12. Haciendo el equipaje

Desde temprano, empezaban las presiones para William; a primera hora, los Leagan esperaban en su despacho la resolución del patriarca, mientras, a puerta cerrada se llevaba a cabo una reunión entre Raymond, Albert y Elroy

-Raymond, no has sido tú directamente el responsable de todos los errores de tus hijos, ya deja de atormentarte. Has dedicado mucho tiempo al trabajo, es hora de dedicarle tiempo a tu familia. No disminuirán tus ingresos, eres bastante talentoso y podrás realizar la tarea encomendada con éxito. Es un proyecto muy importante. Pero tendrás más tiempo para los chicos y para tu esposa, esos muchachos necesitan una pequeña lección para que se superen y el día de mañana no dependan de nadie. Deben valorar el trabajo, la familia y el respeto. –Explicaba el patriarca

-Tienes razón en todo lo que me has dicho William. Pasé demasiado tiempo absorto en el trabajo y mis muchachos se me han estado perdiendo. Lo que más anhelo es su bienestar y felicidad. Desde que eran unos chiquillos, vislumbré la sombra de lo malo que podían llegar a ser y por ello llevé a Candy a casa, pero parece que no rindió el fruto que esperaba… -dijo apesadumbrado el señor Leagan

-Raymond, para lo único que Candy permaneció junto a tus hijos fue para recibir humillaciones, que además tu esposa consentía. Con los recursos económicos y la enorme mansión que poseen ¡Obligaron a una niña a dormir en un establo! –dijo el rubio indignado

La tía abuela se percató de que la ira de su sobrino amenazaba con hacerlo estallar, así que decidió zanjar el asunto:

-Bueno, pues como la decisión está tomada, dile a los chicos que entren, para comunicárselas a ellos y a Sarah

Inmediatamente al entrar, Sarah empezó a hablar:

-Tío abuelo, lamento el malentendido de la otra ocasión, pero debe comprender que usted no se había presentado, así que no podíamos adivinar quién era como para que ahora venga a desquitarse y nos rechace…

-Y ¿Debo suponer que así te diriges a toda la gente? –dijo irónicamente William dejando sorprendida a Sarah

-¡Ya mujer, basta! – dijo enfático el señor Leagan, deseando que su esposa no hiciera enojar más al patriarca y éste cambiara de opinión enviándolos a algún lugar remoto- William nos ha brindado una oportunidad, incluso una excelente oportunidad para mí.

Sarah dirigió su mirada hacia su esposo y lo instó a continuar

-Las empresas Andry, abrirán un consorcio de hoteles de lujo. Del resultado en la primera apertura, dependerá el éxito de la cadena, es un proyecto muy importante. William me ha dejado a cargo de iniciarlo. Se espera que los resultados sean favorables e incluso se me otorgará un porcentaje de participación en ésta nueva empresa

-¡Vaya, eso es formidable querido! ¡Te mereces eso y más! –triunfante, volteó su mirada hacia el rubio que los veía ligeramente desafiante y exclamó:

-¿Cuál es la trampa?

-¡No hay ninguna trampa, Sarah! –refutó firmemente su esposo

-Obviamente Sarah, el primer hotel no se abrirá en Chicago, para asegurar su éxito, se llevará a cabo en uno de los lugares más turísticos del país: Florida –Intervino la tía abuela

-Comprenderán que no podré viajar de tan lejos constantemente, así que partirán conmigo –afirmó Raymond

Ante una estupefacta Sarah, inmediatamente Eliza y Neal empezaron a protestar indignados

-¡Cállense! –bramó su padre – que ustedes, aún tendrán que responder a algunas situaciones. William, por favor diles

-Será un placer –dijo el rubio sonriendo placenteramente – Sobrinos, se han portado terriblemente y han ensuciado el apellido Andry de la forma más deleznable. A partir de hoy, quedan expulsados de todos los eventos sociales. No podrán representar a los Andry, ni presentarse como miembros del clan. No pueden asistir absolutamente a ningún evento de alta sociedad o serán repudiados públicamente –ordenó el patrirca enérgicamente. Los Leagan palidecieron inmediatamente

-Pero William, con esa acción, cortas cualquier oportunidad de Eliza para casarse. Y Neal ¿Qué va a hacer? –bramó Sarah algo suplicante

-Qué bueno que lo mencionas Sarah –dijo el rubio- ¿Neal, estás consiente de que secuestrar a una persona es un delito, verdad? Además de que secuestraste a la única persona que depende directamente de mí, es una ofensa personal. Ella es una señorita, y es una Andry, no lo olvides. Además de que incluso planeabas, según escuché de tus labios, deshonrarla para que aceptase tu propuesta matrimonial ¿Cómo deberíamos proceder? Candy como la agraviada y yo como su tutor, claro ¿Lo hacemos legalmente?

Neal se encontraba más pálido que nunca, con los ojos vidriosos y temiendo lo peor; jamás en su vida, imaginó tener que enfrentarse al mismísimo patriarca Andry y menos por considerar que lo había ofendido. Lanzó una mirada suplicante a su madre quien se apresuró a decir:

-William, debe haber alguna forma de solucionar esta situación, te recuerdo que contábamos con el respaldo de la tía abuela – dijo Sarah, con su acostumbrado tono despectivo.

-La tía y yo ya hemos arreglado cuentas; ella la retuvo en su propia casa, pero pudo salir. En cambio Neal la llevó con engaños a la propiedad de la familia que se encuentra en las afueras de Chicago y la forzó a permanecer ahí durante horas, empleando incluso la fuerza física en su contra, algo nadie que se diga caballero debería hacer. La acorraló a un punto en que se vió obligada saltar del balcón directo al acantilado para huir, sin importarle lo peligroso que pudiera ser. Sarah, tú que tienes una hija y que además eres mujer, ¡Puedes imaginar a qué punto de desesperación tuvo ella que llegar para hacer semejante barbaridad? El responsable del delito, es tu hijo, si Elisa y tú son cómplices, podríamos proceder contra los tres.

Sarah palideció notablemente, las palabras de Albert la calaban profundamente, no quería ni imaginar a su hija en una situación así. En Raymond las palabras tuvieron el mismo efecto, pero en vez de asustarse, iracundo se dirigió a su hijo:

-¿Hiciste eso imbécil? – y le propinó un bofetadón que le volteó incluso el cuello

-Papá… no, yo no lo hice –balbuceó mintiendo como acostumbraba

-¡A mi no me mientas! –bramó el señor Leagan

-¡Raymond tranquilízate porfavor! –suplicaba la señora Leagan ante la mirada atónita de su hija

-Se van a calmar todos, -dijo firmemente la tia abuela- Raymond, en tu casa tú puedes tratar sus asuntos familiares como mejor te parezca, aquí no es lugar adecuado. Neal, escúchame atentamente por favor, hemos acordado no tomar acciones legales a menos que te niegues a hacer lo que te será encomendado. William te va a brindar una única oportunidad para reivindicarte con la familia y probar que eres merecedor de pertenecer a la familia. William, explícale.

-Muy bien,-dijo pausadamente el rubio- primero que nada déjame aclarar que si vuelves a molestar o peor aún, acosar a Candy de alguna manera, yo mismo la llevaré a presentar la denuncia en tu contra. Te reitero que ella cuenta con todo mi apoyo y su palabra será la que yo crea en absolutamente cualquier circunstancia y cualquier acuerdo al que hayamos llegado tú y yo, será anulado inmediatamente; no tendrás apoyo legal ni económico de los Andry y serás públicamente repudiado. Segundo, la oportunidad que se te brinda, es la única, tendrás que estudiar una carrera universitaria, presentar calificaciones regularmente ante un miembro del consejo elegido por la tía y yo. Además, trabajarás bajo la tutela de tu padre y le ayudarás en todo lo que él te indique. Cualquier insubordinación, falla, y falta en la universidad o en la empresa, será el final del apoyo que se te brindará para costear tanto tu estilo de vida, como la escuela. Igual que tu hermana, no podrás asistir a ninguna reunión de alta sociedad, así sea de alguna fraternidad universitaria y créeme, lo sabré. Debes demostrar que eres digno de confianza dentro de la empresa y cumplir tus responsabilidades, o serás revocado del trabajo y tendrás que buscar la manera de costear los estudios. Si por alguna causa, decides no aceptar esta propuesta, entonces la única opción viable será la que tú mismo le propusiste a la tía Elroy.

Neal lo miraba temeroso, cual acusado culpable frente al juez en espera de la sentencia; pero en cuanto su tío dijo la última frase, su expresión se tornó lánguida, empezó a sudar frío y se sintió al punto del colapso, si de la única posible carrera que habló con la tía abuela era un simple chantaje… No serían capaces de forzarlo… ¿O sí?

-Veo que comprendiste, y tal vez esa disciplina sea la que te haga falta. – afirmó irónico el tío

-¿De qué opción hablan? – preguntó Sarah temiendo la respuesta

-Obviamente de una carrera militar –dijo enfático el rubio

-¡Pero estamos en plena guerra! –exclamó la señora Leagan

-Fue idea de tu hijo, no mía, o ¿No recuerdas que amenazó a la tía con enlistarse si no le otorgaba la mano de Candy? Pues entonces, no veo otra salida, es algo que evidentemente le atrae y podría ayudarle a probar su valía. Es completamente su decisión –dijo tranquilamente William, sabiendo de antemano la respuesta-

-Acepto lo de la escuela y trabajar tío… Gracias, no lo defraudaré –dijo Neal casi temblando al darse cuenta que ni su madre ni la tía abuela iba a interceder a su favor, y que evidentemente, su padre estaba de acuerdo con las medidas tomadas-

-¡No, me niego a que le sea impuesta a mi hermano una decisión así de injusta! Y todo por los chismes de la huérfana esa. ¡Es una vil mentirosa, ladrona y usurpadora! Tú no la conoces tío, te está manipulando

-Te equivocas Eliza, la conozco perfectamente y será mejor que retires tus palabras y jamás la vuelvas a ofender, porque aún no hablamos de las medidas a tomar contigo y aún podemos hacer algunos ajustes – dijo colérico el tío

-Claro, cómo no la vas a conocer si hasta viviste con ella, pero no te creas que has sido el único hombre en su vida, la muy arpía primero me quitó a Anthony y él falleció por su culpa, luego en Londres me quitó a Terry y luego él la botó cuando se enteró la clase de mujer que es. –gritó histéricamente la pelirroja

-Eliza no te permito que vuelvas a dirigir ninguna ofensa a Candy. Y ya te había advertido sobre modificar el castigo. Jamás vuelvas a mencionar a mi sobrino para decir estupideces y por último, aunque no tengo que explicarte nada, Terry es mi amigo y conozco perfectamente su historia. Tïa, le concedo el honor –dijo hastiado el rubio

-Eliza, deberás trabajar en los hoteles, la jefa de personal, se encargará de capacitarte y te empleará de acuerdo a lo que sepas hacer, tendrás que valorar el trabajo y será de tu sueldo que podrás comprarte ropa y objetos de uso personal. Tu padre, se encargará de que se cumpla al pie de la letra. Además, deberás hacer trabajo voluntariado en un orfanato que alberga huérfanos de guerra, y recién está abriendo sus puertas en Florida. Si quisieras, también podrías elegir una carrera universitaria, aunque hay pocas opciones para mujeres, es una opción muy viable y digna. Si no aceptas, serás repudiada públicamente por la familia, y no recibirás ningún tipo de apoyo monetario ni para tu subsistencia. Comprenderás que negarte, sería una pésima decisión. Ahora, si me disculpan, esta reunión se ha alargado mucho, me gustaría que pasemos a desayunar

-Gracias tía, pero será mejor retirarnos, aún debemos terminar pendientes, antes de empezar con el equipaje. Tenemos que partir lo más pronto posible. –dijo el señor Leagan

-Tía abuela, debe haber algo para arreglar las cosas, no podemos aislarnos como ermitaños, no es posible que se nos prohíba asistir a reuniones de tipo social… -Clamó Sarah

-Sí Sarah, existe una solución, y en cuanto la lleven a cabo, ustedes podrán llevar a cabo sus actividades sociales con normalidad. –dijo Albert

-¿Cuál?

-Limpien públicamente el nombre de Candy y digan todas las trampas que le pusieron. El día que ustedes decidan hacerlo, las puertas Andry estarán abiertas y su paso a la alta sociedad que tanto les importa.

Los Leagan salieron de la mansión, y los Andry se dispusieron a desayunar. Las chicas visitarían a Candy mientras los chicos trabajaban en la biblioteca, así como recibirían visitas exclusivamente por motivos de negocios.

Los días posteriores crearon algo así como una rutina, Candy, Annie y Paty, se veían diario, charlaban animadamente de sus proyectos, de sus planes y de lo que esperaban conseguir. Cuando los chicos terminaban de trabajar, salían a veces juntos, a veces se quedaban a divertirse en la mansión. Jugando juegos de mesa, charlando, bromeando, tomando el té con la tía Elroy y la abuela de Paty, saliendo a cabalgar en incluso fueron a pescar en una ocasión. Pero siempre Candy y Albert se las arreglaban para escaparse un rato a solas.

En una de esas ocasiones, salieron a caminar al bosque tomados de la mano, y Candy, curiosa como siempre, no pudo evitar preguntar:

-Bert, ¿Cuándo supiste que sentías algo por mi?

-Pequeña, siempre he sentido algo por ti –contestó jugando- pero si me preguntas cuándo me percaté, supongo que fue cuando perdí la memoria. Verás, siempre traté de refrenar mis sentimientos, pues sabía que tu cariño hacia mi era mmm, "fraternal" –dijo haciendo una mueca de disgusto- pero en realidad creo que me gustas desde mucho antes de que me diera cuenta. Cuando partiste a Nueva York me sentí tan confundido, por una parte lo que más anhelaba era verte feliz, y sabía que partías muy… Emocionada. Pero otra parte anhelaba que volvieras a mi. Perdóname si sueno egoísta pero creo que fue ahí cuando me dí cuenta que no era solo un gusto, citando a Austen "Estaba ya medio enamorado de ti cuando me di cuenta que te quería". –dijo reflejándose en sus ojos y sintiéndose más enamorado que nunca

Ella, conmovida lo acercó para besarlo. Cada vez le resultaba más fácil tomar la iniciativa con ese hermoso hombre que tenía enfrente. Le encantaba hablar con él, abrazarlo, besarlo. Y siempre, pero siempre le resultaba emocionante y maravilloso.

-No me distraigas princesa, ahora te toca a ti –le pidió sonriendo algo nervioso y expectante, en ocasiones aún le costaba creer que no estaba viviendo un sueño. También deseaba saber

-Pues, la verdad es que creo que siempre me gustaste –afirmó sonriendo y sonrojándose un poco- creo que te llegué a decir varias veces lo guapo que estabas o algo así, recuerdo que en Londres lucías simplemente bello. Y cuando volví de Nueva York y habías recortado tu cabello, me pareciste muy, muy atractivo –rompió a reír- estaba enferma y triste pero no podía dejar de notar lo bien que te veías, de verdad que me gustabas mucho. Además siempre me he sentido segura y comprendida a tu lado. Cuando te enfrentaste al león –se oscurece su semblante al recordar- ese fue el momento clave, tenía miedo de que me atacara, pero cuando tú te interpusiste, tuve más miedo que en toda mi vida. No podía imaginar perderte. Fue terrible. Ahí me di cuenta de cuanto te a... quiero. Y cuando me dejaste, sentí tanta tristeza, que rayaba en la desesperación, te busqué tanto, no pensaba rendirme tan fácil…

-¡Pequeña! Perdóname, jamás lo imaginé –abrazándola- Bueno ciertamente lo imaginé muchas veces, aunque siempre como una especie de fantasía imposible. Pero ahora estamos juntos y nadie ni nada podrá separarnos. No tienes idea de cuánto te quiero, de lo mucho que me importas. De todo el tiempo que llevo anhelándote – besándola dulcemente y fundiendo sus bocas, se abrazaron ansiosos, podrían pasar así horas y no se percatarían; cada vez sus caricias eran ligeramente más íntimas. Él la respetaba y jamás podría faltarle. Cada ocasión le resultaba más difícil separarse de ella. No quería ni imaginar cómo serían los meses de viaje, un suplicio seguramente.

Mientras, en casa de los Leagan, llevaban días empacando para partir a su nuevo hogar, lo que nadie imaginaba, era que Eliza, tenía un plan…

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Muchas gracias a todas y todos (dice mi esposo que también los hombres leen fics de Candy (incluyéndolo a él qu elee el mio y no comenta), y que no sea discriminativa) por leerme, por tenerme paciencia y por seguirme. También muy especialmente por escribirme cosas tan bonitas a Amy CL, Angel nr, Gatita Andrew, verito, Nelly, Carito Andrew, Fersita92, Magnolia A, Blackcat2010, dulcecandy 42, miluxD

De verdad he intentado escribir capítulos más largos, pero siento que no se vale meter choros innecesarios como el color de las cortinas y así, aunque prometo ponerme las pilas y aumentarlos más, y ahorita que ya viene un poquito de drama pues más (sin drama, Misuky no hubiera escrito Candy, hay que serle fiel, aunque no podría tener jamás su nivel sadismo jijiji) Pero poquito, porque si no, pues no sería un final esperado, al menos por mi no, yo quería un final feliz a todas luces, apegado al manga por lo menos... Bueno ya me pasé de rollera, abrazos y besos.

Friditas