Aclaración: Los personajes utilizados en este fic no me pertenecen.
Castillo de Naipes
Historia basada en "Sailor Moon"
Por
Mihll
Capítulo 11
Cuando tuvo el valor de enfrentar a Serena, Darien regresó al hospital. De pie, bajo el vano de la puerta, contemplaba petrificado a su mujer que amamantaba al hijo de otro; estaba demasiado horrorizado como para poder dar un paso más allá, o hablar siquiera.
Su dolor no se comparaba con ningún otro. No había consuelo ni la esperanza de que la situación cambiara; pero siente consciente, pensó que nada ganaría al rechazarla ahora más que inferirle a esa mujer una amargura prolongada que seguro la desgastaría más de la cuenta.
Dio un paso adelante, y otro cuando pudo. No veía la cara de disgusto que sostenía su suegro y que era dirigida hacia él como una daga filosa. Sólo avanzaba penosamente para contemplar de cerca el fruto de la traición, que le dolía y quemaba, ahora más que nunca. Por lo menos él, no se dio cuenta cuando todos abandonaron la habitación debido a una muda súplica que Serena les dio. Ella, después de haber satisfecho su deseo, le miró.
Sus miradas se encontraron. Entre ellos, el bebé, era el testimonio viviente del abismo que les separaba; éste bello y adorable como cualquier otra criatura recién nacida, sin embargo, esas cualidades no eran lo suficiente para encantar a un corazón herido.
— ¿Cómo se llamará? — Preguntó Darien, cuando el nudo que tenía en la garganta le dio espacio para entonar las palabras.
—Athos—respondió Serena con voz débil—, se llamará Athos.
Darien no pudo evitar mirarla con desconcierto. El nombre simplemente se le hacía extraño, demasiado para su gusto, pero siendo no siendo el padre de la criatura, no se sentía con el derecho de emitir comentario; tampoco se permitiría darlo.
—Tan sólo puedo imaginar cómo te sientes—agregó Serena ante el silencio que sabía que obtendría—Si no quieres estar aquí, puedes irte. Yo me excusaré con mis padres y mis amigas.
No quería quedarse, no porque si continuaba viéndola con el niño en sus brazos, sabía que las lágrimas que se empeñaba en contener brotarían de sus ojos. Pero en contra de todos sus deseos, sacó valor de la nada. Se sentó en la cama y extendió sus brazos solicitando a la criatura. Una vez que lo tuvo, y ante la atenta mirada de la rubia, lo contempló. Era cierto, no quería saber quién era el padre, pero su inconsciente buscaba un parecido de Athos con quien sea que fuera su progenitor.
—Con que éste es mi hijo—dijo con un tono de ironía—No se parece a ti y ni a nadie que yo conozca…—dirigió la mirada hacia la rubia—Felicidades.
Un dolor sorprendentemente gigante se pintó en los ojos de Serena, quien no supo qué decir ante esa última palabra.
—Vale...me tengo que ir por ahora, debo cumplir con mi turno—añadió devolviéndole la criatura.
— ¿Crees que estarás bien?
—No del todo…—hizo una pausa y sonrió, como excusándose— Después de mi turno pasaré a verte, por el momento sólo preocúpate de descansar.
—Lo haré…
2
Estaba sentada, escuchando el incesante golpeteo de la lluvia contra la ventana cuando de pronto todo el edificio pareció remecerse. Las sensaciones que la dominaban se limitaban a un intenso escalofrío, y no recordaba, sinceramente, otra ocasión en que sintiera algo como eso que más allá de hacerle sentir temor, le producía un cálido regocijo. Dos horas más tarde se suscitaría un hito que desterraría toda paz euforia que había adquirido tras ese evento.
—No…No es posible. Díganme que es mentira—decía apenas en un hilo de voz. Había sido informada de la desaparición de su hijo de la unidad neonatal, y ahora le decían que hasta el momento, y después de una intensa hora de búsqueda, no había señales de él.
En respuesta a eso, sentada a su lado en la cama, Ikuko la abrazó con más fuerza. En tanto, un hombre vestido de traje, de noble apariencia pero voz fría, dijo:
—Señora, necesito que se tranquilice.
A dicho comisario no se le hacía posible pensar que Serena lo conseguiría, pero cuando ésta le miró determinada a cooperar, él se animó a proseguir, y durante los siguientes instantes no hizo más que hacerle preguntas acerca de las personas que posiblemente tendrían razones para llevarse a su hijo. Por supuesto, Serena se apegó a responder que nadie en esta tierra tendría motivos, a Darien lo descartaba totalmente; confiaba en él y sabía que a pesar de sentirse ridículo y dolorido, sería incapaz de arrebatarle a su hijo.
—No nos deja muchas opciones—señaló finalmente el comisario—Si no han sido personas adversas a usted o su esposo, lo único que nos queda es uno de los usuales casos de robo de bebés efectuados por una persona con trastornos mentales.
Ikuko se cubrió la boca, espantada por los dichos.
—Por favor, tiene que encontrarlo—suplicó Serena.
—Lo haremos, señora Chiba—se alejó hasta alcanzar la puerta mientras madre e hija se abrazaban nuevamente, pero una vez allí, se volvió, y agregó intrigado: —Lo que no me gusta de esto, es que…bueno, es que no es posible que alguien haya sacado el bebé de la unidad neonatal sin que las cámaras lo hayan registrado…eso es sumamente extraño.
Ikuko miró a su hija mientras la puerta se cerraba y volvía a abrir para dar paso a las chicas.
—No sé qué pensar, hija.
—Ni yo, mamá—gimió Serena—No entiendo cómo se les perdió a mi hijo. No puedo imaginar quién fue…
—Sabes que lo averiguaremos—dijo una segura Lita, y sólo entonces, la rubia desvió la vista hacia las recién llegadas.
—Darien está en medio de una cirugía y no se le pudo informar por ahora—dijo Amy—, pero tranquila Serena, cuando salga no tardan en avisarle.
—Y con respecto a lo otro…—Rei echó fuera un profundo suspiro—Señora Tsukino, su esposo sigue dormido por el momento, le recomiendo que vaya con él y lo calme para cuando despierte. No sería bueno que enloqueciera nuevamente.
Ciertamente, cuando apenas se les informó de la pérdida de la criatura ése hombre se puso histérico llevado por la desesperación; había tratado de golpear al director del hospital, culpándolo de todo, y debieron contenerlo entre dos auxiliares. Sin embargo, en vista de que su alteración no se cesaba, alguien recomendó que era prudente sedarlo, y así lo hicieron. Ikuko estuvo de acuerdo porque sabía que esa era la única forma de anularlo, nadie más que ella conocía a su esposo cuando entraba en lamentable estado de locura temporal.
—Tienes razón, Rei—miró a su hija, como pidiéndole permiso para retirarse; luego simplemente se marchó, satisfaciendo así el deseo de privacidad de todas.
Lita se sentó al lado de Serena.
— ¿Crees que todo se deba a un nuevo enemigo? —preguntó ésta. Serena negó rápidamente con la cabeza, pues en su mente rondaba la idea de que esto pudiera ser obra del padre de Athos, pero si era así ¿cómo supo éste que tenía un hijo? O más aún, ¿existía siquiera la remota posibilidad de que regresase a la tierra sólo por él cuando aún tenía todo un mundo donde instaurar el orden y paz?
—Entonces… ¿qué? —emitió en tanto una molesta Mina—Como si ya no tuviéramos suficientes problemas ahora se nos suma esto. Sailors y bebé que desaparecen sin dejar rastro. Es obvio que alguien está jugando con nosotros y si llego a saber quién es, juro que le arrancaré los ojos.
—Quisiera pensar que se trata de un nuevo enviado del mal…—comenzó a decir Rei pensativamente—, pero el problema es que no he detectado presencias malignas. No hay nada raro acá aparte de las desapariciones ligadas, porque estoy segura lo están, de lo que no estoy segura es que están vivos.
—No seas cruel, Rei—gimió Serena—Ni siquiera pienses que ellos podrían estar muertos…Uno de ellos es mi hijo, y sólo quisiera oír y pensar que está en algún lado, prisionero de alguien, vivo y esperando a que yo lo rescate.
Lita la estrechó contra sí, dejando que escondiera su rostro en su pecho, a la vez que le prometía que todo estaría bien, que podía confiar en ellas como siempre. Y, mientras decía todo eso, miraba a las chicas, demandándoles acciones más efectivas de las que habían tomado.
—Intentaré contactar a Mitchiru y Haruka—estimó Amy, virándose hacia la puerta, pero inmediatamente oyó un "¡Amy, no!" en la voz de Serena — ¿Por qué no? —preguntó tan intrigada como las demás.
Serena respondió en tanto se limpiaba las lágrimas.
—Porque no quiero que ellas se enteren—hizo alusión de querer levantarse, pero nada más se sentó, con las piernas colgando de la cama. Después de un parto tan reciente, sentía que aún era incapaz de pararse—Chicas…por favor, por hoy y lo días que sean necesarios, las dejemos a ellas fuera de este asunto. Ya sabemos que están concentradas en la búsqueda de Setsuna y Hotaru, y que tenían una pista…No tenemos porqué hacer que se regresen tan pronto del lugar al que dijeron que irían…
— ¿Segura?
—Sí, Amy—dicho esto miró a Lita a su lado—Quiero que te asegures de que Darien sepa de esto.
—Está bien…
3
Tres días habían pasado ya y no habían señales de la criatura ni de quién se la llevó. Darien contemplaba el rostro dormido de su esposa, a quien le había costado tanto que encontrara el sueño, que temía hacer hasta el más mínimo movimiento para no despertarla.
Al principio, cuando le avisaron de la desaparición de Athos, no pudo negar que le embargó una sensación de alegría; pero después comenzó a sentirse terriblemente mal al darse que se estaba alegrando de la desgracia ajena. Al querer purgar ese sentimiento impropio de él, había lanzado su bata y sin importarle mucho la posibilidad despedido por dejar su turno de trabajo que aún no terminaba, había corrido hasta Serena para decirle que podía contar con él como siempre. Desde entonces que no se separaba de ella ni un minuto.
De pronto, oyó un ruido amortiguado en la puerta entreabierta y viró la vista encontrándose con Lita que le hizo ademán para que le siguiese. En la sala se encontraba en comisario Kawamura.
—Espero que nos traiga noticias de mi hijo—le dijo.
—Lamentablemente no—respondió el comisario—. Lo que me trae hasta aquí es otra situación…Encontramos a una niña sin identificación y que responde a síntomas claros de amnesia…
— ¿Pero qué tiene que ver eso con Darien? —Lita se apresuró a preguntar. El hombre la miró.
—Porque esa niña mencionó su nombre—devolvió la vista a Darien—Así es señor Chiba, la pequeña lo ha nombrado a usted y al parecer es lo único que recuerda…
4
Muy lejos de la clínica donde Darien había llegado, Rei y Amy apuraban el paso para ir al encuentro de Mina. Iban retrasadas, el seguir una pista que finalmente les llevó a nada, provocaba en ellas una frustración agria que se sumaba a todas las anteriores búsquedas fallidas.
—Mina debe estar muy molesta—murmuró Amy a Rei preocupadamente—llevamos casi media hora de retraso y eso es más de lo que ella puede soportar.
—Mina no es de las personas más puntuales que existen—replicó Rei—no debiera molestarse.
—No debiera, pero cuando ésta en la posición opuesta se olvida de eso.
Siguieron caminando rápidamente y llegaron a la fuente de soda donde debería estar la rubia.
—O no ha llegado, o se aburrió y se fue—comentó entonces Rei, tras barrer con la vista el sitio.
—No ha llegado—concluyó Amy, sentándose en una de las mesas disponibles—No sé tú, pero yo quiero algo para refrescarme, la caminata ha hecho que me dé mucho calor.
Rei no respondió; ubicó a una de las meseras y le hizo un ademán, en poco tiempo ésta iba por su pedido.
— ¿Y bien?—expresó Rei en un bufido—¿Qué le diremos ahora a Serena?
—Es cierto, se había ilusionado mucho—dijo frustradamente mirando la ventana—pero qué le vamos a hacer, no tenemos de otra que decirle la verdad, que no tenemos absolutamente nada.
Después de que recibieron su pedido, pasaron varios minutos en que Mina no apareció, y cuando lo hizo, llegó con una euforia singular, que demostraba que ni esa reunión ni nada le importaba.
—Perdónenme —dijo, sin que su tono delatara el menor arrepentimiento—. Me retrasé porque me encontré con una conocida y no pude deshacerme de ella porque después de años sin verla hubiera sido descortés no aceptar a ir a tomar un café con ella. Estoy segura que en mi situación ustedes hubieran hecho lo mismo —tomó la soda de Rei y le dio un gran sorbo para proseguir: —Sí. Definitivamente hubiera sido terrible no oír lo que me dijo…
Y ante el horror y decepción demostrado en los rostros de sus amigas, se volvió hacia la puerta con brusquedad y sobresalto.
— ¿Cómo pudo suceder esto? —se preguntó más para sí, estaba como saliendo de una especie de ensueño.
— ¿De qué hablas Mina? —Preguntó Amy.
— ¿De qué más? De tonterías. Lo que nos preocupa a nosotras a ella le vale un cuerno.
— ¡No es así, Rei! —se volvió a mirarlas—Yo la encontré…Sí, la encontré…
— ¿A quién? —Amy preguntó exaltada.
—A Setsuna…—y se volvió nuevamente con el brazo alzado y señalando la puerta—, ella me acompañó hasta aquí…pero ya no está…
Notas finales:
Les cuento que el muso últimamente anda fugado y cuando aparece no es muy productivo. Imagino que el cápítulo en sí podría no entenderse, porque he dejado pequeños vacíos en tiempo que iré llenando en los siguientes tres capis. Si el muso coopera (rueguen porque sea así) ahora que realmente comienzo mis vacaciones, pueda actualizar más pronto.
Gracias a todos por leerme. Mihll.
