12. Surround you
El sonido del llanto de Max llenó la casa como si de una alarma anti robos se tratara.
Alec despertó primero acostumbrado a despertarse al menor ruido y trató que su cerebro se conectara lo más pronto posible. Alguien, un niño lloraba y él tenía que rescatarlo. Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho. Aunque hacía años que no recibían un ataque directo de demonios, Alec no podía dejar de lado su naturaleza de Cazador de sombras que lo ponía alerta al menor riesgo.
-Deben ser las pesadillas otra vez- dijo Magnus con tono somnoliento, haciendo que Alec se tranquilizara un poco al entender que el niño que lloraba era su hijo y que ningún demonio, además de sus malos sueños, estaba atacándolo.
-Sí…- dijo Alec pensado que aquella era la cuarta vez en la misma semana en la que Max despertaba de aquel modo, terriblemente asustado por las pesadillas que venían acosándolo de un tiempo acá.
Y es que las pesadillas no eran tales, en realidad eran recuerdos de un pasado doloroso. Magnus le había a Alec que a la edad de Max los pequeños brujos solían ser bastante receptivos con las memorias dolorosas de la infancia, en el caso de Max, el pequeño había empezado a ver en sueños el rostro de la mujer que lo había dado a luz y lo había abandonado años atrás.
Max les había contado que se trataba de una mujer muy hermosa cuyo rostro se había cubierto de asco y desprecio al contemplarlo y eso era lo que hacía llorar al pequeño en sueños. Porque nunca nadie lo había mirado con odio, había crecido rodeado del amor de sus padres y de sus abuelos, así como de los tíos Jace e Izzy y la tía Clary que estaba enseñándolo a pintar.
Por eso no podía explicarse que alguien pudiera despreciarlo a tal grado ¿es que a aquella mujer no le gustaba el color azul? A papá Magnus le encantaba el tono de su piel, cada que lo miraba no podía evitar sonreír y decirle "Max, ere del color de los ojos de papá Alexander", y Max sentía que el sentimiento con el que su padre pronunciaba esas palabras lo cubría porque el niño podía sentir el amor enorme que papá Magnus sentía por papá Alec.
-Voy a verlo antes de que despierte a Rafe- dijo Alec parándose en dos segundos de la cama-. Tú ve a ver a Rafael, seguro se sentirá asustado de nuevo cuando escuche a Max, no es fácil oír gritar a alguien del modo en el que él lo hace.
Magnus asintió y Alec depositó un suave beso en su mejilla antes de correr a la misión que le esperaba. A lo largo de aquellos años de paternidad el cazador de sombras había aprendido que los niños significaban tener muy pocas horas de sueño pero aquello no importaba nada.
Aquellos siete años al lado de Max habían sido una época demasiado feliz como para sentirse desdichado por unas cuantas horas de sueño perdidas. Además, Rafael había llegado a sus vidas recientemente para aumentar el tamaño de la familia Lightwood-Bane. Y aunque al pequeño le costaba trabajo adaptarse a ellos, aunque a veces aún era bastante serio y reservado y se olvidaba de llamarlos "papá", era cierto que poco a poco se iba convirtiendo en parte de la familia y a Alec eso le hacía demasiada ilusión.
Él quería que Rafael entendiera que no estaba solo, que jamás tendría que estarlo. Él quería que el pequeño cazador de sombras entendiera que ellos eran su familia ahora y que como a Max, lo amarían la vida entera.
Pensando en ello, Alec llegó a la habitación de Max donde los gritos habían parado de repente cosa que sorprendió al hombre de los ojos azules. Max solía llorar horas y horas después de una pesadilla como aquellas pero todo estaba silencioso. Alec se dio cuenta de que la luz del cuarto estaba enunciada y que la puerta estaba abierta de par en par. Ese fue el instante en el que Alec se sintió asustado de verdad y al sentir el pánico, su cuerpo pareció impulsarse hacia adelante y al llegar al umbral de la puerta el hombre se detuvo en seco al contemplar una imagen que llenó su corazón de calidez en un solo instante: Max no estaba llorando más porque Rafael estaba ahí.
El pequeño cazador de sombras sostenía la mano de su hermano con fuerza y Max lo miraba con ojos tristes, pero no estaba asustado.
-¿Por qué me odia, Rafe?- preguntó el pequeño brujo con la voz entrecortada.
-Porque era tonta y malvada- dijo el otro niño con una seguridad de acero-. No debe importarte el odio de alguien que jamás te conoció. Ella te abandonó, pero fue para mejor ¿no crees? Si no hubiera pasado eso, Max, no habrías conocido a Mag… a papá Magnus y a papá Alec.
Las mejillas del pequeño cazador de sombras se sonrojaron un poco. A él todavía le costaba llamar a los dos hombres que se habían hecho cargo de él con aquellos apelativos pero esta vez, hacerlo le había costado un poco menos de trabajo y Alec sintió aquella felicidad mezclada con una emoción indescriptible dentro de él. Sí, de todas las cosas que había logrado tener en la vida, aquella familia al lado de Magnus sin duda alguna era la mejor de todas.
-Alec, Rafael no está en su cuarto yo….- dijo Magnus pero el hombre de los ojos azules le indicó que guardara silencio y le señaló la imagen que seguía desarrollándose delante de sus ojos.
Magnus se quedó quieto al lado de su esposo y contempló a los dos niños que seguían tomados de la mano como un par de hermanos de verdad. El brujo no pudo evitar suspirar al pensar que sus dos hijos seguramente eran unos de los pocos niños que habían crecido sin los prejuicios propios de su raza porque en aquel hogar estaba bien que un cazador de sombras amara a un subterráneo, estaba bien que los dos se protegieran el uno al otro aun si no compartían la misma composición ni la misma sangre.
-¿Tú me quieres Rafe?- preguntó Max- ¿Nos quieres a mí y a papá Magnus y a papá Alec?
-Claro que sí, bobo…- dijo el otro niño con calma- vuelve a dormirte, si vuelves a soñar feo otra vez, yo estaré aquí.
-¿Vas a protegerme?- dijo Max con una sonrisa esperanzada que hizo que Magnus y Alec sonrieran instantáneamente-. Papá Alec dice que eres como él y como el tío Jace ¿Vas a disparar un arco también? ¿O prefieres una espada? ¿Cuándo van a dibujarte tu primera runa? ¿Me vas a dejar ser tu parabatai? ¿Puedes ser el parabatai de alguien como yo?
Magnus y Alec sonrieron al escuchar las palabras del más pequeño de sus hijos. Estaba más que claro que a Max se le había pasado el susto puesto que había hecho más preguntas de las necesarias como acostumbraba, y para algunas de ellas, ninguno de los dos tenia respuesta.
-Voy a preguntarle a papá Alec- dijo Rafael con un poco más de confianza-. Aunque si pudiera, claro que tú serías mi parabatai ¿Te imaginas? Les lanzarías maldiciones geniales a todos como las de papá Magnus y yo los destrozaría con mi arco como papá Alec…
-Nadie podría vencernos- dijo Max con sus ojos llenos de ilusión-. Podríamos romper el record del tío Jace si nos esforzamos ¿Verdad?
-Seremos héroes de leyenda como ellos- dijo Rafael sonriéndole a su hermano- ¿Crees que puedas soñar con eso? Es hora de dormir Max, no quiero que nuestros padres se despierten…
-¿No quieres molestarlos?- preguntó Max sintiendo que sus parpados pesaban-. Todavía piensas que los molestas, pero no es así. Ellos te aman, Rafe, yo también te amo…
-Lo sé…- dijo Rafael sintiendo que el peso que había aun en su corazón algunos días desaparecía lentamente.
-¿Rafe?- dijo Max sintiendo que sus ojos se cerrarían de un momento a otro.
-¿Qué Max?- dijo el otro niño sintiéndose orgulloso de que el más pequeño se hubiera tranquilizado gracias a él.
-¿Me cantas esa canción, la que tía Izzy canta contigo? Sé que tú y ella se la cantan a nuestro primo Robert aunque todavía no nace… Rafe ¿Crees que Robert quiera jugar con nosotros? ¿Crees que la tía Izzy y el tío Simon nos dejarán jugar con él?
-Robert será muy pequeño por unos meses- dijo Rafael con calma, ya estaba acostumbrado a responder las miles de preguntas que su pequeño hermano solía hacerle-. Pero sí, jugaremos con él y también con Stephen, el hijo de la tía Clary y el tío Jace. Pero ahora debes dormir, si papá Magnus nos escucha nos va a convertir en sapos por no dejarlo dormir y dice que si desvela eso le provocará arrugas y que papá Alec ya no lo querrá…
-¿Vas a cantarme?- dijo Max sabiendo que su hermano mayor tenía razón, era hora de volver a dormir y si Rafael estaba ahí él ya no tenía por qué tener miedo.
Por toda respuesta Rafael asintió y empezó a cantar una melodía dulce y tranquila que Isabelle le había enseñado tiempo atrás. Desde que la cazadora de sombras se enterara de que sería madre, solía pasar los días cantando cerca de los niños imaginando al pequeño que tendría en sus brazos muy pronto, era por ello que un día, cuando Rafael estaba triste, ella lo había animado cantándole aquella canción, diciéndole que estaba bien querer a alguien.
La suave voz infantil llenó el cuarto y Magnus no pudo evitar abrazar a Alec al escuchar las palabras que su hijo emitía con emoción. Aquella escena era demasiado hermosa y el brujo estaba seguro de que ésta sería uno de los recuerdos que no podría olvidar jamás, ni siquiera cuando el hombre que estaba en sus brazos o el otro cazador de sombras al que recientemente había empezado a amar con todo el corazón tuvieran que morir.
Alec sintió el calor de los brazos de su esposo y dejó que su cabeza descansara en el hombro del brujo disfrutando de todo el amor que estaba presente en aquella habitación y se sintió agradecido una vez más por aquella familia que ahora era todo su universo y a la cual protegería del mismo modo fiero y aguerrido en el que había protegido lo que amaba desde que era niño. Los dos hombres abrazados en la puerta dejaron que la voz de Rafael los cubriera y trataron de que todo el amor que sentían por sus hijos se enredara en las notas de aquella melodía:
Lo había buscado en valles y en las cimas de las montañas.
Solo podía escuchar el rodar de las colinas y el sonido de los relojes.
Nunca pensé que el amor podría ser encontrado.
Continué buscándote en cada señal, esperando que algún día serías mío y entonces estarías riendo a mi lado.
Cariño, aún estoy sorprendido de tenerte aquí conmigo.
Donde quiera que estés, cuando sea que me necesites solo ven a mí y te cubriré con mis brazos.
Quiero que mi amor te proteja.
Quiero que mi amor te proteja y voy a cantarlo en voz alta.
Quiero que mi amor te proteja.
A medida que Rafael cantaba, los ojos de Max se iban cerrando poco a poco. El pequeño brujo ya no tenía miedo, su hermano, aquel hermano que era un valiente cazador de sombras en potencia, su hermano el que le había dicho que lo quería y que lo elegiría como su parabatai estaba ahí con él. Todo estaba bien. Seguramente papá Alec y papá Magnus se sentirían orgulloso de que hubiera dejado de llorar tan rápido. Sí, no importaba que aquella mujer de su sueño lo odiara porque todos los demás, toda su familia lo amaba a él del mismo modo en el que él los amaba a ellos. Todo estaba bien
Rafael sonrió cuando los ojos de su hermano se cerraron y la presión con la que sostenía su mano se relajó un poco a medida que la respiración del más pequeño se regularizaba. Él esperaba que Max no se despertara, odiaba oírlo gritar, aquel miedo que atrapaba a su hermano dentro de la pesadilla era él mismo que él había sentido un día al sentir que se había quedado solo y huérfano. Pero aquel miedo era cosa del pasado, ahora tenía una familia, ahora era parte de algo hermoso en realidad.
-Rafe…- dijo Alec entrando a la habitación de su hijo pequeño, haciendo que el otro niño saltara al escucharlo- ¿Por qué sigues despierto? Papá Magnus fue a buscarte y se asustó al ver que no estabas en tu habitación.
-Lo siento Al… papá, papás…- dijo el niño haciendo que una sonrisa feliz apareciera en el rostro del chico Lightwood.
-Está bien, Rafe- dijo Magnus revolviendo el cabello del pequeño cazador de sombras- ¿Cómo hiciste que se durmiera tan pronto?
-Quiso que le cantara la canción de Robert- dijo el niño sonriendo un poco apenado- ¿Hice bien?
-Eres el mejor hermano mayor del mundo- dijo Alec besando la frente del pequeño quien esta vez, no se alejó de él-. Pero ahora debes dormir también, mañana te llevaré a entrenar al Instituto por primera vez.
-Alec… papá- dijo el niño sintiéndose emocionado por la noticia- ¿Max puede venir?
-Claro que sí – dijo Alec con calma- vamos a tu habitación ¿O quieres dormir aquí? Por suerte papá Magnus compró las camas más enormes de la tienda departamental.
-El tamaño sí importa- dijo el brujo riendo divertido del sonrojo de Alec y de la mirada confundida de su hijo-. Quédate aquí pequeño Nephilim, necesitas descansar para estar listo para e día especial. Por cierto, asegúrate de vencer a Stephen en todo lo que hagan mañana, será la mejor manera de callarle la boca a Jace. Le encanta decir que su hijo será el mejor cazador de sombras de la historia ¡Bah! Eso es porque no te han visto…
Rafael sonrió al mismo tiempo que Alec quien, mientras Magnus seguía diciendo por qué Jace tendría que aceptar su derrota, ayudó a Rafael a meterse en la cama junto a Max.
-Te queremos Rafael- dijo Magnus abrigando bien al niño- no lo olvides ¿está bien?
-Y no lo dudes tampoco- dijo Alec- no dudes ni por un segundo que te amamos…
-Yo también los quiero- dijo Rafael con una sonrisa nerviosa pero feliz- . Deberían dormir ya, no quiero que dejes de amar a papá Magnus si le salen arrugas.
-Nunca dejaría de amar a mi estúpido brujo- dijo Alec riendo divertido, besando a Magnus en los labios cuando éste hizo un puchero al pensar en las arrugas-. Y a ti tampoco, buenas noches, hijo.
Rafael sonrió y sus padres se negaron a salir de la habitación hasta que se quedó dormido. . Los dos hombres mayores sonrieron complacidos al ver a sus hijos juntos, sabiendo que por primera vez desde que Rafael llegara, los cuatro eran parte ya de la misma familia y que nadie sería capaz de separarlos mientras siguieran amándose del modo en el que lo hacían.
Canción: Surround you- Echosmith
