Capítulo 12

Regina Mills tocó los hombros de Emma, palpando también los brazos para ver si estaba bien. Las manos descendieron por la cálida piel de Swan que se estremeció al sentirse investigada por la alcaldesa, tragó en seco como para controlar las inmensas ganas de hacer lo mismo con la morena, algunos segundos bastaban para desearla, aunque fuese allí mismo, dentro de la sala de interrogatorio. Un ardiente deseo de estar como en la noche anterior, pero sus esperanzas se enfriaron en el momento en que Regina decidió romper los segundos de silencio a los que ya estaban acostumbradas.

«¿Qué estaba él haciendo aquí? ¿Estás bien?» dijo con expresión preocupada.

«¿Él? ¿Hook?»

«Sí, él…¿qué estaba haciendo aquí? ¿Me lo puedes decir?»

Regina cruzó sus brazos, mirando a Emma como si tuviese el derecho de saberlo.

«Ahmmm, bueno…él…vino a denunciar un robo. Le robaron el garfio» dijo bromeando Emma.

Regina respiró profundamente, impaciente.

«No seas tonta, Emma Swan. Sé perfectamente a lo que vino»

Emma movió la cabeza positivamente, mofándose de la alcaldesa.

«Bien, entonces si lo sabes, ¿por qué preguntas?»

Regina, de pie, frente a ella, escuchó la pregunta, y se dio cuenta de la escena que acababa de hacer, desvió la mirada ceñuda de encima de Emma, dio una vuelta por la sala, tragó en seco e intentó arreglarlo.

«Necesito saber que mis sheriffs están trabajando correctamente…»

«Regina, para con eso» Emma suspiró tras decir eso, las manos se soltaron, caminó hasta la mitad de la sala «No empieces. ¿A qué has venido? La comisaria no es el lugar favorito de la alcaldesa, ¿o sí lo es y yo no lo sabía?»

La morena se paró, desviando su mirada hacia Emma

«Tenemos que hablar, por eso estoy aquí»

«¿Ahora sí?» Emma entrecerró los ojos, parecía bromear nuevamente.

«¿Qué quieres decir con "ahora sí"? Pierdo mi tiempo viniendo hasta aquí y ¿así soy recibida?» Regina cuestionó con indignación

«Mira, he intentado conversar contigo de todas las maneras, y siempre venias con ironías, no te sorprendas cuando yo lanzo las mías» dijo ella llevando sus manos a la cintura.

«Pues señorita Swan, a pesar de mis ironías, estaba dispuesta a tener una conversación definitiva contigo, definitiva y civilizada»

Emma y la reina malvada se quedaron mirándose durante un tiempo, la rubia, ahora abatida, avanzó hacia la mujer morena. Respiró el perfume de Regina, el mismo aroma que sintió la noche anterior cuando intercambiaron caricias osadas y mordidas en el cuello. El recuerdo pasó como un breve flash en la mente de Emma, le fue necesario controlar su ímpetu por segunda vez.

«Pensé que con lo que pasó nunca volvería a tener otra conversación civilizada contigo»

«Y no la tendrías sino fuera por Henry»

«¿Habló contigo?»

«Sí, estuvimos toda la tarde juntos, y eso me hizo pensar que por él deberíamos llegar a un acuerdo»

Emma señaló que sí, se rascó la nuca unos segundos, buscando las palabras apropiadas.

«¿Tan rápido, Regina? Esta mañana…fuiste tan…arisca»

«Como lo he sido siempre. Pero vale, perdóname si es lo que deseas escuchar, pero es que no consigo evitar este deseo de infundir miedo en todos, principalmente en ti»

«Ok, solo es que no entiendo lo que te ha hecho cambiar de opinión tan rápido, eres una cabeza dura, Henry te dijo que vinieras, ¿es eso? ¿Y por qué te alteraste tanto al ver a Hook conmigo?» Emma la miraba de bastante cerca, a la altura de sus labios cubiertos de rojo sangre.

«Yo…» Regina fue acorralada contra la pared mientras buscaba qué responder «No importa, estoy aquí para que hablemos…» la respiración comenzaba a ser dificultosa.

Emma se echó encima de ella, tomó las dos manos de la morena y las levantó por encima de su cabeza, se pegó a ella, lamiéndole los labios.

«¿Ya pensaste en hacer en esta sala lo que hicimos anoche?»

«¡Qué diablos estás haciendo Emma! ¡Suéltame!» Regina intentó girarse, afligida, estaba literalmente apresada.

«No quiero tener una conversación contigo, solo te quiero a ti» Emma tenía en la voz un tono seductor que mezclado con el halito mentolado corrompía la seguridad de la Reina Malvada. Regina tragaba en seco, los ojos se cerraron en un intento de autocontrol, sin éxito.

«Emma…no querrás que te mate, sabes lo que puedo hacer» Regina casi jadeó al hablar.

«No lo vas a hacer, Regina, ya no tienes el mismo valor» Emma metió su rodilla entre las piernas de Regina.

Había tensión, las voces casi jadeantes antes un corto tiempo de desequilibrio emocional, Emma se sorprendía ante esa insistencia surgida de la nada.

«¿Sabes lo que pienso, Regina? Quieres esto tanto como lo quiero yo…»

«¡Estás completamente loca, suéltame! Pero, ¡qué pasa contigo! ¿Por qué no puedes conversar conmigo sin que sea de esta manera?»

«Porque ya te lo expliqué, yo te amo»

«¡Suéltame!» Regina gritó, soltando sus manos, empujó a Emma de los hombros, intentando escapar en el corto intervalo que tuvo para llegar a la puerta, pero antes que pudiera abrirla, Emma la agarró por detrás y la giró agarrándola por la cintura y le robó un beso acalorado.

Por mucho que no quisiera admitir esa atracción por Swan, Regina se ablandó en los brazos de la rubia respondiendo al beso tan sedienta como ella. Sus manos subieron y bajaron por el cuello de Emma, mientras una pierna se enroscó en la cintura de la que la estaba acorralando de nuevo contra la pared. Emma invadía el vestido de Regina, apretando sus curvas con sus firmes manos, sus pieles se rozaban con el ir y venir de sus cuerpos uno contra el otro. Su respiración llena de ansiedad ante lo que Swan la hacía sentir. Se mordían, lamían sus lenguas, dejando que el calor brotara por ambas partes, las ropas producían ruido ante ese roce insistente, principalmente de Emma. Su boca descendió por el cuello de la Reina Malvada para llenarlo de besos, amaba besarla en esa zona. Cuando sus manos se deslizaron por el abdomen y seno de la morena algo las hizo parar.

«¿Emma? ¿Dónde estás?» dijo una voz distante y masculina.

La voz era la de David.

«¡Mi padre!» dijo Emma asustada al oír la voz de Charming, se quedó parada mirando a Regina, con los labios y el mentón manchados del rojo de labios de la alcaldesa.

«Pero, ¿ahora?» Regina frunció el ceño demostrando su decepción.

La sheriff se soltó de la mujer acorralada en la pared, corriendo hacia la puerta, pero fue agarrada.

«¡Emma, espera! No puede salir así…» Regina la agarró del brazo, sacó del bolsillo un pañuelo y se lo pasó por todas las zonas manchadas de rojo en la cara de la salvadora.

«¡Oh, Dios mío!» Emma se miró en el cristal «¡No puede verme así!»

«Quédate aquí, yo lo distraigo»

Con la respiración aún entrecortada, Regina puso su mano en el picaporte de la puerta y nuevamente fue sorprendida por Emma que le dejó un beso en los labios.

«Esto no acaba aquí, Regina» dijo Emma después de soltarla por última vez.

La alcaldesa temblaba, se había quedado tan fuera de sí con aquella envestida que aceptó el segundo beso sin reaccionar. Salió de la sala casi tropezando, limpiando la mancha en las comisuras de los labios. David la vio y se extrañó ante su presencia.

«¿Regina? ¿Qué haces aquí?»

«Ahm…¡David! ¡Qué falta de delicadeza, buenas tardes también para ti!» dijo ella tratando de cambiar de asunto rápidamente.

«¡Oh, perdón! Disculpe, señora alcaldesa, buenas tardes» la miraba de manera inquisitiva

«¿Qué pasa? ¿Por qué me miras de esa manera?» preguntó Regina ajustándose la ropa.

«Por nada…estás rara y…¿qué hacías en la sala de interrogatorio?»

La morena abrió los ojos un poco más.

«Ah, sí, yo…Emma y yo teníamos que hablar sobre Henry, me llevó hasta la sala de interrogatorio para tener más intimidad. A propósito, ¿cómo está el pequeño Neal?» lo agarró del brazo dando la vuelta al hombre para caminar a su lado, estaba haciendo muchos malabares para distraer al padre de Emma, que a su lado, no entendía nada.

«Está bien, gracias. ¿Emma está dentro? Tengo que hablar con ella…»

«Ah, no, me fue a buscar un poco de agua, este asunto, Henry, ya sabes, es algo peliagudo, me quedó muy conmocionada» la voz de Regina sonaba simpática de más.

«Humm..ok» él se paró a mirar a la morena de los pies a la cabeza antes de proseguir «Voy a hablar con mi hija, si no te importa»

«Pues la verdad es que sí, yo…»

«¡Papá!» Emma interrumpió, apareciendo en el pasillo donde estaban ellos, milagrosamente con la cara limpia como antes de besar a la Reina «He tenido un problema en el baño, discúlpame por hacerte esperar, Regina» dijo la rubia metiendo sus manos en los bolsillos traseros de los vaqueros.

Regina sonrió tensa.

«Ningún problema, señorita Swan. Ya continuaremos ese asunto en otro momento, gracias por perder su tiempo conmigo hoy»

«Oh, sí, fue una hermosa pérdida de tiempo…» la broma salió casi involuntariamente, Regina se quedó helada al oír aquello «Quiero decir, fue una buena conversación»

«Ok, cualquier cosa que necesite, estoy en la alcaldía, aún soy la alcaldesa de la ciudad, tengo que saber lo que pasa hasta el último día en mi puesto»

«Claro, sin problema» Swan señaló que sí rápidamente, David, en medio, miraba a una y a otra.

«Hasta más ver, Señora Alcaldesa» dijo David con los brazos cruzados, espero a que la alcaldesa saliera para mirar a la hija.

«Pensé que ibas a tardar más, papá» dijo Emma poniendo cara de niña pequeña

«Te dije que era el tiempo de un café, te traje uno, está en la mesa» señaló para mostrar el vaso encima de ella.

«Gracias»

Emma agradeció con una ligera sonrisa.

«¿No crees que Regina estaba un poco rara?»

«No lo creo, papá, tengo la certeza de que ella es rara» dijo bromeando Emma, dirigiéndose hacia su mesa.

«Pensándolo bien, tienes razón»

Ella se rio dejando ese asunto de lado. Emma se sentó en su silla suspirando de alivio, pero no podía dejar de sonreír en su interior ante lo que acababa de vivir con Regina. Estaba segura de lo que ella estaba sintiendo, Emma sabía lo que la escena de celos y los besos significaba.