Capitulo 11.

El lunes llegó rápido y las clases siguieron su curso. Edward no me hablaba en clase, Alice se sentaba conmigo en el almuerzo… Pero Mike era el que estaba insoportable aunque no tan insoportable que la tensión que había entre el silencio de Edward.

-Hola Denisse. Jessica me ha pedido que vaya con ella al baile.- Bien, así me dejaría a mí en paz.

-Eso esta muy bien. –Me interrumpió.

-Pero… todavía no le he contestado. Estaba esperando a ver si me lo pedías tú.

-Pero es que yo no voy a ir al baile.-Edward pasó riéndose detrás de Mike hacia su siguiente clase. ¿Estaría escuchando nuestra conversación? Era un si rotundo.

-¿Por qué?

-No se bailar.-Se rió un poco.

-Yo te puedo enseñar.-Dijo esperanzado. Hasta un tonto se habría percatado de que le estoy rechazando.

-Mike, en serio, tengo ya otros planes. Voy a ir a Seattle.

Me dijo hasta luego y se fue. Parecía que se había cabreado pero me daba igual. Era un bobo igual que Jessica. La única que me caía bien de ese grupo era Bella. Rechacé también a Eric y a Tyler, este último seguía disculpándose por lo ocurrido el pasado martes. También le dije una negativa a un chico que ni recuerdo su nombre de un curso menos que yo. Todo era una locura. Me fui a mi casa agobiada de tantas peticiones de baile y llegué a una conclusión, ¿No era la chica la que invitaba al baile? Creo que se creían chicas. Me reí de mi propia estupidez.

Me puse hacer los deberes y me habían mandado que me leyese un libro para la semana que viene. Me mandaron leer "Eso" de Stephen King. Cogí mi camioneta y me fui a la librería del pueblo y no lo tenían. No me quedó más remedio que ir a Port Angeles. Tuve que parar un par de veces en las gasolineras. Mire un mapa. Nunca había estado aquí y no sabía donde quedaba la librería. Aparqué el coche y fui a paso ligero hacia la librería.

Me adentré en callejones donde no había nadie y encontré la librería. Era bastante antigua. Me costo decirle el nombre del autor y del libro porque la dependienta era una anciana que tenía problemas auditivos. Pero finalmente lo encontré yo sola. La librería tenía todos los libros ordenados alfabéticamente por eso no me resultó muy difícil encontrarlo. Cuando le di el dinero para pagar el libro sacó algo de un bolsillo.

-Gracias por comprar el libro. Toma esto –era una pulsera de madera con imágenes de santos y con una imagen de un ajo de color marrón.

-Pequeña, aleja al chupasangre. La pulsera lo aleja. ¡Pontela si quieres estar a salvo! –No le rechisté. La mujer daba más miedo que los chupasangres para mi gusto. La pulsera me gustaba pero no creo que fuera correcto llevarla delante de los Cullen. Salí de la tienda con mi libro y mi pulsera y me fui para el coche.

Me fui por el callejón para evitar pasar delante de un chico de unos veintitantos años con una chaqueta de cuero y unas gafas de sol. Los callejones hacían que el sol se ocultase. Hacía calor y me estaba agobiando. Notaba que el hombre me perseguía. Esto mismo sucede en Crepúsculo. ¿Por qué yo? No lo se, me habían intercambiado mi vida con la de Bella o eso parece. Corrí hacía la calle de la derecha y el hombre desapareció. Fui corriendo hasta un parque, en el que no había nadie y los columpios estaban rotos. Mi coche no debía de estar muy lejos parecía que había entrado en una película de miedo. Apareció el mismo hombre por otra calle, corriendo y luego en una moto apareció otro que iba vestido de una manera muy parecida al del hombre que me perseguía. Se bajo de la moto y el otro hombre vino por atrás mió. No tenía escapatoria. El corazón se me iba a salir, estaba muy nerviosa, me faltaba el aire.

-Hey chica, que no mordemos.-No le contesté y siguió hablando el hombre de la moto.- ¿Te apetece venirte con nosotros, guapa?

No tenía voz y si le hablaba me saldría con voz rota. Tenía miedo. Ahora es cuando me arrepiento de no haber asistido a las clases de autodefensa que mi padre le recomendaba a mi madre.

-¡Contesta, imbécil! –Soltó el que me perseguía gritando, me di cuenta de que estaba temblando. -¿No tienes calor con tanta ropa?

Hay si que no pude más y grite.

-¡No me toques!-Me empujo contra la pared de un edificio. Me estaba cogiendo del cuello que me impedía respirar. Estaba llorando. Me rompió la cadenita de oro que me regaló mi madre como regalo de mi décimo cumpleaños que hasta la fecha nunca me la había quitado.

-¿Te vienes, no? Yo creo que si. Tío súbela a la moto.- Cuándo fue a cogerme le di un guantazo pero eso hizo que se enfadara más. De repente unos faros alumbraron la escena. Alguien se bajo del coche que nos apuntaba con sus faros.