CAPÍTULO IX

EL MISTERIO DEL GATO

Melisa caminaba fastidiada atrás del grupo, tenía hambre, y lo peor de todo, nadie prestaba atención a sus palabras. Aunque en realidad no servían de mucho, había perdido todo rastro de "él" y también del tal Ryukoushin. La tierra estaba cambiando y las corrientes energéticas se habían intensificado, cuando esto ocurría era más difícil percibir la presencia de ese hombre, ya que se perdía en el ambiente. Lo más probable es que ese extraño bosque estaba ya compenetrándose a este nuevo universo.

Realmente tenía mucha hambre. ¡Qué rabia! Pero no podía hacer nada y con la cantadita que le había dado Sesshomaru, ni valor le quedaba para decirle algo. Aún recordaba sus palabras…

—"Quiero que entiendas muy bien una cosa. No creas que por que tienes una extraña facultad tienes la potestad de dar órdenes. No eres más que una vulgar humana y no necesito de tu ayuda, con mi capacidad es más que suficiente para encontrar a ese sujeto. Y si estás aquí, acompañándonos en este momento, es porque tú quisiste hacerlo; nadie te invitó, nadie te obligó. Y si esto no te gusta puedes marcharte en el momento que quieras. Al fin y al cabo, tú presencia aquí no es requerida, y tu ayuda, ¡más que innecesaria!"

—¡Pero qué sujeto más odioso! ¡Nadie estaba dando órdenes, sólo eran sugerencias! ¡Ni que todo el mundo fuera tan tirano como él! —pero en realidad él tenía razón, nadie la había obligado a seguirlo, así que no le quedaba otra opción más que aguantar su odioso carácter—. Bueno… siempre hay un precio que pagar, ¡nada es gratis!

Sin embargo, ya no daba más, prácticamente se estaba comiendo a sí misma, su estómago no dejaba de rugir. Así que intentó algo, se predispuso a mostrar su lado más amable. Se colocó al lado de él y mostrándole una gran sonrisa le sugirió:

—Oye, Sesshomaru, ¿qué te parece si nos detenemos a comer algo? Creo que todos estamos un poco hambrientos, ¿no crees?

Sesshomaru sólo le dio una mirada fugaz de reojo sin dejar de caminar, ni siquiera se tomó la molestia de contestar algo. Ella se detuvo y luego…

—¡Ah, pero que sujeto! —farfulló, mientras pataleaba como si estuviera bailando— ¡Ni siquiera es capaz de decir algo! ¡Es un maleducado! ¡Y así se cree la última coca cola del desierto!

—¿Qué estás haciendo, mujer? ¿Matando cucarachas? —se burló Jaken, mientras se adelantaba para seguir a su amo. El instinto rabioso de su hambruna la obligó a quitarle el báculo para dárselo en la cabeza.

—¡Esa es por golpearme antes! —y siguió adelante.

—¡Pero qué mujer! —Jaken se cruzó de brazos mientras le latía el chichón en la cabeza— ¡Por qué diablos todos se sienten con el derecho de desquitarse con el pobre Jaken! ¡Todo porque soy pequeño!

Sin decir nada, como siempre, Sesshomaru lentamente los conducía a un río. Cuando llegó a él se dirigió a Melisa con su típica actitud fría:

—Si quieres alimentos tendrás que conseguirlos por ti misma, y trata de hacerme el favor de estorbar lo menos que puedas —Sesshomaru se acomodó a la sombra de un árbol y cerró los ojos. Melisa lo quedó mirando, quieta, con los ojos abiertos de par en par sin saber qué hacer.

—¡Despierta mujer! ¿¡Qué no te das cuenta que hay una suculenta comida esperándonos en el río!? —Jaken salió corriendo para lanzarse al agua, tenía tanta hambre como ella.

La actividad le pareció divertida, y más que cazar se dedicó a jugar y a molestar a Jaken. Era bastante difícil tomar esos escurridizos peces, no obstante, lograron obtener la ansiada comida, sin antes quedar empapados por completo.

Sesshomaru, por su parte, estaba ataviado de hastío, no lograba encontrar el rastro de ese sujeto, y los pocos resultados estaban terminando por cansarlo. ¡Nada salía bien! ¿Pero cómo era posible? Él, siendo el daiyökai más poderoso de estas tierras ¿Ser burlado por un sujeto inferior? Muy descendiente de Ryukotsusei podía ser, pero la falta de habilidad de ese sujeto se notaba a la legua. ¿Entonces como era posible que esto estuviese ocurriendo? ¡Primero la espada de su padre y el odioso de Inuyasha! ¡Y ahora este sujeto…!

Sin duda alguna, la vida en ocasiones tiene una forma muy graciosa de jugarte una pasada.

Observó a la muchacha que reía de forma alegre mientras impedía a cada instante que jaken saliera del agua, aunque esto al pequeño kappa no le causaba gracia en lo más mínimo. ¿Pero por qué había permitido que una molesta humana los acompañara? Una humana… seguro que en el viaje sería más que un estorbo. Pero ni él comprendía muy bien por qué había tolerado una cosa como esa. Sin embargo, cuando la miraba, una idea suspendida quedaba en el aire, no era fácil de vislumbrar, pero algo en ella lo dejaba en un sigiloso suspenso, como a la espera de un… "no sé qué". ¿Una corazonada? ¡Qué importaba! Su problema era otro.

—¡Maldito Ryukoushin! —pensó para sí. Pero si el intento había fallado por segunda vez, ¿sería que realmente no era tan fuerte como suponía?, ¿sería que todo esto se debía a su propia falta de habilidad y fortaleza? Sesshomaru volvió a cerrar los ojos mientras frunció el ceño con molestia. ¡Una cosa como esa no era fácil de digerir!

Jaken y la muchacha comían con alegría sus pescados mientras se secaban al sol cerca de un pequeño fuego, conversaban y se molestaban el uno al otro de vez en cuando, luego volvían a reír y así como un círculo vicioso continuaban. Sesshomaru aún estaba inmerso en sus pensamientos:

—Este olor… Se hace más fuerte —eso era lo que impedía detectar el rastro de Ryukoushin. Algo en el ambiente estaba cambiando lentamente, a cada momento y nublaba su nariz. Ese olor era extraño, se desprendía de las plantas, de los árboles, de la tierra… y estaba por todas partes, por cada rincón, cómo si naciera de las mismas entrañas de la naturaleza. Y de repente, Jaken preguntó con sarcasmo, sacándolo de sus pensamientos:

—¿Y has detectado algo en tus raras corrientes? ¿Algo que se llame así como… ¡Ryukoushin!?

Melisa guardó silencio por un momento y Sesshomaru la miró esperando, luego dudosa respondió:

—…No. Hay que esperar un poco —Sesshomaru se dignaba a preguntar algo, cuando comenzó a sentir una extraña presencia en el ambiente. No era un demonio, tampoco ninguna clase de yökai, ¿o tal vez si? No… era más bien, ¿animal? Estaba muy cerca, pero no podía saber exactamente donde. Miró hacia todos lados, expectante. El olor vino más nítido a él.

—¿Qué es este olor? ¿Olor a gato? —se preguntó.

Melisa estaba comiendo tranquila su pescado cuando escuchó la voz profunda y metálica de Azabache.

—Melisa, tu madre…

Sesshomaru lo único que escuchó fue a Melisa diluida en el ambiente, como un eco que preguntó antes de desvanecerse:

—¿Mi madre? —y cuando volteó para verla no estaba, sólo la brocheta con el pescado que caía en ese mismo instante al suelo. Jaken alzó su rostro para decirle algo a la muchacha y se encontró con… nada.

—¿Qué? ¿¡Y esta mujer adonde se fue!? ¡Ni siquiera la vi! ¡Qué rápida! —Sesshomaru frunció las cejas e inclinó levemente el rostro hacia el costado, como un cachorro cuando escucha un sonido extraño. ¿Pero qué era lo que había sucedido?

Por su parte, Melisa, ya estaba en su casa, y Azabache maullaba en el suelo mirándola con esos enigmáticos ojos verdes.

—Sí, sí. Lo sé. Está esperando. ¡Ay pero estoy toda mojada! —reparó en su ropa— ¡Bueno no importa! —abrió la habitación y cruzó fugaz por el patio hasta llegar a la parte delantera de su casa. Azabache la seguía atrás. Cuando abrió la puerta su madre ya no estaba. Se dirigió directo al antejardín, abrió la reja que colindaba con la calle y gritó:

—¡Mamá! —su madre iba por la esquina casi a punto de cruzar la avenida. Se devolvió. Cuando se encontraron se dieron un cálido abrazo.

—Pensé que no estabas. Te demoraste mucho en abrir la puerta.

—Sí, es que estaba en la habitación de atrás.

—No me digas que estabas en tus meditaciones y esas cosas raras. ¿¡Ah, pero por qué estas tan mojada!?

—Eh… bueno… estaba regando el patio y me puse a jugar.

—¿A jugar? ¡Ay, tan especial que es mi hija!

Ya adentro Melisa se cambió rápido colocándose un vestido ligero, le sirvió a su madre un poco de jugo de durazno cocido que tenía guardado en la nevera y unas galletas a modo de refrigerio, y se sentaron a conversar en la sala de estar.

—¡Ay pero que rico te queda este jugo, parece néctar! —Melisa sonrió. A pesar de que su madre venía a su casa casi todas las semanas siempre le daba gusto volver a verla.

—¿Y mi papá?

—Está trabajando, pero dijo que la próxima semana vendría, ¡ya que tú nunca vas a visitarnos! —le reprochó su madre— Pero está bien, me imagino que es por el trabajo y la universidad —eso fue como un golpe.

—Sí… —sonrió nerviosa. Era cierto, aún no le había contado que congeló los estudios, y en cuanto al trabajo… desde que emprendió el nuevo "viaje dimensional" simplemente dejó de asistir, lo más probable es que aquel puesto de trabajo ya estaba más que perdido —¡Qué irresponsable soy! —se reprendió para sus adentros—. Bueno, que se le va a hacer. No se puede estar en todas. Algún día se lo diré.

—Pero hija, ¿cómo estás? ¿Cómo la estas pasando? Si necesitas algo sabes que puedes contar con nosotros. Al fin y al cabo, sabes que tu padre y yo nunca estuvimos de acuerdo que salieras de casa sin antes terminar tus estudios. Puedes volver el día que quieras, para ti sería mucho más fácil y cómodo —Melisa escuchaba a su madre mientras sonreía, aún insistía en lo mismo, a pesar de que habían hablado del tema varias veces.

—Tan sobreprotectora que es —pensó—. ¿Y mi hermano como está?

—¡Ese niño, tan ligero como siempre! ¡Ya le queda su último año en el colegio y no sabe qué hacer! Primero dice que seguirá estudiando, luego que no, que trabajará. ¡Ay, la verdad es que no se qué quiere! Pero fuera de eso, está bien. Aunque la novia que tiene no me gusta mucho. Se la pasa aplanando calle todo el día¹ ¡hasta la madrugada! y ninguno de sus padres se preocupa por ella. Bueno, pobrecita, me da un poco de pena, tan falta de cariño que esta esa niña. El problema es que esta tan enredada con tu hermano y eso es un poco peligroso, no va a salir ahí con un domingo siete². ¡Tu sabes! ¡Estos adolescentes! ¡Ay, y este gato! —se dirigió a Azabache— ¡Cada día más hermoso! ¡Qué pelaje tan lindo tienes, Azabache! —el gato ronroneaba acostado en las faldas de la señora.

—Gato mañoso —pensó Melisa. Sólo le dio el aviso porque era precisamente su madre, si hubiese sido otra persona, incluyendo a su padre jamás se habría tomado la molestia de avisarle. Pero en fin, eran los caprichos de Azabache, su ángel guardián, si no fuera por él nada de esto sería posible, su vida sería muy diferente.

Recordó el momento cuando por primera vez se le apareció, aquel ser gigante de cuerpo oscuro, el susto que le dio cuando lo vio haciéndola regresar de inmediato a su cuerpo físico, el maullido lastimero desde su balcón, el brillo enigmático de sus ojos.

En aquel entonces, cuando abrió el ventanal de su habitación, el gato confianzudamente se adentró al cuarto, maullando. Ella no sabía qué hacer, con tremenda aparición le tenía miedo. El gato se intentó acercar pero ella dio un paso atrás. Él no dejaba de maullar, de quejarse. Y Melisa nerviosa se decía a sí misma.

—Tranquila Melisa, sólo es un gato. ¡Es un gato! ¡Un animal común y corriente! No hay nada que temer.

Y el gato se le enredaba en las piernas refregándose, acariciándola. Luego de un momento, ya cuando se le quitó un poquito el miedo y convencida de que era sólo un animal como cualquier otro, se agachó y lo intentó tocar, el gato no tenía problema en aquello; ponía su cabecita en la mano de Melisa y se inclinaba placentero cuando ella se la rascaba por el costado, detrás de la oreja. La verdad es que el gato era un amor, a pesar de estar todo feo y maltratado.

—Eres sólo un gato, ¿verdad? ¿Y por qué estas en este estado? Estas herido —Melisa lo tomó en sus manos para salir de la habitación, el gato no dejaba de producir ruido.

—¡Shh! Cállate, despertaras a todo el mundo.

—¿Melisa? ¿Qué sucede? ¿Por qué metes tanto ruido? Despertarás a tu padre.

Cuando la madre salió de la habitación y vio al animal exclamo impresionada:

—¡Pero ese gato! ¿¡Qué haces con un gato!? ¡A tú padre no le gustará nada!

—¡Shh…! ¡Mamá no metas tanta bulla! —la reprendió en susurros— Se metió a mi habitación y no supe cómo sacarlo. Está herido y creo que tiene hambre.

—¡Ay pero que cosa más linda! ¡Pobrecito! Pues fríele un bistec, en la heladera hay. Y toma el botiquín y llévalo a tu cuarto para que no meta tanta bulla. Mañana le diremos a tu papá.

Una nueva mascota había llegado a la casa y a su padre la idea no le agraciaba en lo más mínimo. Además era negro, no podía ser uno rayado, uno gris, uno multicolor. ¡Tenía que ser precisamente un gato negro!

—No me gusta, el gato se va hoy mismo. Es de mala suerte tener un gato negro en la casa. Lo más probable es que muchas desgracias nos acontezcan de ahora en adelante —hablaba el padre receloso.

—¡Ay Papá! ¡No tienes fundamento! ¡Son puras supersticiones! ¡Ya te pareces a la abuela!

Fue la madre la que se encargó de convencer a su marido, sin embargo, no había duda alguna que hasta la propia Melisa le tenía un poco de miedo, a pesar de que ella misma había hablado a favor del animal.

Y una noche, cuando se encontraba acostada en su lecho, concentraba en el sonido sigiloso detrás de la cabeza, en ese grillito particular de la noche que le permitía alcanzar sus salidas nocturnas, sintió los pasos livianos del gato sobre la cama. Lentamente el gato caminó hacia su lado y se acurrucó para acostarse. De repente, Melisa percibió como el gato crecía a su costado, de una manera tan descomunal que no caía en la cama.

—¡Ahhhh...! —gritó aterrorizada mientras saltaba de su lecho y se escondía en un rincón de la habitación. El gato levantó la cabeza sin entender el escándalo de lo ocurrido, y luego se volvió acurrucar como si nada. Esa noche no pudo dormir.

Al día siguiente Melisa fue a visitar de la señora Victoria³, la que vivía a la vuelta de su casa y tenía la capacidad de desdoblarse igual que ella. Le contó el caso, la experiencia con el extraño animal y la señora se largo a reír a carcajadas.

—Lo que pasa Melisa, es que eres demasiado miedosa. ¡Así no llegarás a ninguna parte! Y lo que tú viste aquellas noches, no fue nada más que el elemental de este gato.

—¿Elemental?

—Sí. Veras… ¿Cómo te lo explico? Todo el mundo habla del alma, ¿verdad? Eso es algo que está muy arraigado en la gente, en su religión y en su cultura. Todos creen que el ser humano a parte de un cuerpo físico tenemos algo así como un principio espiritual. Algunos le llaman alma, otros conciencia, chispa divina, espíritu, esencia. ¡Qué sé yo!, ¿cierto? Y tú al igual que yo, sabemos que los seres humanos no sólo somos un atado de huesos y carne, eso lo sabemos por las experiencias que hemos tenido, ¿verdad?

—Sí —Melisa afirmaba moviendo la cabeza de arriba abajo.

—Sin embargo, esta particularidad la gente sólo la atribuye al ser humano. Bueno, en contraposición de lo que muchos creen, los animales y las plantas "también" tienen un principio anímico, y a eso se le llama elemental. Quizás en el aspecto físico podamos ver una sábila, una matita de ruda, una gaviota, un perro, una paloma pero en el aspecto interno ellos se manifiestan como curiosos seres con apariencias diversas, muchos parecen pequeños niñitos muy juguetones. De ahí han nacido tantos mitos como el de los gnomos y las hadas.

—Ahora entiendo… Pero esto que vi no era nada parecido a una linda hada ni a ningún niñito juguetón. Era un ser descomunal con cara de gato. Me dio mucho miedo.

La señora volvió a reír.

—¡Claro! La verdad es que nunca he tenido gatos en mi casa, pero de por sí se sabe que son criaturas bastante mágicas, sin embargo, he escuchado muchas historias de los elementales del gato, principalmente de los que tienen la particularidad del pelaje negro. Dentro del conocimiento hermético se cuenta que es un elemental muy poderoso que tiene la capacidad de sacar a la persona en cuerpo astral, y no sólo eso, también tiene la potestad de introducir el cuerpo físico de las personas a otras dimensiones.

—¿¡En serio!? —Melisa abrió los ojos de asombro. Esta nueva información era demasiado prodigiosa. Sin embargo, si era Victoria la que lo decía, pues no había nada que objetar, confiaba ciegamente en ella y en su conocimiento.

—Creo que la venida de este gato te llegó como anillo al dedo. ¿Acaso no es eso lo que estas tratando de alcanzar? —Melisa movió la cabeza de arriba a abajo.

—Pero… —dudó— ¿Entonces no es nada malo? ¿No es ninguna clase de demonio ni monstruo maligno lo que se me apareció?

—No niña tonta. ¡Te lo acabo de explicar!

—Pero mi papá dice que es malo tener gatos negros, dicen que son de mala suerte y que son malignos porque se relacionan con la hechicería oscura y esas cosas —la señora suspiró.

—Melisa, hay dos cosas que debes tener bien claras. La primera: jamás debes dejar que persona alguna te llene de miedos, principalmente personas que no saben y que no les consta nada. Te mostraré un ejemplo muy sencillo. Generalmente la gente dice que los desdoblamientos son malos, ¿verdad?, porque dicen que si los haces un espíritu maligno puede ocupar tu cuerpo y bla bla bla. Y nosotras dos, ¿qué hemos vivido en la práctica?, ¡qué eso no es verdad! Hemos descubierto que todas las personas, sin excepción alguna, se desdoblan cuando duermen, porque es un proceso natural, la gran diferencia es que algunas somos consientes del hecho y la gran mayoría no. ¿¡Acaso puede ser maligno algo que es natural!? Y en segundo lugar: la gran maldad reside en las personas, no en la naturaleza. Un elemental es un ser inocente, sin embargo, hay personas malvadas que obtienen un poco de conocimiento y lo ocupan de mala forma, haciendo daño a otros y lamentablemente manipulan a estas pobres criaturas para hacer de las suyas, y como ellos son inocentes sólo obedecen.

—¿Personas malvadas con conocimiento?

—Me refiero a lo que se conoce como brujas, hechiceros, nigromantes. ¡Qué sé yo! Gentes que practican magia negra.

—¡Vaya! ¿Y qué hay entonces de estas cosas que habla la gente, de espíritus malignos, demonios y entidades extrañas que penan en las casas? ¿Existe de verdad?

—Mm… Bueno… eso si existe realmente, pero ese tipo de cosas se forma por la maldad de la misma humanidad. Por ejemplo, en los lugares donde ocurren homicidios, guerras, muertes, donde hay odio, desamor, violencia, se llena de una energía maligna creando una serie de aberraciones monstruosas. Eso no se puede negar. Sin embargo, te puedo asegurar que tu gato no es nada de eso, ¡sólo es un gato! ¡Deja de escuchar lo que dicen los demás y sácate esos conceptos tontos que tienes en la cabeza! Y si aún estas dudosa, ¿por qué no hablas tu misma con el espíritu de este gato y le preguntas? ¡Haz la prueba! Yo creo que él no tendrá problema alguno, al fin y al cabo, él mismo te escogió.

Ya en su casa Melisa miraba al gato irresoluta. Sin embargo, después se convenció a sí misma, ya que Victoria tenía razón, la mejor forma de saber la realidad de las cosas es investigándola por ti misma. Ahora tenía que armarse de valor.

—Bien Melisa, debes vencer el miedo, con miedo no llegarás a ninguna parte —ella mejor que nadie sabía esto, ya que si se dejaba dominar por él, obtendría el mismo resultado de las veces anteriores; el terror la haría regresar automáticamente al cuerpo físico y no lograría nada.

Acostó a Azabache al lado de ella y se dejó llevar por su ronroneo. Ya en el mundo de los sueños el gato se le presentó enorme e imponente, media literalmente, arriba de dos metros.

—¿A…za…ba…che…? —preguntó dudosa.

El enorme ser se inclinó hacia ella para quedar cara contra cara.

—Dime —le contestó con su particular voz.

A pesar de que no estaba en su cuerpo físico, Melisa hizo la simulación de tragar saliva.


Notas finales:

¹ Aplanar calle: Callejear, estar en la calle todo el día.

² Domingo siete: Embarazo.

³ Victoria: Este personaje es nombrado por primera vez en el capítulo 6: Remembranzas. (Sólo es un recordatorio por las dudas XP).