En un oscuro lugar en el que había lo que parecía una antigua mesa de estudio y unos estantes con centenares de libros, se encontraba el oscuro digimon sentado, aquel era su despacho personal, del que no había salido desde la breve reunión que había tenido allí hacia tan solo unas horas.

Flash back

- ¿Qué es lo que ha ocurrido en la isla File? – inquirió con voz gélida, estaba molesto e impaciente, sus progresos eran menores a lo que esperaba a estas alturas

- Aprovechado que estaban más débiles, A Devimon se le ocurrió un plan; le dije que no lo hiciese pero no quiso escucharme, estaba cegado por sus ansias de venganza

- ¿Qué plan?

- Atacarlos personalmente aprovechando que estaban separados y así destruirlos. Mando un ejército de numemons a entretener a uno de los grupos en que se separaron y ataco al otro...

- Su destrucción no explica que haya caído la isla File, no debieron lograrlo siendo solo siete – dijo Myotismon contrariado

- Pues deben haber encontrado un método – manifestó Ladydevimon

- Obviamente – dijo en tono algo amenazante

- La chica debe saber algo, ¿desea que me encargue de ella?

- No, hay cosas que debo hacer yo sin delegar en nadie, ocúpate de seguir buscando aquello que necesitamos

Fin flash back

Desde hacía días, no había tenido noticia alguna de sus "aliados"; ni de los progresos que tenían en las distintas tareas asignadas, ni de sus enemigos, los malditos elegidos, eso último le preocupaba más; necesitaba un espía, alguien que controlase a todos en su lugar y le comunicase sus pasos por intercomunicador digital, solo le faltaba encontrar a alguien idóneo para el puesto. Alguien capaz de ganarse su confianza y de ser discreto. Quizá podría utilizar a alguien de sus mazmorras, que llevase tanto tiempo allí abajo que no recordase la luz del sol, algún digimon que estuviese tan asustado como para ni pensar en traicionarlo. Era una opción a valorar.

Sus dos últimas visitas a su invitada no habían dado sus frutos, no había respondido a sus preguntas; le daría algo de tiempo para que se lo pensase, cuando estuviese desesperada se le terminaría la gallardía y hablaría. Era cuestión de ser paciente y él sería el ganador de este pulso.

Un Bakemon irrumpió en su despacho, lo miró furioso, era el Bakemon encargado de vigilar las mazmorras, uno de ellos, se notaba que estaba herido.

- Amo Myotismon – dijo temeroso – han escapado, todos ellos.

La furia de Myotismon aumento, ahora estaba completamente furioso, ese inútil había permitido que huyesen y se atrevía a presentarse ante él como si nada. Con un rápido movimiento destruyo al digimon portador de la noticia. Minutos después estaba en la escalinata del vestíbulo, había reunido un grupo para peinar los bosques, dudaba que se hubiesen alejado mucho, la mayoría de los presos estaban heridos y no podían valerse por sí mismos; lamentarían haber huido, lo pagarían claro. Un pensamiento cruzo su cabeza, esto no había pasado antes, estaba seguro que ella tenía algo que ver con aquella fuga. Mientras su guardia ultimaba los preparativos, bajo a las mazmorras, examinando minuciosamente el lugar, solo una cerradura estaba dañada, la de su celda, la cuestión era como lo había hecho, no había ninguna señal que se lo indicara.

(***)

Se ocultaron en un promontorio, en el interior de una cueva escondida por el follaje de los arbustos; la idea había sido de Wormon, Kari la había aprobado, era muy buena. La idea era ocultarse el tiempo suficiente como para poder despistarlos. Por el camino habían cogido algunas frutas, que ahora consumían los cinco con calma, al menos algo de alimento era, tenían hambre y eso se la calmaba un poco. A media noche, un ruido procedente del bosque los despertó, Kari observó desde los arbustos lo que ocurría, se trataba de Myotismon. Estaba con un grupo de Vilemons comandados por Phantomon, lo reconoció como el mismo Phantomon de la isla File, inconscientemente se pasó la mano por el cuello, preguntándose si todavía tendría señal de la cadena. Parecían estar registrando el bosque, su escondite era bueno, pero peligroso, si alguno de los digimon conocía ese lugar y se le ocurría mirar o lo encontraban por casualidad, estarían perdidos. Tras lo que parecieron horas, que en realidad eran treinta minutos, se detuvieron, sin hallar nada significativo. Myotismon se volvió hacia su ejército con gesto sombrío

- Quiero que le encontréis – dijo con voz fría – en cuanto la tengáis encadenadla en el paredón de la torre, se acabaron las amabilidades.

Dicho esto regresó hacia su castillo, en cambio el resto seguían ahí abajo, se habían reunido de nuevo en el claro del bosque

- Los más probable es que intente ir con los otros humanos – dijo Phantomon – nos dividiremos en tres grupos, a cada uno de vosotros les asignare una ruta distinta a peinar, en cuanto la encontréis llamadme antes que nada, es demasiado lista

Kari intercambio una mirada con los cuatro digimon que la acompañaban, dudaba de cuál sería el siguiente paso a realizar, pero pensaba que lo mejor sería largarse de allí.

(***)

Los siete salieron, con las primeras luces del alba, de una gran choza, la choza principal de la aldea koromon. Se habían detenido allí un par de días para molestia de Tai. Por dos motivos, ir al lugar en que se encontraba el emblema, lo cual no funciono porque este no estaba allí, aquello les pareció extraño; el segundo motivo era organizarse y trazar planes, aquella era la parte que más disgustaba a Tai, quería pasar a la acción y no perder el tiempo hablando, pero al mismo tiempo sabía que organizarse era más prudente que ir a lo loco. Finalmente dieron con una solución medianamente aceptable, dividirse en tres grupos. Tuvieron en cuenta que partían de la región de la costa, por lo que al no haber noticias de lo que buscaban en ella, solo quedaban otras tres regiones a peinar, en el sentido más amplio: la región de los bosques, la región del desierto y la región de las montañas.

Tai, Matt y Sora; escogieron la región del desierto, aquella que conocían bastante bien, pues por ella habían caminado la primera vez que visitaron ese continente, se abastecieron bien de agua antes de partir, conocedores de los problemas para encontrarla en aquel lugar.

Joe y Mimi, eligieron la región de los bosques; Palmon se había empeñado en ir allí, le gustaba la vegetación y no estaba dispuesta ni a pasar calor ni a caminar por suelos duros que dañasen sus raíces. Mimi pensaba de forma similar a Palmon, prefería caminar por donde hubiese sombra que por donde solo pegase el sol. Joe, tenía la intención de mientras buscaban por el lugar hacer una recolección de plantas medicinales, podrían necesitar de ellas en algún momento.

Tk e Iziie, tuvieron que conformarse con las montañas, esa región Izzi la conocía en parte, pues en ella estuvo buscando a Genai en una ocasión y también cayó en el pozo de un desagradable Vademon, quien lo había engañado para robarle su mente curiosa, le recordó a Tk el suceso, tendrían que andarse con mucho cuidado.

Todos antes de partir habían hecho acopio de alimentos, proporcionados por los Koromon de la aldea. Se los repartieron entre los tres grupos de forma equitativa y justa, teniendo en cuenta tanto la cantidad de integrantes por grupo y la región a la que iba a ir cada grupo. Quedaron en reunirse de nuevo en el parque de atracciones, el ordenador de Izzi les indicaba que seguía existiendo.

(***)

Ya llevaba varios días buscando, preguntando a todo digimon con quien se cruzaba y obteniendo respuestas; pocos le daban información o al menos la información que necesitaba. La mayoría colaboraban con ella de buen grado, eran buenos ciudadanos y sabían que algo estaba ocurriendo aunque no sabían qué; otros en cambio, se mostraban reticentes a colaborar, lo que hacía necesario utilizar algún método de persuasión.

Había hecho un alto para comer y beber un poco de agua, reponer energías en general, no deseaba detenerse, sino seguir con su búsqueda sin descansar, pero su cuerpo se lo pedía, si no paraba a descansar un poco de cuando en cuando no lograría su objetivo. No dejaba de pensar en Kari, en la expresión que tenía cuando Phantomon la estrangulaba, ese digimon lo pagaría, le cobraría lo que hizo.

Estaba a punto de retomar la marcha cuando un Pumkimon se acercó a ella, lo miró fijamente sin pronunciar palabra alguna aguardando a ver que decía.

- He ido que hay un Gatomon que buscaba a un Phantomon – dijo el digimon con cabeza de calabaza - ¿eres tú?

- Quizá lo sea – dijo disfrazando su ansiedad de tranquilidad mirándola analíticamente

- Se dé un Phantomon de dichas características que suele trabajar con Witchmon

- ¿Dónde puedo encontrarlo?

- A Phantomon no lo sé, pero Witchmon vive en la aldea fantasma, en el valle de los cuatro picos

- Gracias por la información Pumkimon

Finalizada la breve conversación, Gatomon comenzó a caminar hacia allí, el lugar que le había indicado el digimon bromista; había puesto todos sus sentidos en ese digimon durante la conversación, había hablado en serio, no se trataba de ninguna broma. Agradecía la información que le había proporcionado.

El valle de los cuatro picos era un lugar abrupto y de difícil acceso, muy escarpado; pocos se acercaban allí, pues se decía estaba maldito, de ahí que la única aldea que existía en el lugar se llamase aldea fantasma. Gatomon no creía en esas cosas, los rumores eran de lo más estúpido, decían que el lugar poseía a la gente consumiéndola y convirtiéndola en agentes de las sombras de la oscuridad, puras patrañas.

Era ya media tarde, si se apresuraba lograría llegar al pie de las montañas que circundaban el valle para el anochecer; una vez allí descansaría bien y pensaría en que hacer, ahora que sentía que estaba tan cerca no podía permitirse errores, debía pensar bien su siguiente paso, llegar a ese valle sería peligroso y sabía de muchos que habían muerto en el intento, esa era en su opinión la verdadera maldición del valle.

Al fin llegó al pie de la montaña, tras hacer un gran esfuerzo por llegar a la hora que tenía prevista, dormiría oculta entre los arbustos hasta el día siguiente. Para acceder al valle tenía que ascender por la montaña y descender por los acantilados de la ladera opuesta. Hacerlo a oscuras, era un suicidio.

(***)

Kari, junto a sus cuatro amiguitos, merodeaban por el bosque en dirección al este, alejándose del castillo de Myotismon; iban por lugares frondosos, por los que el avance era lento, siendo el bosque muy compacto allí. Se habían planteado acudir a casa de Genai, pero lo había descartado, nunca habían estado allí a pesar de saber ir, además el lago donde estaba la casa prácticamente estaba detrás del castillo de Myotismon.

- ¿A dónde vamos? – preguntó V-mon

- A un lugar seguro, supongo – menciono Hawkmon

- Por ahí al final se sale al desierto – dijo Wormon – pero queda mucho camino para llegar

- Lo que quiero es alejarme lo más que pueda de ese maldito castillo

- Tendríamos que buscar un lugar para escondernos – sugirió Armadillomon – al menos hasta que estemos todos curados

- Quizá tengas razón – Kari frunció el ceño pensativa – pero... ¿realmente existe un lugar que sea seguro?

- Regresemos a la cueva donde nos escondimos – propuso Wormon – no creo que nos busquen por ahí, nadie se esperaría que nos quedásemos en la boca del lobo en lugar de huir

- Podría funcionar, aunque Myotismon es mucho más astuto que un digimon medio – comento Kari, reflexionaba sobre las posibilidades de esa opción – también es cierto que suele mandar a su ejército, compuesto en su mayoría por inútiles sin capacidad de pensar – tras unos segundos tomo una decisión – volvamos a la cueva

- ¿Y si nos atrapan de nuevo? – pregunto Hawkmon

- Entonces no sé qué pueda llegar a pasar, dudo que volvamos a tener la oportunidad de huir

(***)

El sol sorprendió a la noche con sus primeras luces poniéndole fin y tomando el relevo de custodiar los cielos, Gatomon inició el ascenso, iba algo rápido, la parte peligrosa no se encontraba en esa ladera, ni tampoco a esa altura, sino en el lado contrario. Su habilidad para las acrobacias y para mantener el equilibrio, le hacía que pudiese moverse con seguridad en terreno peligroso. No necesitó subir hasta el pico de la montaña para comenzar a descender hacia el valle, pasó al otro lado por un estrecho paso y se situó justo donde más le convenía, la parte del acantilado en la que estaba daba a un pequeño bosque, era el mejor lugar para ocultarse hasta la hora del lobo, cuando conseguiría la tal ansiada información, se encargaría de que Witchmon se la proporcionase. Quedaban unos veinte metros para llegar al suelo, saltó sobre una rama de uno de los árboles; se acercó a la aldea fantasma saltando de rama en rama, quedaban unas horas. Observaría y recabaría toda la información que pudiese, estaba de caza y Witchmon era su presa.