Capítulo 12
La familia unida nunca se olvida
Unos densos y compactos nubarrones grisáceos se arremolinaban sobre Central High desde esa mañana, amenazando lluvia; para mediodía comenzaron a descargar con fuerza y las calles del pueblo se convirtieron en auténticas riadas. Twilight tuvo que sellar las puertas principales con su magia para que el agua no se colara en el interior de la biblioteca. Mientras afuera llovía, dentro se ultimaban los preparativos para el viaje de mañana.
-Muy bien, las provisiones ya están listas… ¿ya has pensando en cómo las vamos a llevar?-inquirió Spike, observando el montón de comida que racionarían.
-La verdad es que no, pensaba en salir fuera para ver si nos encontrábamos con algo que pudiéramos usar, pero… llueve lo indecible.
Los dos se acercaron a la ventana de la cocina, viendo como el agua caía son fuerza y borboteaba por las calles.
-Bueno, es la típica tormenta de verano, no es tan raro. Seguro que escampa enseguida-supuso el dragón.
-Ya, pero aun así sigo sin entender cómo puede el clima comportarse de forma tan aleatoria… por ahora comprendo cómo funciona la atmosfera, pero aun así sigue sin tener sentido para mi-reveló la unicornio, con el ceño fruncido.
-Cuestión de acostumbrarse, supongo… al menos refresca el ambiente, el calor ha sido insoportable de un tiempo a esta parte.
-Sí, ahí llevas razón…
A parte de las provisiones, también llevarían unos cuantos libros para leer por el camino, una linterna por si no consiguieran llegar antes de que oscureciese y algunas mantas y almohadones por si seguía lloviendo o refrescaba. Aunque debido al gran numero de cosas que llevaban, se hacia indispensable algún tipo de contenedor para poder llevárselas con ellos.
Mientras esperaban a que dejase de llover, Twilight mató el rato leyendo un poco, mientras que Spike se puso un disco de Armin van Buuren, su Dj humano favorito; al contrario que Twilight, el dragón tenia gustos algo más específicos, y aunque el rock y el metal le gustaron bastante, el trance de Armin llegó a convertirse en uno de sus géneros preferidos, para desgracia de la unicornio lavanda.
-¡Spike, estoy leyendo, baja ese volumen!-exclamó ella, molesta.
-¡Oh, venga ya, está sonando J'ai envie de toi, uno de sus mejores temas!
-¡Me da igual, sabes que tanto ruido me molesta y no me puedo concentrar, o lo bajas ahora o lo bajo yo!
-¡Si te molesta tanto, entonces ve a leer abajo!
-¡Ahora mismo no me apetece bajar! ¡Además, la bóveda de la biblioteca amplifica la música y lo sabes!
Spike dejó escapar un respingo y se vio obligado a bajar el volumen, quitándole encanto al tema
-Aguafiestas…-masculló por lo bajo.
-Te he oído… además, te recuerdo que tenemos que ahorrar combustible para el generador-argumentó ella, sin inmutarse.
Como la música de Armin no se disfrutaba igual con el volumen bajo, optó por retirar el disco y apagó la cadena, un tanto molesto. Como no se le ocurrió hacer nada más, simplemente se sentó en una silla y estuvo viendo llover, mientras Twilight leía tumbada en el sofá. Ésta le lanzó un par de miradas inquisitivas, esperando algún comentario por su parte, pero él no dijo nada. El repiqueteo de la lluvia al caer sobre el suelo era lo único que se oía, siendo de hecho un tanto relajante.
-Twilight…
-¿Sí?
-¿Crees que podremos encontrar a alguien por ahí? si nosotros estamos aquí, no veo por qué no haya mas ponis a nuestro alrededor…
La unicornio lavanda se quedó pensativa durante unos pocos segundos antes de contestarle.
-Bueno, supongo que sí, aunque lo veo un tanto difícil… este país es muy grande, y si nos pusiéramos a buscar por todos los lados, no sacaríamos nada en claro. Comprendo que te sientas solo… en ocasiones yo también. Pero creo que por ahora es mejor seguir investigando a fondo el mundo que nos rodea para luego ponernos a hacer una búsqueda más intensa.
-Ya, pero aún así… ¿Por qué no pruebas a mandarle una carta a la princesa? Quizás te responda esté donde esté y nos diga donde se encuentra…
-Ya lo he pensado, y más de una vez he escrito alguna que otra con intención de que se la mandaras… pero creo que sería contraproducente ¿y si está a miles de kilómetros de aquí? ¿Y si ha aparecido en Canadá, o en Alaska, o en la otra punta del mundo? no lo puedo saber, o quizás sí, pero no quiero que la distancia que haya entre nosotros sea una traba. Prefiero esperar-explicó ella.
-¡Pero eso no lo sabrás hasta que lo intentes! ¡Escríbela algo, dila donde estamos, yo se lo mandaré!-insistió el dragón.
-No Spike, prefiero esperar…
-¡Pero eso es ridículo! ¡Tienes la oportunidad de comunicarte con ella gracias a mí, aprovéchala!
-¡He dicho que no!-exclamó entonces Twilight, de forma cortante.
Los dos se quedaron en silencio, devolviéndose la mirada; Spike no entendía a que venia tantas reticencias por su parte, si hasta lo podría hacer él mismo. La unicornio lavanda bajó la vista, tratando de ocultar una mirada llena de incertidumbre y algo de miedo. Aun así prefirió obedecerla y no volvió a hablar del tema.
-Es como de nuestra familia, casi como una segunda madre… ¿Por qué querría distanciarse de ella?-pensó el dragón, extrañado.
Como si lo hubiera hecho a propósito, la lluvia se llevó cualquier rastro de respuesta y Twilight permaneció callada, volviendo a su lectura; afuera, seguía sin escampar.
El rastro de nubes era bastante grande y se extendía hasta donde la vista alcanzaba, pasando por Oklahoma y terminando sobre Tulsa. Pinkie permanecía en la pastelería, viendo como la lluvia limpiaba las calles y se llevaba todo rastro de suciedad de ésta. Los últimos trazos negruzcos se diluían hacia el norte, mezclándose con el azul del cielo, pero sobre el barrio en el que ella se encontraba la lluvia permanecía.
-Es un día oscuro y gris… es muy triste…-pensó ella, con un deje nostálgico en su mirada.
Un paisaje como ese le recordaba a su antiguo hogar, aunque la lluvia era un factor que no se daba muy a menudo por esas secas tierras; el terreno desigual, el suelo agrietado y los campos yermos no contrastaban demasiado con la interminable hilera de rocas que coronaba el horizonte que siempre veía desde la ventana de su habitación. Era un lugar gris, vacío y deprimente. Y aun así, era su hogar, por mucho que la pesara. Allí vivía ella con su familia. Su padre siempre se había dedicado a cultivo de rocas, puesto que era el único material en kilómetros a la redonda; nadie en su sano juicio cultivaría rocas, pero ellos si. Y sin embargo, a pesar de lo ridículo que pudiera parecer, conseguían salir a delante. Aunque para Pinkie, a un precio muy alto.
Desde el primer momento que adquirió uso de razón, supo que debía sonreír; ser feliz siempre es el fin último de un poni, y ella sentía eso como su propio propósito en lo mas hondo de su corazón. Pero ella sabia bien que incluso la felicidad no podía legar a buen termino en un lugar como lo era su hogar. Y fue por eso que se fue tras ver aquel arcoíris, porque sabía que en un lugar así seria imposible ser feliz, por mucho que su familia la apoyase. Quizás fuera por eso que su madre quedara tan decepcionada al saber que se iba; o bien puede que su padre tuviera razón cuando la gritó algo sobre la deshonra. Solo sus hermanas entendieron su marcha. Incluso la más pequeña, Inkie, la llegó a pedir que la llevara con ella, pero no pudo. Sus palabras aun resonaban en lo más profundo de su cabeza.
-Debes quedarte con mamá y papá, intenta hacerles felices. Y a Blinkie también. Ellos te necesitan, Inkie.
Fue mucho mas duro de lo que en un principio pensó, sobre todo a la hora de la despedida, pero aun así su madre demostró que la quería. La recomendó a los Cake, recordándola que se presentara como la hija de Sue Pie.
A parte del triste paisaje que Tulsa la estaba ofreciendo ese día, descubrió que incluso Pinkamena tenía su punto; nunca antes hubiera pensado que en algún momento diría algo semejante, pero la echaba de menos. Puede que fuese del todo insoportable, demencial y neurótica, pero no podía negar que al menos la hacía compañía. Y desde que se había ido, se notaba un poco más sola de lo que ya estaba en medio de la pequeña ciudad de Tulsa.
-¿Cuándo dejé que Pinkamena me robara la sonrisa? Mi destino siempre ha sido sonreír, hacer reír a la gente, reírme con ellos… es esta soledad la que no me deja vivir tranquila. Y esas nubes de ahí me recuerdan tanto a mi hogar…
Y por primera vez desde que llegó a la ciudad, tuvo una iluminación; ella no tenía por qué sentirse triste si no quería. No podía negar que la soledad no era el mejor factor para una poni como ella, pero podía luchar contra ésta si pusiera empeño. Recordó entonces el milagro acaecido después de que saltara y todo lo que vio cuando caía. A pesar de que se encontraba lejos de ellas, sabía perfectamente que seguían siendo amigas, pasase lo que pasase. Daba igual cuanta distancia hubiera entre ellas, siempre iban a estar en su corazón.
-Claro… ¿Cómo pude olvidarme de algo así? Si algo me han enseñado mis amigas es a no rendirme y a creer en mi misma… en ese caso, haré que estén orgullosas de mí. ¡Las buscaré por todos los lados, aunque tenga que patearme toda América para ello!-exclamó Pinkie, del todo decidida.
-En cuanto deje de llover, claro-añadió justo después, observando como el agua caía.
Aunque la verdad era que no sabía cuándo iba a escampar, por lo que pensó que podía dejar la salida para el día siguiente. La lluvia no la dejaría viajar con facilidad y avanzar sería muy complicado. No necesitó mucho tiempo para decidirlo, al poco rato de pensarlo supo que se iría mañana mismo. Por lo que se separó de la ventana y comenzó a recoger sus cosas para partir mañana por la mañana. Porque nadie la pararía hasta encontrar a sus amigas.
Ese día estaba resultando ser tan caluroso como los anteriores, o puede que más; alguna que otra nube decoraba el azul del cielo, pero salvo eso, éste se encontraba completamente limpio. Era un calor húmedo, que se quedaba pegado a su pelaje y apenas la dejaba transpirar. Applejack jamás había experimentando un calor semejante. Trató de cultivar un poco y regar sus plantaciones, pero entre el calor bochornoso y el dolor de mandíbula que la daba al tener que coger el asa del cubo de agua con los dientes, resultaba del todo imposible. Lo intentó volcándose uno de los cubos sobre ella misma, refrescándola un poco, pero el calor imperante secó su pelaje enseguida. Desde donde estaba y en dirección oeste, se podía ver densos nubarrones coronando el horizonte, pero al casi no haber aire éstos no se movían.
-Ya podrían moverse esas malditas nubes hasta aquí… me vendría bien que lloviera un poco, la mandíbula me cruje. Mi granja por un pegaso…-pensó la poni granjera, sudando la gota gorda.
No pudo evitarlo e irremediablemente se acordó de Rainbow Dash; si estuviera ahí, traería esas nubes enseguida y las obligaría a descargar agua. Pero estaba ella sola. Y tan solo era un simple poni de tierra.
Siempre pensó en como seria ser un pegaso, tener alas y poder volar; sentir el aire en la cara, experimentar esa sensación de libertad, dejarse llevar por el viento… Nunca se lo había dicho a nadie, pero muchas veces desearía ser una pegaso, al menos por un día. Pero incluso ella sabia que eso no era posible. Recordaba aquel hechizo de Twilight que logró replicar sobre Rarity, pero no se comparaba. En ese momento, una ligera brisa que apenas duró unos segundos la ayudó a volver a la realidad.
-Diablos, qué calor… será mejor que me tumbe a la sombra un rato…
Sin pensárselo mucho más, se dirigió hacia el porche de la casa y se tumbó un rato; a pesar de permanecer a la sombra, el calor la envolvía por completo y su pelaje apenas ayudaba a estar más fresca. Trató de relajarse y dormir un poco, pero ni eso podía. Fijó la vista en la distancia, sin apenas pestañear, y dejando la mente en blanco; el calor hacia curiosos efectos visuales y la línea del horizonte se movía como si fuera una serpiente. El azul del cielo se fundía con el marrón del suelo, dando lugar a un color apagado y un tanto feo. Formas abstractas e inconclusas pasaron delante de Applejack, confundiéndola y desorientándola.
-Veo sombras en la lejanía… se mueven como espirales… parezca que me llaman…-pensó Applejack.
En menos de cinco minutos, sintió como el calor se desvanecía y dejaba de ahogarla; el tiempo se detuvo de golpe, o al menos le dio esa sensación. Los sonidos se volvieron etéreos y vacios, casi tanto como su alrededor. Sintió como si se abriera un pozo insondable bajo sus patas y por un momento pensó que caía.
-¡Applejack! ¡Applejack!
Levantó la vista y vio una serie de formas que le resultaban familiares, acercándose a ella; por un momento pudo distinguirlas y le pareció ver dos ponis frente a ella, llamándola por su nombre. Sus caras se le antojaban familiares.
-Son… mi familia… han venido…-susurró ella, a punto de colapsar.
-¡Applejack!
Al segundo siguiente, no vio nada más y todo fundió a negro.
No supo bien cuanto tiempo llevaba ausente y por qué, pero el olor a sabanas limpias y una sensación refrescante sobre su frente consiguió despertarla; abrió los ojos lentamente, como si los parpados la pesaran un quintal, y alzó un poco la vista. Se encontraba tumbada en la cama de la habitación principal, con un paño mojado en su frente y el pelaje levemente mojado con agua fresca.
-¡Applejack, prima, por fin has despertado!-oyó entonces una voz que le era familiar.
Giró la cabeza y se encontró con un poni de pelaje amarillento, crin verdosa y recogida en dos coletas con trenzas rojas y ojos verdes claros.
-Ah… ¿Apple Fritter? ¿Prima?-masculló ella, algo desubicada.
-¡Si, soy yo! ¡Menos mal, creíamos que no despertarías!-exclamó su prima, dándola un gran abrazo.
La poni de tierra aun no se creía lo que estaba pasando, por un momento pensó que todo era un sueño, pero el abrazo de su prima eran tan real como ella misma.
-Eres… ¿eres tú de verdad? ¿No estoy soñando?
-No, soy de verdad, mira…-insistió Apple Fritter, pasando su casco por su cara.
Parecía mentira, pero era cierto, una de sus tantas primas estaba ahí, con ella. Tras poco más de una semana completamente sola, volvía a ver a alguien.
-Oh, prima… gracias al cielo… gracias al cielo…-masculló Applejack, devolviéndola el abrazo y llorando de alegría.
Las dos se quedaron en esa pose tras varios segundos que parecieron horas; en cuanto se separaron, Applejack inquirió.
-¿Qué pasó?
-Te vimos a lo lejos en el porche, apenas podía creérmelo, pero distinguiría ese sombrero desde kilómetros. En cuanto nos acercamos te desmayaste, estabas muy caliente, por lo que supusimos que te había dado un golpe de calor. Te llevamos dentro y tratamos de refrescarte lo antes posible-explicó ella.
-¿Llevamos? un momento, ¿quieres decir…?
-Sí, somos más…-anunció ella.
-¡Prima!
Ese grito las hizo reaccionar y vieron entonces a un segundo poni en el umbral de la puerta, mirando a Applejack fijamente.
-Apple Cobbler… prima…
Una poni de tierra de pelaje marrón oscuro, crin y cola de color crema y ojos azules la devolvía la mirada con una gran sonrisa en su cara.
-¡Despertaste! ¡Oh, menos mal que estás bien!-exclamó ella, echándose sobre su prima para abrazarla.
Applejack la recibió con las patas abiertas, dejándose llevar por ese embriagador y cálido sentimiento que solo la familia llegaba a transmitir. Se encontró entonces abrazando a sus dos primas y llorando de alegría.
-¿Sabéis vosotras el tiempo que llevaba aquí, yo sola, y sin nadie con quien hablar? Menos mal que estáis aquí…-masculló.
-Lo sabemos prima, nosotras también estuvimos solas al principio… bueno, en realidad nos encontramos enseguida, pero fueron unos días muy angustiosos-explicó Apple Fritter.
-¿Dónde estabais, de donde venís?-inquirió ella.
-Pues mira, llevábamos viajando durante todo este tiempo desde Corpus Christi, una ciudad costera al sur de Texas.
-¿De veras?
-Sí, aunque a mi me llegó a recoger en San Antonio, donde estaba yo; luego, por el camino, nos encontramos con los demás-añadió Apple Cobbler.
-¿Los demás? ¿Cuántos sois?-quiso saber Applejack.
-En total somos seis, con nosotras están Caramel, Lucky Clover, Blossomforth y Sparkler-reveló Fritter.
-Vaya, cuanta gente… voy a saludarlos…
Todos los demás se encontraban abajo en el salón, curioseando todo lo que había a su alrededor; recibieron a Applejack con mucha alegría y la arroparon entre todos, mientras la contaban sus historias de cómo habían acabado todos juntos. Apple Fritter partió desde Corpus Christi hace ya una semana debido a que un huracán se encontraba azotando esa parte de la costa de Texas, por lo que se vio obligada a moverse para encontrar un lugar seguro. Como los Apple se caracterizaban por ser unos ponis de tierra persistentes y muy fuertes, no paró hasta llegar a San Antonio, donde se encontró con Apple Cobbler y Caramel. Apenas pasaron un par de días, cuando los restos del huracán que azotaba la costa llegaron hasta allí, acompañados de unas muy fuertes rachas de viento que les obligaron a seguir hacia el norte, llevándose todas las provisiones que pudieron. El viaje continuó hacia el norte, pasando al lado de un pueblo de nombre Kerrville, donde encontraron a Blossomforth y Sparkler. Se quedaron unos cuantos días más allí, con intenciones de quedarse durante un tiempo. Pero por petición de Sparkler, ya que quería encontrar a su hermana pequeña y su madre, partieron hacia el norte de nuevo. En otro pueblo, ésta vez de nombre Brady, se toparon con Lucky Clover, uniéndose al grupo también.
-Y esa es la historia. Estando en Brady, a Lucky se le ocurrió acercarnos a Brownwood, ya que había leído en un panfleto que es una ciudad de muchos recursos. Se nos acababa la comida, por lo que decidimos venirnos para acá. Pasando al lado de tu granja, Fritter te vio y el resto, ya es historia-explicó Caramel.
-Vaya, menudo periplo… ¿y ya podíais con este calor?-inquirió Applejack.
-Los primeros días eran pasables debido al huracán y las bajas temperaturas, pero en cuanto más al norte nos adentrábamos, más calor hacía, sí…-asintió Fritter.
-Applejack, una pregunta ¿has visto a Dinky o a mi madre? Las llevo buscando desde que llegamos a este mundo…-murmuró Sparkler, con gesto desesperado.
-Lo siento, dulzura, pero sois los primeros ponis que veo en todo este tiempo…-anunció ella.
-Tranquila, Sparkler, ya verás cómo las encontraremos, seguro que están más cerca de lo que piensas-la consoló Blossomforth.
A partir de ese momento, la vida se simplificó, al menos para los siete ponis; Applejack recordaría ese día especialmente, el día en el que dejó de estar sola en el mundo de los humanos. Todo mejoró de golpe, incluso el calor dejó de molestarla. Les estuvo enseñando toda la granja, evitando el corral con las reses muertas y la parte donde se encontraban sus cultvos, todo ellos con la luz del atardecer alumbrándoles; al oeste, las nubes seguían estancadas al fondo, llegando a ver algún que otro rayo cruzándolas horizontalmente.
Había intentado apartar esas molestas y feas nubes del cielo, pero para su eterna sorpresa, la fue imposible; cada vez que trataba de empujarlas con sus cascos, éstas se deshacían entre ellos. Al principio se había dado un buen susto, pero enseguida pudo notar que esas nubes no eran como las de Ecuestria.
-Ni siquiera se sienten como nubes… este mundo es tan raro…
Fluttershy no estaba del todo acostumbrada a volar, pero una de las cosas que solían convencerla eran las nubes; su tacto único y su comodidad eran un buen aliciente para despegar los cascos del suelo de vez en cuando. Pero ésta vez no sería tal cosa, al no poder ni ponerse de patas sobre éstas.
Aunque viendo como éstas habían estado oscureciéndose durante casi toda la mañana y parte de la tarde, se le había quitado las ganas de nada.
-No me gustan las tormentas… será mejor que me quede en casa… otra vez.
Esa semana había sido de lo más agitada, al menos para ella; había estado explorando sus alrededores y parte del parque, llegando hasta el lago y bordeándolo cerca de donde ella se encontraba, aunque sin alejarse demasiado. Desde que la manada de lobos la atacó, salía más bien poco, a vece acompañado por Ángel, el cual ya se había recuperado de sus heridas.
Todos los animales con los que se había encontrado hasta el momento no la habían hablado a pesar de sus intentos de comunicarse con ellos, pero al menos llegaban a captar sus buenas intenciones, sobre todo los más pequeños, y no la atacaban. Algunos venados, un gato montés, un zorro, varias ardillas e incluso un topo se mostraban mansos con ella y se dejaban mimar por la pegaso, lo que la reconfortaba siempre un poco.
Cerca de donde ella paraba, había una pequeña urbanización de chaletitos dispersos, justo al lado de una de las orillas del lago; muchas veces había ido a explorar acompañado de sus amigos animales, en busca de comida y suministros varios, encontrando cosas de todo tipo, desde comida, hasta medicinas, libros y revistas. Le gustaba leer sobre todo cosas de medicina y veterinaria, pero las revistas la habían gustado especialmente, ya que mostraban de forma gráfica y muy colorida, cosas varias y curiosas acerca de los humanos y el mundo que la rodeaba. Le gustaba sobre todo la National Geographic, aunque también leía otras como la People, la Cosmopolitan o la Life&Style.
Aunque debido a las fortuitas nubes oscuras, prefería quedarse en casa hasta que pasase la tormenta. Sin embargo, Ángel no estaba por la labor. Miraba todo el rato por la ventana, moviendo continuamente su pata derecha de forma impaciente.
-¿Qué pasa Ángel, que miras tanto?-inquirió ella.
El conejo se dio la vuelta y soltó varios chillidos ahogados, señalando afuera.
-Oh, pero no es buena idea salir ahora, la tormenta puede arreciar en cualquier momento… además, oscurecerá dentro de poco, es mejor que nos quedemos.
A pesar de sus argumentos, el conejo no estaba de acuerdo y dio una patada en el suelo.
-¡Ángel, para ya, he dicho que no y es que no!-insistió ella.
Aun así eso no amilanó al animal, el cual saltó de la mesa donde estaba subido y se dirigió hacia la puerta, la cual tenía una gatera por donde cabía sin problemas.
-¡No, Ángel, detente!-exclamó ella.
Se vio entonces obligada a salir afuera, a pesar de las circunstancias, y fue tras el conejo evadido; en ese momento, un rayo cayó desde las nubes e impactó en lo alto de la torre de vigilancia, electrificándola al instante y saltando chispas de la punta. Fluttershy gimió de puro miedo y se quedó congelada, pero Ángel corría peligro, por lo que hizo un esfuerzo antagónico para salir tras él.
-¡Ángel! ¡Ángel, vuelve aquí!
En cuestión de minutos, el cielo se terminó de enrarecer del todo y múltiples rayos comenzaron a coronar las nubes, mientras que muchos otros caían en distintas direcciones; las nubes adquirieron un tono amarronado muy oscuro y desangelado, debido a la luz del crepúsculo, pero los destellos de los rayos combinaban los colores de forma fugaz. Fluttershy estaba aterrorizada, llamaba a verdaderos gritos a su conejo, el cual no aparecía. En ningún momento cayó una sola gota de agua, pero conforme pasaban los segundos, los rayos se intensificaban tanto en número como en intensidad.
-¡Ángel, vuelve, por favor, esto es horrible! ¡Ángel, por lo que más quieras, regresa!-musitaba ella, llorando a moco tendido.
Unos cuantos cayeron cerca de donde se encontraba ella, saltando una serie de chispas que prendieron los árboles más cercanos, comenzando a arder con intensidad y asustando a los pájaros que se refugiaban en ellos; Fluttershy observó aterrada como el fuego comenzaba a extenderse con fuerza, al tiempo que los rayos coronaban los cielos.
-¡Ángel, aparece! ¡Ángel!-gritó entonces con todas sus fuerzas.
Tuvo miedo de volar, por lo que siguió corriendo despavoridamente, aunque un poco más adelante encontró al conejo, junto a un nido de zorros.
-¡Oh, Ángel, por eso saliste corriendo!-exclamó ella entonces, comprendiéndolo.
Justo después, otro rayo rasgó el aire e impactó justo delante de ellos, prendiendo aún más los secos árboles; Ángel saltó a la grupa de Fluttershy, la cual temblaba de puro miedo. Miró hacia todos los lados, sin saber bien que hacer, pero en cuanto vio las asustadas miradas de los zorros se envalentonó y exclamó.
-¡Muy bien, que todo el mundo se pegue a mí y no se separe!
Por alguna extraña razón, los animales se movieron inmediatamente, como si la hubieran entendido perfectamente, lo que la animó aún más. Se dirigieron todos juntos en dirección al lago, esquivando los puntos más calientes; durante el camino, se encontraron con los animales que normalmente solía mimar, entre ellos un venado, el gato montés de cola rayada y un par de ardillas.
-¡Seguidme pequeños, yo os sacaré de aquí, no tengáis miedo!
No sabía con certeza de donde sacaba tanto valor, pero cuando pensaba en los animales que la acompañaban sentía que debía de hacer frente a la situación, por mucho que la asustara; desde siempre había temido a las tormentas, y aunque nunca había visto una tormenta de esas proporciones, de alguna forma supo que debía de luchar contra sus miedos. No alzó el vuelo en ningún momento, debía de permanecer junto a sus animales.
-¡No temáis, solo son rayos, no les prestéis atención!-exclamaba ella, para alentarlos a continuar.
Pero no solo los rayos eran los enemigos, sino que el fuego también empezaba a extenderse por esa parte del bosque; parecía que las llamas eran avivadas por los relámpagos que caían del cielo, saltando de árbol en árbol y prendiendo cualquier matojo seco que encontraban en su camino. Atravesó todo el camino que antes recorrió hasta volver a la casa, pero al llegar descubrió horrorizada y apenada que estaba siendo consumida por el fuego; las llamas se deslizaban por el suelo como serpientes y rodearon la estructura de metal de la torre de vigilancia, encendiéndola rápidamente.
Por un momento se vio rodeada por las llamas y no supo por dónde huir, pero Ángel la picó en el cuello y señaló hacia el este, hacia un pequeño hueco entre el fuego.
-¡Corred, detrás de mí!
Una barrera de fuego comenzó a brotar entre las briznas, pero Fluttershy saltó con todas sus fuerzas y consiguió salvar el incipiente obstáculo; las ardillas se subieron al lomo del venado, el cual imitó a la pegaso, al igual que los zorros. El gato montés hizo gala de su velocidad y agilidad, pegando un lustroso salto que mejoró incluso al del venado.
-¡Por aquí, no os paréis!-exclamó Fluttershy, sin mirar atrás.
Los rayos seguían presentes, aunque ya no caían tantos hacia tierra, consiguiendo huir del foco caliente rápidamente; aun así siguieron corriendo, alejándose de una zona que, probablemente, acabaría completamente calcinada.
-¡Iremos hacia la urbanización! ¡Hay un cortafuegos junto a la carretera principal, estaremos a salvo!-exclamó ella, bastante cansada, pero sin dejar de correr.
Había leído de estos cortafuegos en una de sus revistas, que ahora eran pasto de las llamas; consistían en una porción ancha de bosque, en la cual se talaba todo árbol y se limpiaba la zona de elementos que pudieran prender fácilmente. De esta forma, en caso de incendio, el fuego no pasaría de un lado a otro y no seguiría ardiendo la zona.
Para cuando llegaron a la urbanización ya había anochecido y apenas se veía nada, el destello del fuego se podía ver desde donde estaban, y los rayos comenzaban a remitir.
-Estamos a salvo…-suspiró la pegaso, muerta de cansancio.
Descansó un poco de la carrera que se había pegado, y en cuanto estuvo mejor se puso en patas otra vez, pero fue entonces cuando se dio cuenta de la oscuridad.
-Oh, cielos, está muy oscuro… no se ve nada…-musitó entonces, con miedo.
En ese momento, el gato montés se adelantó un poco y lideró el camino, soltando un maullido.
-¡Claro, tu puedes ver en la oscuridad! Guíanos, minino…
Sin dejar de maullar, el gato les guio hasta la casa más cercana, donde se colaron; se encontraba demasiado exhausta como para buscar una fuente de luz, por lo que fue a tientas, buscando una cama. El resto de animales se quedaron fuera, en el jardín, acomodándose en la hierba; Ángel iba con Fluttershy, tratando de guiarla para que no se diera de bruces contra las paredes. Finalmente encontraron una cama y la pegaso se echó sobre ella, comenzando a sollozar en silencio.
-Ha sido espantoso… no sé cómo he conseguido salir de ahí…-susurró ella a la nada.
La visión de las llamas aun corría por su retina, asustándola incluso ahora; el ruido del fuego ardiendo y los chasquidos del mismo seguían resonando en su cabeza. El conejo trató de animarla, acariciándola la crin y mascullando algo que solo ella entendía.
-Gracias, Ángel… pero no siempre soy así de fuerte, y lo sabes… ha sido todo muy repentino, yo…
El conejo no pareció admitir un no por respuesta, reprendiéndola.
-Yo no soy valiente… solo ha sido ese momento, nada más…
Debido a la oscuridad que les rodeaba, Fluttershy fue incapaz de ver la mirada de soslayo que el conejo la echaba.
-Aun así, ya no podemos quedarnos aquí… todo lo que conocimos ahora es pasto de las llamas. Será mejor que mañana nos vayamos a buscar otro lugar…-murmuró ella, durmiéndose poco a poco.
Antes de lo previsto, la pegaso amarilla se sumió en un profundo sueño debido al cansancio y el conejo la siguió al poco rato. Un poco más norte, el parque estatal de San Angelo seguía ardiendo en la noche.
Al contrario que en otros estados, en Arizona la noche era limpia e incluso fresca; quizás fuera por la altitud del Kitt Peak, con sus 2097 metros de altura. O quizás fuera por el aire frio de las cuotas altas de la atmosfera, que bajaba hasta la cima. Fuera lo que fuera, a Luna no parecía importarla, estaba ocupada moviendo el domo del Mayall varios grados hacia el noroeste, siguiendo el rastro de un asteroide que había visto hace poco.
-He estado consultando una guía y creo que es el Millosevich… ¿dónde andas, Millosevich?-inquirió Luna entre dientes.
Lo vio de casualidad, dando un repaso por todo el cinturón de asteroides que acababa de localizar minutos atrás; antes había estado buscando nebulosas, localizando algunas de lo más vistosas como la nebulosa del Águila o la del Casco de Thor, aunque le gustó especialmente la del Águila. Los Pilares de la Creación eran sencillamente magníficos, y se veían mucho mejor por uno mismo que en las fotos de los libros que consultaba.
-El universo es tan bello como infinito…-murmuró Luna, perdiéndose en su inmensidad.
Estuvo un rato más sin despegarse del ocular, pero en un momento dado se apartó y echó un vistazo a un reloj de arena que ya había acabado de soltar arena desde hacía rato.
-Agh, mierda, ya hago tarde-masculló ella.
Con su magia, tapó tanto el ocular como el objetivo y cerró el domo, todo a la vez. Tras eso salió afuera y cerró la puerta del telescopio, saliendo al mundo exterior. Sin perder más tiempo alzó el vuelo para dirigirse a las oficinas centrales.
-Tia debe de haber terminado de recoger las cosas para mañana…-obvió ella.
En cuanto llegó allí, se encontró con su hermana echando un vistazo a su equipaje.
-Ah, hola Luna… ¿mucho lio en la quinta galaxia?
-En realidad no, es que me quedé absorta, eso es todo.
-¿Lo tienes todo listo?
-No, déjame que lo prepare…
Celestia había improvisado un par de alforjas con varias bolsas de lana que encontró y le pasó la otra a su hermana; ella se encargaría de llevar las provisiones, así como de algunos libros y un diario en el que iba anotando tanto el día a día como sus descubrimientos hasta ese momento. Por su lado, Luna empacó algunos libros de astronomía, algunas linternas de mano por si encontraban pilas con las que hacerlas funcionar, un par de brújulas y los mapas de la zona, los cuales los estuvieron consultando entre las dos.
-Estamos aquí, en Kitt Peak. Tucson se encuentra al este de aquí, teniendo en cuenta la escala de este mapa calculo que habrá como unas 55 millas desde aquí, más o menos, por lo que el viaje será rápido. He pensando que, si nos da tiempo, podemos pasarnos por Phoenix también, se encuentra un poco más al norte y tampoco hay mucha distancia desde Tucson, tan solo unas cincuenta y pocas millas más-comentó Celestia.
-Me parece bien, cuantos mas recursos podamos encontrar, mejor… si volamos rápido puede que incluso lleguemos mucho antes-añadió Luna.
-Buscamos principalmente provisiones, pero también nos puede venir bien explorar un poco y descubrir más cosas. Como bien dices, más recursos nos beneficiarían bastante…
Una vez que el asunto del viaje quedó zanjado, estuvieron cenando en el tejado de las oficinas mientras contemplaban la noche.
-Se hace costumbre ¿no crees?-inquirió Celestia, en un momento dado.
-Desde luego… hasta el cielo ya me es familiar, mira, la osa mayor es la más fácil de localizar-apuntó Luna, mirando a la susodicha.
-Sí… y esa es la menor ¿no?-quiso cerciorarse ella, mirando un poco más arriba.
-Sí, la estrella polar acaba la punta… y un poco más abajo tienes el dragón, con esa curiosa curva que parece un interrogante.
-Vaya, realmente te sabes bien este firmamento…
-Hombre, te diré, llevo una semana estudiándolo…
Las dos se quedaron en silencio, dejando pasar el tiempo y las estrellas.
-Tia…
-¿Sí, Luna?
La princesa de la noche hizo una pausa breve y finalmente contestó.
-¿Crees que los demás miembros de nuestra familia estarán bien? Cadance, Shining Armor, Blueblood… no los hemos vuelto a ver…
Celestia se tomó su tiempo antes de hablar.
-Bueno, si te soy sincera, Cadance no me preocupa; ha crecido mucho de un tiempo a esta parte y ahora lleva su propio imperio. Además, tiene a Shining con ella, por lo que me preocupa menos aún. Aunque… el mentecato de mi sobrino es otra historia.
-Desde luego, es por eso que me preocupa… conociéndole estará llorando a moco tendido en medio de la calle.
-A veces me pregunto qué hice mal con él… nunca mostró el suficiente respeto a aquellos ponis que no fueran como él. Es como un potrillo encerrado en el cuerpo de un semental.
-Sí… aunque Rarity le dio una buena lección aquella vez-recordó entonces Luna.
-Uy, sí, lo recuerdo, sin embargo no pareció afectarle demasiado.
Otro silencio se hizo hueco entre las dos alicornios, cada una pensando en algo distinto; Luna frunció el ceño, algo extrañada.
-Aunque he estado pensando ¿Por qué no le mandamos una carta a Twilight Sparkle? esté donde esté seguro que la recibe y nos diga donde está, incluso mantendríamos el contacto…
A pesar de eso, Celestia apartó la mirada, un tanto insegura.
-Yo también lo he pensado. Pero por eso mismo no lo hice…
-¿Por qué?
-Piénsalo, Luna, EEUU es muy grande, podría estar en cualquier parte, incluso en otro país. Además, ¿y si Spike no está con ella? prefiero no correr ese riesgo…-murmuró Celestia, sin decir nada más.
-Pero eso no lo sabrás hasta que lo intentes… y en ese caso, le llegaría a Spike igualmente, por lo que estaríamos en contacto con él…
-No, mejor no…
Aun así, Luna no quedó satisfecha con su contestación.
-¡Venga ya, eso no es propio de ti! ¿Qué pasa, Tia?
La alicornio blanca se había dado la vuelta, evitando su mirada.
-Puedes contármelo… después de todo soy tu hermana, estamos juntas en esto.
Las palabras de Luna parecieron funcionar, pero en cuanto se dio la vuelta, la princesa del día mostró su cara bañada en lágrimas.
-No se trata de eso, Luna…
-¿Entonces qué es?-inquirió ella, confortándola.
Celestia bajó la mirada y finalmente habló.
-Quise mandarla una carta en cuanto llegamos aquí. Pero enseguida me di cuenta de algo que me echó atrás por una buena razón. Durante el primer día no sabía cómo sucedió lo que había pasado, ni si el mismo fenómeno había ocurrido en otras partes de Ecuestria; incluso hoy no tengo una respuesta satisfactoria para esas dos cuestiones que todavía me siguen rondando la cabeza. No sé si está ahí fuera, Luna. Es por eso…
-Pero tienes la oportunidad de averiguarlo si envías esa carta…
-Lo sé, pero… me da miedo, Luna. Tengo miedo de que no me responda. Porque en tal caso, sabré que no está ahí. Y yo estoy aquí. ¿Comprendes? Quiero a Twilight como a una hija… no me perdonaría el haberla abandonado de esa forma. Y sé que ella tampoco.
La princesa del día no pudo más y lloró débilmente sobre el hombro de su hermana pequeña, la cual la trató de consolar arropándola entre sus alas.
-Ya, ya está… seguro que la encontraremos, ya lo verás…
No quiso insistirla más sobre la carta, por lo que dejó estar el tema. Una vez que estuvo mejor, murmuró.
-Vamos ya a la cama, mañana hemos de madrugar.
Sin decirla nada más, siguió a su hermana mayor hasta el piso de abajo, pensando en la expedición de mañana. Se durmieron mucho antes de lo esperado entrando así en el mundo de los sueños, donde Luna se movía con soltura y delicadeza; encontró a su hermana sumida en un sueño normal y corriente, pero con dudas e incertidumbres flotando por encima de su cabeza. Luna sopló con fuerza y éstas se disiparon, liberando a Celestia. Ésta sonrió a su hermana y, sin decir nada, se recostaron juntas, admirando en silencio su propio sueño.
Bueno, y ya entramos en el primer ecuador de la historia; como habéis visto, ya se han dado los primeros cambios, y muchos mas se irán dando a lo largo de los siguientes capítulos. En el siguiente trataré, de forma conjunta, los viajes de todos los ponis que vayan a moverse; después de ese, haré una serie de capítulos en los que trataré, de forma separada, lo que cada uno de ellos vio al final de cada viaje. Entre ellos, los proximos documentos acerca de Jim Collins y el misterioso proyecto que provocó la desaparición de los humanos, por supuesto; tranquilos, no me olvido del hilo conductor ;) En cuanto al tema de Armin que he usado, echadle un vistazo, yo creo que merece la pena, es muy bueno, seguro que os gustará aunque el trance no sea lo vuestro. Y nada más, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
