Empezando el capítulo número... No sé, no me acuerdo, en algún punto de la madrugada, poco después de hartarme de mi trabajo... Demonios, en cierta forma esto incluso es relajante... Bah, como sea. Empiezo este capítulo a sabiendas de que no lo terminaré hoy... Bueno, más seguro, no ahora, pues en un día pueden pasar muchas cosas, y apenas es la una de la mañana... No importa, no tengo mucha disposición para ir mañana a la escuela... para ser exacta, no iré.
Una chica me dijo en los comentarios algo de que no le gustaría que todos hicieran fila para tirarse a Kothone: Les aseguro que no será así. En estos días, a pesar de no escribir tanto o tan rápido, he desarrollado algunas ideas nuevas que puedo ir atando fácilmente. Su nombre... Lo veo luego, ahora eso me da flojera... Como sea, a ver que sale c:
Obligaciones
Kothone observaba horrorizada su nuevo uniforme. No es que fuera feo, al contrario: esos colores, ese corte, esa elegancia... Podría decirse que incluso le gustaba... El problema era lo que significaba: Un uniforme significaba escuela, y la joven ya se había abrazado a la ilusión de haberse librado de ese pequeño martirio. Bueno, tal vez no era del todo malo... Era la oportunidad de librarse un poco del ocio que implicaba ser una prisionera, al menos así estaría entretenida...
Pero no era lo único que le molestaba. Estaba acostumbrada a eso de ir a una escuela, obviamente había asistido a una durante años, (aunque sus estrictos padres llegaron a considerar educarla en casa) no había sido agradable, mucho menos cuando eres el chivo expiatorio oficial; Soportaba bien esas cosas, y de todas maneras, podía cambiarlo... Lo que la tenía echando chispas era el hecho de que nadie, absolutamente nadie, se hubiera tomado la molestia de avisarle... O bueno, si Reiji no hubiera decidido gastarle esa jodida "broma" justo la noche anterior, para después cargarla de obligaciones que le impidieron dormir en todo el día, tal vez no hubiera estado de tan mal humor.
Debía admitir algo: Reiji se había lucido, pues mandarla a la escuela en ese estado zombie, a pesar de no ser tan malo como drogarla y torturarla, era bastante cruel, especialmente tratándose de ella: A Kothone podías quitarle su libertad, su sangre, su comida, el agua, su espacio... Pero cuidado si te metías con sus preciadas ocho horas de sueño. El cuatro ojos, sin saberlo, se había metido en un lío muy grande...
De pronto, sintió que ya no estaba sola... No en un plan romántico o algo así: Literalmente, un sexy vampiro sadomasoquista vestido con lo que sería la versión masculina de su uniforme, que podía jurar no estaba ahí unos segundos atrás, se encontraba oliendo descaradamente una de sus bragas. Inmediatamente, se la arrebató para lanzarla a un lado. Definitivamente, estaba de muy mal humor.
-¿Qué? ¿También te teletransportas?- Preguntó con sarcasmo.
-En efecto, Bitch-Chan.- Respondió con una amplia sonrisa.
-Pero...- De acuerdo, eso no se lo esperaba- ¿Por qué en tantas ocasiones...?
-Porque requiere concentración, y porque generalmente mis hermanos son tan idiotas que lo olvidan.-
-Okey... Eso es...- No la dejó terminar.
-Por cierto, Reiji dice que tienes cinco minutos para estar lista, o tendrás que ir a pie.-
-¡PERO QUE DEMONI...!-
-Conociéndolo, va en serio. Pero tranquila, Bitch-Chan. Soy un caballero, y un caballero jamás permitiría que una dama camine sola durante la noche. Por cierto, ¿gustas que te ayude a vestirte?- Añadió con una sonrisa pícara.
Kothone, a pesar de su mal humor, no pudo evitar devolver la sonrisa. Y de inmediato, empezó a cambiarse lo más rápido posible, pues no tenía ganas de ir a pie a ningún lado.
Llegaron justo a tiempo gracias a que Raito se teletransportó con ella a la sala en cuanto se colocó precariamente parte del uniforme, llevando los zapatos y el saco en una mano. Una vez dentro de la limusina, los hábiles dedos del castaño le ayudaron a abrochar los botones y atar los listones del elaborado uniforme , ante la mirada de algunos de los hermanos, que no podían más que admirar el descaro de ese par.
-Señorita, ¿está segura de que no es un error?- Preguntó el segundo de los Sakamakis a la secretaria del colegio.
-No, no lo es, señor Sakamaki. La joven Kothone Kinomoto asistirá a clases junto con usted y su hermano, en último curso.- Explicó tranquilamente la joven.
-Pero solamente tiene quince años, eso no puede ser...- Debía ser una jodida broma, pero sabía que eso no era probable.
-Estoy consiente de eso, pero los documentos indican que ese es el curso que le corresponde.-
-De acuerdo... Muchas gracias.-
Reiji salió de la oficina, y se encontró con una Kothone sonriente que lo esperaba sentada en una banca, justo donde la había dejado.
-¿Por qué no me dijiste que estabas adelantada?- Preguntó el de los lentes, entre sorprendido y molesto.
-Nunca preguntaste.- Respondió, encogiendo los hombros.
Entraron juntos al salón de clases, dónde ya se encontraban todos los alumnos, Shu incluido (quien se sentaba al fondo, y se encontraba durmiendo descaradamente). Fue presentada a sus nuevos compañeros, y enviada a tomar asiento. Habían varios lugares disponibles, pero ella decidió sentarse a un lado de Shu, quien no parecía haberse percatado de nada. Estaba cansada, y supuso que si el rubio podía hacer eso sin consecuencias, ella podía hacer lo mismo. Con una sonrisa, se recostó en el pupitre, sintiendo la taladrante mirada de desaprobación que Reiji le enviaba. Ignorándolo por completo, si no es que regocijándose un poco ante ese último hecho, cerró los ojos, dispuesta a dormirse mientras el maestro daba la clase. Tal vez ir a la escuela no sería del todo malo.
Cuando llegó el descanso, nadie despertó a Shu, pues existían ciertos rumores en la escuela que advertían sobre los peligros de hacerlo. Como la chica nueva venía con los Sakamakis, decidieron que era mejor dejarla en paz también.
Unos minutos después de que el aula se encontrara vacía, el rubio abrió perezosamente uno de sus ojos para analizar el entorno. Despertar completamente solo en el alguna de las aulas no era nada nuevo para él, pero encontrar a otra chica en sus mismas condiciones a una corta distancia... eso si que lo era. Bostezando, se estiró de una forma no muy diferente a como lo haría una gatito después de una siesta... Total, nadie podía verlo. Un poco más despabilado, se dedicó a observar a la azabache... Era raro verla dormir; tan tranquila, con un aire tan inocente, sin lanzar comentarios mordaces o tratar de violar a alguien... Le gustaba ver a la gente dormida, no solo porque era un perezoso de primera, sino porque podía verlos dejando a un lado la defensiva, en paz.
No podía dejarla sola en el salón de clases; al fin y al cabo, era el único que gozaba de ciertos privilegios. Tampoco quería despertarla, pero definitivamente, no iba a quedarse a cuidarla mientras dormía: el también tenía sueño, y ese no era precisamente el lugar más cómodo para dormir. Sin despertarla, se la echó al hombro como si fuera un saco de patatas. De alguna forma, el podía detectar que tan pesado tenían el sueño las personas, y esa chica no se iba a despertar sólo porque la zangoloteara un poquito. Y en un parpadeo, se encontraban en la sala de música.
Cuando Kothone despertó, se dio cuenta de dos cosas que llamaron su atención:
1.-No estaba en el salón de clases donde recordaba haberse quedado dormida.
2.-Tampoco estaba sola: un chico la estaba utilizando como almohada.
Observando su entorno con detenimiento, se dio cuenta de que ese debía de ser el salón de música: la estructura diseñada para mejorar la acústica, el enorme piano de cola, varios violines, violas, chelos, flautas transversales, tambores, entre otros instrumentos organizados cuidadosamente en diferentes estantes estantes se lo indicaron. Y el chico al que tenía sobre su regazo era nada más y nada menos que Shu Sakamaki, el joven con quien hacía no mucho había tenido un candente encuentro en el cuarto de baño.
-Shu- Susurró, tratando de moverlo. Cuando lo apartó, su cabeza golpeó contra el piso, produciendo un ruido desagradable, haciendo que Kothone se sintiera culpable, aunque el chico apenas pareció inmutarse.- Shu, despierta.-
Después de un rato, logró que el vampiro despertara a medias, pero no que abriera los ojos.
-Tsk, que molesta eres... Déjame en paz.- Y en lugar de abrir los ojos, solo se acomodó mejor en el suelo.
-¿Qué hago aquí? ¿No se supone que deberíamos estar en clases?-
-Yo te traje aquí. Ahora, vete si quieres, pero cállate.-
-¿No se supone que podríamos meternos en problemas?-
-¿Importa?- Replicó el rubio, entreabriendo un poco los ojos.
Kothone lo observó en silencio. Cualquier persona con un poco de sentido común sabría que saltarse las clases el primer día, o cualquier otro, no era una excelente idea, y Kothone era una chica con sentido común. Nunca se había metido en problemas dentro de la escuela, o con asuntos relacionados. Nuevamente centró su atención en el rubio que estaba a sus pies, nuevamente dormido. Siempre había una primera vez. Con un largo suspiro, mandó todo al diablo. Solos en un salón al que probablemente nadie entraría (pues de otra forma el joven no lo habría seleccionado para dormir) las cosas podían ponerse muy interesantes... Y pensó en eso, pero apartó cualquier idea pervertida a un lado. Sería la segunda oportunidad de ese tipo que dejaba pasar en el día, contando la de su encuentro matutino con Subaru... Pero, como se dijo a si misma, ya habrían otras. Tenía sueño, y al abrazar al rubio, acomodándose en su pecho para estar más cómoda, ningún pensamiento lujurioso acudió a su mente.
Cuando dije que no lo acabaría en el momento que lo empecé, tenía razón: Me dormí a los dos párrafos. Pero mejor es comenzar en algún punto, ¿No?
Otra vez, pensaba hacer el capítulo un poco más largo, pero decidí acomodar las ideas que tenía para el otro. ¿Me estoy poniendo cursi? No se preocupen, ya tendrán salseo en otros capítulos, pero ahora quiero probar que Kothone tiene un corazoncito, y que al igual que todos los hermanos, su carácter tiene una razón de ser.
Ya saben que acepto encantada cualquier sugerencia o idea respecto a la historia.
Por: Dessirenya.
