CAPÍTULO 12 La sorpresa de Seiya.
- Mina, el taxi nos va a salir carísimo, ¿no me digas que estás perdida? Serena estaba ya muy desesperada, Mina no había hecho otra cosa que dar indicaciones raras al conductor.
- Ya pasaron los veinte minutos ¡Ese Seiya me va a pagar esto, me voy a quedar pobre! ¡Señor, señor, es aquí a la izquierda! por favor.
Era tan grande el fastidio de la rubia, que ni siquiera se dio cuenta que habían girado en dirección al departamento de los Kou.
== Departamento Three Lights ==
Seiya había llegado lo más rápido que podía, tenía que estar ya en la azotea sin que Serena lo supiera.
En la entrada del edificio estaba el mismo señor agradable que había llevado el vestido a casa de los Tsukino. Tenía que esperar a que llegaran las chicas para conducir a la invitada especial hasta la azotea.
- Yaten, ¿crees que podrías hacerme un favor?
Su hermano lo volteo a ver con cara de fastidio, pero accedió a ayudarlo.
- Lo que sucede es que me apena que Mina regrese sola a su casa después de todo lo que me ha ayudado, ¿podrías invitarla a cenar y luego llevarla? Yo pago todo, pero hazme ese "favor". Seiya sabía que, aunque su hermano pusiera cara de disgusto en realidad le emocionaba el poder estar con Mina bajo el pretexto del favor.
- Pues, si no tengo de otra. Pero que conste que solo lo hago para después no escuchar tus arrumacos con tu noviecita. Yaten soltó una carcajada sabiendo que le había devuelto el comentario a Seiya de forma magistral.
El taxi se estacionó justo en la entrada del gran edificio, las chicas descendieron de la unidad. Serena al darse cuenta de donde estaban vio a Mina sorprendida y sonrojada.
- ¡Pero qué mañoso, Mina va a sospechar! Sentía como una excitación la recorría, le daba pena con su amiga, pero al mismo tiempo deseaba demasiado poder estar con él.
- Bueno, hasta aquí concluye mi labor, le dijo mientras abría la puerta de entrada. – ¡Serena, te ves preciosa! Ah, y no te preocupes, les dije a tus papás que te quedarías conmigo, y le guiñó el ojo.
Sin dejar que Serena le dijera algo se retiró, afuera un chico la estaba esperando.
- ¿Tan pronto te marchas?
- ¡Yaten! sí, sólo traje a Serena.
- Vamos a cenar, y caminó esperando que la chica lo siguiera, y así lo hizo.
- Te dijo Seiya que me llevaras ¿verdad? Mina sabía que no había podido ser por iniciativa propia, pero no le importaba.
- En realidad no, te invito porque quiero pasar un rato contigo.
La rubia sintió una gran emoción y caminó a su lado, sería que al fin iba a reconocer que le gustaba.
En la entrada del edificio Serena reconoció al señor que había llevado el paquete.
- Buenas noches señorita Tsukino, permítame decirle que el vestido se le ve espléndido.
- ¡Oh, muchas gracias!
- Ahora, es necesario que confíe en mí, voy a vendarle los ojos y guiarla hacia un lugar muy especial.
Serena estaba muy nerviosa, no sabía qué se le había ocurrido a su estrella, pero estaba dispuesta a dejarse llevar.
El señor le colocó delicadamente una venda en los ojos y la tomó por el brazo, haciéndola caminar hasta el elevador.
Parecía que subían muchos pisos, la impaciencia de Serena era cada vez más notoria, sus piernas temblaban.
Al escuchar que al fin se abrían las puertas del elevador y caminar un poco, sintió una brisa que movía su cabello.
- Ahora puede quitarse la venda, que disfrute su noche Princesa.
Cuando quitó la venda de sus ojos se quedó inmóvil, no podía creer lo que había frente a ella.
La azotea estaba adornada hermosamente, de las barandillas de protección colgaban cientos de pequeñas luces que iluminaban el sitio de forma cálida y acogedora. En el centro había una mesa con dos sillas, tenía velas y pétalos esparcidos por el mantel, y una elegante vajilla con copas de cristal.
Pero se preguntaba en dónde estaba Seiya.
- Señorita Tsukino, por aquí, permítame por favor.
Ella se sentó en una de las sillas, y comenzó a escuchar una dulce melodía, giró un poco su cuerpo para notar que al fondo se encontraba una chica tocando un violín. Volvió a girar para darle las gracias al amable hombre, pero este ya no estaba.
Sus latidos se estaban acelerando, el no saber qué seguía la ponía más y más nerviosa. Cuando de pronto escuchó una voz detrás de ella.
- Bombón.
Ahí estaba él, se había puesto aún más guapo con un elegante traje negro y corbata a juego, tenía en sus manos un inmenso ramo de rosas rojas y una hermosa sonrisa sólo para ella.
Se acercó, y se podía notar que también estaba muy nervioso. Le ofreció el ramo a su amada quien lo tomó mientras se ponía de pie.
Una vez que estuvieron frente a frente, viéndose a los ojos se sintieron un poco más relajados.
Serena puso el ramo sobre la mesa para poder quedar libre.
- Bombón, te ves hermosa, tu belleza opaca todo lo que he intentado hacer para agradarte.
- Seiya, muchas gracias. Nunca habían hecho esto por mí, me haces muy feliz. Y se acercó más hacia él.
El chico la tomó por la cintura, quería besarla apasionadamente y perderse entre sus caricias, pero tenía que preguntarle algo y ser suave, ella lo merecía.
- Bombón, no tienes nada que agradecer, eres lo más bonito que me ha pasado y sólo quiero regresarte un poco de la felicidad que me das. No podía dejar de ver su rostro, se veía hermosa.
Notó el ligero color rosado que enmarcaba sus labios.
- Tus labios bombón…
Serena se sonrojó. – Sabía que no debía habérmelo puesto.
- Eres extremadamente bella con tu naturalidad, pero ese detalle, hace que deseé besarte.
No podía creer lo que le decía, pero cayó en cuenta de que Seiya era totalmente distinto a Darién, su amada estrella estaba locamente enamorado de ella.
- Serena, tengo algo que decirte. Nuevamente le extrañó que la llamara por su nombre.
Él se apartó un poco y le tomó ambas manos llevándolas cerca de su corazón.
- Serena Tsukino, mi dulce bombón, eres la mujer de mi vida, no hay día que no deseé pasar a tu lado para hacerte reír, para llevarte al parque de paseo y comprarte toda la comida que desees, quiero respetarte, ayudarte a ser mejor cada día, besarte cada mañana y cada noche, y amarte hasta el infinito. Bombón, ¿quieres ser mi novia?
Los ojos de Serena comenzaron a llenarse de lágrimas, era la declaración más bonita del mundo, porque era de él.
- Sí, sí mi amor, le dijo mientras se arrojaba en sus brazos y sus bocas se unían en un beso.
Él la aprisionaba contra su cuerpo, sentía todo el amor, la ternura y la pasión de Serena correspondiéndole.
Tuvo que hacer un esfuerzo por contenerse y no llevarla en ese instante a su habitación.
- Te amo, bombón, ¡te amoooo! Dijo casi gritando. – Pues bien, novia mía, me imagino que debes morir de hambre, ¡yo también! Y se escuchó un ruido extraño proveniente de su estómago que los hizo reír.
El mismo señor entró nuevamente con dos charolas muy relucientes tapadas. Serena se sentía un poco nerviosa, nunca había comido con una vajilla tan fina, en la mesa había muchos cubiertos, y temía ser muy torpe para usarlos.
Seiya notó que su ahora novia estaba nerviosa, y decidió aumentar su nerviosismo.
- Bombón, esta cena es muy especial, la hice traer desde el restaurante más exclusivo de Tokio.
- Ah, ¿si? Sentía que las manos comenzaban a sudarle.
- Así es bombón, sólo le mejor para ti, y trataba de ocultar una risa. – Señor, puede por favor servirle primero a mi hermosa novia.
- Claro joven Seiya, le dijo mientras destapaba la gran charola.
- ¡Seiya! Y Serena soltó una gran carcajada. En las bandejas había unas exquisitas hamburguesas con papas fritas y mucha salsa de tomate.
Ahí estaban los dos riendo como niños. Ella lo veía fascinada, mientras él le daba un enorme bocado a su hamburguesa. Era el hombre perfecto, tierno, juguetón, guapo. Ahora no sólo era su mejor amigo, también su novio. Y alzó la mirada al cielo agradeciendo la fortuna de tenerlo.
