Querida Fionna:

Te escribo esta carta para contarte las cosas que sucedieron durante estas semanas en las que he estado prácticamente aislado.

Desde que Marshall se fue me he convertido en un pésimo monarca. Paso el día buscando una forma para que podamos estar juntos para siempre, no es que sea lo más responsable ni lo más maduro, pero no puedo hacer otra cosa, estoy enamorado y le echo muchísimo de menos.

A pesar de mi despreocupación por los asuntos del reino, los civiles se las arreglan muy bien, su mayor problema es enfrentarse a la diabetes y los obstáculos diarios son bastante sencillos de resolver. Básicamente la vida de un chuche consiste en dormir y comer.

Cuando Marshall se fue dijo que aquello era lo mejor para ambos, que no podíamos estar juntos y que realmente tenía motivos serios para irse, pero yo nunca quise aceptarlo y por eso empecé a pensar en cuales eran esos motivos que tuvo para dejarme y como solucionarlos.

Uno de los motivos que tuvo Marshall para irse fue que los chuches le temen, la verdad es que se ve un poco amenazante y los habitantes de Chuchelandia son bastante frágiles. Por tanto, voy a intentar solucionarlo en los próximos días, he pensado en un plan y necesitaría tu ayuda. ¿Podrías venir al castillo en cuanto tengas tiempo?

Espero tu respuesta.

Atentamente Príncipe Chicle.


El príncipe al terminar de escribir la carta salió de su habitación y se dirigió a la oficina de correos. Aquel era un día soleado y las calles de la ciudad estaban llenas, parecía que todos los ciudadanos estaban ocupados y no podían parar ni un momento a descansar, pero eso solo era en apariencia, realmente estaban paseando por la ciudad por puro placer, ninguno de ellos tenía trabajo y pocos serían los que estaban realizando algún recado.

El príncipe llegó a la oficina de correos y le entregó la carta dentro de un sobre a uno de los empleados el cual se la entregó a una de las aves mensajeras de correos que salió volando rápidamente hacia su destino. El servicio de correos de Chuchelandia era muy rápido y de gran calidad, era bastante seguro que la carta le llegara a Fionna en menos de media hora.

Al volver de la oficina de correos se encontró con Muffy, la pequeña magdalena.

-¡Príncipe! ¡Príncipe! Necesito su ayuda –Exclamó la pequeña.

-¿Qué es lo que te ocurre? –Le respondió el príncipe.

-Unas hormigas malvadas están comiéndose mi casa de galleta, no sé qué hacer. Ahora mismo me dirigía al castillo a buscarle –Dijo nerviosa y sin poder calmarse.

-Vayamos hacia allí –Respondió el príncipe.

Muffy cogió al príncipe de la mano y empezó a correr en dirección a su casa.

Cuando llegaron allí se encontraron con un panorama desolador, hormigas de medio metro estaban devorando no solo la casa de Muffy, sino también todas las casas que encontraban a su paso, los chuches estaban aterrados.

El príncipe intentó comunicarse con las hambrientas criaturas pero éstas no daban lugar al diálogo.

-Al menos no intentan comerse a los ciudadanos –Pensó el príncipe aliviado.

Conforme las hormigas seguían comiendo, aumentaban su tamaño cada vez más. El príncipe decidió empezar un plan de evacuación de la zona afectada para poder mantener la seguridad y la calma del mayor número de ciudadanos posible.

Pocos minutos después, toda la zona este había sido destrozada por las hormigas y los chuches habían conseguido refugio entre los seguros muros del castillo.

-¿Me necesitáis? –Dijo Fionna mientras saltaba desde los hombros de Cake, la cual había estirado sus piernas y estaba realmente alta, apareciendo en escena.

-¡Por fin! –Exclamó Chicle. –Te necesito, bueno, te necesitamos.

-Tus deseos son órdenes –Dijo Fionna con determinación mientras sacaba su espada.

Las hormigas al ver el acero de Fionna agitándose en el aire se asustaron y pararon de comer de repente, algunas de ellas trataron de huir, pero la gran mayoría no pudo evitar la masacre. En poco tiempo Fionna pudo derrotar a las malvadas hormigas y las que quedaron en pie huyeron lo más rápido posible, que a causa de su estado era una velocidad bastante lenta.

Todos los chuches salieron del refugio y vitorearon a Fionna, algunos le echaron rosas, otros confeti y hasta pudo verse algo de ropa interior por los aires.


Fionna era realmente una heroína de las que rescatan reinos enteros, de las que derrotan dragones, salvan niños, princesas y acaban con los villanos. Ella era muy querida y apreciada en Chuchelandia y el Príncipe Chicle lo sabía y eso le llevaba a cuestionarse aspectos fundamentales de su futuro más próximo. El príncipe sentía que lo más correcto y lógico sería contraer matrimonio con Fionna, sabía que así el reino nunca correría peligro y que además los chuches la aceptarían sin problemas.

Entonces, si sabía todas estas cosas, ¿Por qué? ¿Por qué no podía amar a Fionna? ¿Por qué no podía tener una apacible vida con ella? Casarse y tener hijos con ella, sí, formar una familia, tener descendientes que continuaran con la tradición de la monarquía de Chuchelandia. Si su vida podía ser tan feliz con Fionna, ¿Por qué tenía que haberse enamorado de un vampiro? De un vampiro que le abandonó. De un vampiro que asusta a los ciudadanos del reino. De un vampiro que nunca podrá darle hijos. De un vampiro inmortal. ¿Por qué tenía que amarle? ¿Por qué le quería en su vida? ¿Qué tenía de especial ese Marshall?

El príncipe creyó que era masoquista.

-Pero… ¡No! –Se dijo a sí mismo. –No quiero una vida fácil y sencilla, no es que quiera causarme problemas a mí mismo, no es que no quiera que la familia real siga, no es nada de eso. Simplemente… Le amo. No es difícil de entender. Si, podría casarme con Fionna, podría tener hijos con ella, seríamos los reyes, pero… No sería feliz. Sin Marshall en mi vida no sería feliz. ¿Y de que me serviría una vida fácil si no soy feliz? Ahora ya lo veo claro, tengo que recuperarle sea como sea –Pensó mientras observaba como los ciudadanos admiraban y vitoreaban a Fionna.

Cuando todo regresó a la calma los chuches empezaron a limpiar lo que quedaba de sus casas para comenzar cuanto antes la reconstrucción. Fionna se acercó a hablar con el príncipe.

-Leí tu carta –Dijo empezando la conversación.

-Fionna, es difícil de explicar lo que siento pero… Lo daría todo –Respondió Chicle.

-Puedo entenderlo –Dijo ella risueña. –Te ayudaré, ¿Cuál es el plan?

-Verás, los chuches temen a Marshall porque da miedo y piensan que es un ser malvado, pero yo sé que realmente es muy bueno. Lo que quiero hacer es fingir que hay problemas, puedo disfrazarme de villano y puedo hacer como si te atacara para que Marshall te rescatara. Podríamos hacer un combate falso aquí en la ciudad, sin romper nada, claro. Cuando los ciudadanos vean que Marshall te rescata seguro que le apreciarán.

-Podría funcionar… –Respondió ella pensativa. –Pero, ¿Sabes dónde está Marshall? ¿No desapareció?

El príncipe se percató del gran fallo de su plan.

Tenía que encontrar al desaparecido vampiro.