Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Sueño de Verano - Toma 12
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— Buenos días — Akane se rascó los ojos con fuerza, apenas había conseguido conciliar el sueño hasta el amanecer, tenía serias dudas de haber dormido más de dos horas.
— ¿Ranko?
— He traído café.
— Vaya, no deberías de haberte molestado — contestó a la vez que bostezaba.
— No es molestia — dijo mientras entraba en la habitación — es seguridad.
— ¿Uh?¿qué dijiste?
— Nada, nada — sonrió forzada a la vez que echaba un rápido vistazo a la estancia — tu vida se ha vuelto bastante interesante últimamente, ¿no?
La chica de cortos cabellos rodó los ojos.
— No me digas que te has enterado.
— Cualquiera diría que tienes una especie de imán.
— ¡Un imán para los problemas! — exclamó a la vez que tomaba una de las dos tazas de café que portaba la pelirroja y tomaba asiento en su escritorio — Ayer todo fue demasiado extraño — dijo llevándose una mano a la cabeza — apenas he pegado ojo.
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿Uh? — los ojos azules de su amiga se fijaron en ella, abrasadores, demasiado candentes, en seguida Akane se dio cuenta de que había algo que no iba bien — ¿Ranko?
— Es decir…— sonrió amargamente antes de que todo rastro de alegría desapareciese de su rostro — ...con ese tipo, Shinnosuke.
— No quiero saber nada de hombres, son todos estúpidos.
— Ya, bueno, supongo que es lo mejor — reflexionó la chica de la trenza sorbiendo también su café.
— Es increíble, ayer por la noche ni siquiera sé lo que pasó, estaba discutiendo con Shinnosuke cuando de repente apareció Ranma y…
La pelirroja la miró de nuevo fijamente.
— …¡me mordió!
Ranko perdió el equilibrio durante un momento.
— ¿No será que te besó? — preguntó intentando controlar el temblor de una de sus cejas.
— ¡Fue como el ataque de un perro rabioso! y no dejaba de decir cosas sin sentido, no sé que pretende, si no fuera porque sale con Shampoo juraría que está celoso.
Ranma bufó.
— Celoso… — murmuró a la vez que apretaba los dientes y su taza de café entre las manos.
— Es un idiota Ranko, lo sabes, tengo que alejarme de él.
— Pero quizás intenta que entiendas algo.
Akane miró a su amiga repentinamente interesada.
— No sé — enterró la cara entre sus manos — ya no sé que pensar, sólo quiero olvidarme de él, olvidarme de todo.
Él sabía exactamente qué es lo que debía hacer para arrancarle de un golpe toda esa confusión; librarse de Shampoo, ser sincero con ella y esperar que le creyese.
— Akane — la llamó a la vez que se quedaba a escasos centímetros de ella — ¿quién te está atacando?
La guionista tragó saliva y comenzó a temblar, nerviosa.
— N-no se de lo que hablas.
— ¿Vas a mentirme?¿a mi? — preguntó haciendo que en su voz se hiciese audible el sabor de la mentira.
— Ranko… no es… — suspiró derrotada — ...no es como si lo supiera realmente, es decir, pasa desde hace demasiado tiempo cómo para sospechar sólo de una persona.
— ¿Y porqué no se lo has contado a nadie?
— ¿A quién?¿a la policía quizás? no quiero que se monte un escándalo por mi culpa además, no es tan grave.
— ¿Que no es...? — Ranma se mordió la lengua para no decir una barbaridad — ¿y como sabes que no van a continuar los ataques?
— Pararán, siempre paran. Se conforman con hacer un poco de ruido durante un tiempo, es sólo cuestión de tiempo.
— Akane…
— Venga, hoy es un día importante — sonrió repentinamente — tenemos que hacer que esta película sea un éxito.
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Shouji se sentía extraño, distraído. Tenía la constante y agotadora sensación de que estaba pasando por alto algo importante. Miró a la hermosa china que caminaba su lado, agotada, llevaban varios kilómetros caminando por una carretera que transcurría cercana a la costa, y por mucho que costase de entender aún no habían conseguido parar un sólo coche.
— ¿Perdidos estar? — preguntó por enésima vez a la par que suspiraba.
— No estamos perdidos, pero no podemos tomar una carretera principal, seríamos un blanco fácil.
— Bai estar cansada de caminar — protestó con un mohín adorable.
— Sólo tenemos que esperar a que aparezca alguien que nos lleve.
— Bai sola ya haber conseguido transporte — murmuró por lo bajo, los coches cuando la veían a ella haciendo autostop paraban inmediatamente, pero sorprendentemente todos decidían continuar cuando adivinaban la figura del hombre que la secundaba.
— ¡Los chinos sois muy raros!
— ¿Que tener de raro China?
— ¿Cómo puede ser que conduzcais al revés?
— Ser Japón el que estar al revés del mundo, no China.
Una camioneta apareció en el horizonte, Bai dejó de caminar y extendió ambas manos sobre su cabeza, haciendo claras señales de auxilio, y esta vez el vehículo sí que paró.
Un hombre entrado en años y de rostro amable miró a ambos jóvenes, Bai y él intercambiaron algunas palabras que Shouji no entendió, tras lo cual aceptó a llevarles. Muy agradecidos ambos chicos subieron al camión. No pasaron más de veinte minutos antes de que el cansancio comenzase a hacer mella en Bai, que cayó dormida dejando reposar su cabeza en el hombro de su acompañante, el conductor les miró con una sonrisa.
— Dormir si querer — dijo en un torpe japonés, Shouji le sonrió agradecido, aunque demasiado nervioso como para moverse ni un centímetro.
— No se preocupe — pero poco a poco él también comenzó a ser víctima de toda la tensión que habían acumulado durante sus escasos días de viaje. Sintiéndose a salvo por primera vez el ex-policía bajó la guardia, se apoyó sobre Bai y fue vencido por el sueño.
El chino sonrió ante la escena bucólica, esperó unos minutos para asegurarse que efectivamente su mercancía se encontraba dormida. Sin dejar de conducir tomó un comunicador y pulsó un par de botones.
— Tengo la joya, la llevo al punto de entrega — dijo escuetamente.
Pasaron un par de horas antes de que la camioneta comenzase a detenerse, la pareja se despertó perezosa, recostados como estaban el uno sobre el otro.
— ¿Donde estamos? — preguntó el chico a la par que miraba por la ventanilla y arrugaba el entrecejo contrariado. El paisaje había cambiado radicalmente y ahora se encontraban en una zona de naves industriales en lugar de una carretera en dirección a Pekin.
— Oh, tener que descargar envio, no tardar — se justificó el anciano sin perder su amable sonrisa, pero Bai le miró de forma urgente, clavándole las uñas en los antebrazos.
— Tranquila — le dijo él en tono protector.
Finalmente se detuvieron en el interior de lo que parecía ser un gigantesco almacén, Shouji no pudo evitar que un mal presentimiento se adueñase de él.
El anciano detuvo el camión y se bajó sin prisas, sin perder un segundo su plácida expresión.
— Estábamos esperándolos — las luces del almacén se encendieron todas de golpe, dejando a ambos jóvenes cegados durante un instante. Un hombre apenas unos años mayor, increíblemente bien vestido les esperaba en pie, delante de la camioneta. Llevaba un traje de color plata, zapatos pulidos y tenía cara de presumido. Se pasó una mano por sus cabellos castaños y sonrió.
— Bai, ¿le conoces? — preguntó Shouji odiándose por haber permitido que cayesen en una trampa tan estúpida.
— Ser Takao.
— ¿Takao?
— Jefe yakuza, perseguir a Bai, querer la joya.
El entrenado joven miró al hombre que, seguro de sí mismo les esperaba impaciente bien escoltado por no pocos de sus matones. Se bajó con cuidado del vehículo y le tendió una mano a la china, que se apresuró a bajar y a refugiarse en su espalda, ocultándose de la vista como si se tratase de una tímida niña pequeña.
— ¿Qué quieres? — preguntó a la defensiva.
— Que bueno ver un compatriota, pero por favor no nos peleemos, tan sólo quería agradecerte por traer la joya hasta aquí, y sin pasar controles policiales por cierto, muy bien hecho.
— No sé de que me hablas.
El hombre esbozó una sonrisa burlona.
— Entrégala.
— Shouji… — la china se encogió aún más contra él, asustada, el miedo la paralizaba.
— No.
Takao no dejó de sonreír, siquiera cuando chasqueó los dedos y varios hombres armados aparecieron de entre las sombras. La pareja miró hacia ambos lados de la nave, viéndose sin escapatoria.
— ¡Al coche! — el ex-policía no tuvo tiempo de pensar, tomó a Bai bruscamente y la empujó contra la puerta de la furgoneta, forzándola a entrar precipitadamente en su interior, él la siguió de un brinco antes de cerrar y escuchar una decena de detonaciones de bala contra la chapa exterior del vehículo.
Le indicó a la chica que permaneciese agachada, y más cuando una de las balas alcanzó la luna delantera y la hizo añicos, provocando que los cristales se esparcieran por todo el interior. Shouji apretó los dientes y tomó el volante, encendió el viejo motor y pisó el acelerador hasta el fondo. Las ruedas chirriaron en el piso, escuchaba gritos, pisó aún más fuerte, maldiciendo una y otra vez a los malditos chinos y sus vehículos al revés.
Consiguió acelerar y se dirigió directamente hacia la puerta por donde habían entrado, a su espalda no dejaba de escuchar protestas y más disparos, uno de ellos alcanzó una de las ruedas traseras y durante un segundo casi perdió el control. No llegarían muy lejos con una furgoneta tan vieja pero aún así… aún así….
La puerta del almacén estaba cerrada, la miró con decisión y se puso el cinturón de seguridad mientras no dejaba un segundo de manejar a toda velocidad.
— ¡Bai, sujétate! — la chica apenas atinó a imitarle, poniéndose en cinto y volviéndose a agachar en su asiento.
— ¡Nos mataremos! ¡deber parar! — gritó sin querer mirar, pero él no le hizo el menor caso, terminó de poner el coche a su máxima potencia y continuó acelerando, sintiendo como la adrenalina le poseía por completo.
Chocaron frontalmente y la puerta salió disparada, completamente abollada, fuera de sus rieles. No pararon, Shouji continuó conduciendo a la vez que la sonrisa se adueñaba de sus facciones, rió ante la visión de cómo dejaba a atrás a aquellos hombres, y Bai a su lado sólo atinó a pensar que había enloquecido.
Condujo a duras penas, llegaron hasta una carretera secundaria y la furgoneta no lo soportó más, el golpe había sido demasiado fuerte para ella, el motor comenzó a echar un humo negro y se paró.
— Tendremos que continuar a pie, deprisa — apremió el chico, apartó la mirada de la carretera y miró por primera vez a su copiloto, Bai parecía furiosa.
— ¡Poder haber muerto! — protestó con las mejillas encendidas, con lágrimas recientes.
— ¿Qué? ¡si nos hubiésemos quedado allí sí que nos habrían matado!
— ¡No volver a hacer algo así!
— ¡Pero...!
No pudo ni pestañear, estaba demasiado confuso, y lo estuvo aún más cuando la china se arrojó a sus brazos y apretó sus labios contra los suyos, temblorosa y aún así decidida. Su cuerpo apenas tardó un segundo en reaccionar, sí, lo supo desde el primer instante en que la vio, la había querido desde entonces. Pasó sus brazos por su cintura y profundizó su tímido beso, se acariciaron impacientes aún dentro del vehículo estropeado, con sus perseguidores pisandoles los talones, sin tiempo.
— ¡Lo tenemos! — el director Gosunkugi sonrió completamente satisfecho, había sido un día de trabajo agotador, conseguir aquella escena les había llevado mucho más tiempo del deseado.
Ranma se separó de Shampoo cansado y molesto, sentía un regusto amargo a traición en el paladar, se sentía sucio y despreciable, desde luego aquel estúpido trabajo no era para él.
— Haberlo hecho bien, ¿cierto? — preguntó con su habitual y fingida inocencia la actriz china, pero Ranma no le quería prestar más atención que la que ya se veía obligado. Un beso. Un beso que le sabía amargo, a futuros reproches, a sus ojos juzgándole.
Abandonó el set y no tardó en localizar a Akane, quien hablaba animadamente con un par de ayudantes de cámara, revisando las escenas. El chico resopló, realmente no sabía que estaba haciendo allí, lo suyo con Akane iba de mal en peor sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Se estaba rompiendo en mil pedazos.
Ella levantó la vista y sus miradas se encontraron apenas un segundo antes de que la chica girase la cabeza, esquivandole. Eso fue otro golpe para el herido ego de Ranma.
"Como quieras" — pensó saliendo de aquel sitio y dirigiéndose a su habitación, no sin antes patear un cubo que encontró en su camino.
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La guionista resopló cuando finalmente terminó su jornada, había sido un día duro, casi el que más. Era una mujer adulta, podía superar ese tipo de cosas, de hecho lo había escrito ella misma, no le importaba lo más mínimo.
No le importaba...
— ¿Akane, te encuentras bien?
— ¿Qué? Claro que sí — contestó rápidamente a su hermana.
— ¿Entonces qué haces con ese refresco?
Akane miró sin entender la lata de cola que sostenía en su mano derecha, y que había aplastado con todas sus fuerzas hasta hacer rezumar en contenido, que corría por sus dedos hasta gotear en el suelo.
— Mierda... — musitó sacudiendo los restos de la bebida con molestia.
— ¿No te cansas de ser tan terca? — Nabiki nunca se había caracterizado por ser especialmente delicada con sus palabras, pero aquel día parecía estar optando a premio.
— Para.
— Sólo digo que estar tan estresada no puede ser bueno.
— Y yo he dicho que pares.
— Vale, vale, no te pongas así.
— Perdona, es sólo que… en realidad me gustaría salir corriendo, largarme y no volver a saber nada de esto.
— Hay que seguir Akane, huir no es una opción. Si esto no va bien estaremos de deudas hasta el cuello, y que Ranma tenga una escena romántica con Shampoo será el menor de tus problemas.
— Eso no me molesta.
— Más te vale, o lo vas a pasar realmente mal.
Nabiki se levantó y se fue, dejando de nuevo a su hermana pequeña con la palabra en la boca.
Akane suspiró, de verdad que únicamente deseaba cavar un profundo agujero y esconder en él la cabeza. Anduvo pensativa hasta que salió al exterior, había anochecido y se moría de hambre.
— ¡Akane! — se giró a tiempo para ver a Shinnosuke caminando hacia ella.
El chico no había llevado muy bien su discusión de la otra noche, después de que Ranma le dejase noqueado tardó casi diez minutos en volver en sí. Finalmente ella terminó pidiéndole un taxi hasta un hostal cercano, no pensó que regresara y menos al día siguiente.
Se aproximó con expresión preocupada, mirando hacia ambos lados.
— ¿Estás sola?
— Eso parece — sonrió ella, sin pasar por alto que seguramente su ex-novio se encontraba tenso por si volvía a tener otro encontronazo inesperado.
— Te invito a cenar.
— No gracias, estoy cansada, prefiero irme a la cama.
— Apenas hemos tenido oportunidad de hablar de lo que ocurrió.
— Si te refieres a Ranma creo que no volverá a…
— ¡Me refiero a nosotros! aún no me rindo, necesito otra oportunidad.
— Ahora sólo quiero estar sola, ya te lo dije.
— Por favor… — suplicó él, a la vez que se acercaba un paso y tomaba una de sus suaves manos — ...no puede ser que no podamos arreglar esto, dame tan sólo otra oportunidad.
— Shinnosuke…
— Lo he estado pensando, le he dado muchas vueltas. Ahora entiendo que no debimos despedirnos así, que eso te hizo estar dolida y te volvió vulnerable ante… — se detuvo un momento, intentando recobrar la compostura — ...ante tipos como él, pero ahora todo puede ser igual que al principio.
— Quizás lo que ha ocurrido es que yo he cambiado — Akane levantó la mirada muy lentamente, fijándose con cuidado en aquel rostro que conocía tan bien, que evocaba tan buenos y malos recuerdos a un mismo tiempo — Ya no quiero que todo sea igual.
Se soltó de su mano y caminó en el silencio de la noche, él la siguió sin dejar de hablar.
— ¿Porqué lo haces tan complicado?
— ¿Porqué los hombre sois tan cabezotas?
— ¡Soy yo el que está aquí esperando por una respuesta!
— ¿Y qué es lo que no te ha quedado claro?
— ¡Yo aún te quiero!
Akane se giró y miró al chico contrariada, casi avergonzada por la confesión. Bajó la mirada cohibida y el volvió a acercarse a ella, posó su mano en su mejilla y no preguntó, sólo tomó sus labios con delicadeza, sediento de ellos, pero apenas los había probado Akane se apartó.
Se llevó la mano a la boca, sin atreverse a mirarle a la cara, tan roja que le dolían las mejillas.
— Tú también sigues sintiendo algo por mí.
No lo negó, tampoco se lo confirmó. Se quedó plantada en mitad de la carretera que llevaba a sus habitaciones, sintiendo que las lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos.
— No te presionare, iremos a tu ritmo, tan sólo déjame estar a tu lado.
Tan dulce como siempre, tan atento y delicado, Shinnosuke siempre conseguía golpear con fuerza esa parte de ella que moría por regresar a la rutina, por dejarse caer en sus brazos.
Pensó en los últimos días, pensó una y otra vez en Ranma, en esa noche en la que casi prendieron fuego a la habitación, en sus celos desmedidos, en cómo había besado a Shampoo… apretó los dientes.
¿Qué iba a ser de ella si seguía dejándose arrastrar en aquella locura? ¿qué sería de su corazón si continuaba enredado en esa pasión venenosa, que la convertía en alguien que desconocía?. Miró una vez más a Shinnosuke y asintió de forma imperceptible, sí, eso sería lo mejor. Tal vez así conseguiría olvidarle… conseguiría borrar de su memoria sus firmes labios, su embriagador olor, sus fuertes brazos, su cabello largo, todo su coraje, su decisión, su torpeza, su inocente sonrisa.
Se secó disimuladamente una lágrima traviesa que había conseguido escapar de su prisión y había emprendido el viaje por uno de sus pómulos.
A su lado el chico sonreía resplandeciente, más que nunca, parecía a punto de ponerse a saltar. Se contuvo las ganas de abrazarla, tan solo se mostró atento y formal.
— Te acompañaré a tu habitación.
Caminaron en completo silencio sólo roto por sus pisadas, ascendieron por las escaleras del viejo edificio de madera, haciendo crujir las tablas a su paso.
Llegaron hasta la puerta de Akane y ella pareció incómoda.
— B-Bueno…
— No te preocupes, no te voy a pedir que me invites a dormir contigo.
Las mejillas de la chica palidecieron por sus palabras, desde luego Shinnosuke jamás había sido tan directo, debía de estar muy afectado por todos los bandazos que estaba dando su agónica relación.
— Esperaré a que estés lista.
— ¿Lista para qué? — preguntó la voz de una mujer, Akane se giró para ver a Ranko, que parecía que acababa de llegar de comprar comida ya que portaba una gran bolsa en una mano
— ¡Ranko!
— ¿Para qué tienes que estar lista? — preguntó de nuevo, acercándose peligrosamente al chico que la acompañaba. Le miró como si quisiera matarle, tirarse encima de él y arrancarle los ojos.
— Ranko, deja que te presente a… — empezó Akane nerviosa, pero su amiga no atendía a palabras.
— Ya, ¿te crees que puedes aparecerte aquí y decirle cualquier cosa a Akane? — dijo plantándole cara, aún a pesar de que apenas le llegaba por la mitad del pecho — Escucha bien estúpido, más te vale comenzar a mostrar un poco más de respeto por las mujeres.
— ¿Es amiga tuya? — preguntó el chico, sorprendido.
— Ranko espera— lo intentó una vez más, pero la pelirroja estaba furiosa.
— No quiero volver a verte frente a esta puerta, ¿está claro?, no te acerques a ella.
— ¡Pero Ranko...! — no le dio tiempo a más explicaciones, la agarró bruscamente de la muñeca y sin permiso entró en su habitación, arrastrándola junto a ella y cerrando la puerta de golpe.
— ¡Maldito entrometido! — rugió soltando a Akane y la bolsa de la comida, la chica de cortos cabellos la miró sorprendida.
— No lo entiendes, Shinnosuke no me estaba haciendo nada, sólo me estaba acompañando.
— El muy aprovechado estaba intentando volver a besarte, no sabe cuándo rendirse.
— En realidad…
Ranma se giró muy lentamente, miró a Akane con un temor creciente, y más al adivinar su expresión turbada y cómo elevaba tímidamente sus dedos hasta rozar sus labios.
— ...él me…
— ¡ESE BASTARDO! — gritó perdiendo el control, azotando la puerta y saliendo al exterior.
— ¡No Ranko! — Akane siguió a su amiga y consiguió tomar su brazo. Estaba asustada, jamás había visto en ese estado a la chica de la trenza, estaba segura de que era capaz de cualquier cosa, su amiga era capaz de todo con tal de protegerla — ¡nos hemos reconciliado!
Esa vez la pelirroja ni se giró, se quedó quieta, en tensión, aún con Akane agarrando con fuerza su antebrazo.
— Le he dicho a Shinnosuke que le daría otra oportunidad.
No pudo ver su expresión, Ranko no se giró, se quedó unos segundos en completo silencio mientras Akane no dejaba de observar su hermosa figura, su espalda recta, hubiese podido jurar que sus hombros se hundieron casi dos centímetros.
— Vaya… — su voz sonó extraña, hueca. La guionista sintió como su estómago daba un vuelco y supo que su amiga más que alegrarse estaba decepcionada.
— ¿Te parece…mal?
Ranko no dijo una palabra más, regresó arrastrando los pies hasta dentro de la habitación y recogió la bolsa de comida.
— ¿Ranko? — preguntó Akane, siguiéndola cautelosa — ¿te has enfadado?
— No lo entiendo… — murmuró con una voz que no parecía la suya, deshecha, abandonada — ...¿qué pasa entonces con todo lo que me dijiste?¿donde queda eso que sentías tan sólo hace unos días?
La guionista suspiró y cerró de nuevo la puerta de su habitación, su amiga merecía una explicación.
— Piensas que te he mentido, ¿verdad?
La pelirroja levantó el rostro y Akane se sintió turbada por la gran oscuridad que percibió empañando sus ojos azules, tan claros en otras ocasiones.
— Has dejado que te bese — susurró asqueada — ese tipo te ha…
— No he sentido nada — Ranko hizo un movimiento repentino, rápido, prestándole atención con todos sus sentidos — Cuando Shinnosuke me ha besado no he sentido nada especial; pero cuando Ranma me abraza...cuando me besa es como si lloviera fuego, el mundo se da la vuelta y mis pies dejan de tocar el suelo. Por eso no puedo seguir así, esta extraña relación es demasiado dolorosa, y si tengo que usar a Shinnosuke para olvidarle entonces…¿crees que hago mal?
Ranma apartó la mirada, con una horrible expresión curvando sus labios en un gesto de desaprobación.
— Tan sólo deberías hacer lo que te dice tu corazón.
Akane sonrió triste, tomando asiento en la cama.
— Supongo que no soy tan fuerte.
La chica de la trenza la observó un segundo más antes de suspirar, derrotada.
— Traje yakisoba — murmuró sentándose a su lado y dejando la bolsa entre ambas.
— ¡Gracias! me moría de hambre — Akane no se lo pensó, tomó la bandeja de comida y tras encontrar unos palillos en la bolsa comenzó a devorar los tallarines, Ranma apoyó su mano contra la mejilla y la miró distante — ¿No comes? — preguntó extrañada, su amiga siempre se había caracterizado por su gran apetito.
— Ya no me apetece.
Ella la observó triste.
— ¿Te he decepcionado? — pero no le contestó, simplemente tomó su plato y comenzó a removerlo sin llevarse nada a la boca — Si te soy sincera no creo que funcione, mi relación con Shinnosuke no iba muy bien, ahora puedo verlo con claridad.
Ranma mordisqueó tímidamente algunos fideos.
— Todo empezó a estropearse cuando publiqué mi primer libro, cuando me peleé con… — hizo una pequeña pausa, Ranma masticaba prestándole atención — ...por no hablar de que en los últimos cinco meses ni siquiera tuvimos sexo.
Se atragantó con sus fideos y los escupió contra la pared, dándose unos golpecitos en el pecho, tosiendo sin control
— ¿Qué?
— Cinco meses, más los dos últimos — dijo contando con los dedos — es casi una eternidad, no es de extrañar que cuando Ranma me llevó a su habitación siquiera me lo pensara. Si no fuese por tu panda estoy segura de que...
El chico enrojeció tanto como su pelo, tanto que casi se mareó, tragó saliva con la boca seca sin poder apartar la mirada de Akane, de sus largas y blancas piernas, su finísimo cuello, su ligero escote.
— ¿Y tú qué?
— ¿Ah?
— Yo te lo he contado, no seas tramposa.
— Y-y-y-y-y-y-yo…
La guionista miró a su amiga casi con malignidad antes de tirarse encima de ella.
— Dímelo o te haré cosquillas hasta que no puedas más.
— Ni se te ocurra, jajajajajajaja — comenzó a reír a la vez que las manos de Akane atacaban sus puntos débiles — nooo — suplicó lastimera, antes de tomar la revancha y rodar por la cama hasta hundir los dedos en su estómago. Akane se encogió con lágrimas de risa en los ojos, pidiendo que parase, Ranma reía incontrolable, no recordaba haberlo pasado tan bien en años.
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Despertaron de nuevo juntas, el artista marcial hubiera podido acostumbrarse a eso si no fuera por el hecho de que tenía que contenerse lo indecible para no abrazarla en plena noche. Su cuerpo de mujer le ofrecía grandes ventajas y grandes inconvenientes.
No se durmieron hasta altas horas, entre risas, bromas y confidencias. Miró a la hermosa mujer que descansaba a su lado y suspiró. Tenía que aclararlo todo, iba a romper de una vez con Shampoo y a mandar a ese estúpido de Shinnosuke al agujero del que jamás debió salir. Y después… se dio cuenta de que no quería decirle la verdad, ya era tarde para confesar que era Ranko, muy tarde para que ella le perdonara de forma alguna.
Escapó por la ventana, tenía suerte de estar en la habitación contigua, no le costó lo más mínimo llegar hasta su cuarto. Se desprendió de sus ropas y se dio una ducha con agua caliente, sus músculos regresaron a su volumen normal, su estatura aumentó de golpe, su espalda ensanchó, sus pechos dieron paso a un suave y duro torso, esculpido por el ejercicio. Soltó su pelo negro y dejó que cayera sobre su espalda, a la vez que el agua le aclaraba las ideas. Recordó a Akane bajo sus manos, riendo desenfadada, recordó sus excitantes palabras. Se mordió los labios frustrado.
— Tuviste suerte de que fuera una mujer…
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El día pasaba lento, lentísimo. El chico de la trenza tan sólo podía mirar el reloj deseando que llegase la noche, que acabase el rodaje, no dejaba de pensar en Akane.
Sin embargo ella parecía hacer verdaderos esfuerzos por no verle, mucho menos dirigirle la palabra. Se pasaba la mayor parte del tiempo hablando con el director, incluso con Ryoga, pero él era como un fantasma, el hombre invisible. Por supuesto la presencia de Shinnosuke no ayudaba a relajar el ambiente, seguía a la guionista como si se tratara de un perrito bien entrenado, suplicando todo el día por una caricia.
Lo que más le asqueaba de la situación es que ella no hacía ningún esfuerzo por librarse de él, más bien al contrario: agradecía su amabilidad con tímidas sonrisas, cosa que sólo conseguía cabrearle. Pensaba boicotear aquella relación hasta que no quedasen ni las cenizas.
A medio día y durante la comida pudo observar cómo Akane se alejaba por primera vez de él, se dirigió hacia el baño y Ranma no dudó en cruzarse de brazos y esperarla afuera. Debían hablar, esta vez de forma civilizada.
Cuando salió y le vio allí plantado le miró con desprecio, como si tuviese una horrible enfermedad contagiosa, pero él no se dejó amedrentar, la charla del día anterior le había dado las fuerzas y la confianza necesarias para aguantar eso y mucho más.
— ¿Podemos hablar… por favor? — preguntó sin mirarla, cruzado de brazos, apoyado contra la pared.
Akane estuvo a punto de replicar, lo hubiera hecho sin duda si no fuera por el "por favor" con la que terminaba su petición.
Cinco minutos después se encontraban en una de las salas anexas al rodaje, que solían usar los extras para entrenar.
— Dime qué quieres — dijo de forma ruda, cruzándose de brazos.
— Voy a terminar con Shampoo.
— ¡Ja! ¿y a mí qué?
— Deja tu también a ese infeliz.
Ella le miró enfurecida.
— ¿Y porqué debería de hacerlo?
— Porque no le quieres.
Akane abrió la boca casi descompuesta, dudó apenas un segundo.
— Soy muy feliz con Shinnosuke — aseveró.
El artista marcial resopló.
— Mentirosa...
— Escucha bien, deja de meterte en mis asuntos, ¡soy libre de salir con quien quiera!
— Y otra cosa, no vuelvas a escribir ninguna escena romántica, yo al menos no me siento cómodo besando a alguien por quien no siento nada.
Entre los dos se abrió un incómodo silencio.
— ¿Co-cómo sabes...?
— Qué importa — ambos se sostuvieron la mirada dentro de la espaciosa sala, en eso se había transformado su relación, en una lista interminable de reproches. La tensión flotaba en el ambiente.
— Las escenas ya están escritas, no voy a cambiar nada.
— Entonces luego no te quejes si te pones celosa.
— ¡Yo no estoy celosa! — protestó cada vez más enfadada — En todo caso tú estás celoso de Shinnosuke.
— ¿Celos? ¿de ese estúpido? — Ranma tomó aire y torció ligeramente la cabeza — ¿crees que tengo motivos para estar celoso?, ese tipo no sabe luchar, siquiera conservar a su novia, ¿por qué tendría que tener celos de alguien así?
Akane bajó la vista, sintiéndose repentinamente avergonzada.
— Y sin embargo… lo estoy. No soporto que se pase el día persiguiéndote, llamándote por tu nombre sin formalismos, me entran ganas de reventarle la cara a golpes.
Ella dio un respingo, su corazón había comenzado a cabalgar infatigable en su pecho.
— Olvídalo — musitó antes de meter las manos en los bolsillos de su chaqueta y dirigirse a la salida, pero Akane le dio alcance, pellizcó la tela de su chaqueta de forma adorable, reteniéndole unos instantes. El chico no se giró.
— Ranma…
— No hagas eso, no me llames con esa voz. No me detengas porque ni yo mismo sé de lo que soy capaz.
Akane se alejó un paso, ligeramente asustada y él aprovechó para salir de la estancia. Respiraba agitado, alterado por su propio atrevimiento, por esa espontánea sinceridad que cada vez reprimía menos en su presencia.
Ambos se atraían, ¿qué motivos tenían para estar alejados? ¿jugando a ese estúpido juego de celos y medias verdades? Su orgullo era fuerte, pero no hasta el punto de negar lo evidente, no durante tanto tiempo.
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— ¡Compré refrescos y bolitas de pulpo! — Akane saludó a su amiga, Ranko apareció justo en el momento en el que terminó el rodaje, más que dispuesta a acompañarla a su habitación para pasar otra "noche de chicas".
Shinnosuke puso mala cara, torciendo el gesto.
— Disculpa, pero esta noche yo la invitaré a cenar.
— ¿Eh? ni de broma, Akane se viene conmigo.
— Deberías saber que tres son multitud. — susurró el chico intentando ser educado, mientras la guionista terminaba de recoger unos papeles.
— Claro que lo sé, por eso tu no vienes.
— Ya estoy lista. — Akane sonrió radiante antes de verse arrastrada por Ranko directamente a su cuarto y sin intercambiar más que una rápida despedida con el frustrado muchacho.
Los días siguientes no fueron diferentes.
— ¡Brochetas de pollo!
— ¡Hoy habia katsudón!
— ¡Encontré unos botes de ramen!
— ¿Te gusta la sopa de tofu picante?
— ¡Anguila con arroz!
La misma escena se repitió una y otra vez sin descanso durante toda la semana, Akane y Ranko cenaban juntas todas las noches y después jugaban a las cartas, intercambiaban chismes o veían algún programa de televisión, incluso comenzaron a corregir guiones y reescribir escenas.
Todo ello para mortificación de Shinnosuke, que veía como su recién recuperada novia no tenía tiempo para él, ni siquiera podía pensar en conseguir algún acercamiento romántico.
— Oye — interrumpió uno de los días, armándose de valor — ¿no crees que necesitamos pasar más tiempo juntos?, tu amiga no es muy simpática conmigo y… bueno, estoy harto de dormir en el hostal.
Akane se sonrojó por lo que insinuaba, apartó la mirada, esquiva.
— Estás ayudando mucho, le diré a Nabiki que te consiga una habitación.
— Akane…
— Si quieres podemos desayunar juntos mañana.
El chico suspiró, estaba claro que las cosas iban más despacio de lo que él mismo se había imaginado.
— Claro — sonrió conciliador, algo era algo.
Se despidieron una vez más tras la llegada de Ranko y sus molestas miradas, esta vez Akane se había encargado de comprar la cena.
Ambas hicieron bromas de camino a su habitación, se rieron juntas de uno de los chicos de sonido, que por accidente había golpeado a Shampoo en la cabeza con un micro de percha.
Reían cómplices mientras cenaban, pero en un momento Akane se puso tensa y miró a su amiga sonrojada.
— Me alegro de que estés aquí — le dijo sin poder ocultar tu timidez — Hoy Shinnosuke me ha insinuado que quiere dejar el hostal y comenzar a dormir aquí conmigo, y eso me ha puesto nerviosa.
Ranko la observó como si acabara de confesar un crimen.
— ¿¡Te dijo eso!? — preguntó alterada poniéndose en pie, sintiendo como todos sus músculos temblaban de pura ira — ¡Le mataré!
Akane sonrió ante la sobreprotección de su amiga, esa parte de ella resultaba tan brusca y a la vez tan dulce que a veces le costaba pensar en ella como una chica.
— Por eso prométeme que vas a seguir como hasta ahora, quédate conmigo.
— ¿Me vas a usar… como excusa?
— ¿Te resulta muy molesto?
— Deberías romper con él.
— Lo sé.
— ¿Y qué estás esperando? — preguntó una vez más, comenzando a molestarse al retomar esa conversación.
— Sólo espero… espero a no equivocarme otra vez.
Ranma la miró atentamente unos segundos antes de apretar los dientes frustrado. Estaba claro que le estaba esperando a él, esperaba su sinceridad. Se sintió tan enfadado consigo mismo que le resultaba insoportable.
— Dormiré contigo como hasta ahora — le prometió — no te preocupes.
— Gracias — sonrió ella.
En mitad de la noche, en medio de un sueño especialmente dulce Ranma sintió como algo le golpeaba la frente. Se levantó dolorido, comprobando que Akane descansaba sin percatarse de nada.
— ¿Pero qué demonios...? - a su lado había una pequeña piedrecita, culpable del dolor. La tomó entre los dedos antes de ser golpeado por segunda vez con un nuevo proyectil - ¡Auch!
— Tsk, Ranma, Ranma.
Sus ojos apenas tardaron un segundo en acostumbrarse a la oscuridad y reconocer la figura de su padre, encaramado a la ventana.
— Viejo, ¿que estás haciendo? — preguntó entre susurros, pero su padre desapareció, dejándose caer hasta la planta baja.
La chica de la trenza le dirigió otra mirada a Akane para asegurarse de que se encontraba totalmente dormida, se levantó y con sumo cuidado se dejó caer desde el marco de la ventana, siguiendo a su padre.
En cuanto pisó el suelo le recibió una tetera de agua caliente, mojándose por completo, recuperando su cuerpo de varón.
— ¿Qué haces estúpido? — protestó sacudiéndose, apartándose los cabellos empapados de la cara.
— ¿Es ahí donde te escondes? llevas una semana sin dormir en nuestra habitación.
— Es MI habitación, y lo que yo haga no es de tu incunbencia.
— Esa es la hija de Soun, claro que me preocupo por lo que le pueda pasar. Además, Shampoo no deja de llamar a tu puerta, hoy incluso intentó colarse dentro y me resulta molesto.
— Eso no te pasaría si no ocupases cuartos ajenos.
— Ranma, ¿le has dicho a esa chica lo que en realidad eres? ¿le has contado acerca de la maldición?
El artista marcial se cruzó de brazos.
— Al final se enterara de una manera u otra. - reflexionó Genma.
— Si se lo digo me odiara, en el momento que se entere no podré seguir estando a su lado, no podré protegerla.
— Sí, eso es un problema, pero lo más importante es… ¿me prestas mil yens? tu viejo padre no tiene dinero para comprar más sake.
Ranma sintió como un tic nervioso hacía que su ojo izquierdo parpadeara sin control.
— ¡Viejo idiota! — gritó antes de darle una patada y tirarle de cabeza a la sucia piscina, dejando al oso panda flotando inconsciente de forma ridícula.— Y yo que pensaba que estábamos teniendo una conversación de padre a hijo… — rezongó fastidiado antes de coger impulso y encaramarse de nuevo a la ventana de Akane.
Con cuidado, lleno de sigilo volvió a meterse entre las sábanas. Comprobó que la chica seguía durmiendo ajena al resto del mundo, y no pudo evitar sonreír tristemente. Pasó el dorso de su mano por su mejilla, recorriéndola con suma delicadeza, se moría por abrazarla, por tenerla entre sus brazos, por apartar sus cabellos de su hermoso rostro a la vez que le susurraba al oído.
Con más dolor del que podía soportar le dio la espalda y empuñó las manos, intentando dormir.
.
.
Akane dormía apaciblemente, tan cómoda que pensaba estar envuelta en suaves nubes de algodón. La fresca brisa marina que se colaba por su ventana ese día no la molestaba, no sintió la necesidad de cubrirse, no tenía frío. Estaba envuelta en una capa de increíble bienestar, cálida, arropada.
Se hubiese quedado una vida así, si no fuesen por los traicioneros rayos de sol que, puntuales, la despertaron nada más amanecer. Era lo malo de tener una habitación con vistas al este.
Molesta se arrebujó en aquella sensación, quiso dormir más, quiso seguir tal y como estaba, hasta que abrió uno de sus ojos y le vio.
Ranma Saotome dormía en su cama, casi podría decirse que se encontraba envuelto en el mismo bienestar que ella misma. La rodeaba protector con uno de sus fuertes brazos, y ella había tenido la osadía de dejarse llevar, ¡estaba apoyada sobre él! cómodamente acunada en su pecho.
Tragó saliva y se separó apenas unos centímetros, haciendo soberanos esfuerzos por recordar sus pasos la noche anterior, no, no estaba loca, no estaba confundida. Se había ido a dormir, y Ranko estaba a su lado, no Ranma. Observó su rostro de niño, su paz, su pelo negro trenzado sobre la almohada, observó como el chico volvía a ponerse cómodo pasando un brazo sobre su cintura y volvía a atraerla contra su pecho.
— ¡Aaaahhhhhh! — gritó furiosamente sonrojada, haciendo que el hombre que descansaba a su lado se despertase de la cama, asustado.
— ¿Qué?¿qué pasa?¿ha entrado alguien?
— ¿¡Qué demonios haces aquí!?
— ¿Pero de qué hablas?¡si fuiste tu la que...! — paró un segundo su alegato al percatarse de la voz grave que salía de su garganta, se llevó una mano al pecho para terminar de comprender de su pequeño problema — mierda…
— ¡Eres un pervertido! — dijo ella observando su atuendo, Ranma no llevaba más que unos calzoncillos y una camiseta de tirantes de color blanco.
— Puede que no me creas, pero hay una explicación perfectamente coherente para esto.
— ¡Cerdo! ¿que te has pensado, que puedes entrar en mi habitación cuando se te antoje? — dijo a la vez que intentaba tapar toda la piel desnuda que dejaba a la vista su sugerente camisón.
— ¡Me he equivocado!
— ¿Te has equivocado de habitación? ¿a cual pretendías ir? — le espetó antes de darse cuenta de sus propias palabras — ah… entiendo — dijo a la vez que sus hombros comenzaban a temblar ligeramente.
— ¡No! ¡no entiendes nada!
— Vete ahora mismo o gritaré.
— ¿Que gritarás? deja de decir tonterías y escúchame.
— ¡Soco..! — no llegó a decir la última sílaba cuando Ranma, rápido como la centella se abalanzó encima suya, tapándole la boca con premura, temiendo que aquello no contribuyese si no a causarle más y más problemas.
— ¿Me vas a escuchar? — preguntó con sus ojos clavados en los de ella, mirándola frustrado por su evidente falta de entendimiento mutuo, daba la impresión de que sólo se podía hablar con Akane cuando lo hacía como Ranko, su verdadero yo lo tenía todo perdido.
— ¡Mmmh! — el artista marcial interpretó aquello como un "no", la miró con resignación antes de que la pequeña guionista comenzase a patalear como loca.
Dos leves golpes se escucharon en la puerta, de repente ambos jóvenes pararon su pelea y miraron hacia el otro extremo de la habitación.
— Akane, despierta, traje el desayuno. — la voz de Shinnosuke les llegó con claridad, firme y animada, ambos se miraron con muy diferentes cosas en la cabeza.
— ¿Le dijiste a ese idiota que te trajese el desayuno? — preguntó Ranma en un susurro, librando a Akane su agarre.
— ¿Y que te importa? Shinnosuke se está esforzando — la expresión del chico de la trenza se volvió taciturna unos momentos antes de sonreír con cinismo.
— Supongo que no se espera que hayas pasado la noche con otro hombre, ¿me equivoco?
Akane palideció por completo a la vez que el chico se apartaba y se ponía en pie, dispuesto a ir hasta la puerta.
— No, ¡ni lo pienses! — dio un salto de la cama y se interpuso en su camino — ¡sal ahora mismo por la ventana!
— ¿Como si fuese "tu amante"? no gracias, no pienso perder la oportunidad de ver la cara de estúpido que pone.
Una vez más la chica se interpuso, le miró desesperada, sin encontrar explicación lógica a lo que estaba ocurriendo.
— ¿Porqué me haces esto? — preguntó suplicante, y Ranma contuvo el aliento ante la visión de su compungido rostro, de sus ojos brillantes y sus mejillas sonrosadas.
— Odio a este tipo.
Las pupilas de Akane se dilataron y le miró sin comprender, sin entender nada de lo que ocurría entre ellos, el chico de la trenza la echó a un lado y tomó el pomo, pero justo antes de abrir la puerta los brazos de la muchacha rodearon su cuello, atrayendole contra sí.
Se alzó de puntillas y sus labios, pequeños y temblorosos capturaron los del artista marcial. Ranma se quedó estático, completamente quieto mientras recibía aquel suave beso, la miró pasmado mientras se apartaba de él, sonrojada hasta el extremo. Ni ella misma parecía saber lo que había ocurrido.
— Cállate — suplicó una vez más, bajando la mirada, pero Ranma no estaba ni mucho menos dispuesto a dejar las cosas tal cual.
— ¿Akane? — Shinnosuke llamó de nuevo, pero la atención de ambos ahora estaba muy lejos de él, el chico de la trenza rodeó a Akane con sus brazos, estrechando con fuerza su fina cintura.
— Entonces hazme callar — susurró antes de abalanzarse sobre ella, hambriento.
Tomó su boca con la suya, sus labios se encontraron locos de necesidad. Akane volvió a rodear su cuello consciente de que era la culpable de aquello, era su propio anhelo lo que había traicionado tan cruelmente su determinación, su maldito corazón no atendía a razones.
Bastó un sólo roce para que se incendiara por dentro, sintiendo que había pasado demasiado tiempo negándose lo evidente. Los besos de Ranma eran adictivos, suaves y fuertes a un mismo tiempo, como si se debatiese en un infinito dilema entre el romanticismo y la pasión desenfrenada, intentando encontrar un equilibrio perfecto.
Le necesitaba, necesitaba tenerle junto a sí a todas horas, deseándola como lo hacía, acariciando su piel hasta convertirla en una esclava de su presencia. Le amaba de forma incondicional, dolorosa. ¿A quién había querido engañar?, no podía pensar en otra cosa que no fuese él, y eso le dolía tanto que le quitaba el apetito, transformaba su respiración en suspiros, sus pensamientos en ideas bochornosas.
— Akane... — el artista marcial se separó de ella, rompió su hipnótico beso y pronunció su nombre con voz ronca, cegado de deseo. Condenadamente sobrio cuando lo único que anhelaba era emborracharse de ella hasta perder la cabeza, ¿acaso le estaba preguntando algo con la mirada? ¿pidiendo… permiso?
La tomó en brazos, se giró y caminó de vuelta a la cama, escucharon el eco lejano de nuevos golpes en la puerta pero ninguno les prestó atención. Akane se dejó llevar, con la respiración agitada sintió la suave superficie contra su espalda sin dejar ni un segundo de observar los ojos azules, tan dulces en aquel momento, ahora que sólo la miraban a ella.
Ranma se tumbó contra su cuerpo, tan atrevido que hubiese merecido un paliza, Akane quiso decir algo, pero de nuevo sus labios se encontraron, volvieron a besarse esta vez más profundamente. Sus lenguas parecieron encontrar el camino que no alcanzaban con sus palabras, se enredaron ansiosas a la vez que comenzaban a estremecerse.
No podían parar. El recorrió sus piernas con la palma de la mano, arriba y abajo, como si quisiera grabar a fuego cada centímetro. Se hizo hueco entre sus muslos, embriagado por el calor, dando rienda suelta a todo lo que había estado guardando.
"Akane… Akane… Akane…"
Que vergonzoso era estar tan loco por ella, tan desesperado que sólo su roce le convertía en un tembloroso chico ante su primera mujer. Saboreó su dulces labios, se sumergió en su boca, apoyó una mano contra su espalda y la alzó ligeramente para sentir su cuerpo contra el suyo, sus pechos contra su torso, sus piernas envolviéndole de forma deliciosa.
La tomó por completo con sus brazos, la estrechó aún más fuerte, rodaron en la cama el uno sobre el otro, apartando las sábanas y los almohadones, sintiéndose salvajes y sin mesura, embargados de un calor sin límites.
Akane se sentó a horcajadas sobre él, había perdido su propia conciencia, había mandado todas sus dudas e inquietudes a un lugar muy lejano, a miles de kilómetros de aquella habitación. Tomó su ligero camisón y de un sólo movimiento se lo sacó por la cabeza, dejando su cuerpo prácticamente al descubierto a excepción de unas pequeñas braguitas blancas.
Ranma tragó saliva, sus ojos perdieron la capacidad de pestañeo, simplemente no podía mover un músculo, demasiado extasiado por la visión irreal que tenía ante sí.
Respiró de forma pesada a la vez que sentía como su erección crecía dentro de su ropa interior, dejando muy poco a la imaginación. Akane también lo notó, sentada como estaba sobre él, y por un momento pareció recuperar algo de su adorable timidez, pues el chico no se movía, sólo la contemplaba absorto.
— ¿No-no vas a decir nada?¡ah..!
El artista marcial se incorporó de golpe, haciendo que Akane cayese de espaldas y volviéndose a situar sobre ella, entre ella, sintiéndose el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra. Acalló su pregunta con un profundisimo beso, tomó su lengua con la suya, ardiendo desesperado. Apoyó una mano sobre su trasero, atrayendola contra sí, haciéndola emitir un gemido de placer al sentirse atrapada entre su mano y su sexo, tan duro, tan caliente.
Ranma no podía más, acarició sus firmes pechos de pezones sonrosados, excitados, turgentes para él, apartó su boca de la de Akane sólo para besar su cuello, tan estilizado y blanco, sus hombros, sus clavículas, siguió bajando por su escote hasta dar de nuevo con sus senos.
La sintió retorcerse de placer, abrir su boca en un mudo quejido de excitación, mordió con cuidado su pezón, lo acarició con su lengua a la vez que comenzaba a moverse de forma rítmica bajo su vientre, que la hacía sentir su propio deseo.
— Te necesito — gruñó apartando su boca de su piel, volviendo a ascender para mirar sus gigantescos ojos de color avellana — yo… — Ranma Saotome, el fiero guerrero imbatible se mordió los labios reprimiendo sus propios gemidos cuando sintió como rodeaba sus caderas con sus piernas, acercándole a ella en un abrazo indecente.
Akane dejó caer sus manos, que habían permanecido enredadas en su larga trenza, las posó por encima de su cabeza, rindiéndose completamente, ofreciéndose sin reservas.
— Yo también — susurró — yo también te necesito.
Un rugido indescriptible escapó de la garganta del chico de la trenza, un animal complacido antes de darse un banquete. Atrapó sus manos con las suyas y la volvió a besar, juntaron sus labios hasta que se olvidaron de los minutos y las horas.
La soltó siquiera un segundo para deshacerse de su molesta camiseta, que arrojó sin cuidado fuera de la cama. La cubrió con su calor apabullante, visitó su cintura con una de sus manos, extasiado por su suavidad, por su hermoso cuerpo, coló un dedo bajo su ropa interior y comenzó a tirar de ella con molestia, le estorbaba todo lo que no fuese su piel, sobraba. Se libró de las braguitas con un suspiro de satisfacción.
Akane desnuda, suya, completamente entregada a su mutua pasión. No se privó de recorrerla por completo, empezando por sus hombros, terminando en sus glúteos una y otra vez, hasta que finalmente tomó el valor que le hacía falta para llegar a su intimidad, pasó la mano suavemente contra sus labios mayores, escuchó como ella gritaba sorprendida en su oído, pero no se detuvo. Suave, demasiado para un hombre de su complexión la acarició entre sus muslos, rozó su clítoris con los dedos a la vez que sentía cómo ella le pedía más, clavando salvajemente sus uñas en su espalda. Más, mucho más fuerte, mucho más cerca, con una lentitud tortuosa introdujo un dedo en su interior, caliente, completamente preparada para él.
Introdujo otro más, provocándole una leve sacudida, comenzó a moverlos consciente de que se estaba muriendo por dejarse de juegos, lo único que ansiaba era poseerla por completo y así se lo anunciaba su propio cuerpo, causándole un dolor húmedo y apabullante. Ella volvió a gemir en su oído y Ranma terminó de perder su lucha interna por complacerla.
Se deshizo de su propia ropa y se abalanzó sobre su cuerpo, temblando al rozar su miembro contra su calor, la besó, casi arrancó sus labios de un mordisco a la vez que comenzaba a embestirla, buscándola sin control. Akane enmudeció de sorpresa al verle desnudo por primera vez, la palabra "grande" acudió a sus pensamientos haciéndola morir de la vergüenza, Ranma era "grande" en el aspecto más literal de la palabra, pero si se lo decía seguro que el muy presuntuoso no la dejaría en paz con sus bromas.
Contuvo un quejido al sentir como se encajaba contra ella, cómo finalmente se abría paso entre sus piernas, encontrando su oquedad. La besó de nuevo, pero esta vez con infinito cuidado, como si en cualquier momento se fuera a romper, salió de su interior para volver a sumergirse por completo, y esta vez Akane sí que gritó, apartó el rostro con lágrimas compungidas brillando en sus ojos. El chico deslizó su lengua sobre su cuello a la vez que volvía a repetir el ritual, sus labios capturaron hambrientos la piel de su garganta mientras intentaba encontrar el supremo placer en su interior.
Se movía lentamente, de forma rítmica, pronto Akane dejó de sentir su increíble miembro partiendola en dos para abandonarse al placer del contacto. Volvió a agarrarse a sus cabellos con una mano, mientras que la otra recorría su musculosa espalda, su increíblemente bien formado trasero.
— Más — gimió sin ser consciente de sus propia petición, y juraría que una sonrisa satisfecha asomó en el rostro perfecto de su amante. Ranma obedeció al instante, él también necesitaba más, la necesitaba por completo.
La empujó más fuerte, mucho más profundo, sintiendo su mutuo infierno deshaciéndose poco a poco entre sus piernas. Ella no se quedó atrás, alzó sus caderas manteniendo el ritmo, sintiendo como su deseo aumentaba, como su hambre de él se volvía imperiosa.
Gimió con un lamento quedo cuando llegó a su clímax, se revolvió bajo él sin respiración, sintiéndolo dentro, explotando de placer sin esperarselo. Ranma se detuvo, sonrió pagado de sí mismo y la besó con suavidad.
— ¿Ya? — preguntó casi con burla, ante lo cual ella no pudo hacer otra cosa más que agarrarse de nuevo a él, ocultando su rostro en su hombro.
— Idiota — murmuró entre suspiros satisfechos, el chico de la trenza también suspiró antes de asirse a sus caderas y comenzar a aumentar su velocidad. Se hundió en ella cientos de veces, agarró una de sus piernas y la colocó sobre su hombro, haciendo la penetración aún más intensa, extasiado por su flexibilidad.
La tomó una y otra vez, la hizo gemir hasta que ninguno de los dos supo donde estaba arriba o abajo, norte o sur. Empapados de sudor, enredados, jadeantes. Akane volvió a gemir incrédula, sintiendo su segundo orgasmo aún más fuerte que el anterior. Débil y agotada apenas podía respirar, su amante acarició sus senos una vez más, casi al mismo tiempo que sufría su propia sacudida, su delicioso y propio placer derramándose en su interior. Gruñó satisfecho, se inclinó sobre ella y besó su frente, apartando su flequillo.
— Te quiero — susurró tan suave que pareció no haber dicho nada, pero Akane le miró entre asustada y sorprendida, aún con las manos prendidas a su espalda.
— ¿Qué?
— Ah… — Ranma se mostró turbado, ¿lo había dicho en voz alta?, al parecer así era. No tenía lugar al que escapar, aún entre sus piernas, con sus fieros ojos marrones fijos en los suyos — ...es decir…
— ¿Me quieres?
— Te...te quiero...decir algo.
El corazón de la chica se encogió ligeramente.
— ¿Ahora?
— Deshazte de ese tipo — soltó a bocajarro, y Akane le miró muda de la impresión.
— Aparta — le dijo, girando el rostro, repentinamente tensa.
— ¿Akane?
— Quítate de encima — protestó incómoda y Ranma se apartó de ella, deshaciendo su contacto, saliendo de su interior con una protesta — no deberíamos haber hecho esto — dijo la chica de cortos cabellos a la vez que buscaba desesperada la arrugada sábana de la cama para envolver su desnudez.
— ¿Bromeas?
— ¡Tápate! — le espetó claramente nerviosa, volviendo por momentos a su ser, recuperando la sensatez perdida, enrojeciendo por segundos — ¿cómo ha podido pasar?
— Te me echaste encima.
— ¡Intentaba pararte!
— Vamos, ¡ni siquiera me has dejado desnudarte!
— ¿¡Quieres vestirte de una vez!? — dijo girándose, enrollando su cuerpo en la tela.
Ranma la miró colérico a la vez que se ponía de vuelta su ropa interior.
— ¿Estás así por lo que he dicho?
— ¡Estoy así porque acabo de acostarme contigo! le prometí a Shinnosuke volverlo a intentar, y ahora...
— Dile que se marche a su casa — Ranma terminó de vestirse, se puso la camiseta arrugada y la miró solemne — o se lo diré yo.
— Tu estás con Shampoo, esto no está bien.
— Ya te dije que entre ella y yo nunca ha habido nada, además voy a dejarla.
— ¿Cómo que...? — suspiró cansada — olvídalo, somos adultos, hagamos como si esto no hubiera pasado.
Ranma levantó una ceja, ni loco estaba dispuesto a comportarse como si no hubiesen compartido algo tan íntimo, tan fuerte y salvaje.
— Akane, abre la puerta — la firme voz de Nabiki interrumpió su disputa, ambos miraron hacia el lugar, espantados.
— Rápido, ¡sal por la ventana! — le apremió la chica, pero Ranma parecía poco dispuesto a hacerle caso.
— Ni pienses que esta conversación termina aquí — le susurró molesto.
— Vete ya — casi le echó, a la vez que abría ligerísimamente la puerta, apenas una ranura para observar la disgustada cara de su hermana.
— ¿Sabes que hora es? — le preguntó molesta, a la vez que apoyaba una mano sobre la madera, queriendo entrar, Akane sostuvo con firmeza la puerta para evitar que se percatase de su indumentaria, y de lo que era peor, de la cama revuelta y las cobijas tiradas por el suelo.
— Lo siento me dormí, enseguida voy.
— Más te vale, Shinnosuke te estaba buscando porque al parecer pensaba que no estabas en tu habitación.
— Ya — enrojeció ligeramente — dame cinco minutos.
— Akane, deja que te dé un consejo.
— ¿Si?
— La próxima vez déjale a él que te quite la ropa, a los hombres les gusta — palideció y luego su cara comenzó a arder como el fuego.
— ¿Estabas escuchando detrás de la puerta?
— ¿Que culpa tengo de que tu y Ranma discutais a gritos? deberíais ser un poco más sinceros con vuestros sentimientos, esta relación que tenéis es de lo más extraña, ¡auch!.
Akane le cerró la puerta en las narices, con cara tan roja que bien podría servir para cocinar. Aún sentía el olor de la piel de Ranma impregnado en la suya, su tacto ligeramente pegajoso a causa del sudor. Sus peores temores se habían hecho realidad, había sucumbido a ese deseo insaciable que se abría paso en sus entrañas.
Y le odió por haberla amado como lo había hecho, tan fuerte y gentil, tan suave y rudo a un mismo tiempo. Le odió por hacerla despertar después de tanto tiempo, por recordarle que era una mujer, por haberle hecho el amor en lugar de simplemente tener sexo.
Se arrebujó en la ligera sábana, odiándose por el terrible miedo que le daba amarle.
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¡Hola de nuevo!
Me retrasé algo más de una semana, pero al fin vuelvo con un nuevo capítulo. A este casi podríamos llamarle el capítulo imposible, por más que lo escribía no terminaba nunca, incluso llegué a plantearme partirlo en dos pero finalmente deseché la idea porque quería que terminase justo en este punto y de esta forma, así que siento si se hizo un poco más largo de lo habitual.
¿Lemon?¿donde? jajaja, me gusta mucho leer fics lemon, pero a la hora de escribirlos me da vergüenza.
Sólo había escrito un one shot lemon previamente, y quería ver si era capaz de hacerlo dentro de una historia larga sin que esta perdiera consistencia. He intentado crear una escena un tanto atípica: tiene humor, tiene diálogo y tiene drama, en conjunto creo que el resultado no está mal aún a riesgo de resultar un tanto explícito, no se, espero comentarios al respecto para replantearme futuras escenas.
Y como no, los agradecimientos. Miles de millones de gracias a Nodokita por darle tantísimo trabajo que hace tan bien y tan deprisa, ¡muchas, muchas gracias!.
Dulcecito311: Sí, volví al fin. En este fic Ranma es bastante más sincero de lo normal, pero eso también es a causa de que él saber perfectamente lo que siente Akane, y por más que lo intente no le sale enfadarse con ella, en el fondo es muy inocente y tímido con todo lo que respecta al amor.
Chiqui09: Muchas gracias, siempre intento expresar los sentimientos de los personajes lo mejor que puedo, espero continuar mejorando en el futuro.
Rosiramiez: A mi también me encanta ver a Ranma celoso, simplemente lo amo así.
Luz: Como ves estoy trabajando en actualizar más seguido. Gracias por leer.
Jorgi: Gracias por tus amables palabras amiga, sí, yo también siento que cada vez estamos más cerca del final, aunque aún tengo tantas cosas por escribir que aún lo veo un poco lejano. Me alegra tenerte con la intriga ;)
RosemaryAlejandra: ¡Feliz año para tí también!. Ranma no es tan fácil de manejar como Shampoo se había imaginado, si ella le hace trampas él puede llegar a ser el rey de los tramposos, y Akane se pasa el capítulo entero en shock. Creo que de este fic ella es la más complicada de describir, a veces hasta a mí me cuesta mucho entender sus razones, pero por otra parte es el personaje que más madura hacia el final.
Akai27: ¿Cómo es eso de que no llegan las alertas? vaya, este capítulo lleva publicado casi un mes, siento que te hayas enterado hace escasamente unos días, pero...¡alegrate! casi que se juntó un capítulo con otro, jajaja. Muchas gracias por estar tan pendiente de las actualizaciones.
Saludos a todos, y por cierto, ¡feliz 2014!
