Advertencia:Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.

Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekaz Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.

Disclaimer 2: Im Hyung Soo (Corea del Norte) pertenece a la artista coreana-estadounidense Lo-Wah. No es mi intención tergiversar su creación o destinarla a un uso lucrativo o poco moral: ¡Amo su concepto del personaje! Por eso lo usaré para este fanfic.


.:XII:.

"Desde Algún Lugar"

Hace mucho que Yong Soo no despertaba con ese molesto dolor en su pecho. Había comenzado a acostumbrarse a la agradable sensación de abrir los ojos y encontrar al lado de su cama, a poca distancia, la que ocupaba su hermano, y a este, todavía dormido bajo las sábanas desordenadas –Hyung siempre había tenido el sueño más inquieto que el suyo, aunque también más ligero- con semblante apacible, o bien, ya despierto y preparándose para iniciar el día. La mayoría de las veces, su hermano era el que madrugaba.

Aún en su condición como vasallo en la casa de Kiku Honda –tan lejos de casa, sintiéndose fuera de lugar-, era sensacional tener a su hermano con él. De cierta forma, lo hacía sentirse protegido, valiente, y por sobretodo, acompañado.

Esa mañana, sin embargo, despertó del mismo sueño confuso que otras veces hubiese tenido -remontándose las primeras ocasiones a su más tierna infancia-. Una pesadilla de la que apenas podía recordar algunas partes aisladas e inconexas. Nada con lo cual pudiese concluir el contenido de su ensoñación. Más de seguro, se decía, debía ser algo realmente abrumador.

Talló sus ojos con las manos, y miró hacia la cama de Hyung. Estaba vacía y deshecha. Debía de haberse levantado hacía muy poco, y seguro estaba aseándose. Yong Soo se incorporó, desperezándose, y se deslizó fuera de las sábanas con las claras intenciones de ir él a hacer lo mismo, antes que el resto del personal de la casa se levantara.

Conforme pasaban los minutos, ocurrió lo de siempre. El dolor fue desvaneciéndose lentamente, y para cuando el mayor de los mellizos entró nuevamente en la habitación con la yukata puesta sobre su cuerpo húmedo por el agua rápida y torpemente secada al momento de salir del baño, Yong Soo era capaz de hablar sin asomo alguno de angustia, y la confusa pesadilla dejaba de ser una preocupación:

— ¡Ah! Te levantaste temprano.

— No valía la pena que me quedara en cama si solo me faltaban cinco minutos para levantarme. Además, debía ir al baño— dijo Hyung, yendo de un lado a otro en la habitación, recolectando sus ropas limpias para ese día — Apresúrate antes que Mei te gane el baño. Ya sabes lo mucho que ella tarda adentro.

— ¡Voy!

Mientras se encontraba parcialmente sumergido en agua tibia llena de jabón, y volcaba encima de su cabeza, pecho y espalda cubetas llenas de ella, Yong Soo volvía a pensar en lo extraño que resultaba aquél sueño que ni siquiera podía recordar. Parecía una insulsa coincidencia, pero anteriormente, dicho sueño era sinónimo de mal presagio. Al poco tiempo, algo terrible ocurría para los mellizos.

La invasión mongola, cuando ambos representaban a Koryo.

Las primeras batallas contra Japón, al invadir éste Joseon.

La ocupación japonesa.

Su discusión con Hyung…

¿Qué podría ser ahora…?

Para cuando desistió de seguir dando vueltas al tema, el agua de la bañera ya se había enfriado.


1914

El año en que todas las tensiones entre imperios coloniales y territorios en disputa alcanzaron su límite máximo, y detonaron el 28 de Julio de ese año en el corazón de Europa un conflicto que no solo azotó al Viejo Continente, sino que remeció al mundo entero.

La Gran Guerra.

Aunque el conflicto fue principalmente entre las potencias colonialistas de Europa, otros lugares del mundo, como Asia, no estuvieron ausentes. En el caso de Japón, viendo que sus posesiones en China estaban siendo amenazadas por la presencia alemana en el país milenario y algunas islas en el Océano Pacífico, decidió enrolarse en el conflicto, aunque no de manera muy profunda


Una tarde, Kiku les pidió a todos en el personal de la casa que permanecieran en sus labores, lejos de su despacho. Hyung se vio librado de sus quehaceres, y no dudó un segundo en ir a pasar la tarde en el taller con su hermano, mientras le miraba arreglar con mucha concentración una gran pieza de artillería cuyas piezas estaban regadas por doquier.

— ¿No deberías estarlo asistiendo como su secretario, o algo parecido?

— Al parecer es un asunto demasiado delicado, y no quería que estuviese allí. Hace poco la visita de Honda comenzó a gritarle.

— ¿Eh? ¿Te refieres a esos ladridos que salen de su despacho?

— Su visitante es alemán, así es su idioma, no es que esté ladrando— corrigió divertido Hyung.

— ¿Qué lo habrá enojado tanto? — Yong Soo secó el sudor de su frente con el antrebrazo desnudo. Las mangas de su ropa de trabajo estaban dobladas hacia arriba.

— Ni idea. Me gustaría poder acercarme, ya sabes, para que al salir todos los miembros de esa reunión, pudiese hacen como que voy pasando por ahí de pura coincidencia, y poder así hablar un momento con Aniki. Ya sabes. Para preguntarle cómo se encuentra…

— Aniki…— el menor sintió una punzada de culpa. Hace mucho que no había pensado siquiera en Yao, con todas las preocupaciones personales y de su trabajo que lo habían tenido ocupado todo ese tiempo — … Ojalá pudiéramos…

— Yong Soo, estás derramando todo el aceite.

— ¡Eh…!

En su descuido, una buena parte de la botella de lubricante para armas se había volcado sobre la pieza que limpiaba, y chorreaba por toda la mesa de trabajo. Yong Soo se apresuró a tratar de limpiarlo todo con un paño, pero este fue incapaz de absorberlo todo, y necesitó de tres telas más para disimular su descuido con relativo éxito.

— Si Aniki está en esa reunió con Honda y el sujeto que ladra… significa que Honda quiere seguir chupándole la sangre.

— No me extrañaría— objetó Hyung con un dejo de odio.

— Ojalá pudiese hacer algo para detenerlo— gruñó el menor por lo bajo.

Luego de unas horas, la reunión finalizó, y Hyung tuvo que volver con Honda para ver si éste necesitaba de sus servicios. Encontró el despacho casi vacío, de no ser por el mismo Kiku sentado frente a su escritorio lleno de hojas con apuntes desparramados. Sin levantar la vista, el japonés pareció dar cuenta de la presencia de su subordinado.

— Pase, joven Hyung.

El muchacho hizo caso, e ingresó a la oficina en silencio. Se disponía a reunir todos los papeles desordenados para ponerlos en archivadores, pero al plantarse frente a la mesa de Kiku, y extender las manos, éste volvió a hablar, y por acto reflejo el coreano se detuvo.

— No se preocupe. Ya lo haré yo mismo. De momento… ¿Podría pedirle que cierre la puerta? Quisiera hablar un momento a solas, sin interrupciones.

El vértigo revolvió el estómago de Hyung. Comenzó a sudar en frío. Por inercia, obedeció, volviendo sobre sus pasos, y cerró la entrada a la habitación. Se hizo un silencio absoluto, y todos los vellos de su cuerpo se erizaron. A solas con Honda. Algo malo debía de estar pasando.

— ¿Sobre qué… quieres hablar…?

Antes de responder, Kiku inhaló profundamente. Daba la impresión de que estaba tan nervioso como Hyung.

— Se avecinan tiempos complicados, joven Hyung. Me temo que por un tiempo estaré algo ausente… tengo asuntos que arreglar en el exterior, y me temo que deberé de delegar mi labor de diario en Tokyo en alguno de mis oficiales. Solo para que lo sepa, les debe a ellos el mismo respeto que a mí, y debe de obedecerles en todo lo que le digan mientras yo no esté aquí en casa.

"Como si fuera una gran novedad", pensó sarcásticamente el coreano. "Para casi todos aquí soy el chico de los mandados".

— Entendido.

— Confío en que actuará con la misma responsabilidad y transparencia de siempre con ellos— acotó ceremoniosamente — No veo en verdad motivos para pensar que no pueda usted obedecerme, aún cuando me halle lejos. Eso nos lleva al segundo tema que quería tratar con usted en privado, joven Hyung.

— ¿Cuál?

— Le dije ya que se avecinan tiempos muy complicados. Las cosas no están del todo bien allá afuera, y me temo que las posesiones del Imperio más allá de nuestra frontera están en gran peligro de caer en manos enemigas— explicó el japonés, levantándose de su asiento con ademán pensativo, caminando lentamente alrededor de su escritorio y el muchacho que le acompañaba, con las manos en la espalda — Debido a eso, a que no puedo encontrarme yo mismo fuera de casa para asegurar la protección de mis intereses, y a que ha resultado ser usted y leal servidor a mi persona, he meditado en la posibilidad de que…— hizo una pausa — de que pueda regresar a Corea.

— ¡¿De verdad…?!— nuevamente, su estómago dio un vuelco, está vez de emoción.

— Por motivos de protección, no estaría nada mal que como representante del estado soberano original de la península se encontrara defendiéndola de quienes pudiesen intentar tomarla por la fuerza— acotó, aún pensativo, caminando por el despacho — Como le dije, se nota que usted es una persona fiel, obediente a sus superiores, y en este tiempo mis jefes y yo hemos observado gratamente sorprendidos que su capacidad intelectual y su buena disposición han hecho que se empape satisfactoriamente con la cultura de mi país. Pero es algo que aún estoy pensando. Me gustaría que por el momento esto se mantuviese entre ambos.

— Seguro que sí— contestó Hyung, no pudiendo reprimir el leve esbozo de una sonrisa en sus labios.

— Y me refiero específicamente a que por lo incierto de mi decisión, evitara hablarlo con su hermano— puntualizó el japonés, subiendo la vista y deteniéndose frente a Hyung, detrás de la silla donde antes estuvo sentado — Para no crearle falsas esperanzas en caso que desista de esta propuesta. ¿Me da su palabra de hombre, joven Hyung?

No lo entusiasmaba para nada complacer a Honda con una promesa. Si iba a hacerlo, sería para que la buena noticia fuese una sorpresa para su hermano, para que le embargara la misma violenta alegría que a él hace tan solo unos minutos le había volcado el estómago.

— Tiene mi palabra.

"Volver a casa… ¡Qué magnífica noticia!".


Durante la Gran Guerra, a la cual Japón ingresó oficialmente el 23 de Agosto de 1914, el Imperio apoyó a la Triple Alianza, conformada por la Tercera República Francesa, el Reino Unido de Gran Bretaña y el Imperio Ruso.

Junto a otros beligerantes en esta posición, la Alianza combatió los esfuerzos de la Triple Entente (El Imperio Alemán, el Imperio Otomano y el Imperio Austo-Húngaro, más sus aliados) por imponerse y saciar sus ambiciones imperialistas sobre territorios europeos y en los demás continentes.

Para Japón era esencial defender su presencia en Asia, y para ello precisaba de expulsar a los alemanes en territorios cercanos a sus dominios. Al negarse Alemania a evacuar el noreste de China, Japón ocupó algunas islas en propiedad alemana situadas en el continente oceánico, además de darle un utimátum a China exigiéndole que no entregara ningún territorio frente a Taiwán a ningún país que no fuese el Imperio Japonés. Como consecuencia, recibió los derechos comerciales de Mongolia Interior y Manchuria, en el norte de la nación milenaria.

Otros movimientos de menor importancia tuvieron lugar en el Océano Pacífico por parte de las tropas de Australia y Nueva Zelanda. Japón, por su parte, consiguió ocupar el puerto chino de Qingdao, la principal posesión alemana en extremo Oriente, en 1914; además de conseguir también territorios en el Océano Pacífico.

Sin embargo, Japón no se detuvo allí. Muchas de las exigencias que hizo a China consistían en medidas estratégicas para aumentar su presencia en el país y reducirlo a un simple protectorado japonés. Pero China negoció muchas de estas demandas con una lentitud desesperante para los jefes del Imperio Japonés, además, el sentimiento anti-nipón era una amenaza cada vez mayor para los logros obtenidos hasta el momento, por lo cual Japón retiró las últimas demandas hechas a la nación milenaria.

El resto del conflicto no incidió demasiado sobre el Imperio y sus posesiones.


Aún cuando Kiku no había tenido que ausentarse tanto como creían sus subordinados, sí hubo varias semanas de tensión en la casa de Tokyo por las constantes visitas de diplomáticos chinos que se encerraban en el despacho de Honda para discutir sus demandas. Algunas veces esto tenía lugar en territorio chino, y desde allí, llegaban noticias de movilizaciones de tropas niponas contra posesiones alemanas, todas concluyendo en victorias favorables a Japón, que seguía sumando territorios a su cargo.

En un par de ocasiones los mellizos consiguieron inventar una excusa suficientemente buena para estar cerca del pasillo donde se situaba la oficina de su superior, coincidiendo con la hora de término de la junta. Vieron a Yao, pero fueron incapaces de llamar su atención. Y aunque lo hubiesen hecho, dudaban de poder haber cruzado palabras con él.

— Al menos… se ve que tiene un aspecto… mejor…

— Claro que no-daze. ¿No viste lo delgado que está? Y esas heridas… ¡Los hombres de Honda seguro lo están maltratando! — gruñó enfadado Yong Soo.

— Lo que me hace pensar… ¿Qué tan mal seguirán las cosas en nuestra casa?

— Seguro peor de lo que imaginamos-daze. No me hagas pensar en eso ahora, Hyung, que no respondo de lo que pueda hacerle a Honda… ¡¿Cómo es que a Mei le agrada tanto?!

— Dicen que el amor el ciego… créeme, yo también me pregunto cómo es que consiguió ver algo bueno en un sujeto tan abusivo— Hyung hizo arcadas — Realmente me repele.

Lo bueno de todo es que a pesar de las dimensiones del conflicto, este no tuvo mayor incidencia sobre los subordinados japoneses, salvo por un desgaste algo mayor dada la precaución que tomaron las tropas de alimentar mejor a sus soldados y mantenerlos en alerta constante.

Llegó entonces el año 1918 sin mayores disturbios en casa de Honda, y el gran conflicto mundial había finalizado.

Para cuando los armisticios fueron firmados, Kiku había tomado una decisión, y una mañana llamó a Yong Soo y Hyung a su despacho, dispuestos a darles una noticia.

Hyung sabía de qué se trataba, y no podía encontrarse más contento, cosa que extrañó a su hermano.

— ¿Desde cuándo te levantas de tan buen humor, más si tienes que empezar el día viéndole la cara a Honda? No me digas que tú también te has enamorado de él— bromeó el menor.

— Tengo la ligera sospecha de que tiene algo importante que decirnos. Algo bueno para ti y para mí.

— Estás contagiándote mucho con sus malas costumbres, Hyung— reclamó divertido — ¡Deja de hacerte el misterioso, y dime de qué se trata! ¡Estoy seguro que lo sabes-daze!

No pudieron seguir comentando al respecto. Habían llegado a la puerta de la oficina. Yong Soo tocó uno de los bordes de madera, y desde adentro, la voz del japonés diola orden de que pasaran. Los mellizos abrieron la entrada corrediza, e ingresaron, sorprendiéndose de encontrar allí no solo a Kiku, sino también a Mei, que llenaba una taza de té, mientras otras dos permanecían vacías.

— ¿Gustan algo de beber, jóvenes?

— Eh… no gracias. No hace mucho desayunamos— contestó Hyung.

— Bien. Puede retirarse, señorita Mei. Lleve las dos tazas a la cocina.

— Sí, señor.

— Gracias por la charla.

La jovencita salió sonriente y ruborizada del habitáculo con una bandeja entre manos, donde a causa de los nerviosos temblores, la tetera y las tazas se balanceaban peligrosamente. Cuando los tres hombres quedaron solos, el menor preguntó con malicia.

— Si puedo saberlo ¿De qué hablaban ella y tú, Honda?

— Arte. La señorita Mei parece muy interesada en las pinturas y la poesía tradicional de mi casa…

— ¿Incluyendo esos obscenos dibujos de mujeres intimando con pulpos[1]?

Hyung dio un respingo de sorpresa, y la imagen que recreó su imaginación le hizo enrojecer. Kiku, en cambio, palideció.

— Joven Yong Soo…

— ¡En serio, encontré un libro lleno de ellos el otro día en el estudio-daze! Lo que me lleva a preguntarte algo que hace tiempo he estado pensando: ¿Acaso eres virgen…?

— ¡Joven Yong Soo! — interrumpió el japonés alzando levemente la voz. La pícara sonrisita de su subordinado hizo que de pronto la extrema palidez del nipón se tornara sonrosada por la vergüenza — Eso no viene al caso. Si no les molesta, me gustaría ser breve, para que cuanto antes regresen a sus labores.

— Pues… adelante— tosió nerviosamente el mayor de los mellizos.

— Bien… como ya de seguro saben, el mundo entero sufrió grandes estragos a causa de la Primera Guerra Mundial.

— ¿"Primera"? — interrumpió Hyung — ¿Significa que habrá otra…?

— Dicen que no hay primera sin segunda-daze.

— Nadie tiene absoluta certeza, joven Hyung. Puede que los involucrados en el reciente conflicto que se vieron más afectados por el resultado quieran tomar represalias y desaten en el futuro una nueva contienda que pueda alcanzar o incluso exceder los parámetros de su antecesora… o puede que no ocurra nada. Es por eso que mi jefe ha decidido que tomemos precauciones ante un posible nuevo problema, y ha dejado a mi libertad optar porque regresen a Corea para mantener el control y la paz en su hogar— por un breve instante, un repentino asomo de felicidad iluminó los rostros de los mellizos, antes de que el japonés acotara: — Pero solo puedo permitirme enviar a uno de ustedes.

De inmediato, la alegría se desvaneció.

— No… ¡No puedes hacer eso! — protestó titubeante el menor — ¡Nunca nos hemos separado en toda nuestra vida! ¡No… no puedes!

— El daño que nos harías como nación…— dijo Hyung en una voz tan baja que nadie le oyó — Sería… gravísimo…

— Pues lo siento mucho, jóvenes. Me temo que mi decisión está tomada, y el barco rumbo a la península zarpará mañana por la mañana con uno de ustedes adentro— dijo Kiku.

— Pero… pero… ¡Honda! ¡No… no puedes! — repitió Yong Soo, indignado.

— Claro que puedo hacerlo— rectificó seriamente — Están a mi disposición. Puedo ordenar, hacer y deshacer como más le convenga a mis jefes según nuestras necesidades como Imperio. Y en virtud de la obediencia y la lealtad que me han prestado ambos, he decidido que el joven Hyung tiene a suficiente madurez como para seguir obedeciendo a mis órdenes aun sin estar bajo mi estricta vigilancia…

— ¿Q-qué…?— gimió el mayor.

— Y usted, joven Yong Soo, en todo este tiempo no ha mostrado demasiado apego ni simpatía por mi persona, y aunque no me ha desobedecido abiertamente, siento que aún le falta más tiempo en Tokyo para asimilar su situación como mi subordinado.

— Debes estar bromeando— refutó Yong Soo en una carcajada forzada e incrédula.

— Mi decisión ya está tomada. Joven Hyung: empaque sus pertenencias y téngalas listas para mañana por la mañana. Puede ayudarlo si quiere, joven Yong Soo. Ambos puedes retirarse.


Al llegar a la habitación que compartían, los mellizos desataron su furia con una acalorada charla que poco importó si los demás ocupantes de la casa escuchaban.

— ¡¿Qué pretende?! ¡Separarnos enviando a uno de regreso…! ¡Lo odio, lo odio…! ¡Cómo odio a ese… ese…! ¡AGH! — Yong Soo estaba rojo de ira. Seguro tenía muchas ganas de romper a patadas los muebles, pero se contuvo, y solo se dejó caer en su cama con brusquedad. Bajo su peso, las maderas rechinaron peligrosamente.

— ¡Debí sospecharlo cuando me lo comentó al comenzar la Gran Guerra! ¿Cómo puede ser tan desalmado…?

— ¿Desalmado? ¡Dí las cosas como son, Hyung! ¡Es un bastardo, un cabrón, es un cruel y miserable perro que se escuda tras las decisiones de sus jefes para hacerle la vida imposible a la gente! ¡¿Viste cómo parecía disfrutarlo el muy maldito?! ¡Lo odio! ¡Cómo lo odio…!

Había visto a Yong Soo furioso otra veces, pero en esta oportunidad, Hyung comenzaba a aterrarse. No solo estaba hablando de más –seguro luego le castigarían por todos los insultos dirigidos a Honda-, sino que sus ademanes, sus gestos, todo en él en ese momento era preocupante. Los ojos castaños, cálidos y normalmente amables de su hermano echaban chispas de furia, a la vez que enrojecían y se llenaban de lágrimas.

No era la primera vez que lo veía llorar. Pero por primera vez, y como nunca antes, Hyung sentía que esas lágrimas lo hacían querer cambiar el mundo, y hacer hasta lo imposible por conseguirlo.

Pronto, los gritos y maldiciones de su hermano perdieron fuerza, y éste calló, permaneciendo cabizbajo y silencioso, mientras sollozaba preso de frustración.

"En serio… ¡Tengo que hacer algo!", se reprochó Hyung. "Soy su hermano mayor, aunque por muy poco. Es mi deber como tal protegerlo, hacerlo feliz, e impedir que lo lastimen".

Pronto, una punzada de dolor le perforó el pecho.

"Ya le fallé una vez… ¡No puedo permitirme hacerlo de nuevo!".

Pero… ¿Qué podía hacer?

—… Creo que tengo un plan.

Yong Soo no levantó la vista, pero dejó de hipar, en señal de que le estaba poniendo atención.

— Empacaré todas mis cosas, y me iré mañana.

— ¿Vas…? ¡¿Vas a dejarme solo?! — gimió desconsolado el menor — ¡¿… Vamos a separarnos?!

Colocándose de rodillas frente a él, Hyung obligó a su hermano a mirarlo a los ojos. Se conmovió al ver que las pupilas temblaban bajo un irritante manto acuoso de llanto, y estuvo a punto de contagiarse con él.

— No será por mucho.

— ¡Pero…!— hipó, tomando la mano derecha de su hermano, y enroscando torpemente su meñique con el de él — ¡Prometimos que siempre estaríamos juntos! No me hagas esto Hyung… ¡No podré soportar a Honda en este infierno yo solo! ¡Te necesito conmigo! ¡No me dejes…!

— Tranquilo ¡Tranquilo! — se aprontó a decir, impidiendo que la voz se le quebrara — Te prometo, en serio te doy mi palabra, de que antes de lo que piensas volveremos a estar juntos— dijo, tocándole el rostro con la mano cuyo meñique no estaba enlazado al de Yong Soo — Y todo será mucho mejor. Volveremos a los viejos tiempos, nos encontraremos otra vez en casa… en NUESTRA casa.

— Hyung, no, por favor… ¡No puedes irte!

— Sé fuerte— ordenó con fraternal determinación –aunque en seguida la culpa se retorció dentro de su pecho ¿Quién era él para ordenarse eso a su hermano, cuando él se había humillado ante el japonés hace unos años?-. Apretó con fuerza la mano de su fraterno, y secó sus lágrimas — Y confía en mí. Podrás soportarlo ¡Y tendrás a Mei para que juntos se hagan compañía! Yo tengo cosas por hacer en casa, tengo una enorme deuda contigo y con toda la gente que en este preciso momento necesita de alguien que los proteja. Alguien que los aliente a defenderse de los abusos y les regrese las ganas de luchar por lo que les pertenece. Necesito que seas valiente, que te tranquilices, y me prometas que no harás nada bobo cuando yo no esté.

— P… pero…

— Y yo, por mi parte, te prometo que daré lo mejor de mí, y todos los días pensaré en ti, y todo lo que haga será por nosotros y nuestra gente… ¿Me lo prometes?

— No puedo…— suspiró.

Hyung se incorporó, soltando a Yong Soo, y se sentó a su lado en la cama. En un gesto que muy pocas veces había efectuado, envolvió al menor de forma protectora con sus brazos, y lo estrechó contra él, recostando su cabeza en el espacio que había entre el hombro y el cuello. Le habló al oído con la misma paciencia, la misma dulzura y calidez con que siglos antes hubiese hecho en circunstancias similares, bajo un sauce, a la vera de su sombra en una cálida tarde de juegos y risas.

— Entonces no podré irme tranquilo mañana… Honda no me dejará opciones, y lo sabes. Será mucho peor para ambos que nos separemos en estas condiciones, temiendo el uno por el otro, en lugar de darnos apoyo y confiar en que todo va a salir bien a fin de cuentas. Te lo pido una vez más, Yong Soo: confía en mí. Esta vez no voy a decepcionarte. Nuestra gente merece que les lleve justicia, pero para eso, debo sentirme fuerte. No podré hacerlo si me voy sabiendo que estás mal… dame la tranquilidad que necesito… al menos dime que lo intentarás. Y yo, en serio te lo prometo, juro por nosotros que haré todo lo que de mí dependa para que nos reencontremos pronto en donde pertenecemos: … una tierra libre, próspera y soberana donde volvamos a hacer felices a la gente… donde tú y yo volvamos a ser felices.

Yong Soo rodeó la cintura del mayor con sus brazos, y acurrucándose con la cara empapada en el hombro de su hermano, realizó un movimiento de asentimiento con la cabeza, mientras inhalaba entrecortadamente por la nariz.

Entonces, Hyung se separó de él, lo tomó por los hombros, dedicándole una sonrisa sincera.

— Gracias.


A la mañana siguiente, tal y como habpia indicado Kiku, Hyung abandonó la residencia en Tokyo con su equipaje en un morral de viajes, y se despidió con reverencias del personal de la casa. Mei casi estalla en llanto. Le había tomado bastante cariño al mayor, y de solo pensar en lo triste que debía sentirse Yong Soo con su partida ella misma sentía un profundo pesar. No obstante, fue el mismo muchacho, el menor de los coreanos, quien se encargó de tranquilizarla diciéndole que volverían a verse pronto, y que tal vez pudiesen enviarse correspondencia –aunque dudaba que fuese a ser una vía muy cómoda para comunicarse-, consiguiendo aliviar un poco a la taiwanesa.

Los demás funcionarios despidieron al muchacho deseándole un buen viaje, dándole algunas cajas con provisiones para el camino. Los escoltas de Kiku, acompañando a las dos naciones asiáticas que iban hacia el puerto, se alejaron dejando la residencia imperial atrás, y no tardaron en perderse.

Con el paso de algunas horas, y ya restablecida la rutina entre los trabajadores, Yong Soo conservaba en su interior, justo debajo del punzante dolor en el pecho que no se había desvanecido desde la mañana, la esperanza de que tal vez a mitad de camino Kiku se arrepintiera, considerando que era una pésima idea enviar de vuelta a un muchacho decidido a pelear desde la península por la libertad de Corea, y regresara con él.

Pero cuando Kiku llegó, venía con sus escoltas… y sin Hyung.

— Llegará durante la tarde a su destino. Allá le recibirán mis hombres con las instrucciones que he enviado con el emisario durante esta semana.

— ¿Iba… bien? — preguntó Xiao Mei con pesar — ¿No dijo nada antes de embarcarse?

— Bueno… reiteró sus despedidas, y me pidió que se las traspasara— dijo Kiku — Pero nada más. No hubo mucho tiempo para hablar, y parecía tener algo de prisa por subir al barco. Me parece que se tomó bastante bien mi decisión al fin y al cabo.

— ¡Oh, espero que le vaya muy bien en su casa! — suspiró la joven — Es una buena persona. Se ve que tiene un corazón muy bondadoso.

— Temo que no puedo afirmar con la misma certeza que usted sobre el joven Hyung— acabó Honda, fatigado — Creo que ya es hora de comer. Haga el favor de ir a avisar al joven Yong Soo para que se asee y cambie de ropas. Esta vez tenemos un invitado muy importante en casa, mi jefe, para charlar sobre nuestros futuros proyectos.

— ¡En seguida, señor!

Mei avisó a Yong Soo para que terminara con sus labores en el taller. El coreano, sin tardarse, fue por un momento al baño para lavar su cara y manos, y luego subió a su habitación para cambiarse de ropa. Elegiría su mejor conjunto, y como había prometido a Hyung, se portaría bien con Kiku, no causaría discusiones innecesarias ni se pondría de mal humor, porque entonces no tendría con quién desquitarse, a menos que a falta de su hermano, decidiera hablar con la enamorada Xiao Mei sobre lo mucho que despreciaba a su verdugo.

Cuando entró en el cuarto, no pudo evitar pensar en su hermano. Al ver su cama vacía, sin sábanas, y el armario sin las ropas que le pertenecían al mayor, sintió de pronto que toda la casa estaba inundada por un frío glacial, que de pronto las paredes eran más altas, más anchas, que todos los cuartos habían aumentado considerablemente su tamaño, y en medio de ellos, él era muy pequeño.

Una oleada de tristeza le hizo tiritar al momento en que terminaba de arreglarse, y cuando nuevamente los ojos se le impregnaron de lágrimas, decidió que no era buena idea bajar todavía, pues no quería que nadie lo viera en uno de sus momentos de debilidad. Se sentó en la cama, con ademán pensativo, y la vista clavada en el suelo.

Su mayor terror, desde que era niño, pendía de un hilo de hacerse completamente realidad.

Sin Hyung haciéndole compañía en aquélla casa inmensa, fría, tan falta de cariño, tan llena de la ausencia de su fraterno… por primera vez en su vida, Yong Soo se sintió inmensamente solo.


La recepción en la península estuvo muy lejos de ser cálida. Y no era como si Hyung esperara más de esa tropa de soldados que sin dirigirle la palabra, le guiaron hasta la que hace algunos años era su morada. Cuando abrió la puerta, se dio cuenta de que allí todo estaba intacto, tal y como había quedado la última vez, por tanto había permanecido desocupada.

Olía a encierro y humedad.

Cuando terminó de acomodarse –aunque por orden de Kiku, no podía quitarse sus ropas de corte nipón-, Hyung salió de la morada dispuesto a dar una vuelta, con tal de apreciar el panorama general de su casa.

No podría haberse llevado una mayor decepción.

La gente caminaba a paso lento y con expresión desganada, luciendo todos como demacrados clones con apenas unas diferencias entre hombres, mujeres y niños. Todos muy pálidos, tristes y delgados. Algunos se diferenciaban de los demás gracias a horrendas marcas de golpes en partes visibles como la cara, el pecho y los brazos, y quizás cuántas más hubiesen bajo sus ropas.

El coreano se sintió de pronto avergonzado de su aspecto pulcro y su buena nutrición, por lo injusto que resultaba que mientras su pueblo pasaba hambre y miserias, él hubiese tenido una estadía relativamente acomodada en casa de Kiku, tan lejos de presenciar dicha tragedia.

Algunos hombres y mujeres de edad adulta que se atrevieron a levantar su vista del suelo, contemplaron al mayor con ojos mustios, y en seguida, sus rostros se iluminaron con sonrisas de alivio. Muchos de ellos se acercaron a saludar a Hyung, y pronto, alrededor de él, se formó una heterogénea agrupación de curiosos que lo bombardeaban con preguntas en voz baja.

— ¡Ha vuelto! ¿Qué significa esto?

— ¿Ha venido a ayudarnos?

— Mami… ¿No es él el hombre al que los japoneses se llevaron primero que a papá?

— Es él, corazón. La viva representación de nuestro país— contestó la mujer con orgullo.

— Pero… ¿No son dos?

— ¿Dónde está su hermano…?

Aterrado con la idea de que aquella multitud pudiese llamar la atención de las tropas que vigilaban Corea, Hyung los invitó a todos a guardar silencio por un momento, y a dispersarse hasta que las sospechas de los guardianes imperiales se hubiesen desvanecido. Pronto, la gente volvió a congregarse en una de las callejuelas menos transitadas de la capital, ansiosos de oír las declaraciones de su representante.

—Me han enviado desde Japón por nuevas políticas de gestión ordenadas por el Emperador. Sin embargo, me complace decirles que no vengo con las intenciones de que su dominio sobre nuestras tierras dure mucho más. Estoy al tanto de que han tenido que soportar un sinnúmero de abusos e injusticias de parte de los japoneses, pero donde me encontraba, no tenía posibilidad de auxiliarlos directamente sin levantar sospechas.

— ¿Entonces… ha vuelto para liberarnos?

— En cierto modo sí. Pero no podemos arriesgarnos a estropear estos planes por ser demasiado impulsivos. Debemos tomar precauciones, organizarnos de la manera más silenciosa posible, disimular frente a los japoneses, pero ser efectivos al momento de actuar. Necesitaré de toda su colaboración.

— ¿Peleará usted junto a nosotros? — preguntó un hombre mayor, en parte esperanzado, en parte desconfiado y malicioso. Seguro antes ya habría presenciado la forma en que Hyung se humilló públicamente ante Kiku, y su pregunta apuntara de cierta forma a ese evento en particular como una muestra de recelo.

— Lo haré en la justa medida que pueda. Muchas veces tendré que rendir cuentas a las autoridades niponas, dado que soy el representante de este reino. Seguro muchos de ustedes recuerdan mi actuación cuando Kiku Honda, representante del Imperio japonés, vino a llevarnos a mi hermano y a mí a Tokyo…— suspiró apesadumbrado — Déjenme decirles que estoy muy arrepentido por haberles fallado aquélla vez… les prometo que no va a repetirse. Ya me permití ser un cobarde, y las consecuencias para ustedes han sido terribles…

— ¡De verdad terribles! — sollozó una mujer — ¡Se han llevados a mis dos hijos… hace tres meses! Temo que los hayan ejecutado.

— Perdí a mi bebé a la fuerza, por tratar de defender mi casa de un allanamiento.

— Mi padre, un venerable anciano, murió enfermo y de hambre la semana pasada…

— Mi hija fue llevada a unas islas en el Sur… por las nuevas políticas de aislamiento para enfermos de lepra.

— Los abusos seguirán mientras nosotros no hagamos algo por detenerlos— sentenció Hyung, indignado con todo lo que escuchaba — Prepararemos una resistencia armada a lo largo de todo el territorio. Reclutaremos a la mayor cantidad de gente posible, boicotearemos las producciones, y esconderemos nuestras identidades cuando sea necesario. Las rebeliones deberán tomar fuerza de forma simultánea y sorpresiva, de modo que la policía no pueda reaccionar a tiempo ¡Cualquier ayuda será bien recibida!

— ¡Cuente conmigo! — gritó el hombre que antes lucía tan desconfiado, y muchos de los presentes le secundaron.

— Extiendan el mensaje de manera disimulada ¡Que los japoneses no los oigan! Y si los atrapan, no digan nada. Yo mismo actuaré en su defensa. Vamos a liberar a nuestra gente ¡Vamos a liberar a nuestro hogar! ¡Esta vez, vamos a librarnos de los invasores, cueste lo que nos cueste! ¡Y seré yo el primero en enfrentarlos cuando traten de ponerles de nuevo una mano encima! ¡Porque no pienso seguir permitiendo que opriman al pueblo por el cual prometí vivir y luchar para convertir a esta nación en un reino poderoso y libre! ¡Todos juntos, vamos a liberar Corea!

Esa vez, no le fallaría de nuevo a su pueblo. Ni a su hermano.


Notas:

[1]Shunga: "Imágenes de Primavera". Datan del Periodo Edo (1603) hasta finales de la Era Meiji (con la prohibición de "material obsceno" en 1907) . Eran dibujos eróticos que describían relaciones sexuales explícitas de todo tipo, incluyendo diversos actores de la sociedad japonesa (cortesanas, esposas, comerciantes, monjes, samuráis) e inclusive animales y seres mitológicos. Se dice que el shunga ha servido para inspirar el género "hentai" que hoy conocemos, aunque con notables cambios.


Notas de la Autora:

¡Hey! ¿Qué tal? ¿Se esperaban el capítulo número 12 de este fic tan pronto?

¡Volvemos al drama! D: Oh, cómo deben estar sufriendo los dos hermanos :( pero ¡No será por demasiado tiempo! Hyung está decidido a compensarle a su hermano lo que hizo en 1910 por la Ocupación japonesa, y Yong Soo es fuerte, podrá sobrellevarlo :'3 ¡Fuerza, mellizos Im! ¡#TodosSomosCorea! (?)

Gracias a Dazaru Kimchibun por comentar el capítulo anterior.
Invito a todas aquellas personas que desean apoyar mi trabajo a manifestarse opinando en sus reviews, indicando cualquier alcance, sugerencia o corrección que quieran hacer en caso de hallar errores, y por supuesto, a darle "follow" o "favoritos" a este fanfic, que por cierto, me atrevería a decir que está un poco más avanzado de la mitad.

¡Nos estamos leyendo pronto!