PREFACIO

El pequeño niño de 6 años lloraba en el parque, no sólo había perdido a su perro Sebastián, sino que ahora no sabía cómo regresar a casa, estaba realmente asustado y nadie parecía querer ayudarle.

-Hola- Le saludo alguien ofreciéndole un caramelo, su rostro oculto entre sus manos no le permitió verle con claridad.

-Hola- Respondió tímidamente apartando las manos para verle.- ¿Quién eres?

-Un amigo.

-¿Amigo?

-Yo no tengo ningún amigo.

-Entonces seré el tuyo.

-¿De verdad?

-Por supuesto.

Era un muchacho, no debía de superar los 15 años; no supo porque, pero le agradó.

-¿Cómo te llamas?- Inquirió el muchacho.

-Ciel ¿Y tú?

-Es un secreto.

Continuaron platicando un largo rato, hasta que finalmente Ciel le contó el cómo había terminado ahí, su perro había escapado de casa días atrás y él se había fugado para encontrarlo, ahora no sabía cómo regresar…

-Tengo frío- Se quejó, comenzando a toser, el mayor se quitó la chaqueta y cubrió el cuerpo de Ciel.

Si los niños se enfermaban, realmente podía terminar mal.

-Bien, vayamos a la estación de policías- Propuso el muchacho, tomando de la mano al pequeño.

-¿Qué es eso?- Señaló Ciel ante el collar que del cuello del chico pendía.

-Esto es…- El muchacho se lo quitó y mostró al chico- Es un collar de un popular anime.

-¿Anime? ¿Qué es eso?

-Cómo explicarlo…- Pausó un momento pensando en la manera correcta de describirlo- Es como una caricatura, sólo que japo…- Se detuvo otra vez, no estaba seguro que el niño entendiera de naciones- Es una caricatura donde los personajes tienen los ojos muy grandes y son dibujados de manera muy bonita- Exclamó con cierto orgullo.

-Ya entendí.

-En que iba…Ah si, es de un anime de hace algún tiempo. Se llamaba Kuroshitsuji o Mayordomo Negro; trataba sobre un niño que tenía como mayordomo a un demonio y este símbolo era lo que les unía- Se detuvo para enseñarle el pentagrama al niño, quien emocionado le observó.

-Debe ser bonito tener a un demonio como mayordomo.

-No lo creo, al final el va a tomar tú alma.

-No importa…creo que debe de ser muy bonito- Replicó el chiquillo con cierta obstinación

-Eso creo…- Observó el rostro emocionado del niño al sostener aquel medallón- ¿Te gusta?

-Sip.

-Entonces te lo regalaré. Yo le encontré en la playa hace tiempo, te dará buena suerte. Supongo que a alguien se le debió de caer.

-Muchas gracias.- Ciel apretó el medallón contra su pecho- Es el primer regalo que un amigo me hace.

-¡Hey, tu! ¡Muchacho irresponsable!¡Regresa aquí!- Gritaron a lo lejos.

El chico soltó una maldición por debajo y acercándosele le dijo a su pequeño amigo.

-Parece que mis hermanas me han encontrado- Rió brevemente.- Dobla a la siguiente calle a la derecha y ahí estará la estación, los policías te ayudarán a regresar con tú mamá. Debo irme.- Por último le besó en la frente- ¡Bye, bye!

Ciel le vio alejarse entre la multitud.

-¡Adiós!- Grito fuertemente agitando el brazo antes de perderlo de vista.

-¡Oh, Ciel!

-¡Mamá!- Exclamó emocionado, al verla junto a su padre que además traía a su perro.

-¡Estábamos tan preocupados por ti!- Su madre le abrazó y dio repetidos besos, el niño los recibió feliz, correspondiendo a muchos.

-Mira lo que me dio mi amigo, papá.- Extendió hasta su progenitor el medallón.

-¿Y cómo se llama tú amigo?- Cuestionó su padre acariciándole la cabeza y sonriéndole como siempre.

-Él se llama…- No sabía que contestar, observó una ves más el collar y observó que en el medallón había grabado algo, lo leyó en voz alta. -Sebastián…- Pensó en su nuevo amigo y en cuanto le gustaría saber su nombre y volverlo a ver.