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Capítulo doce: Senju.
Tobirama se recostó sobre su cama hecho un ovillo mientras el silencio lo rodeaba como un recordatorio de la soledad de aquel sitio.
Hacía frío.
El agradable clima que había experimentado en el festival de los Yamanaka se había esfumado, el cielo estaba gris y presentía que llovería en cualquier momento. Le daba igual, la casa de los Senjus siempre se sentía así de fría y poco acogedora, ni el calor del verano podía hacer sentir cálida a esa casa. Hashirama estaba en el otro extremo de la casa, su padre no estaba como de costumbre y ninguno de los hermanos Senju tenía ánimos se salir al exterior.
Podría ir a la sala de estar dónde hacía menos frío que la habitación, pero la idea de tener a Hashirama cerca no le parecía muy atractiva en ese momento. Pudo sentir su molestia golpeándolo durante el desayuno y realmente no le apetecía oírlo. Él simplemente le estaba recordando aquello que se suponía ya debía saber, eso que su padre les había dicho durante años y que los niños en la academia del clan debían aprender antes de siquiera estar cerca de sostener una espada.
Le había recordado la realidad.
¿Acaso eso estaba mal?
Repentinamente, su mente se vacío por completo y se culpable por haber hablado con ese Uchiha.
"...Izuna"Ese era su nombre.
Trató de redirigir sus pensamientos a recordarse a sí mismo aquello que le había dicho a Hashirama y que había incumplido al entablar el primer contacto con aquel Uchiha.
Qué era el enemigo.
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Llovía.
Butsuma Senju había vuelto. Con su eterna expresión distante y su imperturbable pose estoica le ordenó a sus hijos que lo siguieran. No hubo quejas o preguntas, ambos simplemente se limitaron a seguir aquel pedido sin objeciones de ningún tipo. No tenía que decirlo siquiera, Tobirama sabía que quería verlos pelear entre ellos. Los ojos de Hashirama se clavaron en él pero Tobirama sólo veía a su padre con aire confundido, casi suplicante.
No quería.
—Está lloviendo—Señaló Tobirama sin poder evitarlo, sintiéndose estúpido por señalar obviedades y por el gesto consecuente de su padre ante su imprudencia. Desvió la mirada hacia el prado mojado más allá de la protección que les brindaba el pequeño techo sobre ellos. Ninguna excusa valdría a ojos de su padre y más allá de repudiar enfermarse... esa vez le resultaba una actividad aún menos atrayente que de costumbre.
No es que lloviera, simplemente, no quería. Tobirama se sentía repentinamente sin energía para ello, como si quisiera despojarse de toda responsabilidad respecto a su clan y renunciar de una vez por todas.
Pero no podía.
Así que tomó una de las espadas de madera que descansaban en la pared antes de que Hashirama lo hiciera, después este lo imitó y lentamente la levantó a la par que su hermano. Su padre se sentó tranquilamente a observar en la seguridad de la pequeña tarima de madera que había entre el casa y el patio de la casa. Se veía frío y Tobirama no pudo descifrar que podría estar sintiendo en ese momento. Intercambió miradas con su hermano que aún lucía molesto pero mucho mas discretamente que antes.
Sus manos pálidas temblaban, aún cuando esas espadas de madera que tanto insistió Hashirama en usar siempre, eran muchísimo menos pesadas que una espada de verdad. La suave agua de lluvia los empapaba y aunque Tobirama quiso bajar la espada para irse, no lo hizo. No le gustaba pelear con Hashirama, nunca le había gustado en realidad y le resultaba mucho peor hacerlo en esas circunstancias. Cuando Hashirama parecía odiarlo por decirle la verdad que los había acompañado durante todas sus vidas y su padre esperaba que no fallase bajo ninguna circunstancia.
Qué fuera un ninja capaz y habilidoso pero que perdiera ante su hermano.
Por que sabía que aquellos enfrentamientos esporádicos no iban a terminar hasta que Hashirama hiciera lo que Butsuma anhelaba. Y eso era que lo destrozara para demostrar la brutalidad que se esperaba de un líder o de un futuro líder. Los ojos de Tobirama temblaron, se apartó el agua fría del rostro y trató de mantenerse quieto. Sí había fallado una vez, podría hacerlo de nuevo y eso servía para cumplir los deseos de su padre, entonces expiaría la culpa que lo aquejaba mediante la humillación. Una vez hecho, ya estaría saldada su deuda. Habría equilibrado la balanza y aquel error en el festival Yamanaka no sería más que un recuerdo.
—Tienes que crecer... y madurar de una vez, Hashirama—Dijo Tobirama en un susurro con un aire paternalista que haría exasperar a cualquiera. El mismo tono con el que Hashirama se dirigía a él cuando pretendía darle lecciones de vida. Sólo buscaba provocarlo de forma sutil, esperando que cediera e hiciera exactamente lo que su padre quería desde hacia tanto tiempo. Entonces, así Tobirama se sentiría ligeramente mejor, su padre estaría satisfecho habiendo obtenido el espectáculo por el que tanto habría esperado desde que eran niños pequeños y ambos estarían excentos de volver a participar en aquello.
Los ojos de Hashirama se veían perplejos, sus cejas se curvaron en un gesto de desaprobación y lanzó su espada contra Tobirama. Este apenas la detuvo, sus manos temblaban y sentía las astillas del mango de la espada clavarsele. Nunca antes había notado lo ásperas que eran esos trozos de madera, repentinamente, todo lo hería mucho más. Exhaló y supo que aquello no sería suficiente. Requería de mucho más para suplir los deseos de brutalidad y carácter que esperaba su padre de Hashirama. La realidad es que no se sentía realmente molesto por la pequeña discusión que habían tenido, le daba completamente igual si Hashirama quería auto engañarse.
Él era libre de elegir su propia filosofía de vida.
Pero no tenía que compartirlo con él.
Sus espadas chocaron. Tobirama sentía la mirada de Butsuma desde la distancia y en un rápido movimiento, atestó un golpe en la pierna que hizo caer a Hashirama. Aquella vez, resultaba aún más desagradable el ser partícipe de todo aquello y una vez más, tuvo que resistir la idea de soltar ese trozo de madera para desistir.
El sonido de su espada caer sobre el ahora lodoso terreno hizo un eco en su mente. Hashirama lo miraba con incredulidad, su ropa se había manchado de lodo y su espada yacía a su lado.
"Me ha atacado..."Fue el primer pensamiento que llegó a la mente del mayor de los hermanos Senju. Sus irises se dirigieron casi por inercia a la figura impasible de su padre, el único expectador, como si pidiera algún tipo de permiso para algo que no sé atrevía a verbalizar. Tobirama presenció ese corto lapsus temporal en silencio sosteniendo la espada tan fuerte que sintió que la rompería. Nunca antes habían acordado nada sobre ese asunto, estaba implícito que ninguno pretendía herir al otro durante esos entrenamientos. De ahí venía la decepción en los ojos de Butsuma cada vez, nunca terminaba en nada. Más que un entrenamiento, parecía una especie de danza planificada.
Dejó que se levantara.
Hashirama blandió su espada y parecía ofrecerle una oportunidad de olvidar el hecho que lo había arrojado al suelo a propósito. Pero no aceptaba, eso no era lo que Butsuma quería ver y aceptar no ayudaría a expiar sus errores.
La siguiente cosa que hizo Tobirama fue repetir el movimiento, esta vez no obtuvo el mismo resultado pero servía para comunicarle a su hermano que no pretendía pelear como siempre. Sintió la confusión y la sorpresa manifestarse en su hermano, Tobirama tuvo la certeza de que había captado el mensaje porque solo unos segundos después trató de golpearlo directamente con la espada en el estómago, pero falló tratando de no ser tan evidente.
Hashirama lanzó un golpe directo a su hombro. Decir que no le había dolido era mentir, le había dolido tanto que casi creyó que se lo rompería. O quizás sólo quería ser castigado para sentirse mejor y por ello hasta el roce del aire lo lastimaba.
Porque de sentía merecedor de un castigo.
Intentó otro golpe para hacerlo caer pero falló por segunda vez, obteniendo como respuesta un golpe en el estómago que le hizo perder el aire. Bajó la espada por un breve instante mientras rodeaba su estómago con su brazo, Hashirama lo veía atentamente esperando que Tobirama abandonase esa extraña actitud que había adoptado.
Podía percibir la renuencia a continuar en el rostro de Hashirama.
No se lo iba a permitir.
Esa sería la última vez. Tenía que ser destrozado ante los ojos de su padre como un castigo auto impuesto y para cumplir con su deber.
Las manos de Tobirama sostuvieron la espada nuevamente. Ni siquiera miró a los ojos de su hermano que tanto buscaban encontrarse con los suyos.
—Siempre has sido un niño—Le dijo Tobirama con la respiración entrecortada. Ni siquiera podía pensar con claridad o concentrarse en intentar despejar su mente. Su psique era un desastre, sus pensamientos cargados de culpabilidad pura se entremezclaban con la voz lejana de padre diciéndole que hacer y el eco de los dichos esperanzados de su hermano.
Hashirama se veía personalmente herido y molesto, pero no parecía querer responder con agresividad para frustración de Tobirama quién sólo quería que todo aquel espectáculo acabara de una buena vez. La nula respuesta de Hashirama pareció una decepción tanto para Butsuma como para Tobirama, apelar a herir sus sentimientos no estaba funcionando pues Hashirama se detenía para dedicarle esa mirada de consternación y lástima que tanto le calaba.
—No es cierto—Replicó Hashirama por primera vez.
Tobirama se tomó un momento para procesar sus palabras.
Exhaló.
¿Por qué siempre tenía que hacerlo todo por Hashirama? Incluso en ese momento, cuando Hashirama podría usarlo para lucirseante su padre y despojarse de una vez del atisbo de decepción que producía en Butsuma su carácter afable.
Tobirama jamás obtenido nada de lo que había querido.
Nunca, incluso cuando pedía silenciosamente por un castigo que le ayudara a expiar la culpa, se le era negado.
—No tiene sentido—Susurró entre dientes.
Hashirama relajó su postura, parecía como si solo lo mirase perplejo desde su sitio. Aún sostenía la espada a su costado pero no tenía intenciones de utilizarla o eso creía Tobirama por la mirada en sus ojos.
—No, no quiero pelear —Le dijo a Tobirama.
Las manos temblorosa de Tobirama sostuvieron la espada sin moverse, Hashirama se veía decidido como pocas veces en su corta vida.
—No—Repitió, esta vez, negaba en dirección a su padre. Acto seguido, clavo la espada en la suave tierra mojada y caminó hasta la seguridad del hogar de los Senju pasando por un lado de su padre.
Tobirama soltó la espada perplejo. La lluvia se había intensificado y el cabello se le pegó a la frente, de pronto tenía mucho frío y se sentía incapaz de moverse. Sus ojos rojizos se cruzaron con los de su padre en su gesto titubeante y temeroso.
Butsuma se veía complacido.
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Notas finales: Gracias por leer :) Especialmente, a Soriengel, por comentar los ultimos capítulos subidos :)
Domingo 27 de Enero del 2019
