¡Lo sé, siglos sin actualizar!

Debo confesar que tenía un bloqueo mental con este fic, no hallaba como ordenar todas mis ideas, pero poco a poco fueron fluyendo hasta que por fin he podido terminar el capítulo once, y helo aquí.

Gracias por todos sus comentarios, de verdad me animan mucho a seguir con esta historia, que en lo personal es uno de mis fics favoritos, aunque bueno, yo adoro a todos y cada uno de mis fics ^^ son como mis hijos jejejeje.

Sin más que decir, porque no tengo excusa, les dejo leer con tranquilidad, perdón las faltas de ortografía, pero no me dio tiempo de revisar nada.

Canción en la que está inspirado todo el capítulo: Miedo – Leonel García.

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Capitulo 11: Miedo

Novios… Aquella palabra de alguna forma se repetía en su cabeza y le golpeaba como un martillo, tan fuerte y doloroso que sentía que no podía permanecer sentada en ese lugar por más tiempo. Era tan tonta por seguirlo amando.

Pero no sólo a Hinata le había causado una amarga sensación aquella simple palabra. Él aún no dejaba de repetir aquella frase en su cabeza, ni tampoco la imagen de Naruto tomando la mano de Sakura cuando dijo eso. No tenía idea de que demonios pasaba con él ¿Por qué rayos le estaba molestando de esa manera? Debería sentirse feliz por ellos, ambos eran sus amigos, pero no, nada de eso, en cambio sólo se sentía frustrado.

—¿No vas a decir nada Sasuke? – Preguntó Naruto de pronto, sacando así de sus cavilaciones al azabache, el cual le miró por un eterno segundo con una frialdad que hace tiempo no demostraba. Por su parte, Naruto dirigió una fugaz mirada a Hinata, para luego volver sus ojos zafiros hacia su amigo Uchiha.

—¿Qué puedo decir? – Habló por fin Sasuke, fingiendo una sonrisa y tomando la mano de su esposa como una especie de salva vidas, tanto para él como para ella —. Los felicito, esto es realmente increíble, que mis dos mejores amigos se hayan terminado enamorando.

—¿Sí verdad? – Opinó el rubio sonriendo, aún sin siquiera percatarse de la mirada ensombrecida de Hinata y de la expresión de sorpresa que mantenía Sakura desde el preciso momento en que él tomo su mano.

La peli rosa había pensado en replicar, en desmentir lo que acababa de decir Naruto ¿Pero para que? Incluso Sasuke los había felicitado, eso no podía significar otra cosa más que él no estaba interesado en ella para nada, que nunca lo iba a estar, que siempre sería la estúpida mejor amiga como él mismo lo acababa de decir.

No importaba que pensara en realidad ahora, de hecho era mejor que él creyera que estaba con Naruto, así no se sentiría como una estúpida, así le podría demostrar que era capaz de vivir sin él.

—La verdad es que las cosas se dieron muy naturales entre nosotros ¿No es así Naruto? – Dijo Sakura poniendo su otra mano sobre la del rubio, el cual la miró algo sorprendido pero terminó por asentir, entendiendo que lo que ella trataba de hacer era quitarse ese sentimiento por Sasuke del corazón, y como él la entendía a la perfección iba a ayudarla.

—Y-yo… t-también los felicito – Dijo Hinata al borde del llanto, pero sonriendo como si nada pasara, como si de pronto hubiese decidido ponerse una máscara para cubrir todo su dolor, porque ya estaba harta de esto, porque desde que Naruto había regresado a su vida no había hecho más que lastimarla y ya no iba a permitírselo —. De verdad ustedes hacen una muy linda pareja, tal vez pronto los veamos casados como nosotros.

—Seguro que sí – Dijo Naruto mirándola con indiferencia, mientras que por primera vez en mucho tiempo Hinata le sostenía la mirada con firmeza, como diciéndole que no iba a derrumbarla.

No me toques, no me toques con tus manos congeladas

No me mires con tus ojos que en verdad no miran nada

—Si me disculpan, voy al tocador – Dijo Hinata antes de ponerse de pie, tomando su bolso de encima de la mesa y perdiéndose a paso rápido de la vista de ellos tres, pero al cabo de unos segundos Sakura hizo lo mismo, dejando solos a los dos hombres, que se miraban desafiantemente, como habiendo olvidado que eran amigos.

—Así que novio de Sakura, es curioso ver a Sakura con un novio y más si eres tú ¿No dijiste estar muy enamorado de una mujer? – Preguntó Sasuke aparentando estar poco interesado, pues miraba a cualquier parte e incluso comenzó a comer un poco.

—Esa mujer de la que dije estar enamorado no es más que una mentirosa, pero no quiero hablar de ella, Sakura-chan es diferente, nunca sería como ella – Respondió Naruto mientras bebía un poco de vino.

—Ya veo… - Fue todo lo que pudo decir Sasuke, aunque tenía ganas de decir mucho más.

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—No debo llorar, no debo llorar – Se decía Hinata mientras apoyaba ambas manos sobre el lavabo del baño y se miraba al espejo, tratando de convencer a su reflejo de no soltar las lágrimas, no quería dejarse vencer de ésta manera —. No debo llorar nunca más por él… - Se volvió a repetir.

Dejó correr el agua de la llave y se arrojó un poco a la cara, tratando de respirar para calmarse, hasta que vio entrar a Sakura, la cual la miró preocupada.

—¿Estás bien Hinata? – Preguntó la de ojos jade acercándosele, pero Hinata apartó sus manos antes de que llegara a tocarla, pues no tenía intenciones de ser atendida por la novia de Naruto.

—Estoy bien Sakura, sólo tenía un poco de calor y nada más – Respondió la chica volviendo a sonreír como antes —. Oye… ¿Y desde cuando se conocen con Naruto?

—¿Eh? Pues desde tu aniversario, Ino nos presentó – Fue la respuesta de Sakura, que se encontraba algo confundida por todo lo que había pasado, y más tomando en cuenta que había decidido seguirle en la mentira a Naruto.

—Supongo entonces que fue amor a primera vista – Dijo la ojiperla, captando nuevamente la atención de la joven rosada, que sólo asintió con la cabeza sin saber que decir. Hinata sólo tomó su bolso y salió del baño, dejando a Sakura ahí, sola y confundida.

—¿Qué le pasa a Hinata? – Se preguntó Sakura mientras que miraba la puerta, pues pudo darse cuenta de que algo extraño sucedía con su amiga, pero no podía ni imaginar que se relacionaba directamente con Naruto y con la mentira que acababan de decir.

Por su parte Hinata iba por el pasillo con la mirada baja, aunque ya se había controlado y se había jurado no llorar. Debía regresar a esa mesa y hacer como si nada le pasara, pero se detuvo en la mitad de ese pasaje al ver a Naruto parado frente a ella y al observar hacia las mesas pudo ver a Sasuke sentado solo.

—Así que cenando con tu esposo, me pregunto que diría si supiera que lo engañaste anoche conmigo – Dijo Naruto mostrando una sonrisa sardónica y con un toque de presunción. De verdad la quería herir, en serio quería lastimarla y así asegurarse de que se olvidaría de ella, pero ésta vez no la vio llorar o ponerse triste como todas las veces anteriores en que le había dicho esos ácidos comentarios.

—Lo mismo me pregunto yo si Sakura se entera ¿No crees que es muy feo haberla engañado también? – Contraatacó la chica, haciendo que él se sorprendiera por un momento.

Y nunca me abraces, no haremos las paces

Deja ya de usar disfraces

—Así que has decidido sacar las garras – Comentó Naruto riendo divertido, mientras que ella lo veía con el ceño fruncido —. Que inesperado.

—Es lo menos que te mereces, eres despreciable, un ser sin corazón – Hinata no tuvo reparos en decirle lo que pensaba de él y a Naruto no le agradó del todo.

Naruto se encontraba sentado frente al mar, observando las olas ir y venir en un vaivén infinito, tan atentamente y tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando una dulce joven se sentaba a su lado, abrazándolo por la espalda y susurrándole al oído.

Buenos días Naruto-kun…

El rubio se dio la vuelta, observando a esa bella chica a la cual llevaba sólo unos días de conocer y que a pesar de eso ya le había robado el corazón.

Hinata-chan, que bueno es verte tan temprano, luces tan linda – Confesó el chico de ojos azules con sus mejillas algo sonrojadas.

Hinata se separó un poco y le sonrió. En ese momento Naruto la tomó por la cintura, haciendo que la joven quedara sentada a su lado y atrayéndola al máximo a su cuerpo.

N-Naruto-kun… - Susurró la joven sonrojándose más ante la acción del rubio, el cual se acercó a su oído.

Hinata-chan… ¿Sabías que me has robado el corazón? – Le preguntó sintiéndola temblar bajo su abrazo, lo cual le causó satisfacción. Ella negó con la cabeza, pero sonrió tímidamente.

Y tú has robado el mío Naruto-kun – Aseguró Hinata con dulzura.

—Sí, puede que yo no tenga corazón… - Confesó el rubio en pose pensativa, pues había recordado aquel cálido momento que pasó con ella y eso lo hizo sentir mal, pero la miró fríamente otra vez —. Pero eso es porque tú lo destrozaste hace tiempo.

—Te equivocas – Dijo Hinata mirándole con seriedad —. Tú mismo te encargaste de deshacerle de él, es por eso que ahora actúas de ésta manera – Bajó la mirada con cierta tristeza —. ¿Quién eres? No eres la persona de la cual me enamoré, no eres más que un cuerpo vacío y sin vida al que sólo le importa hacer daño, pero ya… ya no sufriré por ti – Afirmó antes de retirarse, sin darse cuenta de que había dejado a Naruto sorprendido.

No me asustas no me gustas con tus dudas afiladas

No me harás flaquear que la verdad ahora está muy clara

Ella ya lo había decidido, no iba a soltar una sola lágrima más por él y tampoco iba a seguirlo amando, aceptaría el amor de su esposo y viviría feliz junto a él, no tenía por que dejarse llevar por esos estúpidos sentimientos que sólo la hacían sufrir.

Naruto Uzumaki se podía ir al carajo.

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Iban por las calles dentro del auto de él. Hace un rato Ino la había llamado y le dijo que ya podía regresar a la casa, que su invitado ya se había ido, Sakura dijo enseguida que sí y se despidieron de Hinata y Sasuke, aunque no pudo evitar sentir dolor al dejarlos a solas, porque ellos siempre terminaban haciéndole darse cuenta de lo patética que era al seguir enamorada de él.

—Llegamos – Dijo Naruto de pronto, haciendo que la peli rosa lo mirara fijamente. El no la miró, por alguna razón no se atrevía.

—Gracias por traerme – Dijo la ojijade abriendo la puerta para bajar del auto, pero en ese momento Naruto tomó su brazo para detenerla.

—¿Por qué les dijiste que sí estábamos juntos? – Cuestionó sin mirarla aún. Ella regresó al asiento, cerrando la puerta y mirándole con reproche.

—¿Por qué les dijiste que tú y yo éramos novios? – Interrogó ella sin responder a la pregunta del rubio, el cual miró por la ventana, evitándola.

—Es una larga historia.

—Tengo tiempo – Insistió Sakura, que estaba realmente deseosa por conocer la verdadera razón de todo esto ¿Por qué Naruto actuaba de esa manera en frente de Hinata? ¿Por qué parecía tener alguna clase de sentimiento por ella?

—No puedo decirte – Fue la respuesta de Naruto, que en ese momento por fin se volteó a verla, clavando sus ojos azules sobre su persona y haciendo que por un momento un intenso cosquilleo la recorriera de pies a cabeza —. Lo siento pero no te lo diré, si quieres negar todo esto después está bien, no te obligaré, pero no voy a revelarte mi secreto.

—Naruto… - Murmuró Sakura sorprendida, así que después de todo sí que había un secreto, pero como Naruto se mostraba de esa manera no podía hacer más, no podía obligarle a que se lo contara, lo mejor era dejar las cosas como estaban —. Descuida, no negaré nada, después de todo yo también tuve parte en esto, me quedaría como una mentirosa.

—Gracias – Dijo Naruto volviendo su vista al frente. Sakura lo miró y asintió con la cabeza sin decir nada. Abrió la puerta del auto y finalmente bajó, pero antes de cerrar se volteó hacia Naruto, quien también la miró a ella.

—No sé que te ha pasado, pero al verte cerca de Hinata puedo notar dolor en tu mirada… no te lo preguntaré… pero espero que no te sigas haciendo daño, eres una persona que debería vivir alegre y feliz – Y después de eso se alejó hacia su edificio, no sin antes haber dejado la puerta cerrada.

Naruto miró a sus pies un buen rato, tratando de analizar las palabras dichas por la joven de ojos jade. Él más que nadie deseaba ser feliz, volver a ser aquel joven sonriente que era antes, pero sabía que era imposible, que hasta que no se vengara de quienes le habían destruido la vida no lograría ser feliz.

Y deja de quejarte, lárgate a otra parte

No me importa lastimarte

Ya no quiso pensar en nada, sólo encendió el motor de su auto y se perdió por las oscuras calles de Tokio, tratando de sacarse de la mente la idea de que ahora Hinata se encontraba con Sasuke, haciendo lo mismo que había hecho con él.

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Él estaba besándola en los labios, abrazándola por la cintura, mientras que ambos se dejaban caer sobre su cama matrimonial.

Miedo, ya no podré vivir contigo

Sasuke liberó los labios de su esposa, bajando por su cuello mientras que ella cerraba fuertemente sus ojos, tratando de convencerse a sí misma de que esto era lo mejor, de que debía entregarse a él y olvidarse de todo. Tenía que hacerlo, tenía que dejar de sentir miedo de esto, de estar con él.

Alzó sus manos, enredando sus dedos entre los cabellos azabache.

Miedo, que contaminas todo y envenenas todo

—S-Sasuke… - Susurró la chica mientras sentía como él lentamente se encargaba de subir su vestido, sentándose sobre la cama para dejarla en ropa interior. No era la primera vez que la veía así, pues muchas veces ya lo habían intentado, pero siempre fracasaban, siempre el miedo impedía que Hinata estuviera con él, el miedo y los recuerdos que guardaba de Naruto.

—Estás hermosa… - Dijo Sasuke mientras que soltaba el cabello de su esposa, haciendo que cayera desparramado sobre sus hombros y su cintura, sólo dándole un aspecto aún más deseable para él.

—Gracias Sasuke… - Respondió Hinata bajando la mirada con un leve sonrojo en sus mejillas, pues la situación en si le parecía muy vergonzosa.

En ese momento Sasuke se le acercó, volviendo a atrapar sus labios en un beso, pues quería con todas sus fuerzas que esa disposición que tenía Hinata a que las cosas se dieran en verdad fuera suficiente para que esto pasara.

Miedo, a no llegar a estar perdido

La recostó sobre la cama, recargándose sobre ella, besándola, pero fue en ese preciso momento que aquel aborrecido sentimiento regresó a ella mucho más fuerte que las veces anteriores, haciendo que se separara de golpe de él, quien sólo la miró intuyendo lo siguiente que pasaría.

—No puedo – Dijo la ojiperla apartándose del lugar, tratando de no sentirse frustrada porque nuevamente había arruinado las cosas, esperando que Sasuke saliera enojado de la habitación como siempre, pero ésta vez no sucedió así.

—Lo sé, lo entiendo – Sasuke la abrazó, la abrazó de una forma en que nunca lo había hecho antes, como buscando la manera de protegerla —. No te obligaré Hinata, quiero que las cosas pasen cuando tú lo decidas, cuando de verdad tú lo quieras, quiero que esto funcione.

Miedo, sé que me quieres ver perder el juego

—Sasuke… - Murmuró Hinata con sorpresa, mientras que su esposo la abrazaba por la espalda y ella se encontraba sentada sobre la cama. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla —. ¿Por qué haces esto? ¿Por qué jamás te cansas de mí? Yo… siempre te he lastimado…

—Porque yo te amo – Aseguró el azabache, aunque en realidad ya no estaba tan seguro de ello, pero al menos sonó como si fuese verdad. Hinata sólo sonrió, recostándose bajo las sábanas de la cama luego, para dormir.

Sasuke también se acostó luego, quedándose dormido primero que ella. Fue entonces que Hinata notó una luz en la habitación, al parecer era el celular de Sasuke que estaba sonando. Se levantó a apagarlo, estaba sobre el tocador de ella, sin embargo notó que había un mensaje de texto y otro más que estaba sin leer y que había llegado unas horas antes.

Al abrirlo, pudo ver algo que la dejó perpleja.

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El día había llegado radiante y hermoso para cierto vago que se encontraba dándose una ducha. Aún se sentía intrigado por aquella extraña conversación que había oído el día de ayer "sin querer" afuera de la oficina de Naruto Uzumaki.

Realmente él y ese tal Sai se traían algo muy raro entre manos ¿Pero que podría ser eso? ¿Y que habrán querido decir mencionando lo de hace quince años y a Hinata?

—Pf, es demasiado problemático pensar en estas cosas ¿Por qué tenía que oírlo yo? Ahora no dejaré de preguntarme que demonios planean – Se dijo con fastidio mientras que dejaba que el agua cayera sobre su cuerpo y su cabello, el cual se encontraba suelto y llegaba un poco más arriba de sus hombros.

Era cierto que era un hombre muy despreocupado de todo lo que le rodeaba, pero cuando algo se le metía en la cabeza era imposible que dejara de intrigarle, en especial cuando esos dos habían usado ese maldito tono misterioso mientras hablaban.

Sintió el timbre de su departamento comenzar a sonar, así que apagó la llave del agua y salió de la ducha, pasándose una toalla azul alrededor de la cintura mientras que con una más pequeña se secaba el cabello.

—Seguro es la terca de Matsuri o la loca de Sari, esas dos me deben un desayuno – Se dijo convencido de que se tratara de alguna de ellas, por lo que no se molestó en ponerse nada más encima ya que esas dos mocosas eran como sus hermanas menores y muchas veces lo habían visto en poca ropa. Se dirigió a la puerta y la abrió con fastidio, encontrándose con cierta persona totalmente inesperada.

—Vaya Shikamaru, no imaginé que escondieras ese cuerpo debajo de toda esa ropa que usas siempre – Rió divertida la rubia de cuatro coletas mientras le admiraba de pies a cabeza, causando un leve sonrojo en las mejillas del Nara, el cual se encontraba atónito.

—T-Temari… - Dijo con desconcierto, hasta que se dio cuenta de cómo estaba vistiendo en frente de ella —. ¡Lo siento, enseguida me visto! – Exclamó antes de salir corriendo a su habitación, dejando a una divertida rubia parada en la puerta.

—Hey, a mí no me molesta, de hecho preferiría que te quitaras todo – Susurró para sí misma Temari, pero él no logró oírla porque ya se había encerrado en su habitación a vestirse. Temari suspiró decepcionada cuando le vio salir con su ropa elegante de siempre y se sentó sobre el sofá, mientras él cerraba la puerta.

—¿Y que se te ofrece? – Preguntó Shikamaru poniéndose muy serio, mientras trataba de mantener la compostura frente a esa mujer que lo miraba insinuantemente.

—Sé que es muy temprano, pero no pude evitar venir – Dijo mientras se cruzaba de piernas, haciendo notar que traía una falda muy pero muy corta, por lo que él podía notar a la perfección sus bragas de color blanco, reprendiéndose mentalmente por haberse fijado en ello —. Sólo quería disculparme por lo de la otra noche.

—Ah, no hay problema – Dijo el pelinegro desviando la mirada, por lo que no notó cuando Temari se puso de pie, acercándose a él y tomándolo por el cuello de la camisa.

—Aunque fue una lástima que llegara mi hermano en ese momento, justo cuando pensé que por fin me harías caso – Le dijo de forma seductora mientras que se acercaba a su oído —. No quería dejar todo de forma inconclusa – Susurró.

Shikamaru sintió que un intenso escalofrío le recorría todo el cuerpo y se removió como si fuese un gato asustado, comenzando a sudar un poco por los nervios y causando una risa graciosa en Temari.

—De verdad eres como un niño – Dijo antes de besarlo, esperando a que él reaccionase, y fue justo lo que pasó. No se dio cuenta cuando él ya la había arrojado sobre el sofá de la sala, lo cual le hizo pensar que no era la única que deseaba que esto pasara.

Sin embargo fueron interrumpidos cuando ambos notaron que se les hacía tarde para llegar a la oficina.

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Sakura desayunó rápidamente para irse al hospital. Hoy como al medio día iban a dar de alta a su ahijada y quería estar ahí con ella, después de todo la pequeña Hime no tenía la culpa de todos los errores que cometían los adultos, ella era sólo una niña indefensa e inocente.

Justo cuando se acercaba a la puerta –que estaba abierta- Ino se puso en frente de ella, sorprendiéndola.

—¿A dónde crees que vas Frentezota? No me has contado por que anoche llegaste junto con Naruto – Dijo la rubia de forma demandante, provocando que Sakura soltara un suspiro.

—Ino, ahora no ¿De acuerdo? No estoy de humor para hablar sobre esto – Afirmó la chica tratando de salir, pero Ino no le dio el paso, no iba a rendirse hasta saber que había pasado entre su amiga y el apuesto rubio.

—Vamos, yo te lo presenté, al menos dime que pasó entre ustedes, no puedes ser tan egoísta – Insistió Ino. Sakura la miró dudando por un momento, pero finalmente le contestó.

—Somos novios ¿De acuerdo? – Mintió la peli rosa, por la única y sencilla razón de que si su mejor amiga no se lo creía ¿Quién iba a creerle?

—¡¿De verdad? – Exclamó Ino emocionada y abrazándola con fuerza —. ¡Me alegro por ti Sakura, por fin, por fin vas a dejar de pensar en el imbécil de Sasuke!

—¿Quién es imbécil? – Escucharon una voz masculina justo detrás de ellas y ambas se dieron la vuelta algo asustadas.

En ese momento los ojos de Sakura miraron con horror que Sasuke se encontraba parado afuera de su puerta ¿Qué había escuchado?

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—Te lo repito, no tenías por que venir conmigo a la oficina, no es bueno que mi jefe se de cuenta de que sólo lo vienes a mirar – Se quejó por quinta vez la castaña, mientras trataba de convencer a su amiga de que dejara de seguirla hasta la oficina.

—Pero Matsu, yo quiero conocer al famoso Gaara, ya lo vi en la foto pero eso no es suficiente, además no me puedo perder de conocer en vivo y en directo a semejante espécimen masculino – Aseguró Sari muy sonriente, causando sólo un suspiro de fastidio por parte de Matsuri.

Era el colmo, Sari se había levantado por la mañana y la había seguido todo el camino con la excusa de querer conocer a Gaara, pero eso no la tenía muy convencida, puesto que Sari era un poco lanzada y, no le agradaba la idea de que se conociera con Gaara, después de todo él era su objetivo.

Las dos jóvenes castañas caminaron hasta llegar al edificio de las empresas Konoha. Matsuri ingresó, siendo seguida por su mejor amiga que no la pensaba abandonar hasta no haber visto personalmente a aquel sexy pelirrojo, no era que quisiera algo con él, simplemente que ella –aunque Matsuri no quisiera creerlo- tenía una especie de don, era capaz de reconocer ciertos aspectos en las personas que la mayoría de la gente no podía con sólo verles unos momentos y, tenía la ligera sospecha de que aquel hombre le estaba comenzando a gustar a su amiga, así que quería saber si ella estaba o no en buenas manos.

Ambas abordaron el ascensor, mientras que Matsuri se trataba de hacer la desentendida hasta que llegaron a su piso, el cual obviamente era el último, en donde se encontraban las oficinas de todos los accionistas y la gente importante de la empresa.

Al abrirse las puertas, Matsuri caminó hacia su escritorio mientras que Sari le seguía el paso, hasta llegar a su lado.

—Vamos, muéstramelo no seas egoísta – Reclamaba la joven, haciendo suspirar a Matsuri una vez más, pero justo cuando ella pensaba negarse y echarla a patadas, sintió un aliento sobre su nuca, que le hizo erizar por completo la piel.

—Matsuri, quiero las carpetas que ordené ayer en una hora en mi oficina – Ordenó él, mirándola de forma seductora, aunque ella no lo pudo notar pues le daba la espalda.

Sari se volteó para mirarlo y él también la miró, por lo que sus vistas se clavaron entre sí por largos segundos, que de pronto parecieron algo eternos e incómodos.

—Con permiso – El pelirrojo se alejó sin siquiera preguntar el nombre de esa chica, porque cuando la había mirado sintió algo extraño, como si ella le estuviese analizando, escaneando, cosa que no le gustó para nada, y a pesar de que era muy hermosa no le había causado ese incontrolable deseo por tenerla en su cama, al menos no como Matsuri lo estaba haciendo, tal vez era el hecho de encontrarse tan concentrado en obtener a esa mujer, en tenerla entre sus sábanas para hacerle todo lo que quisiera, para hacerla suya hasta sentir que su cuerpo no podía más. Seguramente este tema de ganar le estaba afectando más de la cuenta.

—Muy bien Sari, ya lo viste, ahora vete – Dijo Matsuri en tono de regaño, pero Sari parecía no oírla, estaba como ensimismada, retraída. Entonces la ojinegra pasó una mano frente al rostro de su amiga, logrando hacerla reaccionar por fin -. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

—Matsuri ese sujeto… - Murmuró Sari aún sin quitar su vista del camino que Gaara había tomado -. No creo que sea buena idea lo que estás haciendo, él… él es de esos que no tienen sentimientos, si tú te llegaras a enamorar te romperá el corazón en mil pedazos.

—¿Qué dices Sari? No seas ridícula – Bromeó la chica ante la advertencia de su amiga, pues de verdad Sari ya necesitaba un sicólogo, cada día inventaba algo nuevo, ese aire de esotérica que se traía encima no era más que una tontería.

Sari sólo la miraba de forma reprobatoria, podía que Matsuri no confiara en sus palabras, pero no quería verla arrepentirse luego, porque de seguro eso sucedería, ella sufriría por ese hombre, él la destrozaría el corazón, podía ver en sus ojos el deseo de lastimar a los demás, de hacerles daño a las personas que no tenían nada que ver con su sufrimiento, porque al parecer esa era su única forma de sobrevivir.

—Haz lo que quieras, yo he cumplido con advertirte – Le dijo la muchacha castaña dándose la vuelta, sin embargo sus aires de esotérica no le sirvieron para intuir que alguien venía caminando justo detrás de ella y que cuando se diera la vuelta le tiraría todos los papeles que traía en las manos. La chica se vio de pronto rodeada de una lluvia de papeles que habían caído por su culpa, por haber empujado al sujeto que los portaba -. Ay Dios, lo siento tanto.

—Demonios, tendré que volverlos a ordenar – Se quejó el hombre agachándose a recogerlos. Sari se sentía tan avergonzada que se tuvo que agachar para ayudarle, incluso Matsuri se acercó a ayudar.

—¿Se encuentra bien, Kankuro-san? – Preguntó la ojinegra recogiendo varios papeles del suelo. Al oír su nombre Sari se le quedó viendo detenidamente, perdiéndose por segundos en su mirada.

—Sí, no fue nada Matsuri gracias – Respondió el castaño terminando de recoger todo. Ya se había presentado con la nueva adquisición de su hermanito, la verdad era que Matsuri le parecía una jovencita muy guapa, pero algo en ella era diferente de todas las demás secretarias que había tenido Gaara, posiblemente aquello era que esta chica sí tenía cerebro y acostumbraba a usarlo, no como las demás que eran la mayoría rubias sin inteligencia, que se dejaban llevar fácilmente por palabras bonitas, encandilándose, dejándose atrapar.

Por un momento decidió posar sus ojos sobre la otra chica, nunca la había visto en su vida, pero sentía como si de alguna forma sí lo hubiera hecho, como si la conociera, como si hubiese estado esperando este pequeño y casual encuentro ¿Pero que podía significar ese extraño sentimiento?

—Soy Kankuro Sabaku No, mucho gusto – Dijo extendiendo su mano hacia la joven, la cual la estrechó con una sonrisa adornando sus labios.

—Sari, Sari Mikoshi – Respondió la castaña, ante la mirada pícara que de pronto había puesto Matsuri ¿Es que acaso a eso le llamaban amor a primera vista?

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Kiba tomó asiento en aquella mesa de la fuente de sodas Fresh Sport y miró a la persona que tenía en frente, quien llevaba puesta ropa bastante abrigada, sobre todo por aquella chaqueta con cuello alto y cierre, que dejaba ver sólo la mitad de su rostro. También llevaba lentes oscuros y una capucha negra que era parte de su chaqueta.

—Veo que eres puntual, siempre estás aquí antes que yo ¿Verdad Shino? – Preguntó el castaño poniendo una sonrisa de familiaridad con aquel sujeto, quien sólo le miraba de forma seria y serena.

—Así es – Respondió tomando una taza de té entre sus manos y bebiendo un sorbo —. Y tú siempre tan impuntual Kiba, tal y como siempre.

—No te pongas melodramático – Rezongó en castaño frunciendo el ceño casi con aburrimiento. Shino le miró directamente, por lo que Kiba se sintió un poco nervioso, tanto que no pudo soportar demasiado esa presión —. Bueno ¿Qué me ves?

—¿Te ha pasado algo últimamente? Te noto algo afectado – Comentó Shino volviendo a beber de su taza de té, dejando a Kiba algo perplejo por su rápido análisis de la situación —. Dime ¿Problemas con Ino o algo así?

—No exactamente con Ino – Respondió el Inuzuka cruzándose de brazos y desviando la mirada, lo que menos quería era que su amigo lo estuviera sicoanalizando como solía hacerlo cada vez que le veía —. Pero el asunto no es conmigo, sabes que te vine a hablar de otra cosa así que no me cambies el tema.

—Hinata no necesita mis consejos, ella ya está muy grande – Aseguró Shino, mas Kiba sólo suspiró algo resignado, no podía negar que ese sujeto como sicólogo era as, pero de nada valían las palabras que acababa de decir, Hinata necesitaba ayuda y mucha.

—Te equivocas Shino, Hinata está muy mal, necesita que alguien le ayude a aclararse sino terminará cometiendo alguna locura, lo sé – Dijo convencido. Shino arqueó una ceja al no comprender tanta insistencia de su parte ¿De verdad Hinata necesitaba hablar con un sicólogo ahora?

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—Estoy esperando ¿Quién es imbécil? – Volvió a insistir el Uchiha ante el silencio rotundo de las dos mujeres que se encontraban frente a él. Esto era el colmo, había estado prácticamente desde anoche devanándose los sesos por el asunto de Sakura y Naruto, incluso mientras trataba de hacer que las cosas entre él y Hinata funcionaran, y ahora se encontraba con que era un imbécil apenas llegaba al departamento de su mejor amiga.

—S-Sasuke… y-yo… - Sakura no sabía que carajos decir, no tenía ni una sola palabra que pudiera salvarla en este momento ¿Y si Sasuke había oído algo comprometedor? Como por ejemplo que ella pensaba en él, no quería ni imaginar si él se llegaba a enterar de sus sentimientos, no podía suceder algo así, ese sería su fin.

Se estaba muriendo del miedo.

Ya no me provoques, vete, me resultas aburrido

—Bueno, Sasuke y Sakura, yo me tengo que ir, hoy no pienso llegar tarde – Dijo Ino mirando a Sasuke y sonriendo para zafarse de la situación. Tomó su bolso y las llaves de su auto, para luego salirse por la puerta pasando al lado del Uchiha, que seguía parado ahí como si fuera un policía interrogando a un delincuente, en este caso Sakura.

Sakura sólo miró incrédula como su mejor amiga abandonaba la escena del crimen, cargándole totalmente sobre sus hombros al muerto ¡Genial! Encima de que la metía en tremendo lío con Sasuke, se daba el lujo de abandonar la embarcación cuando estaba a punto de hundirse.

—Y bien Sakura – Sasuke volvió a dirigir su mirada hacia la peli rosa, después de haber mirado por segundos a Ino mientras ésta partía —. Respóndeme, de que era lo que hablaban cuando llegué… y… ¿Es verdad que tú y Naruto…?

—¿A que has venido Sasuke? – Evadió hábilmente la chica, pues no estaba dispuesta a caer tan fácil, definitivamente no le confesaría a Sasuke que lo amaba, antes preferiría morir, más ahora que conocía a su amante, que sabía la clase de persona que él podía llegar a ser, pues se había atrevido a engañar a su esposa con otra por simple placer.

—¿Desde cuando necesito un motivo para venir a verte? Eres mi amiga ¿O no? – Sasuke se sintió algo dolido por el tono que ella había usado, como queriendo hacerle ver que no tenía absolutamente nada que hacer en este lugar, que su presencia no era necesaria para ella. Claro, ahora que era novia de Naruto ya no lo necesitaba más —. ¿Y no estás acaso con tu novio?

No me importa lo que digas

Yo soy libre y tú has perdido

—Naruto y yo no estamos juntos todo el tiempo, sólo somos novios… no esposos – Le recordó Sakura sintiendo una opresión en su pecho. Sabía que esta mentira era estúpida, ella sólo amaba a Sasuke y no lograría querer a nadie más como a él, ni a Naruto ni a nadie, pues a pesar de lo bien que le caía el rubio lo que había entre ellos no pasaba de eso —. Sasuke ¿Por qué no te vas? Imagino que tienes mucho trabajo, y además hoy tu hija saldrá del hospital.

—¿Acaso te molesta mi presencia? – Inquirió Sasuke dándose la vuelta. No sabía por que se sentía tan estúpidamente ofendido con todo esto del noviazgo de Sakura, tal vez era porque siempre pensó que ella estaría sola, que siempre sería su mejor e incondicional amiga, esa que estaba ahí sólo para él, pero debería haberse dado cuenta ya de que Sakura también tenía una vida, que no sólo él existía en su mundo, aunque le hubiese gustado que así fuera —. De acuerdo, me voy entonces, espero que lo tuyo con Naruto siga estando tan bien – Y sin más abandonó el departamento, dejando a Sakura sola y algo desconcertada.

Ella se dejó caer sobre el sofá, sin poder evitar derramar una que otra lágrima de amargura, porque se sentía de lo peor en este momento.

—Sasuke… eres un imbécil… ¿Cómo no has podido darte cuenta de que siempre te he amado? Que no existe nadie más para mí… - Se decía con desconsuelo, porque a pesar de negarse a sí misma la oportunidad de decirle todo a Sasuke, no podía evitar sentir impotencia, porque él jamás la vería como lo que era, jamás sentiría amor por ella y por esa razón pensaba olvidarlo, ahora sí, para siempre.

Hoy te haré la guerra, te echaré por tierra

Hoy la puerta se te cierra

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Gaara se encontraba en su oficina revisando unos cuantos presupuestos. La hora que le dio a Matsuri para traerle sus informes ya había pasado, por lo que ella debía llegar en cualquier momento. Era cierto que ayer las cosas habían acabado mal, por no decir que pésimas, pero hoy haría su mejor esfuerzo por tragarse su orgullo y actuar como un verdadero hombre caballeroso, porque al parecer eso sí le gustaba a la castaña.

—Permiso – Se escuchó esa dulce y melodiosa voz, mientras que tocaba levemente a la puerta. Gaara sonrió de medio lado, su presa ya estaba casi en la trampa, faltaba poco para que cayera, porque tarde o temprano terminaría como las otras; en su cama.

—Pasa Matsuri – Dijo poniendo su seria expresión, esa que le encantaba usar para que las chicas como ella se quedaran sin aliento. Matsuri abrió la puerta y entró sin mirarle ni por un segundo a los ojos, lo que le hizo fruncir el ceño, porque si ella no lo observaba su mirada matadora no serviría de nada —. ¿Ya tienes listo lo que te pedí?

—Así es señ… Gaara, ya está todo listo – Respondió Matsuri manteniendo la mirada baja, clavada en el suelo. Gaara recibió la carpeta azul de sus manos, haciendo contacto con esa suave piel que cada vez más deseaba tocar completa. Matsuri tembló levemente y él pudo sentirlo, de verdad la tenía nerviosa, tal vez por eso no lo miraba.

—Matsuri ¿Sucede algo? – Se atrevió a preguntar, parándose de su asiento para posicionarse en frente de ella. Matsuri negó con la cabeza, estaba actuando como una auténtica chica avergonzada, quería ver como él reaccionaba ante esto —. Oye… ¿Por qué no me miras?

—Es que yo… - La castaña desvió el rostro hacia su derecha, mostrándose cada vez más apenada, hasta el punto de que sus ojos negros se cristalizaran como si fuese a llorar. Gaara se sorprendió al ver aquello, aunque mil y un veces había visto a las mujeres llorar por su causa, no entendía que le pasaba a ella ni por que verla así le causaba tanta inquietud, además no recordaba haber hecho nada para hacerla llorar.

—Oye… ¿Estás bien? – Preguntó apoyando ambas manos sobre los hombros de la chica, mirándola fijamente y con expresión de preocupación. Matsuri sonrió internamente al darse cuenta de que había logrado su objetivo, causarle a él un sentimiento de culpa, quería verse como una chica frágil y dulce para que así sintiera culpa por querer sólo sexo con ella, realmente –y cuando quería- podía llegar a ser muy perversa.

—Yo lo siento… no quería ponerme así… - Dijo alejándose de Gaara para darle la espalda —. Perdona… es que yo… me siento muy avergonzada por la pelea de ayer en la noche… no debí hablarte de esa forma…

Gaara la miró casi boquiabierto, no se esperaba esto, no esperaba que ella se disculparía por aquello, por lo que había jurado que la haría pagar pues había sido una ofensa hacia su hombría. Nunca había conocido a una mujer que le diera tantas sorpresas, que cada vez que se cruzara con ella le hiciera descubrir algo nuevo de sí misma, Matsuri era tan diferente a todas que de cierta forma eso le hacía sentir feliz, feliz de haber encontrado por fin a alguien que suponía un reto para él, pero de una cosa estaba seguro; no se podía enamorar de ella, la conquistaría, se acostaría con ella y cumpliría la apuesta, después… simplemente la dejaría como al resto, debía apegarse al plan original por muy difícil que se estuviera volviendo, a pesar de que hacerle daño… ya comenzaba a hacerle sentir mal.

—Oh vamos… - El pelirrojo carraspeó para aclararse la garganta, tomando a Matsuri nuevamente por los hombros para voltearla y hacer que lo mirara a los ojos. De nuevo ver sus ojos negros cubiertos de lágrimas le formó un nudo en el estómago, pero trató de controlarse —. No te tienes que poner así, eso sólo fue una tontería sin importancia, sólo olvidémoslo y ya.

—D-de acuerdo – Matsuri se secó las lágrimas con la manga de su chaqueta y luego sonrió ampliamente y con extrema ternura, provocando que el corazón de Gaara diera un extraño salto dentro de su pecho.

—Bien – Él desvió la mirada y se alejó de ella. No podía seguir viéndola, él tenía que controlarse y pensar en que esto sólo era un juego, no podía sentir esas cosas cada vez que Matsuri le sonreía de esa forma, se suponía que él jamás volvería a confiar en una mujer, jamás se enamoraría de nuevo, tenía miedo.

Miedo, ya no podré vivir contigo

Miedo, que contaminas todo y envenenas todo

La castaña hizo una leve reverencia y salió de la oficina, era cierto que había actuado, que sus lágrimas habían sido falsas, pero engañarlo… no se sentía bien, y no sabía por que se sentía así cada vez que estaba con Gaara.

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Sasuke ya llevaba un buen rato en su oficina, pero se fijó que ya iba a ser la hora en que su hija saldría del hospital, por lo que debía ir a recogerla. Se levantó y salió, cerrando la puerta tras su espalda, pero en ese momento se apareció Karin frente a sus ojos, lo tomó de la mano y lo volvió a meter dentro de la oficina, sin que él tuviera tiempo para hablar.

—¿Qué te propones? – Cuestionó Sasuke con el ceño fruncido, aunque le sorprendió ver la expresión de dolor en el rostro de la pelirroja.

Lo había estado pensando por mucho tiempo, negándose a hacer lo que iba a hacer, pero ya no podía soportarlo más, el trato que Sasuke le daba la estaba matando y de seguir así, acabaría con su vida, ya no podía soportarlo.

—Sasuke – Habló la pelirroja sin mirarle a la cara, sentía que si veía sus ojos se podría arrepentir y volvería a caer a sus brazos irremediablemente, no tenía la culpa, estaba enamorada —. Sólo quería decirte que… como no respondiste a mi mensaje de anoche… lo tomaré como que no quieres tener nada más conmigo… y… es mejor así…

—¿De que carajos estás hablando? ¿Cuál mensaje? – Preguntó el Uchiha confundido, pues la verdad era que ni idea tenía de aquel mensaje, es más, desde la mañana que no tenía consigo su celular, al parecer lo había olvidado en casa —. Karin… ¿Qué estás diciendo?

—Por favor, ya basta, ya deja de hacerte el desentendido, por favor deja de hacerme daño Sasuke, ya no quiero seguir siendo tu amante, esperando eternamente a que abandones a tu esposa… ya no más… - Los ojos de Karin estaban cubiertos por las lágrimas. Sasuke jamás había visto algo así, ver llorar a Karin, la fuerte, la que siempre lo había consolado a él, que era el único apoyo que encontraba cada vez que Hinata lo rechazaba.

—Karin… ¿Esto quiere decir que todo se ha terminado? – De cierta forma esta noticia le dolía, el dejar de depender de ella, le daba miedo quedarse solo.

Miedo, a no llegar a estar perdido

Miedo, sé que me quieres ver perder el juego

—Así es Sasuke, ya esperé mucho, ya me cansé, yo… yo también tengo sentimientos, y te amo, pero no puedo más – Sin decir una sola palabras más, Karin salió de la oficina de Sasuke en silencio, tratando de no demostrar que había estado llorando, nadie podía conocer su debilidad, ahora que había dejado por fin a Sasuke ese dolor que sentía su corazón, poco a poco se iría curando.

—Karin… - Sasuke no sabía ya que hacer, por un lado estaba Hinata, la mujer que era su esposa y que amaba –supuestamente- con todo su ser, por el otro se encontraba Karin, la persona que había estado a su lado de forma incondicional, a quien él destruyó sólo por capricho y se sentía arrepentido de ello, jamás debió tratarla de esa manera porque ahora ya no tendría en quien refugiarse, pero en una tercera instancia se encontraba ella, aquella mejor amiga que siempre había tenido a su lado, que jamás había visto como a una mujer, pero ahora que sabía que ella estaba con alguien, no dejaba de preguntarse que demonios se pasaba por su cabeza para que no lo pudiera aceptar, no era capaz de reconocer que Sakura sí representaba algo más en su vida ¿Pero que?

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Kiba estaba atendiendo a un perrito enfermo que habían llevado a su consulta. Estaba a punto de terminar cuando oyó unos pasos de tacón apresurados que iban hacia su oficina. Suspiró cansinamente, pues sabía bien de quien se trataba.

—¡Kiba! – Ino abrió la puerta del consultorio veterinario, dejándose ver con un despampanante y nada recatado vestido de color lila claro, que dejaba en claro que la chica estaba muy bien dotada, eso notaron los tipos que esperaban afuera a que atendieran a sus mascotas y que babeaban con sólo verla.

—Ino ¿Qué haces aquí y en esas fachas? – Preguntó el castaño frunciendo el ceño, estaba molesto de que esos tipos estuvieran viendo a su novia con cara de pervertidos, además, seguro en la calle había sucedido también y eso no lo podía soportar.

—No me hagas preguntas estúpidas Kiba, más bien dime tú ¿Por qué me acabo de enterar que anoche tuviste una cita con la hermanita de Hinata? – Ella preguntó dolida, no pensó jamás que a Kiba le pudiera gustar esa niña, pero si había salido con ella era por algo.

—No seas ridícula, Hanabi es mi amiga igual que Hinata, y no tuvimos una cita, sólo la acompañé ¿Y a todo esto como te enteraste? – Preguntó sin darle la mayor importancia al asunto, la verdad era que hoy no estaba de humor para pelear con Ino por tonterías, antes se la pasaban de lo más felices, pero ahora cada vez que se veían no hacían más que discutir.

—Ella fue hoy a la oficina… y me lo contó… me dijo "que bien la pasé anoche con tu novio"… ¿Cómo pudiste Kiba? – Ino seguía reclamando, pero esta vez Kiba sí la miró, tenía algo que aclarar.

—Espera un minuto, estás malentendiendo todo Ino, eso que te dijo no es… - Él trató de explicarse, no podía dejarla pensar lo que no era, pero la rubia sólo le estampó su mano en la mejilla, dejándola roja, ante las miradas atónitas de todos los que estaban afuera, pues la puerta estaba abierta y ninguno hacía el esfuerzo por no escuchar y observar.

—¡Eres un idiota, terminamos! – Le gritó Ino antes de salir corriendo, con los ojos llenos de lágrimas. Kiba estaba un tanto aturdido, lo único que tenía en mente era que su novia acababa de cortar con él en frente de toda la clínica, pero eso no era lo importante, lo importante era que ahora Ino pensaba que él era un patán, que la había engañado con Hanabi cuando eso no era cierto.

—¡Ino, espera! – Atinó por fin a salir corriendo detrás de ella. Corrió hasta salir del edificio, pero no la vio, ella ya se había ido, además él no podía ir a buscarla, no podía abandonar su trabajo así como así —. ¡Maldición!

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Tenten se encontraba caminando hacia la cafetería de la empresa, ya venía siendo hora de comer algo, así que no esperaría pues estaba muerta del hambre. Pidió lo que iba a comer y se sentó muy feliz en la mesa, más cuando vio a Kankuro dirigirse a ella.

—¿Qué hay pequeña Tenten? – Preguntó el castaño sonriente. Tenten le correspondió el gesto mientras lo observaba sentarse a su lado —. Últimamente te he notado más distante del genio Hyûga – Comentó mirando de reojo al mencionado, que se encontraba sentado en otra mesa un tanto apartada.

—Kankuro, no me hables de ese infeliz, es un idiota del que ni siquiera me quiero acordar que existe – Dijo la chica frunciendo el ceño, lo que hizo a Kankuro soltar una carcajada graciosa, Tenten podía hacerle reír tanto cuando se comportaba así —. ¿Cuál es la gracia?

—Tú siempre diciendo que no lo quieres ni ver, pero te he observado, siempre que él no está mirando te quedas pegada ahí como una tonta mirándolo.

—¡E-eso no es cierto! – Exclamó Tenten molesta y sonrojada, poniéndose de pie y golpeando la mesa. Llamó la atención de algunos de los que estaban ahí, incluido Neji, que observó detenidamente como ella hoy traía su cabello suelto, era un cabello precioso a decir verdad, pero extrañaba esos chonguitos.

—Ya, cálmate mujer – Le recomendó el Sabaku aún sin parar de sonreír. Tenten soltó un suspiro y se sentó más calmada, pero no sin antes mirar de reojo al Hyûga

— ¿Y tú que traes que te ves tan feliz?

—No sé, pero creo que tiene que ver con que hoy conocí a alguien – Confesó poniendo una pose pensativa, pues estaba recordando a aquella hermosa chica que había visto esta mañana y con quien chocó. Supo después que era una amiga de Matsuri, aunque no se atrevió a pedir más datos para que no fuesen a pensar mal.

—Mmm, picarón, te lo tenías bien guardado – Le comenzó a molestar, logrando que Kankuro se sonrojara un poco. Los dos siguieron hablando, mientras Neji les miraba con rabia ¿Por qué esos dos se llevaban tan bien?

Par de tontos, sobre todo esa tonta te Tenten, como la odio… - Pensaba aún mirándolos, pero volteó al sentir que alguien ponía una mano sobre su hombro, se trataba de Gaara, que se sentó a su lado a comer.

—¿Qué te traes? Tienes una cara que ni tú te aguantas – Le dijo el pelirrojo con cierto tono de burla, por lo que Neji bufó molesto, a veces esas bromitas de Gaara le molestaban de sobremanera. Gaara volvió a reír algo divertido y luego de unos segundos suspiró, como si Neji no fuese el único con problemas.

—A mí no me pasa nada tan importante como a ti, por lo que veo – Dijo el Hyûga mirando a su amigo —. ¿Qué ha sido ese suspiro tan intenso? – Le preguntó arqueando una ceja.

Gaara pareció molestarse ahora, debía admitir que este tema de Matsuri le estaba afectando más de lo normal, se suponía que sólo debía cumplir la apuesta y ya ¿Entonces por que no simplemente iba y lo hacía? Porque quería que ella lo deseara también, esa era la respuesta, quería que tanto él como Matsuri desearan ese momento, tal vez era justo eso lo que le impedía tomarla de una vez y hacerla suya.

—No es nada, no digas tonterías – Respondió ocultando la verdad tras su manto de sarcasmo, era lo que siempre hacía, desde que ella le había traicionado, ya no podía confiar en ninguna de las mujeres que pasaban por su vida, por eso las dejaba apenas obtenía lo que quería, no buscaba nada más que sólo placer —. ¿Qué me podría pasar a mí?

—No sé, por la cara que tienes me parece que es algo relacionado con una chica, pero vamos ¿Cuándo has tenido tú problemas con mujeres? – Se dijo haciendo mención en lo obvio el ojiblanco, después de todo sabía que para conquistar a alguien Gaara nunca tenía ningún impedimento, sólo que esta vez era distinto —. Como sea, yo que tú me hartaría, como lo dice Shikamaru, las mujeres son problemáticas.

—No puedo creer que hayas copiado mi frase – Se escuchó una voz algo taimada. Ambos se dieron la vuelta y notaron la peculiar figura de Shikamaru Nara trayendo su bandeja de comida en las manos. El pelinegro se sentó frente a Gaara, dejando lo que traía en sus manos sobre la mesa —. Que problemático es esto de comer, que flojera.

—Tú no cambias más – Comentó Gaara tapándose la mitad izquierda de su cara, poniendo expresión de resignación. Neji observó a Shikamaru, para hablar pasados unos segundos mientras el Nara comía con flojera.

—¿Algo te molesta Shikamaru? Casi nunca vienes a sentarte con nosotros y si lo haces es sólo porque tienes algo que contar.

—Ahora que lo dices… - Lo secundó Gaara, clavando su mirada verdosa en Shikamaru, que se atragantó con la comida y comenzó a golpear su pecho. Bebió un poco de refresco y volvió a golpearse el pecho, hasta que finalmente pudo respirar con tranquilidad —. ¿Y bien?

—B-bueno… yo… - Shikamaru estuvo a punto de hablar, quería comentar eso que oyó el otro día, pero al ver pasar frente a ellos a Naruto Uzumaki de pronto sintió la extraña necesidad de quedarse callado, no tenía por que hablar si no estaba seguro del asunto, lo mejor era guardar silencio y esperar hasta averiguar algo más —. No, no es nada, de verdad.

Temari pasó frente a ellos y sonrió al Nara, quien se le quedó viendo como idiota hasta que desapareció de su vista. Gaara notó el hecho y frunció el ceño, volteando a ver a Shikamaru con ojos asesinos.

—¿Qué le ves tanto a mi hermana?

—Ah… yo…

—Déjalo ¿No ves que se muere por ella? – Interrumpió Neji algo divertido, después de todo aunque fuera un amargado había cosas que sí le causaban gracia, entre ellas la extraña relación que llevaban Shikamaru y la hermosa y seductora Temari, pues él parecía morirse del miedo de que Gaara se enterara y se la pasaba huyendo de la rubia.

Gaara sólo bufó molesto y se cruzó de brazos, odiaba que los hombres se fijaran tanto en su hermana ¿Pero que podía hacer? Ella era toda una mujer ya, no debía cuidarla tanto aunque quisiera.

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Hinata salía del hospital junto con su pequeña hija en los brazos. Estaba algo pensativa, mientras que la niña sonreía, llevando consigo el conejo rosado que Naruto le había regalado.

—Mami… ¿Dónde está papi? – Preguntó la inocente niña, pues había notado que su padre no estaba ahí con ellas. Hinata entonces recordó lo de anoche, lo que había leído anoche en el celular de Sasuke.

Tenía el celular de Sasuke entre sus manos, estaba atónita observando aquel mensaje de texto que acababa de llegar.

—"No me has respondido, eso quiere decir que no te importo. Sasuke… eres todo para mí, te amo pero ya no puedo seguir"

Hinata quiso saber de quien se trataba, leer el otro mensaje, pero en ese instante Sasuke se dio una vuelta en la cama e hizo un sonido como si hubiese despertado, así que ella volvió a dejar el celular sobre la mesa y se metió rápidamente a la cama.

No puede ser… Sasuke… ¿Él tiene a otra mujer? – Pensó desconcertada. No lo culpaba, después de todo él hacía mucho aguantándola, pero aún así era difícil de creer, él siempre había parecido tan correcto y enamorado… siempre.

—No lo sé Hime-chan, tal vez papá aún tenga mucho trabajo – Respondió Hinata sonriendo de esa forma en que siempre lo hacía para tranquilizar a su hija. Era la única persona en todo el mundo que podía con esa niña, a nadie más le hacía caso tan rápidamente como a ella, eso era porque Hime sabía que su madre le decía las cosas por su bien, a pesar de ser sólo una niña podía entenderlo.

—Mami ¿Y el señor sol? – Ahora preguntó mirando al conejo. Hinata se detuvo en seco, justo antes de llegar al auto. Bajó a la niña y la quedó mirando, mientras ésta ponía cara de berrinche —. Mami, Hime-chan quiere ver al señor sol ¿Dónde está? ¿Por qué no vino a verme?

—¿Para que quieres ver a ese señor Hime-chan? – Interrogó Hinata, una vez más mostrando su cálida sonrisa, pero la niña seguía sin cambiar su expresión.

—El señor sol es amigo de Hime-chan, Hime-chan quiere ver al señor sol mami ¡Lo quiere ver!

A veces Hime podía tener un carácter increíblemente terco, Hinata no se explicaba de done habría salido si ella no era así, pero claro, ahí estaba el asunto, seguro salió a su padre. Era igual de testaruda que Naruto Uzumaki, cuando se lo proponía ni siquiera Hinata la podía tranquilizar.

—Cálmate amor, el señor sol no está aquí – Le dijo la ojiperla, pero enseguida notó como la cara de su hija pasaba de estar enojada a estar tremendamente triste —. ¿Hime-chan?

—¡Hime-chan quiere ver al señor sol! – Volvió a exigir la pequeña, comenzando a soltar gruesas lágrimas de sus grandes ojos azules. Hinata no sabía que hacer ¿Cómo explicarle que no podía volver a verlo nunca más? No se esperaba que la niña le hubiese tomado tanto cariño a Naruto, pero al final era obvio el por que.

—Hime-chan…

—¿Quién es el señor sol? – Se escuchó una voz masculina. Era Sasuke, que había entrado a buscarlas y le dijeron que ya habían salido, por suerte las alcanzó en el estacionamiento. Hime lo miró hacia arriba y se lanzó a sus piernas, pues era tan pequeña que apenas ahí llegaba —. ¿Qué pasa Hime?

—Papi, Hime-chan quiere ver al señor sol, dile que venga papi – Rogaba la pequeña, que aún tenía abrazado su conejo rosado. Sasuke miró a Hinata sin comprender, mientras que la Hyûga sólo suspiraba resignada, pero por más que su hija llorara no iba a dejar que Naruto la viera, él no tenía ningún derecho.

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Gaara estaba caminando por un pasillo del edificio. Iba pensando en todo lo que había pasado, se suponía que él debía conquistar a Matsuri, no ser conquistado por ella ¿Entonces que rayos estaba haciendo parado ahí como un estúpido? Le debía enseñar a esa mujer quien era él, que con él no se jugaba, que de él nadie se burlaba, que de Sabaku No Gaara nadie escapaba.

Presionó el botón del ascensor para hacerlo llegar a su piso y una vez que las puertas se abrieron entró distraídamente. Cuando las puertas estaban por cerrarse notó la mano de alguien abriendo, así que levantó la mirada para encontrarse con su hermosa secretaria entrando al ascensor, quedándose los dos solos en ese reducido espacio, tentador.

—Gaara, perdona si entré de sorpresa – Se disculpó la castaña sonriendo, pero se quedó quieta al ver que Gaara no le quitaba la vista de encima, que esos ojos aguamarina no paraban de mirarla como si se la fuesen a comer —. ¿G-Gaara?

—Oye Matsuri… ¿Sabes? – El pelirrojo se acercó a ella de manera sugestiva, provocando que todo el cuerpo de la chica temblara del nerviosismo ¿A que demonios jugaba? —. Hoy me había hecho a la idea de no hacer esto, pero te veo aquí en este pequeño lugar conmigo y no lo puedo evitar, tus labios lucen tan apetitosos…

—Que estás diciendo… por favor no digas esas cosas absurdas… - Matsuri trató de alejarse, pero su espalda topó contra el final del camino; no había escapatoria, estaba perdida. Gaara se acercaba cada vez más, estaba ya respirando su aliento, ella cerró los ojos, y sintió esos cálidos labios sobre su cuello, se estremeció completamente, pudo llegar a verse tan débil y patética en ese momento…

Y entonces Gaara se separó de ella. Matsuri abrió los ojos y vio como él le sonreía, para que segundos después las puertas del ascensor se abrieran, dejando ver la salida.

—Después terminamos – Le avisó antes de salir.

Matsuri por su parte, se había quedado petrificada y completamente aturdida, en ese momento pensó que iba a morir, Gaara realmente sabía como jugar sus cartas.

—Demonios… - Susurró aún algo agitada. Se miró en la pared de espejo del ascensor y notó que estaba completamente sonrojada, todavía peor —. Soy una tonta – Suspiró.

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La sección de fotos terminó e instantáneamente Ino dejó de sonreír ¿Cómo podía sonreír cuando hace sólo unas horas había roto con su novio? Pero sabía que su trabajo se lo exigía.

Tomó un vaso de agua de la mesa y se dirigió a una silla solitaria para sentarse. Estaba triste, se sentía desilusionada ¿Por qué todos los hombres eran iguales? Siempre mirándola con esa expresión de pervertidos, no podía ver lo que de verdad era ella, el único que lo había hecho había sido un patán que se metió con la primera que se le cruzó por enfrente.

—¿Por qué a mí? – Se preguntó dolida y soltando un hondo y sentido suspiro.

En ese instante Sai la divisó, le había estado tomando fotos todo el tiempo pues Shiro había salido a atender unos asuntos, así que era él quien estaba a cargo, pero se había dado cuenta de que la sonrisa que todo el día había estado mostrando la rubia era falsa, ella estaba triste por algo y él lo iba a averiguar, además de paso le notificaría que en realidad no era gay.

—Ino-chan ¿Puedo sentarme? – Preguntó sentándose junto a la chica luego de acercar una silla. Ino lo miró y soltó una pequeña risa.

—Pues ya lo has hecho – Respondió ella, pero enseguida desvió la mirada. Sai se dio cuenta de que ella no estaba bien, por lo que no dudó en preguntar.

—¿Te sucede algo malo?

—Podría decirse… - Ino bajó la mirada, sin darse cuenta una lágrima se deslizó por su mejilla y abrazó al chico que estaba a su lado —. Ay Sai, mi novio es un idiota y… terminamos… - Confesó comenzando a llorar. Sai la rodeó por la cintura, ni siquiera sabía que tenía novio, pero lo que importaba era que debía hacerla sentir mejor, y que habían terminado.

—Tranquila Ino-chan, no llores que si ese hombre no te ha sabido apreciar es porque es un idiota – Aseguró el pelinegro acariciando el largo cabello rubio de Ino, la cual asintió con la cabeza y se separó de él, mirándolo con tristeza reflejada en sus ojos, pero sonriendo.

—Gracias Sai, tú no eres como todos, por eso me agradas, el hecho de que seas… pues así como eres, significa que eres el único que al que no le intereso sólo por mi cuerpo, por eso… por eso confío en ti – Y dicho esto lo volvió a abrazar, mientras que la expresión desencajada en el rostro del moreno no podía ser más graciosa.

Si le decía la verdad ¿Ino lo odiaría?

Continuara…

Avance:

Sai decide seguir con la mentira para no lastimar a Ino, mientras que Kiba intentará explicarle las cosas, pero todo se complica por culpa de Hanabi. Las cosas entre Gaara y Matsuri son cada vez más tensas, pero ambos comienzan a sentir lo que no debían. Hinata decide enfrentarse a Sasuke por lo del mensaje, exigiéndole una explicación y la identidad de esa mujer. Shikamaru decide investigar por su cuenta lo que se traen Sai y Naruto, mientras que el rubio, se encontrará con una persona que podría descubrirlo en frente de todos en una reunión organizada por la empresa.

Próximo capítulo: Descubierto.

Pequeño Omake:

Aparece Sai sentado en una silla y leyendo un libro de portada color rosa. Lo observo algo intrigada y me le acerco.

—¿Qué haces Sai? – Le pregunto de lo más normal. Él me mira por un segundo y luego vuelve su vista al libro.

—Leo un libro.

En mi frente se marca una venita.

—Eso ya lo sé, lo que quiero saber es de que trata – Le aclaro preparando mi puño, entonces levanta la portada y puedo leer en ella "comportamiento de un homosexual".

Me le quedo mirando con la boca abierta mientras él sigue tranquilamente con su lectura. Arqueo una ceja.

—¿De donde saca ese tipo de libros? – Me pregunto intrigada.

Fin Omake.

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¿Ustedes saben de donde saca Sai esos libros? Porque yo no xDDD

¿Quién será la persona que puede descubrir a Naruto? ¿Qué saldrá del enfrentamiento entre Hinata y Sasuke?

¿Naruto baka algún día descubrirá toda la verdad oculta que hay tras el asesinato de su padre?

Esperen y verán ^^

Espero que les haya gustado el capítulo, trataré de poner mucho más de todas las parejas en el siguiente, pero no puedo dejar de lado la intriga ni el misterio de la historia ¿Verdad? Los capítulos se me hacen larguísimos, pero creo que así les gusta más ¿No? ^^

Sin más me despido, avisando que nos encontramos en cualquiera de mis otros fics ^^

¡Bye!