Capítulo 12: travel back in time

El Templo del Patriarca se llenó de una luz intensa, un portal en la mitad del Salón indicaba el lugar por el que Atenea viajaba hacia los Elíseos, cuando la luz cesó, todos guardaron silencio. Allí sólo estaban los Santos Dorados y sus pupilos –los que tenían- y otros cuantos Santos de Plata que a su vez habían sido discípulos de algún Santo Dorado.

Yo estaba detrás de Aldebarán en silencio. Sabía que estaba tenso pues estaba preocupado por su amigo Shura, que a su vez estaba que se moría en ese lugar, Saga también, y Aioria no podía contener la emoción y sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas. Este era el asunto que mi maestro venía desarrollando hacía unas semanas, y por el cual me dejó entrenando sola uno que otro día. Cuando me dijo de qué se trataba, no pude ocultar mi asombro, y una chispa de emoción recorrió todo mi ser: por fin conocería al héroe del que tantas maravillas se hablaba en éste lugar, el gran Aioros de Sagitario por fin regresaba a su hogar tras pedir a Atenea tiempo de pensar si decidía volver o no a ocupar su lugar en la Orden.

La más emocionada era Eva, quien por fin podría entrenar en forma con su maestro titular y comenzar el camino rumbo a competir por una armadura. En realidad era un asunto agridulce porque el día anterior Shura se negó rotundamente a hablar del asunto con ella, o a verla si quiera, pero así como ella me había dado luces sobre Isaak – a quién había evitado el resto de semana-, traté de hacerle ver el panorama en relación a Capricornio.

El silencio de la sala se rompió nuevamente por la luz enceguecedora del Cosmo de Atenea, su energía estaba acompañada de otra cálida y poderosa, ese debía de ser Aioros de Sagitario. Cuando la luz cesó, sin embargo, sólo nuestra diosa estaba en el centro de la gran instancia, todos miraban ansiosos para todo lado, hasta que de una cámara lateral, el enorme Cosmo de Sagitario estalló resonando con su armadura mientras ésta lo cubría por completo: la boca de Eva se fue hasta el piso, maravillada – y yo también- por el inmenso poder y la belleza de esa armadura que parecía la de un ángel, sus alas enormes le daban un aura mayor de benevolencia, beatífica.

Saga no pudo contenerse y cayó de rodillas, siendo asistido por Kanon, que también tenía los ojos aguados. Miré a Eva, que miraba con insistencia la figura diagonal a ella: Shura no se atrevía a moverse, había agachado la cabeza y estaba aguantándose las lágrimas que ya lo habían traicionado y rodaban por sus mejillas en silencio. Aioria, por su parte, dio un paso al frente también llorando pero con los enormes ojos verdes repletos de alegría e incredulidad. Atenea también lloraba, todos lloraban de la emoción, y era la primera vez que un sentimiento era tan fuerte entre todos, ninguno se escapaba: hasta Camus tenía un brillito intenso, acuoso y poco habitual en los ojos, lo que nunca imaginé ver.

Tomando su lugar frente a Atenea y al Patriaca, Aioros se arrodilló con su cabeza casi tocando el suelo, pude verlo mejor, era idéntico a Aioria pero sus ojos eran azules y el cabello más oscuro, además tenía una bandita en la cabeza. Su voz era serena y fuerte, pero también estaba embargado por toda la emoción que llenaba el Salón.

- Mi señora…- Dijo alzando la cabeza para mirarla. – Es para mí un honor estar a tus órdenes nuevamente como parte de tu Orden Sagrada. Han pasado muchos años desde esa noche y me alegra ver con mis propios ojos que fue lo correcto, aunque nos llenó de dolor durante tanto tiempo.

Atenea no pudo mantener la compostura y lo abrazó amorosamente. Le dijo unas palabras al oído, él asintió y se encaró con el Patriarca, cuya mirada estaba llena de amor, admiración y respeto.

- Maestro, también me alegra comprobar que está usted aquí, me pongo a sus órdenes, como lo he hecho con nuestra señora.

- Aioros…- Shion estaba tan cerca del llanto histérico como estaba Aioria – me alegra verte de nuevo, hijo mío. Te echamos en falta, ahora somos una familia completa y reunida, cuyos errores y faltas se compensarán con el amor y servicio a Atenea, que nos ha concedido una segunda oportunidad.

Él asintió y por reflejo se giró hacia Aioria, quién se llevó por delante el protocolo –si es que había alguno- y se le fue encima en un abrazo, acompañado de sollozos ahogados pidiéndole perdón y profesándole un inmenso cariño. Cuando se separaron, Saga dio un paso adelante pero fue interrumpido por Shura, que no sólo se le plantó en pie sino que le rogó de rodillas, le perdonara el crimen tan grande que había cometido en medio de su falta de juicio, pues pensaba que hacía lo correcto. Era conmovedor, triste, todo al mismo tiempo… eso me dio un idea más clara de lo que llevaba el Santo en sus hombros, por un instante me alegré de que mi maestro y él fueran tan unidos, que tuviera un oído amigo con el que pudiera desahogarse, porque con Eva no soltaba ni media palabra y siempre era muy seco cuando le tocaba el tema.

Aioros abrazó a Shura y le aseguró que todo estaba perdonado, que no debía albergar en su corazón más dudas o resentimientos hacia sí mismo por lo que había pasado hacía casi veinte años. Con renuencia, Shura se alejó y Saga tomó su lugar, la escena fue similar, aunque podría jurar que vi en Aioros un impulso contenido de darle una golpiza, y lo comprendía perfectamente. Me distraje pues centré mi atención en Eva que había logrado tomar la mano y acariciar el cabello de Shura, muy discretamente, cuando volvió a su sitio.

Después de toda la parafernalia de lágrimas, se hizo una pequeña oración y todos los Santos renovaron sus votos de fidelidad, honor y dedicación a Atenea.

Poco antes de que todos abandonaran el salón, Milo se interpuso en la salida para anunciar que el hecho había que celebrarlo y que esperaba a todo el mundo en Cáncer, donde la anfitriona daría una fiesta de bienvenida sin precedentes al Santo de Sagitario, luego se excusó con Atenea y el Patriarca y salió disparado antes de que Cáncer lo alcanzara escaleras abajo para darle una golpiza sin precedentes. Casi todos salieron como exhalaciones del lugar, menos Aioria que estaba conversando con Aioros, Saga que se les había unido y Shura que trataba de recobrar la compostura seguía todavía en su sitio, sin poder moverse. Le hice señas a Eva para que me acompañara y sin chistar me siguió, no sin antes llevarse el índice a la boca y ponerlo sobre la boca de Capricornio, él le acarició la mejilla y salió detrás de mí.

- ¿Va a estar bien?

- Si- Contestaron Eva y Aldebarán al tiempo, nos reímos mientras llegábamos a piscis.

- Es testarudo, pero va a estar bien, menina- Le dijo mi maestro a Eva, que automáticamente se puso roja como un tomate y me miró con ganas de asesinarme, yo me encogí de hombros pues era inocente. O Shura le había dicho a mi maestro o se había dado cuenta solito.

- Emm, sí, eso espero…- Dejó escapar un suspiro resignado antes de voltear a mirar, otra vez, al templo del Patriarca.

- Y bueno, ¿podemos ir a la fiesta, maestro?- Pregunté inocente, esperando una respuesta positiva y pensando que había que hacer una parada técnica en Leo para secuestrar a Marah y llevarla con nosotros, pero todas mis esperanzas se fueron al suelo.

- Ni se te ocurra, además, eres mala con el alcohol y no estoy en el mood para hacer de niñero hoy. Tómate lo que queda de día libre pero por Cáncer no te apareces.

Eva también iba a protestar pero se le iluminó la mirada de repente, me tomó de gancho y me codeó con suavidad.

- Tranquilo, maestro, que estaremos hoy cuidando de Marah nada más, aunque… yo también quería ir a la fiesta, ni modo, ¿no?- Me guió el ojo. No entendía que tramaba pero me dejé guiar, el Leo Aldebarán se nos separó. Salimos disparadas como cohetes hacia la habitación de Marah, la encontramos en su cama haciendo no vimos qué, nos le lanzamos encima pero nos rechazó con uñas y dientes.

Terminé en el suelo con la sábana sobre la cabeza y Eva tenía medio cuerpo en el suelo, el resto en la cama. Tuvimos que gritarle que se calmara y que éramos nosotras.

Hicimos las respectivas explicaciones, al tiempo que un muy emocionado Aioria entraba a la habitación casi cosido a su hermano para presentárselo a Marah. Eva aprovechó para presentarse como su discípula y yo hice lo propio también, le advirtió que no sería fácil y luego entre bromas salieron de la habitación rumbo a Cáncer.

- Ustedes me perdonarán pero ésta celebración está demasiado sana…- anunció Eva mientras se dirigía hacia la puerta y se apoyaba en el marco ceremoniosamente- Además, debo chequear que mi no-sé-que-somos siga cuerdo. Me voy a cobrar favores, nos vemos, chavalas.

Nos quedamos entonces Marah y yo, momento que aprovechamos para ponernos al día. Brevemente le relaté tooooooodo lo que había pasado con Isaak, aunque me guardé la parte de descubrir que era Villi para cuando Eva llegara y no tener que repetir ese dolor que me embargaba. Hablamos de lo asustadas que estábamos por las pruebas pero nos infundimos valor, habíamos entrenado duro durante años antes de llegar al Santuario y otro tanto desde que habíamos llegado, el panorama era alentador y todavía faltaba un mes, podíamos celebrar por los logros alcanzados hasta ese momento.

- Señoritas, ¿de verdad creyeron que no íbamos a celebrar tamaño acontecimiento?- Nos dijo Eva desde la puerta, en las manos tenía dos botellas de ouzo. Marah y yo la miramos con preocupación, el ouzo era la más fuerte que había bebido alguna vez y quemaba en la garganta. Al rato Marah se le acercó como si fuera una aparición milagrosa.

- ¿De dónde sacaste eso?

- Gente que me debe favores. Y no, no diré quiénes ni qué favores, beban, señoritas.

Marah no esperó ni un segundo para abalanzarse sobre su copa, yo en cambio quería salir huyendo, no quería beber ouzo, además, Marah se estaba recuperando, nos iban a dar la regañina de la vida, seguida de un sermón de sueño si nos veían bebiendo y yo no quería sumarle preocupaciones a mi existencia, se los dije y por toda respuesta, Eva me agarró de la trenza para obligarme a levantar la cabeza, Marah me tapó la nariz y cuando abrí la boca buscando aire me echaron un chorro considerable de ouzo en la boca.

- ¿Mejor?- Preguntó Marah. El líquido me quemaba la garganta pero empezaba a obrar sobre mí, embotándome la cabeza. Sonreí embobada.

- Mucho mejor.

- Qué bueno- reparó Eva- porque les tengo un especial español, cortesía de la Décima Casa. Se llama Licor 43 y esto, chicas, es el cielo hecho licor. A su salud.

Brindamos entre risas y bebimos tanto que terminamos cantando clásicos de los 80 a todo pulmón con las copas en la mano y riendo como tontas. Habíamos hablado mucho, pero ya estábamos con el ánimo de gritar al ritmo –imaginario- de cualquier canción que conociéramos las tres.

Seguimos así hasta que a las malas nos acomodamos las tres en la cama y en algún momento nos quedamos dormidas.

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Al otro día fuimos echadas por Agnes, la vestal de Leo, que antes nos dio una sopa para recomponernos. Eva y yo salimos rumbo a nuestras respectivas Casas, pero a medio camino fui alcanzada por Eva.

- ¡Eh, Aimée, espera!

- ¿No ibas a Sagitario?

- Si, pero tengo mis cosas donde Albiore, ¡agh! Él si me va a reprender de lo lindo.- Bajamos por Cáncer con cuidado aunque no vimos rastros de ningún Santo con resaca por ahí. En Géminis fue igual, pero en Tauro el recibimiento fue el más inesperado: Isaak estaba en todo el hall esperando a que apareciera, sentí que el licor abandonaba mi cabeza de golpe y me mareé. La mirada de sorpresa y confusión que me dedicó no tenía precia.

- "¿Es él, cierto?"- Asentí, respondiendo a la pregunta vía Cosmo de Eva, que me ayudó a ganar compostura mientras nos acercábamos. Mierda, mierda, mierda… debía de verme fatal, justo el momento para que él apareciera perfectamente ataviado con ese linda armadura suya y todo su adorable pero cobarde ser, cuando estuvimos frente a frente, Eva me dio un codazo y se disculpó saliendo disparada de la Segunda Casa.

- "¡Traidora! Espera que vuelvas a pasar para que veas…"- Le dije cósmicamente, sólo me devolvió una risita maliciosa. Doble agh.

Le miré y pude ver en la comisura de sus labios una sombra de esa risita que tanto me gustaba, aunque el rictus en su boca le quitaba toda la magia.

- ¿Qué haces aquí?

- Tú que crees…

- Isaak, ahora no…- Soltó una risa irónica, molesto por mis constantes evasivas, y le entendía en cierto punto pero es que estaba borracha hasta la médula, no tenía condiciones ni mentales ni emocionales para tener ESA conversación en ESTE momento, pero él era igual de persistente y terco que yo, así que supuse que no se daría por vencido.

- Mira, no pretendo que perdones mi falta de tacto, pero es injusto que lleves tres semanas evadiéndome.

- Lo sé, ¡pero estoy borracha!- Alcé la voz y en esas perdí el equilibrio, por lo que él tuvo que hacer acopio de sus reflejos para agarrarme. Por reflejo corrí mi cabeza para el otro lado, suficiente tenía con que me viera ebria, trató de volverme para que le encarara pero le puse la mano en la cara, no iba a permitir que se me acercara estando en esas condiciones. En ese forcejeo se me salió el colgante de ancla de la camisa.

- Esto te lo regalé yo…- Me dijo mientras me soltaba, señalando el collar, con una sonrisa contenida.

- Sí, cuando te fuiste.- Abrió la boca para excusarse, o protestar, o decir algo, lo que fuera; pero le detuve levantando el brazo en el aire - Oye, de verdad, ¿estás muy ocupado? Deja que me dé un baño, no sé… que esté más decente.

Soltó una carcajada encogiéndose de hombros.

- No debería caerte tan mal el licor, es un deporte nacional, ¿sabías?

- Da igual que sea un deporte nacional, me cae fatal; nos vemos ahora y deja de reírte, sigo molesta contigo.- Le dije mientras tomaba mi camino hacia la planta alta de Tauro, mi cuarto y el baño. Le oí refunfuñar en finés y sonreí para mis adentros, había venido a buscarme después de tanto tiempo y evasivas, eso sí que era una revelación.

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Lo primero que hice fue lavarme con exageración los dientes, una y otra vez. Busqué en los cajones toda clase de productos y menjurjes mentolados, y al final Camille me hizo el favor de llevarme un té muy fuerte –negro- para que se me terminara de pasar la resaca, aunque casi devuelvo el contenido inexistente de mi estómago.

Había estado dos horas en la tina, echándome agua helada en la cabeza y buscando regresar a mis cabales. Eva me las iba a pagar por partida doble, y Marah también… ese par de alcohólicas eran una mala influencia. Reí hundiendo la cabeza en el agua, eran la peor influencia que podía tener y las amaba por ello, hacían mis días en éste lugar menos aburridos, los llenaban de cariño fraternal y sincero.

Me salí de la tina cuando sentí que las puntas de mis dedos arrugadas no podían soportar más agua. Me envolví en cabello en una toalla y me vestí, cuando salí me encontré con el desayuno una nota sobre la mesa de noche, la tomé: "país, tu maestro sigue durmiendo. Cuando llegó me dio instrucciones para que te llevara el desayuno, tienes la mañana libre. C.". Camille me recordaba en muchas cosas a Tarja, en cierto sentido era igual de diligente, pero más discreta con mis asuntos; sin embargo, era un presencia constante que velaba por mi bienestar en todo momento, anoté mentalmente dedicarle un detalle de alguna clase. Sin ella, más de una vez Aldebarán me habría dejado morir de inanición cuando terminábamos nuestros entrenamientos, en especial éstos últimos días en los que el asunto de traer a Aioros de vuelta tenía a todos los Dorados con los pelos de punta.

Si tenía la mañana libre significaba que podía arreglar mi cuenta pendiente con Isaak. Fruncí el ceño, inundada de repente por una oleada de terror, al mal paso, darle prisa.

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Buscamos cobijo bajo un árbol en el bosque adjunto a la fuente de Atenea, y de paso, evadir las miradas de reproche que le dedicaban algunos CdC a Isaak, pobres hombres tan temerarios. Anduvimos en silencio todo el camino, cada uno dando miradas furtivas al otro, era descorazonador.

- Bueno…- Soltó Isaak mientras hacía acopio de su autocontrol e iniciaba la conversación, lo miré expectante, sin atreverme a interrumpirle- Te debo una disculpa, Aimée… todo esto fue demasiado, me porté mal, te pido que me perdones.

Lo miré largo rato sin saber qué responderle, me agarró con la guardia baja porque lo último que esperaba era que comenzara la discusión con una disculpa, estaba en blanco. Se movió de su sitio junto a un enorme tronco y se acercó a mí tratando de acortar la distancia entre nosotros, pues me había sentado a una lejanía considerable. Me tomé la punta de la trenza, jugando con ella nerviosa.

- No eres el único- Dije con resignación –Esto es una locura… aquí es normal que se quieran propasar contigo si no tienes quién te defienda.-

- Lo sé- Dijo, más relajado y recostando su cabeza contra el árbol, su ojo derecho cerrado. – Luego pude entender cómo te sentías, todo éste lugar enloqueció con lo que le pasó a tu amiga… en mi vida pensé que llegarían a quitarle estatus a un caballero por eso, eso es nuevo.

- Sí… fue horrible.

- Pero justo, se lo merecía, Camus me contó todo eso.- Me tomó de la mano, al ver que me había llevado los brazos alrededor de mi cuerpo, como para protegerme de un mal invisible cuando un escalofrío me recorrió el cuerpo, temblaba de sólo pensar en las miradas lascivas que ese condenado le echaba a Marah, de lo que había dicho, de cómo trató de amenazarme y desquitarse conmigo. – Mira…- Continuó- Yo no quiero tener una discusión así, jamás… yo no estoy equipado para eso.

- Claro que no, Camus les atrofió el cerebro a todos a ustedes, qué desastre.- Nos reímos un rato de mi chiste, pero en parte era cierto, al ser el maestro de maestros, Camus era el responsable de la forma en la que eran formados los caballeros de hielo de todo el mundo, y eso incluía sesiones intensivas de cómo suprimir los sentimientos y no morir en el intento… y de todos sus alumnos, el único que había reprobado y se había llevado los honores, era Hyoga.

- ¿Me perdonas?

- No me estaría riendo contigo si no fuera así, kulta- Sonrió levemente, me dio un besito tímido en la mano y luego se recostó otra vez contra el árbol con los ojos cerrados y con la mandíbula tensa, la cara contraída.

- Eso significa que podemos pasar al siguiente tema…

- Hay no, son demasiadas cosas, sólo respóndeme una cosa.

- Está bien, pero no te vas a escapar de esta conversación durante un mes… dispara.

- ¿Por qué nunca volviste?- Abrió los ojos y se enderezó de golpe, su mirada poniendo en evidencia el caos mental que era él en esos momentos y traicionando su semblante serio. Me sentí algo culpable pero quería una respuesta. En mis momentos a solas siempre me rondaba el bichito de la duda: si su educación como caballero implicaba dejar atrás sus sentimientos, ¿se había olvidado de mí y nunca iba volver? ¿Y si Crystal no me hubiera sacado de Lintula? Esa pregunta ocupó casi todo el tiempo en que pensé en el asunto, pero ésta vez no me atreví a conversarlo con nadie… estuve muy cerca de preguntarle Hyoga un día que pasó con Seiya por Tauro mientras yo entrenaba, pero no me atreví. Pensé en buscar a Crystal pero la intensidad de mis entrenamientos no me había permitido hacerlo y era evidente que no iba a acudir donde Camus, entre otras cosas porque todas las probabilidades apuntaban a que podía encontrarme a Isaak y quería tener clara mi cabeza antes de verme con él, al final me resigné a esperar a ésta conversación, tenía las manos frías.

- Aimée, cuando llegué a Atlantis, tardé años en decidir si aceptaba o no la Armadura de Kraken, y Kanon no iba a dejarme salir de allá con vida en esas condiciones… luego vino la guerra, el resto ya lo sabes.- Me tomó de la mejilla y me movió con firmeza para que lo encarara – Mi promesa seguía en pie.

- Pero, ¿el entrenamiento y todo eso de suprimir los sentimientos? Es gracias a eso que, en primer lugar, estamos en estas.

- A ver, una cosa es que te obligues a ti mismo a separar tú vida personal de, bueno, casi todo lo que no tenga que ver con ello… pero yo no soy de piedra Aimée, eres lo único en el mundo que me conectaba a lo que fui antes de todo esto, mataría para protegerlo si fuera necesario, no te confundas…

Me le eché encima, abrazándolo con fuerza y llorando. Él me devolvió el abrazo acariciándome el cabello, jugando con mi trenza y susurrándome cosas en finés para que me calmara, luego me limpió las lágrimas con el pulgar y apoyó su frente sobre la mía, pero no me besó. Me sentí levemente decepcionada, pero tomé su cara entre mis manos y le robé un besito que me respondió de la misma manera, luego recosté la cabeza en sus hombros.

- ¿Mejor?- Preguntó después de un rato.

- Más o menos, todavía tengo que competir por una armadura y no creo que sea capaz.

- Tonterías… no creas que no se notan los huecos que tienen las paredes en Tauro.

Me encogí de hombros haciéndome la inocente. Era verdad que había mejorado considerablemente, que logré canalizar el meollo en mi cabeza para sacar provecho de él y aumentar mi estamina, fuerza, velocidad; pero nada de eso podía prepararme ni física ni emocionalmente para lo que pudieran ser las pruebas, se suponía que todavía tenía un mes por delante pero yo sentía que estaban a la vuelta de la esquina. El Gran Cuerno era potente, el Puño de Acero estaba bien manejado, y la Ventisca Boreal me daba algo de variedad dentro del repertorio pero seguía siendo mi ataque más débil. Sentí los dedos de Isaak juguetear por mi cuello, se me iluminó el bombillo y lo miré con malicia.

- Me debes algo a cambio de tu insensibilidad.

- ¿Ah, sí? ¿Y cómo qué tendría que pagarte para que te olvides de eso?- Levantó la ceja intrigado, con ese tono de provocación y mischief que tanto me gustaba, devolviéndome la sonrisa maliciosa pero con un tinte más sarcástico.

- Pelea conmigo.

- ¡¿QUÉ?!

- Que pelees conmigo, tengo un ataque por mejorar y sólo tú puedes ayudarme…

- ¿Y si me niego?

- No te perdono.

- Ya lo hiciste, chantajista.

- ¡Ayúdame! Necesito reforzar mi Vestica Boreal, eso no congela ni una cubeta de agua y quiero ganarme una armadura.- Le vi ponerse en pie y cruzarse de hombros, pensando seriamente en si me ayudaba o no. Desde la última vez que habíamos entrenado, siempre me ponía alguna excusa o resistencia cuando le pedía que peleara conmigo, pero esto era diferente, ahora estaba a pocas semanas de competir por una armadura y debía tener todos mis ases listos bajo la manga, pero bien dispuestos, era el todo por el todo, citando a Aldebarán.

- Ven- Me dijo estirándome la mano para que la tomara, lo miré extrañada pero tomé su mano y en ese momento sentía una descarga de viento frío descomunal, semejante al que había sentido la vez que caí con mi propia técnica cuando estuve en coma no sé cuánto tiempo atrás. Hice acopio de mi Cosmo y traté de contrarrestarla rápidamente, los brazos dejaron de arderme. Isaak haló de mi mano y me atrajo hacia él, me dio otro beso antes de mirarme muy serio.

- Nunca bajes la guardia.

- Pero no habías…- Me interrumpió posando su índice en mi boca.

- Y… utiliza toda tu energía, es increíble que uses sólo una cuarta parte de tu Cosmo para pelear cuando lanzas ese ataque, por eso no congelas nada.

- ¿Es eso?- Me miró con cara de "obvio microbio", mirando al cielo en un gesto exagerado de desesperación. Le di un leve codazo y él me respondió con una sonrisa de las suyas. – Tengo un problema- Dije, dejando las bromas aparte de repente – Es que me canso mucho cuándo lo hago, no sólo debo recolectar energía, sino que debo detener sus movimientos atómicos, y me enredo.

- Observa muy bien, y toma mi mano de nuevo cuando te lo indique, esto va a ser terapia de choque.- Hice como me indicó. Observé atentamente como hacía uso de la energía a nuestro alrededor para fortalecer su Cosmo y que a medida que la concentraba, la iba congelando. Era un doble proceso, pero en ningún momento trataba de retener su energía antes de congelarla, la dejaba circular junto a él hasta que su Cosmo era lo suficientemente fuerte para lanzarlo. – Ahora- Le tomé la mano y sentí todo el flujo de aire frío recorrer mi mano y parte de mi brazo, sentí frío. Levantó la mano un poco para no golpearme con el ataque y lo dejó ir directo contra un árbol cuyo tronco se congeló en segundos, luego sentí que retraía la energía y la dejaba circular nuevamente, al tiempo que su Cosmo disminuía progresivamente. - ¿Tomaste nota del truco?

- Eso creo, pero sigue siendo complicado, es hacer dos cosas al tiempo.

- Es menos complejo de lo que parece, a ver, trata de hacer esa técnica tuya.

Hice mi intento con la Ventisco Boreal. Como era de esperarse, lo que yo pude congelar no era ni la mitad de lo que Isaak había hecho en el árbol, aunque mi Cosmo estuviera más fuerte y su potencia hubiera incrementado por los entrenamientos pasados, su poder de congelamiento era mínimo.

- Deja de complicarte.

Me asistió con su Cosmo un par de veces antes de dejarme hacerlo por mi cuenta, cada vez más sentía que el frío me atravesaba las venas, dolía, en especial cuando el Cosmo de Isaak entraba en contacto con el mío aunque traté de disimularlo, no pensaba perder la oportunidad de lograr que la Ventisca Boreal fuera en verdad un ataque real de hielo. Se notaba a leguas que de no haber sido por el viaje a Siberia de Camus y nuestra bromita, todavía estaría en Acuario soportando su insoportable ser.

Cansada, me eché sobre el tronco sobre el que habíamos conversado unas horas atrás. La tarde estaba cayendo para dar paso a la noche y pronto debía regresar a Tauro, además, quería sacarle información a Aldebarán de la fiesta, encargo personal de la loca de Eva que quería asegurarse de que su lo-que-sea-fuera estuviera bien. Levanté la cabeza a tiempo para correrme y levantarme de un brinco antes de recibir una oleada de aire frío made in Finland. Me puse en modo de pelea y tomé mi posición habitual de ataque y defensa mientras tomaba pequeñas partículas y Cosmo del bosque a nuestro alrededor.

Él hizo lo mismo, pero en lugar de lanzarme el ataque, vino hacia mí cargando con sus puños. Nos enfrascamos en una pelea cuerpo a cuerpo en donde esporádicos pero eficientes golpes llenos de aire frío me desestabilizaban, llenándome de quemones sensoriales. Traté de devolverle el truco pero no se me dio muy bien el asunto estando en movimiento: tenía que mecanizar alguno de todos esos procesos: desde luego que no podía ser el esquivar sus puños, me hubiera molido a golpes; pero sí que podía recolectar la energía que me rodeaba para usarla más adelante.

En un tiempo muerto de su Aurora Boreal, aproveché para lanzar mi Ventisca, unos segundos antes, lo golpeé levemente pero me distraje y ataque me estrelló con el árbol. Antes de caer sentí sus brazos tomarme por la cintura, veía borroso pero no me desmayé así que cerré los ojos para recobrar algo de compostura.

- ¿No te vas a morir, verdad?- Le di un golpe en el hombro antes de abrir los ojos de nuevo.

- Soy dura de matar, amigo…- Aunque la verdad, me sentía morir y en lugar de soltarle, le rodeé el cuello con brazos en parte para buscar equilibrio y en parte porque después de tantas semanas de estar evitándonos, discutiendo y pensando en todo lo que nos había sucedido, sólo quería que me abrazara con esa fortaleza que sólo él con su cercanía lograba inspirarme.

Las pruebas podían hacer su acto inicial, yo estaría lista.

A/N

Sigo viva, queridos lectores. He comenzado a trabajar así que Aimée y Eva se ocuparán de mí los fines de semana. Me alegra que les guste la historia, y prometo darles más información sobre la relación que ella tiene con Shura y de cómo se separaron Aimée e Isaak. Esto va tomanod forma, y todo gracias a las largas horas de charla con Lara Harker, la mamá de Marah, llénenla de amor y reviews :D

¡Besos!