Disclaimer: Nada es mío.

El aire que respiro

Magia.

Son esas fechas en las que McGonagall parece a punto de tener un ataque de nervios. Las épocas en las que todos apuestan que le van a salir canas verdes, y mientras tanto, Dumbledore se pasea muy jovial por los pasillos, ofreciendo caramelos de limón a quien se cruce por su camino.

Son esas épocas que Sirius, Remus, Peter, James y Lily aprovechan para tumbarse un ratito bajo un árbol en los terrenos y arrojar piedritas al lago haciéndolas rebotar.

Son épocas de recuerdos y sonrisas.

–Increíble. Se acaba. –dice Peter.

–Daría cualquier cosa por un año más aquí –comenta Sirius, lanzando una piedra al aire y atrapándola al caer.

– ¿Cualquier cosa incluye acostarte con Snape? –inquiere Peter con una sonrisita.

Sirius se le echa encima y de pronto ambos están rodando por el suelo y son un montón de túnicas, manos y piernas.

– ¡Sirius, déjalo! –chilla Lily entre risas.

De pronto Remus y James, que hasta el momento se habían mantenido al margen, se desternillan de la risa, y Sirius deja de asfixiar a Peter y Peter deja de patear a Sirius para ver qué tanto.

Los lentes de James se han ido deslizando por el puente de su nariz y a Remus le lloran los ojos. Lily se ríe también, sin saber por qué, pero pasa que sus risas son contagiosas.

– ¿Recuerdan…recuerdan esa vez que Avery tomó un pastelillo de crema y de pronto explotó excremento de hipogrifo en su cara? –dijo James cuando consiguió calmarse.

Peter y Sirius estallaron en carcajadas.

– ¿Y la vez que Malfoy se apoyó creyendo que había una pared y acabó nadando en el pantano fangoso de Peeves? –rememoró Peter.

– ¿Y aquella vez que Mulciber pasó toda la mañana hechizado?

– ¡Oh, sí! Una palabra, dos insultos –dijo Sirius, entre risas.

–Ya había olvidado todo eso…

–Se comportarán esta noche, ¿verdad? –preguntó Lily (pero James supo que no era una pregunta y que se estaba jugando su noviazgo con la pelirroja por una travesura).

–Claro.

–Naturalmente.

–Por supuesto.

–Sí.

Y Lily supo que debía preocuparse por el desenlace de su fiesta de graduación.

Ninguno quiso confesar de qué iba la cosa, y Lily desistió después de un rato, dejándose llevar por todos esos buenos recuerdos (como la vez que Crabbe se vistió con su túnica de todos los días sin saber que tenía un hechizo de transparencia).

Estuvieron bromeando incluso cuando Lily fue a cambiarse, y continuaron –por supuesto– cuando ella regresó a la sala común ataviada con un vestido verde que dejó a James boquiabierto (no estarás pensando salir de aquí así, ¿verdad?).

Lily se fue poniendo nerviosa en cuanto las horas comenzaron a pasar. La cena transcurrió con total normalidad, no hubo ningún Slytherin lesionado por comer una pata de pollo o beber un poco de zumo. Dumbledore realizó su discurso incitado por el silencio respetuoso y las miradas atentas del futuro de la comunidad mágica vestida de gala, que después de esa noche, saldría al mundo exterior.

McGonagall no se resignaba, y tampoco lo hacía Lily. Dumbledore aguardaba bailando con la profesora Sprout, pero sus ojos se dirigían al grupo de egresados de Gryffindor, que disfrutaban como si tal cosa.

James besó a Lily en medio de la pieza, amarrado a su cintura giraron en círculos, tan pendientes de la música como de que todo el mundo estaba mirándolos mientras se besaban, manos acá, manos allá y los ojos cerrados.

Remus y Peter hablaban con un Ravenclaw con el que habían compartido clases ese año, y Sirius estaba en medio de dos muchachas, bailando lo que Dumbledore había definido como la maravilla de la música moderna, que era moderna ya cuando él era joven.

Lily abrió los ojos y le sonrió a su novio.

Faltaban seis minutos para las doce de la noche cuando Peter y Remus comenzaron a moverse de forma casual, seguidos por su amigo Ravenclaw.

Cinco para las doce y Sirius le guiñó un ojo a James.

Cuatro para las doce y Lily frunció el ceño, mirando significativamente a su novio.

La música seguía sonando y McGonagall parecía debatirse sobre qué hacer para evitar una catástrofe.

Tres para las doce y Peter se apostilló junto a la puerta de entrada del Gran Comedor.

Dos para las doce y la mirada de Dumbledore brilló de curiosidad.

Uno para las doce y Sirius besó a una muchacha.

– ¡CINCO! –gritó Canuto, y su voz resonó por sobre la música.

James se aferró a la cintura de Lily.

– ¡Cuatro! –le imitó Remus.

– ¡Tres! –gritaron James y Lily juntos.

– ¡Dos! –continuó Peter, y todo el mundo gritó con él.

– ¡UNO!

Las puertas se abrieron cuanto pudieron y la música se atenuó. Se oían zumbidos provenientes desde el pasillo y la voz de McGonagall amenazando con castigarlos si no detenía en ese mismo instante lo que fuera que hubieran hecho. Unas letras escarlata que rezaban Los Merodeadores Presentan se generaron de la nada frente a las puertas.

De pronto, un fogonazo enorme de luces y explosiones irrumpió en el Gran Comedor, penetrando por entre las letras, que se desvanecieron, y todo ese desastre de pirotecnia naranja se transformó en un gran dragón que se paseó, muy arrogante, delante de todos los presentes.

Había fuegos de artificio como para dar y repartir; muchísimos estilos y colores que explotaban entre las nubes del techo, y provocaban pequeñas lluvias de estrellas, pero también de moco y de pergaminos.

El dragón pasó zumbando a toda velocidad hacia la mesa Slytherin, donde explotó, haciendo voltear la mesa. Un humo verdoso comenzó a tomar forma allí mismo, dibujando sobre el desastre de astillas, madera, mantel y vajilla, la frase Slytherin apesta.

Tiempo después, Lily rescata de ese día las sonoras carcajadas que inundaron la estancia. Rescata la mirada atenta y azul de Dumbledore, rescata la imagen del castillo que todos vieron por última vez desde la ventanilla del Expreso de Hogwarts.

Sobre todo eso, la última vez que vio el castillo y los vio también a ellos. Ninguno dijo nada, porque esas son mariconadas, según Peter, y ellos son gente seria, por Merlín. Pero Lily lo ve, hay algo solemne en todo eso.

Luego los cuatro se ríen y Lily vuelve a ver algo, como melancolía explícita, pero no sabe qué es. Mira de nuevo y ve. Es magia.

Ellos son magia.

Entonces se ríe ella también.

Terminado. Fin. Listo.

Y gracias :)