Advertencia: Como ya se habrán dado cuenta en capítulos anteriores, este fic contiene escenas fuerte y lenguaje sugestivo, especialmente en este capítulo. Los menores leen bajo su propio riesgo y/o bajo la supervisión de un adulto. Creo que ya me entendieron... bueno, los personajes de Ranma ½ son de Rumiko Takahashi.

Historia de Piratas

Capítulo Duodécimo: El verdadero Ranma Saotome

Entró como una tormenta causando revuelo en el lugar. Kuno se alejó del cuerpo de Akane cual ladrón fuera atrapado en su crimen. Trataba de no mostrar su nerviosismo aunque procuraba negarse a sí mismo el hecho de su cobardía frente a aquel furioso pirata. Y es que él no le tenía miedo a Ranma Saotome sino al demonio que lo poseía en aquel momento. Colérico como un animal de la selva; así estaba él. No... así no; en el estado en que se encontraba el capitán de piratas las mismas bestias salvajes parecían mansos corderos a su lado. Era igual o incluso peor que el mismo Lucifer.

Los dos se miraban fijamente como si de ello dependiera la muerte del otro y a juzgar por las apariencias Ranma ya se podía considerar un cazador victorioso. Tatewaki se sentía intimidado pero siempre tratando de ocultarlo. Él estaba muy seguro de poder ganarle a Saotome. Su mirada le incomodaba porque a un príncipe ni a un rey se le mira directamente a los ojos. Sí, eso debía ser. Simplemente no estaba acostumbrado al contacto visual. No soportó más y apartó su vista involuntariamente y la dirigió hacia el cuerpo de Akane. No importaba mucho donde mirara lo único que Kuno quería en aquel momento era escapar de aquella pesadilla como lo eran sus ojos venenosos.

Ella estaba aliviada y contenta como nunca. Silenciosamente se burlaba de Tatewaki y de su notable comportamiento cobarde frente al verdadero hombre. Ella siempre supo que en las batallas ese idiota se escondía tras los soldados del teniente Sanzenín. Kuno nunca había peleado bien porque nadie le enseñó ya que era el príncipe y su gran trasero real no puede soportar tan duro entrenamiento. Y mírenlo ahora, necesitando de esas capacidades que ganan los plebeyos que siempre se encargaban de salvarle su perfumado y limpio pellejo. Hasta lástima llegó a sentir la burlona princesa, pero por sólo un cuarto de segundo porque el resto del tiempo estuvo sonriendo y mofándose como nunca antes había tenido el placer de hacerlo.

Quedó admirada con aquella exposición de virilidad. Estaba más que orgullosa de su exquisito e inexperto gusto por los hombres. Descubrió que había una mujer hasta para el más vil de los hombres. Y ella misma era ejemplo viviente de esa aseveración. Sonreía maliciosa al ver a Tatewaki rozar el filo de la muerte. Estaba tan cerca… No hacía falta mirar dos veces los profundos ojos de Ranma para saber lo que pretendía hacerle a aquel patán. Y ella se alegraba desde lo más profundo de su corazón que Ranma la rescatara y se vengara con el cuerpo de Tatewaki todo el mal que le ha hecho a ella y a los mismos piratas. Kuno se había ganado a pulso el deseo de muerte por más de una persona. Y es que si Ranma y Akane podían estar de acuerdo en algo era que ese estúpido podía lucir más sus estupideces en el infierno y no en esta tierra donde ya había causado bastantes impertinencias.

Era eso lo que más quería en esta vida. Ver a ese miserable pagar cada una de sus calamidades. Tan atenta estaba a la nueva escena que se había olvidado de su excesiva exposición de masa corporal. Pero eso no era de mucha preocupación ya que por lo menos su ropa interior cubría lo que tenía que mantenerse oculto y aquellos momentos de suspenso requerían más su atención que un simple detalle su piel. Gozaba de aquel espectáculo silencioso. Todavía Ranma no había levantado una mano contra el nuevo rey pero su mirada furiosa era más que suficiente para que Akane comenzara a sentirse rescatada.

Su mirada tan fría como el mismísimo infierno congelado se posó inesperadamente sobre su blanca piel parcialmente desnuda. Sintió tanto miedo como cuando se quedó sola naufragando en el mar. Nunca había recibido esa mirada por parte de él, ni siquiera cuando pelearon en la playa aquel primer día con los piratas o cuando sin querer había limpiado su herida en el pecho con demasiada fuerza. No sabía por qué había contenido el aliento. No se explicaba la razón de que su cuerpo se quedara sin voluntad para moverse. Ella riéndose del imbécil de Tatewaki y mírenla ahora. Llena de terrores y queriendo salir huyendo para salvarse de aquel demonio que poseía a su amante. Pero por más que quisiera esconderse como las ratas, su cuerpo no respondía. Estática y en un total embeleso por aquellos ojos que lo expresaban todo, así estaba ella en el momento que decidió dejar de reírse y comenzar a preocuparse por su propia existencia.

La odiaba, de eso podía estar segura. ¿Por qué¿Acaso él cree que yo estaba gozando de mi maldita noche de bodas¡Maldito Ranma¿Cómo me cree capaz de rebajarme al nivel del estólido de Tatewaki?

- Ya veo que no perdiste el tiempo, Akane. – su voz de ultratumba y aquellas palabras que parecían témpanos de hielo fueron más que suficientes para que la temblorosa joven confirmara sus sospechas.

- Deja de estar pensando cosas que no son, Saotome. – se sorprendió al pronunciar aquellas palabras con neutralidad. Su mirada no cambió por lo que Akane pudo deducir fácilmente que no fueron suficientes para que le creyera. Era tan fácil leer en los ojos de aquel hombre que daba igual si algún día perdía su masculina voz.

- No lo niegues Akane, basta de mentiras. ¡Acepta frente a este plebeyo que disfrutaste conmigo como nunca lo habrías hecho con él¡Cuéntale cuán feliz estabas de librarte de ese montón de idiotas! – Kuno intervino inoportunamente ocasionando que en los ojos de Ranma se derritiera aquel hielo infernal para darle entrada nuevamente al fuego.

- ¡No mientas! – ya suficiente tenía con la desconfianza del pirata como para que ahora el idiota de Tatewaki le agregue leña al infierno. Era tanta la rabia y la impotencia que sentía por su cruel destino que no pudo evitar la caída de aquellos pétalos de mar.

- ¡Algún día se tenía que enterar¡Tiene que saber que tú eres mía¡Solo mía! – asco mezclado con furia se clavaban en la piel de aquella llorosa reina producto de la intensa mirada de Ranma.

Estaba perdida y ya no había forma de que aquel pirata viera a verdad con aquellos ojos ciegos de creíbles mentiras. Y lo peor era que había entrado justo en el momento propicio para una confusión de hechos. Intercambiaron miradas y por un instante creyó ver confusión en aquellos ojos cansados de desilusiones y deseosos de justicia. Tal vez no todo estaba perdido. Aunque fuera sólo por la lástima que le sentía al verla allí en la cama con los ojos llorosos y el semblante desesperado, tenía que hacer algo para que ese patán entrara en razón y le creyera.

- No puedo creer que le creas más a este infeliz que a mi... me decepcionas Ranma. – estaba decidida a agotar todos los recursos para lograr su cometido. Aún le quedaba la recriminación mezclada con la lástima que él pudiera sentir ante las lágrimas de una mujer. Era débil, ella lo sabía y lo aprovecharía.

- ¡Ya no sé que pensar de ti maldita sea¡No es la primera vez que me traicionas! – estaba seriamente confundido. ¿Y qué fue eso de que ella lo había traicionado más de una vez? Estaba claro que había malinterpretado sus acciones desde que fue capturada por esos malditos soldados. Había entendido todas sus acciones al revés.

- Sigue mi voz y mis palabras... es todo lo que te pido para encontrar la verdad. – Akane se levantó de aquella cama y sin siquiera tomarse la molestia de cubrirse con una sábana de seda blanca caminó lentamente hacia Ranma Saotome. Se había olvidado completamente de usar su sensualidad para persuadirlo. Armas de mujer que no podía desaprovechar cuando más las necesitaba. Lo embrujaría con su cuerpo, lo haría caer en sus encantos... lo haría entrar en razón.

- ¡No te atrevas Akane¡Tú eres mía! – exclamaba Kuno con cierto nerviosismo. Si ese maldito pirata le creía a su esposa entonces ya podía darse por muerto. - ¡Regresa a mi en este momento! – el rey exclamaba mucho de querer tener a Akane cerca de él pero ni siquiera se atrevía a moverse para halarla a su lado. Tanto era el miedo que le tenía a las habilidades de Ranma que no quería acercarse ni siquiera un centímetro.

Como eras de esperarse ella no le hacía caso. Era una rebelde que disfrutaba de desafiar todas las órdenes que le dieran, incluso las de su esposo. Reina inmoral que vivía bajo sus propias reglas. Mujer nacida y lista para desafiar las leyes estipuladas por el campo social... digna de un pirata. Caminaba hacia el pirata sin temblar o por lo menos eso trataba porque era un océano de nervios por dentro. Tenía dudas de la reacción que podría provocar su acercamiento a Ranma. No hacía muchos minutos era observada con un deseo de muerte y ahora ella se estaba tomando ese riesgo. Era cuestión de salvarse o morir en el intento. Y si no lo lograba, prefería mil veces la muerte antes que quedarse con Tatewaki.

¡Al diablo con su reino y la maldita voluntad de su padre que la condenaba al sufrimiento¡Debía ser egoísta por una vez en su vida! Tenía que pensar con cabeza fría. Pensar en ella y en su vida antes que salvar a los demás con los típicos problemas del pueblo. ¿Por qué todos podían ser felices menos ella¿Qué había hecho mal en su vida pasada para que ahora la estén condenando de esta manera tan despiadada? Si ella no podía ser feliz entonces de nada le servía continuar viviendo. Lo mejor sería que otro ocupase su lugar.

- ¿Qué intentas hacer Akane? – la pregunta sonaba más como una advertencia hacia la joven.

Ella sabía que Ranma la podía asesinar allí mismo y seguir viviendo sin sentir remordimientos. Podía matar hasta su propia madre si tuviera que hacerlo para luchar por sus ideales y conseguir sus objetivos. Era tan cruel y frío que causaba terror el simple hecho de mencionar su nombre. Tan fuerte y masculino como era. Un mar de pasiones y capaz de amar más que cualquier otro hombre. Así era él, y así mismo lo quería ella. Mujer caprichosa que se deleitaba con esas nuevas pasiones que nunca hubiera podido descubrir antes. Estaba dispuesta a hacer todo lo posible para retenerlo a su lado. Ella era mujer de un solo hombre y quería que ese fuese él. Pirata despiadado e indiferente a los sentimientos. El mismo que había caído en las redes del amor. En las mismas redes que ella había tejido con sus encantos de princesa malcriada y orgullosa.

Muy a su pesar, su cuerpo se había tensado desde que aquella sensual figura de la perdición colocó su primer pie en el frío y rocoso suelo. Quería detenerla, hacerla retroceder pero no podía. Había una parte dentro de él que quería tenerla cerca. Quería aquel cuerpo cerca al suyo. Sus respiraciones mezcladas y su boca probando aquellos labios de fresa. Necesitaba sentirla cerca una vez más antes de matarla por traicionera.

Esa zorra astuta le pertenecía y mataría a todo el que tocara su posesión. Él había llegado lejos para llevársela nuevamente. Estaba ansioso por encontrarla pero nunca de aquella manera. Acostándose y revolcándose con aquel hijo de perra. Traicionándolo de la manera más repugnante que podía. Disfrutando de su rescate a plenitud. La haría pagar como a nadie... después de deshacerse de aquel maldito profanador del cuerpo de su mujer.

- Voy a lograr que me creas. – se acercaba con pasos lentos pero seguros.

Sensual como era, Ranma había caído en su hechizo y había perdido la cordura. Se perdía en su mirada y se molestaba consigo mismo por no tener la voluntad de estrangularla hasta hacerle encontrar las puertas de la muerte por traidora. Serpiente venenosa que con sus lentos movimientos lo seducía y le hacía perder la cabeza a todos los hombres. Su cuerpo fruto prohibido que lo enviciaba y lo volvía su esclavo de amor. Y lo peor era su melodiosa voz, cantos de sirena que hechizaba sus sentidos y lo hacía cometer locuras. Era un hombre perdido ante ella. Mujer malévola que le hacía ver el cielo en sus ojos marrones.

- ¡Detente ahora mismo Akane¡Tú me perteneces! – no encontraba más palabras para detenerla. Tampoco estaba muy seguro de lo que quería lograr con acercarse al pirata de aquella manera tan provocativa pero nada bueno para él debía ser resultado de aquel sensual caminar. Ella lo ignoraba, ya tenía a Ranma donde quería tenerlo. Una marioneta en sus manos y no iba a permitir que Kuno lo echara todo a perder.

- Si no te detienes en este momento, te consideraré una traidora del reino y entonces sí que no habrá Dios que te salve de la pena de muerte a la que te voy a condenar. Y créeme capaz de condenar a mi propia mujer... – estaba seguro de que con esas palabras amenazadoras se detendría, incluso podría apostar su vida a que esa estúpida con cerebro manejable se detendría al ver su vida amenazada.

Sonrió confiado y con el poder reflejado en sus labios y su mirada orgullosa. Amarillentos los dientes que se asomaban cautelosos en la sonrisa de Tatewaki al ver como Akane detenía sus pasos. No se mostró sorprendido al ver como sus palabras lograron el resultado que buscaba. ¿Cómo no se le había ocurrido decirle eso antes? Se recriminaba así mismo por no tener aquella brillante idea de amenazarla antes. Akane le pertenecía y no permitiría que otro la tocase.

- Te reto a que lo hagas... a ver si te atreves. Aunque conociendo lo cobarde que eres lo dudo mucho. Y creo que no eres el único en esta habitación capaz de matar a su propia mujer… no te creas tan especial. – fue la única respuesta que recibió luego de mirarlo como hacía minutos lo había visto aquel pirata.

Sus ojos vestidos de muerte y sus desafiantes palabras representaban un mal augurio para Kuno.

¡Debía hacer algo antes de que las cosas se salieran de control! Todo rastro de sonrisa satisfecha y seguridad habían abandonado al rey después de escuchar aquel insulto a su escasa valentía. ¿Cómo se atrevía a decirle eso¡Él era todo un hombre valiente! Sólo que no lo suficiente para enfrentarse a Ranma Saotome... una leyenda del mar y de la muerte. Kuno sabía apreciar el regalo de la vida y él sabía que arriesgarse sería insultar al Señor que los había creado. Por menos de un minuto llego a sentir admiración por la vida que se jugaba su esposa… pero no duró lo suficiente como para reemplazar el odio que sentía hacia ella por preferir a ese gusano antes que a él. ¿Qué de especial tenía Ranma Saotome para hacer las mujeres suspirar¿Qué tenía un pirata que no tuviera un rey¡No tenía sentido¡Akane está loca! Es la única razón coherente que pudo encontrar en aquellos momentos de poco pensar.

Akane llegó frente a Ranma y lentamente colocó sus manos en las mejillas del pirata. Enloquecieron con el tal anhelado contacto y aquel furioso hombre cerró sus bellos ojos con complacencia al sentir aquellos fríos pétalos de rosa sobre su rostro. Tan suaves como las flores que pisoteaban sus gastadas botas. Sonrió gustosa al ver que el pirata había caído en sus encantos y todo gracias a enseñar un poco más de piel. Su roto traje había llegado a salvarle la vida.

Tatewaki buscaba por los alrededores de la habitación pero por la oscuridad de la noche no tenía mucha visibilidad. ¡Maldita luna que no me ayuda en nada! Y es que aquel símbolo de noches de pasión estaba siendo cubierto por traicioneras nubes pasajeras. Trataba de no verse sospechoso y aprovechar el éxtasis en el que se encontraba aquel maldito pirata. Necesitaba encontrar el objeto que le devolvería la ventaja sobre la situación. Buscaba sólo con la vista porque sabía que cualquier movimiento sería la causa del estado de alerta en aquellos dos bastardos.

Despertando repentinamente de su ensoñación levantó sus brazos y con brusquedad separó las manos de Akane de su rostro. Sorprendidos estaban ambos reyes de la acción de Ranma. Y una vez más la sonrisa adornó los labios de Tatewaki, contrastando visiblemente con el miedo y la confusión en el semblante de su esposa. Levantó su pesada mano y con la palma abierta golpeó el rostro de una dolida Akane. Un fino río de sangre nacía de la comisura de los labios de la temerosa joven.

- ¿Acaso pensabas que me podías seguir engañando¡Piénsalo otra vez! – colocó su mano temblorosa sobre la mejilla golpeada y con la otra retiró aquel rastro de sangre que afirmaba aún más el temor que debía sentir por su amante. - ¡No soy el juguete que buscabas para tu diversión!

- ¡Maldito! – gritó rabiosa y tratando de golpear inútilmente al pirata ya que éste había sujetado sus brazos y los había juntado a su pecho, logrando acercar a la joven a su cuerpo. - ¿Por qué me golpeas¡Esto no se va a quedar así! – lloraba de coraje y el dolor mezclado al ver que las esperanzas que tenía en Ranma la habían abandonado. Quería morir allí mismo o matarlo. Deseaba todo menos aquel trato que le daba el hombre que había esperado encontrar desde el momento de su nacimiento.

Con impotencia trataba de golpear su fuerte pecho. Sabía que era inútil pero necesitaba hacerle sentir a Ranma toda la molestia que sentía. Como él tanto la deseaba sentir. Rabiosa contra su cuerpo. Esa era la mujer que él quería, aquella que no importando cuán escasas eran sus posibilidades de ganar contra él se atrevía a desafiarlo con sus golpes y sus palabras. La mujer que no le temía a Ranma Saotome era la misma a la que todos debían de temer por igual.

- Es lo que te mereces para que entiendas que conmigo no se juega. Yo no soy como esas muñequitas que manejas a tu antojo. ¡Las mismas que arrojas cuando ya no te sirven! – gritó molesto y conteniendo como podía las nuevas ganas que tenía de golpearla. - ¡A mi no me vas a botar de esa manera porque yo no soy tuyo¡Tú eres mía! – sujetó con fuerza los delicados y desnudos hombros de su doncella. A ella se le erizó la piel ante el contacto de sus callosas manos contra la suavidad de su cuerpo y su corazón latió a mil por hora. Con toda su contenida pasión bebió de sus sedientos labios. Oasis de amor en medio del desierto que se había creado con el distanciamiento.

Fue en ese momento que Kuno se dio cuenta finalmente que ya no podía depender su vida en las discusiones de aquellos dos anormales. ¿Qué clase de amor es el que se profesan? Primero se unen, después él le pega y ahora se están besando con una increíble bestialidad. Y yo que pensaba inexperta a la estúpida esa y mírala ahí... besando con demasiada experiencia a ese canalla. ¿Quién entiende a las mujeres? Aprovechó la ocasión para correr al lado derecho de Akane donde se encontraba su mejor amiga. Aquella que lo protegía de todos los males que amenazaban sus planes y que debían ser exterminados. Recostada en la pared se encontraba su flamante espada. Tan filosa que era capaz de rebanar esas imponentes paredes rocosas del castillo.

Se separaron bruscamente para recuperar el aliento. Momento que aprovechó la reina para abofetear con furia contenida a su amante. A diferencia de muchos, Akane era la única que se atrevía a pegarle a Ranma Saotome sin pensárselo más de una vez. Y al parecer todavía no se daba cuenta de lo afortunada que era por no ser asesinada el mismo segundo que su mano tocara el rostro del capitán de piratas. Eran esos detalles los que le fascinaban a él. Su valor, ese coraje que ella tenía. El simple hecho de discutirle y salir viva era todo un logro y un acontecimiento.

- Eso fue por no creerme, confundirme y pegarme. – comentó lo más tranquila que podía.

Levantó la espada al momento que el pirata era golpeado. Al parecer ninguno le daba importancia a su presencia, cosa que naturalmente le favorecía. Con seguridad empuñó su larga espada y la colocó de manera horizontal para herir a aquella maldita traidora por el costado derecho de una sola estocada certera.

Tan ensimismada estaba ella en su discusión con Ranma que no se había dado cuenta de la amenaza a su vida. Corrió con toda la velocidad que podía y justo cuando creyó que su espada alcanzaría herir de muerte a Akane se dio cuenta que el pirata la había atraído a su cuerpo para esquivar el ataque. Ranma aprovechó las fracciones de segundos que tardaba Tatewaki en estrellarse contra la cama para probar nuevamente de los labios de Akane.

- Esa fue mi recompensa por salvarte. – no esperó más y se dirigió a Kuno. Lo volteó sobre la cama con salvajismo. Es tiempo de que ese miserable pague por la muerte de sus piratas. Lo haría sufrir antes de darle la estocada final. Ese infeliz se había ganado todo el escarmiento que Ranma estaba dispuesto a ofrecerle. Con una sonrisa siniestra le arrebató la espada al horrorizado rey. Sostuvo con su mano izquierda fuertemente las débiles manos de Tatewaki y antes de que pudiera siquiera sentir aquel maldito corte horizontal ya había perdido sus brazos.

- ¡AAAAAAAHHHHHH! – gritó tan fuerte como podía. Akane se sorprendió un poco de aquel repentino movimiento pero no sintió remordimientos. Con esas mismas asquerosas manos él la había tocado en contra de su voluntad. Sin medir la fuerza, el brusco capitán se sentó sobre el estómago del pobre Kuno de manera que le daba la espalda.

- Akane¿quieres hacerme el honor de demostrarme tu técnica en el cuerpo de este maricón? – preguntó sarcástico. Ella aceptó gustosa la invitación y con una sonrisa igualmente malévola le hizo honor al seudónimo que le había dado Sei. Sin contemplaciones la reina descargó su venganza con una firme patada sobre la masculinidad de Tatewaki. Un grito desgarrador salió de la boca del rey, llenando de felicidad a los demás presentes. Dulce melodía para ella, un grito de sufrimiento para él.

- ¡Despídete de tus adorados herederos! – se mofaba sin piedad del dolor que le ocasionó aquel golpe fatal. Ranma la miró por unos instantes con desconfianza, pero luego se convenció de que ella nunca le haría eso o de otra manera correría la sangre... y no iba a ser precisamente la de él.

- ¡Ya no más por favor! – rogaba con el dolor mezclado en su voz.

- ¡Eso mismo pedía yo cuando me tocabas¡Ahora soy yo la que ignora tus súplicas¡Ruega todo lo que quieras maldito! – imágenes de acontecimientos pasados regresaron a la mente de Akane retornándole la rabia con el doble de fuerza y una segunda patada hizo a Kuno gritar con mayor potencia. Por suerte no se había quitados sus molestosos zapatos de tacón, los mismos que había usado para la fiesta después de la boda. No eran tan altos como los otros pero sí lo suficientemente finos como para duplicar el dolor en el cuerpo que recibiera sus patadas. Ranma escuchó esa declaración y sintió como su instinto animal se apoderaba de su mente. ¿Ese maldito había forzado a su mujer? Ya no mediría su venganza. Le quitaría a Kuno hasta el último suspiro sin piedad.

- Vamos Tatewaki, que no es para tanto. Deja ya de gritar como marica... no queremos que tu papi se levante. – cuando terminó esa irónica oración Kuno supo que en la lista de muertos seguía su propio padre. ¿Dónde estaban esos malditos soldados cuando los necesitaba¿No se suponía que Sanzenín estaría velando la entrada de su habitación? A menos que... no podía ser. Ya estaba perdido. ¿Por qué no lo mataba de una vez? – Akane, retrocede por tu propio bien. – ella lo miró dudosa. ¿Qué le iba a hacer Ranma a ese idiota? No estaba muy segura pero de eso ya se enteraría en poco tiempo. Como le había pedido, la reina retrocedió unos cuantos pasos con un poco de temor.

- ¿Qué me vas a hacer maldito¿Por qué no me matas de una vez¡Suéltame y pelea como un hombre honorable! – clamó desesperado.

- ¡Jajajaja! Debo aceptar que tienes un buen sentido del humor Tatewaki. ¿Qué te suelte dijiste¡Jajajaja¿Pelear como un hombre honorable¡Jajajaja! – Ranma se reía burlón como nunca antes había hecho. Realmente disfrutaba hacer sufrir a ese creído. – ¿Y a ti quien te dijo que yo soy un hombre honorable? Eso es cosa de tontos. ¡Ataca por la espalda cuando tienes la oportunidad¡Haz sufrir cuanto más puedas a tus enemigos¡Así pelea un pirata de verdad¡Ese es mi código! – finalizo orgulloso.

- ¡Eres un maldito salvaje! – gritó cegado de dolor.

- ¿Y hasta ahora te das cuenta? – preguntó sarcástico. La rabia había cegado completamente a Ranma. Su voz de asesino psicópata retumbaba con terror en los oídos de los reyes. Sí... hasta Akane comenzaba a sentir miedo por Ranma y lástima por Tatewaki.

- ¡Ya déjate de juegos Ranma! – ordenó la reina con preocupación. El capitán estaba fuera de sí. Parecía otra persona... otro que ella no amaba. Él no la escuchó y siguió jugando con la deteriorada psicología de Tatewaki, un poco de maltrato verbal era el principio de su venganza. Cobraría gota por gota de sangre todo el mal que habían recibido por parte de él y su séquito de soldaditos… nunca le perdonaría el sufrimiento que merecía por haberlo apartado de los piratas con los que ya nunca podría contar.

- ¿Estás seguro de que quieres saber lo que voy a hacer con tu asqueroso cuerpo? – ignorando la orden de su amada, aquel hombre hecho bestia siguió con su plan de escarmiento. – Hoy sabrás el porqué todos me temen. Feliz deberías estar al tener el honor de conocer al verdadero Ranma Saotome. – levantó la filosa espada – Esto es para que aprendas a no robar la mujer de un pira...

- Y esto va a ser para liberarme. – Tatewaki trató de levantar rectas sus piernas para atrapar el cuello de Ranma pero cuando estaba a mitad de camino, el pirata actuó más rápido y de un solo corte horizontal dejó a Kuno sin piernas.

- ¡AAAAAHHHHH! – el dolor era insoportable. El infeliz lo estaba descuartizando y no había algo que pudiera hacer para evitarlo.

- Tsk... tsk... tsk... – movió su cabeza de izquierda a derecha en un gesto negativo. – ¿Cuándo vas a aprender? Eso te enseñará a no interrumpirme. ¿Qué aquí no te enseñan modales? – tenía el rostro salpicado en sangre del rey y fue en ese entonces que Akane decidió retroceder unos paso más. – Como te seguía diciendo... – dijo de lo más casual - ...esto es para que no dejes mocosos parecidos a ti en el mundo. – no lo pensó dos veces para cortar la hombría que antes había sido pateada por su misma esposa. – Entiende que es por el bien de la humanidad. ¡Jajajaja! – reía extasiado de complacencia al ver al pobre rey sufriendo en el último y peor día de su vida.

- ¡Me vengaré de ti en el infierno maldito demonio! – amenazó

- ¡Jajaja! Si de ti se va a encargar mi padre cuando lo veas eso te lo puedo asegurar. Vas a encontrar lo mucho que nos parecemos así que no tendrás dudas de quien es cuando lo veas torturándote. ¡Jajajaja!

- ¡Ya basta Ranma¡Mátalo si lo vas a matar pero deja de atormentarlo tanto¡No soporto más! – la joven tenía los ojos cerrados y había colocado ambas manos en sus oídos para tratar de no escuchar los fuertes y desgarradores gritos de Kuno. Era cierto que quería vengarse de todo el mal que es infeliz le había regalado pero nunca imaginó cuánto se arrepentiría de desearle la peor de las torturas.

¿Podría seguir viviendo enamorada de aquel animal ahora que conocía finalmente su verdadera identidad¿Podría soportar vivir al lado de un maníaco violento¿Al lado de un pirata que no medía su brutalidad? Ya Akane no sabía si era peor seguir viviendo con el depravado de Kuno o con el violento de Ranma. ¿Cuánto tiempo podría vivir con alguien que le daba miedo¿Con alguien que al verlo a los ojos profese la muerte?

- Si no soportas más, te puedes ir. Por ahí está la puerta. Espérame afuera. – cambió su tono de voz a uno más neutral sorprendiendo a Akane quien pensaba no tendría control sobre sí mismo a estas alturas.

- ¿Qué pasa contigo Ranma? Ya no eres el de antes.

- Tienes razón... desde que este maldito mató a quienes más quería he cambiado. ¿Decepcionada?

- Ven, salgamos de aquí. – trató de persuadirlo porque Kuno moriría por falta de sangre en poco tiempo, pero sabía muy en el fondo que eso sería casi imposible.

- ¿Cómo crees que debería matarlo¿Le atravieso su podrido corazón? No... mejor le corto la cabeza y la tiro en su propia letrina para que le sirva de alimento a las ratas. No... mejor no, yo no tengo nada contra las pobres ratas. ¡Jajajaja! – un escalofrío recorrió el cuerpo de la reina. Akane estaba asombrada de cuanta violencia podía pasar por la mente de Ranma en fracción de segundos.

- ¡YA BASTA RANMA! – gritó consternada por todas aquellas terribles palabras. - ¿Qué demonios pasa contigo¡¡¡REACCIONA DE UNA VEZ!

- ¿Qué no era esto lo que buscabas cuando me liberaste del calabozo¿No querías que viniera por ti¿No querías que matara a este pendejo para no manchar tus propias manos?

- Si quería todo eso...pero no de esta manera.

- ¿Ah, no¿Y entonces cómo¿También me vas a decir como matar a mis víctimas¡Esto es el colmo Akane¡No me puedes manejar a tu antojo¡Ya me tienes harto con tus putas órdenes reales! – finalizó molesto.

- ¡NO SE¡NO ME TORTURES MAS! – gritó a la vez que lágrimas comenzaban a salir de sus ojos.

Después de unos segundos de estar con el pensamiento en blanco, Ranma decidió que ya se había divertido bastante, aunque nunca lo suficiente, con Tatewaki. Era hora de terminar un nuevo capítulo en sus vidas y pasar la página de libro que tal vez les traería ese final feliz que tanto buscaban. Ranma se levantó de la cama y miró a Kuno como la escoria humana que era.

- Agrádesele a Akane que no llegué a la parte donde te quedabas sin ojos ni orejas, era mi favorita. Es una verdadera lástima que no lograras ver todas las sorpresas que te tenía preparadas. – Ranma se levantó del maltratado estómago del rey y se volteó para ver a Kuno yaciendo sobre la cama manchada con su propia sangre. Ranma levantó con pesar la espada vestida del rojo de su sangre y lo último que pudo ver Tatewaki fue al pirata dirigiendo la filosa arma a su cuello sin contemplaciones. Plumas rojas se elevaron por la habitación cuando Ranma cortó el exclusivo colchón donde el rey encontró su última noche.

Ranma caminó hacia Akane y antes de que pudiera siquiera secar sus lágrimas ésta se alejó abruptamente.

- Ya no sé si puedo vivir a tu lado... esta noche descubrí algo que no me gustó Ranma. – bajó su cabeza cuestionándose qué era lo que había hecho mal. ¿Cuál fue su error? Cerró fuertemente los puños con frustración ante la reacción inesperada de Akane y rápidamente levantó su rostro para ver como en la ventana se asomaban los primeros rayos de sol. El amanecer había llegado... ya era tarde.


Fin del Capítulo 12


Artemisa: Como se han podido dar cuenta y al contrario de lo que pensaba (como siempre ¬¬U) este no es el último cap. Creo que es de los más sangrientos que he escrito en esta historia (si no me equivoco el otro es el tercero), pero así mismo quería hacer pagar a ese maldito de Kuno. Sobre la tortura, ni crean que soy tan violenta (aunque en parte sí bwajaja), pero esa técnica del desmembramiento (cortar las extremidades: brazos, piernas, cabeza, etc.) la usaban los piratas realmente (me lo dijo mi padre ayer mismo cuando buscaba una buena forma de matar a Kuno). Y eso que no le llegué a quitar las uñas ni a cortar los dedos uno por uno (me conformé con dejarlo sin brazos)... es realmente doloroso, pero no me quería exceder de violencia XD.

Espero que les haya gustado el cap. a ver como continúo el próximo porque escribí muchas cosas que nunca pensé escribir... como siempre. Me siento como si corriera hacia un callejón sin salida y las ideas sobre el final poco a poco se van desvaneciendo con cada oración nueva que cambia lo que tenía pensado antes.