dije que el sabado actualizaria, pero no... lo haré cada vez que yo pueda
CAPITULO 12 "Perezosa"
Ángela tardo está vez en despertar, cinco días se tardo. Alexander se sentía muy solo en esa mansión tan grande sin su presencia. Cada día se veía más hermosa, y extrañamente su cabello creció más de lo debido, al termino de esos cinco días ya tenía el cabello muy por debajo de las rodillas. Nada más por qué Alexander teléfono al rey de crystal para informar sobre el incidente, estaba tranquilo con los cambios de Ángela, ya qué su futuro suegro, le dijo qué era algo normal. Mientras ella dormía, el aprovecho para poder conseguirle un anillo y ponérselo a su ya prometida.
Era ya medio día y Alexander estaba en el pequeño bar de la cocina, bebiendo una copa de vino rojo, pensando en lo qué ferceo les había propuesto.
Cuando oyó unos pasos tras de él. Volteo y la vio, estaba bostezando y tenía una mano sobándose la cabeza.
-¿Qué estas bebiendo?-le pregunto llevándose la otra mano a la boca por el bostezo.
-un poco de vino, ¿aun sigues teniendo sueño eh, perezosa?-le pregunto moviendo su vaso haciendo qué el hielo sonara contra el cristal.
-¿perezosa? ¡Yo no soy perezosa!-
-Si…. dormir cinco días enteros no es ser perezoso, entonces no se qué eres-le dijo mirándola fijamente y con sarcasmo.
-¡ah! cinco días… ¡¿cinco días?! ¡Debes estar de broma!-
-Pues no me estoy riendo-
-¡qué malo!-le critico.
-¿te sientes mejor?-le pregunto acercándose para verle el rostro, buscando rastros de llanto.
-desde luego qué si… pero, ¿Qué fue lo qué paso?-le pregunto a Alexander separándose un poco de su acercamiento.
-lo mismo qué te paso el día qué tu padre te dijo qué serias mi prometida-
Ángela se quedo muda poniendo una cara de horror.
-¿no… lastime a nadie?-
-no, afortunadamente cargaba conmigo la pluma qué me dio tu padre-le respondió con ironía.
-qué bueno entonces…-suspiro Ángela recordando qué fue exactamente lo qué le paso… pero al recordar, sus ojos se abrieron como platos y se quedo viendo fijamente a Alexander con cara de acusadora.
-¿Qué?-le pregunto al verla también fijamente.
-¡como qué, qué!-le sermoneo.
-explícate mejor….-le dijo asentando su vaso en la barra de estar y se encamino hacia la sala, mientras Ángela iba detrás de el.
-¡pervertido! ¡Lo hiciste otra vez!-le grito justo en el momento qué Alexander se sentó en el sillón y ella lo señalaba acusador.
-¿y qué fue lo qué hice está vez, según tu?-le reto alzándole la barbilla haciendo qué Ángela enfurezca por la acción.
-¡hasta sínico! ¡¿No te basto solo con el hecho de verme totalmente sin ropa hace una semana?!-
-no tienes por qué enojarte por eso…-le dijo suavemente sin ningún rastro de enojo en su voz.
-¡¿y por qué hechizos no debo?!-
-¿tengo qué recordártelo todo el tiempo?... nos casaremos en una semana… solo tenemos siete días de soltería, y no quiero pasármela peleando contigo. Prefiero hacer otro tipo de cosas…-le dijo viéndola de arriba abajo.
-¡ni lo pienses!-dijo tartamudeando ante la mirada de Alexander se enojo ahora consigo misma por haberse sonrojado ante esa mirada.
-vamos Ángela, solo tenemos una semana para divertirnos antes de caminar por obligación al grial…-
-lo sé-
Ambos se miraron de nuevo.
Alexander se levanto y se acerco a ella, tomándola por sorpresa.
-¿te parece ir a nadar un rato?-le pregunto acariciándola con la mirada, la mirada qué hacia qué Ángela se derritiera, sin duda alguna esos ojos verdes eran para algo.
-pero Alexander, aun no termino de…-
-¿discutir? Oh, vamos… en la ceremonia de casamientos tendrás qué besar todo mi torso, ¿si sabes eso no?-le pregunto acercándose peligrosamente
-y tu el mío-respondió a su pregunta roja como el tomate.
-así es, cariño-le dijo acercándosele para darle un beso en la frente lo cual hizo qué Ángela se derritiera por dentro.
-eh… ya voy-le dijo separándose un poco.
¡¿Por qué demonios me atreví a aceptar?! Pensaba Ángela maldiciéndose a sí misma, pero dirigiéndose a su habitación por un traje de baño.
Se puso uno qué más bien parecían trapos enredados en su piel. Cuando salió descalza, ensuciándose los pies se llevo una toalla con ella. Al llegar al lago lo vio, parecía estar desnudo; en su mente ella rogaba qué fuera qué no.
Muy temblorosa, se armo de valor y se metió al agua arrojando su toalla a un lado para llegar a lado de Alexander...
***continuara***
