Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí, hoy les traigo el capítulo doce de este long fic. Espero que les guste :D
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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
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Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: ANABELITA N, Bebitapreciosa, Mel-Nara de Hatake, andreina. salomon, Roronoa Saki, Emiledrss y Marfer Hatake. Gracias chicas por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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Lo que siempre nos unirá
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Capítulo 12.- En familia
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Yoshino ingresó a la sala con su nieto entre sus brazos, ignorando tanto a su marido como a Shikamaru.
Ambos hombres la observaron pasar. Estaba realmente embelesada.
El mayor de ellos resopló.
—Esta mujer ya se adueñó del niño —espetó, el patriarca de la familia, a modo de queja, captando la atención de su hijo—, y ni siquiera me dio la oportunidad de saludarlo. Pasó de largo como si yo hubiese estado pintado.
Shikamaru sonrió de medio lado.
—Papá, tú sabes cómo es mamá —le dijo, el moreno, en su tono parsimonioso—, siempre queda maravillada con todas las buenas noticias y las últimas novedades. Imagínate cómo debe sentirse ahora que ha descubierto que tiene un nieto, debe estar fascinada —hizo una pequeña pausa, al mismo tiempo que guardó sus manos en los bolsillos. Prosiguió. —Lo siento viejo, pero desde hoy has quedado relegado a un segundo lugar, si es que no a un tercero.
Shikaku suspiró.
—Mejor entremos, Shikamaru —acotó, el mayor, resignado—, y vamos hacia el comedor, sino ella no recordará que nosotros también vamos a almorzar con ella.
Tanto padre e hijo ingresaron a la casa, cerrando este último la puerta. Se encaminaron con lentitud hacia el comedor, sin embargo, a medio camino, vieron que Yoshino salió velozmente de allí con dirección desconocida.
Ambos pelinegros se quedaron quietos y la miraron de reojo.
—¿Y ahora qué le pasó a esta mujer?—susurró con fastidio, Shikaku, más para sí que para Shikamaru, sin embargo su hijo lo escuchó.
—Seguramente fue a buscar algo importante —respondió cansinamente, éste, mirando a su padre. Ambos hombres se quedaron pensativos.
—Veamos qué pasó —espetó, el mayor, ingresando al comedor. Su hijo simplemente lo siguió.
Al ingresar vieron a Dai parado, cuchareando algo al lado de la mesa.
—Hijo, ¿dónde fue tu abuela? —inquirió curioso, el pelinegro, captando de inmediato la atención del niño. Éste tragó lo que tenía en la boca.
—A buscar un cojín —acotó, el ojiverde, echándose otra cucharada en la boca. Su padre observó cómo degustaba la comida, hasta que por fin se la tragó—. La mesa es alta.
Shikamaru le sonrió en respuesta, al parecer su hijo era como él, se tomaba su tiempo hasta para comer, pero entonces… ¿por qué esta mañana, se engulló tan rápido las galletas?, quizás sólo haya sido mera casualidad, o simplemente se las comió rápido porque eran sus galletas favoritas. Y pensar que en un principio, creyó que Dai había heredado el gen del hambre por parte de Kankuro.
El pelinegro se acercó hasta su pequeño, y se agachó, quedando casi a su misma altura.
—¿Qué estás comiendo, Dai? —preguntó con curiosidad, Shikamaru, mirando primero el pocillo que estaba sobre la mesa, para luego desviar su mirada y fijarla en el rostro de su hijo.
El niño siguió raspando lo último que le quedaba.
—Leche asada —le respondió con parsimonia, éste, echándose nuevamente la cuchara a la boca.
—¿Le dio postre antes que almorzara? —interrumpió, Shikaku, mirando curioso la escena.
Tanto Dai como Shikamaru miraron al mayor. El segundo suspiró.
—Sí, extrañamente así fue —contestó en su tono cansino, el pelinegro, colocándose inmediatamente de pie —. Definitivamente se ganó a mamá.
Ambos Naras mayores sonrieron de medio lado, sin embargo, a los segundos, Shikamaru recordó algo. Rápidamente, aclaró su garganta y desvió su mirada hacia su hijo.
—Dai —espetó con suavidad, Shikamaru, logrando que los ojos aguamarina de su hijo se fijaran en los suyos —, quiero presentarte a alguien.
El moreno se acercó al mayor, y puso su mano en el hombro de éste.
—Supongo que sabes quién es él, ¿o no, Dai? —inquirió, Shikamaru, mirando a su hijo con cariño.
El niño asintió con la cabeza, esbozando una sonrisa.
—El abuelo Shika… ¿Shikaku? —espetó, el pequeño, con algo de duda. Sus orbes aguamarina esperaban una confirmación por parte de su progenitor. Éste sonrió con sutileza.
—Sí, hijo, ese es su nombre —acotó dulcemente, el pelinegro—, ven a saludarlo.
El niño desvió su mirada al rostro del mayor, y lo miró detenidamente.
Sonrió.
—Es como papá, pero vejo —acotó con sinceridad, el pequeño, sin dejar de observarlo.
—Mayor, hijo, se dice mayor —le corrigió, el moreno, algo incómodo. Había olvidado que los Sabaku además de ser irónicos, no tenían filtro, sin embargo, el niño ni siquiera lo miró, siguió con los ojos clavados en el mayor.
—Déjalo, Shikamaru, él dice la verdad —espetó, Shikaku, en su tono habitual, sin dejar de observar a su nieto—, yo ya estoy viejo en comparación con ustedes.
El mayor tuvo que admitir que el pequeño no sólo había heredado el color y la forma de los ojos de Temari, sino que también la seguridad que ella tenía al mirar.
—Así que tú eres Shikadai, mi nieto —aseveró amistosamente, Shikaku, esbozando una sonrisa ladeada.
Pronunciar aquellas palabras provocó cierta emoción en su interior. Estaba conversando con el hijo de su querido Shikamaru, un pequeño que hasta ayer no existía en su vida, pero que desde hoy, se había instalado en su corazón para quedarse.
El niño sonrió sutilmente, para luego asentir con cabeza.
El hombre al ver la respuesta del pequeño, se acuclilló para apreciarlo mejor. Se parecía tanto a su hijo cuando éste era pequeño, aunque los ojos de su nieto destacaban mucho más.
—¿Le darías un abrazo a este viejo? —le preguntó, el mayor, dulcemente.
El niño no se hizo de rogar, y se le acercó enseguida. Shikaku extendió sus brazos y lo atrajo hacia él.
Lo estrechó con cariño.
Por fin Shikamaru le había regalado la dicha de tener un nieto, y se sentía muy feliz por ello.
El mayor soltó un poco el abrazo para mirar el rostro del niño.
—Sabes, Shikadai —espetó, el patriarca de la familia, captando la atención del pequeño—, me recuerdas mucho a Shikamaru cuando él tenía tu edad, aunque él no era tan lindo como tú. De seguro eso lo heredaste de tu mamá.
Dai bajó la mirada avergonzado, definitivamente escuchar cumplidos no era lo suyo.
—Te recuerdo papá que soy una fiel copia tuya —acotó con fastidio, Shikamaru, interrumpiendo el momento.
Shikaku tomó firme a su nieto entre sus brazos, y se puso de pie. Giró en dirección a Shikamaru.
—Por eso mismo lo digo, hijo —confirmó sus dichos, el mayor, con una semi sonrisa—, lo guapo lo heredó de su madre.
Shikamaru bufó en respuesta, pero luego sonrió.
Al instante, se escucharon unos pasos acercarse. Ambos hombre dirigieron su mirada a la entrada.
—Mi niño, mira lo que te traje —espetó dulcemente, Yoshino, con un gran sonrisa y un enorme cojín en la mano—. Ahora podrás sentarte sin problemas.
El pequeño la miró con una sonrisa.
—Te demoraste mucho, mujer —la interrumpió, su marido, con su típico tono cansino —, el niño ya terminó de comer.
La mujer lo miró furiosa.
—¡Ya cállate, Shikaku, no estoy hablando contigo! —lo reprendió, la morena, con su típica voz de mando, pero a los segundos recordó que su nieto la estaba mirando. Trató de controlarse—, pero si quieres saber, fui a buscar un cojín con bastante relleno para que mi nieto pueda alcanzar bien la mesa a la hora del almuerzo.
El Nara mayor sonrió de medio lado.
—¿Y para matar el tiempo de espera, le diste una porción de postre? —inquirió, Shikaku, mosqueándola.
Shikamaru suspiró. No entendía el actuar de su padre, prácticamente le gustaba ir a la guerra sin espada ni escudo. Seguramente ese era secreto del por qué el matrimonio de sus padres se mantenía tan estable.
—¿Hay algún problema con eso, Shikaku? —contrapreguntó, la mujer, con seriedad y su ceño ligeramente fruncido.
—No, mujer, sólo que es muy raro verte quebrantar las reglas —le respondió, su marido, con parsimonia, acomodando al niño hacia el otro brazo.
—Tengan por seguro, que con ustedes nunca lo haré —sentenció, Yoshino, con convicción, mirando tanto a su hijo como a marido—, primero deberán comerse toda la comida —hizo una pausa y alzó la voz —¡Y cuando digo toda la comida, me refiero por lo menos a tres raciones el día de hoy!
Shikaku bufó y negó con la cabeza.
Shikamaru respiró hondo.
—Pero mamá, yo no te he dicho ni una sólo palabra —se defendió, el moreno, ya que el veredicto de su madre lo había involucrado de cierto modo—, yo no sé por qué ustedes les gusta meterme en sus peleas. Mendokusai.
El moreno cerró los ojos.
—No te hagas el tonto, Shikamaru —replicó de inmediato, Yoshino, reflejando la molestia en su voz. Éste en un segundo abrió los ojos—, la idea de omitirme información fue tuya.
La mujer lo apuntó con el dedo acusador.
El moreno sólo resopló.
—Te lo dije, Shikamaru, mas tú no me hiciste caso —le recalcó cansinamente, Shikaku, haciéndolo sentir peor. El pelinegro ya no sabía si su padre estaba de su parte o no—. Ahora no nos queda más que «ponerle el pecho a las balas».
Dai los miraba divertido, giraba su cabecita hacia quien tomaba la palabra, tal como un espectador sigue a la pelota en un partido de tenis.
—Dirás mejor, «ponerle el estómago al almuerzo» —se quejó, Shikamaru, con fastidio.
—¡Ya dejen de discutir y vayan a lavarse las manos! —alzó la voz, Yoshino, con los brazos en forma de jarra, dando por zanjada la discusión. Sin embargo, ninguno de los dos se movió—. ¡Qué esperan par de vagos para mover el trasero!, no ven que tengo la mesa puesta y sólo me falta servir.
El pequeño no aguantó la risa, captando de inmediato la atención de los mayores.
—Abue Yoshi… abue yoshi es muy pobemática —espetó entre carcajadas, el pequeño, para luego taparse la boca con las manos.
Esa intervención fue fatal.
La morena digirió la mirada hacia su hijo. Éste sólo tragó saliva.
—¿Qué mentiras le estuviste contando al niño, Shikamaru? —inquirió, la mujer, con el rostro visiblemente molesto.
El pelinegro sudó frío.
—Mamá, yo no le he dicho nada de ti a Dai —le respondió con seriedad, Shikamaru, sabiendo muy bien que su respuesta era una gran mentira. Había hablado con su hijo sobre su madre, pero no le había contado ninguna falacia, sólo le había dicho la santa verdad: que su madre era una problemática.
Ante respuesta del moreno, la mujer suavizó el rostro, para luego mirar a su nieto.
Respiró hondo.
—Dai, ¿es verdad lo que dice tu papá? —inquirió, la morena, normalizando su voz. Habló lo más serena que pudo con el fin de no asustar al niño.
El ojiverde desvió la mirada algo complicado. Sabía muy bien que había metido la pata hasta el fondo, pero también sabía que podía arreglarlo. Miró de reojo a su padre, el cual estaba entre asustado y expectante. Decidió proceder. Volvió a enfocar su mirada aguamarina en los ojos de aquella problemática mujer.
—Ya mujer, deja en paz al niño —intervino con su voz cansina, Shikaku, tratando de bajar la tensión, sin embargo, no lo logró.
—Sí… —espetó, el pequeño, de repente, captando la atención de todos. Sintió un poco de vergüenza al sentir las miradas sobre él, pero pese a eso, pudo proseguir—, papá… dice a mamá, pobemática; tú no
A Shikamaru le volvió el alma al cuerpo.
—Estás conforme, mujer, el niño sólo hizo una comparación —acotó, el patriarca de la familia, mirando fijamente a su esposa. Enseguida, desvió la mirada a su nieto —Dai, ¿vamos a lavarnos las manos?
El pequeño miró a su abuelo como una tabla de salvación, necesitaba salir pronto de ahí para respirar nuevos aires, luego de haberle mentido a su abuela.
Le asintió inmediatamente con una sonrisa.
A los pocos segundos, tanto abuelo como nieto abandonaron el comedor, sólo quedaron Yoshino y Shikamaru.
El pelinegro suspiró.
—Mamá, por favor, trata de no volver a poner a Dai entre la espada y la pared —espetó calmadamente, el moreno, intentando que su madre no se molestara con sus palabras—. Fue un momento muy problemático, y no quiero volver a asustarlo.
Su madre lo miró con detención.
—Sabes, Shikamaru —acotó, la pelinegra, pensativa —pese a que con su vocecita y su rostro me dijo una cosa, algo en mi interior me dice que me mintió.
El moreno se mantuvo serio, tenía que continuar con la mentira hasta al final si quería salvar su trasero.
—Ayyy mamá, son ideas tuyas —le dijo con parsimonia, mientras se encaminaba hacia la salida—. Mejor me voy a lavar las manos.
La mujer al verse sola, volvió a analizar la situación.
—Nara Shikamaru, estoy casi ciento por ciento segura que tu hijo te solapó.
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Luego de ese pequeño impasse, la familia Nara almorzó en paz y armonía. Era extraño tener a un niño sentado junto a ellos, pero era realmente hermoso saber que era parte de ellos. Se sentían felices.
Shikadai, por su parte, se sintió acogido por su nueva familia. No le costó relacionarse con sus abuelos, ya que sólo eran una versión más mayor que sus padres. Shikaku era mucho más relajado que su papá, en cambio, Yoshino podía llegar a ser mucho más intimidante que su mamá, aunque quizás no, todo iba a depender de la situación. Lo que si podía asegurar, es que ambas mujeres eran unas problemáticas.
Yoshino quedó maravillada con su nieto. Pese a que éste todavía no cumplía los cuatro años, era un niño muy bien educado. Sabía tomar muy bien los cubiertos, y no hablaba con la boca llena; tampoco era mañoso, y se comportaba muy bien en la mesa.
—Dai, ¿quieres más de postre? —inquirió dulcemente, la morena, al ver que éste ya había acabado su segunda porción. Le había llevado tres porciones por si se quería repetir.
El niño negó con la cabeza.
—No, toy lleno. Gacias —le respondió apenas, esbozando una sutil sonrisa.
A Yoshino, cada sonrisa que le regalaba su nieto, le alegraba el corazón. Podía estar mirándolo todo el día, y seguro que no se aburriría. Era un niño tan hermoso, según ella, que podría jurar que no existía ningún otro niño más bello que él en la tierra. Sin duda eso era amor de abuela.
—Abue Yoshi —espetó, el pequeño, captando de inmediato la atención de la morena que lo miraba embelesada—, mi papá y el abuelo tambén tan llenos, ¿peden dejar la comida?
La morena lo miró con cariño.
—Mi niño hermoso, ese par me hizo cocinar demás —le respondió dulcemente—, por eso los tengo castigado comiendo su tercera porción de comida.
—Pero no peden comer, tenen sueño —insistió, el pequeño, mirándola de forma suplicante.
La mujer se conmovió. El poder de convencimiento que tenía ese par de ojos era impresionante.
Le tomó la mano.
—Está bien, corazón —acotó melosamente, Yoshino, regalándole una sonrisa —, sólo porque tú me lo pides, les levantaré el castigo.
La mujer no alcanzó a desviar la mirada cuando empezó a hablar.
—¡Escu…
—Shhhhh….—la interrumpió, su nieto, tomándole el brazo. Ésta enseguida desvió la mirada hacia él—, ya se durmeron.
La morena abrió los ojos de forma exorbitante al escuchar aquellas palabras, y giró de inmediato su rostro para comprobar si lo que decía aquel pequeñín era cierto.
Bufó al ver la escena.
En serio se habían dormido sin que ella se hubiese dado cuenta. Debieron haberla visto muy entusiasmada con Dai, que les importó un pepino dormirse en plena mesa.
Negó con el rostro.
—Ya se las verán conmigo ese par de vagos —susurró para sí, Yoshino, resignada. No valía la pena arruinar ese lindo almuerzo discutiendo con ese par. Otro día arreglarían cuentas.
Sus orbes oscuros nuevamente volvieron a enfocarse en los ojos aguamarina de Dai.
—Hijito, ¿me ayudas a llevar las cosas a la cocina para lavarlas? —acotó en voz baja, la mujer, con el fin de no despertar a los vagos que tenía en enfrente.
El niño asintió con una bella sonrisa.
A ella se le iluminó el rostro, de verdad ese pequeño iba hacer y deshacer con ella. Estaba feliz de saberse abuela.
Ambos se pusieron de pie, y comenzaron a recoger las cosas que estaban sobre la mesa.
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La tarde iba avanzando con lentitud. Shikadai luego de haber ayudado a su abuela a llevar los platos a la cocina, se vio en la obligación de despertar a su abuelo y a Shikamaru. Tenía el instinto de sobrevivencia muy desarrollado, ya que también vivía junto a una problemática.
—Papá… papá, desperta —espetó en voz baja, el ojiverde, zarandeando el brazo del mayor.
El moreno se sobresaltó, rápidamente abrió los ojos y miró la mesa. Estaba vacía. Al instante, desvió la mirada hacia su interlocutor.
—Dai, ¿dónde está tu abuela? —inquirió con un deje de preocupación, Shikamaru. Tenía que desaparecer de ahí antes que su madre reapareciera. Era su instinto de sobrevivencia.
—Lavando los vasos —le respondió, el pequeño, con complicidad.
El pelinegro de inmediato se puso de pie, y acomodó la silla.
—¿Tienes sueño? —preguntó, Shikamaru a Dai, mirándolo con cariño.
El pequeño negó con la cabeza.
—Entonces vamos al patio para que lo conozcas— espetó con su voz más calmada, el moreno—. Es bastante grande. Tiene un bonito jardín, además de una gran arboleda.
Shikamaru avanzó hacia la otra silla y colocó la mano sobre el hombro de su padre.
—Papá, despierta —susurró, el pelinegro, moviéndole el hombro.
Shikaku bostezó.
—¿Qué pasa, Shikamaru? —inquirió, éste, como si nada.
Lentamente abrió los ojos, y enfocó la vista en la mesa. Recordó todo.
—Pasa que nos dormimos —dijo Shikamaru, volviéndose hacia Dai, y tomándole la mano—. Mejor síguenos si no quieres que mi mamá se desquite contigo.
El mayor inmediatamente se paró, ni tonto se iba a quedar allí esperando a que su mujer se desquitara con él.
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El resto de tarde, Dai se la pasó disfrutando con su nueva familia. Se rió de las todas las anécdotas que Yoshino contó sobre su padre y Shikaku. Supuso que era una forma de vengarse de ellos. Su madre era igual, siempre hacia eso con su tío Kankuro.
Extrañamente, el niño no tuvo sueño. Estaba maravillado con ese gran patio, ya que tenía un enorme césped, donde podía revolcarse como él quisiese.
Shikamaru aprovechó el gusto de su hijo por el pasto, y le enseñó que acostado en esa gran alfombra verde, podía apreciar mejor las nubes. El niño en un principio lo miró extrañado, ya que él nunca había mirado las nubes con detención, sin embargo, le encontró toda la razón. Era relajante verlas surcar por el cielo.
En el otro extremo del jardín, Yoshino miraba feliz esa linda escena, pero sabía que la visita de su nieto, en un par de horas más, se iba acabar.
Suspiró.
—Shikaku, ¿cuándo volverá el niño a la casa? —inquirió, la morena, con un deje melancolía.
Su marido que estaba a su lado, volteó su rostro para verla.
—Esperemos que este fin de semana —acotó cansinamente, el hombre, mirándola con detención. —Yo creo que ese tema, Shikamaru, ni siquiera lo ha conversado con Temari —se quedó pensativo y luego prosiguió— ¿Te había dicho que ella era la madre de Dai?, ¿o no?
—No, como siempre me diste la información a medias —se quejó, la mujer, con deje de molestia —, pero ya lo había sacado por deducción —sonrió con sutileza y continuó —. Tiene los mismos ojos de ella, al igual que algunos gestos al reírse o al mirar —su semblante volvió a tornarse serio. —¿Qué fue lo que pasó, Shikaku?, ¿por qué ella se fue de konoha hace más de cuatro años?
La morena lo miró con detenimiento.
—No sé los detalles, mujer —espetó, el hombre, con parsimonia—. Lo único que me contó Shikamaru, fue que ella se marchó de Konoha porque quería protegerlo. Que se vio obligada hacerlo, debido a unas amenazas que en ese momento estaban afectando a su familia.
La mirada de Yoshino se tornó triste.
—Pero ahora que Temari regresó a Konoha, junto a mi nieto, Shikamaru está casado —aseveró muy a su pesar, ésta, esperando la respuesta de su marido.
—Ella también lo está, mujer —acotó, Shikaku, con un deje de seriedad.
La mujer lo miró fijamente. Inmediatamente se dio cuenta que éste le ocultaba algo.
—Por la forma que me miras, Shikaku, creo que está casada con alguien que conocemos bien —espetó, la mujer, sin rodeos.
El hombre resopló.
—Sí, mujer, está casada con Itachi Uchiha.
La mujer suspiró.
—Itachi siempre ha sido un gran muchacho, no puedo decir nada en contra de él —afirmó con resignación, la mujer. Se humedeció los labios y cambió de tema—Y a todo esto, ¿cómo se tomó la noticia, Tayuya?
—No lo sé, mujer, Shikamaru no me dijo nada al respecto —respondió, Shikaku, franqueza.
Yoshino cambió su semblante a uno serio.
—Espero que no se ponga celosa del niño —espetó con seriedad, la mujer, mirando fijamente a su marido—, si no ese matrimonio va a comenzar a tambalear.
Shikaku analizó sus palabras.
—¿Tú crees que pueda pasar eso? —inquirió, éste, con un deje interés.
—Yo pienso que sí —aseveró con convicción, la morena—. Tayuya siempre le ha gustado tener toda la atención de Shikamaru. Si hasta cuando viene para acá no se despega de él —frunció la boca, y prosiguió—. No sé cómo lo va hacer ahora que existe Dai. ¿Querrá compartir con él? Yo creo que Shikamaru va querer que ella se involucre con el niño, pero… ¿pero si ella no quiere?
—No creo que Tayuya tire su matrimonio por la borda —afirmó, el hombre, sabiendo que la pelirroja, no tenía ni un pelo de tonta—. Yo creo que ella tratará de adaptarse a la situación.
—¿Pero si no lo logra? —inquirió, Yoshino, con demasiado interés.
Sus ojos oscuros lo miraban fijamente.
—Seguro va a arder Troya —contestó, Shikaku, con seriedad —, pero no lo adelantemos a los hechos, mujer.
El hombre la miró reprobatoriamente.
Yoshino resopló.
—Está bien, Shikaku, cambiemos de tema, o mejor dicho de persona —espetó con seriedad, la mujer, sin dejar de mirarlo—. ¿Qué te dijo Shikamaru sobre Temari? Ahora que sabe la verdadera razón por la que ella se fue, me imagino que la mira de otra forma.
El mayor de los Nara agudizó la mirada.
—¿Qué quieres saber exactamente, mujer? —inquirió, éste, con falsa curiosidad.
La morena arrugó el entrecejo.
—¿Qué acaso no es obvio, Shikaku? —contrapreguntó, Yoshino, con un deje de molestia—, quiero saber si todavía la ama.
El hombre sonrió de medio lado.
—Se nota a leguas que Temari era la mujer que querías como nuera.
—Pues sí, no te lo puedo negar —espetó, la morena, con convicción—, esa era la mujer que quería para mi hijo —hizo una pausa, y enseguida arrugó más el ceño —, pero no me cambies el tema, Shikaku, y responde mi pregunta.
El hombre suspiró.
—Está bien... ¿cuál era la pregunta? —inquirió, éste, en su tono habitual, pero al instante se arrepintió de haberla hecho. Su mujer lo miraba furiosa—. Ahhh, ya me acordé. Por lo que pude observar, creo que él sigue enamorado de ella, aunque cuando se lo pregunté, él me dijo que estaba confundido.
La mujer al escuchar esas palabras suavizó su semblante.
—¿Y qué más te dijo? —preguntó, Yoshino, con la mirada expectante sobre su marido.
—Pues nada más, el tema de conversión era el niño, así que no seguí indagando —respondió, Shikaku, con seriedad.
La morena se quedó pensativa.
—Necesito recuperar la amistad de Temari —pensó en voz alta la mujer, captando la atención de su marido—. Ella es la madre de mi nieto, por eso necesito restablecer ese lazo. Así más adelante, ella podría venir a visitarme, o yo podría ir a verla, tal como lo hacíamos antes.
El mayor de los Nara enarcó una ceja.
—¿Cuál es la idea, mujer?, ¿saber cómo le va en matrimonio con Uchiha? —inquirió, Shikaku, mirándola detenidamente.
—Por algún lado debo empezar —espetó, la mujer, con sinceridad.
El hombre negó con el cabeza.
—Tú nunca cambiarás, mujer —acotó, Shikaku, resignado, tomando a Yoshino del brazo—. Mejor vamos donde están esos dos. Hace rato que están mirando las nubes y no quiero que ninguno de los dos se duerma —comenzaron a avanzar por el césped—. Aprovechemos el resto de tarde, para disfrutar en familia.
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CONTINUARA…
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Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo :D
Más rato responderé todos los reviews pendientes, disculpen la demora, he tenido algunos contratiempos.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré :D
Nos leemos en mi próxima actualización.
Saludos, les mando a todos un gran abrazo :D
