Lucius "de la luz o nacido en la luz" , Lucius era el nombre de un emperador romano que luchó contra el Rey Arturo en la leyenda.

Abraxas : La palabra Abraxas (o Abrasax o Abracax, del griego ἄβραξας) era un término que se grababa en ciertas piedras antiguas, llamadas Piedras Abraxas, y que las sectas gnósticas solían usar como talismán. Se creía que Abraxas era el nombre de un dios que representaba el Bien y el Mal, un dios y deidad adorada y un demonio y daimon temido en una única existencia. El símbolo de Abraxas aparece en multitud de libros. Siendo el libro «Demian», del suizo de origen alemán Hermann Hesse, uno de los más conocidos.

Al igual que ocurre con Dámaso, Damián o Demian significa "el domador, el que amansa". Existe otra interpretación posible; "el consagrado al culto de Damia", sobrenombre de la Diosa Cibeles. Es el hombre que tiene la fuerza y la constancia para dirigir y amansar a las gentes. Aquel que sabe como ordenar los instintos primarios y llegar a la tranquilidad y al equilibrio.

Y Malfoy significa mal fario, desgracia, en francés, aunque también pude interpretarse como infiel...

Así que Lucius ha nacido en la luz, hijo del bien y del mal y es líder, desgraciado, desafortunado.

Respecto al matrimonio de los chicos, Severus solo actúa como testigo de su unión, después de todo, un matrimonio es un contrato, no? Pues eso, ellos expresan ante él su voluntad de ser esposos y Severus solo crea el registro de esa intención. No hay votos, clausulas, nada, todo eso queda para otro momento, y son ellos mismos los que se unen, como si de un juramento inquebrantable se tratase... Sería el equivalente de ir a casarse a las Vegas, pero en plan mágico….

Y DESPUES DE UN MATRIMONIO….Noche de bodas!

Draco se estremeció a su pesar, y todos abandonaron el despacho, encaminándose hacia las profundidades de las mazmorras. Las habitaciones privadas del profesor se encontraban ocultas tras una pintura de un vampiro de rostro elegante y colmillos intimidantes, negligentemente recostado contra unos cojines de un cenador, iluminado por la luna. El vampiro se inclino levemente al ver al profesor, y alzó una ceja en muda pregunta. Un leve asentimiento y el cuadro se abrió sin un ruido, dándoles acceso. Ascendieron por una enorme escalera en espiral y llegaron a un amplio corredor, limpio de cuadros y alfombrado para amortiguar los sonidos. El profesor de pociones murmuró indicando el fondo del amplio corredor:

-Si vais a hacerlo, hacedlo bien…al final encontrareis unas habitaciones interesantes…

El hombre entró en sus propios aposentos, tras una puerta adornada por una gran serpiente, dejándoles a solas. Al final del corredor una gran puerta doble cerraba el paso, las hojas recubiertas de multitud de serpientes talladas en la madera, los ojos formados por joyas multicolores. El joven Lord susurró:

-Buenos días…

Con un repentino parpadeo, muchos ojos hasta el momento inmóviles le miraron y por fin tras un rato una de las serpientes habló:

-Bienvenido Milord, bienvenidos los dos…

El joven de cabello negro inclinó la cabeza cortésmente – las serpientes son muy amantes de las apropiadas cortesías - y preguntó:

-¿Sería posible que mi esposo y yo nos instaláramos en los aposentos que custodiáis?

Las serpientes ondularon ligeramente, y muchas sacaron la bífida lengua, captando sus aromas. Draco sonrió levemente, saludando con una ligera inclinación de cabeza a las que le miraron más directamente, ciertamente curiosas. Podía entenderlas perfectamente, gracias a su conexión, aunque hablar parsel era otra cosa, y se decía que era imposible aprenderlo, Harry le había enseñado - también era imposible sobrevivir a la maldición asesina y el moreno lo había hecho, no?- y podía hacerse entender razonablemente, pero su inflexión no era tan fluida y natural como la de su esposo.

-Por supuesto, Milord! Cualquier lugar del castillo está abierto para los Herederos de los Fundadores. Salazar Slytherin se sentiría honrado de vuestra elección y Godric Griffindor también.

Las puertas se abrieron para ellos, en silencio, mientras las serpientes saludaban calurosamente a los jóvenes. Entraron en una antesala, con percheros, unas sillas y una mesita auxiliar, un lugar de espera, y descubrieron que las puertas laterales de esta, conducían a dos despachos muy bien equipados, con mobiliario formal. La doble puerta simétrica de la que acaban de cruzar, llevaba directamente a un salón muy hermoso, con una zona de comedor y una gran chimenea central, rodeada de sillones. Librerías y tapices adornaban las paredes junto a las puertas de entrada. A ambos lados del salón se abrían dos puertas. La de la izquierda llevaba a un aseo claramente diseñado para atender a los posibles invitados, con múltiples cubículos y una encimera con tres lavamanos incrustados. La de la derecha se abría en un corredor con varios dormitorios de invitados, sencillos y funcionales, con un gran baño compartido al fondo.

Era extraño, pero ¿Dónde estaban las habitaciones principales?. Retornaron al salón, explorando y descubrieron que a ambos lados de la chimenea, las libreras eran móviles, ocultando sendas puertas. A la derecha se encontraba una completa cocina. Perfectamente equipada y con un rincón para comer en familia o con los amigos.

Tras la otra librería encontraron el dormitorio principal, con un gran baño incluido y un vestidor enorme que hizo que los ojos de Draco se iluminaran. El muchacho saltó al cuello de su esposo y murmuró con aire entre travieso y expectante:

-¿Podemos tener uno parecido en casa?¿Por favor?

-Lo que tú quieras, Draco…todo lo que tú quieras…

Chasqueando los dedos, el moreno exclamó:

-¡Dobby!

El elfo apareció a sus pies, retorciéndose las manos e inclinándose hasta tocar el suelo.

-Señor! ¿Harry Potter ha llamado a Dobby?

El hombre asintió afablemente y preguntó mientras el elfo saltaba sobre las puntas de sus pies, nervioso e hiperactivo.

-Dobby, ¿Quieres ser nuestro elfo particular mientras dure nuestra estancia en el castillo? Acabamos de casarnos y deseo intimidad…

Dilatando los ojos de alegría el elfo palmoteó y exclamó:

-Por supuesto señor! ¡Enhorabuena! Sera un honor servir a Harry Potter y a sus esposo!

-Entonces, ¿Serás tan amble de recoger nuestro equipaje del carruaje e instalar todas las cosas aquí, Dobby?

Inclinándose, el elfo desapareció, y Draco sonrió, enlazando la mano en la de su esposo, jugueteando nerviosamente con el anillo de su anular, que ahora no simbolizaba una promesa, sino una realidad. Girándose a él y besándole en la frente, Harry murmuró:

-Vamos, te prometí llevarte de compras, no es cierto?

Draco asintió entusiasmado, y apenas parpadeó cuando el elfo regresó cargado de baúles. De una de las cajas brotó un siseó irritado y Harry se apresuró a cogerla con cuidado. Al abrirla, dos enormes cobras reales emergieron, agitando las lenguas con curiosidad, paladeando los aromas del lugar.

-¿Qué sitio es este?

Con un bufido indignado, Sensibility se deslizó fuera de su caja, trepando por el fuerte brazo del moreno, hasta descansar en sus hombros. Sense la emuló, y se enroscó por su muslo, hasta descender al suelo alfombrado, oscilando la lengua.

-Las habitaciones que Severus nos ha ofrecido en Slytherin…

Sense reptó hasta una descalzadora y se acomodo en sus mullidos cojines.

-Suficiente…

Harry no comentó la displicente respuesta, habituado al mal carácter de los ofidios. Aunque realmente las serpientes hubiesen atacado a cualquiera que fuese tan siquiera una amenaza para cualquiera de los dos, no eran mascotas domesticas en busca de caricias o halagos, sino fieras cazadoras, letales y venenosas, y tendían a ser bruscas y respondonas.

Era más de media mañana cuando llegaron a Hogsmeade, montados en su landó y se detuvieron frente a la mejor tienda de ropa de la ciudad. Gladrags Ropa para magos, la mejor ropa informal y para eventos especiales. Entraron en la tienda, en esos momentos desierta, y el asistente, un chico algo mayor que Draco, dilató los ojos con asombro al reconocerle. Harry conservó la capucha calada, y tendió un par de galeones al joven de pelo castaño sucio, murmurando:

-Desearía una atención exclusiva…

El joven se inclinó y tras echar el cierre y bajar las cortinillas, corrió a la trastienda en busca de la dueña, una mujer de mediana edad, algo rellenita y vestida impecablemente, que acudió a atenderles y les ofreció un refrigerio, que Harry declinó cortésmente.

Draco revoloteaba entre las estanterías y maniquíes, escogiendo ropa y más ropa, y se probó muchas cosas, eligiendo o descartando en función de la reacción que provocaban en su esposo. Pronto un pequeño montón aguardaba para ser probado junto a Harry en una banqueta. Draco se arrodilló frente a él y rogó con ojos de perrito hasta que el hombre consintió en probarse un par de conjuntos que Draco había visto para él.

A diferencia del rubio, Harry se negó a exhibirse, aun no deseaba ser reconocido y carraspeó cuando estuvo listo, para someterse al juicio de Draco. Vestido con un conjunto de cuero negro, sobre una camiseta gris antracita ajustada que se ceñía a sus músculos como una segunda piel, rematado por una chaqueta larga Harry estaba…sexy. Los ojos de Draco relucieron apreciativamente y Harry susurró incrédulo:

-¿Te gusta?

Draco asintió y le besó golosamente, enlazando sus manos tras su cuello, enredando las manos en su largo pelo negro ondulado y brillante. Harry devolvió la caricia y murmuró antes de enredarse demasiado:

-Déjame probarme el otro…

Protestando, el rubio se marcho, claudicando cuando Harry se negó firmemente a desnudarse en su presencia. ¡Que estaban en una tienda, por Merlín! .Despojándose de las prendas de cuero, el ojiverde susurró para sí mismo, rezongando:

-Pues Sirius tenía razón…unos buenos músculos cubiertos de cuero son atractivos…

Pronto una ligera tosecilla, y Draco entró raudo, dispuesto a todo. Le encontró vestido con la túnica formal que le eligiera, del más fino terciopelo color grafito, bordada discretamente en azabache en mangas, ruedo y delanteros, con un adorno central en los hombros, con una rama de rosa espino florida, retorcida sobre sí misma en forma de ocho. Era abierta y dejaba ver un perfecto pantalón sastre gris marengo, con chaleco a juego, sobre una camisa de seda verde muy oscura y botonadura de azabache en forma de capullos de rosa.

Draco le admiró apreciativamente e hizo una pequeña reverencia formal.

-Estáis…impresionante, Milord.

El hombre sonrió y murmuró.

-Esta bien, Draco. Me quedo estos dos, pero nada más.

El joven asintió y Harry pagó la cuenta, especificando que bordaran las iniciales de ambos en las ropas antes de entregarlas en el castillo. Con las capuchas de nuevo caladas, caminaron, seguidos de su fiel tiro de theastals, hasta llegar a las Tres Escobas. En un reservado, compartieron cerveza de mantequilla y emparedados, sintiéndose libres de nuevo, aunque la suya fuese un libertad vigilada.

Tras un corto paseo por el pueblo, simplemente una joven pareja entre la multitud, aunque su presencia atraía murmullos y miradas, emprendieron el regreso al castillo, retomando el carruaje, lo que dio lugar a una sesión de besos y caricias muy deseadas por ambos.

Al llegar a sus habitaciones, Harry envió recado a Severus, invitándole a cenar con ellos en privado y el hombre aceptó gustoso, deseando pasar más tiempo con su ahijado. Tras el shock de ver a las nuevas mascotas, amenazándole desde una cómoda butaca, el hombre se ajustó con rapidez. Durante la cena, el Slytherin se sorprendió al ver que Draco tenía mucha independencia y que su personalidad no había sido sometida o subyugada por la del otro, pese a que por edad y situación, Harry ostentaba el papel liderador y dominante en su relación. Su ahijado medraba y florecía como una enredadera que trepa por el desnudo tronco de un joven árbol, cubriéndolos a ambos de flores, coexistiendo armónicamente en el mismo espacio.

Draco sonreía, de una manera casi constante, ahora que estaba relajado y cómodo, y sus continuas miraditas a su esposo eran significativas. Buscaba su aprobación, si, pero no con miedo o angustia, sino con el deseo de agradarle y hacerle feliz. Y Harry, simplemente le correspondía, dejándole tantear y probar sus propias fuerzas contra el exterior, vigilante, listo para intervenir, como una loba cuando lleva a su cachorro a su primera matanza y le enfrenta con una presa fácil, animándole a dar la dentellada fatal.

Esbozando una semisonrisa, y relajándose a su vez, Severus sintió ensancharse su corazón con esperanza, cuando Draco, en un momento dado, se inclinó justo antes de los postres, y murmuró algo al oído del joven Lord, haciendo alzarse primero una ceja de este y luego, tiñendo de rubor sus mejillas y las de su ahijado.

El Griffindor cruzó sus verdes ojos con los de plata de su esposo, y sonrió murmurando casi inaudiblemente:

-Mas tarde, Draco, te lo prometo…

Severus sospechó cual podía ser la naturaleza de la pregunta, viendo las levemente dilatadas de Draco y el brillo igualmente revelador en los ojos de Harry y sonrió. Al menos parecían tener una sana y floreciente relación física.

Después de todo, era su noche de bodas y parecía claro que Draco quería que fuese especial. Carraspeando para atraer su atención, el profesor les distrajo de sus pensamientos y ambos jóvenes de miraron con curiosidad.

-Harry, el reingreso de Draco no plantea problemas, pero el tuyo…puedo pedir un examen extraordinario al Ministerio, pero no enrolarte como alumno en las clases. ¿Estas seguro de querer que Draco curse el 7º año completo?

Meditando unos instantes y tras una mirada a su esposo, Harry murmuró:

-¿Podría hacer los exámenes conmigo? Digamos que …a finales del 1er trimestre?

-No veo por qué no, Harry. Usaremos ese tiempo para prepararle de cara a las pruebas…

Draco sonrió y asintió vehementemente. Con un tono súbitamente más grave y formal, el profesor de Pociones añadió:

-Supongo que no sabrás que Lupin se reincorpora al colegio, verdad?

Harry denegó, preocupado y murmuró:

-¿Esta bien? La muerte de Sirius le afectó mucho…

Suspirando y con un gesto un tanto forzado, el adusto Slytherin asintió.

-Lo ha superado. Tal vez no totalmente, pero sin duda reencontrarte le dará el último impulso…te ha buscado como loco…pero lo que hicieron con todos nosotros, bloqueando los recuerdos con la localización de tu casa… ha estado muy preocupado por ti, sabes?

Harry asintió y preguntó:

-¿Cuando podré verle? ¿Dónde está?

-En un par de días Harry. Mañana es luna llena y Lupin evita viajar durante esos tres días…

Con una sonrisa animada el moreno murmuró decidido:

-Le mandaré mi carruaje de inmediato. Los Theastals son rápidos y seguros…

Vacilando y con cierta duda reflejada en el rostro, Severus murmuró:

-¿No quieres saber… de los demás? ¿Tus amigos tal vez?

El gesto del moreno se endureció totalmente y denegó en silencio, los ojos relucientes con enojo contenido.

-Me dejaron atrás, Severus. Por decisión propia, ya no tienen lugar en mi vida.

Asintiendo, el hombre se levantó y besó a su ahijado en la mejilla.

-Buenas noches Draco. Buenas noches Harry.

Abrazando al joven moreno susurró en su oído:

-Cuida de él…

Sonriendo, Harry deslizó una mano sobre los hombros de Draco, haciéndole sonrojarse y asintió suavemente.

Draco estaba impaciente y nervioso a la vez. Deseaba que Harry le tomase, aunque también estaba un poco inseguro, impulsado por la creciente necesidad de darse a él. Así que cuando Harry le mandó a la ducha solo, se sintió dividido en dos. Por un lado, ansioso ante la perspectiva de algo nuevo, sabiendo que Harry le había prometido una noche de bodas; y al tiempo, ligeramente asustado.

Se duchó con rapidez y se vistió con el pijama de seda gris oscuro que Dobby le había preparado. Cepilló su suave pelo hasta hacerlo brillar y se lavó los dientes escrupulosamente, notando revolotear las mariposas en su estomago. En ese estado de ánimo, tomó aliento, y regresó al dormitorio.

La habitación estaba en penumbras, iluminada por pequeñas velas aromáticas de lavanda que flotaban en cuencos de cristal llenos de agua, uno sobre la repisa de la pequeña chimenea y otro sobre una mesita auxiliar, sin duda idea de Harry. Nervioso, Draco se sentó a los pies de cama, en una banqueta descalzadora, inseguro. El nunca entraba en el lecho sin Harry, era este el que le invitaba siempre, llevándole de la mano hasta él y aguardó.

La puerta se abrió en un par de minutos y el moreno, vestido con un pijama similar, se detuvo en el umbral. Bajando los ojos, tímido y azorado, Draco se puso en pie, inseguro. Para él, el dormitorio era de Harry, y él, un mero invitado.

Su esposo avanzó, contemplándole detenidamente y llegó a su lado. Draco miraba aun al suelo, sujetándose al poste en forma de serpiente que estaba a su espalda con las manos, y se estremeció al notarle a su lado. Con suavidad, Harry le alzó la barbilla y le miró intensamente a los ojos de azogue, y el rubor del muchacho se intensificó, viendo el deseo claramente reflejado en los ojos color esmeralda.

Con un gesto cariñoso, el moreno le besó con ternura en los labios y Draco se relajó un tanto. Cuando su esposo le acarició el cabello, deslizando la mano por el en un gesto familiar y conocido, el rubio suspiró, mucho más clamado y sereno, relajándose bajo las caricias reconfortantes.

-Ven aquí…

Draco enlazó la mano en la de Harry y este le condujo hasta el lecho, haciéndole sentarse entre las sabanas de seda, a su lado. Con timidez, Draco inició un beso, dulce al principio, que se hizo más y mas sensual cada vez. Pronto, las nerviosas manos del rubito trasteaban con los botones del pijama del moreno, y este ahogó una risita cuando Draco logro deshacerse con manos temblorosas de la pieza de seda.

Con delicadeza, Harry desabotonó la camisa del pijama de Draco y la deslizó por sus hombros, desnudando su torso de piel pálida, ligeramente dorada por el sol veraniego. El rubio tragó saliva audiblemente, y contempló con ojos ansioso el torso suavemente bronceado del Griffindor, musculoso y firme. Los tatuajes de sus brazos y hombros le distrajeron por unos segundos, pero Draco recuperó su atención.

Las fuertes manos de Harry acariciaron su cuello y se deslizaron por su propio pecho, y el muchacho entrecerró los ojos, ladeando la cabeza en un gesto de abandono. El moreno mordisqueó la línea de su mandíbula, y continuó por su garganta, arrancándole un suave gemido de placer.

El apenas poco más que un adolescente abrazó al hombre, apremiándole, buscándole, pero Harry le contuvo suavemente, deslizando una de sus manos por su entrepierna, obteniendo un estremecimiento y un jadeo en recompensa. Draco cedió y el Griffindor le tumbó poco a poco en el lecho, deshaciéndose del nudo del pantalón de Draco en el proceso, el rubio rendido a él de nuevo.

Besos y caricias se hicieron mas y mas intensos, y Harry trazó un camino de húmedos besos y lengüetazos por el torso del rubio, mordisqueando sus pezones hasta hacerle arquearse bajó sus labios, gimiendo de nuevo. Murmurando un suave "estate quieto Draco" el moreno terminó de desnudarle, desechando a un lado los pantalones del pijama y tras una breve pausa en el ombligo, arrancándole estremecimientos, pronto alcanzaba su premio: la rosada y turgente erección entre los rizos dorados y suaves del muchacho.

Lamió y mordisqueó con suavidad su base y la piel del escroto, haciéndole temblar y aferrarse las sábanas entre jadeos. Lamiéndole de arriba abajo, el moreno succionó con deseo el glande jugoso y húmedo de trasparente liquido seminal. Agitándose furiosamente ante las sensaciones, Draco exhaló un ronco grito y Harry tuvo que sujetarle con las manos contra el lecho, conteniendo sus movimientos erráticos, cada vez más violentos, gimiendo continuamente. Con un nuevo grito, y alzando el torso del lecho, ya que sus caderas estaban férreamente clavadas a él por las manos del otro, el rubio alcanzó su clímax, tras una succión especialmente intensa, llenando la boca del moreno con su semen.

Los ojos verdes relucieron, tragando y lamiendo mientras Draco se calmaba poco a poco y sus jadeos volvían a tener un ritmo acompasado. Entreabriendo más los ojos de plata, tan dilatados por el sexo que la tenue luz de las velas los lastimaba, Draco buscó el rostro de su esposo, que aun seguía ocupado en su entrepierna, dándole unos últimos lengüetazos a su miembro, ya casi relajado.

Era una visión excitante y al tiempo, extraña, y Draco se removió, tratando de alcanzarle. Harry trepó a su lado, y estudió intensamente su rostro arrebolado, sus ojos brillantes y lánguidos por el sexo, antes de que el rubio le besara con fiereza, degustándose a si mismo en su boca. Durante un rato permanecieron abrazados, intercambiando besos y caricias, ambos sonrientes.

Las manos de Draco buscaron su virilidad erecta, aun apresada bajo el pijama y con voz vacilante, el rubio susurró:

-No me estoy quejando, ha sido…brillante, pero pensé que querrías…ya sabes…

Su sonrojo se volvió aun más intenso y Harry le besó, enredando las manos en su pelo de seda, enarcándose contra él.

-Aun no estás listo, Draco. Simplemente no lo estas, aunque lo creas…

Draco no respondió, y sus dedos acariciaron un poco más el miembro de su esposo, que gimió suavemente apoyándola frente en su hombro…

-Mhh…Silver…

Draco entendió claramente lo que su esposo deseaba y continuó masturbándole dulcemente, deslizando su mano bajo el pijama. Harry se arqueó contra él una vez más, ahogando un grito con su nombre en su cuello, apretándole entre sus brazos, hasta hacerle daño, mientas se corría bajo sus caricias.

Tras un rato de besos tiernos y murmullos incoherentes, le sueño les venció a ambos, enredados y abrazados sobre las sábanas, en su noche de bodas.