Disclaimer: Personajes pertenecientes a JK, las modificaciones a su historia original son producto de nuestras locas imaginaciones que no quedan conforme con ciertos detalles y aman moldear a los personajes a su anotojo.

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Una de cada Diez

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Draco Malfoy se encontraba hirviendo de furia. Había esperado ese lunes con todas las ansias del mundo, y resulta que viene una lechuza y le fastidia todos sus planes. Iba de arriba para abajo en su oficina, esperando por la llegada de Pansy. Le había pedido a Abby que la solicitara con urgencia para una reunión.

Pansy abrió la puerta y, apenas lo miró, se puso en alerta.

Draco se pasó una mano por el cabello, mientras le tendía la otra a su amiga.

– ¿Tendrías la decencia de explicarme que se supone que significa esto? –Draco estaba conteniéndose, eso era palpable en el aire.

Pansy, recelosa, avanzó hacia él y tomó la carta que tenía en las manos. La leyó.

Señor Malfoy:

Me complace anunciarle que he decidido retirar la demanda en contra de su compañía. Luego de una agradable cena con una hermosa señorita, me he dado cuenta del error garrafal que estaba cometiendo al juzgar anticipadamente a la señorita Weasley.

Espero disculpe mi precipitación, y no dude que hablaré muy bien de ustedes de ahora en más.

Mi abogado se comunicará con los asesores legales de su compañía.

Sin otro particular, atentamente

Liam Wislot.

– ¿Y bien? –Inquirió el chico. Pansy pasó a su lado y se sentó en el sofá.

–Creo que, por si no te quedó claro, el asqueroso Wislot acaba de liberarnos de una demanda.

Draco la miró furioso, por lo que Pansy añadió.

–Deberías estar agradecido. Un problema menos.

–Pansy, cariño –siseo Draco en un susurro voraz mientras se sentada a su lado. – ¿Saliste con Liam para evitar una demanda? ¿Fuiste capaz de bancarte algo así?

Pansy le devolvió la mirada incrédula.

– ¿Yo? Nunca. ¿Qué te hace pensar que fui yo quien salió con él? –la chica simuló una arcada.

–"agradable cena con una hermosa señorita", ¿te suena a algo que hicieras el fin de semana?

–Vale. Sé que soy hermosa. Pero hay más mujeres hermosas en el mundo.

–No me digas que fue…

Draco se vio interrumpido por un picoteo en la ventana. Molesto, dejó pasar a la lechuza del Ministerio y leyó la carta en voz alta.

Señor Malfoy:

He recibido con gusto la noticia de que el señor Liam Wislot ha desistido demandarlo. No crea que lo hice por usted. Es sólo que, sencillamente, no soy capaz de soportar su presencia.

Solucionado SU tema legal, no hay motivos para mantener el contacto desde ahora. Le haré llegar un informe con el detalle del caso, para que lo tenga de respaldo en caso de cualquier eventualidad.

Espero que le vaya bien en la vida, lo que es muy difícil si contamos con su actitud.

Hermione J. Granger

Departamento de Aplicación de la Ley Mágica

Draco alzó una ceja, incrédulo.

–Empieza a hablar.

–Oh no. –Protestó Pansy.

–Oh sí. Ahora que son "compañeritas de piso" –se burló el chico – lo compartirán todo, ¿no es verdad?

–Y eso a ti que te importa –replicó, furiosa.

– ¿Estás enfadada?

– ¿Es que no lo notas aún? ¿Quieres que traiga un cartel en la frente para que te quede claro? ¿O prefieres que te lance un hechizo? Me. Molesta. Tu. Estupidez.

– ¡Te dije que lo sentía! Fue un arrebato del momento, no podía dejar llorando a Astoria. Las palabras se las lleva el viento.

–Claro, y el viento las llevó a oídos de Hermione. Eres tan canalla a veces.

–Yo soy tu amigo, Pansy.

–Me importa un pepino, Draco. Hermione también es amiga mía.

O eso suponía. La noche del viernes, cuando Hermione se enteró de la brillante idea de Pansy, lo dejó pasar. Estaba demasiado cansada y no tenía ánimos de enfrascarse en una discusión en la que, seguramente, terminaría perdiendo. Pansy se adueñó del armario del pasillo, y a través de un hechizo lo convirtió en una amplia habitación con baño privado. Hermione tampoco discutió por ello. No le pasaría la habitación de Ginny (porque apreciaba su vida), y ella misma había hechizado el departamento para tener una chimenea. No es que sea muy normal ver una en un departamento regular.

– ¿Fue Hermione quien cenó con Liam? –inquirió Draco. Pansy asintió y puso una mueca de desagrado. –Y supongo que la idea fue de ella, ¿verdad?

–Claro. Jamás la lanzaría a algo tan desagradable como aquello. Antes prefería que te viera la cara a ti.

–Gracias, Pansy. –Contestó con ironía el rubio. – ¿Por qué no la detuviste?

–Porque es su vida. Y si no funcionaron mis historias de asco con ella, de verdad es heroína de guerra. Además, la vi tan dispuesta a pasar esas penurias para evitar todo contacto contigo, que no fui capaz de encerrarla en su cuarto. Eso no quita que te tengas que disculpar con ella.

–Es una palabra…

–… la que bastó para confirmarle que sigues siendo el mismo racista de siempre.

–No lo soy.

–Lo sé. Pero ella no. Y te tengo un plan de acción.

Draco no sabía si reír o llorar.

–Hola, Draco.

–Blaise. –Draco levantó la vista de los papeles que revisaba, y se fijó en su cara. – ¿Te pasa algo?

–Pansy.

–Uf… yo también.

Blaise lo miró con la boca abierta.

– ¿Intestas declararte a Pansy?

Draco soltó los papeles y lo miró, con la boca abierta.

– ¿Qué? Claro que no. ¿Intestas tú declararte a Pansy?

Blaise se dio cuenta de su error. Se removió incómodo en su asiento.

–Es complicado. Lo he estado intentando desde el viernes, pero ella sólo tiene ojos para Hermione.

–Ni que me digas. ¿Puedes creer que ha tomado partido por ella? –le dijo Draco, como si fuera lo más absurdo del día.

– ¿En el asunto de Astoria? Yo también abogo por Hermione.

–Que bueno saber que mis amigos me dan la espalda a la primera que me equivoco. Y además, no hablaba solamente de "ese" tema en particular.

–¿Entonces? –preguntó Blaise, de repente muy curioso.

–A que no sabes dónde ni con quien se encuentra ahora…

Pansy caminaba como si el ministerio fuera suyo. Ante tal muestra de superioridad, nadie se atrevía a preguntarle que hacía ahí ni a detenerla. Los guardias la miraban embobados. No por nada había escogido ese día vestir ese corto vestido azul que tanto se le ceñía al cuerpo.

Rauda, caminó por los pasillos del segundo piso, en donde sabía (gracias a Hermione) que llegarían ciertos malos amigos.

– ¡Potter, Weasley! –Si, Pansy se repitió el apellido de Ron en la mente para poder decirlo bien. –Necesito hablar un minuto con ustedes.

Los chicos, que acababan de aparecer gracias a un traslador frente a ella, se la quedaron mirando con curiosidad. Los compañeros de departamento de los chicos se la comían con los ojos.

–A solas. –Pansy, como si supiera que hacía (y lo sabía), abrió la puerta de una oficina desocupada, el despacho de Harry, y les dijo –después de ustedes, caballeros.

Los chicos hicieron los que se les pidió. Se arrepintieron en el segundo en que la chica cerró la puerta tras ella. Pansy cambió su expresión amistosa por una desagradable y molesta, más que molesta, furiosa. Incluso el aire a su alrededor se congeló. No ayudaba en nada que no prendiera las luces, ya que la luz débil que lograba entrar por las gruesas cortinas de la oficina hacía que el lugar tuviera un aspecto siniestro, casi tenebroso.

– ¿Se puede saber qué clase de amigos son ustedes? Dejaron a Hermione, SOLA, y casi se muere. No han estado con ella estos días, y la ha pasado mal realmente. Ni siquiera se dignan a llamarla.

Los chicos boqueaban, pero no salían palabras de su boca. Es cierto, lamentablemente la última semana la excursión estuvo más peligrosa que nunca, y para evitar descubrimientos que los pusieran en peligro, se deshicieron de todo tipo de tecnología muggle, incluidos los celulares. Y estaban en algo parecido al shock. ¿Qué significaba eso? ¿Hermione casi muere? ¡Hermione casi muere!

Apresuradamente, salen de la oficina en rumbo a la de su mejor amiga, sintiéndose ambos tan malos amigos que necesitaban verla, sentirla, tocarla, mirarla. Comprobar por ellos mismos que estaba sana y salva.

Pansy sonrió, satisfecha.

Hermione:

Te he presentado mis disculpas, pero aun no las aceptas. No sé qué más quieres que haga. Pensaba que nos estábamos llevando bien.

Un error lo comete cualquiera.

Draco.

Pd: Creo que tu lechuza está enferma.

Hermione resopló un bufido. Apresuradamente, decidió contestar la respuesta que el chico le había enviado con su propia lechuza.

Señor Malfoy:

Agradecería no me tuteara. Eso se lo dejo a las personas cercanas a mí.

No sé porque le interesa que lo perdone. Es su vida la que vive, y creo que a ambos nos queda claro que no nos interesa estar en ella.

Pero si el señor no logra conciliar el sueño por las noches, le recomiendo visite un confesionario y se libere de sus actos.

Claro que también puede pasar la noche con su novia, así deja de molestarme.

Y tiene usted razón. Un error lo comete cualquiera. Caer en ese error no una, sino una cantidad incontable de veces, es algo que sólo usted logra.

Mi lechuza está en perfecto estado. Quizás la pone mal compartir el aire que usted respira.
¿Y a quien no?

Hermione J. Granger

Departamento de Aplicación de la Ley Mágica

Satisfecha con su respuesta, envió nuevamente a su lechuza a entregar mensajes, estaba cerrando la ventana cuando entraron al cuarto Harry y Ron. Ambos soltaron un extenso suspiro mientras se abalanzaban sobre ella.

– ¡Chicos! –Se alegró Hermione. Con lo de la carta había olvidado ir a recibirlos. Los abrazó a ambos a la vez con fuerza. Los chicos no se quedaron atrás.

–Dinos ahora mismo, que te pasó. Y con detalles.

Y mientras Hermione respondía a la pregunta de Harry, contándoles su semana, los chicos se sintieron más culpables si cabía el caso.

Estaba terminando su relato cuando su lechuza picoteó en la ventana. Fue a abrir y leyó el contenido.

Granger:

Bien. ¿No quieres que te llame por tu nombre? Por mi es perfecto. Tampoco es bonito.

Ante todo soy un caballero. Y no me gusta que las personas estén enfadadas conmigo.

No tengo ni la menor idea de a que te refieres cuando hablas de un "confesionario", pero si no lo sé (y yo lo sé todo), deduzco que será algo muggle.

NO TE OFENDAS, pero no estoy interesado en su pobre cultura.

Gracias por el consejo de pasar la noche con mi novia. Lo tomaría en el caso de, no sé, tener una.

Claro que eso tampoco te ha de interesar.

El aire a mi alrededor es embriagante. 10 de cada 10 mujeres moriría por olerlo.

Y claro, 10 de cada 10 lechuzas también aprecian el buen gusto.

Draco Malfoy.

Hermione resopló, pero no pudo evitar que una sonrisa se formara en su cara.

Ron miró a Harry, pensando que su amiga estaba loca, loca de verdad.

–… ¿Y? ¿No piensas contarnos?

Hermione cambió de inmediato su actitud y volvió a su pose fría y enfadada.

–Malfoy –escupió.

Los chicos la miraron escépticos. Harry fue quien rompió el silencio.

–Ustedes dos… ¿tienen algo?

Tanto a Ron como a Hermione se les demudó la cara. Claramente, Ron pensaba que Malfoy sólo la estaba incomodando. Hermione se ruborizó, pero adoptó casi al instante una expresión triste.

–Nada. Nunca podríamos tener algo. Me gustaba la idea de que él hubiera cambiado, ¿saben? Habría sido una razón muy noble para justificar todo lo que luchamos en esa guerra. Sus amigos son… agradables. Cuando les digo que no estuve sola, es porque es verdad. Ellos, Blaise, Theo y Pansy, estuvieron pululando a mí alrededor. Pero Malfoy… bueno, él es él. No podemos cambiar la esencia de las cosas.

– ¿Te gusta Malfoy? –Ron aún no lograba cerrar la boca, pero fue capaz de pronunciar esas palabras.

–No. –Hermione fue rotunda en su respuesta. –Me gustaba la idea de la reconversión. Me gustaba el hecho de que me sentí capaz de olvidar el pasado. Pero veo que él no lo hizo.

Ron suspiró aliviado, y mientras volvía a abrazar a Hermione, Harry siguió evaluando la situación, no demasiado conforme con esa respuesta.

Draco dejaba entrar por tercera vez a la lechuza enferma. Mientras tomaba la carta, de súbito, hizo su magistral aparición vía chimenea nadie más que Pansy.

Draco dio un saltito, ya que lo había pillado desprevenido, de espaldas a la chimenea.

Y la lechuza… la lechuza vomitó sobre los zapatos de diseñador del chico.

–Que. Asco.

Rápidamente, conjuró un hechizo para limpiarlos, y se sentó enfurruñado en su silla. Pansy lo dejó hacer. Se dirigió al sofá y se recostó un momento, cerrando los ojos con una sonrisa en la cara.

Draco abrió la carta, expectante.

Señor Malfoy:

No sé con cuál de sus caras fue capaz de insultar mi nombre. Considerando que el suyo deja mucho que desear…

No discutiré con usted respecto a lo de caballero. Confío que con su "inteligencia" sea capaz de dilucidar el por qué su aseveración es errónea.

No me OFENDE que no se interese en los muggles. A ellos no les podría importar menos su no interés en ellos.

Ciertamente, no tengo interés en lo que respecte a su vida, en general.

No sé quien lo provee de encuestas. Quizás se le olvidó mencionar que 10 de cada 10 hijas de muggles sienten repulsión por usted. Y mi lechuza también es mestiza entonces.

Hermione J. Granger

Departamento de Aplicación de la Ley Mágica

–No sé cómo puedes vivir con ella. –Dijo Draco, molesto por no saber si estar molesto o risueño.

–No sé cómo eras capaz de besar a tu novia sin vomitar, tampoco. Y deja de pelear con ella. Pídele disculpas. Comienza con el plan. –Pansy ni se inmutó en ponerse de pie, o al menos sentarse. Siguió recostada en el sofá.

–No seguiré tu tonto plan.

–Lo harás. Seguro que lo harás.

Granger:

Mi nombre tiene tradición histórica y familiar. Me sorprende que no lo sepas, metomentoda.

No llevo una gran armadura ni estoy armado con una espada. Tienes razón.

No hablaré de muggles.

No hablaré de mi vida.

Entérate que tu lechuza "mestiza" estropeó mis zapatos. Te dije que estaba enferma. Motivo por el cual envío este mensaje a través de mi propia ave. Tu lechuza la puedes venir a buscar en cuanto gustes.

Draco Malfoy.

Hermione, quien se encontraba sola en su oficina, no pudo evitar soltar una ruidosa carcajada.

Malfoy:

Déjame en paz.

Pansy, quien mimaba a la pequeña lechuza enferma, observó triunfante como Draco se ponía de pie y se dirigía a la chimenea.

–Te odio. –Le dijo Draco como despedida.

–Lo sé –respondió Pansy, con humor.

Draco se dirigió vía Flú hacia la oficina de Hermione. Tenía en claro que ella debía perdonarlo para que Pansy dejara su oficina. Ese era el trato unilateral que había hecho su amiga.

Sabía que sería lo más directo. Ella no tendría escapatoria. Sólo que no contó con la gran inteligencia de la chica.

Directamente fuera de la chimenea, había un pequeño recibidor con una puerta en frente. Giró el pomo, pero la puerta estaba cerrada.

–Abre la maldita puerta, Hermione Granger.

Hermione veía divertida lo que sucedía en su pequeño vestíbulo. Lo que Draco no sabía era que la chica sí podía verlo a él. Vio como el chico se exasperó. Pateó la puerta una, dos, tres veces. Vio como la maldijo a ella y a toda su familia, incluyendo a sus mascotas "mestizas" y se retiraba entre las llamas verdes.

Definitivamente, agradecería ese detalle por parte de Pansy.

Draco llegó pateando el escritorio. No estaba Pansy en la oficina, por lo que rápidamente bloqueó la puerta y, cómo no, puso un "vestíbulo de entradas por chimeneas" en su oficina.

No quería ver a Pansy. No quería ver a nadie. No quería…

¡Bombarda!

Una pequeña explosión hizo añicos su recién estrenado recibidor, y Draco no pudo más que esconder su cara entre sus manos.

–Un bombarda, como no se me ocurren esas cosas a mí –se decía a sí mismo, negando con la cabeza.

–Asumo, querido, que te fue mal.

La no respuesta de Draco fue una confirmación para la chica.

–Perfecto. Pasemos al plan B.

Parecía emocionada, y eso era lo que más le molestaba a Draco.

Y seguía molesto mientras volaba sobre los cielos de Londres. El maestro plan B de Pansy consistía en aparecerse en el departamento que ahora ambas chicas compartían. Según Pansy, quien prometió no aparecerse por el lugar y fastidiarlo todo, Hermione no tendría escapatoria, y le aseguró que dejó el ventanal abierto para él.

Pero él también estaba molesto consigo mismo. Ciertamente le atraía la idea de explorar cosas nuevas, y, contando con que en su vida se había visto envuelto con alguien que no fuera Slytherin, era bastante atractiva la idea de fraternizar con quien fuera antiguamente una enemiga. Y Pansy tenía razón. La había fastidiado. Nunca debería haber dicho lo que dijo. Antes era miel en su boca. Ahora eran clavos por su garganta. Y no le molestaba haberlo dicho por haber infringido una ley, sino porque él, de verdad, quería dejar el pasado atrás.

Y lo que más le molestaba es que ella le hubiese oído. Y que él tuviera que disculparse para mantener su paz mental en su oficina. Y con él mismo, aunque lo negara mil veces. Se sentía bien saberse perdonado. El mundo le había dado otra oportunidad, pero no era lo mismo que ella, una de las personas que más razones tenía para enterrarlo con sus propias manos bajo tierra, le diera la oportunidad.

Y quería volver a tenerla. Por lo que la noche del día siguiente se montó en su nueva adquisición, una escoba de colección que superaba los límites de la velocidad casi doblando la de una escoba normal. Fue bastante costosa, pero valió la pena. Mientras antes solucionara todo, mejor.

Silenciosamente, descendió hacia el balcón de la chica. Corría viento, por lo que no se arriesgó a dejar su valiosa adquisición fuera por miedo a que se cayera, y entró sigilosamente al departamento con su escoba en la mano. Al instante vio a Hermione, quien estaba de espaldas a él en la cocina, echando cosas a una cacerola.

¿Está haciendo una poción, tal vez? Se preguntó. Quiso dejarla en paz, pero no resistió la tentación. Como una serpiente, lentamente, se acercó a ella. Hermione estaba inmersa en lo que sea que estaba haciendo, mientras tarareaba y se movía al ritmo de una canción. Draco quedó mirándola un momento, absorto en sus pensamientos, pero se auto regañó y cortó los dos pasos que los separaban.

– ¡¿Qué haces?! –Draco tomó a Hermione de la cintura mientras le gritaba al oído. La chica, como no, dio un brinco.

– ¡¿Qué haces tú aquí?! –chilló. Miró hacia la ventana abierta, y luego reparó en la escoba que traía en la mano. –Eres… Un…

– ¿Millonario? ¿Hermoso? ¿Exitoso? ¿Perfecto? –le sonrió Draco. Hermione hervía de furia, más aún cuando notó que había derramado el frasco de sal.

–Imbécil. Me has hecho derramar la sal.

En un arrebato de furia, tomó la escoba de las manos del chico y barrió toda la sal hacia un papel, para luego tomarlo y botarlo a la basura.

Draco lo miró boquiabierto. No podía creer que la chica hubiera hecho algo así.

– ¿Sabes lo que me costó esa escoba? ¿Tienes una idea de los daños que le hace que se use indebidamente?

–Y tú, ¿tienes idea del concepto de "propiedad privada"? Y, y… ¿No sabes lo costosa que está la sal hoy por hoy? Y si tanto te interesa tu estúpida escoba, cosa que me sorprende, ya que siendo "millonario" podrías comprarte un centenar de estas, está bien, la sacudiré por ti.

Pasando por su lado, se dirigió al balcón con paso decidido y azotó la escoba en contra del barandal. Draco no pudo más que caminar hacia ella y quitarle su medio de transporte, si quería llegar a alguna parte esa noche. Furioso, se montó en ella y luego de hacer dos intentos fallidos de salto, logró estabilizarse en el aire.

–Esta me la debes, Granger.

–Oh, por favor. ¡Tú me debes mi sal, imbécil!

Hermione entró furiosa a su departamento, y aseguró todas las ventanas de la casa. Una vez cerradas las cortinas, se sentó en el sillón y sonrió.

Pansy tenía razón. Era divertido el juego. El juego de la venganza.

Al día siguiente, miércoles, Draco no entendía que hacía en esa Biblioteca pública. Sinceramente, no quería disculparse con Hermione, pero su amiga había insistido en que lo hiciera y que hasta que no consiguiera el perdón, ella no se movería de la oficina. Para que Draco no tuviera duda alguna de aquello, Pansy instaló su escritorio junto al suyo.

Según otro de los brillantes datos de Pansy, Hermione se debía encontrar a esa misma hora en la dichosa biblioteca, y el plan C consistía en no dejar que gritara y lo oyera. Que mejor que ese lugar, ¿no? Tendría que buscar el perdón mediante susurros. Rodó los ojos, mientras se adentraba a la inmensa estancia. Con parsimonia recorrió pasillo tras pasillo, tratando de localizar a dicha castaña rompe escobas. Sonrío ante el recuerdo de un intercambio de cartas entre ambos que ocurrió esa mañana.

Granger:

Te desilusionará que, pese a tus intentos de boicotear mi medio de transporte y mandarme en caída libre hacia mi muerte, llegué sano y salvo a casa.

Me debes una escoba.

Draco Malfoy.

La respuesta llegó media hora después.

Tú:

Pon el valor y te envío un cheque.

Me debes la sal, y mi lechuza.

Y deja de fastidiarme.

Y ahí la tenía, justo en frente. Ella estaba inmersa en un gran tomo, que apenas sostenía con ambas manos, y notó que al lado de ella una vuela pluma tomaba notas de todo lo que ella repetía. Se soplaba constantemente un rebelde mechón de su cabello que caía desordenado por su frente, y al tener ambas manos ocupadas, Draco notó que estaba bastante frustrada.

Draco se acercó a ella, tomó el mechón entre sus dedos y lo pasó tras la oreja de la chica. Hermione lo miró, asombrada. Pero ella no era la única en sentir asombro.

Draco no se creía que hubiera hecho algo así. Algo lo había poseído. Carraspeó, incómodo.

–Granger, tú caballero ha llegado al rescate de ese humilde pedazo de cabello que temía por tus represalias. –Draco estaba susurrando.

– ¿Qué haces aquí? –Preguntó Hermione, visiblemente incómoda. Era increíble lo chillón que puede llegar a ser un susurro.

–Vengo a ofrecer unas disculpas.

– ¿Me trajiste la sal, acaso?

Draco sonrió, esa chica era tan testaruda cuando quería.

–Es sobre lo del viernes.

–Entonces no tenemos nada de qué hablar.

–Hermione –Hermione lo fulminó con la mirada. –Bueno, Granger. Es imprescindible que me escuches y aceptes que…

Hermione le dio la espalda y continuó dictándole a su vuela pluma.

Draco se exasperó. Esa chica lo hacía hervir de furia en menos de lo que él era capaz de cerrar un trato exitoso.

Cogiendo inspiración de quien sabe dónde, se puso a un lado de la chica, la cual lo miró irritada. Rápidamente, Draco pasó un brazo por detrás de sus rodillas y otro por detrás de sus hombros, y la tomó en volandas.

Hermione, de la impresión, soltó el gordo tomo que cayó precipitadamente al piso con un ruido sordo.

– ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! –chilló. Varias cabezas se giraron a mirarlos, curiosos y exasperados.

–No, Hermione. En las bibliotecas no se grita.

Draco puso la mano que se encontraba ahora por detrás de su cabeza sobre su boca, para mantenerla callada. Hermione se puso a patalear, pero Draco caminó con ella rumbo a las puertas de la salida, indiferente a las miradas de los lectores.

–Tranquilos, está sufriendo un ataque. Pero no se preocupen, se como aliviarla.

Hermione estaba avergonzada, indignada, y por sobre todo, furiosa con el chico.

Hasta que no salieron de la biblioteca no paró de forcejear, pero sus intentos fueron fallidos.

Draco no la soltó una vez fuera, sino que se alejó un poco más y comenzó a hablar.

–Hermione Granger. Te juro que… ¡AHHHH!

Draco sintió el punzante dolor. Hermione le había clavado los dientes con todas sus fuerzas en su mano derecha, y el chico, precipitadamente, la soltó. Hermione fue rápida en intentar caer de pie.

– ¡BRUJA!

–Sí, Draco. Eso es lo que soy. Que te quede claro.

Y con toda la dignidad del mundo, entró nuevamente al templo del saber, saboreando en sus labios la sangre del chico. No alcanzó a oír la cascada de improperios que soltó Draco, ya que las puertas se habían cerrado a sus espaldas.

–Pansy, que te quede claro. Último intento.

–Claro. Estoy segura de que el plan D es el perfecto. Y ahora, por favor, deja de hacer el ridículo y quítate esa venda.

Draco había visitado al medimago esa misma tarde fatídica. El profesional de la salud insistió en vendarle sólo la mano, pero Draco fue más testarudo y, luego de un par de horas de discusión, el doctor accedió a vendarle alrededor de medio brazo. Draco pensaba que no le vendría mal a la chica un poco de remordimientos.

Al día siguiente, le había mandado una nota a Hermione.

Sádica:

Quiero mi sangre de vuelta.

Naturalmente, respuesta a eso nunca llegó. Por lo que ese viernes Draco se estaba alistando para ir a un desfile de la chica. Avisado por Pansy, por supuesto.

Sinceramente, y si no fuera su amiga, estaría dudando de que le estuviera jugando limpio. Él veía que ella se divertía con ese jueguito, había que verla cuando Draco le contó que pasó el miércoles. Estuvo riendo casi toda la mañana.

Pansy acompañó esta vez al rubio, y ambos se dispusieron a esperar el comienzo del desfile. Temática: vestidos de etiqueta negra, temporada otoño-invierno de Alexander Cailleaux.

Apenas inició, Draco se tensó. Hasta que recordó que Astoria no era parte de ese grupo de trabajo. Suspiró.

Astoria había decidido viajar a Francia. Su relación era prácticamente nula, aunque para él ya no era relación. De todas maneras, había tenido la sutileza de no romper formalmente con ella. Consideraba que el bochorno vivido el viernes había sido suficientemente malo como para… oh.

Ahí venía ella.

Si no fuera porque conocía esa cara testaruda y llevaba el ceño fruncido (seguramente por el hecho de que ella lo había divisado), no la hubiera reconocido.

Quien habría pensado que precisamente ella vistiera tan bien ese vestido de noche gris, que caía discretamente por su cuerpo, marcando sus formas de una manera encantadora. Incluso su cabello estaba bien ordenado. Y él no pudo evitar pensar que ella se vería aún más espectacular esa noche si llevara sus cabellos desordenados y rebeldes. Como ella.

Quedó embobado y sumido en sus pensamientos, hasta que se perdió de vista y salió la siguiente modelo. Y aún entonces pensaba en ella.

¿Qué se supone que me pasa ahora?

Hermione estaba enfadada. Claro que lo estaba. Sabía que él iría. Pansy había planeado tan bien todos los detalles, que era sólo algo rutinario. Lo que no esperaba era la mirada que él le había brindado. Contaba con que la mirara enfadado, o con cierta burla en los ojos. Pero no. Era como si hubiera quedado embelesado de ella. Y ella se enfadó por ello.

No modelaba para subir su ego; no lo hacía para que los chicos se enamoraran de ella.

Lo hacía por ella.

Y cuando salió a la pasarela con su segundo y último vestido, uno en todos rojizos, la mirada del chico no había cambiado.

Y ella no sabía si podría negarse a hablar con él si la miraba así.

¿Qué esta pasándome?

Termina el desfile, y como es un sitio íntimo, las modelos se dispersan con la multitud. Rápidamente, Pansy tira de la mano de Draco para acercarse a hablar con Hermione.

Hermione los sintió incluso antes de verlos. Ese olor a Malfoy, el que le gusta a diez de cada diez mujeres, parece que también le podría gustar a una de cada diez hijas de muggles. Le sonríe a Pansy, la besa en las mejillas, e inclina la cabeza hacia Draco.

Draco, impresionado por esa muestra de cordura por parte de la chica, boqueó un momento antes de tomar una mano de Hermione y besarle los nudillos.

–Siento lo de la mano. –Draco, sin notarlo, había usado su mano vendada para tomar la de Hermione.

–Y yo siento lo de…

¿Qué? ¡No! ¿Quién. Es. Él? Draco estaba hirviendo de furia. Un rubio alto y bronceado, con una masa muscular digna de deportista, había tomado a Hermione de la cintura y le había plantado un beso en la mejilla. Hermione, algo turbada por el repentino acto, se recompuso de inmediato y lo presentó.

Pansy estaba boquiabierta. Draco, Draco sólo la miraba.

–Travis, estos son Pansy Parkinson y Draco Malfoy. Pansy, Draco, este es Travis. Mi… mi…

–Su cita de esta noche, mucho gusto. –Se presentó él mismo.

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Hola holitas!

Aquí oootrooo cap c: Siento que la historia se me está llendo de las manos xD

Agradecemos a la linda de Sabaana por betear esta locura, desde sus inicios!

Bueno. Siento que en este se explican los sentimientos que los chicos tienen el uno hacia el otro.

Me encantó escribirlo para ustedes.

Agradecemos sus comentarios, que siempre me animan la vida. Y los favoritos *-*

Bienvenidas las nuevas lectoras C:

Bueno, sólo porque estuvo alentándome todo el día, el cap se lo dedicamos especialmente a Salma Silva (Salma_Siilva en twitter). Y tambien a todos los que llegaron hasta aquí.

Y, como las quiero tanto (y mi beta dijo que sería algo bueno), les agrego un enganche para el siguiente cap. Hiperventilen xD


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Draco le dio la mano a Travis, y con una mueca apartó un minuto a Hermione del grupo. Pansy, quien ya había recordado como juntar los labios, rápidamente enfrascó a Travis en una conversación trivial.

–Draco, yo…

–No me interesa lo que tengas que decir, Granger. Me debes una disculpa, y cuando la reciba me disculparé yo. Espero no seas terca y podamos zanjar esta situación de una vez. Hasta entonces. Espero que "tu cita" vaya bien.

Hermione lo miró, perpleja, y Draco se dio la vuelta, alejándose del lugar.

–Ah –Draco le dio un perfil de su cara, para agregar. –Que no pase del fin de semana. Estaré en mi mansión. Sabes cómo llegar.

Y se alejó.

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Entonces... Se disculpará Hermione ¿?

Nos leemos!