Las semanas pasaban sin que Pansy pudiese hacer nada para acercarse a Hermione. Se sentía totalmente confusa con sus sentimientos ya que, al mismo tiempo que sentía cómo los días pasaban con una lentitud dolorosa sin poder siquiera acercarse a ella, también veía cómo ésos mismos días se le escapaban entre los dedos, que los estaba desperdiciando en la más absoluta soledad y cada día que pasaba se clavaba en su corazón como una daga envenenada.

Estaba en clase de Encantamientos tratando de prestar atención a las explicaciones del profesor Flitwick, pero sus pensamientos derivaban constantemente hacia la castaña, además que el jaleo que se formaba siempre en la clase del pequeño profesor no ayudaba a la concentración precisamente. Al día siguiente les darían las vacaciones de navidad y Pansy deseaba fervientemente que la Gryffindor se quedase en el castillo. Aquel año sus padres estaban demasiado ocupados en lamerle el culo al-que-no-debe-ser-nombrado como para procurarle unas navidades medio normales así que había decidido quedarse en la escuela en la que estaría prácticamente sola pero por lo menos sería feliz durante aquellos días sin necesidad de preocuparse por sus compañeros de casa y ésa felicidad sería completa si la castaña se quedase también en la escuela.

"Si se quedase aquí, podríamos recuperar todo el tiempo que hemos perdido por culpa de su engorroso amigo, podríamos pasear por los jardines, charlar hasta altas horas de la madrugada, e incluso... *CENSURADO*"

En su pupitre se empezó a poner roja, ése breve pensamiento la había revolucionado por completo, miró alrededor sintiéndose incómoda por haber tenido un pensamiento así en un lugar tan inconveniente, pero para su desgracia la autocensura no había sido lo suficientemente rápida y su mente giraba en torbellinos. Por un lado trataba de contenerse y dejar de pensar en Hermione, especialmente de aquella manera, pero por el otro no podía parar de repasar ése breve instante. Estaba totalmente abstraída en sus pensamientos cuando una mano empezó a sacudirla con fuerza. Confusa salió de su propio mundo y prestó un poco de atención al mundo que la rodeaba. A su lado estaba Davies sacudiéndola.

-¿Qué pasa contigo? La clase ya se ha acabado, tenemos que ir a Pociones y ya sabes cómo se pone Snape si llegamos tarde.-

-Sí, sí. Voy.- No quiso mirarla a los ojos por miedo a que la otra chica leyese sus pensamientos en lo más profundo de sus pupilas

-¿Qué te pasaba?- Sonrió Davies con picardía. -¿En quién estabas pensando?-

-En nadie.- Mintió pero su rostro todavía estaba encarnado por la excitación. "Daría todo el oro del mundo por tener un segundo como ése en vivo y en directo."

-Ya, claro. ¿Te crees que soy idiota?-

-Pues claro que sí. Nunca lo he dudado.- Contestó con desparpajo, se levantó de la silla, se colgó la mochila del hombro derecho y salió por la puerta del aula sin siquiera mirar a su compañera.

-¡Ja!, muy graciosa.- Davies salió corriendo tras ella después de quedarse un par de segundos clavada en el suelo procesando el insulto.

-¿Qué quieres, Tracey?- Preguntó la morena cansada de la persistencia de su compañera.

-Pues un cotilleo enorme y jugoso, ya lo sabes, ¿en quién pensabas?- Sonrió, una idea había acudido súbitamente a su cabeza. -¿No estarías pensando en Weasley?-

Por toda respuesta Pansy se paró en seco, la miró con cara de aburrimiento y soltó un bufido de asco. Levantó el mentón girándole la cara a su compañera de casa y continuó caminando con mayor rapidez, dejando atrás en un momento a Davies.

Tras inventar la mentira sobre Weasley había tenido que soportar muchas más bromas de las que le hubiese gustado ya que, como había supuesto mientras se lo contaba, Malfoy no había tardado en esparcir el rumor por toda la casa de Slytherin. Era un duro golpe para su orgullo pero éso era mejor a que descubriesen que estaba enamorada de una sangre sucia hija de muggles, ya no tanto por sí misma y la cantidad de problemas que le acarrearía, sino por los malos ratos que le podían hacer pasar a Hermione e incluso el peligro que implicaría para ella. En cambio no le importaba lo más mínimo que se riesen de la rata pelirroja, de hecho desde el partido que habían perdido en noviembre contra los Gryffindor todavía no se había quitado la insignia en la que rezaba [a Weasley vamos a coronar] y cada vez que se lo cruzaba por los pasillos se la señalaba justo encima de su corazón y junto a su emblema de Slytherin y hacía gestos de reírse de él. Él trataba de ignorarla y en ocasiones parecía conseguirlo, en ésos momentos ella había estado tentada de maldecirlo por la espalda, lo único que le interesaba y le amenizaba un poco las largas horas de espera era tratar de amargar la existencia del pelirrojo lo máximo posible, pero sabía que Hermione se enfadaría con ella si lo hechizaba por la espalda de modo que se conformaba con apretar la mandíbula hasta que se había alejado lo suficiente como para no tenerlo a tiro.

Con Hermione la cosa era distinta, no habían podido hablar desde que el orangután pecoso había montado su patético numerito de celos sin sentido pero sus miradas se cruzaban constantemente de modo que Pansy, pese a sentirse sola y triste, podía confiar en que ella estaba esperando a que se diese el momento propicio para intentar acercarse a la Slytherin. En cambio la morena sólo podía esperar a que ése momento se produjese pronto, no quería arriesgarse y poner en un peligro aún mayor a la Gryffindor.

-Vamos, Pans. ¿Qué pasa últimamente contigo?- Davies corría tras ella para tratar de alcanzarla.

-¿A mí? A mí no me pasa absolutamente nada.- Mintió con descaro y fingiendo cierta sorpresa por el comentario de la otra chica.

-Ya claro.- Bufó Tracey. -Últimamente apenas hablas con nadie, lo único que haces es dibujar en esa libreta tuya y deambular por los pasillos. Algo debe preocuparte.-

Pansy sonrió para sus adentros, lo que en cualquier otra casa de su colegio se podía haber tomado como auténtica preocupación por su amiga en la suya lo único que significaba era que Davies trataba de enterarse de algo sobre ella para poder utilizarlo de alguna manera en su propio beneficio, sin dejarse engañar Pansy continuó caminando.

-Hay muchas cosas que me preocupan pero ninguna lo suficientemente interesante como para que sea de tu incumbencia.- Cortó con sequedad.

-¿Qué quieres decir con eso de que hay muchas cosas que te preocupan?- Pansy notó la expectación en las palabras de la otra chica.

-Quiero decir.- Contestó parándose en seco y hablando en voz baja. -Que tenemos una guerra que ganar de un modo u otro y lo único que hago es devanarme los sesos para averiguar de qué modo podemos contribuir a la gloria de quién-tú-sabes. Éso es lo que me preocupa, ¿tienes algo que decir sobre ello?-

Ambas alumnas de Slytherin se quedaron mirando fijamente la una a la otra, Davies sabía que Pansy se había salido por la tangente para no contestarle pero no podía estar segura de que lo que le había dicho fuese falso, de cualquier modo tampoco era una información muy útil ya que no había dicho nada inconveniente, más bien todo lo contrario y si lo contaba a alguien de su casa lo máximo que podría conseguir serían halagos hacia Pansy y su devoción por la causa.

-Está bien, acepto tu palabra.- Tracey echó a caminar. -Date prisa o llegaremos tarde a clase y Snape nos castigará a las dos.-

Caminaron en silencio hasta llegar a la puerta del aula de pociones, allí estaban los Slytherin en un extremo del pasillo y al otro los Gryffindor. Pansy sabía que estaba siendo observada por Davies así que tuvo que ignorar al grupo de los leones, con un gran esfuerzo de voluntad ni siquiera echó una mirada de soslayo a su chica pero por dentro esperaba fervientemente que alguien empezase una pelea para poder tener una excusa y mirarla. Se acercó a Bulstrode y empezó a hablar con ella en murmullos apenas perceptibles dispuesta a meter cizaña entre ella y Lavender, inventando cosas que supuestamente había dicho la Gryffindor sobre su compañera. Bulstrode estaba empezando a indignarse y Pansy ya podía saborear la pelea cuando Snape abrió la puerta de un fuerte tirón.

-Ya podéis entrar.- Les dijo en un gruñido sordo. La sonrisa que empezaba a formarse en la boca de la Slytherin se esfumó de un plumazo y maldiciendo a Snape y a toda su estirpe Pansy entró en el aula sin apenas mover el cuello, casi parecía que tenía tortícolis. A paso rápido se dirigió hacia su sitio en la parte delantera del aula maldiciéndose por haber elegido aquel sitio a principio del curso. Ella no pudo notarlo pero Hermione se había dado cuenta de todos sus movimientos y de su intento frustrado de iniciar una pelea y entró en la clase tras ella, abrazada con fuerza a sus libros y sonriendo ampliamente.

Sin pararse a hablar con Greengrass que se sentaba junto a ella en las clases de Pociones comenzó a preparar la poción que les había indicado Snape en la pizarra. Todo funcionaba de maravilla en su caldero, pero en cierto momento el color de su brebaje empezó a cambiar de tono. La poción, que debía ser de un color rojo intenso, se estaba convirtiendo en un tono marrón oscuro, confusa empezó a repasar a toda velocidad los pasos que había dado, por si se había saltado alguno o había metido algo que no debiese pero para su consternación no detectó el fallo que estaba provocando que su poción lentamente se tornase de un color negro y se estuviese espesando tanto. Se giró buscando al profesor Snape con la mirada para pedirle ayuda cuando una fuerte explosión hizo saltar en pedazos su caldero de peltre, enviándolas a ella y a Greengrass a varios metros de sus pupitres, quedando ambas tiradas en el suelo y cubiertas de la engrudosa poción.

-¿Qué ha pasado aquí?- Gritó Snape acercándose a Daphne, a quien tenía más cerca. -Rápido, Crabbe y Goyle llevadlas a las dos a la enfermería, yo tengo que encargarme de un sabotaje.- Snape ardía de ira y ambos chicos cogieron en volandas a las chicas tendidas en el suelo y se las llevaron a toda velocidad para tratar de evitar lo máximo posible la cólera del profesor.

Pansy despertó un par de horas después con dolor de cabeza y sin saber muy bien lo que había sucedido, estaba tendida en una cama de la enfermería pero no sabía porqué, y a su lado estaba Greengrass con el uniforme escolar lleno de un potingue negro. Se quedó mirando a su compañera unos segundos totalmente estupefacta cuando se le ocurrió bajar la mirada y vio que ella también estaba cubierta de aquel líquido pringoso y negro.

-¿Qué coño...?- Gruñó con un hilo de voz apenas audible.

"Qué coño..." Pensó un poco más fuerte de lo que había logrado articular y un poco demasiado fuerte para su cefalea.

Cogiéndose la frente con la mano derecha como si tuviese miedo de que se le fuese a caer la cabeza se incorporó en la cama y miró a su compañera que ya estaba despierta.

-Vaya, por fin te despiertas.-

Pansy se la quedó mirando fijamente, a duras penas había logrado entender lo que le había dicho y no entendía porqué le hablaba en voz tan baja.

-¿Qué ha pasado?- Le preguntó sin apenas escucharse, tragó saliva pensando que tal vez se le habían taponado un poco los oídos.

En ese momento apareció la enfermera Pomfrey. Sin duda la había escuchado hablar y se acercaba para ver cómo estaba la otra estudiante.

-Po... se... desp... ta...- Con la mano todavía sujetándose la cabeza Pansy se inclinó tratando de escuchar a la enfermera, ésta al ver el rostro de extrañeza con que la miraba la estudiante y su falta de respuesta de ningún tipo se dio cuenta de que algo no funcionaba del todo bien.

-Vam... peza... le el... lta... ñorit... grass.- Pansy no tenía ni la más remota idea de lo que había dicho la enfermera pero pudo imaginárselo al ver a Daphne levantándose de la cama y haciéndole un gesto de despedida al que la joven morena respondió con su mano izquierda.

"Alguien debería enseñar a hablar a ésta señora." Se dijo a sí misma para intentar de apaciguar un poco el miedo que sentía por no poder escuchar lo que le decían.

La señora Pomfrey se acercó a ella y le habló con lentitud, vocalizando bien cada palabra y sin dejar de mirarla a la cara.

-¿Me entiende ahora señorita Parkinson?- Pese a que estaba a su lado la oía en la lejanía y con un incesante y molesto pitido de fondo.

-Sí, señora.- Contestó Pansy.

-¿Me oye usted bien?- Insistió la mujer.

-No.- Pansy sacudió la cabeza siempre con su mano derecha pegada a ella e inmediatamente se maldijo en todos los idiomas que conocía y en varios que inventó en ése mismo momento.

-¿Qué es lo que escucha?-

-La oigo muy bajito, como si estuviese muy lejos de mi y hay un pitido muy agudo y aún más molesto de fondo.-

La mujer sonrió y asintió con la cabeza, alargó la mano y le miró la conjuntiva de los ojos, midió la velocidad de relleno capilar. Encendió su varita y la puso frente a su cara para medir la reacción de las pupilas.

-Señora Pomfrey, los ojos no me duelen, lo que me molestan son los oídos.- Le dijo sin poder contenerse, vocalizando exageradamente como si fuese la enfermera quien no oía bien y señalándose las orejas con la mano izquierda. "¿Qué piensa ésta mujer? ¿No puedo oír bien y me mira los ojos?"

-Tranquila señorita Parkinson.- Le contestó la enfermera con un tono que pese a su sordera Pansy pudo adivinar molesto. -Estoy haciéndole un reconocimiento en general y si no le gusta... irs... ospit... an Mun...- Ésto último se lo dijo sin mirarla directamente a la cara y probablemente en un tono de voz mucho más bajo que el de antes.

"Tendrá mala ostia la vieja." Se indignó la joven que se limitó a callarse y acatar las curas tal y como las quisiese hacer la enfermera.

Tras ver cómo reaccionaban sus ojos decidió hacerle un examen del funcionamiento de sus articulaciones y de dolores musculares.

"Lo que yo diga, ésta mujer en navidades se va a comerse su cena delante de un albergue de indigentes."

Tras varias pruebas más por fin se dignó a prestarle un poco de atención a sus oídos, se los inspeccionó con cuidado pero aún así haciéndole bastante daño. Cuando terminó de mirarla por todas partes se volvió a colocar ante ella.

-Tiene el canal auditivo inflamado por la proximidad a la explosión, no es nada importante pero es bastante molesto. Le voy a dar algunas pociones para los oídos y para el dolor de cabeza que seguramente también tenga.- Pansy asintió con la cabeza. -En unas horas debería estar usted totalmente repuesta pero me temo que a la hora que es ya va a tener que pasar la noche aquí.-

Pansy asintió lentamente con la cabeza para hacerle saber a la señora que la había entendido sin problemas, no le apetecía nada tener que dormir en la enfermería y todavía nadie se había tomado la molestia de decirle porqué coño había ido a parar allí. Molesta con el mundo se acostó con cuidado para que su cabeza no rebotase desde muy alto en la almohada. Se estaba acomodando cuando la puerta de la enfermería se abrió y entró Malfoy con Greengrass, Bulstrode, Davies, Crabbe y Goyle.

"Genial, ahora encima vienen éstos a cotillear." Pensó Pansy de mala gana. "Por lo menos supongo que podré enterarme de lo que ha pasado aunque me parece que no voy a poder disfrutar de la única visita que quiero tener."

Los seis sonreían al verla en la cama de la enfermería.

"Serán capullos, mala baba que tienen todos." Pansy rabiaba interiormente.

-Me han dicho que ahora hay que hablarte a gritos Parkinson.- Se rió Malfoy, su rostro se había puesto colorado gritando pero ella apenas notaba la diferencia entre la conversación de la señora Pomfrey y los gritos del rubio.

-Eso parece.- Le contestó llevándose la mano de nuevo a la cabeza. -¿Qué leches hago yo aquí? ¿Qué ha pasado?-

-¿No te acuerdas?- Le preguntó Davies con una sonrisa que a Pansy le dio ganas de estrangularla con las sábanas. Por toda respuesta lo único que pudo hacer fue mover la cabeza negativamente, siempre con infinito cuidado de que no le diese un calambrazo de dolor.

-Tu poción explotó.- Dijo parcamente Crabbe.

"Al final va a ser una bendición tu simplicidad." Pansy le sonrió sin poder evitarlo, agradecía que le diesen explicaciones claras y concisas. "No tengo el chichi pa' farolillos." No tenía ganas de hablar así que los miró tratando de que entendiesen que quería saber lo que había sucedido pero sin éxito, suspiró con hastío.

-¿Podéis contarme lo que ha pasado?- Dijo por fin al ver que lo único que hacían era mirarla con ésa estúpida sonrisa en la cara.

-Pues no estamos muy seguros de lo que ha pasado.- Le explicó Greengrass. -Snape a montado en cólera pero no ha logrado averiguar quién ha sido.-

-Está seguro de que uno de ésos apestosos Gryffindor echó a tu caldero huevos de ashwinder.- Dijo Malfoy. -Pero ya sabes lo bien que se protegen entre ellos.- Pansy asintió levemente. -Así que les ha quitado trescientos puntos del marcador aunque no sirva de gran cosa, su marcador ya estaba por los suelos antes de ésto.-

Pansy se quedó tumbada en la cama, pensando todo lo rápido que se lo permitía su dolorido cerebro e inmediatamente llegó a una conclusión no muy complicada... Weasley. Seguramente el muy gañán no quería hacer explotar el caldero pero probablemente tampoco sabía lo que había echado en su caldero ni lo inflamables que son los huevos de ashwinder, debía haber echado como mínimo tres ya que uno solo hubiese hecho arder el caldero pero no lo habría reventado de ése modo.

-¿Cómo?- Gruñó simplemente.

-Probablemente en uno de los viajes a los armarios para coger materiales, aprovecharían un momento en el que estuvieses mirando a otra parte.-

De nuevo el silencio se apoderó del grupo hasta que apareció la señora Pomfrey.

-Hagan el favor de marcharse.- Pidió la mujer. -Parkinson debe tomarse las pociones y descansar.-

-Te he traído el pijama.- Dijo sonriendo Davies antes de darse la vuelta y marcharse.

-Gracias.- Dijo simplemente tomándolo de sus manos y dejándolo en la mesilla de noche en cuanto salió por la puerta, no tenía ganas ni de cambiarse.

"Ya, y no se te ha ocurrido registrar mis cosas mientras amablemente me traías el pijama." Pensó Pansy sonriendo con tranquilidad. "Para tu desgracia sigo yendo un paso por delante y después de la charla tan ilustrativa que tuve con Malfoy me deshice de mi libreta."

La señora Pomfrey la obligó a incorporarse y le hizo tomar cuatro pociones a cual más repugnante y la obligó a que se dejase ayudar para cambiarse.

"¿Pero qué interés tiene ésta señora en ayudarme a cambiarme?" Pensó Pansy extrañada y mirando a la enfermera con suspicacia mientras trataba de ponerse el pijama lo más rápidamente posible. Una vez se terminó de poner la camiseta y los pantalones cortos se metió rápidamente entre las sábanas, la señora Pomfrey no se dio por enterada de las sospechas de la Slytherin y llamó a un elfo doméstico para que se llevase su ropa y la lavase.

"Cuando vuelva a mi cuarto tengo que comprobar que no me falten las bragas." Pensó dentro de la cama tapada con la sábana hasta la nariz.

-Bien, si necesita algo no tiene más que llamarme, estaré en mi habitación aquí al lado. A las seis de la mañana vendré a ver cómo se encuentra y le daré el alta, ¿de acuerdo?- Pansy asintió, desde que se tomara las pociones un poco antes ya notaba una mejoría considerable.

La enfermera se marchó y apagó las luces, dejando sólo una vela en la cama de Pansy. Ésta escuchó cómo la mujer cerraba la cortina de su cubículo, la enfermera siempre acomodaba a los enfermos al fondo de la sala para que tanto ella como el paciente pudiesen gozar de una frágil intimidad pero si la necesitaban podría acudir rápidamente.

Pansy se quedó en la cama con tranquilidad, el dolor de cabeza había desaparecido casi por completo aunque no paraba de escuchar como un débil rasgueo a su izquierda, se tapó la oreja con la mano tratando de averiguar si era un problema de ése oído pero aunque lo escuchaba mucho más débil seguía oyéndolo insistentemente.

-Voy a tener que llamar a la vieja.- Se dijo confusa. -Pero si ya oía bien.-

El ruido cesó abruptamente cuando empezó a hablar. Extrañada empezó a mirar en dirección al ruido y se sentó en la cama con la cabeza ladeada dispuesta a captar el más leve sonido, al poco el ruido comenzó de nuevo. Se levantó con cuidado, estaba bien pero tampoco quería que le diese un amarillo y pegarse un morrazo contra la dura piedra. Caminó hacia la silla de su cubículo, de allí parecía proceder el ruido de una pluma rasgueando un pergamino pero no había nadie sentado en la silla.

-Pa' cagarse y no torcarse.- Se quedó de pie mirando la silla vacía que se reía de ella, alargó una mano esperando encontrarse con el vacío pero al poco su mano tropezó con algo. Contuvo un grito mientras sus ojos se abrían desmesuradamente y retiró la mano con rapidez dando algunos palmotazos en el aire con repelús. Cuando hubo pasado el susto inicial tendió la mano en un movimiento rápido y agarró lo que fuese que estaba allí, pegó un tirón y de debajo de la capa de invisibilidad de Potter apareció un pelo castaño y largo, unos ojos marrones que la miraban divertida y una sonrisa dulce que la hizo derretirse y olvidar todos sus miedos.

Hermione se levantó de la silla y la abrazó con fuerza pero sin romper el silencio, a ambas les apetecía ponerse a gritar pero sabían de sobra que no debían hacerlo. Sonriendo y llorando a la vez, Pansy se agarró a ella aspirando su dulce aroma a fresas y sintiendo cómo parecía que el corazón se le fuese a salir por la boca.

-Ey, eyeyey.- Susurraba Hermione asustada mientras la agarraba con fuerza. Pese a encontrarse bastante bien, el exceso de emoción contenida le había costado un mareo y se estaba escurriendo entre sus brazos. Sin saber muy bien cómo Hermione la cargó en su abrazo y la colocó sobre la cama, ayudándola a sentarse y sujetándola para asegurarse de que no se le iba a escurrir de nuevo.

-¿Estás bien?- Le dijo en un murmullo acariciándole la cara con suavidad.

Pansy sonrió y por respuesta se abrazó de nuevo a la castaña que rió quedamente.

-La enfermera ha hecho un buen trabajo.- Pansy se separó de ella lo justo para mirarla. -Tenías un corte feo aquí.- Le tocó la frente sobre la ceja izquierda con cuidado y le dio un beso donde había estado el corte. -Y otro aquí.- Le acarició la parte izquierda de la mandíbula, dándole otro beso en la zona.

-¿Y aquí no tenía ninguno?- Le preguntó la morena pasándose el dedo por los labios.

-No, ahí no tenías ningún corte.- Sonrió. -Pero si me dices lo que quiero oír haré una excepción.-

-No hacía falta que vinieses.- Le dijo Pansy con fingida altivez. -No me hacía ninguna falta verte.-

-De acuerdo, entonces me voy.- Dijo Hermione dándose la vuelta y recogiendo la capa de Harry del suelo, o intentándolo ya que Pansy se había abrazado con fuerza a su espalda y no la dejaba moverse. -Nunca lo reconocerás, ¿verdad?- Agregó sonriendo.

-¡Jamás!- Rió Pansy a su vez.

-Pues la última vez que recibí un mensaje tuyo me decías que me querías...- Se había dado la vuelta y apretaba la cabeza de Pansy contra su pecho.

-¡Que va! Te confundes, seguro que ése mensaje no era mío.-

-Vaya, vaya. Yo que me había hecho ilusiones.- Le acariciaba el pelo y el cuello con dulzura mientras hablaban. -Pero tampoco me hace falta que me digas algo que ya sé.- Sonrió dándole un beso en la sien. -Acuéstate.- Ordenó mientras le ayudaba a obedecerle.

Cuando la morena estuvo acostada Hermione se retrepó en la cama y se colocó sobre ella, con la mano acariciándole la sien y sin dejar de mirarla a los ojos rozó los labios de la morena con los suyos con suavidad, sintió cómo bajo ella todo el cuerpo de Pansy temblaba a la espera de más. Vio a la Slytherin abriendo levemente los labios, húmedos. Sonriendo la besó con delicadeza, atrapando su labio inferior con los suyos y apretando suavemente, un gruñido salió de la garganta de Pansy pidiendo más, con las manos acariciaba la espalda y el vientre de la Gryffindor.

-Para Pans.- Pidió levantándose y bajando de la cama. -Pórtate bien.- Sonrió. -Estás enferma.-

-No, si me dejas así es cuando me pondré enferma.-

-No podemos hacerlo aquí, ¿vale?- La reprendió con dulzura quitándole un mechón de la cara.

-Al menos dime que te vas a acostar conmigo- Contestó Pansy con una sonrisa pícara y acariciando las sábanas a su lado, Hermione sonrió y se puso colorada. Pansy la miró solazándose en su expresión, le encantaba hacerla enrojecer. -Siempre lo consigo, y eso que no has visto lo que imaginaba en encantamientos.-

-Qué miedo me das.- Le dijo la castaña tendiéndose a su lado e invitándola a que se apoyase en su hombro para descansar, con su brazo derecho rodeó los hombros de Pansy que también la abrazaba. Hermione acariciaba la suave y sensible piel de su brazo con una mano y con la otra le hacía cosquillas en la mandíbula.

"Vale, estoy acariciándole las costillas, ahora sólo tengo que subir la mano un poco y tocaré teta." Pero pese a sus pensamientos parecía que su mano no quería obedecerla y se quedaba obstinadamente instalada en su costado pese a los aires de gran experta que se daba, no lo era. Tomó todo el valor que era capaz de reunir y empezó a mover la mano con mucho cuidado hacia arriba pero su movimiento fue abortado por la mano izquierda de Hermione que la reprendió con dulzura.

-¡Pans!-

-Dime Mione.- Trató de disimular con la voz más inocente que pudo encontrar en su repertorio.

-Cuando te encuentres mejor.- Fue su respuesta.

-¿Me lo prometes?- Alzó la mirada para ver su rostro enrojecido, notó cómo se encendían sus propias mejillas.

-Ajá.- Le contestó dándole un casto beso en la frente.

-¿Y cuándo será eso? Dímelo, quiero una respuesta en meses, días, horas, minutos y segundos.-

Hermione rió su ocurrencia y la abrazó aún más fuerte.

-Te amo Pans.- Dijo en un murmullo apenas audible.

-Yo a ti no.- Le respondió la Slytherin apretando a la castaña con fuerza entre sus brazos.

-Me gusta mucho la libreta que me enviaste hace unas semanas, dibujas muy bien.-

-Nah, es que la modelo es buena.-

-Ya, seguro.- Rió la Gryffindor. -Hiciste bien en enviármela, me parece que Davies ha aprovechado para registrar tus cosas mientras buscaba tu pijama.- Pansy afirmó con la cabeza y se relajó disfrutando en silencio de poder estar abrazada a la castaña.

-¿Qué harás en navidad?- Preguntó tras un rato conteniendo el aliento.

-Voy a ir con mis padres a esquiar.- Le contestó para su desencanto. -¿Y tú?-

-Me quedaré aquí, mis padres no me quieren por casa... - Se mordió la lengua, no quería meterla en más líos.

-Tal vez pueda hablar con mis padres para regresar antes.- Dijo Hermione comprendiendo su repentino silencio y pasando página. Por lo menos tendría la tranquilidad de que durante las navidades los mortífagos no iban a marcar a su chica, aunque tal vez le impusiesen la marca en verano.

-¿En serio?- Se incorporó sobre sus brazos para mirarla a la cara.

-¿Te gustaría?- Levantó la ceja mirándola divertida, su juego era no decirle que la quería y Hermione había decidido jugar a hacer que se lo dijese.

-Apenas.- Sonrió y se apoyó sobre el cuello de la castaña, respirando profundamente su dulce aroma.

-Bueno, pues lo intentaré, pero no te prometo nada. Ahora duérmete, tienes que descansar.-

-No quiero dormirme.- "No quiero que ésta noche se acabe nunca. Contigo a mi lado, protegiéndome." -¿Cuanto tiempo estuviste ahí sentada?-

-Desde que Snape nos dejó salir de la clase de Pociones.-

-Tu amigo casi me mata.- Le reprochó sin acritud ninguna y empezando a dormirse.

-Lo siento.- Fue todo lo que pudo decir, no iba a negar la evidencia de lo ocurrido.

Se hizo un espeso silencio entre las dos mientras ambas pensaban en lo sucedido y Pansy trataba de recordar algo antes de despertarse en la enfermería.

-Dale las gracias de mi parte.- Sonrió soñolienta y abrazando más fuerte a la mujer que yacía en la cama junto a ella.


Espero que os guste ^^