Me alegro de que os haya gustado el capítulo :3 Este creo que os gustará también. SPOILERS hay porn FIN DEL SPOILER.

Es una sobredosis de ternura, Love... en realidad quería mataros con ella (?)

IarEvilQueenSavior, los habitantes de SB quedan por ahí rondando, con los recuerdos de la primera maldición o similares, no te comas mucho el tarro con eso. Le he dado importancia sólo a los que iban a salir XD


Emma Swan

Ni siquiera vestida como estaba, en el culmen de lo que podía considerar la elegancia, podía superar lo que Regina había hecho con un par de toques. Debía tener cara de idiota bajo todo el maquillaje que me había puesto. Regina se acercó y me dio un beso en los labios. Otra vez me botaba el corazón a mil por hora y se me encogía el estómago.

_ Estás muy guapa, Emma._ Me dijo, guiñándome un ojo.

_ Tú también._ Lo había dicho sin tartamudear. ¡Éxito!

Me subí en el asiento trasero del coche y le dije que nos llevara al restaurante francés del pueblo. Regina parecía sorprendida. Bien, justo lo que estaba esperando. Normalmente no iba a poder permitirme eso… y seguramente la tendría que llevar a una hamburguesería barata, pero con la tarjeta de Hikari en las manos, me sentía millonaria.

_ Swan… ¿No habrás robado un banco para que tengamos esta cita, verdad?_ Me preguntó, acomodándose en su asiento.

Swan… ¿Por qué me había revuelto tanto que me llamase por mi apellido? Era como si todo mi cuerpo reaccionase al estímulo de escuchar esa palabra salir de esos labios. Maldita sea, mis hormonas estaban completamente locas.

_ No digas tontería, Gina. Si me metiesen en la cárcel no iba a poder volver a verte._ Me sonrojé un poco al soltar aquella insinuación. No me era fácil ser tan fresca con ella como siempre lo había sido con los demás.

Regina me estaba mirando fijamente. Parecía mucho más abierta a llegar a mí de lo que lo había hecho aquella mañana. Parecía que finalmente había aceptado todo lo que una cita conmigo implicaba. Noté su mano sobre mi pierna. Decididamente algo había cambiado.

Discordia

No había salido de aquella casa desde que me quedé a dormir el día anterior. Amy ya no parecía tener reparos en tenerme allí. Era donde deseaba estar, a su lado. Cuanto deseaba ya que se rompiese la maldición, que fuese libre y poder empezar a llamarla por su nombre. En aquel momento nos encontrábamos en el jardín. Ella aspiraba el aroma de las últimas rosas que le había dado.

Noté cómo su mano tocaba la mía y la miré a los ojos. Su sonrisa era suficiente como para provocar que yo sonriese. Me rodeó la cintura y nuestros labios se juntaron. La besé, dulcemente, cerrando mis ojos, y noté cómo se aferraba a mí. Mi corazón latía, ansioso por tenerla cerca.

_ Empiezo a pensar que eres lo único seguro que tengo en la vida._ Me dijo, en un susurro.

Noté cómo me empujaba sobre la hierba, y sus labios recorrían mi cuello. Mi cuerpo estaba ansioso. Ni los más enrevesados juegos de Afrodita podían hacerme sentir como aquellos dulces labios apenas rozando mi cuello. Sus manos, hábiles, tiraron de mi camisa y la hicieron a un lado. Pero mi ansia fue más fuerte, y con un gesto de la mano, nos mostré a ambas tal y como un día nacimos. Ella se rió.

_ Eres una tramposa._ Me recriminó.

_ Siempre hago trampas, ya me conoces…_ Dije, acariciando su espalda.

_ Y yo siempre te perdono…_ Susurró. Sus labios bajaron hasta llegar a mi pecho, y lo atraparon con delicadeza.

Yo sentía que me estremecía, aferrando la hierba con ambas manos. Gemía con fuerza. Ignoraba como el cielo estaba empezando a tronar. Sus labios descendieron aún más. Yo me quedaba quieta, disfrutando de su tacto sobre mi piel, aún incapaz de creer lo que estaba pasando, la suerte que tenía. Sus labios finalmente encontraron mi sexo y yo, en un gesto rápido la giré para poder darle el mismo trato.

Empezó a llover, pero no le di importancia. Ignoraba los rayos y truenos que estaban cayendo, probablemente por mi causa. Amy provocó que me contorsionase de placer, en un fuerte orgasmo que provocó una rápida racha de relámpagos.

_ Te quiero…_ Susurré, dejándome caer sobre la hierba.

_ Y yo a ti…_ Murmuró ella, besando mis labios.

Noté cómo una corriente eléctrica parecía cruzar mis labios en aquel momento. Abrí los ojos, y vi cómo, por un instante, la imagen de Amy parecía parpadear. Aferrando sus manos aparecieron unas cadenas negras que, al instante, se desintegraron y cayeron al suelo, convertidas en cenizas.

_ ¿Qué ha sido eso?_ Le pregunté.

_ La maldición de Hades._ Murmuró._ Soy libre…

En ese momento tragué saliva. ¿Libre? ¿Acaso libre para irse? Esa idea me destrozó el alma. Si la perdía… yo. No sabría qué hacer con una vida eterna que volvería a pasar sola. Las viejas heridas volverían a reabrirse, y el dolor, un dolor horrendo y desolador, volvería a instalarse en mi corazón.

Regina Mills

Apreciaba lo que Emma quería hacer conmigo. De verdad. Pero ese tipo de cita era lo último que deseaba vivir. A pesar de la apariencia que destilaba… estaba harta de ir a restaurantes caros con chicas elegantes. Si le había dado una oportunidad a Ruby, y pretendía dársela a Emma, era porque eran distintas. Y sin embargo, ahora me veía repitiendo lo mismo que las otras veces.

Aunque, de haber sabido lo que me esperaba aquella noche, lo más probable es que hubiese preferido la cena. El conductor del taxi no pudo prever una tormenta que se desató repentinamente, y mucho menos el rayo que golpeó el taxi. Escuché un grito, y el coche viró, chocándose contra el árbol. El cinturón de seguridad nos mantuvo en nuestro sitio. Pero un fuerte olor a quemado me puso sobre aviso.

Lancé un fuerte grito cuando miré hacia el asiento delantero y me encontré con el conductor. O lo que quedaba de él. Se había convertido en un montón de carne quedaba, que raramente podía asociarse a un ser humano.

Emma me tomó del brazo y me sacó del coche. Justo a tiempo, porque nada más salir vi como un segundo rayo golpeaba el Taxi. Al parecer la antena de la radio había actuado de pararrayos. Estaba temblando de puro terror. ¿Qué iba a hacer ahora? El cielo parecía estar rugiendo, lleno de relámpagos que iluminaban por momentos todo, cegándome.

_ Regina._ Me llamó Emma._ Vamos, tenemos que volver a casa.

_ Pero… pero…_ me sentía completamente bloqueada.

_ No pasa nada, sígueme.

Emma se quitó los tacones y los tiró a un lado. ¿Iba a recorrer todo ese camino descalza? Con una seguridad absoluta en lo que hacía, empezó a andar en la carretera.

_ ¿No tienes miedo?_ Pregunté.

_ Pues claro que tengo miedo._ Dijo, sin dejar de andar._ Pero no podemos quedarnos quietas sin hacer nada.

Me aferré a Emma mientras nos dirigíamos a casa. La lluvia seguía cayendo sobre nosotras mientras avanzábamos. Yo ahora veía a Emma de otra manera. Parecía una heroína que me sostenía, porque yo nunca había tenido tanto miedo, y ella avanzaba, dándome ánimos.

La mansión se convirtió para mí en un bálsamo. Mientras cruzábamos la puerta, sentí que finalmente me quitaba un peso de encima y podía respirar tranquila. Subimos a la planta de arriba. Sentía que había pasado una eternidad.

Emma Swan

Aún no tenía del todo claro de dónde había sacado fuerzas para hacer aquello. Sólo tenía claro que no podía permitir que a Regina le pasase nada. La casa estaba vacía. No sabía dónde estarían Zelena y Hikari, pero esperaba que estuviesen bien. En aquel momento me sentía emocionalmente agotada. La historia que había vivido con Regina me parecía una pesadilla, pero a la vez hermosa. Había intentado parecer un cisne para ella, y sin embargo, ahora me sentía una vez más como el patito feo. Me dirigía a mi habitación, cuando sentí la mano de Regina rodear la mía.

_ Emma… ven conmigo._ Me dijo, en un susurro.

Le brillaban los ojos mientras la seguía. Íbamos a su cuarto. Me tomó por la cintura y me dio un suave beso en los labios. Sentí como todo mi agotamiento empezaba a desaparecer.

Zelena Mills

Aquella tormenta iba de mal en peor. Hikari me había dicho que aquel día Emma iba a salir con una chica. ¿Y si le pasaba algo? Quería pensar que mi preocupación era provocada únicamente por la ruptura de la maldición, pero sin embargo, no dejaba de escuchar una vocecita en mi cabeza que me decía que a mi niñita iba a pasarle algo horrible.

_ Ya verás cómo están bien._ Me decía Hikari._ No te amargues, cariño. No tiene por qué pasar nada.

Como si se lo tomase como una afrenta personal, el sonido de un rayo fue el preludio a un repentino corte de luz. Miré mi móvil y comprobé que, al igual que hacía unos minutos, seguía sin cobertura. No, no podía quedarme allí sin más.

_ Intenta llamarlas. Comprueba si funciona el teléfono fijo._ dije, mientras cogía las llaves del coche._ Yo voy a buscarlas.

No podía quedarme allí sencillamente esperando. La tormenta estaba empezando a escampar, y yo me sentía mucho más segura a la hora de buscar a las niñas en aquel momento. Si le pasaba algo a Emma o a Regina en aquel momento sentiría mi mundo hacerse pedazos.

Emma Swan

Los labios de Regina, que hasta aquel momento sólo habían estado enfocados en los míos, descendieron a mi cuello. Sentí cómo caía sobre su cama, aún incrédula a lo que estaba pasando. Pero sentía que aquello estaba bien, como si en realidad hubiésemos esperado mucho tiempo y se nos estuviese recompensando. Se deshizo de mi vestido con asombrosa facilidad, y su lengua, salvaje, jugó sobre ellos. Para mi cuerpo era una experiencia dulce y novedosa. Había practicado el sexo muchas veces, pero con Regina era diferente.

Mi sexo, expuesto, estaba empezando a humedecerse con rapidez. Regina me provocaba reacciones que nadie más podía darme. Sentía como si mi piel se electrocutase. Gemí fuertemente, y ella se rio un poco, como si el placer que era capaz de darme le pareciera cómico.

_ No seas cruel._ Le dije, me sentía algo insegura.

_ Te aseguro que voy a ser de todo menos cruel, Swanie.

Swanie… me había llamado Swanie. Joder, que nombre tan sexy. ¿Cómo no se le había ocurrido a ninguna de mis parejas llamarme así antes? Regina me había girado con gracia y cuando quise darme cuenta, sus dientes estaban mordiendo mis nalgas, y su mano acariciando mi sexo con mucha delicadeza. Estaba claro quién llevaba la delantera en aquella relación… y no me importaba.

Los dientes de Regina estaban provocando reacciones en mí que escapaban a mi comprensión, gemía y convulsionaba, atrapada en una espiral incontrolable de placer. Ella, en cambio, parecía tomárselo todo con mucha calma, ya que ni siquiera se había desvestido.

Tardé poco en estallar en un orgasmo incontrolable. La verdad es que no recordaba haber sentido nada tan intenso como lo que acababa de sentir. Y sólo acabábamos de empezar. La lengua de Regina recorrió mi trasero, como para recordármelo.

_ ¿Qué quieres hacer ahora, Swanie?_ Me susurró al oído._ Te dejo elegir… eres mi heroína, después de todo.

A mi mente acudió una de las imágenes que había visto la noche en que nos habían drogado. Y lo celosa y excitada que me había puesto a partes iguales al ver a Ruby arrodillada ante Regina. La miré y lo tuve bien claro.

_ Siéntate en la cama y súbete el vestido._ Le pedí, sonriendo.

Ella lo hizo y yo me puse cara a cara con sus braguitas. Las besé y mordí ligeramente, provocando que la morena gimiese tanto como lo había estado haciendo yo. Quería torturarla un poco, pero no era capaz. Me aparté un momento y retiré la prenda, llevando mi lengua directamente sobre su piel. Los gemidos de Regina se agudizaron, y no tardó en poner una mano tras mi cabeza para indicarme cómo quería las cosas. Regina siempre era una mandona… pero me gustaba que lo fuese.

Se derramó sobre mi cara sin explicación y luego, de uno de los últimos cajones de su escritorio, sacó un arnés. Osea que Regina tenía algún que otro juguetito… y yo que me imaginaba que jamás haría nada de eso. Tonta de mí. Se lo colocó y yo me tumbé sobre la cama, poniendo el trasero en pompa para esperarla.

Regina no se hizo de rogar, y no tardó en hundir aquel juguete dentro de mí. Yo me retorcí de placer, acompasando mis movimientos a los suyos. Nuestros cuerpos entraban en sintonía con facilidad pasmosa. Sabiéndonos solas no nos detuvimos a la hora de gritar. Nuestro orgasmo llegó a la vez, y fue lo más dulce que jamás había sentido.

Regina se quitó aquel juguetito y se tumbó en la cama, rodeándome con los brazos. La forma en la que le brillaban los ojos, jamás los había visto así. Y yo nunca me había sentido tan completa. Regina me había dicho que era su heroína. Pero la salvaría una y mil veces. Jamás la dejaría atrás. Regina me dio un último beso, uno que duró mucho más que los anteriores. Noté una corriente eléctrica que recorría mi cuerpo, llenándolo.

Mientras me separaba empecé a sentir como una serie de recuerdos invasores entraban en mi mente. Pero mientras caía en la cama, me sentía tan cansada, que no pude darme cuenta de nada. Ni siquiera de cómo mi cuerpo, y el de la mujer que dormía a mi lado, habían cambiado. Los recuerdos sobre Henry… sobre Neal, sobre mis padres, cayeron en un cerebro tan agotado, que no sería consciente de ellos hasta el día siguiente. Ni yo ni Regina nos dimos cuenta de la maldición que acabábamos de romper. En aquel momento, mientras nos abrazábamos, sólo nos importaba estar cerca de la otra.