Halloween. Al fin todos sabrían qué sucedía en el colegio, por qué Madden Kearney, ¡la gran voz de The Five of Switching!, estaba en Hogwarts. Más aún, por qué tenía esa sonrisa cómplice con el profesor Zabini. Y el motivo por el cual habían dejado los escenarios todos ellos.
La fiesta era en menos de una hora, y los preparativos estaban más que revisados. Blaise, vestido con un traje de chaqueta muggle, conversaba con Scorpius tranquilamente, preguntándole por las chicas. Porque aunque no le había seguido en su afán de ser el hombre que todas deseaban, lo era. A la vez que Potter, por supuesto. Eran los más deseados de todo Hogwarts, siempre detrás de él, por supuesto, pero lo eran.
Y cuando la señorita Weasley, su amiga, se aproximó con un vestido color negro que le sentaba como un guante, se fijó en la mirada de sorpresa de Scorpius, al igual que Albus, que sonrió como si fuese su cumpleaños.
Pero no fue nada comparado a la cara de imbécil que se le quedó a él cuando Madden Kearney bajó las escaleras. Vestido azul, azul con líneas blancas, que le sentaba tan maravillosamente bien con un recogido, que si no se hubiera quedado mirando sus piernas con deseo mal contenido, habría deshecho de broma para no ver su cuello, como hacía antes en su clase de séptimo.
— Profe, está usted guapísimo. Felicite al sastre —le guiñó un ojo, pero no se paró junto a ellos, sino que avanzó hasta el Gran Comedor y cerró la puerta tras ella, como si quisiera ocultar algo.
— Tío Blaise, si no has estado ya con ella es que has perdido tu don.
— ¿Qué dices, niñato consentido? Yo no quiero estar con la señorita Kearney, entre otras cosas, porque fue mi alumna.
— Ni que eso te hubiera entorpecido en otros momentos… —masculló por lo bajo, marchándose junto a Rose y Albus, que bromeaban con esa confianza que solo se puede tener si, además de primos, sois mejores amigos.
— Yo te recomiendo que te adelantes, Malfoy. No eres el único que va a ver su hermosura —y, tras decirlo, se marchó en busca de su pareja, que como era ya costumbre, era una alumna de último año, esta vez de Hufflepuff, porque era lo suficientemente segura de sí misma como para atreverse a pedírselo.
—El baile debió haber empezado hace ya media hora, profesor.
El quinto o sexto del último minuto que se lo decía. La gente empezaba a impacientarse y él estaba a punto de sacar su varita y convertirle en una salsera, cuando al fin la puerta se abrió. De dentro salía humo. Un humo que mezclaba colores en el aire. Un humo que era de esos característicos de…
— Bienvenidos seáis, muchachos, a vuestra primera clase de Dueto —esa no era la voz de Kearney. Era la de Lupin, estaba seguro. Pero, hasta donde él sabía, estaba en su luna de miel con la Weasley rubia.
— ¿Una… clase? ¿Ahora? —No eran pocas las voces que tenían un matiz de disgusto, desagrado o incluso asco.
— Pasen los profesores, por favor, van a ser los jueces. Porque no solo será una clase, será su primer concurso. Qué tiempos aquellos en los que montábamos nuestros concursos, ¿verdad Bear?
— Muy cierto es eso, Eagle. Aunque también podríamos llamarlo audiciones, porque lo que buscabas eran las mejores voces de todo Hogwarts. Voces, manos, y mejores compañeros. Suerte que dijiste que sí cuando me tocó.
Y, con esa charla tan entretenida y (casi) privada, los alumnos dejaron de mostrarse disgustados para cambiar por una sonrisa de reconocimiento. Entraron casi corriendo cuando por fin supieron quienes eran, al menos así lo hizo la gran mayoría, nerviosos.
Blaise silbó de admiración al ver que habían decorado el Gran Comedor como si fuese algo muggle, un lugar donde la gente, por parejas, cantaría algo. En los lugares donde estaban ya situados ellos dos, por supuesto, con sonrisas idénticas, sonrisas verdaderas, sonrisas cómplices, sonrisas que llevaba sin ver mucho tiempo.
Se acercó a ellos, dejando a su acompañante con sus amigas, chillando de felicidad. Teddy Lupin le abrazó según le vio, y Madden le sonrió tan ampliamente que sintió que su corazón dejaba de ser Slytherin para ser Hufflepuff.
— Pensé que eras la única profesora —comentó, mirando de reojo a Madden, mientras fingía controlar que los alumnos no se exaltasen.
— Dueto. Dos. Pero Vic y Ted necesitaban su luna de miel. Ahora ya se quedará aquí conmigo, al menos hasta que a Vic le dejen sus padres mudarse a Hogsmeade, que será cuando ambos se vayan allá y me quede la habitación para mí sola —sonreía de nuevo, y unas pequeñas arrugas surgían a ambos lados de su boca y de sus ojos. Arrugas de felicidad, aunque se notaban algunas de tristeza alrededor de sus labios y en su frente, pero no preguntó. No era un amigo, era su antiguo profesor.
— Entonces, empezamos. Todos vuestros —y Blaise se retiró junto a los demás profesores, que observaban con curiosidad, mucha curiosidad.
— Lo dicho, bienvenidos a vuestra primera clase de Dueto. Yo soy la profesora Kearney y él el profesor Lupin. Al contrario de lo que piensa mucha gente, la música es magia. Una magia diferente, una magia que viene contigo. Todos tenemos música en nuestro cuerpo, en nuestra alma. Es algo que tenemos que aprender a controlar, porque no es fácil sacarla de nuestro interior. Pero una vez está bajo tu dominio… puedes hacer lo que quieras con una única nota, pero solo si es vocal —y Teddy le arrebató el micrófono, dejando que ella entonara un Sol, mientras movía una mano. Todos se deshicieron en aplausos cuando destrozó una mesa, mientras ella volvía a tomar el micrófono—. No es fácil. Dudo que cualquiera de vosotros sea capaz de lograrlo al finalizar este curso, pero el hecho de no conseguirlo no es malo en sí. En esta clase se espera de vosotros que acabéis controlando vuestras respiraciones y vuestra voz en cualquier situación.
— La profesora Kearney es la que os enseñará a dominar el poder de vuestra voz, mientras que yo lo haré con la respiración y la voz. Y como no se puede ir a ningún sitio sin saber con qué tipo de alumnos cuentas, decidimos, siempre con el apoyo de la directora McGonagall, que no había mejor momento que en una fiesta. No vamos a perder más días de clases absurdamente, pues ya hemos tardado mucho en empezar. No vais a tener tampoco mucho tiempo para estar en el escenario, es simplemente una frase. Y cuando terminéis de cantarla, podéis hacer lo que se hace en una fiesta… divertirse, bailar y disfrutar de tu pareja.
— Así que, por favor, los alumnos de séptimo, que se aproximen.
