¡Saludos desde uno de los mundos entre los mundos!

Este capitulo de nuevo tratará del Pasado. Si lo sé...¡¿Cuál será la reacción de Matt cuando sepa que su padre ha muerto?!...¿Qué destino le depara a Noelle y cuál es su papel? De nuevo, esas incógnitas tendrán que esperar, porque aún faltan algunas cosas que hilar y que serán necesarias en el presente.

Las chicas fueron atacadas por Guruclef, quien por defender a Ascot de Damien, Irina y Oziel, les envió un poderoso hechizo...¿Cuál fue la suerte de Lucy, quien fue envuelta por este ser de oscuridad, de boca azul, el mismo que tan fervientemente busca a Noelle? ¿Qué pasó con Marina y Anais, quienes desafortunadamente no fueron protegidas por el amuleto como Lucy?

Muchas gracias a todos los que leen anónimamente, y sobre todo a Amanda (tranquila, vamos a ver que futuro le depara a Ascot), Nambelle (sigo sorprendiéndome de tu pilera para notarlo), Bermone (yo tampoco puedo quedarme con la intriga mucho tiempo, así que trato de actualizar rápido...a veces el autor tampoco sabe que va a pasar!) y al "Guest"(jejeje super bien) quienes dejaron su opinión.


" Los dos mayores tiranos del mundo: la casualidad y el tiempo. " - Johann Herder

"De todas las cosas que he perdido, la que más extraño es mi cordura." - Mark Twain

Capitulo 12. NIFELHEIM

Tiempo: Pasado - Seis meses atrás

El silencio posó sus alas trasparentes sobre el gran salón. Sus habitantes eran estatuas de tribulación y congoja. Mil lamentos y preguntas se formulaban, pero como un conquistador indemne, el silencio seguía reinando; un soberano al cual nadie negaba su derecho.

El tenue resplandor aún se difuminaba en el aire y diminutas motitas de polvo se alzaban, revolviéndose, dándole a la atmósfera una apariencia irreal.

Un sonido sordo les devolvió al presente que ninguno quería aceptar. Era el Guru, quien se derrumbó sobre sus rodillas, con los ojos muy abiertos, mirando al frente. Su cara era una blanca superficie, que así como un hielo muy delgado, podría partirse de un momento a otro.

Un susurro apenas perceptible escapó de sus labios, una palabra que en sus largos años jamás pensó pronunciar; que era casi increíble de asociar con su carácter, con su personalidad.

- ¿Qué he hecho? -su voz se balanceaba en los dominios del terror-

Cada quien reaccionó a su propia manera, rompiendo el embrujo que se había apoderado de todos. Caldina corrió hacia Ascot, quien permanecía en el suelo, sin poder incorporarse, alzando su brazo. Ráfaga se precipitó a pasar revista inmediata a los guardias que se apostaban al fondo del castillo, al lado de las puertas.

Paris no tenía ni idea de cómo se las había arreglado para estar de rodillas, con los brazos a los costados. Sólo miraba hacia un punto fijo, y apretaba sus puños, conteniendo la rabia, la impotencia y su propia culpabilidad. Se obligó a reaccionar, al ver que Guruclef estaba en un estado de enorme consternación. Se levantó, sintiendo sus extremidades pesadas, como si se hubieran tallado en piedra maciza. Sin embargo, a pesar de ese lastre que impedía que sus movimientos fluyeran con naturalidad, fue a socorrer a Ascot.

Nererti había quedado congelada en su puesto. Una vez más fue presente del enorme cambio del espadachín. Así como aquella vez que hablaron en privado, hacía semanas, una nueva faceta de ese hombre se presentaba ante ella. Y bien sabía cuál era la causa. Ella también había visto a esa muchacha de cabello rojo encendido flotando en medio de un brillante círculo. Ahora Latis respiraba aceleradamente, con la mirada perdida en el infinito, aún con su espada en la mano derecha, que en cámara lenta se deslizaba por su palma hasta caer al suelo con un sonoro clanc.

- Lucy… -esa voz grave repetía con impaciencia, colocando en cada sílaba un pedazo de desesperanza, dolor y añoranza, con el claro deseo de que el objeto de sus pensamientos apareciera de nuevo ante el.

Neferti se solidarizó al instante. Recordó un episodio demasiado familiar, que aún le retorcía con ganas el alma cada vez que su mente se atrevía a repasarlo, y que estaría clavado como una espina negra en su corazón para siempre. Supo que ahora más que nunca el espadachín necesitaría de ella. Un sonido le llamó la atención y se volteó hacia el grupo que se había formado alrededor del joven invocador.

- Marina…Marina…-decía Ascot, en el suelo, con su pecho agitándose-

- Cálmate cariño –Caldina trataba de sostenerlo, pero no le veía ninguna herida. Su desesperación aumentaba conforme el muchacho parecía empeorar con los segundos. Su cara estaba casi transparente. Podía ver las pequeñas venas que cruzaban su rostro- ¡Haz algo Ráfaga! ¡Guruclef! –gritó al fin con voz aguda.

Guruclef reaccionó a su llamada unos segundos después, puesto que su mente estaba ocupada enferntando a Latis, quien con dos palabras le había desarmado: ¿Por qué?

El Guru se acercó a Ascot, y al observarlo tuvo la seguridad que a pesar de todo lo ocurrido, a pesar de haberles causado a sus queridas niñas aquel daño, (¿irreparable?) la vida del invocador había estado en peligro desde que las presencias se manifestaron. Lo único que lamentaba era no haber creído en las palabras de Paris, y no haber confiado en su instinto, al confundirlas con seres que estaban jugando a distraerles de un ataque.

Lo examinó con cuidado. Ascot se quejaba y aún clamaba por Marina.

Marina. ¿A Dónde te envió mi magia? ¿Qué he hecho? Pensó Guruclef ahogando un suspiro.

Sin tocarle, recorrió con sus palmas a una distancia de unos 20 centímetros la cara y el pecho del muchacho, tratando de sentir el hechizo que le habían impuesto. No encontró rastros de magia. Al menos no de la magia de Céfiro. Amplió su búsqueda, simplemente dejando su mente en limpio, concentrándose en buscar alguna señal que le guiara para verificar el ataque. Se detuvo en su coronilla, y allí…

- Intentaron asesinarlo –sentenció con decisión.

Todos se miraron entre sí. Una voz desde el otro extremo del salón se alzó seguro de lo que iba a decir

- No pudieron ser ellas. Es imposible. Estoy seguro que ya nos habían visitado. Ya las había sentido cerca el día que recibimos la embaja de Xios –Latis seguía sin moverse de su sitio, pero buscó a Neferti con su mirada, recordando la primera vez que se conocieron-

Neferti se encontró con sus ojos y alzó sus cejas, entendiendo lo que Latis decía. ¿Entonces eso fue lo que ocurrió?¿Por eso se acercó a mí aquella vez de esa manera tan…personal? Sin querer, la decepción se apoderó de su corazón. Empero la relación con el espadachín solo era de amistad y colaboración, su ego se fue por un camino sin retorno al considerar que él nunca estuvo interesado realmente en ella, a pesar de que eso había quedado clarísimo cuando Latis le pidió ayuda para viajar al mundo místico, con el único objetivo de recuperar su amor perdido. Los dos habían sido sinceros al respecto: ella aún estaba enamorada de Akil y Latis lo que más deseaba en esta vida era estar junto a Lucy. Sabiendo esto, a pesar de aquella ocasión en que los dos se habían sentido ligeramente desubicados, se habían vuelto muy amigos. A ella le fascinaba pasar tiempo junto a él. Lograba calmar el vacío…

Pensó en Akil, por quinta vez en ese día. Había guardado una leve esperanza de poder sacarlo definitivamente de sus pensamientos. ¿Me libraré alguna vez de esto?

- ¿Tú lo sabías? –Presea se dirigió a Latis, frunciendo su ceño-

- Percibí el aura de Lucy, días atrás.

- Yo también sentí a Anaís- interrumpió Paris- pero creí que estaba enloqueciéndome. Ahora me arrepiento. Si tan sólo…

- ¿Por qué no dijeron nada? –increpó la armera- ¡Todos sintieron lo mismo!

Guruclef hacía caso omiso a esa conversación. Si seguía por ese camino, la culpabilidad le impediría pensar. Lo importante era salvar a Ascot o todo sería en vano. Reunió su energía, y le trasmitió un impulso curativo hacia el cerebro del invocador, para reparar el daño. Una luz verde iluminó la cabeza del herido y tras esto, sus ojos se cerraron, dejándolo inconsciente.

- ¡Ascot! –Caldina le sacudió sin el menor cuidado, temiendo lo peor-

- Se recuperará. Pero llevará algún tiempo. Llévenlo a su habitación –el Guru se plantó ante Paris y Latis, quienes habían quedado en silencio- Debemos averiguar que ocurrió acá.

Ráfaga asintió y sin que nadie se lo solicitara, alzó a Ascot y lo cargó al hombro, mientras Caldina y Presea le siguieron, saliendo del salón.

- Temo que mi magia les haya enviado a otra parte, diferente a su propio mundo –Guruclef se sinceró con ellos. El mago miraba al piso-

- No es posible -susurró Paris cerrando sus ojos-

- ¿Estás seguro de eso? –Latis sintió que un agujero se abría para tragárselo, un vacío lóbrego desafiaba sus sentidos. Miedo, eso era miedo...auténtico miedo-

- No. Tampoco tengo idea de cómo averiguarlo. – Guruclef hizo una pausa, miró hacia Neferti, quien aún estaba alejada de ellos, pero les escuchaba con atención. Luego volteó hacia Latis- Ese resplandor, el que envolvió a Lucy, ¿sabes qué es? A mi juicio, a ella le estaba afectando menos mi magia que a Marina o a Anais

- Es un amuleto que posee un hechizo protector muy potente. Pertenecía a mi madre.

Al escuchar esto, Neferti sonrió con ternura. Latis, eres todo un misterio, ¿verdad? Pero cuando amas, te entregas completamente. Akil también era así.

- Tal vez ella haya podido regresar al mundo místico -aventuró el mago-

- Y ¿Anais? ¿Marina? Ellas ¿dónde están? –el príncipe necesitaba saber por dónde comenzar -

Neferti aprovechó para intervenir, y se acercó, situándose al lado del espadachín.

- Maestro Guru. ¿El hechizo era de expulsión, verdad?

- Sí. Destierra a los que no podemos ver, y fue amplificado en varios puntos del salón por los guardias que entrenamos para ello. Hace días estamos monitoreando actividades extrañas, no solo dentro del castillo, sino fuera de él. -mencionó clavando una mirada sospechosa en la sacerdotiza-

Neferti pasó saliva, su corazón se aceleró. ¿Acaso Xios...?

Se obligó a mantener la compostura. Ese comentario iba dirigido a recabar información que por el momento ella no tenía, por lo que tenía que ignorarlo. Así que continuó.

- Ellas llegaron acá en forma espiritual – Neferti volteó para mirar a Latis- si no pudieron regresar a sus cuerpos, pueden estar en cualquier mundo.

- Lucy regresó, tuvo que haberlo hecho –El espadachín recordó el ser negro de boca azulada que se apoderó de su pelirroja y una vez más el miedo le contrajo las entrañas de una forma desconocida-Iré a Xios – dijo finalmente, sin dejar espacio a contradicciones-

- Latis, no dudo que el puente sea de gran importancia, pero estamos hablando de las guerreras mágicas –repuso Paris, sorprendido por la afirmación. Después de lo presenciado, había supuesto que Latis se lanzara inmediatamente a la búsqueda de Lucy, tal como él estaba presto de ir hasta el fin del mundo por su querida Anaís-

- ¿Así que eso era desde el comienzo? –le interrogó el Guru con perspicacia- presentía que todas esas charlas con la sacerdotisa suprema eran por algo. ¿Qué han encontrado? –quiso saber, posando su mirada en Neferti-

- ¿Qué quieres decir? –Paris se sentía desubicado-

Neferti se aclaró la garganta. No le agradaba ser el centro de atención. Buscó la mirada de su amigo, pues se suponía que aquello era un secreto entre los dos, y que Latis iba a Xios con la única intención de escoltarla cuando regresara con las semillas necesarias para realizar los puentes de magia. El espadachín asintió, para que les informara acerca de sus planes.

- Latis me pidió que investigara acerca del mundo místico. Después de mucho investigar, he llegado a la conclusión que el que llaman "místico", el hogar de las guerreras mágicas, es un mundo entre mundos.

- ¿Mundo entre mundos? ¿Qué quiere decir eso? –intrigado, el muchacho de cabello verde quiso saber más. A él también le interesaba en grado sumo lo que decía la sacerdotisa.

- Hay muchos mundos que pertenecen a esa categoría. No están separados por distancias físicas. Conviven en un mismo instante en el mismo espacio, pero en diferentes dimensiones. Céfiro y el mundo místico, junto con gran infinidad de otros mundos, conviven en una danza invisible, acercándose y alejándose en diferentes planos. En Xios hubo una época, hace milenios, en que estos "mundos entre los mundos" despertaron gran interés. Xios tiene un pasado conquistador que no podemos negar.

Clef puso especial atención a sus últimas palabras, que Neferti se arrepintió de decir. ¿Qué había visto Clef fuera del castillo, que relacionaba con su visita?

- Así que de alguna forma, ¿en Xios lograron viajar entre estos mundos? –repasó Guruclef, incitándola a terminar lo que estaba diciendo.

- Si, exactamente. - Neferti siguió, sin saber si estaba diciendo demasiado- La forma en que creamos puentes de magia es a través de una forma de vida. Les llamamos árboles hijos. Pero hace decenas de años, los antiguos habitantes de Xios descubrieron que las semillas de esos árboles, modificándoles de algún modo, podían crear "pasajes", y que dentro de algunos de esos árboles se escondían mapas. A las semillas modificadas les llamamos "Makinessi" y a los árboles que tienen los códigos de los destinos, le llamamos "brújula". Mis antepasados conocieron de la existencia de 513 mundos. Pero aún así, si se deseaba viajar a alguno, debía conocerse su nombre, para que la "brújula" se encargara de indicar cómo llegar a él.

- ¿Pero cómo descubrieron esos mundos? –quiso saber Paris- si no podían viajar antes de conocer su nombre.

Neferti calló unos segundos. Esa era la parte que le avergonzaba. Latis intervino antes de que ella pudiera responder, y se lo agradeció en silencio.

- En Xios hay una clase de personas, que se denominan "kâhin". La traducción para nosotros sería "vidente". Nacen con el privilegio de ser más "sensibles", sobre todo a otros planos, pero también poseen la capacidad de modificar su experiencia sensorial para ver los mundos entre los mundos. Sin embargo, un "kâhin" no puede viajar físicamente a esos mundos sin haber tenido una experiencia de muerte. Ya sea propia, o …

- Causando una –completó Neferti, armándose de valor- Por eso lo usual es que asesinen por su propia mano un habitante del planeta desde el cual desean viajar. Por tanto, si la idea es viajar de mundo en mundo y tener la capacidad de regresar físicamente a cada uno de ellos, sin intervención de los makinessi o de la brújula...

- Deben ir matando cada vez que saltan –Guruclef presentía qué había ocurrido- Es decir que nuestras guerreras encontraron la manera de aliarse con un vidente que las trajera acá de forma espiritual, pero se encontraron con otros viajeros al mismo tiempo, o bien el vidente deseaba ser conducido específicamente a Céfiro por medio de ellas.

- No sabía que había "kâhin" en otros mundos, y menos en el mundo místico, capaces de traer consigo a otros espíritus fuera del propio. –Neferti con tono de súplica y con mucha sinceridad le hablaba a Latis, casi pidiendo que le perdonara- Debe ser muy poderoso.

Latis le devolvió la mirada, sus ojos le transmitieron calma.

- Debo intentar llegar al mundo místico. Y la única manera es con la brújula, ya que ninguno de nosotros posee las habilidades de un "kâhin". Neferti descubrió el nombre del mundo de las guerreras mágicas en la lengua de Xios. Si Lucy logró regresar, tal vez sepamos algo de las otras dos guerreras.

- Yo también iré –señaló Paris - no pienso quedarme acá sin hacer nada

- Neferti, los makinessi no deben ser objetos que estén a la vista de cualquiera, ¿no es así? ¿Su intención es robarlos? -preguntó Guruclef, mirando a Latis.

- Los devolveremos -dijo Latis, sin lamentar la intrínseca aceptación.

Todos guardaron silencio, midiendo los riesgos de la misión la cual se disponían a emprender

- Temo que esto se vuelva sólo una excusa más para un destino que ya está trazado -dijo enigmáticamente el Guru- Latis, Paris. No confíen en nadie -declaró dirigiéndose hacia Neferti-

- ¡Yo estoy de su lado! -dijo la sacerdotiza, apretando los puños.

- Espero que al menos estés del lado que más te convenga - Clef les dió la espalda, y se retiró del salón, dejando a los tres confundidos, sin capacidad de replicar ante los acertijos del mago-

Paris miró de soslayo a Latis, quien negó con su cabeza varias veces.

- Confiamos en tí, Neferti -le dijo para tranquilizarla. Neferti apretaba los dientes, envuelta en las últimas palabras de Clef. Se sentía como si el mago hubiera visto a través de ella, de su pasado, de las ganas que tenía de traicionar a Xios-

- Entonces a Xios a robar reliquias y luego al mundo mistico. Un gran viaje nos espera. -Paris suspiró, armándose de valor.

- Tu guerrera mágica no está en el mundo místico, príncipe –dijo Neferti con pesar, a punto de que su voz delatara sus sentimientos-

- ¿Cómo lo sabes?

- Lo sé, porque a mi prometido le ocurrió lo mismo, sólo que su cuerpo también desapareció.

- ¿Y dónde está él? –Paris tenía un nudo en su garganta.

- No lo sé.


¿Dónde estoy? ¡No veo nada!

- ¿Lucy? ¿Marina? –su voz sonaba hueca, y el eco retumbaba a su alrededor-

No hubo respuesta. Recordó a su príncipe. Finalmente pudo verla, pero después, el dolor causado por el hechizo de Guruclef cesó y se encontró en aquel vacío.

Escuchó algo, una resonancia irregular, que la sacó de sus pensamientos. Aguzó su oído,escuchando...

Algo se arrastraba.

Trató de no tener miedo, pero hundida en las tinieblas aquello era casi un imposible. La garganta se le cerró, pero logró articular un hilito de su voz

- ¿Quién está ahí? –dijo hacia la nada, el eco le devolvió su voz, transformada en un chillido-

Ahí

Ahí

Hi…

Aquello era peor de escalofriante. EL propio sonido de su voz, demasiado aguda le hizo caer en cuenta de que su miedo crecía y crecía.

El vacío tembló a su alrededor.

Cric, cric, cric, plaf, cric cric

Eran como uñas clavándose en el hielo para tomar impulso, para luego alzar una voluminosa y putrefacta masa. Lo que se acercaba era grande, muy grande. No podía tomar suficiente velocidad gracias a su peso.

Ahora podía escuchar su respiración, convertida en un frenético jadeo discontinuo. Asustada desde la coronilla hasta los dedos de los pies deseó tener una luz consigo. Su deseo casi se hizo realidad, pues lo siguiente le iluminó el alma...

- ¡Chica! –gritó una voz conocida, en medio de la nada-

- ¿Señora Mizuki? ¿Dónde estoy? ¡¿Dónde están Lucy y Marina?

- ¡Corre!¡No debe alcanzarte!

Anais tomó la advertencia muy en serio, pero no sabía hacia a donde debía correr, todo parecía igual.

-¡ Hacia dónde! ¡ Dígame por favor!

No hubo respuesta

El ruido se intensificaba. A su paso, se aplastaban cosas, crujiendo, crujiendo. Sonaba como un gusano, que adelantaba su poderoso cuerpo a través de un pasaje estrecho.

Cric, cric, cric, plaf, cric cric

Supo hacia qué dirección precipitarse con toda su energía, cuando a lo lejos, unos enormes dientes azules comenzaron a hacerse visibles, a su derecha.


Marina guardaba silencio. Algo muy inusual en ella. Se limitaba a "caminar" aunque sabía que había sido conducida a ese sitio sin su cuerpo físico. Llamaba de vez en cuando a sus dos amigas, gritando a los cuatro puntos cardinales, pero todo parecía en vano.

Después del ataque de su mago, fue transportada a un sitio completamente nuevo. No era Céfiro y tampoco era su propio mundo.

Estaba en mitad de lo que parecía haber sido camino de piedra hacía eones. La vegetación azulosa se abría paso en cada una de las grietas. Carruajes abandonados de formas extrañas, con timón triangular, de chasis claramente redondeado y sin neumáticos, se amontonaban por doquier. Dentro de ellos, insectos y animales exóticos, parecidos a osos hormigueros de color negro y del tamaño de un gato habían establecido su morada. Ella los miraba guardando distancia mientras pasaba al lado de los vehículos, que le recordaban a aquellos que veía en películas inspiradas en roma antigua, sin atreverse a averiguar si el dorado marchito con que se cubría el metal, refulgente bajo los rayos inclementes del sol, era realmente oro.

Después de mucho deambular, se dejó caer en el suelo. Odiaba la sensación de "estar y no estar". Estaba cansada, pero no podía asociarlo a un dolor de pies, o a sus rodillas. No percibía si el piso debajo estaba frío, caliente, o si el viento era lo suficientemente fuerte cuando agitaba los árboles.

- Malditos sean todos los espectros –rezongó- ¡ahora entiendo porque les llaman almas en pena. ¡Y yo tengo muchos asuntos pendientes! –espetó con furia-

Pensó de nuevo en Damien, Irina y Oziel. Malditos. Malditos una y otra vez.

- Sabía que se traían algo entre manos. –hizo una pausa, y un profundo suspiro le inundó el pecho- Anais, Lucy…ellos les hicieron algo esa vez. Tal vez por eso no estemos juntas. Están en peligro. ¡Debo encontrar la forma de volver!

Resuelta a no dejarse vencer, se levantó. Debía haber gente en ese mundo. Tal vez encontrara a alguien con quien comunicarse.

- No pueden haber desaparecido todos, alguien construyó esta carretera, y estos cacharros –le aseguró al aire, mientras observaba cómo uno de esos animalejos corría a esconderse dentro de su guarida metálica.


Negro por todas partes

No, también había algo azul. Un azul que poseía luminiscencia propia, incandescente como una llama, y mortífero.

"Regresa" –decía una voz a lo lejos-

Había algo en la oscuridad. Algo peligroso, muy antiguo y fuerte. Era una entidad única, pero que podía deshacerse en miles. En su reino era invencible.

"¡Te dije que no lo llevaras!" –escuchó la reprimenda de Mizuki. Su voz tenía tintes de angustia- "Proviene de mundo diferente al tuyo, por tanto hace que tu espíritu se más visible, y eso lo atrae"

Miró hacia su pecho. El amuleto aún brillaba. En la negrura era lo único que veía. Pero estaba a punto de extinguirse.

Algo le jaló con brusquedad. Un ardor le recorrió la nuca como un latigazo.

"¡ahora!"

Cuando abrió los ojos, Mizuki estaba mirándole con furia.

- ¿Marina? ¿Anais? –fue lo primero que articularon sus labios. -

- Míralas tu misma. – Mizuki se apartó de su vista, y caminó hacia una mesita para encender un cigarrillo- he hecho todo lo que he podido, pero jamás me esperé que tú y tu amiga rubia tuvieran marcas, o que les lanzaran de aquella forma de Céfiro.

- ¿Dónde están? –Lucy se incorporó de golpe, pero su cuerpo se tambaleó. Tuvo que sentarse, pero aún desde el piso buscó por la estancia, y encontró lo que buscaba-

Los cuerpos de sus amigas estaban allí, aun sumidos en un sueño profundo, sobre los cojines del salón.

- ¿Por qué no han despertado?¿Qué ocurrió?

La vidente aspiró de su cigarrillo con fuerza. Sin ninguna prisa, lanzó el humo por la boca. Tardó unos segundos más en contestar. Su voz temblaba.

- Tú y tu amiga rubia… tienen las marcas. –Mizuki hablaba más para sí misma que para su interlocutora- No entiendo cómo pasó eso. Fui cuidadosa. Se suponía que no eran visibles. La expulsión le afectó más a ella que a ti, por eso te pude recuperar. Espero que haya podido escapar del mundo intermedio. El que su cuerpo aun respire es una buena señal.

Lucy se arrastró para quedar en medio de sus compañeras. Les tomó de la mano a cada una. No era posible, ¡no era posible! Si hacía unos segundos estaban allí con ella, si hacía menos de una hora escuchaba sus risas…Su respiración comenzó a acelerarse como una locomotora presta a tirarse de un puente colgante. Se le atragantaron las palabras y los interrogantes que deseaba formular.

- Y Marina… bueno, la fortuna es que ella estuvo a salvo, pero la expulsión la empujó hacia otro mundo. Y no pude verlo a tiempo. Debía tomar una decisión, y Anais se encontraba en mayor peligro, al igual que tú.

- ¡No puede ser! –por fin gritó, sin ocultar sus lágrimas, les apretaba las manos, pero los cuerpos estaban inertes, sus almas no se encontraban allí- ¡¿Qué debo hacer?! Dígame cómo puedo recuperarlas! Viajaré a donde usted me diga, no me importa… pero dígame cómo hacer para que ellas vuelvan!

- No puedes volver a viajar…¿que no lo entiendes?¡ Incluso puede que ya estés perdida!

- ¡No me importa! –chilló sin atender la última frase, juntó sus fuerzas y se paró al frente de la vidente, tomándole del brazo que no sostenía el cigarro- ¡Ayúdeme, ayúdelas! ¡Escúcheme por favor!

- ¡La que tiene que escuchar eres tú! –dijo Mizuki, soltando el cigarrillo hacia el suelo de mármol, y agarrando sus hombros para sacudirle- ¡Tienes la marca! ¡Te perseguirá hasta volverte loca! ¡hasta que intentes suicidarte! ¡Y allí te tomará! ¡Debemos encontrar la forma de quitarte esa marca!

Lucy parpadeaba sin entender. Sus pensamientos sólo estaban con sus amigas, cuyo espíritu se había extraviado.


Latis salió del salón, acompañado de Neferti. Ella sabía que no se separaría de ella hasta que pudiera hacerle una pregunta crucial, a solas.

Avanzaron unos metros, taciturnos, hasta que por fin, su amigo habló

- ¿Conoces aquel ser? ¿Sabes qué es? ¿Lo viste, no es así? – Latis aparentaba seriedad, y entereza, pero por dentro un remolino de emociones bullía con ganas de estallar-

- Sí. Tu guerrera se encuentra en grave peligro. Aunque haya podido regresar al mundo místico, temo que no la dejará en paz.

- Neferti –el hombre paró de súbito, y posó sus manos sobre sus hombros- dime a que me enfrento

- Tiene muchos nombres. Mi pueblo lo conoce como Mavi-Alev. El dios de la llama azul y soberano del "Nifelheim" o mundo intermedio


Mientras Lucy procesaba lo que Mizuki le estaba diciendo, las sombras se hicieron más densas a su alrededor.

El frío la atrapó. Lucy retrocedió, soltándose de la vidente. Algo se acercaba

- Mi...zuki –tartamudeó-

- ¿Que sientes? ¿Está acá?¿Lo puedes ver?

Lucy no respondió. No podía. Era imposible hablar cuando la realidad comienza a deformarse. Las luces fallaban. La lámpara de la sala se bamboleaba de un lado para otro, y los cristales amenazaban con romperse con cada ida y venida.

Estaba hipnotizada por el brillo que despedían las lágrimas que colgaban de la araña de luz colgante. Todo su cuerpo le gritaba que cuando ese movimiento cesara, vendría lo peor.

Una vuelta, otra más, y finalmente, de detuvo.

El frio se le metió en los huesos. Un viento de procedencia inexplicable congeló la piel de sus mejillas. Asombrada, se llevó las manos a la cara para tocarse, para sentir su propia piel, pues era increíble que algo así ocurriera dentro de ese cuarto. Sus dedos temblaron, y en vez de reconfortarle, sólo logró sentirse dividida, ajena a su cuerpo. Esos dedos que renqueaban no eran los de ella, otro le estaba tocando.

- ¡Lucy! – gritó Mizuki-

Los frescos de las paredes cobraron vida una vez más, pero no reflejaban imágenes tranquilizadoras. Con el corazón latiendo a mil, pegado a su tímpano, observó miles de ramas disformes, salidas de la nada, apoderándose de cada escenario. Ramas que crujían al moverse como gusanos, reptando por las paredes, llenándolas, cubriéndolas totalmente. Entre ellas, pequeñas formas de todos los colores cobraban vida, que reclamando su espacio. Aparecieron entre los orificios y entre las pocas hojas negruzcas. Gordas orugas de color verdoso caían al piso por su peso y se reventaban contra él como bolas rellenas de líquido putrefacto. Largas cucarachas de patas largas, con millones de pelos sobre ellas y caparazones sanguinolentos, lombrices naranjas con vetas negras y escandalosos cucarrones negros con cabeza terminada en exoesqueletos puntiagudos. Todos se movían, todos avanzaban, todos se multiplicaban a la vista.

Pronto la cerámica estuvo llena de esos cadáveres que les costaba morir de un solo golpe, que seguían retorciéndose a pesar de tener medio cuerpo desparramado por el suelo. Caían y caían, una lluvia escurridiza, inmunda, repugnante. El sonido se intensificaba mientras más caían, un "plaf" insoportable tras otro. A Lucy le costaba respirar pues las náuseas le tenían dominada, y el causante, más que esa visión inmunda, era un olor ácido con de nota dulzona al final que su estómago no quería procesar.

Pronto las ramas absorbieron todo vestigio de luz y paz. Conquistaron el techo, las cenefas, las ventanas, las escaleras… encontrar un espacio vacío, aunque fuera un centímetro sin colonizar, era un acertijo para la vista. Del techo también comenzaron a desprenderse las criaturas, una lluvia móvil y asquerosa. Algunos insectos menos acuosos sobrevivían a la caída, se arrastraban o saltaban como pequeños soldados en marcha constante, dirigiéndose directamente hacia los cuerpos de Marina y Anaís , que aún reposaban sobre el piso, entre los cojines…

Lucy se dio cuenta, y sin pensarlo, corrió hacia ellas, sin importar lo que podría caerle sobre la cabeza. Tenía que protegerlas de aquello, estaba indefensas, debía moverlas o esos bichos terminarían tragándoselas enteras. Trató de avanzar unos pasos, pero sus pies no le respondían. ¿Qué pasaba? Era como si le halaran con una cuerda invisible.

Confundida, lo intentó de nuevo, debía moverse, debía llegar a ellas, no podía fallarles, ¡no ahora!

Con absoluto horror vio cómo una oruga rojiza reptaba por el brazo de Anais quien desprendida de su cuerpo no lo notaba. Al tiempo que una cucaracha emprendía exploración por el largo cabello de Marina, ávida por llegar hasta su cuello cabelludo y tal vez instalarse allí por una temporada.

Lucy gritaba sin darse cuenta los nombres de sus amigas, y forzaba sus pasos una y otra vez, apenas consiguiendo adelantarse unas baldosas. En su esfuerzo, su garganta se cerró al aspirar aquel nauseabundo hedor que flotaba espumoso en el aire, lo que le obligó a detenerse, mareada y doblándose sobre sí misma para detener las arcadas. Ahí escuchó lo que hasta ese instante había pasado por alto.

Mizuki gritaba, gritaba de dolor.

Lucy volteó, y en la penumbra vio a tres personas que nunca pensó reconocer en aquel ambiente.

- No! No! – las palabras eran un aullido. Mizuki se agarraba con desespero el cuello con ambas manos. Sus ojos se salían de las órbitas, inyectados en sangre y su tez muy blanca le hacía verse como un espectro-

- Déjala Damien, ya te he dicho que con mi familia no debes meterte – amenazó la chica de ojos avellana con un bufido-

- I…ri..na –La vidente fijaba sus ojos en ella, con estupefacción-

- Damien, suéltala, AHORA – Irina cerró sus manos en dos puños y Damien tuvo que esquivar un florero que se precipitó hacia su cabeza, volando directamente. Ante aquello, Mizuki cayó al suelo sin sentido-

- ¿Damien? ¿Cómo es que están acá? ¿Qué le han hecho a Mizuki?

- En vez de preocuparte por los demás, debías preocuparte por ti misma – contestó Irina con desprecio- de mi tía me encargo yo.

- ¿Tu tía? -

- Si pequeña. Irina es familiar de Mizuki. –Damien entrecerró sus ojos, de un azul muy intenso- Hemos venido por tus dos amigas. No pensarás que les íbamos a abandonar así como así, no después de tan desafortunado…incidente al que nos sometió ese maldito mago al expulsarnos de Céfiro.

La pelirroja tragó saliva. Le supo muy amarga.

- ¿Céfiro? Todo este tiempo tu…

- No tengo tiempo para esto – negó el chico con la cabeza, blanqueando los ojos, evidentemente fastidiado- Oziel, haz lo tuyo, Irina, trae a esas dos niñatas. Nos aseguraremos que no vuelvan jamás y que Mavi-Alev obtenga su comida.

- No te dejaré hacerlo. No te las llevarás.

- Te recuerdo que acá, pequeña, no eres absolutamente nadie. Además… -Damien arrastró su voz, hasta casi hacerla un susurro- apuesto a que el señor del mundo intermedio ya te está visitando. ¿Has visto cosas raras últimamente?

Sus palabras fueron suficientes. Lucy no se detuvo a conversar y emprendió una carrera hacia los cuerpos de sus amigas. A su alrededor, los bichos seguían cayendo, y resbalaba al pisarlos. Marina Y Anaís estaban casi rodeadas de esas criaturas. Las ramas se movían, palpitaban como una sola entidad atrapando el cemento de las paredes. La pelirroja corrió, sin importar el olor, sin importar lo que explotara húmedamente debajo de sus plantas, manchando sus zapatos; sin importarle la amenaza a sus espaldas o esa forma humanoide, de dientes puntiagudos y extremadamente azules, la cual comenzaba a verse en el fondo de la estancia absorbiendo la luz a su alrededor. Sin embargo, dos pasos de antes de alcanzarlas, nuevamente se sintió atrapada. Sus piernas se negaron a moverse. Extendió sus brazos en un gesto atormentado, sintiendo cómo perdía fuerzas. Un lazo invisible le amarraba desde la cintura, coartando su desplazamiento.

- Maravilloso Oziel –felicitó Damien a su socio, mientras este reía con cadencia- sujétala bien.

Los cuerpos de sus compañeras de lucha se elevaron del suelo. Era Irina la causante. La pelirroja forcejeaba, gritaba, aullaba y se le escurrían las lágrimas, negándose a darse por vencida. Atrás suyo, Oziel arrugaba la frente y sudaba para contenerla.

Irina condujo a las guerreras hasta ellos.

- ¡No te las llevarás!

Sus pies comenzaron a retomar impulso, a sentir nuevamente el suelo debajo de ellos.

- ¡Se está soltando! – anunció con alarma Oziel-

- Eres un inútil –Damien negó con su cabeza- ¿Cómo es que sigues vivo?

- ¡Ya casi las tengo! – La chica de ojos avellana se dirigió hacia Damien, mientras los dos cuerpos avanzaban por la sala- ¡Ayúdale entonces! Pero no la mates. Si tú la matas, ¡mi marca volverá!

- ¿Tú crees que eso me preocupa?- respondió el muchacho con calma-

- ¡Cuidado! –gritó Oziel interrumpiendo la conversación-

Lucy se abalanzó en contra de Irina sin ningún aviso. Arremetió con todas sus fuerzas y logró tumbarle. La pelirroja era sólo un poco más pequeña que la propia Irina y el peso de su cuerpo le tomó por sorpresa. La guerrera se levantó de inmediato y constató que los cuerpos de sus amigas habían caído al suelo. Decidió que la única oportunidad de protegerlas, a pesar de su clara desventaja, era dejar inconsciente a Irina. Se volvió hacia ella, pero ya era muy tarde.

Una punzada, como si le hubieran perforado la rodilla con un proyectil ardiente le doblegó, enviándola al suelo. Colocó sus manos para protegerse de la caída inminente, pero otro aguijón se le clavó en la espalda y en los antebrazos. El dolor le atravesó la columna vertebral y casi le cegó por completo. Fue eterno. Casi podía verse caer, como si aquello no le estuviera pasando a ella. No, ella no estaba siendo derrotada, esa era otra persona, otra chica era la que caía. El tiempo se detuvo por unos instantes. Sus oídos se agudizaron. Escuchó un ruido espantoso. Un crac mortecino, procedente de sus propios huesos.

Por fin cayó al suelo. Y con esto, todos esos minutos anteriores se aceleraron sobre ella, haciendo su presente muy vívido y el dolor muy real. Su cabeza no pudo ser protegida por nada y el golpe seco le anunció un pequeño desastre. Sus ojos le mostraron cómo una forma oscura, llena de maldad, le miraba con curiosidad, a pesar de que ella no podía decir que ubicaba sobre esa cara negra los globos oculares. Lo único visible era esa boca azul, una llama azul.

Su mundo se oscureció, pues ese ser se la llevó lejos, lejos, a los límites de la cordura y del verdadero miedo.

Cuando despertó en un callejón solitario, al otro extremo de la ciudad, sobre un charco de agua negro, no recordaba su nombre, ni cualquier detalle de su vida. Trató de incorporarse, pero ni sus brazos ni sus piernas respondían al llamado de su cerebro. No podía moverse.

Debajo de su pantorrilla derecha, la pierna formaba un ángulo extraño, y sus dos brazos sólo eran un estorbo pegado a su tronco. La cabeza le daba vueltas y sentía el cabello pegajoso, pegado sobre su lado izquierdo.

Gritó por horas, lloró otro tanto. Se sentía sola, abandonada, completamente perdida. Se arrastró arañándose la cara y la piel de su cuerpo hacia un espacio en que el agua no se le colara por las ropas, pues creía que si seguía sobre ese charco, podría empezar a descomponerse. Hasta bien entrada la madrugada, su única compañía fueron las moscas que revoloteaban al lado de las bolsas de basura. La desesperanza se instaló en su pecho. No sabía cómo había llegado a ese sitio,ni por qué razón se encontraba en ese estado. Sólo sabía una cosa: Si dormía o caía inconsciente, jamás regresaría. Un extraño miedo a la oscuridad le hacía temblar y temer por su sobrevivencia. Cada sombra parecía tomar vida y sonreirle, presagiando su inminente muerte.

Casi rendida, y a punto de caer en el abismo, fue que un empleado de un restaurante, el cual llegó más temprano de lo acostumbrado, le encontró cuando se disponía a echar un par de bolsas al contenedor de basura en el callejón. La visión de otro ser humano le devolvió su fuerza, y decidió que tenía que vivir.