Debo admitir queme costó mucho terminar éste capítulo. Tenía sentimientos encontrados... gracias al cielo existe el shoujo xD (un tipo de anime que es mega romántico) y me dió las respuestas que necesitaba. Con la mente tranquila, pude seguir escribiendo... ¿Qué puedo decir? Que Neville se está ganando un lugar en mi corazoncillo también xD lo divertido es que el muy finalmente es también parte de mi cabeza... es casi algo ególatra, hasta gracioso... primera vez que me pasa ésto... jajajajaja.
Aquí tienen el capítulo... música maestro!!
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Estrella, medio dormida ya, apoyó su cabeza en las piernas de Neville, quien le empezó a hacer cariño en el pelo, en la cara… la niña, entre la visión del fuego danzante y los mimos del muchacho, se quedó profundamente dormida.
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Neville no sabía qué hacer… no podía levantarse, tampoco moverse… tenía en sus piernas el rostro de una delicada niña de ojos marrón, y cabello rizado, que descendía hasta su cintura… para él, era hermosa, un ángel que había venido de muy lejos…
Sintió unos pasos desde fuera, y se escuchó la contraseña. La chica del cabello rojizo entró casi corriendo.
- ¿Neville¡Qué bueno que te encontré! Ooh… oops, disculpa la intromisión…
- No, tranquila… está dormida.
- Debo hacerte la pregunta de rigor. ¿Te gusta?
- S… sí.
- ¿Quieres tener algo serio con ella?
Miró la carita durmiente de la chica… y su corazón se derritió.
- Definitivamente sí.
- Entonces, juégatela.
- Eso intento… - dijo rascándose la cabeza.
- Cualquier cosa, tienes mi apoyo. ¡Adiós!
Y tal como llegó, Ginny se fue… En la cabeza de Neville, pasaron un par de rostros… Hermione, Ginny… por las dos en algún momento había sentido un cariño muy especial, pero había perdido estrepitosamente frente a nada menos que Ronald Weasley y Harry Potter. En aquellas ocasiones no hubo nada que hacer… pero ésta vez, no había nadie más en los ojos de la chica. Solo quería poder vestirse de azul para ella… ser su príncipe, y no abandonarla jamás.
- Miau miiiaaaaaauuuu mmmmiiiiiaaaaaaaauuuuuuu
Se escuchaba detrás del retrato de la señora gorda.
- Señora, déjelo pasar, es el gatito de una niña nueva de Gryffindor.
- Adelante señor gatito. – dijo respetuosamente.
- Miau miau miiiiaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuu
Estrella lentamente empezó a abrir los ojos.
- ¿ah?... ¿en qué minuto me quedé dormida?... ¡disculpa Neville!...
- No… no hay problema – dijo el muchacho, notoriamente ruborizado.
- Pip… mete cucharas, tenías que llegar donde estoy, como siempre.
- ¡Miau! Prrrr…
- Regalón….. ¿Qué hora es?
- Ya es hora de almorzar.
- ¡¿Qué, tan tarde?!
- No quería despertarte… jiji
- La próxima vez que sea tan fresca me despiertas… te tenía todo quieto, lo lamento…
- Tranquila, por mientras repasaba el baile en la cabeza.
- De verdad, la próxima vez me despiertas…muy bien… mejor vamos a almorzar, porque después tienes que ir a clases, y más tarde a ensayar. – la niña se levantó y se estiró.
- No, no quiero ir a clases…
- Irás a clases aunque te tenga que llevar de la manito.
- Está bien…
Neville tenía cara de puchero. No quería apartarse de la Estrellita. La chica, preocupada, le hizo cariño en su cabeza, y sonrió. Él la miró… y no pudo oponerse.
Ella feliz bajaba las escaleras, tenía hambre. El chico, en cambio, iba con la cabeza gacha. No quería alejarse de ella.
Para variar, en el comedor, había una pequeña conmoción. Sophie se había sentado frente a Draco, para la envidia de todas las féminas. Hermione entró, y cuando iba a mitad de camino a la mesa, decidió otra cosa… y fue directo a la mesa de las serpientes. Le dio un beso a Draco, dejándolo boquiabierto a él, y al resto de los que se encontraban en el comedor. Luego Draco mismo se levantó, y fue a la mesa Gryffindor. Le dio un beso lentamente a Hermione, provocando un derretimiento masivo de los corazones femeninos. Incluido el de Estrella.
- Neville… me puedes explicar… ¿porqué solamente los famosos pueden darse el lujo de tener esas escenas tan… apasionadas… de dar esos besos tan… hiperventiladores. ¿Porqué a mí nadie me da de esos besos?... ¡Yo quiero que me besen así!
- Ummm… ¿Porque todavía no tienes quién te bese así?... – respondió el muchacho, nuevamente sonrojado.
- Quiero que llegue pronto mi príncipe… - un puchero de proporciones figuraba en la cara de la niña.
- Pero… ¿no hay nadie que te guste?
- Ummm… realmente no.
- No pareces muy segura…
- Creo que Malfoy es guapo, pero no es mi tipo – creo… pensó la niña - ¿Y quién más?... nadie más… tú eres el único con el que hablo, pero aún así pienso que eres muy simpático, muy tierno.
- Gracias… - Longbottom toma la quaffle, va hacia el aro, y entra…¡siii¡10 puntos para Gryffindor! - Pensaba un Neville aún más rojo.
Para la tristeza del chico, doña directora se acercó a la mesa de los leones, a hablar con la chica…
- Hola Neville, Estrella… que bueno que te veo. Después de almuerzo necesito que vayas a mi oficina, desde hoy tendrás mucho que hacer.
- Okay Minerva ¿llevo algún libro en especial?
- No, no es necesario... Nos vemos más tarde… que tengas una buena tarde Neville.
- Gracias…
El muchacho olvidó su comida, y se acostó casi literalmente en la mesa, apoyando su cabeza en sus manos, dibujando un puchero en su cara.
- ¿Qué pasó Neville¿Porqué esa cara triste?
- Quisiera… quisiera pasar más tiempo contigo.
- Pero… nos veremos a las 7 ¿no? Para tu ensayo…
- Pero no es lo mismo…
- Neville… pareces un niño pequeño. – Estrellita sonrió, y el pobre tuvo que esconder su cara para evitar que notara que se derretía por dentro.
- ¡Vamos! Éste es tu último año en Hogwarts… yo que tú lo disfruto al máximo… mal que mal, desde el próximo año tendrás que trabajar, o hacer algo así. Disfruta que puedes estudiar, y pasarlo bien en la escuela…
- Ummm… tienes razón… voy a aprovechar muy bien mi último año de escuela.
El niño con cara de penita miró los ojos de su amada… sentía que de verdad se estaba enamorando perdidamente de ella.
- Te prometo que aprovecharé este año al máximo… - y que te voy a conquistar - pensó…- nos vemos en la tarde.
Le dio un beso en la frente a Estrella, y se fue lo más rápido posible para que no viera su cara enrojecida.
La muchacha quedó absolutamente pensativa. Terminó de comer, y fue derecho donde Minerva…
- Eres mi amiga… ¿no es cierto?
- ¡Claro que sí! – la miró una directora con cara de interrogación.
- Es que… cuando alguien se pone rojo cuando lo miras mucho, o cuando sonríes, y quiere estar contigo todo el tiempo… significa que te ama… ¿no es verdad?
- Tú más que nadie debería darse cuenta de lo que hay en el corazón de ese chico… ¿no puedes verlo?
- Nop… cuando se trata de mí, nunca sé si es verdad, o se trata de mi imaginación.
- Por la manera en que te mira… estoy segura de que se está enamorando profundamente de ti… ¿Qué piensas hacer al respecto?
- No sé… tengo sentimientos encontrados. Por una parte, le estoy empezando a tener un cariño muy especial… es muy… tierno. Hoy me quedé dormida en el salón común de Gryffindor, con la cabeza apoyada en sus piernas, mientras me hacía cariño, y veía el fuego bailando… fue demasiado tierno. Pero… tengo miedo.
- ¿De qué vas a tener miedo? Ese chico es muy bueno, y muy valiente… ¿qué más podrías pedir?
- Minerva… recuerda que tengo un pasado muy lejano, que, a pesar de todo, me dejó marcas muy profundas.
- No me digas que es por William…
- Me da miedo que Neville no sea William, y luego cometa alguna tontería… no quiero herirlo.
- A ver… me dijiste que podría estar en cualquier parte, que podía ser cualquier persona. La única pista que tienes es Draco Malfoy, y él está con Hermione. O sea… de todas maneras, si fuera Malfoy, estaría emparejado con otra… te puedes quedar toda la vida esperándolo, y no lo vas a encontrar nunca. Deberías pensar que la vida es muy corta, y que si pierdes tu tiempo, puedes terminar quedándote sola… Deberías aceptar el cariño que Neville te ofrece… él es real, está aquí a tu lado. William es, por ahora, solo un sueño… Y mejor nos concentramos en lo que tenemos que hacer hoy. Disculpa que tenga que dejarlo hasta aquí, pero hay mucho que hacer.
- No te preocupes, pensaré en lo que me dices…
La niña quedó con la mirada perdida, estaba muy preocupada por Neville. No quería hacerle daño… Minerva solo la miraba, hasta que decidió interrumpir sus pensamientos.
- Hoy quiero investigar cómo haces magia con las manos.
- A ver… - suspiró - como te lo explico… es algo muy intuitivo.
- De a poco, dime lo que sientes cuando haces magia con las manos.
- Pues… es como que la magia sale de tu corazón. Entonces, ésta va a través de todo tu cuerpo, y llega a tus manos. Desde ahí, se junta en el centro de la palma de la mano, y gira… tú, con un poco de intencionalidad, puedes dirigirla a tus dedos. Desde ahí, de nuevo intuitivamente, la magia sale de la punta de tus dedos, y tienes que dirigirla hacia la cosa que quieres que vaya, con los movimientos de la mano y con tu mente. Así…
Estrella levantó una copa que había en el escritorio de Minerva. Ella miraba atentamente.
- Déjame intentarlo.
Se quedaron toda la tarde en eso… hasta que dieron las 7. Estrella seguía preocupada, pero prefería intentar ocultarlo del chico que ocupaba su mente… ¿quizá más que William?...
Por primera vez, mientras él bailaba, comenzó a verlo como hombre… y se sorprendió mucho. A veces ponía cara de ñoño, pero con el pelo bien arreglado eso se le podía pasar. Tenía la espalda ancha, las manos grandes… el pecho amplio. Todo lo que soñaba en un hombre.
- ¿Estrella? Qué crees que nos falta… - dijo la pelirroja al ver a la chica tan concentrada mirándolos.
- A ver… deben marcar más los pasos, estirar más sus extremidades, y estar bien derechos. Imaginen que desde el centro de su cabeza hay un hilo que tira, y que les hace estar bien derechos. Inténtenlo. Eso… recuerden que ustedes serán los reyes de la noche. Lúzcanse, diviértanse, sonrían, muéstrense… vamos, inténtenlo de nuevo.
Con esas indicaciones, el baile mejoró sustancialmente. La chica de los cielos los miró con una sonrisa amplia.
- ¡Bravo! Si siguen así, de seguro ganan… Ahora, es muy tarde. ¡A dormir!
- Nooo… - Neville nuevamente no quería separarse de ella.
- Ummm… te prometo que mañana después de tus clases nos vemos. ¿Te parece?
El rostro del chico se alumbró como si fuera una declaración de amor. Con eso se quedó tranquilísimo… y todos fueron a sus dormitorios a dormir.
El caldero seguía hirviendo lentamente en los sueños de Estrella.
