alejarte de él? – inquirió Lyserg como quien no quiere la cosa.
- No… - respondió Irone, mas, después de pensarlo, rectifico – solo una vez – Lyserg sintió un extraño sentimiento de esperanza creciendo en su interior. Si Irone pensó alguna vez en abandonar a Hao, porque no podría pensarlo de nuevo ahora.
- ¿Por qué? – pregunto Lyserg con intereses. Irone se puso seria.
- Se le ocurrió hacer una estupidez, y la hubiera llevado a cabo si no hubiera estado allí para impedirlo – explico Irone -. Esa vez me enoje tanto que me fui del campamento con mis cosas y un poco de dinero que le robe. Estuve sola unos meses, yendo de un lado al otro, hasta que me encontró, o más bien me quiso encontrar. Cuando lo volví a ver me pidió disculpas y me prometió jamás volver hacerlo. Lo perdone y le exigí un regalo para compensarme – sonrió con triunfo – un Hao culpable es la mejor forma de conseguir lo que quieras.
- ¿Y cómo puedes estar segura de que no volverá a hacerlo? – inquirió Lyserg deteniéndose en su camino junto con Irone. Acababan de llegar a su destino, la casa de los Nadiri.
- No es tan estúpido – indico Irone con una gran sonrisa. Miro hacia el cielo y después vio a Lyserg – Creo que cambie tus planes para este día.
- No importa – dijo el peliverde recordando repentinamente su plan de la mañana – Ya lo hare mañana.
- En ese caso, mañana también me pegare a ti, y pasado mañana, y el día que sigue – dijo Irone antes de reír, risa que no duro mucho, para convertirse en una cara triste – porque supongo que ibas a ver a Jeanne para contarle todo – Lyserg no pudo negarlo, confirmando la suposición de la chica, quien miro el suelo con tristeza. Lyserg se sintió terriblemente culpable de ser el causante del cambio de humor en Irone – supongo que debo de aceptar que ni en un millón de años dejaras de odiar tanto a Hao.
- No puedes pedirme eso – expreso Lyserg.
- Yo no te estoy pidiendo nada – señalo Irone mirándolo con una sonrisa de nuevo en la cara – pedirte eso sería como pedirle a Hao que olvide su plan del mundo de shamanes, inútil. Inminentemente algún día ambos se van a enfrentar y de esa pelea solo resultara uno vivo, eso ya lo acepte, aunque no me agrade la idea. Solo preferiría que esa pelea fuera lo más honorable posible de parte de ambos.
- Yoh me dijo lo mismo – puntualizo Lyserg caminado hacia la cerca y apoyándose en ella. Irone lo siguió y se puso a su lado. – Todos me tratan como si no fuera lo suficientemente malo como para usar la debilidad de Hao en su contra, incluso yo mismo no me creo capaz de hacerlo. Deseo verlo acabado y suplicando piedad, pero no gracias a un truco sino a mi poder, quiero demostrarle lo poderoso que puedo ser.
- No eres una mala persona, Lyserg – expreso Irone mirando a las primeras estrellas que comenzaban a resplandecer en el cielo. Se rio – Si Hao me oyera diría que soy demasiado inocente y crédula.
- Tal vez si lo seas – hablo Lyserg.
- Soy lo bastante inteligente para saber cuando algo puede hacerme daño o no – expreso Irone –. En cuanto sé que algo me lastimara me alejo de ello.
- ¿No crees que yo pueda lastimarte? – inquirió Lyserg con cierta duda.
- Hasta ahora, no – respondió Irone mirándolo a los ojos con una gran sonrisa. Lyserg no pudo evitar regresarle la sonrisa.
Era imposible describir la sorpresa y expectativa con la que todos acudían al entrenamiento de Yoh en los siguientes días. El avance del muchacho el primer día era nada comparado a lo que había logrado ya en dos días más. Ante la mirada de incredulidad de todos, en especial la de Hao, había conseguido controlar la fusión de almas con el Espíritu de Fuego y no solo eso, sino que ya era capaz de controlar el poder del fuego casi tan bien como Hao. Y mientras veían a su amigo entrenar cada día, con su misma sonrisa dibujada en el rostro, aprendiendo todos y cada uno de los movimientos de Hao, para evitar suspicacias de cualquier tipo, una idea comenzó a rondar en sus mentes, algo que con anterioridad habían pensado… Yoh Asakura era un shaman fuera de todos los parámetros establecidos.
- Con eso terminamos por hoy – indico Hao viendo el cielo oscurecido.
- Bueno – acepto Yoh sentándose sobre el pasto al tiempo que aparecía a su lado el Espíritu de Fuego y Amidamaru.
- Mañana es el último día, así que debemos de usarlo bien – dijo Hao sentándose al lado de Yoh – He estado pensando en enfocarnos en algo con lo que estés cómodo.
- La verdad no sé me ocurre que – hablo Yoh para después soltar una de sus características sonrisas – todos tus movimientos son de artes marciales y al verdad no soy muy bueno en eso.
- Si, ya me di cuenta de eso – señalo Hao – puedes controlar a un espíritu sagrado pero no puedes aprender unos simples movimientos de artes marciales – ambos se quedaron en silencio viendo las estrellas. Estaban solos, por primera vez en el día. Todo el público se había retirado hace algunas horas y los inquilinos de la casa estaban en la mesa del comedor ocupándose de otras cosas.
- Ya sé – soltó Yoh rompiendo con el silencio. Hao lo miro con interés – Enséñame a materializar la espada de fuego que usaste contra mí en nuestra batalla.
- Eso sería casi poético – puntualizo Hao sonriendo de lado – Nos enfocaremos en eso mañana.
- Podríamos empezar desde hoy – propuso Yoh.
- No, necesitas descansar – negó Hao poniéndose de pie – no queremos otro desmayo.
"Descansar". Si, se quejaba mucho porque esa palabra no era posible en su vida y mucho menos cuando estaba Anna de por medio. Despidió a su hermano y después fue al comedor para cenar junto con Opacho, el Trío e Irone. Tras cenar como si no hubiera un mañana, hizo como si se fuera a dormir y solo espero hasta escuchar a todos dormidos y en sus cuartos para salir del de Hao con la idea de seguir entrenando. Bajo las escaleras seguido del Espíritu de Fuego, quien no paraba de repetirle las palabras de su hermano. Llego a la planta baja y se quedo parado sin mover un músculo, mientras unos ojos verdes lo miraban con cierta decepción. Ahí estaba Mari, sentada a la mesa, al parecer poniendo en orden el interior de una caja.
- ¿No deberías de estar dormido? – pregunto Mari continuando con su tarea.
- No tengo sueño, y pensé que sería mejor aprovechar el tiempo en lugar de estar tirado en mi cama viendo el techo.
- No es tu cama, es la del señor Hao – corrigió Mari levantando la mirada para verlo como quien protege algo, algo muy valioso. Yoh le sonrió con calidez.
- Extrañas a Hao, ¿verdad? – advirtió Yoh. Mari bajo la mirada de nuevo, comenzando a revolver el contenido de la caja – No te preocupes, después de pasado mañana, Hao no se volverá a ir de esta casa.
Acto seguido, salió al jardín para continuar con el entrenamiento interrumpido horas atrás, mientras Mari miraba el interior de la caja completamente inmóvil.
*****
- Este no comprende el significado de la palabra descansar – dijo Hao moviendo la cabeza con una sonrisa en la boca, sentado en el patio de la casa de los Asakura. Veía al Espíritu de Fuego moverse en el patio de la casa de junto y eso solo significaba que Yoh lo había desobedecido.
- Así es Yoh – añadió una voz detrás de él. Hao no necesito voltear a ver de quien se trataba, podía asentir a la perfección la presencia de Anna detrás de él, incluso antes de que ella hablara.
- Terriblemente inconsciente – señalo Hao. Anna no dijo nada, solo miraba al Espíritu de Fuego. – Debes de estar feliz.
- El hecho de que Yoh demostrara lo fuerte que puede llegar a ser no me alegra ni me sorprende, yo ya lo sabía – comento Anna.
- Confías demasiado en él – indicó Hao.
- Como futura esposa de Yoh, así debe ser – expreso Anna. Ante dicho comentario Hao lanzo una carcajada.
- No, si no fuera tu prometido aún así seguirías creyendo ciegamente en él – refuto Hao – y en dado caso, confiar en alguien solo porque tu futuro será casarte con él tampoco te da una garantía de nada.
- Tienes razón – acepto Anna – Creo en Yoh solo por el hecho de ser él. – Hao volvió a reír irritando a Anna - ¿Cuál es el chiste?
- Que tu mente dice algo y tu boca dice otra cosa – respondió Hao. No necesito ver la expresión de Anna, con sentir su aura tensa le fue suficiente.
- ¿Leíste mi mente? – inquirió Anna imaginando la mejor forma de hacer pagar al mayor de los Asakura por atreverse a ultrajar sus pensamientos.
- Lo curioso aquí es que pueda hacerlo – comento Hao con tranquilidad, a pesar de estar consciente que su castigo estaba siendo cavilado por la sacerdotisa – Hasta donde sé, tú y yo poseemos la misma habilidad del Reishi, lo cual me hace concluir que serías capaz de evitar cualquier acceso a tu mente, del mismo modo que yo lo hago – Anna dejo de pensar en venganza y se puso nerviosa, odiaba que tocaran el tema del Reishi – Te asusta. Eso no me lo esperaba.
- ¡Deja de leer mis pensamientos! – exigió Anna.
- Le temes a tus poderes, por eso los usas al mínimo y solo sabes lo esencial para mantenerlos a raya, jamás te ha interesado ahondar más en el tema – dijo Hao haciendo caso omiso de las palabras de Anna, quien se tenso aún más – En fin, cada quien decide qué hacer con lo que tiene.
Hao se quedo en silencio viendo el cielo estrellado. Anna por su parte, trataba de recuperar la calma, evitando pensar cualquier cosa que Hao pudiera usar en su contra.
- No te preocupes, la verdad no soy muy propenso a leer los pensamientos de los demás, es algo demasiado aburrido – dijo tono tranquilizador Hao – Esta vez solo me dio curiosidad saber qué es lo que realmente piensas de todo esto.
- ¿De todo esto? – pregunto Anna sin entender a que se refería.
- Yoh haciéndose pasar por mi – puntualizo Hao. Anna regreso su mirada al Espíritu de Fuego.
- No pienso nada en particular – mintió Anna – Es la vida de Yoh y él puede hacer lo que quiera con ella. Cada quien decide qué hacer con lo que tiene.
Ambos se quedaron en silencio viendo al Espíritu de Fuego.
- Al principio creí que Yoh era lo suficientemente estúpido como para meterse en esto a cambio de nada – rompió el silencio Hao – sin embargo, leí su mente.
- No habías dicho que no eras propenso a eso – indico Anna cruzando los brazos.
- Leo mentes cuando quiero ver algo de mi interés, fuera de eso todo los demás es muy aburrido – explico Hao – Yoh tiene una razón para hacer todo esto.
- ¿Cuál? - pregunto Anna camuflando magistralmente su interés.
- Pregúntaselo a él, yo no te lo diré – respondió Hao poniéndose de pie. Camino hasta Anna, quien había permanecido de pie a un metro de distancia detrás de él. Se puso enfrente de ella y la miro a los ojos, mirada que Anna confronto con la frialdad propia de ella. – Me gustaste la primera vez que te vi – Anna, tomada por sorpresa ante tal revelación, no dijo nada, pero tampoco demostró asombro alguno – Me pareciste no solo hermosa, también poderosa. Hasta me cruzo por la mente quedarme contigo aunque tú no quisieras – dio un paso para quedar más cerca de Anna – Pero... me dejaste de interesar cuando me di cuenta de que, por primera vez en siglos de existencia, a la familia Asakura se le ocurrió juntar a una pareja donde si existe el amor.
Dicho esto, la paso y camino con rumbo a su cuarto. Anna se quedo parada sin mover un solo musculo, oyendo como Hao entraba al cuarto de Yoh y cerraba la puerta detrás de él. Levanto la mirada para clavarla en el Espíritu de Fuego, con un solo pensamiento en mente…
- Yoh – murmuro Anna con una nota, casi imperceptible, de tristeza en la voz.
*****
- Yoh – murmuro con tristeza, ojos fijos en el menor de los Asakura. Volteo la cabeza para ver a su alrededor. La habitación estaba en penumbra y la única luz titilante surgía de Eritrea, la pequeña hada acompañante de Irone. Camino unos pasos hasta llegar a una silla, puesta al lado de una mesa. Cargo la silla y la puso enfrente de la ventana y se sentó en ella. Desde ahí tenía una amplia visión de Yoh entrenando al lado del Espíritu de Fuego. Pensó en Hao. A estas horas, él ya estaría enterado de la desobediencia de su hermano. Lanzo un suspiro, mientras comenzaba a recordar escenas similares. Ver a Yoh entrenar era volver a ver a Hao aprendiendo a controlar al Espíritu de Fuego, 500 años atrás, en la Aldea Apache. Todo en Yoh le recordaba a ese Hao, del mismo modo que el Hao de ese tiempo también le hacía recordar al de hace 500 años; ambos eran una calca imperfecta de Hao. Sonrió. Imperfecta, esa única palabra era la causa de su sonrisa. Se echo atrás el largo cabello que le caía sobre la cara. No podía entender porque a Irone le gustaba tanto el cabello largo, a ella simplemente le fastidiaba, por eso siempre lo había usado corto, a pesar de las incesantes críticas de sus familiares. En fin, el cabello no importaba, eran pocas las veces, contadas con los dedos de una sola mano, que había podido estar así, viendo a través de sus ojos, oyendo con sus oídos, oliendo, sintiendo… era ella. Dejaba de ser una prisionera para probar por unos minutos la delicia de ser libre. Y la verdad, no se quejaba; a pesar de no poder hacer cuanto quisiera, tenía lo que tanto había anhelado, paz. Además, Irone le caía bien y le profesaba un cariño enorme, cariño del que estaba inconsciente la chica, como muchas otras cosas. Y entonces, pensó en ella y una sonrisa casi sádica se dibujo en su rostro. Apostaría cualquier cosa a que, en ese momento, Yohri estaba al borde de un ataque de histeria, patrocinado por su inexplicable, para Yohri, presencia. Lanzo un suspiro al tiempo que sentía al sueño apoderarse de ella. No era sueño, lo sabía, era el alma de Irone, mil veces más fuerte que la de ella, con ganas de recuperar el control de su cuerpo. Trato de ponerse en pie para volver a la cama, mas ya no fue capaz de mover un solo músculo, pues enseguida sintió como perdía por completo el control del cuerpo de Irone.
*****
Zack se encontraba plácidamente dormido en su cama, tirado boca abajo, con un simple pantalón de pijama cubriéndolo. Mas, su tranquilo sueño fue interrumpido por los fuertes rayos del sol que entraban a su habitación. El muchacho cogió su almohada y se tapo la cabeza con ella para tratar de continuar con su pacifico sueño. Sin embargo, la puerta de su cuarto fue intempestivamente abierta.
- Idiota, levántate – exclamo Serpiente desde el umbral de la puerta con cierto nerviosismo. Zack gruño debajo de la almohada, la tomo de nuevo y la lanzo en dirección a Serpiente, la cual la cacho en el aire y se la regreso. – Lo digo en serio, levántate.
El tono de nerviosismo no pasó por alto ante el muchacho quien se dio la vuelta para quedar de frente a Serpiente, aún recostado en su cama.
- ¿De cuándo a acá tengo despertador? – inquirió Zack. Serpiente no respondió, simplemente dirigió su mirada hacia abajo. Zack siguió la mirada de la chica hasta el suelo e inmediatamente se incorporo de un salto fuera de la cama, mojándose con este acto, los pies. Todo su cuarto estaba inundado por los menos, con cinco centímetros de agua. Zack se acerco a Serpiente, notando por primera vez que esta llevaba puesta aún el pijama, y la paso para salir al pasillo, el cual se encontraba en las mismas condiciones. A través del pasillo, las puertas de algunos cuartos estaban ya abiertas, dejando ver a sus inquilinos asustados, algunos mirando con expectativa a Serpiente y Zack.
- ¿Ustedes creen que este muy enojada? – inquirió algo asustada Bomba, acercándose a Zack, para después tomar posesión de su brazo. Zack la miro y después vio a Serpiente a los ojos, quien le regreso la mirada mientras se mordía el labio.
- Enojada, no – negó Zack soltando su brazo del agarre de Bomba para después abrazarla en son protector – Furiosa y con ganas de matar a alguien, sí.
- Zack – le reprocho Serpiente, al tiempo que Bomba escondía su cara en el pecho desnudo de Zack abrazándolo ella también. Zack apoyo su cabeza sobre la de Bomba sin dejar de ver a Serpiente.
- ¿Por qué no van a pasear un rato?, yo les aviso si pasa algo – propuso Zack. Serpiente dirigió su mirada a la puerta de donde emanaba el agua. Era orgullosa, pero debía de admitir que su jefa le daba miedo cuando estaba enojada, y en dicho caso prefería estar lejos; era orgullosa y, a pesar de eso, no había dudado salir corriendo a la habitación de Zack a despertarlo al verse en dicha situación, solo por el simple hecho de que aquí, el más poderoso era él, y en momentos como estos, era su único escudo protector contra cualquier cosa. Miro como el resto de los seguidores de su jefa salían sigilosamente del lugar, abandonando la casa donde se encontraban.
- ¿Y tú? – pregunto Serpiente no muy feliz con la idea. No quería dejarlo solo. Si, se peleaban siempre que podían, se deseaban lo peor y se insultaban, pero a pesar de eso, entre los dos había cariño, un cariño de hermanos; los tres eran una familia.
- Tráiganme algo de comer, un pay de manzana de preferencia – pidió Zack como si nada, ganándose una mirada asesina de Serpiente, quien en un solo movimiento tomo a Bomba de la playera, la jalo soltándola del abrazo de Zack y la empujo con rumbo a sus respectivos cuartos – y un coctel de frutas con mucha crema chantillí.
- Púdrete – le espeto Serpiente jalando a Bomba.
Zack las miro entrar en sus cuartos y se volvió para encarar la puerta del cuarto de su jefa. Se acerco sigilosamente y pego una oreja a la puerta con la esperanza de saber algo de lo que pasaba ahí, sin embargo, solo se encontró con silencio. Lo que sea que hubiera sucedido ya había pasado y su jefa ya no estaba tan furiosa, o por lo menos eso aventuraba el joven.
Mientras tanto, adentro de la habitación, Yohri miraba con detenimiento la pared enfrente de ella. El agua en su cuarto le llegaba a la cintura. Era impresionante la capacidad que esa mujer tenía para sacarla de sus casillas. Tan solo había sentido su presencia y encolerizada había comenzado a lanzar agua hacia todos lados, inundando su cuarto y echando a perder el trabajo que ya llevaba de la reconstrucción del Rosario de los 1080. Estaba furiosa, con ella misma y con ella. Le había dado vueltas y vueltas en la cabeza y no podía explicarse de ninguna forma la presencia de esa tipa. Lo único posible era que, gracias a la proximidad con Hao, en cierto modo, el sello se hubiera roto lo suficiente como para permitirle tener control sobre el cuerpo de esa chica Irone, y eso, por ningún lado, era bueno para sus planes. ¿Y si era capaz de decir algo? ¿Y si ya había dicho algo? Debía evitar otro episodio como este, pero, ¿cómo?
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- ¡Buenos días! – exclamo Yoh llegando al piso de abajo donde ya estaban todos reunidos para desayunar, todos excepto Irone, cuya ausencia fue notada de inmediato por el shaman - ¿E Irone?
El Trío y Opacho se vieron entre si, cayendo en cuenta por primera vez de la falta de la chica en la mesa.
- Hablando de eso, ¿dónde está? – pregunto también Mati – Irone siempre es la primera en levantarse, sin contar a Hao y a Mari – giro su cabeza en dirección a la cocina - Mari, ¿has visto a Irone?
- No – respondió quedamente Mari.
- Voy a buscarla – salto Opacho de su asiento con dirección al piso de arriba.
- Tal vez se siente mal otra vez – aventuro Kanna sacando un cigarrillo y poniéndolo entre sus labios.
- Últimamente le ha dolido la cabeza – añadió Mati – Solo espero que este bien para mañana.
En ese momento se oyó un grito proveniente del piso de arriba. Yoh, Mati y Kanna se vieron entre ellos para después salir disparados con rumbo al lugar de donde provenía el grito. En menos de cinco segundos ya estaban todos enfrente de la puerta de la habitación de Irone. Desde ahí podían ver a Opacho mirando con miedo y los ojos vidriosos el suelo. Los tres se acercaron para ver el objeto del grito de Opacho. Ahí, tirada en el suelo, con una herida en la frente, estaba Irone.
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El desayuno en la casa de junto estaba pronto a acabar. La plática, risas y bromas características llenaban todo el comedor de la casa de los Asakura. Muy pocos se dieron cuenta de que el teléfono estaba sonando, entre ellos Tamao, que como siempre, salió corriendo a responder. Hao por su parte, desayunaba tranquilamente mientras platicaba con Manta.
- Joven Yoh, lo llaman – anunció Tamao entrando de nuevo al comedor con el teléfono en mano. Hao levanto la mirada y alargo la mano para que Tamao le diera el teléfono.
- Bueno – saludo Hao con la tonta sonrisa de su hermano en la cara.
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- Hao, necesitamos que vengas aquí junto con Fausto – dijo Yoh un tanto alarmado. Él, el Trío y Opacho se encontraban en el suelo alrededor de Irone, a la cual habían decidido no mover de donde estaba para evitar cualquier complicación.
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- ¿Qué paso? - pregunto Hao. Esa simple pregunta silencio toda la mesa y llamo la atención de todos los presentes.
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- Encontramos a Irone desmayada en su cuarto con una herida en la cabeza – respondió Yoh – No hemos querido moverla, pero está respirando y tiene pulso.
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Hao no espero a escuchar nada más y colgó el teléfono.
- Fausto, vamos a la casa de los Nadiri – dijo Hao poniéndose de pie.
- ¿Qué paso? - pregunto Manta.
- Irone se puso mal – informo Hao para después salir del comedor, seguido de cerca por Fausto y Elisa.
Salieron de la casa y llegaron a la de los Nadiri en menos de dos minutos. Y estando adentro, Hao se quito la pulsera del tobillo, recuperando sus facciones. Los tres subieron las escaleras y se dirigieron al cuarto de Irone donde se encontraban todos.
- Me voy unos días y pasa esto – reclamo Hao entrando al cuarto.
- ¿Qué sucedió? - pregunto Fausto acercándose a Irone para revisarla.
- No tenemos ni idea – respondió Yoh haciéndose a un lado para darle espacio a Fausto. El resto siguieron su ejemplo.
- Tenemos la teoría de que camino hasta la ventana, se sentó enfrente de ella – comenzó Mati señalando la silla puesta enfrente de la ventana – y después se quedo dormida y se golpeo contra el marco de la ventana lo cual explicaría la herida en la cabeza.
- ¿Por qué estaría viendo por la ventana? - pregunto Yoh.
- Viéndote entrenar, tal vez – señalo Hao.
- Ah, te diste cuenta – dijo Yoh con la mano en la nuca y una sonrisa en el rostro.
- No hay de qué preocuparse, solo está dormida – anuncio Fausto tranquilizando a todos. Abrió su maletín y saco una botella de alcohol y un algodón. Aplico un poco de alcohol en el algodón y después lo acerco a la nariz de Irone, quien comenzó a despertar lentamente.
- ¿Dónde estoy? - pregunto Irone incorporándose, aunque en el mismo instante un fuerte dolor comenzó a taladrarle la cabeza. - La cabeza me está matando.
- Es normal después del golpe que te diste – señalo Fausto.
- ¿Golpe? - repitió Irone extrañada llevándose una mano a la frente donde se concentraban su dolor. Al instante su tacto sintió algo rugoso en la frente: sangre seca. - ¿Qué me paso? - pregunto alarmada, sintiendo como el dolor en la cabeza aumentaba.
- Al parecer te quedaste dormida mientras veías por la ventana – explico Hao poniéndose a su nivel en el suelo.
- ¿De qué hablas? - pregunto Irone mirando a su alrededor. Estaba en el suelo, cerca de la ventana y de una silla. ¿Cómo demonios había llegado hasta ahí? Lo último que recordaba era haberse dormido en su cama como cada día lo hacía. - Eso es imposible, yo me acosté en mi cama y me quede dormida ahí. No tengo ni la más mínima idea de cómo termine aquí.
- Tal vez te paraste durante la noche y estabas tan dormida que no te diste cuenta – intervino Yoh. Irone negó con la cabeza comenzándose a asustar.
- O fue un momento de sonambulismo – aventuro Mati.
- ¡Yo no soy sonámbula! - exclamo Irone completamente alterada.
- Tranquila, debe de haber una buena razón para todo esto – dijo Hao en tono tranquilizador.
- Ah si, ¿cuál?, me encantaría escucharla - espeto Irone del mismo modo.
- No lo sé – dijo Hao extrañado del temperamento de la chica.
- Pues yo si te lo puedo explicar, idiota – comenzó Irone poniéndose de pie, la cabeza matándola y una voz en su interior diciéndole "diles que no lo hagan, detenlos" - Tú, él – dijo señalando a Yoh – y su estúpido plan de intercambiar lugares es lo que me tiene así.
Se abrió paso entre todos y salió del cuarto con rumbo a las escaleras. Todos fueron detrás de ella.
- ¿A qué te refieres? - inquirió Hao siguiéndola por las escaleras – Pensé que estabas de acuerdo con esto, tú misma nos cambiaste.
- No lo sé, si – exclamo Irone llegando al piso de abajo para después irse a sentar al sillón más próximo. Tenía pensado salir de la casa y alejarse de ese par a los cuales había culpado de todas y cada una de sus jaquecas en los últimos días, sin embargo, el dolor simplemente no la dejo continuar con su camino. - Lo único que sé es que los dos son unos imbéciles de primera, incapaces de entender que todo esto es una estupidez y una locura.
- A ver, primero cálmate y después respóndeme una pregunta – pidió Hao poniéndose enfrente de la chica de rodillas para estar a su altura.
- ¡No voy a calmarme! - grito Irone exasperada - ¡La cabeza me duele, amanecí fuera de mi cama con una herida en la cabeza y no dejo de escuchar esa maldita voz en mi cabeza! ¡Así que no te atrevas a pedirme que me tranquilice!
- ¿Cuál voz? - pregunto Yoh.
- La maldita voz de mi conciencia que no deja de decir "detenlos, esto es muy peligroso" - explico Irone llevándose las manos a la cabeza comenzando a llorar..
- Irone, si no quieres que hagamos esto entonces dínoslo y no lo hacemos – dijo Hao lo más tranquilo posible, tomando en cuenta que el estado de Irone ya lo había asustado.
- ¡Yo si quiero que lo hagan! - grito Irone sin verlo a los ojos – ¡Pero no quiero!
*****
Llego al vestíbulo como cada día para comenzar con su entrenamiento, encontrándose con el lugar vacío y un gran número de voces provenientes de la sala, habitación contigua al vestíbulo. Se encamino al lugar y entro en el. Ahí estaban todos sus amigos reunidos con cara de preocupación. Era inevitable, estaba acostumbrado a ello, y por eso, comenzó a pensar en lo peor.
- ¿Qué pasa? - pregunto Lyserg. En seguida todos lo voltearon a ver sin responderle y en lugar de eso se miraron entre si, poniéndolo más nervioso.
- Llamaron a Yoh hace como media hora – hablo Len, apoyado en la pared al lado izquierdo de Lyserg, el cual lo volteo a ver – Irone se puso mal.
- ¿Qué tiene? - pregunto Lyserg comenzando a sentir un profundo hoyo en el estomago.
- No se han comunicado – respondió Len.
Lyserg se acerco a la pared del lado derecho y se apoyo en ella con la mirada de sus amigos sobre él. Sentía el impulso de correr a la casa de junto para saber cómo estaba Irone, pero, tan solo pensar que ahí estaría Hao, lo hacía contenerse y tragarse la terrible angustia que sentía en ese momento.
*****
- Necesito curarle la herida, pero si sigue así no podre hacerlo – dijo Fausto tirando a la basura una jeringa, la segunda con tranquilizante que intento inyectar a Irone y ésta tiro al suelo de un solo golpe. La chica estaba incontrolable, sin parar de llorar o decir cosas en contra de Yoh y de Hao.
- No solo eso, también debemos de seguir entrenado – señalo Hao sin quitar su mirada de Irone, a quien intentaban tranquilizar Opacho y el Trío – pero no me puedo dejarla así.
- No es necesario continuar con el entrenamiento, creo que ya estoy listo, además, Irone es más importante en este momento – hablo Yoh también viendo a Irone.
- Tenemos que perfeccionar algunas cosas, entre ellas lo de la materialización de la espada – negó Hao.
- Intentare ponerle el tranquilizante otra vez – propuso Fausto.
- Lo volverá a tirar – indico Hao. No podía dejar a Irone en ese estado, ni siquiera se creía capaz de concentrarse en el entrenamiento sabiéndola sola. Sin embargo, no podía perder ese día de entrenamiento y mucho menos siendo al día siguiente el día del combate. En ese momento, una idea se le vino a la cabeza. - Cambiémonos de ropa.
- ¿Para? - pregunto Yoh.
- Para hacer algo de lo que, con seguridad, me voy a arrepentir en el futuro – respondió Hao quitándose la camiseta que llevaba, propiedad de su hermano.
*****
- Y si llamamos – propuso Chocolove.
- Voy por el teléfono – dijo Tamao, mas, antes de que pudiera salir en busca de dicho objeto se oyó como abrían la puerta de la casa. Pero eso no fue lo que más llamo la atención de todos, sino los gritos y el llanto que se oía en dicha dirección. No tuvieron tiempo para asomarse antes de que entrara al lugar Hao con Irone en brazos, seguido por Yoh, Opacho, Fausto y Elisa.
- Quítense – pidió Hao a los sentados en el sillón más largo. Manta, Pilika y Jun se movieron del lugar con la velocidad de un rayo. Hao se acerco al sillón y dejo a Irone ahí recibiendo un golpe directo al estomago de parte de esta.
- ¿Qué te crees? ¿Crees qué me puedes cargar de un lugar al otro o qué, idiota? - le exclamo Irone completamente furiosa.
- Pues fíjate que si – dijo terminantemente Hao dándole la espalda. Acto seguido, se acerco a Lyserg, cuya mirada estaba clavada en la inestable Irone, lo tomo del brazo y lo jalo al exterior de la sala. Yoh los siguió.
- ¡Suéltame! - exigió Lyserg soltándose del agarre de Hao - ¿Qué le hiciste, desgraciado?
- ¡Yo no le hice nada! - exclamo Hao.
- Hao - lo llamo Yoh para tranquilizarlo. Hao respiro hondo y profundo y miro a Lyserg que le dedicaba esa mirada especial para él.
- Necesito tu ayuda – dijo Hao con mucha dificultad. Lyserg abrió los ojos más ante tal comentario – Irone está como loca y no hemos conseguido tranquilizarla, ni siquiera deja a Fausto curarle la herida que tiene en la cabeza.
- ¿Por qué está así? - pregunto Lyserg asomándose al interior de la sala viendo a Irone llorar y quejarse, sin contar la sangre seca que estaba en su frente. Esa imagen simplemente lo hacía desear matar al culpable de ello.
- No tenemos ni la más remota idea – respondió Yoh.
- El punto es que necesitamos continuar entrenando para mañana, pero no puedo dejarla sola así – continuo Hao – por eso estoy aquí – Hao considero una vez más lo que estaba a punto de hacer y en vista de que era su mejor opción en ese momento – Quiero pedirte que la cuides en mi lugar.
El shock en Yoh y Lyserg fue el mismo. ¿En serio acababan de oír a Hao pedirle a Lyserg que cuidara a Irone?
- ¿Por qué me pides esto? - inquirió Lyserg con extrañeza.
- ¿Vas a hacerlo si o no? - respondió con otra pregunta Hao – Sino para pedírselo a alguien más.
- No necesitas pedírmelo, por supuesto que lo voy a hacer – acepto Lyserg, sorprendiéndose interiormente de su respuesta.
- Bien – dijo Hao regresando a la sala, seguido por Yoh y Lyserg. Se acerco a Irone, se hinco enfrente de ella y tomo su rostro entre ambas manos captando la atención de la chica, que no paraba de llorar. – Voy a preguntártelo por última vez y no me importa lo que la voz de tu cabeza piense, respóndeme tú: ¿Estás de acuerdo con todo esto, si o no?
- Si – respondió Irone de inmediato.
- Con eso me basta – manifestó Hao poniéndose de pie – Vámonos, Yoh. – Yoh asintió y comenzó su camino de regreso a la casa de los Nadiri. Hao lo siguió, deteniéndose ante Lyserg para dedicarle una mirada, mirada que le fue devuelta.
*****
- Ahí se encuentra, jefa – anunció Zack haciendo alto enfrente de un pequeño restaurante apartado del centro de la Aldea. Yohri lo reconoció como el restaurante donde solía ir a tomar un té a veces. Miro a los comensales y una media sonrisa se formo en sus labios. Ahí estaba la persona que buscaba.
- Gracias, Zack – agradeció Yohri antes de salir en dirección al restaurante. El muchacho miro como Yohri se iba, antes de sentir la presencia de Serpiente y Bomba, una a cada lado de él.
- ¿Y si estaba muy enojada? – pregunto Bomba.
- Pues cuando salió de su cuarto parecía muy tranquila – respondió Zack.
- ¿Qué te pidió? – pregunto Serpiente.
- Me pidió que le buscara a la Doncella de Hierro – informo Zack, luego miro a Serpiente - ¿Y mi pay de manzana?
Acto seguido, Zack salía volando algunos metros impulsado por un golpe de parte de Serpiente.
*****
- Buenos días – saludo Yohri llegando a la mesa donde se encontraban Jeanne y Marco, desayunando tranquilamente – Jeanne Nadiri.
- ¿Cómo sabe mi nombre? – pregunto Jeanne con dulzura en la voz.
- He oído mucho sobre ti y tu grupo – respondió Yohri sentándose en una silla vacía de la mesa – Yohri Asakura.
- La única persona que ha sido capaz de destruir a Hao Asakura – añadió Jeanne.
- Exactamente – asintió Yohri mirando a Jeanne fijamente a los ojos – Debo de admitir que jamás me imagine encontrarme con otro grupo organizado para destruir a Hao Asakura, además de la familia Asakura. Me has tomado por sorpresa. – se recargo en la silla – Pero, tengo una gran duda, ¿por qué tienen tantos deseos de destruir a Hao?
- Porque Hao Asakura es un demonio que debe de ser eliminado – respondió Marco. Yohri sonrió ante tal respuesta.
- Respuesta incorrecta – dijo Yohri – Hao no es ningún demonio. Los demonios se caracterizan por no poseer cerebro ni corazón, y Hao posee ambos, así que no se puede catalogar como un demonio. – cruzo sus brazos sobre la mesa - ¿Cuál es la verdadera razón?
- ¿Cuál es su razón? – devolvió la pregunta Jeanne
- Diversión – respondió Yohri simplemente, sorprendiendo un poco a Jeanne y Marco.
- Hao Asakura destruyo nuestras vidas, por eso merece desaparecer de la faz de la Tierra – expreso Marco.
- Venganza – sintetizo Yohri con una sonrisa recargándose de nuevo en el respaldo de la silla – Hasta donde sé, no les ha salido para nada bien. Incluso utilizaron el Portal de Babilonia y no consiguieron nada. Jamás conseguirán nada.
- ¿Cómo puede estar tan segura de eso? – inquirió Jeanne.
- Porque, al igual que los Asakura, ustedes se van por el lado del poder y de las habilidades – indico Yohri – Hao es increíblemente poderoso y no hay nadie capaz de igualar su poder, por lo mismo, su poder es perfecto, no posee ningún tipo de debilidad. Si se quedan estancados en el poder, jamás lograran destruirlo.
- ¿Entonces cómo logro usted destruirlo? – pregunto Jeanne.
- Para acabar con Hao se necesita tener inteligencia, no poder – respondió Yohri poniéndose de pie – Al fin y al cabo, da lo mismo si hay una o mil personas organizadas para destruirlo, si ninguna de ellas usa el cerebro su fin será la muerte.
- En ese caso, me complacería si usted aceptara la ayuda de los Soldados X en su plan – hablo Jeanne ganándose una mirada de sorpresa de parte de Marco. Yohri Asakura tenía razón, solos nunca llegarían a nada, pero aliados a ella, verían a Hao muerto y humillado.
- Y a mí me complace negarme – soltó Yohri dejando a Jeanne y a Marco sin palabras.
- ¿Por qué? – pregunto Marco – Nuestro poder puede serle de gran ayuda.
- Tengo tres buenas razones para negarme – comenzó Yohri sentándose de nuevo – Número uno: detesto a los Nadiri, me parecen realmente despreciables, algunos más que otros. Son incapaces de pensar en alguien más que no sea uno mismo y bajo esa primicia han llegado a cometer los más terribles crímenes contra su propia sangre, solo para poseer el poder que tanto se jactan en tener. Aborrezco la forma en la que se creen mejores a todos por el simple hecho de haber sido escogidos por los Grandes Espíritus para protegerlos. Pero, lo que más de asquea, es su cara de ángeles, mascara que encubre a demonios, porque ustedes si son demonios.
- ¡Como se atreve! – salto Marco furioso.
- Número 2: ni tú, doncellita de hierro, ni ninguno de tus seguidores tiene un nivel de batalla lo suficientemente grande para mi plan. Son una bola de débiles, pero sobretodo, no controlan sus emociones, y contra Hao, eso es esencial. Sin contar tendencia suicida y masoquista – continuo Yohri –. Y número 3 – acerco su cara a la de Jeanne quedando a centímetros de distancia – eres una niña ridícula y llorona, que lo único que busca es vengarse de la manera más idiota e infantil posible. Eres una digna Nadiri, lista para sacrificar a cuanta persona se te ponga enfrente, y ya lo has hecho. Te crees un ángel salvador, venido a la Tierra para acabar con el mal, pero solo buscas tu propio beneficio. Piensas que meterte en esa estúpida reliquia llamada la Doncella de Hierro te hace superior a los demás, cuando lo único que muestra es lo masoquista y patética que eres. – alejo su cara de la de Jeanne, cuyos ojos le dedicaba una mirada llena de odio – Sin embargo, debo de admitir que me agrada divertirme y ver sufrir a las personas. Por eso he venido aquí – se puso de pie mirando a Jeanne – Hao Asakura tiene una debilidad, gracias a la cual, logre asesinarlo hace 500 años - Jeanne se olvido de lo anteriormente dicho contra ella y sus soldados y enfoco toda su atención en eso – de ti depende averiguar cuál es. Si matas a Hao antes de que yo pueda hacerlo, entonces me tragare mis palabras y te convertirás en la primera Nadiri merecedora de mi respeto.
Con eso Yohri dio por terminada la plática y salió del restaurante, al tiempo que una sonrisa perversa dibujaba su cara. Qué mejor forma de deshacerse del poco poder del alma de esa tonta. Lanzar a la Doncella de Hierro y a los Soldados X a buscar la debilidad de Hao era la fórmula perfecta para mantener al alma de Irone lo suficientemente ocupada como para impedirle a la otra alma residente en su cuerpo apoderarse de él. Era una solución burda, momentánea y sin mucho peso, pero le serviría por ahora. Sin contar el sufrimiento que todo esto conllevaría a Irone, y por ende, a ella. Por su parte, después de un momento de considerarlo, Jeanne se levanto de su lugar y miro a Marco.
- Busquemos a Lyserg – hablo Jeanne con decisión en la voz.
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Su mirada estaba fija en el techo de la sala, mientras intentaba encontrar una razón a lo ocurrido en las últimas semanas. Sin embargo, siempre llegaba a la misma conclusión: no existía una. Bajo su mirada y la poso en Irone, quien se encontraba pacíficamente dormida a su lado, ambos acostados en sillón más largo de la sala. Ella lo tenía abrazado por el tronco, con su cabeza tranquilamente apoyada en su pecho; él tenía un brazo detrás de su espalda, cuya mano estaba apoyada en la cadera de la chica. ¿Cómo habían terminado así? Realmente no le importaba, lo único que le llenaba la cabeza, y tal vez también le hacía imposible concentrarse en pensar, era el sonido de la tranquila respiración de Irone, el delicioso aroma que despedía su cabello, la suavidad del mismo… en fin, tenerla tan cerca, ahí, entre sus brazos. Regreso su mirada al techo, para después cerrar los ojos. Después de que Yoh y Hao se hubieran ido, tardaron varios minutos en calmar a Irone lo suficiente como para permitirle a Fausto curarla. Después, en un intento de parar su llanto, había terminado abrazándola. Eso explicaba como terminaron acostados uno al lado del otro en el sillón. Abrió los ojos de nuevo dando un vistazo a la habitación. Solo estaban ellos. Len, Horo-Horo, Chocolove, Riu y Manta, al ver a Irone tranquilamente dormida, se habían excusado con que tenían entrenamiento que hacer; el resto estaba en el comedor. Podía casi asegurar que todos se habían puesto de acuerdo en dejarlos solos; casi, porque tanto Anna como Opacho se habían ofrecido en hacerse cargo de la muchacha, ofrecimiento que declino, pues no pensaba dejar a Irone sola hasta verla bien, con una sonrisa en el rostro como siempre.
- ¿Cómo sigue? – pregunto Matamune entrando a la sala junto con Opacho, quien no veía con muy buenos ojos la cercanía entre Lyserg e Irone.
- Bien, supongo – respondió Lyserg. Matamune sonrió ante dicha respuesta fijando sus ojos en Irone. De todos, él era el único que sabía exactamente lo que había sucedido con Irone. Y a pesar de eso, no podía explicárselo a nadie de ninguna manera. Se oyeron voces provenientes del pasillo antes de que entraran a la sala Len, Horo-Horo y Chocolove.
- ¿Cómo está? - pregunto Horo-Horo. Lyserg asintió con la cabeza como respuesta. – Vamos a ver cómo le va a Yoh con su entrenamiento. Nos vemos más tarde. Los tres salieron de la sala continuando con su conversación. – Se ven tan lindos.
- Son un par de tortolitos – apoyo Chocolove.
- Y ustedes son un par de ridículos – señalo Len abriendo la puerta de la casa y saliendo de esta.
- Pero si tú también estuviste de acuerdo con dejarlos solos – recrimino Horo-Horo.
- Si, pero yo no ando diciendo ridiculeces como ustedes – indico Len llegando al camino enfrente de la casa. Volteo a ambos lados, como para asegurarse de que no hubiera nadie, encontrándose con la imagen de Jeanne y Marco caminando hacia ellos. – Miren eso, la doncellita y el angelito. – Horo-Horo y Chocolove voltearon a ver a qué se refería Len.
- ¿Creen que sepan algo? – inquirió Horo-Horo a sus amigos.
- Si supieran, no vendrían ellos solos – respondió Len. Esperaron hasta tenerlos lo suficientemente cerca - ¿Qué trae por aquí a la doncellita y su fiel ángel?
- También es un placer verlos, Len Tao – saludo la Doncella Jeanne deteniéndose a un metro de ellos. – Buscamos a Lyserg y nos pareció magnifico empezar desde su casa.
- Pues que cree, Lyserg no está disponible en este momento – soltó Horo-Horo.
- En ese caso, esperare a que esté disponible – dijo la Doncella pasándolos para después entrar en la propiedad de los Asakura.
- Espere un minuto, le avisaremos a Lyserg que está aquí – la detuvo Len. Su presencia ahí era peligrosa, sobre todo para los dos shamanes entrenando en la casa de junto. Jeanne se paro y giro a ver a Len con una sonrisa angelical, hecho que lo hizo asquearse internamente. Acto seguido, los tres amigos ingresaron de nuevo a la casa dejando fuera a Jeanne y a Marco.
- ¿Por qué no los dejaste ahí esperando? – pregunto Horo-Horo.
- Pueden darse cuenta de lo que está sucediendo – manifestó Len mientras entraba a la sala de nueva cuenta. Opacho y Matamune ya habían tomado un lugar en la sala. – Lyserg – el nombrado giro la cabeza para ver a Len – afuera está tu querida doncellita Jeanne y dice que quiere hablar contigo.
- Dile que en este momento no puedo – hablo Lyserg después de considerarlo un momento – pero puedo irla a buscar más tarde – Len asintió y volvió con Jeanne y Marco, dejando a Horo-Horo y Chocolove en la sala. – Dice Lyserg que en no puede hablar contigo, que irá a buscarte más tarde.
- Dile a Lyserg que esto es de vida o muerte, y si no tiene tiempo para atendernos ahora, entonces esperare aquí hasta poder hablar con él – dijo Jeanne con su misma cara angelical. Len volvió a entrar a la casa y después a la sala.
- Dice que está aquí por un asunto de vida o muerte y si no hablas con ella en este preciso momento se va a quedar aquí esperándote – paso el mensaje Len y después fastidiado añadió – Y ni se te ocurra mandarme a decirle algo, porque no lo hare, no soy mensajero.
Lyserg se puso a pensar. Podía negarse y dejar a la Doncella Jeanne ahí esperando o podía dejar a Irone e ir a hablar con la Doncella Jeanne. Ninguna de las dos opciones le agradaba, pero la que menos le agradaba era dejar a Irone sola.
- Ve a ver lo que quiere esa muchacha, nosotros cuidamos de Irone – hablo Matamune, intuyendo los pensamientos del muchacho. Lyserg lo miro, lanzo un suspiro y se incorporo lo más lentamente posible para no mover a Irone; se puso en pie y, tras darle una mirada a Irone, salió al encuentro de Jeanne y Marco. – Doncella Jeanne, Marco, es un placer verlos – los saludo Lyserg tratando de disimular su disgusto.
- Lyserg, a nosotros también nos alegra verte – regreso el saludo Jeanne – Venimos para hablar contigo de un asunto muy importante.
- Si, hablando de eso, ¿podríamos hablar en otro momento? – pidió Lyserg – en este momento estoy haciendo algo muy importante.
- ¿Qué puede ser más importante que yo, Lyserg? – pregunto Jeanne con dulzura en la voz.
- Estoy cuidando a Irone – respondió Lyserg, respuesta que elimino cualquier rastro de amabilidad y dulzura de la cara de Jeanne. ¿Acaso acababa de decir que Irone era más importante que ella? – está enferma y no quiero dejarla sola.
- ¿Y por qué no la cuida Hao? – inquirió Jeanne tratando de no descontrolarse.
- No puede hacerlo – respondió Lyserg – por eso estoy yo cuidándola.
- Eso no es tu asunto, Lyserg – espeto Jeanne – lo que nosotros venimos a decirte si lo es.
- Lo lamento, Doncella Jeanne, pero no pienso dejar sola a Irone – dijo terminantemente Lyserg – Lo que sea que me quiera decir me lo puede decir mañana – El tono de la voz de Lyserg, le indico a Jeanne que sería imposible hablar con él, y todo gracias al demonio que tenía como hermana.
- Entiendo perfectamente, Lyserg – dijo tranquilamente Jeanne – Hablaremos mañana.
Jeanne sonrió y comenzó su camino para regresar al centro de la Aldea, seguida por Marco, quien miro con dureza a Lyserg antes de irse.
*****
La noche comenzaba a caer sobre la Aldea Apache, dejando a su paso la oscuridad característica. En el jardín de la casa de los Nadiri se podían observar a dos shamanes enfrentándose, uno utilizando una espada de fuego y el otro haciendo uso solamente de su poder espiritual. Para todos los presentes la escena enfrente de ellos era más que increíble. Finalmente la pelea termino con uno de los muchachos siendo enviado al suelo por el otro.
- ¿Qué te parece? – pregunto Yoh con una sonrisa a su estilo mientras le ofrecía su mano a Hao para ayudarlo a levantar.
- Me parece que estoy reconsiderando el plan de robarme tu alma – bromeo Hao aceptando la ayuda de su hermano y poniéndose de pie.
- Pues esta vez no lo tendrás tan fácil – dijo Yoh riendo.
- Eso mismo pienso – expreso Hao comenzando a caminar hacia el interior de la casa – Estás listo para mañana. No hay forma de que Yohri o cualquiera se dé cuenta del cambio – Ambos entraron a la casa.
- Yoh, eso fue increíble – lo felicito Horo-Horo.
- Es impresionante lo que has logrado en tan poco tiempo - añadió Manta.
- No cabe duda de que don Yoh es un shaman excepcional – hablo Riu con orgullo.
- Si, no eres tan debilucho como pensábamos – señalo Mati mientras Kanna asentía con un cigarrillo en la boca.
- Bueno, vamos por Irone – hablo Hao - ¿Saben cómo está?
- Cuando vinimos seguía dormida – respondió Horo-Horo y animado añadió - ¿A qué no se imaginan lo que paso en la mañana?
- ¿Qué sucedió? – pregunto Yoh.
- Resulta que llego la doncellita de los Soldados X para buscar a Lyserg por algo de vida o muerte – relato Horo-Horo – y Lyserg los hecho sin escucharles una sola palabra – concluyo con diversión.
- Que extraño, Lyserg jamás haría eso – pensó Yoh en voz alta.
- Pues lo hizo y no solo eso – continuo Horo-Horo – también le dijo a la doncellita que Irone era más importante que ella – Mati y Kanna se burlaron de eso y Hao lanzo un resoplido.
*****
- ¡Esto sabe delicioso! – exclamo Irone después de vaciar su plato. Miro a Tamao, sentada enfrente de ella a la mesa – Cocinas muy bien, Tamao.
- Muchas gracias, Irone – agradeció Tamao el cumplido. Hacia menos de media hora que Irone había despertado, con su humor característico y un gran apetito.
- Nos alegra verte mejor – hablo Keiko Asakura con una sonrisa en el rostro. Irone simplemente sonrió en respuesta.
- Después de hoy ya sabemos que no debemos de hacerte enojar – dijo Anna sentada a la derecha de Irone.
- No me enoje, solo me dolía la cabeza – corrigió Irone – suelo ser insoportable cuando me siento mal.
- ¿Insoportable? – señalaron Pilika, Jun y Opacho al unísono – esa no es la palabra exacta.
- Bueno, tal vez un poco más que insoportable – dijo en tono de disculpa Irone.
- Lo bueno es que ya estás mejor – expreso Lyserg sonriéndole, sonrisa que Irone le regreso.
- Espero no haberte causado tantos problemas, Lyserg – dijo Irone con cierta culpabilidad – Por mi culpa ya perdiste un día de entrenamiento.
- Técnicamente no fue su culpa, fue culpa de Hao – informo Anna – él fue quien le pidió su ayuda para cuidarte.
- ¿¡Qué Hao hizo qué!? – pregunto incrédula Irone.
- Aunque no me lo hubiera pedido, yo me habría quedado cuidándote – hablo Lyserg – Ya recuperare este día de entrenamiento mañana.
- Gracias, Lyserg – agradeció Irone.
- Fuera de eso, yo tengo una gran duda – dijo Yohmei Asakura ganándose la atención de todos – Entiendo que tu estado de hace algunas horas se debió al dolor de cabeza, pero, me encantaría saber porque estabas tan furioso contra Yoh y Hao y a que te referías con que no debían de hacer algo.
Irone se quedo en blanco ante tal pregunta, la verdad no se la esperaba, y tampoco los demás presentes.
- ¿De qué habla? – inquirió Irone en un intento de hacerse la desentendida.
- Cuando Hao te trajo no parabas de recriminarle un plan, algo que estaban haciendo entre Yoh y él – puntualizo Yohmei. Todos palidecieron – Y yo creo que en verdad están haciendo algo esos dos, no hay otra forma de explicar porque mi nieto pasa tantas horas metido en tu casa.
- Pues sí, estamos planeando algo – acepto Yoh entrando al comedor junto con Hao (ambos siendo ellos mismos), Manta, Len, Horo-Horo, Riu y Chocolove.
- Y no es de tu incumbencia – añadió Hao -. Claro que, si quieres saber, estamos maquilando la mejor forma de deshacernos de Yohri Asakura – todos miraron a Hao preguntándose si el shaman de fuego sería capaz de delatarse – La muy idiota se atrevió a entrar a mi casa y robarme la cuenta del Rosario de los 1080, seguramente para reconstruirlo. Yoh y yo estamos entrenando para estar listos en el momento que ella de la cara. – Todos se sorprendieron ante la facilidad de Hao en la materia de mentir.
- Ya veo – murmuro Yohmei Asakura.
- Bueno, vámonos – soltó Hao en dirección de Irone. Opacho se puso en pie de inmediato y salió del comedor.
- Muchas gracias por su paciencia – agradeció Irone. Volteo a ver a Lyserg y lo abrazo. Éste le regreso el abrazo – Nos vemos mañana en mi combate.
- Ahí estaré – aseguro Lyserg separándose de la chica. Acto seguido, Irone se levanto de la mesa y salió de lugar seguida por Hao.
- Hay algo de comer, porque me estoy muriendo de hambre – expreso Yoh con una mano en su estomago.
*****
- ¿Eres Hao? – pregunto Irone mirando a Hao con extrañeza, una vez fuera de la casa.
- ¿Quién más sería? – le devolvió la pregunta Hao.
- Lamento lo de esta mañana – se disculpo Irone – Casi los meto en problemas.
- No te preocupes, no fue gran cosa – señalo Hao – solo trata de relajarte cuando te sientas mal.
- ¿Y ahora cómo le van a hacer? – pregunto con curiosidad Irone agarrándose del brazo de Hao.
- Cuando todos se duerman nos intercambiamos y listo – resolvió Hao con simpleza.
- ¿Puedo preguntarte algo y me responderás sin evasivas? – pregunto Irone.
- Te levantaste muy preguntona, ¿no? – se burlo Hao.
- ¿Por qué le pediste a Lyserg que me cuidara?, acaso no te la pasas diciendo que no debo de confiar en él – indico Irone. Hao lanzo un resoplido de disgusto.
- Ese tipo es despreciable y aún creo que no debes de acercártele – explico Hao – pero, eso no quita que él te quiere y se preocupa por ti, ya sea como amigo o como algo más. Además, te hace feliz estar con él y lo debo de aceptar, aunque me dé asco. - Irone sonrió con diversión y se acerco más a Hao.
- ¿Por qué nos gustaran las situaciones de riesgo? – inquirió Irone.
- Esa es una gran pregunta – dijo Hao con una gran sonrisa.
*****
El día pintaba a ser un día bastante tranquilo, o por lo menos eso pensó en el momento en que despertó. Cuando llego a la gran mesa donde desayunaba todos los días, uno de sus apaches más cercanos le entrego un mensaje de parte de los Grandes Espíritus. Lo leyó mientras le servían su desayuno de ese día y al terminar de hacerlo, llego a la conclusión de que ese día sería todo, menos tranquilo.
*****
El estadio de la Aldea Apache se comenzaba a llenar de gente conforme los minutos pasaban. Hao, caracterizado de Yoh, paseaba su mirada en busca de Yohri, la cual, aún no llegaba al lugar. Estaba apoyado en el barandal que separaba a las gradas del campo de batalla; a su derecha estaban Manta y Matamune, a su izquierda, tiendo una buena distancia, Lyserg; atrás, estaban Anna, el trío y el resto de los amigos de Yoh sentados en las gradas, esperando a que todos comenzara. Toco un botón en los audífonos de su hermano para cambiar la estación de música que estaba escuchando. Si, Hao Asakura estaba nervioso y la única forma que encontró para relajarse fue hacer uso de los inútiles audífonos de Yoh. La música lo mantenía lo suficientemente calmado. Sintió como alguien lo jalaba para llamar su atención. Giro la cabeza para ver a Manta señalándole alguna parte atrás de él, se quito los audífonos de los oídos y volteo para encarar a Silver, quien le sonrió.
- No deberías de escuchar tan fuerte la música – le recrimino Silver – llevo hablándote un buen rato y no me escuchas.
- Perdón, Silver – se disculpo Hao riendo como Yoh - ¿Qué querías?
- Yo nada, pero la señora Golva me mando a buscarte a ti y a tu equipo – informo Silver. Riu se puso en pie de inmediato, Lyserg dejo de mirar el campo de batalla y se giro, ambos viendo a Hao.
- ¿Para? – pregunto Hao extrañado.
- No me quiso decir – respondió Silver.
- Bueno, si Golva nos busca entonces no la hagamos esperar – manifestó Hao comenzando a caminar con una sonrisa en los labios. Lyserg y Riu se vieron entre si antes de seguir a Hao. Silver se despidió del resto y condujo a los tres ante Golva.
*****
- No importa cuántas veces esté aquí, aún me sorprende – hablo Irone entrando a los vestidores después de dar un vistazo al estadio.
- Si, es increíble – apoyo Yoh con una sonrisa. Estaba perfectamente caracterizado como su hermano, exceptuando los guantes, por obvias razones.
- ¿Listos? – pregunto Cole entrando al lugar acompañado por su león espíritu acompañante.
- Más que listos – respondió Irone con una gran sonrisa.
- ¿Ya estás mejor? – inquirió Cole con preocupación y al ver la cara de interrogación de Irone añadió – un pajarito me conto que estabas enferma.
- Si, solo fueron dolores de cabeza, eso es todo – dijo Irone quitándole importancia al suceso del día anterior.
- Bueno, pues yo vengo a darles otro dolor de cabeza – soltó Cole ganándose la mirada de extrañeza de los tres – La abuela me mando a buscarlos, quiere hablar con los tres.
- ¿Para? – pregunto Yoh cruzando los brazos – Estamos a punto de salir a combatir.
- No tengo ni idea – expreso Cole – solo dijo que era muy importante.
- Espero que lo sea – hablo Yoh con fastidio fingido.
- Si, no creo que los mande a llamar por cualquier cosa – señalo Cole regresando sobre sus pasos. Yoh, Irone y Opacho lo siguieron a través de los pasillos y escaleras internos del estadio, hasta llegar a una puerta donde ya esperaban Silver, Hao, Lyserg y Riu.
- ¿Ustedes qué hacen aquí? – pregunto Yoh fingiendo sorpresa. Sabía exactamente lo que todo esto significaba: los habían descubierto.
- Esa es una buena pregunta – respondió Hao riendo.
- Salgamos de dudas – propuso Cole tocando la puerta. Una voz les anunció que pasaran. Todos entraron al lugar. Se trataba de un palco personal, de gran tamaño, con solo un asiento disponible y una gran mesa dispuesta con bocadillos en una de las paredes. Ahí estaba Golva mirándolos fijamente.
- Silver, Cole, salgan un minuto – ordeno Golva. Ambos asintieron y salieron cerrando la puerta detrás de si. Golva se acomodo en su asiento – Saben exactamente porque están aquí.
- La verdad no – hablo Irone.
- Ellos no tienen nada que ver – hablo Hao de inmediato – no están enterados de nada.
- Todo lo hicimos por nuestra cuenta – intervino Yoh. Los demás se vieron entre si.
- ¿De qué están hablando? – pregunto Lyserg dispuesto a seguirle el juego a los dos hermanitos Asakura.
- ¿En serio no saben nada? – inquirió Golva al sorprendida.
- ¿Saber qué? – pregunto Riu extrañado.
- Se puede saber ahora qué demonios hiciste, Hao – le reprocho Irone a Yoh.
- Yo no hice nada – negó Yoh con calma – Y si hice algo no es de tu incumbencia.
- Ah, por supuesto que lo es – soltó Irone
- Silencio – los callo Golva –. Aceptare que no saben nada. Déjenme sola con Yoh y Hao – Nadie replico y siguieron la orden de Golva saliendo del palco. Golva miro a los gemelos. Ambos se miraron entre si, asintieron en acuerdo y se quitaron las pulseras, causantes de su cambio. Golva se sorprendió ante esto - ¿Cómo hicieron eso? – pregunto.
- Un antiguo conjuro – respondió Hao – Suponemos que fueron los Grandes Espíritus quienes te pusieron sobre aviso.
- Esta mañana – puntualizo Golva – Ambos comprenden que al hacer esto, están poniendo en riesgo su lugar en el Torneo. Existe una regla muy precisa, la cual prohíbe la suplantación de un participante y su castigo es la descalificación directa.
- Lo sabemos – admitió Yoh.
- Y aún así lo hacen, ¿por qué? – inquirió Golva curiosa.
- Los Grandes Espíritus saben a la perfección porque lo hacemos, no pienso enterarte a ti de mis problemas – respondió Hao.
- Bien – dijo Golva – En ese caso solo me queda darles el mensaje de los Grandes Espíritus. Ellos permitirán su intercambio en el Torneo.
- ¿En serio? – pregunto Yoh alegre.
- Con la condición de que, si alguien se llega a dar cuenta, durante el combate, ambos serán descalificados – advirtió Golva. Yoh y Hao se vieron entre si.
- No hay forma de que alguien se dé cuenta – aseguro Yoh con una gran sonrisa.
*****
Todos miraban con expectación la puerta del palco y saltaron cuando vieron salir a Yoh y Hao de ahí, de nuevo caracterizados uno del otro.
- ¿Y bien? – pregunto Irone impaciente.
- Tenemos un combate – dijo Yoh caminado por el mismo camino por el que habían llegado. Todos miraron a Hao, quien les sonrió al más puro estilo de Yoh, después, Irone y Opacho se fueron detrás de Yoh.
- Deberíamos de ir a las gradas o nos perderemos el comienzo del combate – propuso Hao
- Estoy de acuerdo, don Yoh – salto Riu emprendiendo la marcha de regreso a las gradas.
- Nos vemos – se despidió Hao de Silver y Cole.
- ¿Qué les dijeron? – inquirió Lyserg una vez estando lejos del rango de audición de Silver y Cole.
- Que Yoh debe de hacer esto a la perfección o ambos estamos descalificados – informo Hao con simpleza.
Los tres llegaron a las gradas donde los esperaban todos. Con un simple "no se preocupen" de Hao los nervios se relajaron entre los amigos de Yoh y los suyos. Hao tomo su lugar de unos minutos atrás, al igual que Lyserg.
- Ahí está – anunció Matamune haciendo una seña con la cabeza hacia el frente. Hao siguió la dirección señalada por el nekomata y se encontró con Yohri, cuya mirada estaba perdida en el campo de batalla. Ahí estaba la prueba de fuego, por muy irónico que eso sonara.
Pasaron unos minutos antes de que un apache anunciara el comienzo del combate, presentando a ambos equipos, después dio la señal para que se comenzara la batalla. Era imposible que alguien, incluso Yohri, se diera cuenta de la farsa. Para todos, Hao Asakura estaba en el campo de batalla peleando contra el líder el equipo contrario, o más bien, jugando con él. Opacho e Irone se encargaban cada uno de los otros dos contrincantes. Era perfecto. Hao levanto la mirada para ver a Yohri. Esta estaba jugando con sus guantes mientras miraba tranquilamente el combate. Pasados unos minutos, Yoh comenzó a pensar que tal vez no era una buena idea jugar tanto y terminar de inmediato esto, por si cualquier cosa pasaba. Le sonrió burlonamente a su adversario y acto seguido le lanzo una bola de fuego que lo lanzo unos metros lejos, acabando con su posesión de objetos. Al mismo tiempo, Opacho conseguía eliminar la posesión de objetos de otro miembro del equipo, quedando solo Irone y el último miembro del equipo. Yoh miro la situación por un momento; Irone parecía tener todo bajo control. "Termina con esto" le ordeno una voz en su cabeza. Levanto la vista y vio a Hao a poca distancia de él, en las gradas mirándolo apremiantemente. Desconocía la capacidad de Hao de comunicarse telepáticamente. Apunto con su mano al shaman que peleaba con Irone y le lanzo una bola de fuego repitiendo la escena cuyo protagonista había sido su compañero, segundos atrás. Irone lo volteo a ver enojada, pero el solo se dio la vuelta con la intención de salir de ahí al tiempo que el réferi anunciaba la victoria del "Equipo Estrella".
*****
- ¡Yo propongo un hurra por Hao, Irone y Opacho! – exclamo Horo-Horo, para después comenzar a lanzar hurras y vítores para los miembros del "Equipo Estrella". Se encontraban reunidos en el restaurante de Silver festejando la reciente victoria, y más que eso. Hao, para extrañeza de todos, era junto con Horo-Horo y Chocolove, el que lideraba el alboroto.
- No había necesidad de que hicieras eso – dijo Irone en tono de reproche a Yoh. Éste le sonrió como lo haría el verdadero Hao.
- Pensé que estarías todavía cansada por lo de ayer y por eso no habías terminado rápido – señalo Yoh.
- Creo que fue lo mejor – apoyo Lyserg al lado de Irone - Deberías de descansar después de lo de ayer.
- Yo ya estoy perfectamente bien – indico Irone.
- Lyserg – lo llamo una dulce voz por atrás. Lyserg, Yoh, Anna e Irone, únicos que escucharon esa voz voltearon a ver de quien se trataba. La Doncella Jeanne estaba detrás de Lyserg.
- Doncella Jeanne, buenas tardes – saludo Lyserg poniéndose de pie.
- ¿Ahora si podemos hablar? – inquirió Jeanne.
- Por supuesto – asintió Lyserg. Jeanne dio la media vuelta y comenzó a caminar seguida por Lyserg.
- Esa niña se trae algo entre manos – señalo Anna regresando la mirada a los causante de tan insoportable ruido - ¡Ya cállense, idiotas!
- Eres una aguafiestas – dijo Horo-Horo antes de salir a toda velocidad impactado en la pared más cercana. El alboroto se detuvo en seco y todos tomaron su lugar en la mesa.
- Me agradan las mujeres de buen carácter – comento una voz llamando la atención de todos. Se trataba de Yohri con los guantes de Hao en una mano. Yoh se puso de pie ante la mirada de todos, en especial la de Hao, quien, muy a su pesar, no podía moverse de su lugar sin resultar sospechoso.
- Me parece que esos guantes son míos – indico Yoh estoicamente.
- En efecto, y debo de admitirlo, es una pena que terminaran siendo unos simples e inútiles guantes – dijo Yohri ofreciéndole los guantes a Yoh. Éste alargo la mano para tomarlos, pero Yohri los alejo de él – Aún así tengo una gran duda. ¿Para qué necesita Hao Asakura adormecerse las muñecas?
- Eso no te interesa – puntualizo terminantemente Yoh - ¿Me los das? – Yohri asintió y le entrego los guantes, hecho que aprovecho Yohri para tomarle la mano a Yoh y girarla, para ver el reverso de sus muñecas. Yoh se soltó del agarre sin demostrar sentimiento alguno.
– Disculpa, pero por un momento pensé que eras un suicida – expreso Yohri con una sonrisa. Yohri se extraño un poco ante tal comentario – En fin, nos vemos después, Hao.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar, siendo detenida por una espada de fuego apoyada en su espalda. Todos miraron con sorpresa a Yoh, irguiendo la espada en contra de Yohri.
- Vuélvete a meter con mis cosas y no respondo – advirtió Yoh con tanto veneno, que todos comenzaron a dudar si se trataba en verdad de Yoh o ya era Hao.
- Jamás has tenido un buen sentido del humor, querido – dijo Yohri continuando con su camino. Todos la siguieron con la mirada hasta verla salir del restaurante.
*****
- Lamento no haber podido atenderlos ayer – se disculpo Lyserg. Había seguido a la Doncella Jeanne hasta la base secreta de los Soldados X, ubicada en las afueras de la Aldea.
- No te preocupes, Lyserg – lo disculpo Jeanne con su angelical rostro.
- ¿De qué querían hablar conmigo? – inquirió Lyserg.
- Antes, debemos de saber dónde está tu lealtad, Lyserg Diethel – hablo Marco acomodándose sus lentes.
- No veo la razón de la pregunta, ustedes saben que yo soy completamente fiel a los Soldados X y su causa – aseguro Lyserg.
- Pues ayer nos hiciste dudar, Lyserg – dijo Marco.
- Ayer fue un caso especial, jamás se volverá a repetir, ustedes pueden contar conmigo cuando lo deseen y en lo que deseen – expuso Lyserg inmediatamente. Jeanne sonrió ante tal respuesta.
- En ese caso, quiero pedirte un gran favor, Lyserg – comenzó Jeanne.
- Lo que usted desee, Doncella – acepto Lyserg.
- Tenemos información, de una fuente fidedigna de que Hao Asakura posee una debilidad capaz de acabar con él – informo Marco. Lyserg escucho esto con cierto nerviosismo y no sabía por qué.
- Quiero pedirte que descubras cual es – pidió Jeanne.
- ¿Cómo? - inquirió Lyserg.
- Tienes una relación muy cercana a Irone Nadiri, la protegida de Hao Asakura, ella confía en ti y no creo que te sea difícil sacarle toda la información necesaria – explico Marco. Lyserg abrió la boca sorprendido.
- ¿Me están pidiendo que utilice a Irone como medio para averiguar la debilidad de Hao? – inquirió Lyserg esperando haber oído mal.
- Exactamente, Lyserg – asintió Jeanne – Es el único camino posible.
- Pero, yo no puedo hacerle eso a Irone – soltó Lyserg automáticamente.
- Pensé que habías dicho que tu lealtad estaba con nosotros – le recrimino Marco. Lyserg miro a Marco y después a Jeanne. Si no accedía estaría dándoles la espalda directamente y él era incapaz de hacerlo, sin embargo, si aceptaba… Lo pensó por un momento antes de dar su respuesta.
- Cuenten conmigo – soltó Lyserg con seguridad – Hare cuanto usted desee, Doncella Jeanne.
Jeanne sonrió satisfecha, al igual que Marco.
*****
Hao salió del comedor, donde estaban todos reunidos, para tomar un poco de aire. Aún seguía actuando el papel de su hermano y ya estaba un poco harto de eso, ahora que ya todo había pasado y resultado de la mejor manera. Minutos atrás, cuando se despidieron en el restaurante, él e Yoh habían quedado de acuerdo en intercambiar lugares durante la noche, una vez que todos estuvieran dormidos y descansando. Puso una de sus manos sobre su muñeca contraía y comenzó a masajearse. Después de una semana, estaba acostumbrado al dolor, mas no significaba que le agradara.
- Impresionante combate el de hoy – comento una voz a su lado – Debo de admitir que siempre me sorprende el gran poder de Yoh.
- Es fuerte, en contra de todas las expectativas – dijo Hao mirando a su interlocutor, Mikihisa - ¿Desde cuándo lo sabes?
- Desde el primer día – informo Mikihisa, sin provocar sorpresa en su hijo mayor.
- ¿Cómo? – pregunto Hao.
- Conozco a Yoh lo suficiente como para saber que no tiene cicatrices en las muñecas – indico Mikihisa. El error del primer día si había tenido consecuencias.
- ¿Alguien más lo sabe? – pregunto Hao. Mikihisa negó con la cabeza.
- Fuiste un perfecto Yoh, si no fuera por ese pequeño imperfecto, ni yo me habría dado cuenta – aseguro Mikihisa. Hao lanzo una carcajada.
- Si a mí me cambiaran a alguien de mi familia me daría cuenta – comento Hao – pero supongo que eso solo pasa en las familias unidas, no en las que cada miembro debe de valerse por sí mismo.
- Tienes razón – acepto Mikihisa desapareciendo del lugar. Hao se quedo de pie en el mismo lugar, mirando hacia el vacio.
*****
- Voy a extrañar este lugar – señalo Yoh. Hao y él estaban en la sala de la casa de los Nadiri, por fin sin el disfraz de su hermano.
- Que pena – dijo Hao sarcásticamente mientras disfrutaba de mover sus manos sin sufrir de ningún dolor. Yoh lo miro divertido.
- ¿Puedo preguntar te algo? – pregunto Yoh.
- Suenas a Irone cuando va a preguntar algo que no me agradara responder – respondió Hao – Pregunta.
- ¿Qué te hiciste en las manos? – pregunto Yoh tornándose serio. Hao dejo de mover las manos y lanzo un suspiro.
- Intente suicidarme – respondió Hao con simpleza sorprendiendo a Yoh, que ya se temía esa respuesta.
- ¿Por qué? – inquirió Yoh sin entender porque alguien, y mucho menos alguien como su hermano, podría llegar a tener ese tipo de deseos.
- No lo sé – respondió Hao apoyándose en el respaldo del sillón donde estaban sentados – mirándolo ahora, no sé porque lo hice. Fue algo profundamente estúpido, la verdad. Simplemente sentía que nada valía la pena, que todo lo que hacía no valía la pena, ni siquiera el sueño de convertirme en Shaman King. Estúpido
- ¿Y qué paso? – pregunto Yoh mirando a Hao.
- Fue hace unos años, acababa de cumplir los diez años – comenzó Hao -. Lo tenía todo perfectamente planeado, me deshice de todos mis seguidores mandándolos a hacer diversas encomiendas y a Irone la deje al cuidado de Laquis para que la acompañara a la ciudad más cercana a comprar algunas cosas para ella. Espere a estar solo y lo hice. Quede inconsciente en pocos minutos, pero recupere la consciencia horas después – Hao sonrió amargamente – Irone se peleo con Laquis y se regreso al campamento para quejarse conmigo. Cuando llego me encontró tirado en el suelo, desangrándome, busco ayuda y me salvaron la vida. Al despertar, y ver que seguía vivo, me puse furioso, di contra todo lo que tenía enfrente, hasta llegar a Irone. Quise recriminarle, pero no pude – su cara se ensombreció – He repetido esa escena en mi cabeza una y otra vez: Cuando llegue con Irone, ella me pego un puñetazo que me tiro al suelo. Me tomo del cuello de mi capa y me grito con tanta furia que me hele en ese momento. Sin embargo, no fue la furia, lo que no puedo olvidar de ese momento, es su mirada, llena de dolor, de frustración, de enojo. Lo recuerdo y te juro, Yoh, soy capaz de asegurar algo: esa mirada no era la de Irone, esa niña de nueve años que me grito en ese momento no era Irone.
- ¿Qué te grito? – pregunto Yoh.
- Ese es otro punto – señalo Hao – Sus palabras tampoco se me han olvidado. Me grito "¿Cómo te atreviste a hacer esto? ¿Cómo se te ocurrió mandar a la basura todo lo que he hecho por ti? ¿Acaso no te das cuenta de todo lo que tienes? ¿Acaso creíste que te iba a dejar morir después de todo? Pues no, tú debes de vivir, tú vas a vivir, porque no voy a dejar que desperdicies tu vida otra vez"
- ¿Irone te dijo eso? – pregunto Yoh extrañado sin comprender porque la chica diría tales cosas sin sentido.
- Si – asintió Hao – Después de eso se fue del campamento con todas sus cosas y dinero que me robo. Deje un día y comencé a buscarla. La encontré en la ciudad más cercana, pero preferí dejarla sola, por si seguía enojada conmigo. Cuando me atreví a acercármele me recibió con una sonrisa y me hizo jurar que jamás volvería a hacer otra estupidez como esa y me exigió como compensación una casa en Londres.
- ¿Por qué Londres? – pregunto Yoh curioso.
- No tengo idea – señalo Hao.
- ¿Y no le preguntaste sobre lo que te grito? – inquirió Yoh.
- Si, pero ella me respondió diciéndome que no tenía ni la menor idea de que le estaba hablando – expreso Hao.
- Extraño – dijo Yoh apoyándose en el respaldo del sillón.
- Irone es extraña, si no lo fuera no la querría tanto – puntualizo Hao con una sonrisa.
- Bueno, creo que es mejor que regrese a la casa – dijo Yoh – aunque no tengo ni idea de cómo voy a hacerle – Hao lo tomo del brazo y aparecieron los dos en el cuarto de Yoh.
- Consejo, aprende a teletransportarte – soltó Hao.
- No le veo la necesidad – dijo Yoh.
- Hablando de eso – empezó Hao – ya en serio, Yoh, ¿por qué hiciste todo esto?
- Fue la única forma que se me ocurrió de aumentar mi poder espiritual – respondió Yoh y después se rió – y funciono, además de ayudarte de paso.
- Sabía que algo malo debías de tener – comento Hao con una sonrisa – Nos vemos mañana – y desaprecio de la habitación dejando solo a Yoh.
El chico de los audífonos se puso en pie, camino hasta la puerta de su habitación y salió de ella encontrándose con una visión que simplemente lo fascino: Anna, sentada en el pasto, con su yukata puesta y un libro entre sus manos. La chica lo volteo a ver por un momento y después regreso sus ojos al libro. Yoh se acerco a ella con una sonrisa en el rostro.
- Así que al fin regresaste – dijo Anna sin voltearlo a ver. Estaba feliz de volverlo a tener en casa.
- Si, aunque voy extrañar un poco ser Hao – hablo Yoh sentándose a su lado – ya me había acostumbrado.
- Mientras no comiences con delirios de grandeza – señalo Anna.
- No creo – negó Yoh con diversión – además, todo esto me ha ayudado a darme cuenta de que ser yo es lo mejor que pudo haberme pasado.
- Eres un tonto – soltó Anna sonriendo un poco.
- Gracias por confiar en mi, Anna – agradeció Yoh mirando a Anna – No sé qué haría sin ti a mi lado – se rió.
- Andar de vago todo el día – aventuro Anna.
- Es lo más posible – apoyo Yoh. Y, sin poder contenerse, beso a Anna en la mejilla con dulzura, para después levantarse como un rayo temiendo una represalia. - Voy a dormirme, me estoy muriendo de cansancio.
Anna reacciono muy tarde, cuando Yoh ya estaba a unos pasos de entrar a su cuarto y lo miro cerrar la puerta detrás de él. Llevo su mano a su mejilla, recordando nítidamente el tacto de los labios de Yoh. Regreso su mirada al libro y pasó una hoja, comenzando a maquilar el castigo de su prometido.
Y aquí está la segunda parte. Espero que les haya gustado y que no haya sido muy confuso, si lo fue, avisenme. Agradezco a Mitsuki Asakura, Patrick A'Sakura, nanikio, Marionne Danita y xdaniielaahx por sus comentarios del capitulo anterior. Gracias por leer y dejen comentarios, sean buenos o malos.
Adiós ;)
