Santos con Derechos
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Disclaimer: Saint Seiya, ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, yo solo los utilizo como mero entretenimiento.
Luego del dramático deceso del Capitán Feng ambos decidieron a dejar a la joven a salvo en una aldea cercana, donde se encargarían de sus heridas y de devolverla a su hogar. Los aldeanos de la zona les agradecieron el gesto, ya que habían llegado hasta ellos la noticia de las desapariciones, por lo que la mayoría estaban tan asustados que no dejaban que nadie se adentrara a la aldea. Finalmente, después de confirmar que la joven se encontraba estable decidieron partir rumbo a la torre en completo silencio. La lluvia había cesado, aun así se podía sentir la incomodidad y la tensión brotando del cuerpo de cada uno, pero ninguno quiso romper el silencio del momento, aunque este fuera desagradable. Estaban llegando apenas a la torre cuando Mu se detiene de golpe sin voltear, solo se había quedado quieto ahí en silencio unos segundos, que para el mayor de ellos parecía una inmensidad, una incertidumbre horrible, el corazón le latía con fuerza, no sabía si Mu sería capaz de despacharlo al Santuario ahí mismo, sinceramente esperaba que no, pero no iba a obligarlo a nada, le daría el tiempo que necesitara y si con eso tendría que regresar al Santuario solo y con el corazón destrozado, lo haría, pues no haría pasar por más episodios estresantes al ariano, por más que quisiera permanecer a su lado y enmendar las cosas con él.
—La única forma de entrar a la torre es teletransportándose, —la voz del ariano llega como un bálsamo pasa suavizar la tensión que Saga tenía en su cuerpo, aunque este no le diera la cara. El mayor se acercó dando un par de pasos esperanzado— Debes estar cansado. —continúa diciendo, dándole apenas una mirada por encima del hombro. Saga interpretó eso como una invitación para que ambos se teletransportaran dentro de la torre, aunque no estaba del todo seguro. Temeroso de que el menor lo rechazara estiró el brazo con cuidado posando con miedo la mano sobre el hombro del pelilila.
Mu se estremeció un poco al sentir la mano cálida del gemelo sobre su hombro, llenando su cuerpo de una leve descarga eléctrica agradable y conocido para él. Sin embargo, no dijo nada al respecto, solo se concentró en acumular su cosmos para poder llevarlos a ambos hacia el interior de la torre.
La experiencia de la teletransportación no dejaría de ser algo extraño para él, la sensación que le quedaba al traspasar un lugar físico era incómoda, el dolor de cabeza y el mareo eran los más importantes. Cuando ambos aparecieron en el interior de la torre, Mu se alejó rápidamente de Saga y de su toque, desapareciendo y dejando solo al griego en la sala. El mayor aun con el malestar en la cabeza inspeccionó el sitio donde apareció, echó un vistazo asombrado por el lugar, el color grisáceo de las paredes casi idénticas al color de la torre, con objetos grandes en color dorados apilados a un lugar de la habitación, adornos que él creyó eran lemurianos, un tapete con diseños en color rojo y dorado abordaba una parte del piso, un "collar" con cuencas de madera, muy parecidos a los que Shaka poseía, unos pergaminos adornando las paredes de un hermoso material brillante en un idioma desconocido para él y otros sobre una mesita en un costado de la habitación y en el otro costado una cama viejísima que daba justo a una ventana.
Imaginó que sería donde él dormiría, se sacó la blusa para estrujarla y botar el agua que tenía, estaba escurriendo el agua de su cabello cuando Mu aparece de repente frente a él. Saga deja su cabello y se incorpora para verle directo a sus ojos, Mu traía consigo una toalla y ropa.
—Ten —le dice entregándole todo, desviando la mirada cuidando de no mirar el torso desnudo del mayor. Saga estira su mano recibiéndole las cosas y con eso se atreve a tomar su mano.
—Mu…—
—Es para que te cambies, —le dice, retirando su mano rápidamente del contacto—, este lugar es muy frío a pesar de estar en verano, si te quedas con tus ropas te enfermarás. — Saga podía percibir el nerviosismo del ariano, algo no muy común en él, por lo que no insistió y se preocupó por secarse y cambiarse. Vio como el menor se giraba cuando este se disponía a cambiarse y sintió un dolor punzante en el pecho— Iré por un té. —dice para desaparecer una vez más.
Saga suspiró, se cambió la ropa por la que le habían traído, un atuendo parecido al de Mu de color marrón. Se tiró en la cama pensando en cómo podría abordar el tema con el carnero, había intentado hablarle, pero Mu lo había ignorado, no quería obligarlo, pero algo dentro de él tenía la necesidad de disculparse lo más pronto posible y decirle lo mucho que lo extrañaba. Había sido un tonto en su máxima expresión, no podía creer que por su orgullo y necedad había ignorado a Mu y por sobre todo lo que él mismo sentía por su compañero. Y ahora que repasaba toda la situación desde el principio se daba cuenta de lo mucho que se había aprovechado de Mu, había pasado por alto principalmente la decisión del ariano, hostigándolo hasta conseguir el sí que quería, se había aprovechado de su actitud serena, había ignorado por completo si en algún momento Mu pudiera no haberse sentido a gusto con su trato y sobre todo había ignorado el valor que tenía Mu como ser humano, habiéndolo tratado solo como un juguete sexual. No fue si no hasta ahora que descubría lo cruel que había sido con él, sin tomar en cuenta por completo los sentimientos del ariano, pero quería componerlo, quería enmendar su error, decirle que lamentaba las veces en que lo había tratado mal e incluso obligado para que estuvieran juntos, que se había dado cuenta que lo quería más de lo que él se imaginaba.
Saga estaba tan absorto en sus pensamientos que no se percató de la presencia de su compañero en la habitación, no lo había sentido caminar hacia la cama y mucho menos cuando se sentó a un lado de él con las tazas de té en las manos.
—Saga —escuchó su nombre en esa voz suave y se incorporó en la cama para ver al lemuriano junto a él mientras este le ofrecía una taza con un contenido humeante. Ambos tomaron del contenido en absoluto silencio, para Saga no era nada agradable el sabor, pero no se lo diría, tenía demasiado frio como para negarse. Cuando terminó dejó la taza en la mesa cerca de la cama, y miró a Mu, este miraba absorto su taza a medio beber, estaba melancólico, triste y no quería verlo de esa manera, no aguantó las ganas y lo amarró en un abrazo que duró mucho tiempo.
—Por favor, déjame quedarme contigo en este momento —le dice con su voz aterciopelada en el oído, el lemuriano temblaba, podía ser por el frio o por la congoja, pero él solo quería estar a su lado, sea para lo que sea. Saga le quitó la taza de las manos y la dejó en el mismo lugar que la de él, sin romper por completo el abrazo lo recostó sobre la cama acomodándose hasta quedar detrás del ariano abrazándolo por encima del hombro.
Ambos se quedaron en esa posición un largo rato sin emitir sonido alguno, los eventos ocurridos hace algunas horas atrás estaban todavía muy frescos para conversarlo si quiera. Y para Saga quien había ido a Jamir en busca de Mu, se le hacía bastante incómodo el silencio, quería hablarle y a su vez no, no quería arruinarlo, no otra vez. Suspiró algo cansado, la luz de la luna entraba por la ventana y era lo único que iluminaba en esa oscura habitación, mostrándole la espalda de su compañero quien al igual que él se había cambiado de ropa con el largo cabello suelto y desparramado.
—No era necesario que vinieras, —la voz del ariano se escuchó de repente haciendo que colocara atención a la silueta que le daba la espalda— pero te lo agradezco. —Saga sonrió y se acercó más a su cuerpo, bajando su mano a la cintura del menor, una acción que fue tan normal para ambos, la cual Mu no opuso resistencia alguna.
—No es nada, yo quise…
—Puedo darme una idea de lo que querías… —El cuerpo del ariano se volvió tenso de repente. Lo había interrumpido por que no quería escuchar lo que el geminiano tenía que decir, su decisión se iría al carajo si lo hacía y no quería eso, no quería quererlo, no después de esto— pero no puedo… solo… hagamos que nada pasó —estaba temblando de nuevo, ¡Dioses que difícil era esto!, ¿porque no simplemente acabó con todo en el principio?, así otra historia se contaría, el no habría tenido estos sentimientos hacia él—, olvidémonos de esto y sigamos una relación de compañeros… nada más. —empuñó sus manos y cerró fuertemente sus ojos, le era difícil en verdad, intentaba por todos los medios no llorar, quería ser fuerte, quería dormir y al despertar que hubieran pasado años, quería superar esto, quería no quererlo.
Por su lado Saga estaba dolido, había venido con el fin de conocer los sentimientos del ariano y a la vez los de él mismo, pero su sorpresa fue encontrarse con una guerra pasional y a él siendo rechazado por la persona de quien se había dado cuenta, quería más de lo que hubiera podido admitir nunca. Apretó más su agarre, estrechándolo más contra su cuerpo. ¡Maldición! No quería dejarlo, esto debía ser una mala broma.
—No te entiendo. —No, no lo hacía, si solo hacía un poco más de una semana en que había subido a su templo preguntándole que significaba para él, que si era solo un juego y ¿ahora?, lo alejaba así sin más.
—¡Yo tampoco me entiendo! —Alzó la voz el menor no pudiendo contener más las lágrimas de sus ojos— Pero… no quiero que nos hagamos más daño. —El muro de cristal por fin se había quebrado, mostrando lo frágil que era, la sensibilidad que ocultaba su dañado corazón.
Saga no sabía que decir o que hacer, él tenía sus propias dudas también. Él no había querido enamorarse, por el simple hecho de que no era alguien completamente estable para nadie, ni siquiera para él mismo. Entonces encontró razón a sus palabras. ¿Podrían darse una vida sin sufrimientos?. Saga apoyó su frente en el hombro del menor, ocultando parte de su rostro en la cortina lila y se dejó llorar también en silencio. Ambos lo hicieron, se dejaron por primera vez ver sus almas desnudas, sus miedos e inquietudes, como nunca nadie los había visto antes.
El tiempo pasaba sobre ambos, sobre esa torre, ajeno incluso a su tormento. Calmando los llantos, pero no los sentimientos.
—Ambos debemos dejar atrás nuestros pasados. Yo debo dejar de una vez por todas mis fantasmas y tu eliminar tus demonios. —solo Mu hablaba rompiendo nuevamente el silencio. Saga en cambio seguía ahí estrechándolo sin despegarse ni un milímetro— Solo así podremos ser libres para alguien más. —
Tenía razón.
Después de unos dolorosos segundos Saga lo liberó de su agarre, habían llegado silenciosamente a un acuerdo. Ninguno se movió por un largo, largo rato, faltaban apenas unas horas para el amanecer cuando los dos cayeron dormidos presos del sueño, a la espera de un mañana difícil e incierto para ambos.
El regreso a Grecia fue por separado, ambos tenían cosas en que pensar y recapacitar. Mu llegó primero y fue él quien tuvo que dar las cuentas correspondientes a Shion y con ellas, la historia completa de lo sucedido. Empezando por su relación con el Capitán Feng, dándole los detalles de cómo lo había conocido, de la información valiosa que le había otorgado y la supuesta muerte de él por celos; luego sus andanzas con Saga, explicándoles como había accedido a ser su amigo con derecho, sus condiciones y el final de sus juegos, para posteriormente contarle el crudo desenlace, las muertes en el Tíbet, como encontró la carta, la muerte del Capitán y de cómo cortó relaciones con el griego. En fin, todo.
Shion luego de la conversación no sabía por dónde empezar, si reprenderlo por haber faltado a dos reglas, o por haber mantenido una extraña relación con el Santo a quien, por varias razones, no tenía tan buen agrado y quien para más remate era el causante de la tristeza del menor. Obviamente tomaría cartas en el asunto, mandaría a Saga a Cabo Sunion.
Mu se lo veía venir, había cometido tantas faltas que pedirle a Shion que no actuara de manera tan infantil, ni que descargara su furia solo contra Saga era prácticamente suicidio, pero valía la pena. No quería que géminis cargara con algo que era solo su culpa, después de todo el sentimiento había nacido y se quedaría ahí y haría lo que fuera para mantenerlo lejos de la furia de Shion, hasta que este se apaciguara, y conociéndolo como lo conocía, sería en un largo, largo tiempo.
Le tomó bastante hacer que Shion le diera su palabra de que no enviara a Saga a algún sitio o le desterrara del Santuario, pero lo había conseguido, en cambio él tenía un castigo más grande. Ya no solo estaría a cargo de las reparaciones de las armaduras y de la asistencia en el Santuario, sino que también sería enviado a misiones de rastreo y de búsqueda, a parte de su tarea de entrenar al menor de los arianos.
Mu salió del Santuario con el corazón roto y con el alma angustiada, a pesar de haber salido casi ileso con el castigo que Shion le había impuesto y con la promesa de la boca de su maestro que no desquitara su furia con Saga, solo podía significar que no volvería a verlo quizás en mucho, mucho tiempo aun estando en el mismo santuario. Y no podía evitar ese pequeño dolor en su corazón, pero era lo mejor para ambos estar separados.
Dio un paso bajando las escaleras descendiendo hasta llegar a la entrada de Piscis, su guardián estaba ahí, en el umbral del templo, Mu elevó su cosmos para que este le permitiera pasar. Cuando el pisciano asintió Mu siguió su camino con tranquilidad.
—Aries —le escucha decir al guardián. No sabía si era un saludo o una invitación para hablar.
—Afrodita —le devuelve la palabra como un saludo. La verdad no quería quedarse a hablar, imaginaba que le preguntaría por Saga, pero sabía que si se quedaba tendría que explicar lo que aún le dolía y no estaba preparado para eso aún.
Afrodita lo dejó avanzar, no insistió, desde que supo que Saga había ido a Jamir en busca de Mu, una idea se había hecho en su mente, y era algo que quería aclarar, pero al ver a Mu pudo confirmar sus sospechas y le dolía también. Afrodita entró a su templo con una angustia horrible en el pecho.
Mu abandonó piscis con pesar, tenía el fuerte presentimiento que en un futuro tendría que hablar con Afrodita. Se acercó a los terrenos de Capricornio con la idea que su conversación pendiente estaría ligada más al pronto que tarde. Sacudió su cabeza para alejar a Afrodita de su cabeza, ahora tenía algo más importante que hacer, con alguien más importante con quien hablar, este día tendría que dejar la historia de Chiao atrás de una vez y Shaka sería la persona que le aclararía todo, quien ya a estas alturas debía haber atado los cabos sueltos de todo este drama. No sería fácil, para nada, no quería precipitarse en pensar el motivo que llevó a Shaka a hacer lo que hizo, no quería culparlo, pero la duda estaba puesta en su mente, pero como el ser racional que era, no haría nada que no fuera lo correcto.
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Mu soltó un suspiro cuando se vio delante de él el templo de Virgo, el corazón le palpitaba de una forma rápida, pero no de la manera en que se agita cuando Saga está cerca, sino de una agitación que se siente cuando estas a punto de encontrarte con algo que no estas seguro si quieres ver o escuchar o tratar. Tragó despacio e inspiro profundo colocando un pie en el primer escalón para subir al templo, el ariano nunca había estado en una situación así, todo esto era demasiado nuevo para él, recordaba que desde que era pequeño siempre evitaba los pleitos con los demás, calmaba la situación porque odiaba los problemas, no era una persona que se las buscara, ni tampoco alguien quien gustara de mantenerlas, él era quien prefiere buscar el fin de los problemas de forma pacífica.
Llegó por fin al frente del templo y el nerviosismo aún no menguaba, más bien parecía estar en aumento. Avanzó con paso calmado, como quien dignamente llega a una sentencia segura. Caminó hasta llegar a la parte central del templo, ahí debajo de la gran estatua de buda se hallaba Shaka, quien meditaba suspendido en el aire por medio de su cosmos. Mu se detuvo y esperó unos momentos a que su amigo terminara con la meditación.
—Imagino que si estas aquí, no es precisamente por una visita —rompe el silencio el hindú luego de unos escasos minutos. Mu se queda sin palabras, Shaka ya estaba al tanto de la situación.
Shaka se puso de pie y camino hacia el ariano quien permanecía como anclado en ese lugar. Lo veía tensó a pesar de tener esa apariencia serena, lo sabía porque lo conocía tan bien como nadie podía conocerlo.
» Ven —le dijo y se giró para caminar hacia un par de puertas que guardaban lo mas sagrado del templo. Mu lo siguió, jamás habría imaginado que el lugar donde aclararían todo sería en el jardín de los sales gemelos, pero la idea no le molestaba, no podría haber otro lugar en el mundo donde pudiera tener privacidad y armonía, dentro de lo que se podía, en todo el santuario.
Apenas si se abrieron las puertas y el jardín preciado de Shaka se mostraba con una hermosura ajena a este mundo, no había visto nada que se pareciera a ese lugar, jamás había visto una hierba tan verde, ni había sentido una brisa tan pausada y fresca, era un lugar único, como un lugar propicio para cerrar ciclos. Siguió los pasos del virginiano quien se dirigía hacia los únicos árboles del lugar. Shaka tomó asiento bajo uno de los sales y espero que Mu hiciera lo mismo.
» Por favor Mu, no me tomes como tu enemigo, toma asiento. —El ariano desvió la mirada, sabía que no era su enemigo, pero ¿podría llamarlo amigo?, ¿podría seguir llamándolo así después de hoy?.
Mu se agachó para descansar debajo de los sales.
—Dime que pasó. —le exige sin filtro, no quería sonar ansioso, pero ya no podía aguantar, la incertidumbre se lo estaba comiendo por dentro— Explícame tus razones, dame un buen motivo para seguir llamándote mi amigo. —Dioses se había jurado a él mismo que sería alguien con tacto, pero era difícil.
—Siempre creí que jamás llegaría el día en que te contara esto. —le dice Shaka quien en esos momentos abría los ojos para posarlos en los verdes irises del ariano, no podría revelar su actuar sin mirarlo, sería como mentirle, como estar hablando a través de una pared, oculto— Había llegado al santuario del patriarca ese día… —
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Shaka había llegado al santuario del patriarca Arles ese día, sería la cuarta vez que se ofrecía como voluntario en búsqueda del primer custodio, Saga quien se mantenía oculto tras la máscara piensa si enviar al sexto guardián sería una buena idea. El santo dorado de Aries había estado ignorando cada una de sus misivas y a los caballeros que había enviado en su búsqueda, sería que, ¿si enviara un santo dorado, este pudiera tomar la decisión de volver a tomar el lugar que le correspondía o simplemente se desataría una guerra de mil días?.
—Santidad, estoy seguro de que si accede a mi petición puedo hacer entrar en razón al caballero de Aries —le dice seguro de sí mismo y en la estrecha relación que mantuvo en su infancia con el primer guardián.
—Shaka de Virgo, ¿me garantizas con éxito el retorno del caballero Mu y de la armadura de Aries? —preguntó, sabía de sobra la seguridad que posee el caballero de virgo, pero conocía la terquedad del ariano también.
—Se lo aseguro —reafirma con libertad. Se había levantado del suelo manteniendo una postura acorde a su exceso de confianza.
—¿Qué te hace creer que puedes convencer al caballero de Aries de renunciar a su exilio autoimpuesto? —hace la pregunta final.
—Conozco a Mu como nadie en el santuario, sé que si hablo con él y le expongo la verdadera situación del santuario él regresará —dice. La idea de Shaka no sonaba tan descabellada para Saga, si Shaka quien decía ser cercano no solo a Dios, si no al caballero de Aries también, este podría convencer al santo de la primera casa que el Santuario estaba en absoluto control, aún después de la muerte Shion, podría contar con su lealtad y tener a uno de los santos más fuerte a su favor. Sí, la idea le sonaba totalmente tentadora, pero para ser así, tendría que ser muy paciente, convencer a Mu que la muerte de Shion fue por culpa del traidor de Aioros no sería algo fácil, pero si las palabras de Shaka resultaban ser ciertas, manejaría al sexto guardián a su favor y mantendría el control total en el santuario.
—Está bien, tienes mi autorización para partir a Jamir lo más pronto posible. —Fue la orden del Patriarca, quien aún sentado en su trono le hizo una señal para que se retirara, no sin integrar un par de cosas— Procura cumplir tu palabra Shaka, confío en ti —Shaka quien se había girado un poco para escuchar lo último que su santidad tenía que decirle solo asintió ante tal petición para después voltearse y caminar en dirección a la salida del santuario.
Esa misma tarde Shaka salía camino a Jamir, vestido con una kasaya naranja que le envolvía el cuerpo y la armadura dorada de Virgo a cuestas sobre sus hombros. Habían pasado unos seis años desde que Mu había abandonado el santuario, que era el mismo tiempo que el antiguo Patriarca llevaba muerto, y para Shaka que Mu se hubiera marchado del santuario había sido difícil, Mu era su único amigo en el santuario, era con quien podía compartir horas de meditación, con quien podía llevar una conversación seria y profundas sobre sus roles en esta tierra, sobre su misión en esta vida cuando Athena llegara para bendecir al mundo, y era a quien tenía una estima superior. Así que cuando Mu llegó a su templo para despedirse este quedó con una tristeza tan grande a la que fue uniéndosele una soledad de forma paulatina.
Shaka había sido alguien demasiado aplicado y muy apegado a su religión, que le llevó a ser poseedor de la armadura de Virgo, pero también fue alguien quien no tenía demasiado contacto con los otros caballeros, a no ser que fueran asuntos estrictamente del santuario. Hacía alrededor de un año que Shaka se había ofrecido para ir en busca del primer guardián, pero esta petición era siempre denegada con la excusa que no podía dejar el templo de Virgo solo, o que lo necesitaría en el caso de algún ataque se efectuara en el santuario. El hindú recibía los pretextos del pontífice sin muchas ganas, pues encontraba que no era una respuesta lo suficientemente sólida para él, pero no podía colocarse en contra del patriarca y solo le quedaba insistir nuevamente hasta que este algún día autorizara su petición y que esperaba fuera luego, ya que Shaka tenía un terrible presentimiento sobre esto, tenía la sensación de que si no actuaba ahora Mu jamás volvería al santuario y lo perdería para siempre.
Cuando llegó a las tierras montañosas de Jamir, pudo llenar no solo sus pulmones de un aire completamente nuevo, sino que pudo llenar su cuerpo de una sensación de alivio y plenitud al saberse que en poco tiempo tendría a Mu a su lado. Era medio día, podía calcular, y ya solo quedaba buscar la torre donde reposan las memorias de los lemurianos. Tras haber caminado kilómetros, para cuando llegó al acantilado donde reposaba la torre ya era de noche, inspeccionó el lugar desde un lugar lejano, luego de un par de minutos siente un par de cosmos, uno perteneciente a su amigo y compañero y el otro de un hombre desconocido para él. ¿Sería que Mu mantiene a alguien en ese lugar? ¿No se suponía que la torre era la morada de aquellos con linaje Lemuriano?.
Shaka se vistió con su armadura y se aproximó hasta fachada de la torre. No tardó mucho para Mu apareciera frente a él de repente, al verlo su corazón no podía evitar saltar de felicidad, habían pasado los años y la imagen del joven niño de cabellos lilas habían quedado en sus memorias, ahora se le presentaba la verdadera imagen de su amigo, quien por ahora bordaba los quince años*, había crecido demasiado y su cabello estaba más largo de lo que recordaba, pero tenía la misma apariencia sedosa que siempre. Mu lo miró, lo reconoció enseguida y le sonrió.
—Shaka, bienvenido seas —le dice con absoluta amabilidad, su voz sonaba tan distinta, más madura, más clara, encantadora— ¿A que debo el honor de tu visita? —le pregunta mientras este aún no salía de adormecimiento.
—Mu de Aries, he venido por ti —le dice sin más, la verdad es que no tenía tiempo que perder.
—¿Te ha enviado a buscarme? —responde con una pregunta, como quien responde al hostigamiento.
—No, he venido por mi cuenta —le miente, sabía que si mencionaba que el Patriarca lo había enviado no reconsideraría ni un poco la posibilidad de volver y temía que pasara— El patriarca no es como piensas, es un hombre que mantiene la paz. —
—¿A costa de qué? —le responde— A costa de la vida de personas que piensan diferente a él. No puedes promover la paz con acciones tan bajas, violando la dignidad y los derechos de todo ser humano —le dice firme e intenta disuadirlo—, Shaka por favor no pretendas que siga esos ideales. —
—El santuario no es lo mismo sin ti, por favor reconsidera mi oferta. —le dice el rubio, acercándose— El me enviará por ti – le dice y espera alguna reacción.
—No puedo hacerlo Shaka, sabes lo que pienso, conoces mi postura y que no cambiaré de parecer. —Mu no vacila y Shaka insiste.
—Deja esas ideas Mu, vuelve conmigo al santuario, te extraño —deja salir lo último como un suspiro, el rubio se arriesga y lleva una mano al rostro de Mu acariciándolo con ternura. La caricia dura unos segundos y Mu solo cierra los ojos con pesar, entonces sabe lo inevitable y le duele— ¿no te haré cambiar de opinión verdad? —Mu niega con su cabeza y este siente como su corazón se rompe en pedazos. El santo de virgo se gira y avanza unos pequeños pasos y agrega— ¿Es por él? —pero no recibe una respuesta, sino más bien una advertencia.
—Ten cuidado Shaka, no dejes que él cambie tu juicio, no es quien crees saber —podría tener razón, pero que caso tenía si fuera cierto cuando él no estaría a su lado para averiguarlo. Siente como Mu desaparece dejándolo solo, aprieta el puño con dolor, dentro de él se caía todo lo que en su niñez había atesorado. Se siente solo, de pronto siente una energía insignificante a sus espaldas, aquel cosmos que había sentido al llegar estaba detrás de la torre, había escuchado su conversación Mu y en un arranque de celos se gira y abre sus ojos para conocer la identidad de la persona causante de que Mu no quisiera volver con él al santuario.
El contacto duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para concentrar su cosmos y enviar un ligero ataque ilusorio. Con esto Shaka se marcha del lugar, pensando que jamás volvería a ver a la persona que tanto estimaba y con ello se llevaría a la tumba sus acciones y sentimientos.
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—… Jamás pensé que volvería a verte, ni mucho menos que te crearía tal inconveniente, —continua su relato, no quería obtener el odio, ni el rechazo de Mu, y es que a pesar de que sus sentimientos por el ariano han cambiado, él siempre sería alguien preciado—, me di cuenta del problema que te había causado cuando me contaste la historia de tu vida con Feng Chiao. —
—¿Por qué no dijiste nada en ese entonces? —le pregunta con una punzada en el corazón.
—Porque al igual que tu lo creía muerto y los muertos no pueden contar historias —Mu piensa en lo que le dice Shaka, ¿le hubiera creído al santo si se lo hubiera dicho?, claro que sí y tal vez las cosas hubieran sido diferentes, quizás se hubiese enfadado, posiblemente hubiese partido a Jamir antes, no hubiese tenido la misión con Saga, no se hubiese enamorado, Saga jamás hubiese ido por él y quizás, quizás nunca hubiese vuelto.
Sin embargo, las cosas suceden de un modo por una razón, sabía que parte de la culpa la tenía Shaka, pero él había sido quien había rescatado a Feng aquella vez y lo hizo parte de su vida y de sus problemas, por lo que la mayoría de la culpa era solamente suya, Shaka reaccionó a un impulso y él no fue capaz de evitarlo.
—Solo hay algo que quiero saber, —habla Mu con voz tenue— ¿Por qué lo hiciste? —Shaka se queda un momento con los ojos bien abiertos y posteriormente sonríe para luego acercar su mano hasta el cabello lila de su amigo quien ahora curiosamente traía suelto.
—Ay Mu, la mayor parte del tiempo puedes ser alguien muy maduro para tu edad, pero hay veces que puedes ser tan ingenuo —le dice acomodándole un mechón lila detrás de su oreja. Mu se sonroja y la verdad era que se veía adorable de esa forma— Me gustabas, desde que éramos niños —le dijo sin más, Mu se siente apenado y culpable, él jamás se había enterado de eso y mucho menos se había sentido atraído hacia su amigo de esa forma.
—No te inquietes Mu, —le dice al mirar como la cara de Mu se llenaba de culpabilidad— esos eran solo los sentimientos de un niño que se mantuvieron intactos por una ilusión. Cuando la ilusión desapareció, desaparecieron esos sentimientos —Suspira, era cierto que el sentimiento se había eliminado al desaparecer la ilusión de su presencia, pero él no se había dado cuenta de aquellos sino hasta muchos años después.
»No me queda más que pedirte que no me odies, —le dice visiblemente arrepentido por su acción— te prometo que lo que menos quise fue hacerte daño. —termina por decir, Mu ya sin saber que más hace o que pensar se levanta del lugar.
—Yo nunca podría odiarte, solo necesito tiempo para perdonarte. —le dice y camina hasta la puerta, dejando detrás de él el enorme jardín junto a su dueño.
Saga llegó tres días después que Mu, y desde ese día, no le había visto ni un cabello al pelilila, con suerte podía verlo en los entrenamientos, debido a que el patriarca lo había destituido del puesto de entrenador momentáneamente por abandonar el santuario sin una orden directa de él o de Athena misma, cosa que tuvo que acceder y limitarse a hacer las tareas que diariamente le imponía Shion, las cuales siempre eran fuera del santuario. No fue mucho lo que habló con el patriarca, solo fue referente a su acelerada decisión de marchar a Jamir, quedando la conversación de su clandestina relación con su joven discípulo donde tenía que estar, escondidas en sus memorias.
No iba a negar que desde que llegó había intentado acercarse al ariano, pero le había sido imposible, sus tiempos libres no coincidían, sus rondas por el santuario eran en horarios diferentes, colocándose una enorme brecha invisible entre el pelilila y él, más lo extrañaba, pensaba en él a cada instante, pero tenía un objetivo que superar primero, porque sí, el lemuriano desde su conversación en Jamir jamás dejó de serlo. Lo primero era deshacerse de sus demonios y de su inseguridad de no ser lo suficientemente bueno para estar con él.
Sin embargo, las burlas por parte de su hermano no se hicieron esperar, diciéndole que era el ser vivo con peor suerte en todo el santuario y que tendría que tener la ayuda de todo el olimpo para que Shion los dejara encontrarse aunque sea un momento para conversar, ya que había sido Shion el culpable de que ninguno de los dos pudieran encontrarse en todo el santuario. Además, si quería estar con el ariano tendría que darle a este el espacio suficiente para que enterrara su pasado. El gemelo mayor aceptó a regañadientes, lo haría porque quería estar con el pelilila, porque quería cuidarlo y ser el único quien recibiera su hermosa sonrisa y disfrutara de su maravillosa compañía.
—¡¿En que estabas pensando?! —la voz de Aioros lo volvió a su horrible realidad, trayéndolo al presente que le hacía recordar que no tenía al ariano a su lado. Estaba sentado en uno se los sillones de la casa de géminis junto a su hermano y a Aioros, quien no parecía estar muy de acuerdo con lo que había hecho, vamos ni siquiera el mismo estaba de acuerdo con sus decisiones, por lo que aguantaría cualquier reclamo por parte de él.
—Creo que ya todos sabemos en lo que estaba pensando —dijo Kanon mientras entre risas burlonas daba un sorbo a su cerveza. Aioros le dio una mirada de desaprobación a Kanon quien ignoró olímpicamente.
—¿Te das cuenta en el lío en el que estas metido?, Ni siquiera creo que podría apelar a tu favor con el Patriarca —le dice Aioros, el sabía la magnitud de todo esto y sabía que el castigo era exagerado, puesto que si hubiese sido cualquier otro santo Shion ni se hubiera metido en este asunto, pero de todos los caballeros solteros habidos en los terrenos del santuario el tenía que haber elegido a quien el patriarca ama como si fuera un hijo.
—No quiero que lo hagas Aioros —es la seca respuesta de Saga quien bebía ya a esa hora desde la botella de vino. Aioros, siempre había sido tan buena persona, tan leal amigo y con un alma noble que a veces daban ganas de golpearlo, pero sí, sabía que si hubiese sido otra la situación Aioros hubiera ido corriendo al templo de Shion para defenderlo, sin embargo, la situación no era esa.
—¡Dioses, Saga! —exclama y se queda unos momentos en silencio, pensando como podría ayudar a su amigo. Aioros recordó como Shion le cuestionó en primera instancia su relación con Shura, pero él le había asegurado que todo lo que había sucedía en el pasado, se había quedado ahí y aun que después no volvió a escuchar nada referente a su relación, las cosas siguieron su rumbo tranquilamente. Aioros quería encontrar algo dentro del relato de Saga que pudiera utilizar para poder aminorar el castigo, pero la verdad es que no había nada.
—Aunque verdaderamente lo que me sorprende es que Shion no lo haya degollado —dice Kanon a un lado abriendo otra cerveza. No sabía cuantas veces Aioros lo había mirado de esa forma, creo que esta era la novena vez, pero no le importaba en lo más mínimo. De todas formas, él decía la verdad—, creo que deberíamos agradecérselo a nuestro querido pelilila. —
Unos segundos de silencio se apoderaron de la habitación mientras que Aioros y Saga miraban a Kanon mientras este tomaba otro trago de cerveza. Cuando Saga cayó en cuenta de lo que esas palabras significaban, dio un brinco del sofá donde descansaba y se acercó al pilar donde su hermano reposaba, alzándolo de la camisa, elevándolo unos cuantos centímetros del suelo.
-¿Qué quieres decir con eso? -repuso Saga. Kanon agarró con una de sus manos la muñeca de Saga mientras en la otra tenía su botella.
—Se te está haciendo costumbre esto ¿verdad hermanito? —dice riéndose, Saga lo baja a regañadientes, pero no le suelta la camisa—. Lo que quiero decirte es que fue gracias a Mu de que Shion no te hubiera desterrado del santuario o mucho peor, desverg…—
—Ya entendimos —repone Aioros no dejando terminar la horrenda palabrota de Kanon, se posó a un lado de Saga y lo incitó a que soltara a su hermano, que, aunque no fue de la mejor forma solo intentaba ayudar— ¿Cómo lo sabes? —le preguntó Aioros una vez ya liberado. Aioros pensaba que, de ser cierto, podría conversar con Mu y encontrar una forma de que el castigo de Saga no fuera tan duro.
—No lo sé, puede que haya sido Dohko —dice despreocupadamente, mientras se terminaba de arreglar la camisa— ¡Saga, maldito, arruinaste mi camisa! —reclama al darse cuenta de que quedaba suelta en la parte que lo había agarrado.
—¿El viejo maestro? —dice Aioros curioso, ¿Qué estará pensando el viejo maestro?, para Aioros no era común oír que el maestro de los cinco picos anduviera contando intimidades de otros santos, por lo que si lo dijo fue con una intención de por medio.
El castaño pasó el resto de la tarde entre pensando en lo dicho por Kanon y regañando a Saga, sentía el deber de ayudar a su amigo y lo haría.
Habían pasado cerca de cuatro meses y el otoño ya estaba llegando a su fin, el ambiente del lugar se estaba volviendo más frio y eso indicaba la inevitable llegada del invierno. Para muchos en el santuario el tiempo pasaba sin ninguna otra contrariedad, una mera rutina, pero para otros eran días difíciles, largos y vacíos. Para Mu, desde que llegó de Jamir su vida se había vuelto un desastre, ahora podía decir que era un desastre controlado, más no lo fue así al principio. Había vuelto a hablar con Shaka después de su conversación, pero no era como antes, sentía que, aunque pudiera hablar sobre cosas triviales o de mera necesidad del santuario, no podía quedarse más tiempo mirándolo y sentir que las cosas hubiesen sido tan diferentes.
Por otro lado, las labores en el templo de Shion eran más extensas, ahora debía encargarse de traducir pergaminos, del lemuriano al latín y del latín al griego. Sabía que no era algo necesario, pero era parte de su castigo y así mismo lo asimiló y siguió sin decir ni replicar nada. Por las mañanas intentaba asistir de manera continua a los entrenamientos, pero la mayoría del tiempo debía reparar armaduras pendientes, adicionando el entrenamiento físico y psíquico de Kiki. Era agotador, pero luego del primer mes había empezado a acostumbrarse a su nueva y extenuante rutina. Y que en cierta parte agradecía, pues lograba así que su mente pudiera descansar del recuerdo de Saga, aunque había ocasiones en que soñaba con el caballero de géminis, lo cual curiosamente coincidía con las veces donde la presencia de Saga desaparecía de los terrenos del santuario.
Por otro lado, había días como hoy donde su memoria era invadida por los recuerdos de su persona, pequeños flashes de imágenes donde ambos estaban juntos, era en estos días cuando el peso de la distancia hacía cada vez menos llevadero, más tortuoso y doloroso su rutinario nuevo estilo de vida, eran tan pocas las veces que ocurría que podía contarlas con los dedos de sus manos. Se sorprendió lo mucho que su mente había divagado en el recuerdo del geminiano y no fue hasta que estuvo frente al templo de Sagitario que pudo notar que había sido por un largo tiempo, reparó que el simple recuerdo de él provocaba que perdiera la noción del tiempo de tal manera que sentía que no se encontraba en el plano terrenal.
Avanzó por el templo de Aioros curioso de que este no se encontrara en su templo, se reprendió a sí mismo con algo gracia, en estos tiempos de paz era normal que sus dueños no pasaran las veinticuatro horas anclados en el templo esperando nada. La mayoría hacían sus vidas de la mejor manera que el santuario les podía permitir. Sonrió con desgano ante ese pensamiento, él sería el único en compañía de Saga quienes no gozaban con esa suerte. Ambos eran perseguidos por las sanciones que ocasionaron sus acciones y no podía dejar de preguntarse si de verdad merecían lo que estaban viviendo.
Siguió su camino sin percatarse nuevamente que estaba por ingresar a Capricornio, cuando sintió como su corazón daba un vuelco y a su mente llegaba la imagen de cierto personaje otra vez, intentó quitar la imagen de su cabeza, preocupado de que fuera algo más que un mero recuerdo, cuando eso pasaba, la sensación de opresión en su pecho era tan intensa que temía que fuera por algo más trascendental, como si tuviera un sensor que se activara y le avisara cuando él estaba preocupado, molesto u ansioso. Había llegado a la conclusión hace un tiempo, cuando al terminar el verano la imagen del griego llegaba a su mente de manera insistente, no como un recuerdo nostálgico, sino más bien como de un sentimiento de angustia. Esa sensación lo había ataviado por dos días seguidos y fue al finalizar el segundo día, cuando se encontró con Aldebarán, quien en un momento de entretenida conversación le comentó lo mal que había visto a Saga durante los entrenamientos, lo notaban agobiado. Fue entonces cuando empezó a temerle a la imagen de Saga, temía y le preocupaba creer que estuviera pasando por malos momento, sentía algo así como si la mente de Saga se conectara con la suya y pudiera percibir tan claramente sus sentimientos o quizás, era su mente la que de alguna forma se conectara con la del griego.
La sensación siguió aún pasada los terrenos de Piscis, miró al cielo despejado de ese día con muchas dudas, sentimientos y preocupaciones, preguntándose si las cosas en algún futuro cambiarían, si él y Saga pudieran en algún momento permanecer en un mismo sitio sin sentirse culpables por ellos mismos y por sus acciones, si pudieran ser como antes. Eran muchas las interrogaciones y Mu dudaba en poder encontrar pronto una respuesta, quizás sería más prudente dejar que las cosas siguieran su rumbo normal e ignorar a su mente y a su corazón como lo estaba haciendo hasta el momento, quedándose con lo único que podía tener de Saga, solo sus recuerdos, ya sean buenos o malos, mientras que en el interior de su ser surgía la añoranza de sentirse cerca de él aunque fuera solo por unos segundos, aunque fuera por mera coincidencia del destino. Inconscientemente crecía el deseo de verle a los ojos una vez más, de escuchar su voz llamándolo y el respondiendo libre de toda culpa.
oOo
Saga salía furioso del despacho de Shion, caminando a pasos fuertes, con el ceño fruncido y los puños apretados a tal punto que sus nudillos habían perdido color. Estaba por abrir de un golpe la gran puerta del templo cuando esta, ante sus ojos, se abria por arte de magia, y el cual bastó solo un segundo para que toda la furia que traía dentro suyo se desvaneciera perdiéndose en el interior del templo. Frente a él se hallaba la persona a quien anhelaba ver desde hacía mucho tiempo, ambos se habían quedado unos momentos en ese lugar, fijos sin emitir ningún sonido, temiendo que al más mínimo ruido todo acabaría.
Mu traía las manos repletas de papeles, libros y rollos de pergamino, por lo que no dudó en utilizar su telequinesis para abrir la puerta del templo de su maestro y se había quedado paralizado al encontrarse a Saga en el otro lado, parecía estar molesto, aunque luego cambió por completo. Su cuerpo estaba reaccionando y tan solo llevaban unos segundos mirándose, el corazón le latía de tal forma que sentía que saldría de su pecho junto con un cosquilleo en el estómago, su respiración se volvió irregular tratando de calmar las palpitaciones que de seguro se oían hasta Tauro.
Saga tragó grueso, era como un sueño, un sueño hermoso que no quería romper. Había aparecido ante sus ojos, sin haberlo previsto antes, estaba tan ensimismado en su enojo que no lo había sentido llegar, pero ahí estaba, ataviado con un montón de papeles, lo detalló de pies a cabeza, para luego fijar su vista en sus ojos verdes. Pronto se vino apoderado de unas ganas de envolverlo en un abrazo, de quitarle toda esa basura que tenía cargando y estrecharlo tan fuerte que evitara que volviera a desaparecer de su vida, que lo protegiera, que lo abrigara, que le demostrara lo mucho que lo necesitaba en su día a día. Besarlo hasta que olvidase su nombre y no separarse de él jamás. Ansiaba decirle que lo extrañaba, que por él estaba aguantando todo, por que tenía una pequeña luz de esperanza de que volverían a estar juntos.
Por su parte Mu quería decirle algo, lo que fuera, un "hola" o lo que sea, pero estaba tan nervioso que su boca no podía articular nada, quería saber como estaba, que era lo que hacía, si lo extrañaba tanto como lo hacía él. A su mente llegaron unas ideas de tocarlo, de abrazarlo, de tocar su mejilla, de besarlo. Sus ojos detallaron cada parte de Saga, como si estuviera guardándolo para después, aunque algo había llamado su atención, se notaba cansado, tenía algunas marcas oscuras bajo sus ojos, Mu imaginó que se debían a la falta de sueño. Shion estaba siendo demasiado duro con él y lo entristecía.
—Mu —le dice con su voz aterciopelada, el nombrado siente un leve cosquilleo en la espalda y se sonroja sin saber por qué. Saga da un paso hacía él con la intensidad de su mirada puesta aún en él y este suspiró, estaba por decirle algo cuando siente el cosmos de su maestro muy fuerte y estaba seguro de que Saga lo había sentido también.
—No deberías seguir aquí. —le dice desviando su mirada de los ojos aguamarina aun sonrojado. Mu avanza unos pasos y voltea mirándolo con tristeza— Cuídate, Saga —se gira nuevamente caminando elegantemente, su cabello suelto se mueve a cada paso. El griego lo ve seguir hasta perderse por las cortinas carmesí y siente como su corazón se comprime y sus ojos se llenan de lágrimas, ¿acaso las cosas serían siempre de la misma manera?
¡Hola querubines!. Les traigo por fin el capítulo 12, y la verdad que me ha costado un montón en poder ponerme de acuerdo, me demoraba la vida en escribir algo y ya después así nomás no me gustaba y ¡pam! que lo borraba todo y quedaba ahí, sin nada.
Pero después de todos los borrones, machetazos, y golpes brutales contra la pared pude quedarme agusta con el capítulo. (Espero que no me odien por esto)
Ya por fin el susodicho Feng ya está como tiene que estar, muerto, y asegurado de que no volverá a joder la vida. Tenemos a estos dos que, dios mio, dan ganas de agarrarlos a ambos y darles unas buenas cachetadas para que espabilen. Mu no quiere nada ya con Saga y Saga ahora quiere todo con Mu (quien los entiende). Y lo peor de todo es que nuestro señor casi-todopoderoso Shion estuvo a punto de mandar a Africa a Saga, si no fuera por el buen corazón de Musito quisas ya estaría ahí exiliado del santuario.
Y Shaka, yo en verdad no lo culpo, el hizo lo que creyó correcto dentro de su ignorancia, vemos ahí un poco de sumisión dentro lo orgulloso que es, solo para que Mu volviera al santuario, pero sabemos lo terco que es y no volvió por obvias razones, la pregunta ahora ¿perdonará Mu definitivamente a Shaka? ¿qué creen?
¿Qué piensan ustedes de Afrodita?, algo quiere decirle a Mu, pero pareciera que entre esos dos hay un no sé, una rivalidad, no sé si llamarlo así.
Y lo último, pobre Sagaa!, ¿alguien quiere apapacharlo?
Sé que me eh demorado bastante, pero he cumplido con decir que lo terminaré y les cuento algo más... ¡queda un solo capítulo!. Me siento tan, pero tan satisfecha con este fic, aunque no sea una gran obra, es el primer multichapter que termino y eso es decir mucho, por lo general soy de Oneshots. Así que quiero darle las gracias, por seguirlo, especialmente a las personas que se toman su tiempito de dejarme un review y obviamente a aquellos lectores fantasmas. De verdad, les agradezco todo, los quieroo!
Bueno eso es todo, muero de sueño. Espero de todo corazón que les guste, ha sido difícil, pero ha valido la pena. Adiós y que tengan una hermosa Navidad (notese como un regalo previo de navidad), disfruten con sus familias y que tengan un maravilloso fin y comienzo de año. (Todos sabemos que el otro capítulo será para el otro año, no nos engañemos). ¡Besotes para todos!
