Olóoo! Aquí les dejo un capítulo más,recién hecho :) Espero les guste! Disfrútenlo! Y muchas gracias por sus reviews y favorites :D


Capítulo 12: Orgullo y amor.

- Respira. Todo saldrá bien.

- Lo sé. Saldrá aún mejor si te callas.

Dafne me miró con reproche. Pero justo en ese momento apareció por las puertas del Gran Comedor justo quien esperaba.

- Es hora. Deséame éxito.

- No lo necesitas.

Me levanté con paso seguro hacia él. Y clavé mis ojos verdes en sus ojos miel.

- Buenos días, cielo.

Maldita sea.

- ...Buenos días. Me gustaría hablar contigo… ¿Podemos ir a los jardines?

- Claro… - musito Alexander, con un dejo de preocupación en su voz.

Mientras salíamos, sentí una mirada intensa clavada en mi espalda. Volteé y alcancé a clavar mis ojos verdes en unos chispeantes ojos grises.

El día estaba hermoso, y los jardines cubiertos de nieve le daban un aire delicado a los terrenos.
Caminamos hasta llegar a una banca de piedra. Alex quitó la nieve y secó la banca con la varita. Nos sentamos…y guardamos silencio hasta que su voz rompió la tensión.

- ¿Y bien?

Lo miré. No sabía cómo diablos comenzar. Carraspeé.

- …Verás, Alex. Iré directo al grano, pues sabes que odio los rodeos. Y sólo te pido que me escuches antes de hablar. – afirmo con la cabeza. Suspiré. – Bien. Verás… Yo… Maldita sea. Yo te quiero mucho Alex. De verdad. Te adoro. Me la paso muy bien contigo, y sé que en circunstancias normales tú y yo acabaríamos felizmente casados y con hijitos….

- Pero las circunstancias no son normales. Lo sé. Lo noté desde que cruzamos miradas ahorita en el comedor. Algo ocurrió ayer. Y mi lógica me dice que fue justo en ésa clase que diste.

Malditos Ravenclaw lógicos.

- …Sí. Tienes toda la razón. Yo…Lo siento, Alex. En serio lo sient…

- Es Draco Malfoy, ¿cierto?

Lo miré boquiabierta.

- Lo supuse. Ahora, sólo quiero ver tu patronus.

Abrí aún más la boca de la impresión. ¿Qué demonios…?

Pero Alexander McLaren, como siempre, sólo me miraba con sus ojos inteligentes, esperando.
Así que apenas consciente de lo que hacía, saqué mi varita.

- Yo…Ah, diablos…

Me concentré, y el primer recuerdo que brotó en mi mente fue el de unos ojos grises mirándome de una forma que jamás pensé.

- Expecto Patronum.

Salió un destello plateado que fue tomando forma. La figura duró unos instantes y desapareció.
Alex suspiró.

- Era lógico, Astoria. Desde aquella vez en el baile, lo supe. Supe que sería cuestión de tiempo el perderte. Él es todo lo que tú necesitas. Tú eres todo lo que el necesita y busca. No hay como luchar contra eso.

La voz no me salió ni siquiera al verlo levantarse de la banca. Me miró y me sonrió suavemente.

- …No puedo negarte que te quiero, Astoria. Sí, sí me veía en mi vida después de Hogwarts contigo a mi lado. Pero creo que yo no te hago tan feliz como él lo hará. Y está bien. Sólo espero que realmente te haga feliz y jamás te lastime, porque te juro que lo lamentará.

- ¿No te vas a enfurecer? – farfullé, confundida – ¿No me gritarás "¡Maldita infiel!" o algo por el estilo? ¿No irás a buscarlo para reclamarle que te quitó a tu novia?

- Tú nunca fuiste mía, Astoria… - me dijo con un dejo de dolor en la voz - …Y dudo que alguna vez seas de alguien que no sea él. No puedo enojarme ni enfurecerme por perder a alguien que jamás fue mío. Y mucho menos si ese alguien es más feliz con quien se lo ganó.

Alcancé a ver una lágrima furtiva caer justo antes de que el brillante Ravenclaw me diera la espalda y caminara, orgulloso, hacia el castillo.

...

El fuego de la chimenea no lograba calentarme: el frío venía de adentro, muy adentro. Me arrebujé en el sillón de piel y suspiré por enésima vez. Escuché cómo mi hermana, sentada en el escritorio que estaba a tras de mí, azotó la pluma sobre su tarea de Transformaciones.

- Ya basta, Asty. Estará bien… Es un chico fuerte e inteligente. Sabrá estar sin ti.

- …Sí. Supongo que sí.

- Además, tienes a Draco…

- …Que no se ha dignado en aparecer en todo el maldito día. ¿Dónde estará? – gruñí – No entiendo qué es más importante que ir a clases y…

- Pues tú, tonta.

- Si fuera así, al menos me hubiera buscado para decirme hola… ¿No lo crees?

- Tranquila, hermanita. Estará ocupado en algo para ti… - murmuró mientras escuché cómo su pluma volvía a rasgar el pergamino – …quizá te tenga una sorpresa.

- Sí, claro…- miré de nuevo la chimenea. El reloj de péndulo de la sala común marcó las 8.

Bufé mientras me levantaba del sillón: tenía que darle sus clases de patronus a Draco.

- Claro, si es que se digna a aparecer… - mascullé mientras tomaba mi varita que estaba sobre el escritorio.

- Lo hará, ya verás. – musitó mi hermana, adivinando mi pensamiento.

...

¿Dónde diablos estaría Draco Malfoy? Me sentí peor al recordar que en todas las clases lo había estado buscando inconscientemente: volteaba a ver si no entraba al salón a la mitad de la clase, lo busqué en sus pupitres acostumbrados, o en su asiento a la hora de la comida…Pero jamás apareció. Y éste nudo en el estómago se hacía cada momento más fuerte. Creo que eso es lo que le llaman extrañar a alguien.
Llegué al tapiz del Troll, y noté que ya había una puerta pequeña. Seguramente él había vuelto a adelantarse. Entré sin tocar.
La Sala de los Menesteres era exactamente la misma de la noche anterior: opulencia, tapices verde y negro, la chimenea ardiendo alegremente.

Pero ésta vez había algo diferente. Muchísimos ramilletes blancos, por todos lados.
Edelweiss, mis flores favoritas. No podía creerlo.
Y justo en medio de la sala, una mesa arreglada como para una cena para dos.

- Por Merlín…

Seguramente era un sueño. O algo por el estilo.
Draco jamás haría esto.

- ¿Es esto suficiente o me tengo que esmerar más? – murmuró suavemente una voz en mi oído que me hizo estremecer.

Bueno, siempre hay una primera vez…

- …Vas bien. Tengo que probar tu cena.

. Te encantará. Sobre todo el postre…- su brazo se deslizó por mi cintura y me jaló hacia él. Solté una risita mientras me zafaba de su abrazo.

- Tranquilo, Draco. Que conmigo así no va el asunto.

- ¿Mi novia es difícil, huh?

- Ni te imaginas cuánto. Más que nada porque aún no soy tu novia.

Rió.

- Cenemos, pues. – dijo mientras me separaba la silla para que me sentara. Me senté y lo observé sentarse frente a mí y mover la varita. El primer tiempo de la cena apareció frente a mis ojos.
Nos pasamos la cena charlando de la escuela, el quidditch, nuestras familias después de la guerra y, para mi sorpresa, de su experiencia como mortífago. Me mostró su marca tenebrosa ("Espero que se borre un poco más" dijo, secamente) y yo le hablé sobre todo lo que mis padres habían escuchado y vivido en el Ministerio en esos tiempos de guerra.
A pesar de los temas difíciles, en ningún momento de la conversación nos peleamos, lo cual me extrañó: para ser Draco y yo, el momento era muy agradable y pacífico.

- Espero te guste el postre. – dijo sonriente mientras con su varita aparecía en mi plato algo que parecía un pastel – Es mi especialidad.

- ¿Cocinas? Es decir, ¿Todo esto lo hiciste solo?

Sonrió…como él sabía hacerlo.

- Por supuesto que sí, me pasé el día haciéndolo. Cocinar es una de mis muchas cualidades, Astoria.

- ¿Cómo supiste mis flores favoritas?

- Tu hermana es un poco... comunicativa cuando se trata de ti.

Reí mientras le daba el primer bocado a mi pastel. Ahora entendía la calma de mi hermana.

- …Sabe a whisky de fuego.

- Quizá porque de eso es. Lo preparé con whisky de fuego, del mejor obviamente. Reserva especial…

- ¿Quieres embriagarme y abusar de mí, Draco Malfoy?

- Sí. Aunque creo que no sería un abuso pues no sé por qué presiento que cooperarás.

Solté una carcajada, pero me interrumpió el hecho de que mi cucharilla había chocado con algo en mi pastel, emitiendo un sonido metálico.
Draco me miró fijamente, mientras mi sonrisa daba paso a una expresión de curiosidad.

- Draco…- lo miré mientras intentaba sacar con la cuchara lo que había sonado-… No me digas que metiste un anillo aquí. Estamos muy jóvenes y…

- Un anillo no – dijo él mientras arqueaba una ceja – pero sí otra cosa.

Después de unos instantes, un destello plateado brilló entre el pan del pastel. Lo jalé con los dedos.
Un par de serpientes entrelazadas formaban una figura de la cual pendían dos cadenillas de plata. Volteé a ver al rubio, abrí la boca… y volví a cerrarla.

- ¿Qué pasa? ¿No te ha gustado?

- …No es eso. Es que no me cuadra el hecho de que Draco Malfoy regale esto.

- Somos Slytherins. Me agradan las serpientes, y sé que a ti también.

- No, no… No lo digo por las serpientes. Sino por la forma.

Las serpientes de ojos de esmeraldas, se unían de tal forma que la figura que formaban era un corazón.
Draco carraspeó, y miró fijamente el dije.

- Eehhmm…Y aún no has visto la mejor parte.

- No me cambies el tema.

- Ya lo hice. Mira…

Tomó el dije con sus dedos, le limpió el pastel con la varita y con un suave movimiento separó las serpientes.
Se levantó y rodeó la mesa.

- Tú llevarás una parte… - dijo mientras me colocaba una de las serpientes en el cuello -…Y yo llevaré la otra.

Me ofreció la parte que tenía en la mano. Miré fijamente la serpiente en sus dedos, y toqué la que colgaba de mi cuello.

- Vaya… Esto es tan… Extraño… - murmuré mientras le colocaba la suya.

- Pero te agrada…¿Cierto?

- Claro que sí. Simplemente no me esperaba tanto…

- …¿Romanticismo de mi parte?

- Ajá…

- Te doy la razón en eso. Yo realmente no soy así con nadie. De hecho es la primera vez que me sale bien el pastel de whisk-

- ¡Por todos los duendes, Draco Malfoy! –lo interrumpí, harta – Basta de rodeos. Ya pregúntame de una forma romántica si quiero ser tu novia o no.

Draco me miró, sorprendido por un momento. Pero después me jaló suavemente para que me levantara. Y luego puso una rodilla en el suelo, con una expresión de nerviosismo no controlado. Tragué saliva.

Santo cielo…

- Deberías de tomar una foto, Astoria Greengrass, porque jamás volveré a hacerlo. – musitó.

- Sé que sí. Ahora continúa.

- No me presiones…

Bufé.

- Astoria Greengrass – dijo mirándome a los ojos. Mis rodillas temblaron. –… ¿Te gustaría tenerme como novio?

-…¡Draco Malfoy! ¡NO! ¡No, maldita sea! – gruñí, dando un pisotón en el suelo. Él me miró, sorprendido. - ¡Pregúntamelo como debe ser! ¡Por una vez en tu asquerosa vida, haz las cosas bien!

- Ay por Merlín…

Giró los ojos y lo miré duramente. Su expresión de nervios regresó.

- De acuerdo, de acuerdo… - suspiró, y volvió a clavar sus ojos en los míos - ¿Te gustaría…te gustaría…ehm…ser…?

Me mordí el labio. ¿Por qué diablos era tan orgulloso?

- … Aaah, maldita sea. Astoria… ¿Tegustaríaserminovia?

Lo miré, a punto de soltar la carcajada. Pero la aguanté.

- …Más lento. No se escuchó claro.

- Por todos los dioses, Astoria.- me dijo mientras levantaba desafiante el mentón - No lo haré.

- ¿Ah no? – entrecerré los ojos. Apretó los labios y regresó a la expresión de nervios.

-…Astoria, ¿Te gustaría ser mi…mi novia?

Lo miré, sonriente. Un ligero rubor se extendía por sus mejillas blancas.

- Pensé que jamás lo preguntarías.

Me miró fijamente.

- ¿Eso es un…?

Sonreí.

- Claro que sí, Draco. Me encantaría.

Me sonrió, levantándose y abrazándome. Aspiré profundamente el olor que emanaba de su cuello. Hundió su rostro en mi cabello , y sentí sus manos en mi cintura apretándome contra él, como si…
Como si sintiera que me iba a evaporar en cualquier momento.

Entonces me di cuenta que Draco Malfoy tenía mucho miedo. Muchas heridas en su alma…Y mi trabajo, de ahora en adelante, sería curarlas.

- Te quiero, Draco. Mucho.

Se separó un poco y me miró, sorprendido. Le sonreí y le acaricié suavemente la mejilla.

- ...Yo…vaya. Obviamente yo…yo también.

- ¿Tú también qué? – le dije para observar su reacción. Me miró fijamente.

- Yo también te…te…te q-quiero…- carraspeó y murmuró -…Te a-adoro, Astoria.

- Aprenderás a decirlo sin trabarte, no te apures. Tenemos mucho tiempo para eso.

- Sí. Yo… no acostumbro decir eso, ¿sabes?… No…En mi familia no se dice mucho que digamos.

- Por eso te quiero, Draco. Y te lo diré cada día, cada momento que pueda. Porque ahora veo que muy, muy en el fondo, eres completamente distinto…

Me miró con una dulzura inusitada en la mirada. Me pasó suavemente sus dedos por mi cabello.

- Haré el graaan sacrificio de escucharte decirme esas cosas… Y bueno, tuve que lucirme con las flores que le gustan para que mi novia me aceptara.

- Y mientras la quieras conservar, tendrás que seguir haciéndolo.

Tomó mi rostro entre sus manos. Sentí otro escalofrío.

- Astoria, te regalaría flores diario… Mataría por tenerte así todos los días.

Un suspiro se me escapó. Sin poder contenerme le sonreí.
Qué sentimentaloide... susurró una vocecilla molesta en mi cabeza.
¿Y qué importa? le respondí, triunfal.
Volví a besarlo. Y como antes, volví a perder la cabeza por esos labios. Y también como antes, él me estrechó fuertemente contra su cuerpo.

- Lo bueno es que practicaríamos nuestros patronus.

- Tenemos mucho tiempo para eso. – sonrió, besándome de nuevo.