Aihime vio a Ulquiorra, sus enormes ojos esmeralda mostraban algo de felicidad, no tenia la líneas verdes y una pequeña mueca de sonrisa estaba frente a ella. No pudo evitar sentirse feliz.

Desapareció.

Continuó caminando por ese desierto de arenas blancas y cielo nocturno, Aihime se encontró con una chica de pelo verde que le extendió una mano la cual tomó, diviso que aún tenía su guante pero era blanco en vez de rojo, negro o azul que siempre usaba.

¿Que pasaba? De repente ella estaba frente a un Ulquiorra de rodillas, levantó el rostro y estaba algo ensangrentado y sus ojos llenos de lágrimas ¡de lágrimas! El se abrazó a sus pies diciendo algo y ella lo alejó con su espada.

Aihime quería saber qué estaba pasando. Todo pasaba muy rápido o muy lento y no escuchaba sus palabras. Quería saber por qué Ulquiorra iba a llorar, quería saber por qué a ella le dolía el pecho al verlo así.

El gritó algo que ella no pudo escuchar, las lágrimas cayeron dejando las lines de color verde en sus mejillas.

Aihime abrió los ojos y respiro profundo el frío aire, abrió los ojos y vio que todo el callejón estaba congelado, parecía como si estuviese en una caja de hielo. Dio un segundo vistazo y así era.

Miró sus manos, su guante seguía ahí y una marca roja en su muñeca. Como pudo se puso de pie y recordó lo que había pasado. Los dos tipos que aparecían en sus sueños, las personas que mató por su enorme reiatsu.

Contuvo su respiración y sintió que el reiatsu se controlaba de a poco. Cuando estuvo segura se acercó al hielo que la cubría y lo tocó, este empezó a derretirse. Ella ya había hecho eso antes, cuando su poder se descontrolaba inconscientemente se encerraba en un bloque de hielo.

Ya no tenía el brazalete que sellaba su reiatsu.

Aihime miró sus manos y luego respiro profundo, tenía que estar muy calmada para de esa forma poder contener sus poderes.

Empezó a caminar lentamente, veía aquellos cuerpos que yacían sin vida gracias a su reiatsu ¿a donde habían ido sus almas? La castaña suspiró. ¡Necesitaba estar tranquila!

¡Algo estaba pasando!

Se lanzó al suelo y a penas pudo esquivar, giró su rostro y vio tres personas de las cuales a una reconoció muy bien. La chica que semanas atrás había atacado a los amigos de su hermana. La otras dos personas eran una chica muy sonriente de pelo y ojos rosas, hasta parecía emocionada por verla, el chico tenía la piel bronceada, ojos color rojo sangre y el pelo violeta hasta el hombro. Era el más alto de todos.

Rápidamente el chico atacó y otra vez a penas pudo esquivarlo, ella salió de su cuerpo y pudo sentirse más ligera, otra vez el chico la atacó pero esta ve cubrió el ataque de su espada con su brazo.

-. Lo siento my lady - susurró el descolocándola un poco y sin mucho tiempo a reaccionar se movió al ver que la chica de cabello rosado iba a atacarla.

Miyuki se puso de pie al sentir aquellos resistís poderos junto al de Aihime, sabía que algo andaba mal. Trato de comunicarse con los demás pero no obtuvo respuesta así que decidió ir al encuentro de la lucha con Aihime.

Llegó y vio todos esos cadaveres en la calle, no tuvo tiempo de detenerse en eso pues vio como la peliblanco se defendía de tres personas, tres arrancará para ser más precisos.

Aihime estaba inmovilizada por una pelirosado y el hombre de pelo violeta la iba a atravesar con su mano por la espalda. Con Shunko llegó y pudo detener el ataque con su Zampakuto sorprendiendo al hombre.

-. ¿Que haces aquí? - preguntó Aihime con dificultad, trataba de crear distancia entre ella y la pelirosa.

-. No dejaré que te maten así por así - le respondió con media sonrisa.

-. ¡Sakura, Sorato! - habló la peliblanco que no estaba haciendo nada, era la misma arrancar que los había atacado el día que se dieron cuenta de que Aihime era la chica de hielo. - se suponía que los habían dejado fuera de combate- recriminó con rabia.

Ahí Miyuki entendió por qué nadie le respondía y por qué era la única que había llegado a socorrer a la peliblanco. Debían terminar rápido de esa batalla de alguna forma u otra, los demás estaban heridos o quizás muertos.

-. ¿Que hiciste? - preguntó la de pelo en degrade, activó su shikai para tener un poco más de movilidad y maldijo internamente aquellos sellos que al pasar la puerta sellaban gran parte de su reiatsu.

Kokomo se abalanzó sobre ella y Aihime la bloqueo causando la ira de la de ojos anaranjados, antes de que la chica frente a ella reaccionara le agarró la mano para así congelarla un poco, al sentir el frío Kokoro se alejó.

Miyuki dominaba al pelivioleta y a la pelirosado con su shikai sin ningún problema, la sincronía de Aihime y Miyuki al pelear parecía casi ensayada y memorizada. Hasta que Aihime se detuvo.

Sintió la presencia de Ulquiorra por una fracción de Segundo lo que la desconcentro, miraba a todos lados buscando al peli-negro pero no lo encontró, de pronto se encontraba en el suelo con Miyuki encima de ella.

-. Presta atención - le exigió su ahora compañera de batalla viendo como el Cero se desintegraba. Aihime sacudió su cabeza y volvió a ponerse en posición de lucha.

Espalda con espalda ambas chicas estaban rodeadas por los tres arrancars.

-. No puedo usar mi bankai ahora - susurró Miyuki al darse cuenta de lo acorralada que estaban.

El tiempo pasaba casi en cámara lenta cuando de pronto un ataque de hielo se interpuso entre ellas y los arrancar permitiéndoles una brecha para salir de ahí.

-. Capitán - susurró la de pelo azul al ver al lastimado peliblanco con su Bankai activado.