Ocaso de un Amor
CAPITULO XII
DULCE DECLARACION DE GUERRA
HARUKA VS. MICHIRU
Hotaru estaba enfadada no quería hablar con Michiru, vanas explicaciones cualquiera las podía dar una realidad concreta ella la podía observar y el futuro... el futuro sólo lo podía esperar, Setsuna la dama del tiempo se reservaría ese derecho como propio; acaba de regresar de casa de Amy subió a su alcoba prendió la televisión en el canal de MTV estaban a la mitad de una canción de un de sus grupos favoritos: LimpBizkit. Christa entró en forma sigilosa, le ofreció una galleta a la chica quien la aceptó de mala gana, la criaturita comenzó a bailar imitando algunos movimientos que veía en la televisión con otros propios de una forma muy graciosa. Hotaru sonrió
- ¡Christa baja! – gritó Michiru
El chofer de la familia Korhauser había llegado. Su nombre era Vladimir, era algo paliducho y endeble, a pesar de sus facciones dulces y finas tenía una personalidad muy imponente. Sus rasgos dejaban ver su raíces alemana. El chofer se quitó la gorra y acomodó su abundante cabello rubio.
- ¿Gusta tomar algo?
- No gracias muy amable – su acento le delataba, marcaba las r con gran énfasis, sin duda un alemán.
Christa saltó sobre Michiru, le dio un beso tronadito y tomó su gorrita roja para irse
- Nos veremos mañana señorita – se despidió el hombre tomando a la niña de la mochilla
- Esto esta mal – decía Rei
- Si¿qué vamos a hacer?– preguntó Makoto
- No está bien que las amigas peleen – concluyó Usagi
- ¡Ay Usa tonta AÚN no entiendes – le recriminó Rei
- Entender qué – preguntó desconcertada la chica de coletas
- Michiru y Haruka se pelearon porque Haruka tiene otra novia
- ¡¿Otra novia?!
Un profundo suspiro por parte de Minako
- ¿Por qué Haruka no se fija en mí?
- ¡Minako! – le reprendieron al unísono
- Yo creo... creo que no debemos entrometernos – rompió el silencio Amy
- Claro que sí, esto es trabajo para Sailor Venus la diosa del Amor – le contradijo Minako
- ¿Alguna idea? – les interrogó Makoto
- ¡Ay chicas! Mejor dejen así las cosas... conociéndolas acabarán enredándolo todo – dijo Amy preocupada
Las chicas se vieron entre ellas y negaron con la cabeza, no permitirían que el Amor se terminara frente a sus ojos sin hacer absolutamente nada.
- Buenos días – le recibió gustosa. Ayer había faltado sin avisarle
- ¿Estás lista?
- Sí, aquí está la tarea, me esmeré mucho... está mojadita... Jack la babeo y aún no se seca totalmente – le dijo Jessica muy seria.
Michiru hizo algunas muecas
- Jajaja... no es cierto... ¿Estas bien¿Por qué no viniste ayer?
Michiru se disculpó, excusas le sobraron. Jessica le observaba de forma suspicaz, debía tener cautela en la forma en que le diría que Haruka se había mudado ahí.
La clase comenzó. No sabía como empezar... Pudo haber hecho algo pero se había vuelto un espectador de las vidas ajenas y hasta de la propia sin que nada le inmutara. No oía los pensamientos de Michiru, cada que sus nervios le ganaba terreno su increíble don se desvanecía. Lo pensó bien, no era su problema, de nada valdría haber alargado la agonía de aquel amor. Por fin se atrevió
- Haruka estará viviendo un tiempo aquí
Michiru había escuchado toda la confesión mientras escribía en la pizarra el tema, no se había alterado de ninguna forma
- El tema de hoy es perspectiva, apúntalo – dijo cuando terminó de escribir
- Habrá una ópera esta noche ¿Irás? – intentó cambiar de tema de conversación, la situación se ponía difícil
- No sé... mmmm – su cabecita empezaba a fraguar ideas malévolas – Asegúrate de que Haruka vaya ¿Quieres?
- ¿Por qué? – no le agradó la forma en que sonreía
- Porque sí – contestó molesta
La tarde era preciosa, el sol tintineaba entre las nubes perezosamente pronto se iría para dar paso a la luna. Paseaban por el Centro de Tokio
- Veamos así que te gusta la ópera – comentó Alexis, aún tenía una sonrisa nerviosa en rostro, definitivamente la seriedad de Michiru lo enloquecía tal vez por ello le atrajo tanto no era como las demás mujeres que había tenido Michiru simplemente era inalcanzable. Una de esas estrellas fugaces que pocas veces llegan a verse... y tan inalcanzable.
- ¿A ti no?
- Si claro... no tenía pensado ir y menos que me invitaras... eso me causa un gran halago... podríamos ir a cenar terminando
- Si como quieras – contestó la joven con apatía
Michiru estaba ausente, sus pensamientos seguían en un horizonte lejano, la platica se había concretado a la ópera sin llegar a un gran interés por ninguno de los dos. Alexis aún tenía mucho que pensar, la sola idea de niños le aterraba y le regresaba a su inalcanzable realidad
- ¿Te gustaría que te llevara a algún restaurante en particular?...Michiru, princesita... ¿Me estás escuchando?
- Eh
- ¿Qué te pasa?
- Nada... no es nada... Tengo que irme.
Ya era tarde, había muy poca gente en el autódromo Entró lentamente Clift estaba volteado de espaldas, seguramente aún no notaba su presencia. El muchacho estaba acomodando sus cosas, sacó el casco de la mochila abrió el casillero y por el espejo que éste tenía se dio cuenta de la presencia de su visitante: Michiru; la joven no se veía bien, estaba parada en el umbral de la puerta con rostro pálido y afligido, sus ojos le mostraban lo mucho que estaba sufriendo, la joven le sonrió forzadamente.
- Hola preciosa – le saludó el muchacho con alegría.– Soy un desorden total – dijo sacando todas las envolturas de chocolates que guardaba en el casillero.
La joven tomó el casco y comenzó a observarlo con detenimiento, Clift se echó el cabello hacia atrás y tomó asiento.
- ¿Qué tienes linda?
La respuesta tardó Michiru necesitó tiempo para deshacerse de ese nudo en la garganta que le quebraba la voz
- Ganas de matar a Haruka
- ¡Ay Caramba¿Por qué?... ¿Qué te hizo la sonsa?
- Si supiera todos los apodos que le das seguramente ya no vivirías
- Nah, si lo sabe, que se haga la ingenua es otra cosa.
De nuevo silencio, tenía tanto miedo de llorar , no podía, no debía llorar por algo que ella misma propició. Siguió contemplando el casco, los logos de diversas empresas se empalman entre ellos haciéndolo verse visto, con su dedo índice siguió la línea de cada letra que conformaban el nombre del muchacho.
Respetó su silencio, colocó su mano en el hombro de la joven en una sincera demostración de solidaridad, ahora las palabras sobraban...
- Pensé que me amaba, que su amor era eterno...¿Qué nos sucedió? – su voz fue casi inaudible
- Chiquita – le tomó del mentón de forma dulce – un pleito no es el fin del mudo, cuéntame¿por qué riñeron?
Sus ojos quedaron encontrados, respiró profundamente, no estaba dispuesta a derramar ni una lágrima más por Haruka; tardó un poco en recobrar su serenidad. Le contó el altercado con detalle, prefiriendo suprimir del relato su sentir.
- ¿Aún le amas? – Clift fue directo, más que buscar culpables más que razones qué tanto amor perduraba, le preocupaba tanto que la muchacha evadiera sus sentimientos.
La chica meneó la cabeza ligeramente como respuesta.
- Necesitas tiempo, necesitas aclarar la mente y tu corazón
- Debí decírselo – de nuevo ese sentimiento de culpa la apresaba
- No tiene caso que te culpes – buscó la mirada de sus profundos ojos azules – los errores se cometen y lo que ahora debes pensar es en no tomar una mala decisión.
De nuevo silencio, cuántas cosas no pasaban por su mente, cuántas sensaciones no le invadían. Estaba apunto de llorar.
- No te pongas triste... ni llores... mira que soy muy sentimental y habrá dos chillones aquí... Venga – entonces la abrazó – Dale tiempo preciosa... la pobre niña tonta no sabe ni que le está pasando, ambas necesitan tiempo – intentó consolarle. Hubiera dado la vida por lograr con aquel dulce abrazo protegerla de todo mal... de todo dolor
- Tiempo... – resonó aquella extraña palabra en su cabeza – no es tiempo... se acabó Clift, se acabó – ya no pudo reprimirlo más, el llanto había ganado aquella batalla
- No llores, ya encontraremos una solución...
- Sí matarla de celos
- Jajaja tranquila fierecita... eso no... eso... veamos... eso... ¡Esos es brillante!...
- Se supone que debes decirme que no lo haga – le dijo entre sollozos
- Lo sé pero no quita que sea una idea muy buena... anda linda no te me pongas triste, ya se nos ocurrirá algo bueno – le limpió las lágrimas
Volvió a abrazarla, quizá no apagaría su dolor sin embargo lograría mitigarlo, porque pasara lo que pasara siempre estaría a su lado para ayudarla.
No le costó mucho convencerlas de que le acompañaran a la ópera, la situación sería divertida. ¡Qué habría planeado Michiru! Estaba a punto de averiguarlo.
La corbata empezaba a estorbarle, esa noche hacía mucho calor. Jessica se veía majestuosa, lucía un bello vestido de noche color azul, Sydney aún seguía conservando su apariencia inocente e infantil a pesar de la elegancia con que vestía. Se acomodaron en sus asientos en el balcón, pronto pudo observar que Michiru entraba al auditorio muy bien acompañada, le arrebató los prismáticos a Jessica y así pudo observar quién era su acompañante.
Dio miradas de soslayo, había encontrado a Haruka, sonrió maliciosamente y tomó del brazo a su acompañante con mucho cariño. Haruka se sentó ya enfadada
- Solo te falta patear el suelo y empezar a berrear como lo hace Christa – dijo Jessica burlona
- A ver ¿quién es? – dijo Sydney tomando los prismáticos – Michiru Kaioh... ¿y el otro quién es?
- Un idiota – contestó Haruka
- ¡Qué idiota tan afortunado! – comentó Jessica con sarcasmo
Pronto la función dio comienzo, las luces se apagaron y el telón se levantó; el primer actor salió así comenzó la opera, entre los aplausos de la audiencia. Michiru daba ligeras miradas se esforzaba en mostrarse cariñosa y muy atenta con Alexis; estaba provocando los celos de Haruka.
La función terminó, Haruka tomó a Sydney del brazo y se apresuró a salir, se detuvo a la mitad del pasillo y comenzó a comportarse muy cariñosa, le mordió ligeramente la oreja, le besó el cuello, le tomó la mano como si fueran enamorados, la pobre chica estaba desconcertada, no se explicaba el comportamiento de su pareja ni le agradaba la sonrisa de Jessica.
Michiru salió abrazada de Alexis, un ligero beso en los labios. Makoto e Itan también habían acudido, con la idea de una sana diversión, ahora Makoto estaba muy tensa ¿qué planeaban? No sabía si debía saludar a Haruka, pero Michiru se le adelantó
- Buenas noches – contestó Jessica al amistoso saludo
- Mira te presento a Makoto e Itan – hizo una pausa – ella es mi alumna Jessica, Sydney y... y ya conocen a Haruka – dijo con desdén este último nombre
Un intercambio de formalismos y cortesías
- Acabaré botándome de la risa si sigues así... No utilices a Syd, Haru – le susurró
Protocolos, diplomacias ¡Quién las necesitaba en aquel instante! Makoto no veía el momento en que Alexis y Haruka acabarían dándose de golpes. Itan también estaba tenso, cortó en seco la plática y jalando a Alexis mientras Makoto hacía lo propio con Michiru se retiraron. Ya que la distancia fue prudente pudieron respirar tranquilos.
Jessica se carcajeó sin poder parar. Sydney no quitó su expresión de interrogación.
Bajó a desayunar, Sydney estaba acomodándose su corbata verde, que no combinaba con lo que vestía
- Guten Morgen [Buenos días... ¿Te gusta mi corbata?
- La corbata es bonita, pero no va con lo que luces – le dijo la joven rubia
- Ja [Sí
- Buenos días Meine zeit knappbemessen [Ya es tarde – Jessica llegaba muy apresurada, checó su reloj – Sie machte die aufgabe nicht, und es ist schon spät [No hice la tarea y ya es tarde
- Ya viste mi corbata – sonrió de forma burlona. Jessica frunció el ceño – Ayer se la gané en un juego de Play – le explicó a la joven rubia que no había entendido la broma
- ¿Juegan apuestas de prendas? – le preguntó mirándolas con picardía
- Ja [Si
Jessica dio un ligero suspiro
- Genau Hübsch ... Rachsuch? Gester benutzte es uns heute , ich mache aufwärts für zum ende verstehen sie mich nicht sie sin sehr albern – la plática siguió en alemán
- Qué mala eres, como Haru no te entiende nada
- Deberías enseñarle alemán... Primera lección, escucha con atención Küssen sie mich, significa bésame, practícala
Haruka rió ¡Qué frase tan útil!
Frecuentaba menos el autódromo, Clift por su parte se mostraba frío y cortante con ella las pocas veces se veían, al principio creyó que se trataba de un juego ahora ya no estaba tan segura. La única razón para que Clift estuviera molesto era el altercado de la semana pasada, sus pensamientos viajaron a aquel fatídico día. Haruka lo había encontrado platicando con Michiru...
- ¿Y de qué tanto platicaban? – le había interrogado cuando la muchacha se había ido, la pregunta había sido obligada, en realidad no le interesaba
- De ti – fue más que sincero – De lo mal que nos caes – había comenzado a juguetear con las palabras
- ¿Ah si? – su tono no denotó enfado, de antemano sabía lo mucho que Clift disfrutaba sacándola de quicio
- Sí, eres odiosa, te idolatramos, te amamos con todo el corazón, bueno que digo idolatrar va más allá y tú y tú lo único que haces es lastimarnos, corresponder nuestro amor con dolor.
Haruka no se lo había tomado muy enserio y quizá no hubieran llegado lejos si no hubiera externado tan duramente que no le importaba en lo más mínimo ni Michiru ni él... lo había herido en lo más profundo de sus sentimientos, sus palabras habían sido cueles y despiadadas, aniquilando los buenos sentimientos del muchacho en un par de segundos...
El muchacho se acomodó la corbata para después admirarse en el espejo, la joven lo observaba con cuidado
- Vanidoso – le comentó en tono de mofa
…l no contestó, no quería ya ningún trato con ella, sus niñerías le tenían hastiado.
- ¿A dónde vas? – no ganaba mucho preguntándole, desde el incidente su actitud era de indiferencia
- A una comida – contestó de forma cortante
- ¿Formal? Que raro a ti no te gustan esas reuniones
No hubo más comentarios, el chico cerró el casillero, metió la mano al bolsillo del pantalón
- Te ves bien...
Dio media vuelta, estaba enfadado.
Hasta hoy se había dado cuenta del alcance que tuvieron sus palabras, había hablado sin pensar... Ya no le llamaba "Angelito"... en parte eso quería ¿no?, frunció las cejas ¿No quería que la dejara en paz? Lo mejor sería buscar la forma de congraciarse con él... si era sincera consigo misma debía admitir que lo extrañaba y mucho.
Pidió un café, ayer no había dormido bien, sus pensamientos estaban atrapados en su hermosa guerrera del viento. Meneó la cabeza, abrió el libro y dio un nuevo sorbo a su café. Jessica aún trabajaba en el boceto del jarrón.
- Maldito jarrón – dijo entre dientes borrando las líneas que acababa de trazar. Michiru sonrió
- Dibuja lo que ves no lo que crees que ves... todos tenemos un concepto de qué es un jarrón y ese es el defecto, plasma el objeto que estas viendo, olvídate que es un jarrón, traza las líneas que vez.
Su alumna frunció el entrecejo, nunca había sido buena para dar proporciones, acostumbraba trazar hasta que su pupila se satisfacía... dibujar iba más allá de eso, era plasmar el estado real de los objetos y de ahí poder brincar a trazar el espíritu mismo de los modelos, trazar el alma misma del pintor...
Haruka entró al despacho, se había olvidado por completo que la clase se llevaba ahí esa mañana. Michiru forzó su rostro a ejecutar una mueca de enfado al verla ingresar al despacho
- Buenos días – saludó la joven rubia acomodándose el cabello
- ¿Te gusta? – le interrogó Jessica levantando el cuaderno de dibujo
- ¿Qué es eso? – contestó la interrogada
- ¡Es un jarrón¡Olvídalo no sabes nada de arte!
- Pues parece todo menos jarrón – se defendió
La joven de cabellos aguamarino contrajo las cejas al ver sonreír a su amante y le dijo notablemente irritada
- Estas interrumpiendo MI clase
Haruka le vio de forma retadora, tomó los libros que necesitaba después salió con calma y aún con su sonrisa encantadora que antes había fascinado a su amor y hoy simplemente le causaba ira.
Estacionó el auto como artista de Hollywood: Metió el freno precipitadamente, viró el volante salvajemente, metió reversa y pronto quedó en el espacio preciso, no sin antes haber atraído la atención de todos los presentes por el escandaloso rechinido de los neumáticos
- ¡Qué manera de conducir! – exclamó Haruka
- Conduce bien, lo que nunca ha podido hacer bien es estacionarlo – le dijo Sydney recargándose en el Ferrari.
Jessica bajó del auto, definitivamente se creía artista de cine, se llevó las gafas oscuras a la cabeza y tomó su tan acostumbrada altivez. La sonrisa de la joven rubia se desvaneció para dar paso a un gesto de interrogación al ver descender del auto plateado también a Michiru.
Habían acordado llevar a Christa al parque, Jessica les había dicho que les alcanzaría al terminar la clase, jamás mencionó que llevaría compañía. Haruka fue a la taquilla, las demás se dirigieron a la entrada del parque donde ya estaba esperándolas Alexis. Jessica recordó que aún no aclaraba la pequeña confusión causada por Christa. El joven se apresuró a sacar una paleta de su bolsillo
- Hola pequeñita, mira paletita – le decía mostrándole el dulce, estaba muy nervioso le cohibían esos enigmáticos ojos azules, la niña sonrió y tomó el obsequio con un poco de recelo
Michiru le saludó con gran afecto, el muchacho aún observaba a la niña
- Me va a costar trabajo tu pequeña ¿verdad? – se llevó la mano detrás de la nuca
- Es que percibe tu miedo, Chris no muerde Alexis – dijo con tono burlón
Haruka les observó con desinterés, tomó a la niña y la subió en sus hombros.
También había invitado a Itan y Makoto. La muchacha de cabello castaño enmudeció Haruka y Alexis juntos significaban problemas, estas casualidades se estaban volviendo muy repetitivas
- Makoto cómo estás? – le saludó Michiru
- Alarmada – musitó – ¡Bien! – reaccionó
- ¡A divertirnos! – gritó Jessica llena de júbilo
Volvió a mirar a su rival, la guerra sí una guerra de celos, si su amante eso quería eso tendría, pergeño una sonrisa de complicidad a la que su amor respondió con una sonrisa maliciosa.
- ¡Autos¡Autos! - gritó Christan al ver el mini circuito
- Buena idea, demos una vuelta – invitó Itan sin reflexionar lo que acaba de provocar
- Alexis ¿Alguna ves has corrido autos? – dijo la joven rubia con voz retante
- ¿Acaso me estas retando? – contestó el interpelado
Haruka tomó una pose altiva y contestó en tono agresivo
- Tómalo como quieras yo nunca pierdo y menos con idiotas
- Saben, mejor vamos a comprar un helado... ¡Conozco un lugar donde venden mejores de todo Japón! – intervino Makoto tratando de calmar los ánimos.
Alexis se metió las manos a los bolsillos del pantalón y echó el cuerpo hacia atrás, sin duda una abierta provocación
- Me parece buena idea una competencia – dijo Michiru tomando del brazo a Makoto. Su rostro dibujó una gran sonrisa, esta era su forma de venganza.
Makoto palideció estaban yendo muy lejos.
- No la niña no puede subir cuando cumpla doce años que regrese – el hombre llevaba 15 minutos dando explicaciones de su negativa a dejar a Christan subir a los autos, Jessica las recibió con menosprecio por fin se decidió a callar a aquella monótona voz autoritaria, sacó de su bolsillo dos billetes de alta denominación y se los entregó al hombre que de inmediato calló.
- Pero claro que puede haber excepciones – puntualizó observando los billetes – Suba ¿cuál quiere? – y el hombre le entregó el casco a la niña
- El rojo – contestó Jessica satisfecha.
Michiru se acomodó el casco, subió al auto verde claro. Alexis se posesionó del azul, Haruka del negro, Itan tomó el naranja... No había más que decir, la competencia se llevaría a cabo, nadie le haría el menor caso, así que Makoto tomó el auto café
- Les damos ventaja? – le preguntó Jessica a su copiloto quien negó con un brusco movimiento de cabeza.
Sydney les observó, el paseo comenzaba aburrirle y la competencia no le atraía en lo más mínimo, aún así subió al auto. Todos ya estaban en la línea de partida, el banderazo se dio y todos arrancaron, Makoto lo hizo hacia atrás lo que provocó tremendas carcajadas. Sydney se colocó a la cabeza, Haruka empezó a hacer de las suyas se pegó peligrosamente al auto de Alexis parecía buscar que éste se volcara, Alexis sonrió no estaba dispuesto a perder. Itan bajó la velocidad, Makoto aún tenía problemas con su auto. Michiru aceleró y golpeó el auto de Haruka por detrás. Tocó el claxon mostrándose impaciente por la lentitud de su contrincante. Por fin Makoto estaba en la carrera, pronto Itan comenzó a jugar a sacarla de la pista, lo cual acabó rompiendo los nervios de la pobre muchacha. Jessica por su parte rebasó a Michiru y por un pequeño espacio se coló delante de Alexis y Haruka que tenían serios problemas, la carrera se les había vuelto un juego de choques.
El hombre encargado del negoció estaba atónito eso no era una carrera, era una guerra colosal, sólo intentó recordar si había pagado el seguro de sus pequeños autos. La meta se veía cerca Haruka aceleró y Alexis arremetió contra ella, Jessica aceleró y rebasó a Sydney que iba en primer lugar coronándose así, victoriosa
- ¡Sí, ganamos! – gritaba eufórica. Christa bajó del auto saltando de alegría, se quitó el casco y lo lanzó al aire.
La joven rubia bajó hecha una fiera, sus ojos llameaban Alexis también estaba furioso, antes que esos ánimos acabaran en un pleito Sydney tomó a Haruka del brazo y la obligó a llevarla a comprar un helado. Tensa calma, Jessica ya no sabía cómo terminaría ese paseo.
Se sentaron cerca del estanque que era el atractivo más grande del parque, Makoto estaba más tranquila, las provocaciones habían cesado tomó a Itan de la mano. En el agua cristalina había muchos patos, aquel hermoso estanque estaba rodeado por frondosos árboles de lata copa que movían sus ramas en un vaivén guiados por el cálido viento. Se respiraba el olor a la naturaleza. Ligeros gorgoteos se expandían con el viento, el graznido de los patos se intensificó, así como el de otras aves que regresaban a sus nidos, deslizó su mano por la espalda de la niña
- ¿Te gustan los patos? – el susurró al oído. La pequeña afirmó, sus grandes ojos azules brillaban llenos de encanto ante aquel paisaje.
El murmullo del viento alborotó sus cabellos, después movió algunas ramas, susurraba tantas cosas. Sus ojos misteriosos se centraron en Michiru, debía aceptarlo estaba encantada con ella, meneó ligeramente la cabeza, se reprendió a sí misma qué cosas se le ocurrían...
Sydney meneó la cabeza en desaprobación total, Haruka se dejó caer en el pasto , no era su culpa, ella no había empezado el juego, cerró los ojos, estaba cansada, cansada de la vida. Sintió en un leve roce como la mano de su compañera le recorría el brazo.
Centró sus bellos ojos verdes en el lago una infinita tranquilidad se respiraba, rozó con sus finas manos el pasto que le rodeaba, recargó su cabeza en la pequeña, para después besarle en las mejillas. No había nada que no pudiera obtener, nada que no pudiera comprar...el dinero no le compraba la felicidad, no le compraba el amor y lo sabía perfectamente. Christa bostezó el cansancio empezaba a vencerla, se acomodó entre los brazos de Jessica y cerró sus ojos. Volvió a observar el lago, volvió a sentir el suave viento, por un momento recordó su misión ¡Qué iba a hacer! Nunca creyó que la gran Sailor Uranus con su poder, fuerza y espíritu se hubiera aniquilado antes de empezar la batalla, aún así no se rendiría, nunca lo haría, hoy tenía en claro lo que debía hacer y no le importaría si en el camino tendría que dañar a la misma Sailor Uranus o a quien fuera. Cerró sus ojos su mente volvió a lucubrar en un mundo perdido, en un mundo inalcanzable para ella ... en el mundo de la felicidad...
FIN DEL DECIMO SEGUNDO CAPÍTULO... CONTINUARÁ
Notas:
Este capitulo me encanta tenia ganas de hacer algo interesante porque las muestrras de celos que se ven en la serie son fantasticas ahora imaginen cuando de verdad estan furiosas jajaja.
Proximamente... En el Silencio segunda temporada, no dejes de leer la Primera!!!
