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27 de Enero, 1874. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
Mi retoño ha nacido. ¡Ha nacido niña! Temblé al escuchar la noticia.
Es una suerte que los hombres no sientan predilección de soportar el parto junto a las mujeres, así solo yo y mi amada Tía lo supimos, ni siquiera han sospechado del parto adelantado, ambos llegaron a la conclusión que eso sucedía con frecuencia en el mundo lleno de misterio de la concepción de nueva vida.
Pues bien, inmediatamente mi Tía le lavó, le colocó un los pañales y le vistió con un mameluco de niño antes de dármelo en brazos. No necesitó explicarme, teníamos que mantener el secreto.
A pesar de no saber el secreto verdadero, mi Tía sabía que la escoria con la que convivo quería a un varón que le ayudase a heredar, así que para evitar que él yaciese conmigo de nueva cuenta para preñarme con el dichoso heredero mi Tía ideó falsear su género.
¿Cuánto durará el engaño? ¿Por qué Mavis no me ha brindado esa pequeña tranquilidad? ¿Cuánto tiempo esta mentira podrá protegerle?
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22 de Mayo, 1874. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
Mi señora Tía y mi señor Padre se han marchado ya, la soledad que siento y el miedo me hacen querer cometer una atrocidad.
Estos meses han sido de relativa paz, ni mi padre ni el hombre con el que me casó sospechan. Agradezco que los hombres aborrezcan y huyan de lo relativo a la crianza, el asqueroso ser ni se digna a ver al niño. Me sorprende, mi amado amigo, que tal noticia pueda alegrarme tanto.
Mi Tía aún no sabe nada pero a pesar de eso se ha ido con la promesa de sacarme de aquí. ¡Como agradezco su amor! Pero que puede hacer ella siendo una mujer soltera, y con casi las tres décadas cumplidas. Sé qué hará lo que pueda, pero conozco los alcances de la influencia femenina.
Mavis bendita… ¿Acaso no me escuchas?
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30 de Abril, 1878. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
¡Oh, amado amigo! Ese hombre me ha pedido otro hijo.
¿Sabéis el temor que sentí? Pero después se ha reído al verme entrar en pánico y me ha dicho que yo le doy asco. Nunca pensé que tales palabras me pudiesen causar tal regocijo. Últimamente no pasa en casa, y si está en casa pasa en el altillo. He pensado en escaparme pero no llegaría muy lejos sin un caballo, conozco muy bien estos terrenos, pasé aquí la mayoría del tiempo de mi niñez y sé que podría llegar al pueblo y escapar. Pero aún no, mi hermoso retoño es débil de salud y no puedo arriesgarlo a un viaje tan penoso. Soportaré en su nombre, al menos el engendró no me ha vuelto a lastimar, tal vez espera que mi tranquilidad ayude a su heredero a fortalecerse.
¿Es acaso la enfermedad de mi pequeña una bendición de Mavis?
Que extrañas maneras de disfrazarlas.
A veces pienso que su favor no es más que una ilusión…
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04 de octubre, 1878. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
Mi amado amigo, ¿adivinad quién me ha lastimado?
Quien más sino la bestia que tengo en mi hermoso chalet. Se ha enojado porque le pedí contratar una nueva cocinera ya que la anterior murió a causa de su vejez. ¿Qué ha dicho? Eres mujer cocina tú… y luego me ha abofeteado por mostrarle mi enojo en el rostro.
¡Maldita escoria!
¡Zeref me de la fuerza para cobrarle algún día!
Mi hermosa niña sigue vistiendo como varón, pero eso no merma su belleza… ¡Y es tan inteligente! Además le encantan las historias de fantasía, al igual que a mi persona. Es mi alegría, mi deleite, mi vida…
Sus sonrisas me hacen ver que vale la pena vivir…
Supongo que es otra de las bendiciones escondidas de la Diosa de ojos jade…
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13 de setiembre, 1879. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
Año a año mi Tía me ha sorprendido con sus ayudas.
Primero me mandó peticiones de pinturas a nombre de sus amigas y por lo tanto he podido volver a pintar. Después me ha mandado libros como regalo y por último envía visitas en su nombre de vez en cuando. No sé cómo lo logra, pero gracias a ello el anatema de mi marido ha evitado golpearme, no desea llamar la atención sobre él.
¡Gracias por las pequeñas bendiciones!
Mi pequeña crece en belleza e inteligencia, sin embargo el imbécil que consume mi paciencia le trata mal, y lo peor del caso es que mi pequeña busca su cariño….
¡Cruel destino!
Si supiese que es una niña le querría, lo sé, le querría demasiado, pero no de buena forma… ¡Me asqueo al pensarlo! Más y más maletas llegan todos los meses y las guarda en el altillo.
¡No debe quererle! ¡Es mejor que no le quiera!
A veces pienso en envenenarle la comida.
¿La paz de mi corazón valdrá el tormento de una muerte en la conciencia?
¿Zeref me atormentaría cuando mi alma deba pagar sus pecados?
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22 de noviembre, 1879. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
¡Intenté envenenarle!
Sé que es un cambio abrupto a mis anteriores entradas en donde te cuento sobre las mieles de la maternidad pero no he aguantado que en la mañana abofetease a mi pequeña. ¿Y por qué le ha hecho? ¡Porque le ha abrazado! ¡Maldito engendro! ¿¡Cómo no ve que mi retoño le quiere!? ¡Cuánto desearía que no fuese así pero lo es! ¡El secreto de su genero debe permanecer!
Lastimosamente no puse el veneno suficiente y solo vómito durante toda la tarde, luego ha sospechado de mí y me ha hecho confesarle amenazándome con hacerle comer lo mismo a mi pequeña. ¡Me ha golpeado! Tanto me ha golpeado en mi vientre que vomité sangre, pensé que moriría…
Pero no he muerto, está vez sí creo que ha sido cosa de la bondad de mi Diosa puesto que una amiga de mi Tía ha llegado de visita el mismo día y a cuidado de mí. Por supuesto, no sabe de los golpes, solo piensa que me he enfermado. ¿Cómo desmentirle a mi marido cuando me susurra las maneras en que la matará si descubre algo?
Aún siento la culpa de la muerte de mi antigua doncella y de su hija, no podría cargar con una muerte más sin terminar tomando la mía y la de mi niña para que no sufra en manos de esa vil alimaña.
Escribo menos porque me quedan tan pocas páginas… trato de aprovechar las últimas decenas finales…
¿Acaso mi fiel amigo también me abandonará?
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18 de octubre, 1882. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
¡Las extrañas sendas de la vida!
El destino es tan extraño, mi Tía está por casarse, y no es otro hombre que el padre de mi hija, el hombre que era un simple comerciante indigno ―según palabras de mi padre― de mí ahora es un hombre influyente en el viejo continente.
¿Cómo lo he sabido? Pues mí bien amada Tía me lo ha dicho cuando me ha traído la invitación a su boda; mera formalidad puesto que sabía que mi marido pondría mil y una excusas para no asistir, y por ende y por los designios de la sociedad injusta yo no tendría derecho de hacerlo tampoco.
Admito que en un principio estuve a punto de llorar y sentí envidia y enojo contra el destino, contra mi viejo amor y contra mi Tía, pero ella se ha encerrado en mi pieza de baño junto conmigo y me ha contado que la razón es buscar la libertad mía y la de mi pequeña.
Así como os lo cuento, mi antiguo amor, al enterarse de mi desventurada vida dispuso de todo su dinero para librarme, pero esto es más que dinero, necesitan una excusa para sacarme de aquí y librarme de mi marido, la boda se llevará a cabo, pero luego, al ser familia insistirán a que les visite, tarde o temprano la bestia del altillo cederá a la presión de mi familia y podré librarme de ellos. ¡Cuánta felicidad! ¿Puedes creer tal bendición?
Pero Mavis parece dueña de las ilusiones, algo empaña la buena nueva, mi Tía me ha dicho que está enferma y cada vez empeora. ¿Cuánto tiempo le quedará?
No quiero ni pensar en mi vida sin ella…
¿Podrías brindarle más años de vida, mi amada Diosa?
Al menos me consuelo en que la salud de mi pequeña mejora día a día, mi bien, mi fuerza…
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17 de abril, 1883. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
¡Lo sabe!
¡Él sabe que mi niña no es su hija y como lo supuse, no le ha importado!
Me alegra el saberlo pero temo aún más que descubra mi otro secreto, que descubra que mi niña no es varón. ¡Es una suerte que mi suegro le ame tanto y mi marido se abstenga de maltratarle!
He usado todas mis cartas bajo la manga, le he amenazado con contar la verdad y dejarlo sin herencia. ¡Le he dicho que me mate! ¡Y tembló! ¡Sabe el Tártaro que la escoria temió perderlo todo!
Debo pensar en algo, sé que mi tía está por venir. Hace un mes engatusé al mensajero para meter una de mis cartas en el resto, la firmé con mi apellido de soltera para que no sospeche que es de mi procedencia. Debía de advertirle sobre el bien de mi sobrina, de que le aconseje no aceptar ninguna invitación de mi esposo. ¡No le permitiré a tocar a la sangre de mi sangre! ¡Que no se atreva! Apenas y siento la mano a causa de la copa que quebré por el asco y la ira…
La necesito cerca… la necesito conmigo…
¡Mi pequeña y yo le necesitamos!
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25 de abril, 1883. Año de Nuestra Renacida Señora Mavis.
Mi señora Tía me ha ayudado y al mismo tiempo mi corazón se ha desgarrado.
Cuando mi Tía ha llegado en compañía de mi antiguo amor y padre de mi niña mi suegro aún estaba con nosotros, ¡y qué decir que el padre de esa bestia ha quedado prendado de mi Tía y de la fortuna de su marido!
Me ha quedado claro de dónde sacó la ambición la porquería que gruñe en el altillo y cuando le han propuesto llevarse a mi pequeño ―pequeña― para hacerlo un gran comerciante y posible heredero debido a que la enfermedad de mi Tía le impide concebir alguno ―cosa que mi Tía me ha desmentido luego asegurándome que ha sido acuerdo mutuo no yacer en cama conjunta― ambos angurrientos han aceptado sin dudar. ¡Oh, casi podía ver la codicia llenar de brillo su mirada! Mas sin embargo, cuando han pedido mi presencia allí se han negado, han dicho que este es mi lugar como señora de la casa, y yo, temerosa de que declinasen ante la idea de permitir marchar a mi niña, me he negado.
¡Mi vida no vale nada comparada con la felicidad de mi amada!
Han sido unos días relativamente dulces…
Gracias a la ayuda de mi Tía y los viajes al pueblo de mi suegro y supuesto gran marido he obtenido memorias llenas de amor.
Yací de nuevo en los brazos de mi amado escuchando sus promesas de libertad y vida.
Pero he evitado quedar encinta, la hierba para evitarlo no me hizo falta gracias a mi protectora.
¡Gracias Mavis! Porque aunque mi corazón se ha roto en pedazos al ver irse a los que amo, la felicidad que viví en esos días vivirá siempre en mí…
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