Declame
Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.
Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.
Hermione pensó que Draco iba a saltar sobre ella. La furia que asomó sus ojos parecía violencia a punto de materializarse.
Durante un momento largo él no se movió, ni habló. Y finalmente preguntó, con una voz grave y sedosa:
— ¿Cómo sabe que tengo un hijo?
La boca de Hermione estaba seca. Y eso la enfadó.
— ¿No quiere que la policía sepa que tiene un hijo?
— Había olvidado que estaba hablando con la policía. Qué tonto soy. No, no quiero que la policía sepa que tengo un hijo. No quiero que lo sepa nadie fuera del clan, pero no es por las razones que usted cree. —Sus labios se curvaron—. Vaya opinión tiene usted de mí.
Ella lo había herido. La idea la sorprendió y enseguida trato de quitársela de la cabeza.
— Me he pasado de la raya —dijo en voz baja—. Lo siento.
— Mi hijo no es parte de su investigación. —Dejó la servilleta sobre la mesa, se levantó y sacó su cartera.
Hermione también se levantó.
— No tiene por qué…
— Yo la he invitado. Yo pago. —Arrojó un par de billetes sobre la mesa—. Bon appétit, detective. Si quiere visitar el Hogar del Clan esté en la comisaria a las diez y media de la mañana por la mañana. La recogeré allí.
Salió del local en medio del mismo silencio reprobador que lo había saludado al entrar.
Muy bien, pensó Hermione recogiendo su hamburguesa y tratando de comérsela con cero interés. Creo que la has cagado. Termino, agarro su bolso y se levantó.
— ¿La comida no estaba buena? —La camarera estaba de pie delante de Hermione, sus ojos oscuros con ira y decepción.
No estaba preocupada por la comida precisamente. Hermione suspiro.
— La comida estaba bien, pero él ha tenido que marcharse. Y yo también.
Sakura sacudió la cabeza.
— Sigue mi consejo y no corras detrás de él. Haz que él venga a ti. Aunque no te culpo. —Suspiró—. Ese hombre irradia sexo. Como un horno. Me apuesto lo que sea a que… ¡Ya va, ya va! —gritó a un cliente que requería su atención. —Ahora voy—. Sonrió amablemente a Hermione—. Mi mamá siempre dice que, si no puedes jugar para conseguir algo, simplemente juega. Pásalo bien. —Golpeo a Hermione en el brazo, comprensiva, y se marchó apresurada.
Hermione la vio marcharse. Definitivamente había juzgado mal a Sakura. Forzó a su mente a volver a pensar en el caso.
—
El dolor era una presencia sorda, apagada, muy poco convincente. Pero algo más tiró de Blaise avisándole de que ya era hora de despertar.
Se agitó. Algo duro debajo de él… Duro, era tan duro despertar. No debería serlo. Había estado…estaba…
Por un momento, la memoria no estaba ahí. La oleada de pánico lo empujo hasta la superficie. Abrió los ojos. Madera áspera encima. Y también debajo. La cabaña. Sí, pensó aliviado. Es verdad. Estaba en la cabaña. Había estado tirado en el suelo, completamente vestido. Y había un enorme agujero en la pared norte.
Oh, claro. La había atravesado cuando tuvo esa pequeña discusión con el amigo de Daphne. Se tocó el costado e hizo una mueca. No había ganado esa discusión, ¿verdad?
Su memoria estaba borrosa. Debía de tener una pequeña conmoción, aunque no le dolía la cabeza. Supuso que había sanado mientras estaba desmayado. Se puso de pie. Había tenido tiempo para curarse. El rayo de luz que entraba por la pared dañada le dijo que era temprano por la mañana. Había llegado a la cabaña con Daphne y su amigo hechicero el día anterior al mediodía. Charlaron un rato sobre intercambiarse hechizos y entonces…
¿Había sido ayer? Frunció el ceño. Decidió que no había otra explicación. Si hubiera estado inconsciente más de una noche, ya no debería dolerle la costilla. Y tendría mucha más hambre.
No es que estuviera hambriento. Pero lo primero era lo primero, pensó. Tocó mentalmente sus defensas, y vio que todo estaba en orden, después comprobó los daños de su destartalado pied-à-terre.
No era carpintero, pero creyó que las reparaciones que había que hacer entraban dentro de sus habilidades. Tendría que hacerlo rápido porque el tejado estaba cediendo. Alguien había colocado un par de vigas rotas a modo de soporte, reforzando temporalmente la parte superior de la cabaña, pero un viento fuerte podría echarlo abajo sin problemas.
Qué considerados, pensó, caminando a duras penas hasta la nevera portátil que había traído consigo. Le habían golpeado en la cabeza, le había roto una costilla o dos, pero por lo menos habían evitado que le cayera el tejado encima mientras estaba inconsciente. Y antes de irse lo habían cubierto con una manta.
Probablemente eso había sido idea de Daphne. Era blanda. Pero no creía que tuviera la fuerza suficiente como para hacer los arreglos temporales a su tejado. Ese tenía que haber sido… ¿Cómo se llamaba el hombre?
Frunciendo el ceño, sacó un cartón de huevo, y paró, intentando identificar el mecánico gup gup que sanaba en sus oídos. Decidió que podía ser un helicóptero. Lejos, al sur. No era un sonido común por eso lados. Estaba muy lejos. No había que alarmarse por ello.
Se dirigió hacia la pequeña cocina alimentada con propano. Tendría que llamar a Draco. Estaba pasando algo importante, energías extrañas moviéndose entre esferas de realidad que no podía comprender. Aunque podía hacerse una idea por algo que había dicho el otro hombre… ¿Algo sobre que las esferas estén cambiando?
Maldita sea, era necesario que recordara. Prendió el encendedor y echó aceite en la sartén de hierro preocupado. ¿Qué era lo último que podía recordar?
El encuentro con esa bonita detective en el Club Infierno estaba muy claro. Draco tenía un obvio interés en ella. ¿Debería decirle a su amigo que su enamorada más reciente era empata?
Quizás, pero nada de eso importaba ahora. Ese recuerdo estaba muy claro. Al igual que la mañana siguiente cuando una llamada de Daphne lo había sacado de un profundo sueño demasiado pronto, y había espoleado seriamente su curiosidad. Unas horas después Blaise fue al aeropuerto a recoger a Daphne y a su actual amante que era hechicero como él.
Solo que no era como él exactamente. Blaise frunció el ceño. Ahí es donde las cosas empezaban a estar borrosas. No podía recordar la cara del hombre o nada de lo que ocurrió después de que Daphne y como se llamara, llegaran. Él y el hechicero habían discutido. De eso se acordaba. Quería más que el hombre… Harry. Sí, pensó aliviado de que pudiera recordar eso. El hombre se llamaba Harry.
Era el nombre que había usado, en cualquier caso. Los hechiceros eran muy reservados, así que cabía la posibilidad de que no fuera su nombre verdadero. En circunstancia normales, Blaise no habría invitado a su retino a otro iniciado en la sorcéri. Había un pequeño nodo de magia sin explotar detrás de la cabaña que no tenía intención de compartir con nadie. Peor Daphne había respondido por el hombre.
Y Blaise había terminado inconsciente veinticuatro horas. Bueno, dijo frotándose el costado distraídamente, quizás se lo mereciera. Harry y él habían intercambiado un par de hechizos básicos, buen material, pero nada nuevo. Sin embargo, cuando empezaron a hablar sobre la teoría, quedo claro que el hombre estaba mostrando menos de lo que sabía. Blaise no podía recordar lo que había ocurrido exactamente, pero tenía la noción de que había descubierto algo de forma poco limpia.
Y funciono. Sonrió, eufórico, los huevos olvidados en su mano cuando por fin pudo recordarlo todo, claro y preciso.
¿Qué era una costilla rota o una siesta espontánea en el suelo? Ahora tenía un nuevo hechizo, elegante y poderoso. Mucho más sofisticado que cualquier cosa que se hubiera encontrado o hubiera soñado nunca. La mera secuencia de arranque sugería un montón de posibilidades…
El aceite salpico su mano. Empezó a frotarse y se dio cuenta de que todavía sostenía los huevos. Los rompió y los echó a la sartén. Añadió un tercero. Primero, alimentarse, y después…oh, entonces emprendería un estudio serio de su nueva adquisición.
Aunque tampoco era conveniente que se enfrascara demasiado u olvidaría llamar a Draco. Blaise suspiro. Una pena, pero no podía simplemente desaparecer y ponerse a trabajar en el hechizo, no era el momento. ¿Quién más podría revelar la verdad? En esta época ignorante, había tan poca gente que comprendía incluso los fundamentos de la magia… no ardía por entender como él. No, eran como que asustados por la oscuridad, se tapan la cabeza con la sabana. Eran felices en su ignorancia y expulsaban a aquellos que no querían vivir bajo sus sofocantes restricciones. Al igual que lo habían expulsado del clan que debería haber sido el suyo.
Blaise suspiro débilmente. Suficiente. Draco nunca le había rechazado por hacer lo que tenía que hacer. Por eso le debía su amistad. Y una llamada de teléfono.
Un jirón de energía roja cruzo su campo de visión. Blaise salto. Alguien había abierto una brecha en sus defensas. No habían interferido con ella, no, no había nada de sutileza. Algo había pasado a través de ellas, como si no estuvieran allí. Cosa que no era posible. Se dirigió rápidamente a la salida, no a la puerta principal, ni a esa salida improvisada que había creado al atravesar la pared el día anterior, sino a una trampilla al fondo de la cabaña. Se abría hacia un túnel que conducía a una cueva que había explorado ampliamente años atrás. A Blaise no le gustaban los espacios cerrados y reducidos más que a cualquier otro lupus, pero le atraían menos conocer la cosa o el ser que había atravesado sus defensas con esa facilidad.
Podrían llamarle paranoico. Peor los visitantes amistosos llaman a la puerta, maldita sea.
Quito la alfombra, agarro el borde de la trampilla y tiro de ella. Era más pesada de lo que parecía porque estaba construida en acero sólido. Y entonces sintió un dolor agónico. Sus rodillas flaquearon. Cayó al suelo.
Blaise podía soportar mucho dolor. La mayoría de los lupi podían. Pero esto no era como nada que hubiera experimentado antes, era como si le estuvieran quemado vivo desde dentro. Se oyó a sí mismo gritar e intento juntar sus mandíbulas, pero su cuerpo se agitaba y tenía espasmos y no estaba dispuesto a obedecer. Instintivamente trató de cambiar. Pero no pudo. El terror, primitivo y tan destructor como el propio dolor, lo atenazó. Y acabo como quien aprieta un interruptor.
Así como las sensaciones provocadas por el sexo continúan una vez acabado, también lo hacen las provocadas por un dolor intenso. Blaise seguía en el suelo, retorciéndose, jadeando, su mente debilitada, y su cuerpo gritando de dolor como si fuera un diente podrido. Sus músculos tuvieron un pequeño espasmo y enviaron una nueva oleada de dolor a través de todo su cuerpo.
Apretó los dientes para soportarlo. Así que le ataque ha sido físico, no psíquico. Tengo algunas heridas. Pero puedo curarlas. Dama, concédeme tiempo para…
Unas figuras cubiertas de negro entraron por la puerta. Tres… cuatro… y otras dos aparecieron por el agujero de la pared. Vestían algo parecido a gris negro con largos cinturones de tela roja bordados de motivos intrincados, grandes pañuelos les cubrían la cabeza y parte del rostro al estilo beduino.
— Tú —grito uno de ellos, de piel pálida y que olía a seru, excitado y agresivo—. ¿Dónde están los demás?
— No puede responder, Segundo. —Un susurro. La voz surgió de entre los cuerpos cubiertos de negro que habían aparecido por el agujero de la pared. Sonaba infantil… si fuera posible que una maquina tuviera una voz infantil, porque era una voz sin vida ni sentimiento—. Me sorprende que esté consiente. Pero no podrá hablar hasta dentro de unas horas.
Las formas cubiertas de negro se marcharon. Una mujer que vestía una túnica roja camino cuidadosamente por entre los escombros.
Era menuda, no más de metro cincuenta. Tenía el pelo largo y de color negro azabache. Lo llevaba suelto, ondulado. Caminaba apoyada en un báculo negro de madera decorado con fibras de plata y que era tal alto como ella. Emanaba magia.
A Blaise se le erizo el pelo de la nuca. Una oleada de odio, instintivo e irracional, curvo sus labios y le hizo mostrar los dientes.
Ese pequeño movimiento le dolió como si le atravesaran miles de cuchillas. Mierda, mierda, mierda. Sintió lágrimas en sus ojos cuando la mujer llego lentamente hasta él.
— Búsquenlos —dijo ella secamente, como una reina que da órdenes a sus súbditos.
¿Buscarlos? Harry y Daphne, dedujo Blaise. Estos tipos que parecían salidos de una opereta, buscaban al otro hechicero, no a él. Después de sufrir todo esto, y ni siquiera me buscan a mí, estupendo.
— Bella —titubeo el hombre que había hablado antes—. No te acerques a él. Déjanos protegerte.
— Imbécil. No puede moverse. Investiga a donde conduce eso —señalo el túnel bajó la trampilla con su báculo—. Quizás haya alguien escondido ahí.
Su mirada se fijó en Blaise. Sus ojos eran asombrosamente negros, tan negros que no se podía distinguir la pupila del iris. Y había algo extraño en su olor, pero el hedor a magia de su báculo era tan fuerte que tapaba todos los demás aromas de la habitación.
Su báculo…
— Me pregunto por qué sigue consiente —dijo la mujer.
El báculo. Ahí es donde se centraba el odio de Blaise. Le saltaba una necesidad imperiosa de destruirlo. Deseaba cambiar, atraparlo con sus dientes y convertirlo en astillas, pero… un momento. Antes no había sido cepas de cambiar, pero ahora el ataque había terminado ya. Estaba herido, pero quizás…
— Está bien, veamos en qué estás pensando. ¿Dónde están? ¡Tienes escudos mentales! —grito la mujer sorprendida. Su rostro se arrugo y golpeo a Blaise en las costillas con el báculo.
No voy a permitir que me toque con esa abominación. La fuerza del odio le permitió a Blaise levantarse, consiente del dolor, pero consumido por la necesidad de destruir ese objeto sacrílego.
Pero ignorar el dolor no significa vencerlo. Fue torpe y lento. Alargo la mano, pero no pudo agarrarlo. Sintió que le golpeaban la cabeza.
Todo se volvió negro…
Volví con otro capitulo. ¿Estará enojado Draco con Hermione por mencionar que tiene un hijo? ¿Quien era el hechicero que estaba con Daphne? ¿Que buscaran de él el grupo que ingreso a la cabaña? Para esta y más preguntas, se las estaré respondiendo la semana que viene.
Como siempre ¡Gracias por todo!
Amor y Cohetes
Lumione
