Una historia que pertenece a Moning Karen Marie, no a mí, yo sólo agregué los personajes Serena y Darien que tampoco me pertenecen, sino a la grande y fantástica Naoko Takeuchi :D
HOLA! PERDON, OLVIDE PUBLICAR AYER EL CAP 10! PERO YA LO PUBIQUE, Y ACA LES DEJO EL 11, BESOS ESPECIALMENTE A PRINCESS REI OF MARS PERO TAMBIEN HAY PARA LAS DEMS QUE HAN DEJADO REVIEW, HAN AÑADIDO A FAVORITOS, ALERT...ETC...ETC XDXD
ACA LES DEJO LEER :D
CAPÍTULO 11
Todo parece mejor por la mañana. Mirando a Serena desde su ventana, Endimion recordó las palabras de Quinn y estuvo sinceramente de acuerdo. ¿Qué error de juicio lo había persuadido de que ella no los seguiría?
Era impresionante, reconoció mientras la miraba hambrientamente, seguro en la soledad de su cuarto. Vestida con una capa de terciopelo color ámbar, era una visión de mejillas sonrosadas y ojos chispeantes. Su pelo rubio se derramaba encima de sus hombros y lanzaba destellos de sol de regreso al cielo. La lluvia se había detenido, probablemente sólo para ella, pensó él: la joven estaba de pie en un charco de sol que inundaba el ala este, anunciando la hora cercana al mediodía. Él había dormido como un muerto, pero siempre lo hacía después de sucumbir al frenesí del Berserker, no importaba cuán breve fuera su duración.
Asomándose fuera de la ventana de bisagras estrechas, frotó el vidrio hasta que le permitiera una vista clara. Mientras Hatchard recogía sus bolsas, Serena pasó su brazo a través del de Kaley y charló animadamente. Cuando Quinn apareció después de unos momentos calle abajo, galantemente les ofreció sus brazos a ambas señoras, y las escoltó a la posada. Endimion exhaló desconsoladamente.
El siempre galante, siempre dorado Quinn.
Endimion murmuró una maldición suave y fue a verificar que Occam se alimentaba bien antes de preocuparse por su propio desayuno.
Serena subió la escalera principal hacia su cuarto, mirando sobre el hombro para determinar si estaba sola; entonces se desvió furtivamente abajo, retrocediendo, alisando los pliegues de su capa. Mordiéndose el labio, terminó en el patio pequeño detrás de la posada. Él estaba allí, como ella había sospechado, alimentando con un puñado de granos a Occam y murmurando quedamente. Serena hizo una pausa y disfrutó la vista de él. Era alto y magnífico, y su cabello oscuro ondeaba en la brisa. Su plaid colgaba demasiado bajo para su conveniencia y montaba sus caderas delgadas con insolencia sensual. Ella podía ver un atisbo de su espalda donde su camisa había sido puesta con obvio apresuramiento. Sus dedos sintieron comezón por acariciar la lisa piel aceitunada. Cuando él se inclinó para recoger un cepillo, los músculos en sus piernas ondearon, y para no hacer ningún sonido, ella exhaló una respiración de puro anhelo.
Por supuesto, él la oyó. Ella inmediatamente asumió una máscara de indiferencia y lanzó preguntas para dirigir la conversación fuera de potenciales combates verbales.
-¿Por qué nunca encierras a Occam?- preguntó luminosamente.
Endimion se permitió una mirada breve sobre su hombro, y después empezó a cepillar el ijar liso del caballo.
-Quedó atrapado una vez en un incendio dentro de un establo.
-No parece haber sufrido por ello- Serena cruzó el patio, observando al semental-. ¿Se hizo daño?-. El caballo era magnífico, unas manos más alto que la mayoría y de un brillante, inmaculado color plata.
Endimion dejó de cepillarlo.
-Nunca te detienes con tus preguntas, ¿verdad? ¿Y qué estás haciendo aquí, de todas maneras? ¿No has podido ser simplemente una buena chica y esperar en Caithness? No, lo olvidé, Serena odia quedar atrás- dijo él burlonamente.
-Entonces, ¿quién lo rescató?- Serena estaba determinada a no morder el anzuelo.
Endimion volvió su atención al caballo.
-Yo lo hice- hizo una pausa, sólo llena por el sonido de la escofina de cerdas contra la carne del caballo. Cuando él habló de nuevo, soltó una ristra baja de palabras-: ¿Has oído a un caballo gritar alguna vez en la vida, Serena? Es una de las mayores malditas agonías que he oído alguna vez. Corta tan cruelmente el sonido a través de ti, como el lamento de dolor de un niño inocente. Creo que siempre ha sido la inocencia lo que me harta la mayoría de las veces.
Serena se preguntó cuándo había oído esos gritos y quería preguntar desesperadamente, pero vacilaba en acechar sus heridas. Contuvo su lengua y esperó que él continuara si se quedaba silenciosa.
Él no lo hizo. Quedamente, caminó hacia atrás del semental, hizo un gesto afilado, acompañado por un ruido de chasquido de su lengua contra sus dientes. Serena miró con asombro cómo el semental hundía sus rodillas, y después de dejaba caer pesadamente sobre un lado con un susurro suave. Endimion se arrodilló junto al caballo y ella se acercó más.
Se deslizó de rodillas al lado de Endimion.
-Oh, pobre, dulce Occam- ella susurró. Toda la parte inferior del caballo estaba llena de atroces cicatrices. Con ligereza, ella pasó sus dedos sobre la piel gruesa, y sus cejas se arrugaron con compasión.
-Estaba tan quemado, que dijeron que no viviría- dijo Endimion-. Planeaban matarlo, pero yo lo compré. No sólo estaba herido, sino que enloqueció después durante meses. ¿Puedes imaginar el terror de estar atrapado en un granero ardiente, encerrado? Occam podía correr más rápidamente que el caballo más rápido, podía correr a millas de las llamas, pero estaba encarcelado en un infierno artificial, hecho por el hombre. Nunca lo he encerrado desde entonces.
Serena tragó y miró a Endimion. Su expresión era amarga.
-Pareces como si también hubieras estado atrapado en un infierno artificial tú mismo, Endimion Roderick- observó ella suavemente.
Su mirada se burló de ella.
-¿Qué sabrías sobre un infierno hecho por el hombre?
-Una mujer vive la mayor parte de su vida en un mundo hecho por el hombre- contestó Serena-. Primero el mundo de su padre, después el de su marido, finalmente el de su hijo, si por desgracia ella sobrevive a la muerte de su esposo. Y en Escocia, los maridos parecen siempre morirse antes que las mujeres en una guerra u otra. A veces mirar simplemente los infiernos que los hombres diseñan para otros, es bastante horror para cualquier mujer. Nosotros sentimos las cosas diferente a lo que hombres como tú lo hacen-. Ella puso su mano impulsivamente contra sus labios para imponerle silencio cuando él empezó a hablar-. No. No digas nada. Sé que piensas que yo sé poco de dolor o de duelo, pero yo he tenido mi parte también. Hay cosas que no sabes de mí, Endimion Roderick. Y no te olvides de la batalla que presencié cuando era joven-. Sus ojos se ensancharon con escepticismo cuando Endimion besó las puntas de sus dedos con ligereza, donde se posaban en sus labios.
-Touche, Serena- susurró él. Atrapó su mano y la puso suavemente en el regazo femenino. Serena permaneció inmóvil cuando él curvó su propia mano sobre la de ella protectoramente.
-Si yo fuera un hombre que creyera en los deseos que se piden a las estrellas, desearía a todas ellas que Serena St. Clair nunca pueda sufrir la visión más pequeña de cualquier infierno. Debe haber sólo cielo para los ojos de Serena.
Serena todavía permanecía absolutamente quieta, enmascarando su asombro, regocijándose en la sensación de estar rodeada por el apretón fuerte, ardiente de su mano sobre la suya. Por todos los Santos, ella habría montado todo el camino a Inglaterra a través de una salvaje batalla si hubiera sabido que eso estaba esperándola al final del camino. Imaginó que su cuerpo había echado raíz donde se arrodillaba; para continuar siendo tocada por él, envejecería de buena gana en ese patio pequeño, sufriendo el viento y la lluvia, granizo y nieve sin la más ligera preocupación. Magnetizada por el atisbo de vacilación en su mirada, su cabeza se inclinó hacia él; la de él parecía avanzar y bajar, como tocada por una brisa de verano.
Sus labios estaban a un suspiro de los suyos, y ella esperó, su corazón tronando.
-¡Serena! Serena, ¿estás allí afuera?
Serena cerró sus ojos y envió al dueño de la voz estorbosa al infierno y más lejos. Sintió la caricia suave de los labios de Endimion sobre los suyos cuando él rápidamente, con ligereza, depositó un beso que no era exactamente como el que había estado anticipándose. Ella quería sus labios aplastando los suyos, quería su lengua en su boca y su respiración en sus pulmones, quería todo lo que él tenía para dar.
-Es Ramsay- dijo Endimion a través de sus dientes-. Está saliendo. Levántate, chica. Ahora.
Serena se levantó a tropezones apresuradamente, retrocedió e intentó ver el rostro de Endimion desesperadamente, pero su cabeza oscura había caído hacia el lugar que ella había ocupado un momento antes.
-Endimion- ella susurró urgentemente. Quería que él levantara su cabeza; necesitaba ver sus ojos. Tenía que confirmar que había visto deseo de verdad en su mirada cuando la había contemplado.
-Chica-. Él gimió la palabra, su cabeza todavía inclinada.
-¿Sí?- ella susurró jadeantemente.
Las manos del hombre estaban hechas puño sobre los pliegues de su kilt, y ella esperó, temblando.
La puerta resonó al abrirse y se cerró detrás de ellos.
-Serena- llamó Ramsay cuando salió al patio-. Allí estás. Estoy muy contento de que te nos unieras. Pensé que podría gustarte acompañarme a la feria. ¿Qué está haciendo tu caballo en la tierra, Roderick?
Serena soltó su respiración en un siseo de frustración y permaneció dándole la espalda a Ramsay.
-¿Qué, Endimion? ¿Qué?- rogó en un cuchicheo urgente.
Él levantó su cabeza. Había un brillo desafiante en sus ojos azules.
-Quinn está enamorado de ti, chica. Creo que debes saberlo- dijo suavemente.
:D
