CAPITULO 10:

De repente, observaron que la salida estaba ya inundada:

-La salida era por allí- le indicó Rachel.

-Esta bien- Quinn miró- Ahí que encontrar otra salida, vamos.

Gracias adiós, encontraron una puerta que, aunque estaba cerrada, la llevarían directas a la libertad. No dudaron:

-1, 2 y….- ambas derribaron la puerta de un golpe llegando por fin con más gente.

-Hey, tendrán que pagar eso. Es propiedad del barco y acaban de romperlo. Les va a costar un gran dineral.- en tiempo de crisis y los oficiales seguían de tonterías; Rachel y Quinn solo seguían entre la gente buscando mas salidas- ¿Me oyen?

-¡Cállese!- gritaron las dos a la vez mientras se dirigían una cubierta más arriba.

Estaban a punto de volar bajo el mar para quedarse allí para siempre. Lo menos que necesitaban era ahora era un estúpido y engreído oficial que las tomara por tontas.

Mientras tanto, en la cubierta, barcos ya marchaban a metros de allí con el Titanic medio sumergido en el horizonte. ¿Quién hubiera podido pensar que a un barco al que llamarían el insumergible, caería en el primer viaje? EN fin, aquello ahora quedaba en el pasado. Su principal idea era marcharse de aquel lugar costase lo que costase. Aunque no valía ya nada. Las bengalas solo adornaban el cielo y ricos que ya habían partido, observaban al Titanic como una mala pesadilla sin recordar las millones de vidas que seguían en aquel lugar. El barco parecía encallado en el agua.

Luego estaba la parte de tercera clase que seguía estancada en la cubierta D. Santana y Brittany buscaban una salida que no estuviese tomada, pero no había manera. Santana ya se impacientaba; Brittany ya se había puesto a discutir con los oficiales que no los dejaban pasar:

-¡No puede encerrarnos aquí como animales! El barco se está hundiendo- pero no había manera, seguían con las puertas atascadas.

De vez en cuando abrían la verja para dejar como decía el protocolo mujeres y niños primero, a lo que todos intentaban salir, cosa que no conseguían. Siempre volvían a encerrarse allí abajo.

Quinn y Rachel llegaron entonces este lado en el momento en el que las puertas se volvían a cerrar de nuevo. Quinn intentaba mirar, pero era para nada, la gente se apelotonaba y era imposible ver nada:

-Por el amor de Dios, siguen habiendo mujeres y niños aquí abajo y no nos abren- Brittany se unió a ellas- Quinn, por dios, ¿Dónde estabas?

-Eso no importa. ¿Se puede salir por aquí?

-Imposible.

-Si queremos salir de aquí tenemos que hacerlo deprisa- Santana se unió a ellas en este momento.

-Quinn.

-Santana- esta le pegó un gran abrazo, hacía tiempo que no la veía.

-Ya no quedan botes- les indicó Santana.

-Esta parte se está hundiendo- Quinn las miró- Tenemos que salir de aquí.

-Pero por aquí no se puede- indicó San por el lado que ella vino.

-Está bien, por este otro- Quinn agarró de nuevo a Rachel y juntas se dirigieron hacia el otro extremo.

Tenían que salir, y rápido. Empezaron entonces a recorrer pasillos y pasillos, a coger por donde hubiera más gente para así asegurarse que las salidas estuvieran vacías. Era un riesgo que podrían asumir. Giraron en varías posiciones hasta que Quinn encontró por fin una verja con menos pasajeros, pero con el mismo problema.

-Abra la reja- ya estaba cansada de tonterías, y así de claro se lo dejó al oficial.

-Vuelva a bajar- no había manera.

-¡Ábrala ahora mismo!- y seguía sin poder.

Miró a Rachel y se juró por lo más sagrado que la sacaría. Observó entonces que había un bando detrás de ellos. En tiempos desesperados, medidas desesperadas.

-¡Santana, Britt, ayudadme!- las tres empezaron a menear el banco hasta que lo despegaron del sitio.

-¡Apartaros!- Rachel fue abriéndoles camino entre la gente.

Las tres cogieron el banco bien:

-Una, dos…- y arremetieron contra la verja.

No era el momento de morir aún y así fue. La verja empezó poco a poco a ceder. Los marineros abandonaron. No les tocaba morir aún. Y así fue que a la tercera vez, la verja cedió. Eran libres. Las cuatros fueron las primeras en salir de aquel lugar.

Arriba la tercera clase había llegado y empezaba a reclamar los botes que les pertenecían, pero les negaban. La cosa se puso tan mal que empezó a imperar la violencia con armas incluso. La gente saltaba incluso a los barcos, aunque después las tiraban de nuevo al Titanic, aquello era imposible.

Volviendo a Quinn y Rachel, estas habían podido subir arriba:

-Vamos, Rachel- Quinn empezó a mirar, iba a ser duro subir a un barco.

-Quinn, no quedan botes- por primera vez en su vida, Rachel estaba no asustada, aterrada.

Quinn solo miraba y miraba, tenía que salvarla. Ella había hecho lo mismo antes, ahora le tocaba a Quinn devolverle el favor, pero parecía imposible.

-Señor Shuester- Rachel lo vio en medio de la gente.

-Quinn, hija, ¿Qué haces aquí? Sube a un bote, en la zona de proa quedan dos- Rachel y Quinn se miraron, era su oportunidad y la de Santana y Brittany.

Las cuatros corrieron, debían de llegar rápido, aunque la gente no estaba por la labor, aunque por primera vez llegaron a un bote que seguía vacío, pero lleno de gente queriéndolo. Quinn y Rachel se miraron. La cosa iba a ser dura.

-Britt, comprueba el otro lado- esta asintió a la orden de Quinn.

Quizás quedara algún bote abandonado y no visto por los demás.

Rachel miraba la situación: miles de familias rotas, diciéndose adiós por última vez. Aquello era aterrador. Quería salir de allí, pero sabía que si lo hacia, Quinn se quedaría allí y no quería abandonarla, no quería vivir aquella situación.

-No me iré sin ti- esta se volvió y se lo soltó a Quinn.

-No, tienes que irte, ahora- Quinn la miraba fijamente, ella tampoco quería, pero debía hacerlo.

-No, Quinn.

-Sube al bote, Rachel.

-No, Quinn.

-Sí, sube al bote, Rachel.

-Si, sube- Finn había llegado a lo que ambas lo miraron- Dios mio, que aspecto tienes- se quitó la chaqueta y se la puso encima.

Quinn se acercó y cogiendo a Rachel la arrebató de las manos de Finn:

-Embarca, yo iré en el siguiente- no iba a dejar que muera.

-No me iré sin ti.

-Estaré bien, tranquila….

-Tengo un acuerdo con el oficial al otro lado del barco- Finn salió de nuevo- Podremos salvarnos- miró a Quinn- Quinn y yo…

-¿Lo ves?- Quinn se dirigió de nuevo a Rachel, aunque no confiaba- Tengo mi propio bote. Embarca.

Y, sin que nada pudiera Rachel hacer, la metieron del tirón en el bote. Esta se giró e intento coger por última vez su mano, pero era imposible, ambas estaban muy lejos, solo pudo mirarla en la distancia mientras el bote bajaba, no pudiendo oír que el acuerdo antes dicho, era todo un fraude. De repente su corazón se estremeció. No podía hacerle esto a Quinn. Ella había arriesgado su vida muchas veces para salvar su vida. Había tenido problemas por su culpa y ahora ella se alejaba de el en un bote sin saber si lo próximo que vería en la vida volvería a ser su bella sonrisa. Quería saltar y volver con ella. A medida que le barco se alejaba, más llegaba la preocupación. Amaba a aquella chica con toda la fuerza de su corazón y ahora allí estaba, salvando su vida y dejando en manos de un destino incierto la de Quinn: "Si tu saltas, yo salto". Aquella frase lo decía todo. ¿No es eso lo que hace el amor? Cometer locuras por estar al lado del ser amado. Las cometemos y no nos avergonzamos por que si no, ¿que sería el amor? Son esas cosas…

Miró a su alrededor: caras de desesperación y llanto por la separación de miles de familias que aquella noche perderían a su padre, hermano… amor de sus vidas… Volvió su mirada a Quinn. Seguía mirándola con aquellos ojos verdes los cuales no olvidaría.

Era amor lo que sentía. Miró hacia delante, un salto y de nuevo a dentro. Y bueno, como dije antes: ¿Qué es el amor sin esos momentos de locura? Pues eso hizo, la mayor locura de su vida. Saltó de su asiento y en menos que se lo propuso, sus pies la encaminó de nuevo a los brazos de Quinn. SI Quinn saltaba, ella también lo haría. Es lo que haces por quien amas, ¿no?

-¡Rachel, ¿pero que haces?!- Quinn, que lo había visto todo, empezó a correr hacia su encuentro.

La iba a poder salvar y la muy tonta se había bajado:

-¡Quinn, Quinn!- ambas corrían, a ciegas, pero buscándose, sus corazones se llamaban.

Se chocaban con la gente, pero seguían buscándose. Rachel se abría paso por aquel interminable pasillo que parecía nunca llegar a su fin. Quinn bajaba por el pasillo a la zona de los ricos, en el salón se podrían encontrar.

-¡Rachel, Rachel!- ambas llegaron entonces al salón- ¡Rachel!- Quinn corrió hacia ella y la abrazó- ¿Por qué los has hecho?- Rachel no hablaba, Quinn le tapaba la boca a besos- ¿por qué lo has hecho?- volvía a besarla- que estúpida eres, Rachel. ¿Por qué lo has hecho?- preguntó esta vez abrazándola.

-Si saltas, yo salto, ¿no?- Quinn la miró, la amaba demasiado- Oh, dios, no podía irme- volvía a abrazarla.- No podía irme, Quinn, no podía…

-No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo- la quería, y se salvaría, ambas lo harían.

Mientras tanto, Finn las había seguido y estaba observando toda la escena. Lovejoy se lo intentaba llevar, pero su orgullo estaba un poco más alto que el simplemente dejarlo ahí e irse del barco por que ambas posiblemente acabarían muertas.

Cogió y en un acto reflejo, le sacó la pistola del bolsillo y corrió, las mataría, y punto. Quinn lo vio:

-Cuidado, Rachel- ambas la esquivaron al tiempo en el que Finn le daba el primer disparo.

Ambas empezaron a correr dirección abajo. Tenían que escapar de Finn que las perseguía como unas locas. Cada piso que bajaban, un tiro más, la deseaban muertas y así las tendría. Iba a matarlas, no abandonaría el barco sin hacerlo.

Quinn y Rachel no tuvieron otra opción que meterse de nuevo en la zona hundida del barco para escapar de Finn. Este, al ver esta acción no le quedó más remedio que meterse en el agua. Varias balas casi les rozan, cayendo al agua gracias a dios. Quinn y Rachel se introdujeron entonces a en la zona del comedor, tendrían que buscar una salida nueva, una donde no estuviera Finn. Así que, a toda velocidad corrieron a través del comedor alejándose más de Finn.

Este, que por suerte se quedó sin balas, se volvió. Al fin y al cabo, ambas terminarían muertas ahogadas allí abajo, iban a morir de todas formas:

-Espero que disfrutéis de vuestros últimos momentos juntas- miró hacia los lados, el agua subía, no les iba a quedar mucho tiempo.

Mientras, Rachel y Quinn ya habían cruzado la cocina y se refugiaron en la zona donde bajaban a la zona inundada. Allí, en silencio esperaron a ver si Finn o su mayordomo las seguía; pero no era esto lo que se escuchaba, si no el volumen del agua subir y…. alguien gritaba, un niño chico.

Ambas lo escucharon. El niño estaba parado a un lado del pasillo, asustado a causa del volumen del agua, gritaba. Quinn miró entonces, la puerta estaba a punto de explotar a causa de la presión del agua.

-No podemos dejarle- respondió Rachel.

Quinn no dudo, sería peligroso, pero no podían dejarlo allí, no se veía a nadie buscándolo, además, el agua bajaba por la escalera por donde habían llegado. Así fue, corrió hacia él y Quinn, alzándolo, lo cogió cuando notó que la puerta iba a explotar. Se giró con el niño en brazos y seguida de Rachel intentó irse cuando encontraron que el agua llegaba por el otro lado, estaban un poco atrapadas.

Volvieron atrás al tiempo en el que el padre de la criatura se lo arrebato maldiciéndolas en ruso. Este, en vez de irse en busca de una salida se fue hacia la puerta que estaba a punto de explotar. Cosa que hizo. El agua salió como un cañón hacia ellas. El agua cogió al padre y al chico pronto, pero Rachel y Quinn empezaron a correr y acorrer. Si paraban, se ahogarían. Solo empezaron a correr y a correr, a correr por sus vidas; pero fue inútil, el agua las pilló a las dos sin poder hacer nada.