Telescopio.
-No… no, no no no no no no – dijo entonces frenético Nathaniel mientras se ponía de pie y corría hacia donde estaba la escalera, justo en el momento en que la chica perdía el equilibrio y caía de espalda con la maqueta en las manos.
-Marinette! – Exclamo Adrien mientras se ponía de pie en un impulso y comenzaba también a correr.
Nathaniel tenía la mirada fija en la chica y al notar el desequilibrio de ésta, se puso de pie y corrió a todo lo que le dieron las piernas, dejándose caer de rodillas a solo unos metros de la escalera para arrastrarse y poder tomar a la chica justo a centímetros de llegar al suelo.
-Señorita Bourgeois! ¿Qué acaba de hacer? – pregunto furiosa la Srta. Mendeleiev entrando por la puerta a paso firme.
-¿Yo? Nada – dijo Chloé bajando de la mesa y caminando hasta el centro del salón donde se estaban reuniendo los presentes – ella solo perdió el equilibrio.
-No sea hipócrita quiere señorita – continuó la mujer de pelo purpura – hemos terminado afuera y venía a buscarlos cuando vi lo que estaba pasando. Usted está actualmente castigada, y en cuanto lleguemos al colegio me encargare de que sea suspendida por lo que acaba de hacer.
-Pero si yo no he hecho nada – reclamó – le diré esto a mi padre.
-Me importa un rábano que lo haga – contestó la mujer enfadada –; es más, espero que lo haga, porque en este momento usted está en clase, usted está bajo mi supervisión así que soy yo la que decide, no su padre.
La mirada de todos los presentes se posó en el inexpresivo rostro de la rubia.
-Su comportamiento estos días ha sido terrible –continuó -, pero esto supera todo acto de rebeldía adolecente. Retírese y espere afuera.
Chloé no contestó, se dio la vuelta en un gesto de desprecio y salió del salón a paso decidido.
Sabrina solo atino a seguirla en silencio.
-Ahora todos afuera, el vehículo de regreso al colegio llegó, todos aborden.
-¿Estas bien? – preguntó cariñosamente Nathaniel a la chica que acababa de abrir los ojos en sus brazos.
-Sí, estoy bien, muchas gracias – contestó la chica, posando sus ojos en los del chico que la sostenía con fuerza. – ¿tú estás bien?
Él solo asintió con la cabeza.
-Mari – dijo Adrien, quien junto a Nino se arrodillaba frente a la chica para quedar a su altura.
-¿Estás bien? - continuó el rubio, observando a su compañera mientras le ponía una mano y el hombro.
-Estoy bien, gracias. – contestó mientras se sentaba en el suelo, dejando que Nathaniel estirara las piernas y se sentara a su lado.
-De todas formas ustedes dos irán a la enfermería del hotel para que se aseguren de que no han sufrido ningún daño – determino severamente la mujer.
-Pero – intento objetar a chica y fue interrumpida.
-Sin reclamos, ustedes se quedan.
- Si, nosotros nos haremos cargo de esta situación, no se preocupe de nada – decía apresuradamente el encargado mientras movía la escalera y se preparaba para ayudar a la chica a levantarse.
Adrien, frente al gesto del encargado se interpuso cortésmente, tomo la mano de Marinette y puso el brazo de la chica sobre sus hombros para que ella pudiera usar su cuerpo como soporte y ponerse de pie.
-¿Te duele algo? ¿Segura que todo está bien? – preguntó preocupado el rubio mientras buscaba con la mirada algún rasguño en la piel de la muchacha.
-Si todo está bien… - contestó ella, pero al apoyar el pie derecho en el suelo sintió un tirón y lo levanto instintivamente.
-No está bien, ¿te duele el tobillo?
-Tranquila, por acá es la enfermería, yo los llevaré – dijo entonces el encargado, quien había ayudado a Nathaniel a ponerse de pie e indicaba una dirección con la mano que tenía libre.
-Ok, ustedes dos a la enfermería. Adrien ¿Puedes quedarte con ellos para ayudar en caso de ser necesario? - dijo la Srta. Mendeleiev en dirección al grupo.
-Si claro – contesto el rubio sin siquiera pensarlo.
-Ustedes dos – dijo esta vez apuntando a Nino y Alya quienes estaba aun con la mirada preocupada fija en Marinette – al vehículo, nos vamos.
-Pero ¿No podemos quedarnos también? – Objetó Alya - yo quiero saber cómo está mi amiga.
- No, con tres estudiantes menos en el vehículo ya es suficiente. Al auto, ahora!
-Oigan, todo está bien, vayan – dijo Marinette a sus amigos para que estén tranquilos.
-Cuida muy bien a mi niña por favor Adrien – contesto Alya mientras soltaba la mano de Marinette, la cual no recordaba siquiera haber tomado y pasaba a aferrarse a la manga de Nino.
-Lo hare, lo prometo.
Al salir de la enfermería y tras dejar a Marinette a cuidado de una enfermera, Adrien salió del edificio. Sentía que necesitaba aire, necesitaba integrar a su sistema la última media hora. Se sentía cada vez más indigno del cariño de esa chica, que hoy estando él presente y mirándola, tuvo que ser salvada de una caída por otro hombre, y no solo eso… otro hombre que la amaba.
Jamás hasta este momento había caído en cuenta de que Marinette, solo por el hecho de ser ella era una persona maravillosa, era linda y amable, inteligente y cariñosa con todos, era muy posible que hubiera alguien interesado de ella, y que más importante, la quisiera por quien era, aun sin la máscara y el traje.
Odiaba el hecho de haber pasado por alto siempre la belleza de Marinette y que otro la haya notado; pero odiaba aún más profundamente el hecho de haber olvidado que había alguien más que compartía el sentimiento que él poseía por ella.
Tomo teléfono lleno de frustración y respiro profundamente para serenarse.
-Hola, si… lo que pasa es que Marinette tuvo un pequeño accidente en el hotel, en la actividad para la feria de ciencias. ¿Podrías pedirle a Gorila que venga por nosotros? Se dobló el tobillo y no quiero que camine. Si, y… ¿te puedo pedir otro favor? ¿Recuerdas eso que te mostré por internet? ¿Podrías acompañar a Gorila y pasar a comprarlo por favor? … muchas gracias, eres muy amable. Nos vemos.
Al salir de la enfermería Marinette ya se sentía mucho mejor. La vendaron y le habían dado varios calmantes para el dolor. Caminó lentamente en dirección a la puerta del hotel, pero cuando iba por medio camino notó a Adrien sentado en un pequeño vestíbulo con la mirada perdida.
No pudo evitar quedarse parada un momento y verlo, parecía cansado y pensativo. Tenía los ojos absortos en el techo, las pupilas dilatadas y el cabello revuelto, pero aun así se veía bello a sus ojos. El brillo esmeralda que hace poco podía mirar sin perder completamente la cordura, y que la hacía sentir tanta nostalgia, tanta seguridad, tanta… familiaridad.
-Hola – dijo ella con timidez, sacándolo de sus pensamientos - ¿Qué haces aun aquí?
-Te esperaba, no iba a dejar que te vayas sola a casa – contesto mientras se ponía de pie - ¿Te encuentras bien?
-Sí, ya casi no duele – contestó mientras avanzaba hacia él – me dijeron que descanse hoy y que mañana ya estaría bien.
-Me alegro – dijo mientras la rodeaba por la cintura con un brazo – ¿cómo esta Nathaniel?
La respiración de la chica se volvió a parar. Hace un rato había logrado disimular bien el paro cardiaco que había provocado el abrazo de Adrien y el carmesí de sus mejillas hasta llegar a la enfermería, pero ahora que ya no había más gente sentía que sus rodillas eran las que fallarían y no su tobillo.
-Eeh... él está bien – dijo bajando la mirada – solo se rasmilló las rodillas y tiene un par de golpes en las piernas.
Ambos comenzaron a caminar lentamente hacia la puerta, con Adrien abrazando a Marinette de lado para servirle de apoyo y que esta pueda caminar mejor; además de su mirada preocupada clavada en ella. La muchacha sentía que en cualquier momento su entereza se perdía y caería.
-Ya puedo caminar bien, no es necesario que me ayudes. – dijo finalmente la chica entre su timidez.
-Olvídalo, no te hare esforzarte demasiado, prometí que te cuidaría – respondió el con simpatía -. Además ya nos están esperando, acaban de llegar.
-¿Acaban de llegar? – preguntó la chica sin entender mucho la situación, mientras cruzaban juntos la puerta y posaba la mirada en Nathalie, que estaba de pie fuera del auto blanco de la familia Agreste.
-Buenas tardes Marinette, ¿Cómo te encuentras? – pregunto la mujer seriamente pero con amabilidad.
-Estoy bien; esto no es necesario, de verdad – apeló la chica posando la mirada en Adrien y luego en Nathalie y de regreso varias veces.
-No te dejare caminar a casa, lo siento – dijo entonces Adrien para ayudarla a subir.
-Pero no era necesario – dijo la chica casi con resignación al tomar asiento en el vehículo.
-Quizas, pero quiero hacerlo.
El viaje en auto fue silencioso, ambos jóvenes tenían su mente llena de emociones a punto de desbocar solo por el contacto que hacían ocasionalmente sus cuerpos por el movimiento del vehículo.
Al llegar a la panadería de los Dupain-Cheng Adrien bajó primero, y ayudó a Marinette a bajar. Caminaron juntos y entraron lentamente por la puerta principal del local de ventas solo para que Tom desfigurara su expresión facial al ver a su pequeña cojeando y con una venda en una pierna.
-¿Qué ha pasado? – se apresuró a decir el hombre, olvidando todo para correr hacia su hija y levantarla en el aire, quitándola de los brazos de Adrien para tomarla entre los suyos cual princesa.
-Me caí de una escalera en el hotel, colgando el ADN que hice ayer – contestó Marinette con un tono hibrido entre avergonzada y resignada por el completamente inapropiado pero común comportamiento de su padre en público -. Papá, ¿Puedo pedirte que me bajes por favor? Todo está bien.
-¿Cómo va a estar bien? Te vendaron, ¿Te hiciste algo? ¿Te duele? – continuó él con preocupación.
-No, todo está bien. Solo me torcí el tobillo. Mañana todo estará curado – contesto la chica con una sonrisa que esperaba tranquilizar a su padre para que la bajara.
-En todo caso te llevaré arriba. Tienes que descansar.
-Adrien – interrumpió entonces la mujer morena con mechón de cabello rojo, parada en el dintel de la puerta con una enorme caja envuelta en papel de regalo.
-Oh, casi lo olvido, gracias Nathalie – dijo el chico, regresando a la puerta y recibiendo el paquete de las manos de la mujer.
-Es hora de irme, tu padre llega mañana y tengo que preparar su arribo al país. Puedes quedarte un par de horas más si quieres, pero deberás irte caminando, aún tengo mucho que planear para la sesión del sábado y tu padre querrá que este todo listo cuando él llegue a casa.
-Lo sé, me quedare. Muchas gracias Nathalie.
-Si tienes que irte no hay problema – dijo avergonzada Marinette, aun suspendida en los brazos de su padre -. Ya me trajiste hasta aquí, muchas gracias.
-No, está bien. Traje un obsequio para ti y quiero que lo veas antes de irme.
Luego de que su padre se negara a dejar que ponga un pie en el suelo y cargarla sobre sus brazos hasta llegar a su habitación, Marinette fue depositada cuidadosamente en su cama, y el impulso de esconderse inmediatamente entre las cobijas para esconder el evidente tono rosado inundando sus mejillas fue remetido solo por el inherente instinto de parecer normal y despreocupada frente a Adrien, quien venía justo detrás de Tom con una gran caja envuelta cuidadosamente en papel de regalo.
-Ok, trata de no pisar fuerte si te levantas ¿bueno? – Dijo amorosamente el hombre mientras se dirigía a la puerta - ¿Les traigo algo de comer?
-No, gracias papá – contesto la chica haciendo un gesto con la mano.
Ambos chicos siguieron con los ojos el movimiento de Tom hasta que se retiró de la habitación, no sin antes regalarle a su hija una mirada compasiva y llena de cariño.
-Lo siento mucho por esto – dijo Marinette llevando su mirada a sus manos, prolijamente ubicadas en su regazo – mi papá es muy sobreprotector.
-Está bien, ojala el mío fuera un poco así – contestó Adrien en voz baja, mientras se acercaba a la cama de la chica con el paquete entre las manos -. Esto es para ti.
-¿Por qué?
-Por tu cumpleaños – hizo una pausa con la mirada baja –. Alya me dijo que tu cumpleaños fue hace varios meses, y no tuve oportunidad de saludarte, así que pensé en darte algo para compensar eso.
El chico habló con la voz llena de inseguridad y la cabeza gacha. Solo cuando terminó de decir sus palabras subió la mirada y encontró los ojos zafiro de la chica posados en su persona.
Ya sin esconder el color rosado que inundaba sus mejillas, Marinette contuvo la mirada, envuelta por una sensación intimidante… pero embriagadora.
-No tenías que hacer esto – dijo haciendo gestos con las manos -. No te di tu regalo esperando que me des algo a cambio.
-No es por algo material. Tampoco lo hago por deber o cortesía, lo hago porque quería verte feliz. Espero que te guste.
Inconscientemente los ojos de ambos chocaban, pero el peso de sus miradas era tan fuerte que no eran capaces de mantener el contacto visual demasiado tiempo.
Abrien entrego a su compañera el paquete, y en el momento de pasarlo toco las manos de la chica. El contacto trajo a su mente el recuerdo en que había acariciado su piel para tranquilizarla en el colegio en medio de una batalla, y volvió a caer sobre sus hombros el pesar de la mentira que llevaba en su espalda.
Desvió la mirada y se alejó dando un par de pasos hacia atrás.
-Ábrelo.
La chica tomó la caja entre sus manos, y se apresuró a abrirlo quitando el papel brillante que lo envolvía y ocultaba su contenido, se quedó un minuto mirando el contenido del paquete sin reaccionar.
-Adrien… ¿Por qué? - dijo con la voz entre cortada, admirando la caja en su regazo con un pequeño telescopio estampado en ella – Es decir, me encanta, es solo que… amo ver las estrellas.
-Lo sé - dijo sonriendo.
-¿Cómo?
Marinette tuvo el más fuerte de los deja vú que haya experimentado jamás. Sus manos comenzaron a sudar y se sintió completamente invadida por un sentimiento cálido y extrañamente nostálgico. Se sentía intimidada, pero a la vez cómoda, invadida por esa extraña pero embriagadora sensación de confort que le brindaba la compañía de él.
Adrien no contestó
-Gracias.
La voz de ella se escuchó entre cortada y el rubor de sus mejillas no era ni mínimamente disimulada por el desvió de su mirada o la cobertura que brindaba su flequillo, y para ser honestos, realmente no le importaba.
-Solo debes prometerme que pedirás ayuda a tu padre para subir al balcón y armarlo – continuó el rubio-; no quiero que te hagas daño ¿está bien?
-Lo hare, pero no es necesario que te preocupes.
-Deja de decirme que cosas son necesarias. No te cuido porque lo necesites, si no porque me agrada hacerlo.
Marinette no respondió.
-Me voy; te veré mañana – se despidió haciendo un gesto con la mano –. Cuídate mucho.
-S…si, hasta mañana.
A.
Notas del autor:
Hola. Lo primero como siempre es disculparme, me volví a desaparecer, pero como les conté en el cap pasado, no había sido un buen fin de año para mi. Acompañada de mi familia me fui de vacaciones y por eso tarde. Me disculpo por eso, pero al menos ya estoy de regreso, mucho mas animada y con ganas de tenerles los capítulos que faltan lo antes posible.
Ademas como siempre también quería agradecerles el cariño y el apoyo que me entregan, esta vez no solo como autora, si no también como persona. Algunos me dejaron comentarios muy lindos y fue precioso para mi poder leer sus palabras, son los mejores.
Espero poder traerles el siguiente capitulo ya esta semana y retomar mi ritmo de mínimo un capitulo a la semana.
Besitos a todos :)
