Hakuouki no me pertenece (brincos diera, pero sólo mis personaje originales son de mi propiedad). Esto lo hago sólo por satisfacción personal y con el sincero deseo de entretenerles. Espero que lo disfruten
Nota: lo que está entre comillas son pensamientos del personaje. Lo escrito en cursiva son recuerdos o sueños, según el caso.
Oume había concluido que Yoko era un enigma. No entendía exactamente cuál era el papel que ella desempeñaba en su nuevo lugar de residencia. Por lo que había observado hasta el momento, Yoko se encargaba de las labores de la cocina y no parecía estar involucrada con alguno de los hombres en particular. Sólo ocasionalmente recibía la visita de un hombre mayor.
Sin embargo, no parecía que entre ellos hubiese algún trato familiar. La mujer ciertamente debía ser culta. El hombre le traía libros y cuando ella no estaba en la cocina pasaba horas escribiendo y leyendo. Por otro lado estaba la apariencia de Yoko. Su nombre era lo único que parecía ser japonés. Sus rasgos y en ocasiones la forma en que se expresaba y se comportaba parecía ser más de una extranjera.
En esto pensaba Oume cuando por fin sintió que Serizawa dormía. Su vida había cambiado radicalmente en las últimas semanas. Ella se había convertido en la amante de Serizawa. Si su presencia había levantado suspicacias o no entre los demás comandantes, nadie se lo había hecho saber. Los demás hombres mantenían distancia. Quizás era mejor así. Habiendo cumplido con sus deberes de amante, ya no era necesario permanecer más en la recámara.
Oume volvió a colocarse la yukata de dormir, la misma que Yoko le obsequió el primer día que se quedó en el cuartel. Salió del cuarto por la puerta que daba al patio. Esa noche la luna llena era particularmente brillante e iluminaba el jardín, extendiendo las siluetas de los árboles por el suelo.
"Si las circunstancias fuesen otras, quizás este lugar podría ser un hogar".
Pero ella ya no tendría un hogar. A lo único que podía aspirar era a que Serizawa, no se cansase de ella para no verse en la calle. Al mirar hacia el cuarto de Yoko, vio que la luz aún estaba encendida. Caminó en su dirección quedando de pie junto a la entrada.
"¿Qué estoy haciendo?"
Oume iba a alejarse cuando repentinamente la puerta del cuarto de Yoko se abrió.
- ¡Oume-san! – exclamó Yoko sorprendida.
- Buenas noches Amamiya-san.
- Buenas noches.
- Disculpe no fue mi intención asustarla.
- Solamente me sorprendió. No esperaba que alguien más estuviese despierto.
"Lo que no esperaba era que no estuviese durmiendo con Serizawa" – pensó con amargura Oume.
- Permiso Amamiya-san.
- Oume-san… iba a preparar algo de té, ¿quiere un poco?
Oume la veía con incredulidad. No entendía los actos de amabilidad de Yoko. Por su parte, Yoko vio la expresión de incomodidad de Oume. Podía percibir que la estaba molestando.
- Disculpe, usted seguramente iba a su cuarto a descansar y yo la estoy deteniendo. Buenas noches.
- Amamiya-san… acepto tomar ese té.
Oume esperaba en el cuarto de Yoko a que ésta regresara. En el fondo había una caja de doctor. Sobre la mesa papeles y libros. No era precisamente lo que esperaría encontrarse en el cuarto de una criada. Oume se acercó a los libros sobre la mesa. Movida por la curiosidad tomó uno en sus manos y lo abrió.
"¿Qué clase de escritura es esta? Debe ser una lengua extranjera". Pasaba las páginas sin lograr entender nada de lo que ahí estaba escrito.
- Aquí está el té.
Al escuchar a Yoko, Oume dio un brinco y el libro cayó al suelo. Oume estaba avergonzada y no sabía qué decir. Yoko se acercó con la bandeja con la tetera y las tazas y la colocó en una mesa. Luego se inclinó y tomó el libro del suelo.
- Es un libro acerca de medicina. De elaboración de medicamentos para ser exactos.
- Amamiya-san perdóneme no debí tomarlo.
- No tiene que disculparse. Me imagino que le sorprenderá que no esté escrito en japonés – dijo Yoko mientras invitaba a Oume a sentarse.
- Pues sí, me sorprendió – contestó Oume mientras Yoko le servía el té.
- Por mi apariencia, es obvio que no soy japonesa del todo. Mi madre era extranjera. Ella me enseñó a leer ese idioma.
- Entiendo.
Las mujeres tomaban el té en silencio. La conversación con Yoko había despertado la curiosidad de Oume pero no se atrevía a hacer más preguntas. Pero el silencio se hacía incómodo, por lo que finalmente hizo un comentario.
- Hoy tuvo una visita, Amamiya-san.
- Si Yukimura-sensei. Él es quien me trajo esos libros.
- ¿Es una amistad suya?
- Difícilmente lo llamaría una amistad. Es doctor como yo.
- ¿Usted es doctora?
- Quizás no lo aparente en la cocina, pero sí lo soy.
- ¿Pero qué hace usted aquí entonces?
- Yukimura-sensei le pidió a Serizawa-san que me recibiese en este lugar. Yo ayudo a Yukimura-sensei traduciendo libros al japonés. Él considera que en este lugar estoy más segura.
- Me imagino que debe ser por el sentimiento anti extranjero que algunos sienten aquí.
Oume pensaba en un principio que quizás Yoko, como ella, era la amante de alguno de los jefes. Ahora ella se sentía incluso menos importante que antes.
- Amamiya-san ¿puedo preguntarle por qué usted ha sido generosa conmigo? ¿Acaso Serizawa-san le dijo que lo fuera?
- Serizawa-san no me ha pedido ni me pediría algo así. Cuando la vi en el cuarto con Serizawa usted tenía mala apariencia. Luego cuando me dijo que su esposo la había dejado en la calle sin nada más que lo que tenía puesto; me compadecí de usted.
Oume colocó su taza en la mesa.
- No la entiendo… Cualquier mujer que sepa que fui repudiada por mi esposo y por mi familia, y que ahora soy la amante de otro, mantendría su distancia. ¿Por qué usted no?
- Quizás porque yo también soy repudiada como usted. Yo veo como la gente me ve. Y usted misma habrá escuchado cómo Serizawa-san se refiere a mí como perra extranjera. Así es como la gente me ve. Y me temo que es poco lo que puedo hacer al respecto.
- Parece ser que usted y yo somos víctimas de circunstancias más allá de nuestro control. Claro que usted es inocente del desprecio que sufre. En cambio yo, como me dijo mi esposo al echarme de la casa, tenía la posibilidad de morir con honor y no lo hice.
- ¿Morir con honor? ¿Por qué él diría algo así? ¿Por qué debería usted morir?
- Porque fui ultrajada y traje deshonra a mi casa.
- ¿Co… cómo? – balbuceo Yoko.
- Así es Amamiya-san. Soy una deshonra. Debí suicidarme y no continuar viviendo.
Yoko puso sus manos en los hombros de Oume.
- ¡Oume-san, usted no puede decir ni creer eso! ¡No fue su culpa, usted es una víctima! ¡El salvaje que le hizo eso es quien debería morir no usted!
- Ciertamente usted es más extranjera que japonesa, Amamiya-san – respondió Oume con tristeza- En esta sociedad no hay nada más importante que el honor. 'No fuiste capaz de defender tu honra; por lo menos podías haber muerto honorablemente'; eso fue lo que me dijo mi esposo. Es lo que cualquier hombre diría de una mujer deshonrada.
- Oume-san.
- Creo que la he turbado con mis palabras. No sé por qué lo hice. Discúlpeme – dijo Oume mientras se levantaba y caminaba hasta la entrada del cuarto, mientras Yoko la seguía con la mirada- Entenderé que usted no quiera volver a hablar conmigo. Nunca olvidaré su amabilidad.
- Oume-san, entenderé que usted no quiera hablar con una extranjera. Pero si decide hacerlo, puede llamarme Yoko.
- Gracias, buenas noches… Yoko-san.
- Buenas noches Oume-san.
Oume cerró la puerta tras ella. Yoko no pudo seguir traduciendo. Apagó la luz y se fue a dormir, con las palabras de Oume persiguiéndola más allá del sueño.
El desayuno siempre solía ser bullicioso, por decir lo menos. Y no podría ser de otra manera, cuando Shinpachi y Heisuke peleaban por la comida. Yoko servía el desayuno pero su mente estaba ausente.
- Yoko-san… Yoko-san.
- Perdona Heisuke-kun ¿qué me decías?
- Que si puede darme más arroz, el glotón de Shinpachi cree que mi tazón es suyo.
- Si claro Heisuke-kun disculpa.
- Se encuentra bien Amamiya-san, está algo distraída – preguntó Saito
- Lo estoy, Saito-san, creo que me desvelé anoche.
- Yoko-san es muy dedicada a su trabajo – contestó Ryunosuke- Ayer Yukimura-sensei le trajo varios libros y ella se dedica a trabajar con ellos.
- Parece ser que Amamiya-san es una persona responsable y confiable – dijo Okita – quizás podrías aprender de ella, Ibuki-kun.
- Eso no tiene gracia, Okita-san – refunfuñó Ryunosuke.
- ¿Me da más arroz, Amamiya-san, por favor? – preguntó Sanosuke
- Sí claro, Harada-san – respondió Yoko sorprendida al ver que Sanosuke usaba la frase por favor.
Yoko volvió a llenar el cuenco de Sanosuke con arroz ante la atenta mirada de éste
- Gracias Amamiya-san.
- No hay de qué Harada-san.
- Tan pronto terminen de comer deberemos partir - dijo Hijikata- recuerden que esta tarde es la exhibición de sumo.
- ¿Exhibición de sumo? – preguntó Yoko.
- Así es – dijo Sannan – con esa actividad el Roshigumi podrá recoger los fondos que tanto necesitamos.
- Y aún más importante – dijo Kondou – hará felices a los ciudadanos.
- Por todas esas razones, debemos estar seguros que todo transcurra con normalidad.
- Sí – contestaron todos al unísono.
Yoko se encontraba lavando los trastos del desayuno en compañía de Heisuke y Okita. Aun cuando Yoko se encargaba de la cocina los hombres seguían ayudando como antes de su llegada al cuartel.
- ¿Yoko-san va a ir a la exhibición de sumo?
- No lo sé Heisuke-kun. Nunca he presenciado un combate de sumo.
- Ah no debería perdérselo entonces. Van pelear dos de los más importante yokozunas de Kioto – contestó Heisuke – ¿no es así Souji?
- No es como que vas ir de espectador Heisuke-kun, debo recordarte que nosotros vamos a estar vigilando para que todo marche sin problemas.
- Rayos que pesado eres Souji.
- No creo que haya problemas si desea acompañarnos Amamiya-san – dijo Okita- sólo no intente escapar o tendré que matarla.
La concurrencia a la competencia de sumo resultó incluso mejor a lo que había anticipado Sannan. El pueblo estaba entretenido y gratamente sorprendido por el nivel de los luchadores. Palpablemente, el ánimo del gentío había mejorado. Yoko miraba la competencia y aunque Kondou le explicaba la mecánica del mismo, no estaba muy segura de comprenderlo. La nota cómica del grupo la dio Shinpachi, cuando arrastró a Heisuke y Ryunosuke alejándolos de la arena para obligarlos a cumplir su deber de vigilancia.
Los comandantes estaban complacidos con los resultados. No obstante pronto una nube oscureció su momento feliz. Estaban terminando de recoger los implementos de la exhibición, cuando Yamazaki se acercó hasta donde estaba Hijikata. El joven espía tenía una expresión severa. Acercándose susurró las noticias a Hijikata: Serizawa nuevamente había hecho otra de sus exhibiciones.
Siendo que todo el grupo había asistido a la competencia y Yoko se encontraba con ellos; ésta tuvo que acompañarlos al lugar de los acontecimientos. A lo lejos se podía divisar las lenguas de fuego que consumían sin piedad el almacén.
Serizawa contemplaba su obra con orgullo, mientras que el mercader observaba impotente cómo su patrimonio se convertía en cenizas. Yoko como el resto del Roshigumi y el pueblo miraba la pira arder. Veía como el humo y las lenguas de fuego ascendían al cielo nocturno. El fondo de las llamas le daba a Serizawa el aspecto de un demonio.
- Te has demorado, Hijikata… ¿Se estaban divirtiendo en la presentación de sumo… o quizás la presencia de otra persona los distrajo? – exclamó Serizawa mirando a la pelirroja que acompañaba al grupo.
- ¿Así que tú estás detrás de todo este alboroto cierto? – preguntó Hijikata
- La tienda Yamato ganó fortuna ilegalmente al intercambiar con los extranjeros. Por lo tanto es un comerciante corrupto. Además hay sospechas de que financiaba a ronins. Cuando nosotros pedimos su colaboración, él se negó a darnos dinero. ¿No crees que merecía un castigo?
- Así que has hecho todo esto sin pruebas y en base a sospechas sólo porque no quiso darte dinero. – dijo Hijikata mientras se dirigía a sus hombres - ¡Apaguen ese fuego inmediatamente!
- ¡Espera! – gritó Serizawa a Hijikata y al grupo de hombres que se disponían a apagar el fuego - ¿Qué crees que vas hacer?
- No había razones para quemar el establecimiento.
- Hijikata, ¿insinúas que yo, el hombre de más alto rango dentro del Roshigumi, estoy inventando una historia?
Se hizo el silencio. Yoko por primera vez miraba a Serizawa ejercer su poder como comandante en jefe del Roshigumi. Volvió a ella aquella primera sensación que tuvo cuando le conoció. Un aura de autoridad y temor que le hacían sentir en peligro. Los demás también observaban a Hijikata, esperando ver qué decidiría hacer.
- Busquen dentro del almacén – ordenó finalmente Hijikata a sus hombres – Probablemente aún queden evidencias.
- Amamiya-san – dijo Saito - quédese aquí y espere a que terminemos.
- Sí Saito-san
Yoko vio cómo los hombres se dirigieron hacia el almacén. No se hicieron esperar los comentarios de los ciudadanos que miraban el deplorable espectáculo.
- Son de la misma calaña de esos ronins, incluso peores.
- No son más que una maldita molestia. Se atreven a quemar tiendas malditos lobos de Mibu.
Yoko vio cómo los comentarios irritaban a Ryunosuke. Saito le dijo unas palabras que lo hicieron contenerse y no responder a los insultos.
- Entonces después de todo había algo de cierto en lo que Serizawa-san dijo ayer – indicó Shinpachi durante la reunión celebrada al día siguiente al incidente del incendio del almacén.
- Según lo que pudimos averiguar el Tenchugumi puso su atención en ese local debido a que sus dueños se hicieron de ganancias comercializando con extranjeros. Por ello, los dueños contrataron ronins imperialistas para defenderla.
- Aunque eso sea así, la forma en que se manejó hará que la población recuerde únicamente el hecho de que el almacén fue quemado y no las circunstancias que lo generaron. Lo verán como una repetición de un delito anterior. – indicó Saito.
- Hajime-kun tiene razón – exclamó Okita- Ese hombre realmente es una molestia.
- Ahora es cuando más méritos debemos hacer – señaló Hijikata – sin importar lo pequeños que sean.
"Por más que bebo aún siento dolor".
Serizawa Kamo sólo deseaba que el sake lograra calmar el dolor que amenazaba con tomar el control de su cuerpo. Esa noche había ido a Shimabara pensando que la compañía de las geishas y el sake mitigarían el malestar. Beber había sido el antídoto perfecto en los últimos meses para disimular los síntomas del mal que lo estaba consumiendo. Una enfermedad que él había sabido ocultar de todos. Pero con el paso del tiempo, el sake iba haciendo menos y menos efecto. Serizawa sabía que el final inevitable se iba acercando y no había poder que lo evitara.
Por otro lado, la presencia de la pelirroja en sus pensamientos lo estaba desquiciando. Odiaba que una mujer con sangre extranjera tuviese el mínimo influjo sobre él. La compañía de Oume le había ayudado a desahogar su necesidad, pero como el sake ya no funcionaba como al principio. Sentía que el momento de tomar medidas se acercaba y nadie le impediría lograr su objetivo.
- Serizawa-san ya fui a pedir más sake – dijo Ryunosuke al entrar nuevamente al reservado del restaurante.
"¿Por qué aún siento dolor?"
- ¿Serizawa-san me está escuchando?
"¿Por qué…?"
- ¡Serizawa-san!
Serizawa cayó de bruces al suelo retorciéndose del dolor. Ryunosuke se acercó a él tratando de hacerle reaccionar. Cuando Serizawa levantó el rostro vio personas que le hablaban.
"¿En dónde estoy? ¿Quiénes son estas personas?"
- ¡Serizawa-san! ¿Se encuentra bien?
- ¿Quién eres tú?
- ¿Cómo?
- ¿Quién eres? ¿En dónde estoy?
Ryunosuke veía la mirada desorientada de Serizawa, quien parecía no reconocerlo ni a él ni a sus alrededores. Para empeorar la situación, el hombre se estaba descontrolando y amenazaba con hacer trizas el lugar.
- ¿No se acuerda de mí? Soy Ibuki y me obligó venir con usted a este lugar. ¿Me está escuchando Serizawa-san? ¿Acaso no me recuerda?
Finalmente Serizawa se detuvo y se quedó mirando fijamente a Ryunosuke. De su ropa extrajo su abanico de metal. Levantándolo en alto, golpeó con fuerza a Ryunosuke en la cabeza.
- Acaso crees que recuerdo a cada perro callejero que se me cruza en mi camino inútil.
- Maldito borracho…- murmuró Ryunosuke.
La conmoción en la sala atrajo la atención del dueño local, quien se asomó para comprobar que todo estuviese en orden. Éste iba seguido de un grupo de hombres que iba a otro de los reservados. Uno del grupo reconoció a Serizawa como el líder del Roshigumi. Dada la mala fama que el Roshigumi iba ganando, había muchos que deseaban darle un escarmiento a sus miembros. Y Serizawa al ver sus ganas de pelear no pensaba decepcionarlos.
- No lo hagan – dijo un hombre que venía caminando por el pasillo haciendo que todos voltearan a verlo – Ustedes no son rivales para él.
- Señores por favor cálmense y vengan al cuarto que les he preparado – dijo el dueño del local aliviado de que alguien hubiese calmado la situación.
El grupo de hombres se fue por el pasillo. Serizawa observaba al curioso personaje de cabellos rubios e intrigantes ojos color carmesí. Finalmente Serizawa le hizo un gesto a Ryunosuke. Éste comprendió que había llegado el momento de irse. Salió del salón, observando con curiosidad al hombre que no dejaba de observar a Serizawa. Cuando Serizawa y el sujeto se cruzaron, éste le dirigió la palabra.
- Está sufriendo una enfermedad, ¿cierto? La mayor parte de tu cuerpo debe estar inutilizado. Es extraordinario que aún estés en pie y puedas moverte.
- Tu poder de observación es impresionante – respondió Serizawa- Decir todo eso cuando sólo me has visto en esta ocasión.
- El mal que tú sufres no me es desconocido. Ya hace tiempo conocí a alguien con la misma enfermedad. Se volvió incapaz de reconocer a los demás incluso de saber quién era él. Aguantó mucho dolor y finalmente murió. Ese será tu mismo destino ¿lo sabes no?
- ¿Y qué con eso? Sé que mi destino es morir retorciéndome de dolor. De hecho es lo que deseo – respondió Serizawa quien se alejó caminando por el pasillo.
- Humano humilde, resultas bastante interesante.
El rubio siguió su camino sin necesidad que alguien del personal lo escoltara a la habitación que tenía asignada. Al entrar en ella, ya Shiranui y Amagiri lo estaban esperando.
- Demoraste Kazama – dijo Shiranui mientras volvía a servirse sake – Espero que no te moleste que haya empezado sin ti.
- Me encontré algo interesante de camino – respondió Kazama mientras se sentaba junto a su compañeros- Supe Amagiri que interviniste para salvar a esa mujer… Yoko.
- Sí Kazama.
- Siempre has sido raro Amagiri – dijo Kazama sonriendo mientras bebía del sake que se había servido- ¿Qué han averiguado?
- Yoko ha permanecido recluida en el cuartel. No sale sola. Yukimura ha seguido visitándola y llevándole libros. Parece ser que ella trabaja con ellos de alguna manera. – respondió Amagiri.
- ¿Y que has podido averiguar acerca de ella?
- Nada. No tiene familia en el pueblo y parece ser que su único contacto es con Yukimura.
- Y de Yukimura, ¿qué información tienes Shiranui?
- Un sujeto del cuartel mantiene contacto regular con él. Yukimura, con su ayuda, ha estado haciendo experimentos.
- ¿Experimentos?
Kazama escuchaba atentamente el relato de lo acontecido la noche en que Amagiri salvó a Yoko.
- Ochimizu – dijo Kazama al tiempo que Shiranui y Amagiri volteaban a verlo - Yukimura debe estar tratando de producir el ochimizu. Se dice que es un elixir capaz de otorgar a los humanos habilidades de un oni. Pero por lo que relató Amagiri, aún no ha logrado dar con la fórmula.
- ¿Pero para qué haría eso? – preguntó Shiranui.
- Eso no importa – dijo Kazama- debemos detenerlo.
- ¿Y Yoko? – preguntó Amagiri – ¿Debemos matarla?
Kazama no respondió simplemente sonrió.
Yoko caminaba por el pasillo llevando en sus manos su ropa limpia ya doblada. Sus labores domésticas por ese día habían concluido. Mientras se dirigía hacia su habitación vio que Serizawa iba caminando por el mismo pasillo en sentido contrario. Yoko hizo una inclinación y se dispuso a continuar su camino hacia su cuarto, cuando Serizawa colocó su brazo frente a ella, apoyándolo en la pared y cortándole el paso.
- ¿Necesita algo Serizawa-san?
- ¿Crees tener lo que necesito… perrita?
- Tengo un nombre y es Amamiya Yoko, Serizawa-san.
- Ah la perra muestra sus dientes – dijo Serizawa sonriendo y colocando el otro brazo contra la pared aprisionándola entre sus brazos e impidiéndole moverse- ¿será que la perra quiere mostrarme algo más?
- Está ebrio Serizawa-san, no sabe lo que dice.
- Sí he tomado, pero sé exactamente lo que digo – contestó Serizawa acercando su rostro al de Yoko- Sabes, vista de cerca no eres nada despreciable.
- Serizawa-san, usted se enorgullece de ser un samurái, debería comportarse de acuerdo a la dignidad que tanto presume.
- Una perra como tú no tiene derecho a hablar de dignidad, mucho menos tiene derecho a decirme qué hacer y qué no hacer.
- Déjeme ir o juró que voy a gritar.
Serizawa la tomó del cuello mientras se acercaba aún más a ella. El rápido movimiento hizo que Yoko dejara caer al suelo la ropa que llevaba en sus manos. Serizawa podía sentir el temblor del cuerpo de Yoko y eso lo excitaba. Los desorbitados ojos de Yoko estaban fijos en los fríos ojos de Serizawa.
- Te romperé el cuello antes que emitas un solo sonido. – luego Serizawa pasó la mano sobre la cabellera de Yoko- Cabellos rojos como el fuego. Dime ¿eres candente como tus cabellos?… ¿Será que también eres pelirroja ahí abajo?
Yoko quedó helada y temblando incapaz de pronunciar palabra. Otras voces, las mismas palabras, sonaban en su cabeza. Serizawa vio cómo la mirada de Yoko estaba perdida y la expresión de terror que en su rostro se dibujaba.
- No dices nada perrita… te parece si lo descubrimos… - dijo Serizawa mientras su otra mano bajaba hasta el obi de Yoko y jugaba con éste para desatarlo.
- Serizawa-san.
La voz sacó a Yoko de su trance y salió corriendo en dirección al jardín.
- ¿Por qué nos interrumpiste?... ¿Acaso está celosa, Oume?
- Es tarde Serizawa-san, venga a descansar.
Yoko llegó casi sin aliento hasta una banca, en la cual se sentó. Todo su cuerpo temblaba. Con sus manos cubría sus oídos en un intento inútil por acallar las voces que seguían martillando su cabeza.
¿Eres también pelirroja ahí abajo? ¿Eres también pelirroja ahí abajo?
- Amamiya-san…
¿Eres también pelirroja ahí abajo?
- ¿Amamiya-san qué le sucede? – el hombre puso una mano en el hombro de Yoko.
- ¡NO ME TOQUE! – gritó Yoko poniéndose en pie.
- ¿Amamiya-san?
- Ko… Kondou-san… perdone… yo no quise… yo no… yo no…
Finalmente después de intentar contenerse, Yoko se desmoronó. Derrumbándose sobre la banca, ya no pudo controlar el llanto.
- Amamiya-san ¿Qué le ha sucedido? ¿Le han hecho algo para qué esté así?
Pero la mujer no era capaz de responder. Kondou Isami se sentó junto a ella y la tomó por los hombros haciendo que ella lo encarara.
- ¿Amamiya-san acaso alguien ha intentado hacerle algo?
- ¡NO!… no Kondou-san
- Amamiya-san algo ha debido suceder para que esté en este estado y necesito que me diga qué ha sido.
Yoko moriría antes que decirle que Serizawa había intentado propasarse con ella.
- Serizawa-san llegó ebrio y me insultó como de costumbre es todo.
- No es la primera vez que Serizawa-san la insulta y usted nunca había reaccionado así.
- Es que ya no pude soportar más insultos. Ya estoy cansada… quiero irme de Kioto… quiero volver a mi casa… - dijo entre lágrimas Yoko. - Mi presencia aquí no es más que una molestia. Ya no lo soporto más. Quiero volver a mi hogar.
Yoko se limpiaba las lágrimas con sus manos. Kondou miraba con pesar a la mujer.
- Lo lamento.
- ¿Qué dice?
- Lamento que Serizawa-san sea tan agresivo y ofensivo con usted. Temo que no he podido ayudarla en ese aspecto.
- Kondou-san… - dijo Yoko logrando por fin recuperar la compostura- no debe disculparse. Usted ha sido más que generoso conmigo. Usted me defendió de Serizawa-san aquella vez que lo operé y se puso de mi parte cuando Niimi-san cuestionó mis habilidades como doctora. Soy yo quien debe disculparse, por actuar como una chiquilla.
- Amamiya-san no debe disculparse. Debe ser terrible para usted no tener un familiar a quien acudir. Pero se equivoca al decir que su presencia es una molestia en este lugar.
- Kondou-san sé que es por Yukimura-sensei que ustedes me mantienen aquí.
- Quizás ése haya sido el motivo de su llegada y quizás no se ha dado cuenta pero usted ha ido haciéndose un lugar entre nosotros. Sé que mis hombres agradecen lo que usted hace por nosotros. Usted no tiene la obligación de cocinar para nosotros y ayudar en el quehacer y lo ha seguido haciendo. En cierta manera usted ha ayudado que esto se sienta como un hogar.
- Kondou-san.
- Amamiya-san algún día usted hará su propia familia, pero mientras tanto, considere este lugar como su hogar.
- Mi… hogar… Una vez mi madre me dijo que el hogar está donde está tu corazón.
- Su madre ciertamente era una mujer sabia.
- Gracias Kondou-san debo retirarme ahora – respondió Yoko levantándose.
- Trate de descansar Amamiya-san.
Yoko hizo una inclinación y se alejó de regreso hacia su cuarto. Kondou no había creído por completo la excusa de Yoko y sospechaba que había algo que ella le había ocultado. Kondou temía que Serizawa se volviese más agresivo con ella. Finalmente el hombre decidió que, por el bien de Yoko, debía hacer algo para alejarla de Serizawa.
A la mañana siguiente, Kondou y Hijikata se dirigieron muy temprano al cuartel del señor de Aizu. Sentados ya en el suelo con la cabeza inclinada esperaban ser atendidos.
- Levanten sus cabezas – dijo uno de los hombres del señor de Aizu al entrar al salón en donde se encontraban Hijikata y Kondou - El señor de Aizu está complacido con la labor que el Roshigumi ha venido desempeñando.
- Es un honor para nosotros servir al señor de Aizu y nos complace contar con su beneplácito – contestó Kondou.
- No obstante hay algo que le preocupa.
- ¿Algo que le preocupa?
- Últimamente Serizawa Kamo se ha visto envuelto en demasiados eventos desafortunados. Debo decir que su comportamiento no puede ser pasado por alto.
- Me siento responsable por todos esos fallos – dijo Kondou inclinando la cabeza al igual que Hijikata – Le pido mis más humildes disculpas.
- Piensen algún plan para lidiar con él antes de que el nombre de Aizu se vea manchado.
- Sí – contestaron al unísono.
Ambos hombres emprendieron el regreso hacia el cuartel caminando en silencio. Aunque no lo expresaran ambos estaban pensando en la advertencia y la orden que el clan Aizu les había dado con respecto a Serizawa.
- ¿Qué piensas de las órdenes del clan Aizu Kondou-san?
- Serizawa-san últimamente está perdiendo el control de sus actos. Pero no podemos negar que como grupo no habríamos conseguido alcanzar la posición que tenemos sin él. Quizás si hablo con él podría hacerle ver lo delicado de la situación.
- Dudo que ese hombre ceda en nada su posición dentro del Roshigumi mucho menos lo veo como alguien que se va a someter a una decisión tuya Kondou-san.
- Debo intentarlo Toshi. Le debemos mucho a Serizawa-san. Debo agotar ese recurso antes de intentar… otras medidas.
Y tras esas palabras volvió a hacerse el silencio durante todo el camino hacia el cuartel.
Transcurrieron unos cuantos días desde su encuentro con Serizawa. Yoko había madrugado esa mañana. Tanto que aún el sol no salía por completo. Sola en la cocina, estaba de cuclillas frente a la estufa. Con un tronco de bambú soplaba para avivar la llama de la estufa. Yoko miraba la llama rojiza absorta por completo en la compleja danza que las lenguas de fuego hacían al abrazar los troncos.
Cabellos rojos como el fuego. Dime ¿eres candente como tus cabellos?… ¿Será que también eres pelirroja ahí abajo?
Yoko se levantó y salió de la cocina. Sus pesadillas la habían agobiado cada noche desde aquella noche en la que Serizawa la detuvo en el pasillo. Caminó hacia un árbol de cerezo que había cerca de la cocina. En esta época del año estaba desprovisto de sus flores pero igual era un lugar acogedor.
Amamiya-san algún día usted hará su propia familia, pero mientras tanto, considere este lugar como su hogar.
- Mi hogar…
- ¿Yoko-san, levantada tan temprano?
- Oume-san buenos días. No podía dormir y decidí empezar a encender el fuego en la cocina.
- Creo que me ha evitado desde aquel día.
- Oume-san yo no sé qué decirle, me paralicé no sabía que hacer yo.
- Yoko-san no he venido a reclamarle nada en absoluto. Cuando vi el terror en su mirada y cómo él la observaba, tuve que intervenir. Pero Yoko-san, el tiempo que llevo de conocerla, usted no parece ser de las que se asustan por cualquier cosa. ¿Qué pudo decirle Serizawa para que usted reaccionara de esa manera?
- Oume-san yo… no…
Oume veía el nerviosismo que se iba apoderando de Yoko. La situación estaba resultando incómoda para Yoko.
- Yoko-san disculpe creo que la he importunado con mis preguntas. Usted nunca me ha preguntado por mi relación con Serizawa-san y yo no he debido indagar en temas que no son de incumbencia. Perdóneme.
- Oume-san no se disculpe. Usted me ayudó en esa ocasión y siempre le estaré agradecida. Simplemente no deseo hablar de eso.
En ese momento el sonido de un cañonazo interrumpió la quietud del alba, sobresaltando a las mujeres. El sonido hizo que Hijikata despertara y quedara sentado en su futon. En poco tiempo los hombres estaban uniformados, esperando la llegada de Serizawa Kamo y así informar la situación. Finalmente Serizawa hizo su entrada en el salón.
- ¿Están todos reunidos? – preguntó Serizawa al tiempo que se sentaba en su lugar.
- Por supuesto. Todos escuchamos ese sonido – respondió Hijikata.
- El estruendo de la artillería parece provenir del Palacio Imperial – continuó Sannan.
- ¿No deberíamos ir allá entonces? – preguntó Shinpachi.
- No Aizu no nos ha dado instrucciones de movilización – respondió Sannan – debemos evitar actuar por nuestra cuenta sin las órdenes del clan Aizu.
- Yamazaki y Shimada están tratando de averiguar lo que sucede –continuó Hijikata- Esperamos a que regresen para tener noticias.
Avanzada ya la mañana, Shimada y Yamazaki regresaron al cuartel con los reportes.
- ¿Cómo? ¿Aizu y Satsuma están vigilando la entrada de Sakaimachi? – preguntó Sannan – Me parece que Choshu vigilaba esa entrada originalmente.
- Parece ser que el dominio Choshu está buscando la oportunidad de entrar en el palacio – respondió Shimada- pero Aizu y Satsuma lo vigilan para evitar que logren entrar.
- La situación es tensa y muy probablemente se desate una batalla.
- Conque una batalla ¿no? – exclamó Sanosuke.
- Pero ¿por qué motivo dos dominios rivales como Satsuma y Aizu han unido fuerzas? – dijo Hijikata pensando en voz alta.
- No logran entenderlo porque son unos simples de mente – dijo Serizawa- Lo que esa alianza quiere decir es que tanto Satsuma como Aizu han rechazado a Choshu por su manera de entrar y salir de la corte imperial como si fuera suya. Los ideales son un problema menor ante la posibilidad de aplastar a Choshu.
- Interesante reflexión, pero me tiene sin cuidado lo que puedan tener en mente los oportunistas que cambian sus posturas según la situación – respondió Hijikata.
Los hombres se debatían en si debían esperar o no a las instrucciones de Aizu. Serizawa levantándose declaró que no harían méritos quedándose a esperar y que era necesario partir. A las puertas del cuartel llegó un jinete con las instrucciones del clan Aizu. El Roshigumi debía partir hacia el palacio imperial para protegerlo.
Ryunosuke le contó a Yoko todo lo sucedido. Desde la entrada del cuartel veía partir a los hombres, entre ellos a Sanosuke y los otros.
- Tranquilícese Amamiya-san – dijo Shinpachi – puede estar segura que volveremos de una sola pieza.
- Así es Yoko-san – continuó Heisuke- no tengo pensado dejarme matar hoy.
Yoko asintió mientras los despedía. Finalmente Sanosuke pasó frente a ella.
- Harada-san – dijo Yoko y Sanosuke se detuvo – por favor cuídese.
- No debe preocuparse. Yo tampoco pienso morir hoy –dijo Sanosuke- Le prometo que regresaré, Amamiya-san.
Yoko sintió un salto en su corazón; asintió y se despidió. Ninguno de los involucrados podía imaginar las consecuencias que este evento tendría en la vida de todos ellos.
Yoko permaneció en la puerta junto con Ryunosuke, viendo cómo el grupo liderado por Serizawa y Kondou se alejaba por la calle.
"Por favor Dios mío, protégelos a todos. Por favor haz que Sanosuke regrese sano y salvo" oraba en su mente Yoko.
"Te lo prometo Yoko voy a regresar" le prometía Sanosuke en su corazón.
Nota de la autora Hola a todos. Aquí tenemos otra entrega más. Parece ser que el continuar escribiendo hace que las ideas fluyan. Estoy contenta porque este fic ya superó las mil visitas. Gracias a todos.
Maii95 Sí sigo viva, y la historia también. Me alegro que te gustara el capítulo anterior y ojalá que este nuevo capítulo te guste. Espero con ansias tus comentarios.
Gracias a todos los que leen la historia, a quienes la siguen y la han puesto entre sus favoritos. Se agradecen los reviews.
Hasta la próxima, nos leemos.
Ainhoa11
