Restituido
Para cuando la noche arribo Agua Azul la batalla estaba en su punto final, los drakkar enemigos como los aliados ardían sobre el agua de mar, en la playa yacían en la arena pedazos de madera, escombro y cuerpos. Sobre los cielos los jinetes aun rondaban para mantener a raya a las pocas tropas que aún quedaban de la coalición de los marginados y los piratas, siendo muy obstinados en perder.
Hiccup entendía que los marginados estuvieran hasta la muerte en la batalla, pero no comprendía porque los piratas no huían como solían hacer cuando estaban superados. De hecho, todo lo que estaba aconteciendo en Agua Azul lo tenía intrigado, podía concebir que el ataque fuese una medida estratégica para destruir la primera línea de defensa de los Hooligans, y dejar a Berk solo como poder militar. Lo que no podía imaginar era porque la obstinación de seguir en la lucha, con el daño que les habían infringido ese día era suficiente para dejar a la isla y sus recursos fuera del tablero por un buen tiempo.
Al sobre volar de la playa al poblado adentro de la isla pudo ver el trayecto que se marcó por el combate. Los marginados no solo iban por el puerto, querían llegar hasta al pueblo fortificado. Su objetivo era irrumpir en la armería y los establos, dar un golpe mayor y contundente. A primera vista se podía entender que deseaban dejar fuera Agua Azul como bastión de Berk por completo, y si lo hubieran conseguido sería catastrófico.
—Patán, dirige a tu grupo hacia el bosque —ordenó Alvin—. Esos bastardos se piensan refugiar en ese lugar.
—Entendido.
—Hiccup.
—Señor.
—Vayamos con tu padre, necesita ayuda en el mar.
Escuchar mencionar a su progenitor hizo que el castaño titubeara por un par de segundos, aún tenía presenta esa imagen de su padre sin expresión, duro ante su juicio como buen jefe de tribu. Pero pronto puso en dirección a Chimuelo para ir con el grupo más grande hacia la batalla que se libraba en las aguas de la isla.
Sobre la superficie drakkars de ambos bandos se enfrentaban en una batalla a muerte, pero con la llegada de los jinetes eso ya solo sería cuestión de tiempo para que se terminaras. Alvin dirigió a su gente como solo alguien de su experiencia lo conseguiría, pero en el mar su padre no se quedaba atrás. Hiccup sabía que sin la necesidad de los jinetes podría acabar con la flota de los marginados, no por nada su padre era de los jefes de tribu más respetados en los archipiélagos y fuera de estos.
Usando algunos como distracción, Hiccup y otros pocos eran el puño que arremetía contra los drakkar enemigos. Uno por uno ardieron en fuego de dragón, y se hundían en el mar obscurecido por la noche, perdiendo su existencia en el mundo de la superficie.
El castaño echó un vistazo al drakkar que comandaba su padre, que decidió mantenerse en la batalla marítima para poder detener el avance de la invasión. Estoico con su imponente forma sobresalía entre los grandes vikingos, comandaba como el gran jefe de tribu que era, y gracias a su estrategia había logrado su objetivo de aislar las fuerzas de tierra con las de mar. Su padre era un hombre difícil de igualar, y ese respetó que le tenía se incrementó cuando entendió porque era tan duro con su propio hijo.
Apartó de su mente cualquier pensamiento que no se tratara de la batalla que se estaba librando, y se dirigió a donde Alvin los había mandado atacar. Debían retomar Agua Azul si querían mantener a Berk y su gente a salvo.
XX
La batalla se extendió hasta el anochecer donde la victoria se proclamó, las fuerzas que quedaron en tierra fueron sometidas, y los drakkar enemigos partieron derrotados a su propia isla. Los vikingos de Berk festejaron la victoria con canticos y prendiendo hogueras en la playa como señal de su triunfo. Pero esa noche no fue de celebración eso lo dejarían para después, aquel momento se trató de atender a los heridos y verificar los daños en el puerto y la ciudad dentro de la isla.
Estoico, acompañado de Bocón y Alvin, revisaba los daños materiales para valorizar el trabajo que se vendría para recuperar Agua Azul. El jefe de la tribu también se dispuso ir a con los heridos, y pasada la noche, cuando acumularon a los caídos les brindo un memorial digno de un Berkiano.
Hiccup en todo momento estuvo distante de su padre, no por temor ni por la situación de su juicio. No quería enfrentarlo en aquella noche para no dar una mala impresión con los demás vikingos, porque a pesar de su gran aportación en la batalla no todos estaban felices con su presencia. Miradas encarnecidas, y entrecejos fruncidos lo perseguían mientas caminaba por aquella zona del campamento montado para los vikingos de Berk; pero si debía ser honesto, sentía que ya no eran tantas malas miradas como antes. Aun cuando parecía ser más aceptado las miradas de Patán y sus secuaces eran las que no le perdían de su radar, como si el pudiera ser un traidor que en cualquier momento actuaría en contra de los suyos. Eso le desagradaba, y estaba por enfrentarlos cuando unos brazos rodearon el suyo izquierdo.
—No les hagas caso —le detuvo la pelirroja que le ayudo en un principio en la batalla—. Son unos envidiosos.
—Ya lo creo.
—Siggy Gilsig.
—Hiccup Horrendo Abadejo…
—Tercero, creo saber tu nombre —se burló la pelirroja.
—Sí, bueno, soy el hijo del gran jefe —pasó una mano por detrás de su cabeza en señal de nerviosismo.
—El hijo desterrado.
—Sí, ese mismo.
—No me lo tomes a mal.
—Para nada.
Los ojos color fuego de la vikinga llamaban su atención, siempre lo habían hecho desde que eran pequeños. Siggy era especial por sus ojos, el color era tan extraño y nada natural reduciendo la población con ese tono a solo ella. Por tal motivo era popular entre los jóvenes de Berk, y jamás creyó que en esos momentos le estuviera hablando. Muchas cosas estaban cambiando desde que tenía de amigo a Chimuelo.
—Oye, espero que no me estés robando a mi chica.
Un joven fornido se les aproximo, se trataba de Bjorn Toole, el vikingo más fuerte de su generación; dos años mayor que la de Hiccup.
—Bjorn —la pelirroja se lanzó a su hombre—. Te me perdiste, andaba buscándote.
—Ya lo creo —el vikingo se aproximó al castaño, quien por dentro temblaba ante la idea de un enfrentamiento por hablar con su novia, pero el rubio le extendió la mano—. Has hecho un buen trabajo allá arriba.
Hiccup reaccionando al gesto estrecho su mano y sonrió. Bjorn era un vikingo destacable, se caracterizaba por nunca tomar el liderazgo de un escuadrón de jinetes, aun cuando todos lo siguieran. El rubio era un chico formidable, pero apacible en su vida diaria.
—Solo hice lo que debía.
—Pues para ser un novato y un desterrado me has dejado muy impresionado.
—No creo haber hecho nada que alguien más no pudiera hacer.
Bjorn y Siggy soltaron una risa como si ambos hubieran escuchado un chiste de su parte, lo cual lo dejo intrigado.
—¿Me perdí de algo?
—No te subestimes, amigo —el rubio apunto a donde descansaban los dragones, Chimuelo dormía tranquilo entre un par de Nadder—. Domar un Furia Nocturna es algo que no cualquiera puede hacer.
—Es algo que ni el mismísimo Estoico o Alvin consiguieron —agregó Siggy.
Hiccup solo atinó a soltar una risita nerviosa, el nunca había considerado que había domado a Chimuelo. Para el castaño lo que había entre el dragón y él se trataba de una fuerte amistad nacida del respeto. En ese momento recordó que eso era lo que deseaba transmitir a los suyos, cambiar la manera de tener un dragón. Estuvo por hablar cuando Bocón hizo su acto de presencia, solicitando que lo acompañara.
—Nos vemos, Hiccup.
—Hasta el rato.
Se despidió de sus nuevos amigos y se aproximó a Bocón que le miro con picardía. Lo ignoro y emprendieron el camino. Mientras andaban por el campamento, las miradas de molestia se fueron tornando de admiración. Varios de los presentes fueron testigos de lo que había hecho en la batalla, sin imaginarlo, Hiccup había ayudado a varios de no morir ese día.
—Veo que te has ganado el respeto de muchos.
—Quiero pensar que soy tema de controversia.
—Ni te imaginas cuánto.
—¿De qué hablas?
Bocón apunto con su cabeza hacia adelante, a lo que el castaño posó su mirada en una choza que reconoció como el recinto del jefe de tribu. El vello de su piel se erizo y un escalofrió le recorrió la espalda.
—Te está esperando.
—¿Mi padre quiere verme?
—Muchas de tus hazañas han llegado a sus oídos —la mirada de su amigo y mentor en la herrería le indicó que eso era bueno para su estado actual—. Venga, no lo hagamos esperar.
Entraron en la choza a medio derrumbar, el pequeño lugar estaba aclimatado para ostentar a un jefe de tribu. Antorchas con bases de palos de madera alumbraban el recinto que su padre habitaba, decorados de Berk colgaban alrededor y una silla con una mesa de gran tamaño se posaba en el extremo de la habitación a la puerta.
Estoico, Alvin y otros dos comandantes de su padre clavaron su atención en los recién llegados. Hiccup pudo notar como era que en la mirada de cada uno de los presentes había distintas emociones marcadas. Pero la que importaba era la de su propio padre, el cual pudo notar un brillo especial. Se cuestionó si se trataba de orgullo y aprobación.
Le ordenaron que tomara asiento en una silla enfrente de la gran mesa que ocupaban los dirigentes. Hiccup supo que su juicio estaba de nuevo en proceso, la pose de cada uno de los comandantes y las constantes miradas entre ellos le decían que tenían un veredicto.
—He escuchado cosas —hablo Estoico—. Muchas de ellas de buenas fuentes.
Su padre giró a si izquierda donde Alvin se encontraba sentado.
—Debo decir que estoy muy impresionado… —estuvo por decir algo más, pero se tragó sus palabras. No era indicado lo que tenía que decir, no en esos momentos donde estaba en juicio su hijo.
—Lo correcto es que todos estamos muy impresionados —dijo el Vikingo conocido como Leif—. Hoy hemos sido testigos de lo valioso que eres como vikingo.
—Lo valioso que eres como un Hairy Hooligan —se aventuró su padre.
—No obstante sigues siendo un desterrado.
Alvin se ganó la mirada de todos los presentes, como si eso no fuese parte de un libreto escrito con anterioridad. Pero pronto cualquier rostro de intriga fue borrado al ver carcajearse al líder de los jinetes.
—Al carajo esa tontería —Alvin se levantó—. Un Hooligan no deja de ser un Hooligan, y este pequeño renacuajo lo ha demostrado —miró a sus compañeros que comenzaban a dibujar sonrisas, con excepción de Estoico—. Ya demos la noticia y no lo hagamos sufrir.
—¿Noticia?
Su padre se levantó e imitado por los suyos se dirigió a su hijo con un rostro endurecido, pero con una mirada tierna.
—Hiccup Horrendo Abadejo III —nunca le había gustado que su padre lo llamase por su nombre completo, pero esa noche no sería lo mismo— Has sido restituido como uno de los nuestros.
El castaña no pudo evitar dibujar una sonrisa de oreja a oreja, su alegría se desbordaba de su cuerpo y quería correr abrazar a su padre por la decisión. Pero ante la presencia de los comandantes se contuvo y solo atinó a estrechar la mano a su padre y compañeros. Esa noche volvía a casa, retomaba lo que había perdido pero lo que jamás había dejado de ser. Aquella noche regresaba a ser un Hairy Hooligan, y si todo salía bien su sueño de ser jinete de Berk se cumpliría.
XX
La noticia de la restitución de Hiccup como uno más de los Hooligan se dio a los demás vikingos. Esto generó en su mayoría alegría entre los presentes, y solo una minoría no estuvo de acuerdo por la decisión tomada. Pero siendo el jefe quien había hablado se limitaron al silencio, y guardaron sus palabras para ellos mismos.
Le alegraba escuchar a los demás vikingos darle la bienvenida cada que lo veían pasar, eso lo llenaba de una energía que hace tiempo no embargaba su cuerpo. Pero a diferencia de lo que creía, Hiccup no recibió la propuesta por parte de su padre y Alvin de unirse a los jinetes. Estuvo tres días esperando que lo llamaran, pero no ocurrió el anhelado ofrecimiento por lo que en esos días solo estuvo ayudando a la restauración de Agua Azul.
Con Chimuelo estuvo ayudando a colocar techos en las casas, levantar escombro o fundir con fuego algunas estructuras de metal en los muelles para proteger la playa. Con sus manos y la destreza con la herrería aporto su ayuda para recuperar parte de la armería y crear aparatos que facilitaron algunos trabajos. Su ingenio no pasó desapercibido por sus camaradas, y con ayuda de Bocón el reconocimiento se incrementó.
Para cuando la tarde del cuarto día tiño de naranja en cielo, el castaño se encontraba en la playa echado sobre el costado de su amigo; que le servía de respaldo.
—Me preguntó cómo será nuestra vida a partir de hoy.
Chimuelo refunfuño como una forma de contestar.
—Amigo, estaremos mejor en Berk —chimuelo se encogió de hombros, no se notaba muy confiado de estar rodeado de vikingos—. Te prometo que hare lo que pueda porque los demás cambien la forma de ver a los dragones.
El furia gorgoteo riéndose de las palabras de su amigo, lo que hizo que Hiccup fingiera molestia y se lanzara sobre de él. Ambos comenzaron a luchar uno con el otro en forma de juego, una que el dragón tenía la clara ventaja y que al final uso para quitar de encima al castaño. Dando contra la arena y tragando un tanto, Hiccup se pasó las manos por la lengua en un intento de quitar cada grano de arena.
Chimuelo no dejaba de burlarse de su amigo que estaba sentado un par de metros de donde habían luchado. Los intentos de Hiccup por quitarse la arena eran en vano, necesitaría agua para conseguirlo, por lo que bebió un poco de su cantimplora. Agito el agua dentro de su boca y escupió con asco un líquido grumoso y color obscuro.
—Es no es justo, amigo.
Chimuelo siguió riéndose de lo ocurrido con su amigo, se echó de espalda y movía con frensi sus patas.
—Esta noche te daré anguila para cenar.
Con esto el dragón se detuvo y de un salto se levantó para acercarse a su amigo con rostro de súplica. De las cosas que había aprendido en su estadía en Isla Dragón era que no soportaban como alimento las anguilas, una vez eso fue lo que le salvo de ser devorado por un Pesadilla Monstruoso.
El que reía en ese momento era Hiccup que dejó de lado las bromas y comenzó acariciar la barbilla de su amigo, pasando por su punto más sensible que hizo caer del gozo a Chimuelo. Mientras pasaba ese buen momento con su mejor amigo, sintió una presencia a su espalda y por el reflejo de su sombra alargada supo que se trataba de su padre. Con lentitud se dio media vuelta y lo encaró.
Estoico seguía con ese rostro sin emocione, y el porte imponente que lo caracterizaba. Le alegraba que lo hubiera aceptado de vuelta en la tribu, pero deseaba que su padre dejara de ser un momento el jefe de tribu y se comportara más noble.
—¿Podemos hablar?
—Claro.
Un silencio reino una vez que tomaron asiento en un gran pedazo de tronco. Ambos miraban al horizonte, con la presencia de un sol que se despedía de aquel día de trabajo.
Hiccup echaba un vistazo a su padre de reojo, se notaba algo nervioso y avergonzado. Pocas veces lo había visto de ese modo, y solo cuando creía que nadie lo estaba viendo era que demostraba ese carácter. Reconocía que siendo el jefe y máximo dirigente de la tribu de los Hooligan debía siempre mostrarse impasible y fuerte, pero le gustaba ver su lado humano.
—Quiero pedirte una disculpa, hijo.
—¿Cómo? ¿Por qué una disculpa?
—Te abandone todos estos meses en aquella isla —su voz detonaba molestia, una que sentía consigo mismo—. Te deje a tu suerte, no fui capaz de ser un buen padre y…
—No te culpes, padre, que yo no te culpo de nada.
Estoico abrió sus ojos de la impresión, no esperaba aquellas palabras por parte de su hijo. Quizás imagino que se lo referiría, que le reclamaría por qué lo había dejado en la isla siendo su sangre, pero ese no era su hijo. Debía reconocer que siempre había sido diferente, mayor para su edad y aun cuando sus inventos no salían del todo bien en el pasado, siempre estaba dispuesto a innovar.
—Papá, tenía que dejarme… desterrarme —su voz se quería quebrar, porque aun cuando entendía la posición de su padre le dolía ese tiempo fuera de casa—. Entiendo todo, porque tu posee dura, porque no me dirigía la palabra, el porqué de tu distancia cuando regrese…
—Lo puedo sentir, te he fallado.
—Para nada eso es cierto —el castaño se giró a su padre y este lo miro a los ojos—. Eso me ha hecho admirarte más, papá. No cualquiera es un gran jefe como tú, pero como padre nadie es tan grande como lo eres para mí.
—Hijo…
—Si sientes que me has fallado entonces si lo estás haciendo —el castaño se levantó de su lugar y le sonrió con sinceridad a su padre—. Tomemos esta nueva oportunidad para seguir siendo un gran padre y yo tu hijo.
No hubo palabras por parte de Estoico, el hombre que siempre tenía con que responder se quedó callado y solo asintió. En sus labios una sonrisa se dibujó al comprender las palabras de su hijo, y ante el final de un día comenzaba la nueva oportunidad de ser una familia.
¡Nuevo capitulo!
Espero que hayan gozado esta nueva actualización, lamento que la semana pasado no hubiera traído el capitulo, pero por diferentes motivos me vi imposibilitado de venir y traerlo. Trataré que el nuevo capitulo sea publicado este sábado, pero no prometo mucho así que estén al pendiente. Prometo que el siguiente capitulo ahora si responderé sus reviews, pero por mientras les agradezco mucho su apoyo y espero que le este gustando la historia. Nos leemos en el siguiente capitulo titulado: Como ser un jinete de dragón.
Sin más por decir
Au Revoir.
