Disclaimer: No cabe la menor duda que estos personajes le pertenecen a Isayama Hajime, y no a mí, de otra manera los titanes quedarían de lado y el tema central de la historia seria la relación entre Levi y Eren.
Advertencia: Muerte de personajes.
Llamas
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Mikasa abrazó su cuerpo esa noche, estaba excepcionalmente frío para ser el primer mes de invierno. Entonces recordó que ya habían pasado al segundo y Eren todavía no estaba allí con ella. Entrecerró sus ojos lastimada como nunca, su hermano se había ido así como el resto de su familia, como todos lo hacían, al parecer, Dios no la quería feliz, porque cada persona que amaba terminaba alejándose de su lado de la peor manera.
Una lágrima recorrió su mejilla y llegó a la almohada. Se dio ánimos diciéndose que Eren estaba vivo, que aunque hacía frío, él estaría bien, porque debía aceptar que su hermano sí era un chico fuerte y no un niño pequeño como ella lo trataba. Alegrándose por eso cerró los ojos para quedarse dormida, sabiendo que la casa estaba más llena que nunca de personas que sí se preocupaban, de que con ellos lograría dar con el paradero de su hermano y de que pronto despertarían de esa pesadilla.
–¡Mikasa! –escuchó gritar a Armin –¡Mikasa, por favor despierta, debemos irnos! ¡Mikasa! –le gritaba desde afuera de la habitación, intentando abrirla, pero desde la desaparición de Eren ella solía dormir con seguro –¡Por favor, Mikasa!
¿Qué sería? ¿Qué estaba pasando? Armin jamás actuaba así de extraño, por lo que rechazó la idea de que se hubiera vuelto loco. Tomó un abrigo y la bufanda, se puso zapatos y salió a ver qué era lo que quería su amigo. A penas abrió la puerta el humo entró a su habitación de forma violenta, como si hubiera estado esperando. Armin cayó desmayado a sus brazos por culpa de la falta de oxígeno y solo entonces se percató de la situación, la casa de los Jaeger estaba completamente en llamas.
Llevó sus manos a su cabeza totalmente aterrada, soltando al rubio y dejando que éste diera contra el piso, el sonido del golpe la llevó de vuelta a la realidad. Debía sacarlos a ambos, y esperar que todos en el lugar hubieran evacuado a tiempo. Rogaba a Dios que fuera así, ya no tenía tiempo de ir pieza por pieza buscando a los rezagados, ahora debía hacerse cargo de la vida de la última persona que le quedaba. Lo tomó como pudo, en la desesperación solo logró cargar a medias a Armin en su espalda, aunque los pies de éste tocaran el piso y comenzó a caminar.
La escalera, lo que parecía ser su única opción, estaba en llamas. Era imposible bajar a al primer piso por esa vía, debía regresar por sus pasos y esperar que el fuego no hubiera entrado a su habitación, de ahí se podía caminar por el techo de la cocina y sería mucho más fácil saltar desde ese punto. Su amigo era un peso muerto en su espalda y eso no ayudaba mucho, solía caérsele en el camino y ella debía parar por unos segundos para acomodarlo.
Una viga cayó tras ellos y pudo ver como el fuego había invadido el segundo piso, estaba aterrada, consternada, solo era cosa de minutos para que cayera presa del pánico. Pero no podía hacerlo, no con Armin allí, él se había quedado arriesgando su vida para que ella saliera, de otra forma, no habría tenido posibilidad de sobrevivir. Volvió a encaminarse a su cuarto totalmente dispuesta a salir con vida.
Cuando logró alcanzarlo lanzó a Armin por la ventana hacia el techo de la planta baja, haciéndolo rodar sobre éste llegando al borde, casi cayendo de inmediato al suelo. Soltó un pesado suspiro de alivio y salió también por la ventana, caminando rápidamente sobre la nieve que le ayudaba a mantener el equilibrio en ese techo inclinado. A penas llegó con el rubio lo volvió a tomar en sus espaldas para saltar al suelo y salir corriendo de allí.
Había sido un éxito, habían sobrevivido. Pero la casa no lo haría, estaba en llamas, ardiendo desde adentro, lenguas de fuego salían por las ventanas ya sin vidrios, la mayoría había explotado. Y de nuevo esa noche quiso volver a llorar, esa casa estaba llena de recuerdos, era allí donde había pasado su infancia con Eren, era ese el lugar donde la familia Jaeger la había acogido cuando nadie más parecía querer hacerlo. Ahora todo estaba en ruinas, todas sus memorias parecían haberse vuelto cenizas con el inmueble.
Ahora ella y Eren no tendrían un lugar cálido donde vivir. Probablemente pasaría un frío del demonio esa madrugada mientras esperaba el amanecer, al menos se consoló pensando que él también estaría en una situación familiar, ambos hermanos estarían sufriendo lo mismo.
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–Más leña –dijo con simpleza mientras colocaba otro poco en la chimenea que comenzaba a arder –Solo eso –sonrió revolviendo las brasas para que el fuego no tardara tanto en aparecer –Tal vez deberías hacer eso con las llamas, ya sabes, Levi, eso de hacerlas crecer. Estaría listo más rápido –pidió mirando al mayor quien había alzado su ceja.
–No.
–Vaya humor –murmuró el castaño sentándose al lado del fuego para calentarse, demasiado frío esa noche le estaba provocando dolor en los huesos –¿Por qué Petra no está hoy? –preguntó alzando de nuevo la mirada hacia Levi mientras en su cara se dibujaba una expresión de curiosidad.
–Ha salido por algunas cosas. Debemos ver si el paso está habilitado y también fue a cazar un poco. Creo que terminará con todos los animales de la zona –respondió encogiéndose de hombros para volver la vista su libro, lo odiaba, se lo sabía de memoria, pero aun así no lo soltaba.
–¿El paso? ¿Están locos? Es pleno invierno, solo un suicida intentaría cruzarlo –se burló y luego de que el pelinegro no le respondiera resopló fastidiado –Para ustedes es más fácil, supongo. ¿En serio pueden cruzarlo en esta época? –preguntó aun sin creer las hazañas de las que Levi y Petra eran capaces.
–No creo que podamos –dijo con sinceridad dejando su libro a un lado, al chico le gustaba charlar y al parecer no podría seguir prestando atención a la novela –Solo ha salido a ver si es posible.
Eren se había arrastrado hacia un lado de Levi mientras este hablaba, casi ignorándolo, lo había hecho en pleno silencio, no le importaba tampoco la conversación que estaban teniendo. Tomó el libro sobre el sillón y lo abrió ante la molesta mirada del mayor. Eren solo seguía ignorando todo, sabía que de esa forma el pelinegro no lo molestaría. Y comenzó a leer las primeras páginas para después soltar una risita que cortó de inmediato cuando escuchó un gruñido salir de la garganta de Levi. Rodó los ojos y se acomodó en la alfombra recibiendo directamente el calor de la estufa, solo luego de terminar la cuarta página habló.
–¿En serio una novela? –preguntó divertido mordiendo su labio inferior, no importaba que fuera una novela de caballeros, pero ese otro tipo de novelas, era algo nuevo.
–Es de Petra –se excusó cruzándose de piernas –En verdad la compramos en Trost el año pasado –confesó ante los sorprendidos ojos de Eren –La he leído un par de veces. La odio. Creo que es la basura más grande que han escrito en el último siglo –soltó con aburrimiento –Aun no sé porqué la leo tanto, pero es algo que suelo hacer mucho.
–Ya veo –sonrió Eren volviendo sus ojos al libro –Es una novela romántica de chicas en edad de casarse –dijo en voz alta solo para que el mayor se avergonzara –Esto es bastante tonto. Aunque es mejor que nada. No he leído un libro en mucho tiempo, creí que había olvidado como leer incluso –bromeó con sus mejillas sonrojadas –Te odio –soltó entrecerrando sus ojos, sorprendiendo a Levi con esa confesión fuera de lugar, no es como si no lo supiera, pero eso había sido inesperado para un momento como ese –Te odio demasiado –sollozó sin que las lágrimas lograran acumularse en sus ojos, era en su garganta donde tenía la rabia acumulada –Así como a ese libro, porque al final, sigo hablándote e intentando ser amable contigo.
Levi lo pensó unos pocos segundos, el chico estaba molesto pero en su rostro solo había una máscara de serenidad, acariciaba con sus dedos lentamente la tapa del libro sabiendo que ese objeto había provocado aquellas horribles palabras. Sí, debía irse, era la última llamada. Se puso de pie dispuesto a salir lo más rápido posible y en total silencio, pero de nuevo la voz de Eren se escuchó y no pudo evitar voltearse ante aquellas palabras.
–Lo siento –había dicho el castaño al ver las intenciones del mayor –No fue así como quise decirlo –susurró abrazando sus piernas, el libro había quedado a un lado y ahora Eren se veía más desprotegido que nunca –No quiero decir estas cosas. Ya no –comenzó diciendo mientras que Levi solo había quedado de pie a un lado del sillón, curioso por lo que iba a salir de los labios del chico –No quiero ser así. Has sido una muy buena persona conmigo estas últimas semanas –susurró como si él mismo no se lo creyera –Si es culpa o algo parecido, lo entenderé. O tal vez porque este es tu verdadero yo, pero me agradas, Levi –confesó haciendo que el mayor frunciera su ceño.
–Me dices que me odias y luego que te agrado –gruñó rodando los ojos mientras cruzaba sus brazos –¿Qué? ¿Cómo se supone que tome eso? En realidad no me interesa mucho tu opinión –dijo con solo la intención de herir o al menos molestar –Lo que pienses de mí me es totalmente irrelevante y tus extraños sentimientos también. Sé que he sido una mierda y no espero perdón por ello, por eso, no me mataré buscando respuesta a lo que tú creas de mí.
–Eres bastante duro –soltó el menor sintiendo como sus mejillas volvían a sonrojarse ahora acompañadas de sus orejas, las palabras le habían dolido como era de esperar y se sentía demasiado débil en aquella situación –Creo que no debí decir nada, pero ya lo hice. Sé que no te importa, pero lo diré de todas formas, porque quiero –sonrió con pesar mientras miraba al suelo –No te odio más de lo que me agradas. Y aunque me hayas hecho todas esas cosas, aunque cabe la posibilidad de que lo hagas en el futuro, yo siento que jamás podré odiarte como antes.
Hubo un silencio bastante largo e incómodo. Levi no sabía cómo responder a eso y tampoco quería hacerlo, de otra manera, encontraría una manera sencilla de librarse de la situación nuevamente buscando la manera de herir al menor. Era más simple cuando había dolor. Pero no quería, no esta vez, todo aquello parecía una tonta confesión de adolescente y una invitación para hacerse de su cuerpo las veces que quisiera. Eso pensó Levi, y por eso se reprochó mentalmente intentando mantener su libido a raya.
Un sonido gutural salió de sus labios, como un gruñido apagado por la decepción que sentía su instinto. Todo su ser le motiva a seguir y hacerse de todo lo posible, de ese cuerpo, de su sangre, de todo lo que el muchacho le permitiera. Pero se mantuvo firme en un costado del sillón, clavando sus pies al suelo, esperando por una razón para dejar el sitio.
–¿Levi?
Y se la habían dado. Solo el pronunciar su nombre le había incitado a dar pasos en la dirección equivocada. Levi intentaría algo esta vez solo por curiosidad, para saber cuál sería la reacción del chico ante un tacto más delicado, para poder ver su rostro cuando era mimado.
Levi era alguien que se caracterizaba por admirar la belleza de las cosas y repudiar todo aquello que le pareciera repugnante o feo, simplemente así, de la manera que un niño pequeño lo haría. Y el rostro de Eren le parecía totalmente agradable a la vista, de rasgos infantiles y suaves, con ojos verdeazulados aun cuando su piel era morena, el contraste perfecto.
Acarició el rostro del castaño con sus dedos, poniendo especial énfasis en las mejillas rojizas, le agradaba tocarlo, era suave y cálido al tacto, su respiración siempre se volvía un desastre cuando lo hacía y eso provocaba ciertas reacciones que Levi disfrutaba observar. Como lo viera, ese niño era extremadamente tímido a la hora de las caricias iniciales y nunca lograba entender del todo sus acciones. Era claro que respondía al encanto natural que Levi poseía, pero Eren siempre terminaba sometiéndose más de lo esperado.
–No quiero estar solo –murmuró el niño ocultando su rostro, recibiendo unas suaves caricias en su cabello –Cuando todo esto termine ¿me soltarás, no? –preguntó esperanzado aun sin levantar la vista –Ya no hablas sobre matarme, en realidad, nunca creí que fueras a hacerlo –aclaró mordiendo su labio, como si de esta forma detuviera sus palabras y se cortara la conversación.
–Ya te he dicho, no tengo razones para hacerte daño –respondió sintiendo la necesidad de sentarse a su lado, mas se abstuvo –Y si sobrevives hasta entonces, puedes irte a tu casa con tu hermana.
Pasaron unos pocos segundos de silencio donde todo lo que se escuchó fue la leña quemarse en el fuego, las violentas explosiones que ocurrían por culpa de esto y el viento a fuera, chocaba a veces contra la ventana de manera poco amigable, intentando entrar como diera lugar, queriendo congelar todo a su paso. Eren solo mantuvo su cabeza baja durante todo ese tiempo preguntándose qué sería de todos en la aldea, imaginándose lo sola que se sentiría su hermana, aunque sabía que Armin estaba con ella, ambos juntos podrían mantenerse bien esperando su regreso.
–Oye, Levi –lo llamó con una voz muy pastosa y grave que incluso le sorprendió a sí mismo –Has cambiado mucho desde que nos conocimos –dijo observando como el mayor volvía a tomar lugar en el sillón frente a él –La noche en que nos vimos, tú mataste a tres personas en cosa de minutos. No pareció darte el menor asco, no hubo ningún sentimiento de remordimiento ni nada parecido en tu cara cuando la vi –hablaba recordando con imágenes nubladas todo lo que había pasado esa vez –Querías llevarte a Sasha en un principio ¿no? Pero el señor Braus te detuvo.
–¿Sasha? ¿Te refieres a la mujer que los acompañaba? ¿La rastreadora? –bufó cerrando los ojos –No hubiera sido buena idea traerla. Probablemente hubiera logrado escapar y hubiera dado con la aldea más rápido de lo que puedes imaginar. Hace un buen trabajo de búsqueda, aun así.
–¿Cómo hubiera podido escapar de ese sótano? –inquirió confundido.
–Probablemente no la hubiera llevado al sótano –respondió seco llamando la atención de Eren –No lo hubiera hecho contigo tampoco, pero eres un maldito bruto –gruñó acariciando su sien –Supe que serías problemático y pensé de deshacerme de ti para evitar dolores de cabeza. Al final no lo hice y te mantuve con vida, probándote, para ver si eras capaz de entender tu puesto –dijo con simpleza encogiéndose de hombros –Debía enseñarte quien hace las reglas.
–Eres un sádico –masculló y en su rostro apareció una expresión de vergüenza a la llegada de los recuerdos –¿Te gusto siquiera? –preguntó sin saber cómo había llegado a ese punto la conversación, quiso golpearse, retractarse, volver el tiempo atrás o lanzarse por la ventana, cualquier cosa que evitara recibir alguna respuesta.
–Eres solo un mocoso –habló el mayor cruzándose de brazos, evitando un suspiro acumulado en su garganta –Aun así tienes un bonito cuerpo –confesó haciendo que el menor se sonrojara de manera violenta –Tú lo preguntaste –reclamó ante la acción de Eren rodando los ojos.
–¡Ya lo sé! Pero no tenías porqué responderme –gruñó mordiendo su brazo que tenía sobre las rodillas para evitar decir algo más.
–Déjalo, no te muerdas –pidió Levi tragando saliva mientras el castaño hacía más presión contra la tela que lo separaba de su piel, el mocoso parecía querer provocarlo a toda costa –Te he dicho que lo dejes –ordenó alzando un poco la voz.
–¡No puedo, estoy muy nervioso! –confesó mordiendo ahora su labio inferior, irritándolo, volviéndolo rojo, presionando tan fuerte que pronto saldría sangre de él si no se detenía a tiempo.
Si tan solo en su mente hubiera cabida para la conciencia, probablemente, y solo probablemente, no hubiera hecho nada de lo estaba por hacer. Si había algo que ese chico le provocaba eran ganas de destruirlo, era una necesidad terrible de morderlo y destrozar toda su carne como diera lugar, deshacerse de aquella piel suave y tierna, llevar a su interior toda la sangre que de ese chico pudiera extraer. Era la representación de todo deseo destructivo que Levi poseía, llegó a pensar que el muchacho estaba allí para ser marcado eternamente por él.
Pero no podía, por más que lo intentaba no podía hacer todo ese daño, porque no había razón y necesidad más allá de su estúpido egoísmo. También porque se arrepentía de haberlo hecho antes, porque había estado a punto de lograrlo cuando reaccionó. Todos esos golpes, todo aquél dolor que hizo pasar al menor en un principio se debía a eso, a su insana necesidad y por ello sentía que le debía miles de disculpas al moreno. Disculpas que jamás saldrían de sus labios.
En un instante estuvo sobre el niño en la alfombra, sujetando sus puños sobre su cabeza, inclinándose hacia ese labio que palpitaba de dolor, rojizo, suave, cálido. Mordió con suavidad, aumentando la presión de a poco, sabiendo que de esa manera el dolor sería mayor. Entonces salió un poco de sangre dirigiéndose al mentón de Eren con cierta rapidez, pero Levi se percató antes que alguna gota fuera desperdiciada. Lamió el camino de vuelta entrando en la boca del castaño, haciéndolo probar su propia sangre mientras que su lengua volvía a recorrer por primera vez en mucho tiempo esa cavidad.
Ponía atención a ese labio que sangraba, succionando de vez en cuando para tomar la sangre que intentaba escaparse para luego compartirla con el niño, quien no oponía resistencia y se dejaba hacer a la merced de Levi. Dudó de la cordura del menor y de la suya, pero ese pensamiento se terminó cuando un jadeo de Eren llegó a sus oídos. Accidentalmente había acariciado la entrepierna del castaño con su rodilla y al parecer eso había hecho reaccionar al chico que intentaba recuperar la respiración.
No lo haría, Levi no lo dejaría volver a respirar como era debido, se lo había ganado por haber terminado excitando al vampiro de aquella forma. Una de las cosas que Eren debía aprender si quería salir con vida del castillo era evitar ese tipo de situaciones, más con un hombre hambriento sobre él.
De nuevo entró en la boca del castaño, jugueteando con la tímida lengua que oponía resistencia al paso de la contraria. Era un verdadero placer sentir ese cálido aliento cada vez que los jadeos se hacían presentes. Sus labios habían comenzado a coordinarse, buscando la manera de acomodarse entre ellos, intentado dejar espacios para respirar sin tener que interrumpir el contacto. Entonces los de Eren se hicieron de la lengua de Levi succionando levemente, para luego liberarla y pasar a lamerla con cierto descaro.
¿Dónde había aprendido todo eso el mocoso? Era aquella la pregunta que se había plantado en la mente del mayor, pero necesitaba ignorarla, de otra manera su curiosidad podría dar paso a una conversación que terminaría por interrumpir todo.
Fuese como fuese la manera en que el chico había aprendido, lo hacía de una manera excelente y Levi no tenía problemas con eso. Sonrió para sí entre el beso y pasó sus dientes por el labio inferior de Eren, esta vez sin morderlo, solo para él sintiera el filo de éstos. Con ello logró que un escalofrío recorriera la espina del castaño, y no era particularmente miedo lo que sentía. Un ligero arqueo en la espalda del cuerpo bajo el suyo le obligó a buscar maneras para provocar de nuevo aquello.
Era inútil seguir sosteniendo las manos de Eren, éste no intentaría escapar y eso había quedado más que claro. Las soltó y aprovechando que tenía una mano libre, ya que la otra servía de apoyo para no caer sobre el menor, dirigió sus dedos hacia abajo, levantando la camisa y tocando con suavidad la piel cálida bajo ésta. De nuevo una inspiración que llenó los pulmones de Eren hizo que se arqueara, haciendo que su pecho diera contra el del mayor.
–Levi –gruñó Eren recibiendo una sonrisa ladeada como respuesta que lo dejó mudo durante unos segundos –En la maldita alfombra –masculló para sí mismo quitando el paño que rodeaba el cuello del pelinegro, dejándolo a un lado en el piso, totalmente olvidado.
–Vas muy rápido –bromeó Levi cuando Eren intentaba quitarle la camisa, los malditos botones parecían tener vida propia, pero en verdad eran sus nervios lo que impedía deshacerse de ésta –¿Ya estás duro? –preguntó al oído del castaño mientras levantaba la ropa de éste –Esta vez, quédate hasta el final –ordenó recibiendo una afirmación con la cabeza.
Para cuando Eren por fin logró deshacerse de la camisa de Levi tuvo a su vista ese cuerpo blanquecino, totalmente tonificado, con músculos bien marcados por surcos profundos. Era sin duda una hermoso espectáculo ante sus ojos y no pudo evitar llevar sus manos hacia el abdomen de Levi, era real, era increíble, no recordaba haberlo visto sin su camisa alguna vez, y si lo había hecho probablemente estaba demasiado concentrado en otra cosa por lo que no tuvo tiempo de apreciar su anatomía.
Levi rio sutilmente mientras llevaba sus manos hasta los pezones de Eren, con ambos pulgares sobre éstos comenzó a acariciarlos de manera circular mientras que de los labios del castaño salían ligeros jadeos. Y en sus ojos apreció aquella mirada que Eren reconoció. Aprovechando que Levi estaba a horcajadas sobre él, levantó su entrepierna para hacer contacto con la del pelinegro y sonrió de manera provocadora lamiéndose la sangre seca en su labio.
–Como quieras, mocoso pervertido –gruñó Levi de una manera que jamás en su vida Eren había escuchado.
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Armin se había despertado antes que el fuego consumiera del todo lo que había sido el hogar de los Jaeger. Pero para esa hora de la mañana todo había sido reducido a cenizas, la estructura completa se encontraba en el suelo y tan solo las vigas más fuertes de mantenían en pie, totalmente carbonizadas por el ataque del fuego. Y solo cuando el sol salió de las nubes Armin pudo llorar en paz.
Su abuelo no había alcanzado a salir, él y el padre de Sasha habían sido atrapados por las llamas y aunque se les dio la alerta de salir, no pudieron. El fuego había consumido la única salida que tenían y aunque habían incluso roto la ventana para saltar desde allí no pudieron hacerlo. Nadie sabe bien que ocurrió dentro de la habitación, pero el anciano había corrido a socorrer al señor Braus obligando a Sasha a dejar la casa, quien se había negado y tuvo que ser arrastrada por Jean. Desde ese momento nadie los vio.
Para ese momento de la mañana encontraron los cadáveres de ambos hombres totalmente irreconocibles, Sasha lloró como nunca en los brazos de Jean quien intentaba mantenerse firme ante tan perturbadora visión. No podía imaginar cuánto habían sufrido aquellas personas por esa muerte tan cruel. Armin por su parte era consolado por Mikasa, quien por alguna extraña razón pedía perdón al rubio de manera tan insistente que ella también terminó llorando.
La visión era terrible y las personas que se habían juntado en los alrededores se preguntaban qué clase de monstruo había hecho eso. Muchos aclamaban haber visto algo extraño durante la noche, que había sido provocado por alguien más, pero todos quienes lo hacían eran ebrios que salían de la taberna, totalmente alcoholizados, cuya historia nadie creería. Nadie excepto algunos cuya mente aguda aceptaba la idea, entre esos, el dolido Armin.
–¡Fueron ellos! –gritó una mujer entre la multitud –¡Fueron esos monstruos que intentan detenerte, Mikasa! ¡Por favor, entiende su mensaje! Ese demonio atacará la aldea de nuevo si no detienes tu búsqueda.
–¡No! –exclamó Armin separándose de la asiática con su ceño fruncido y sus ojos llenos de lágrimas –¡Fueron ustedes! ¡Ustedes quemaron la casa de Eren y mataron a nuestras familias! ¡Mataron a dos personas y le quitaron a Mikasa los últimos recuerdos felices que tenía! –gruñó desesperado.
La pelinegra se sorprendió, Armin había perdido probablemente lo más importante que tenía, su único familiar que le quedaba luego que sus padres murieran en el paso congelado hace varios inviernos, pero aun así se preocupaba de ella y del dolor que aquella casa quemada le provocaba. Siempre se preocupó tanto de su amigo como de Eren, casi por igual, pero ahora debería dejar a su hermano de lado por un tiempo para mantener a salvo a todos quienes le rodeaban.
–No lo hagas –pidió el rubio con lágrimas en sus ojos, había descubierto sus intenciones con solo una mirada, y cómo no, si habían sido amigos desde hacía mucho tiempo, los tres habían estado juntos desde hacía tanto.
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¿En serio Eren? ¿Teniendo sexo mientras tu hermana casi muere quemada? ¿Qué demonios está mal contigo, hijo?
Soy la peor, he matado a dos personajes más. Debían morir. En realidad no sé, solo quería matar a alguien para que los chicos sufrieran. Y sí, esto iba en el siguiente capítulo, pero quise cortarles la inspiración a mis lectores porque no me sentía preparada para escribir una escena picante.
Los amo, gente.
No tengo más que decir, solo espero que perdonen la tardanza y que comenten ¿algo?
Oh, y también que siento que nada de esto va a terminar bien. Aunque Levi parece un psicópata, al menos no lastima a Eren de manera directa, pero de todas formas, terminará mal si no cambio eso apenas pueda. Por mientras disfruten de lo que sea que es su relación, pero es más como que Eren siente atracción y simpatía por Levi, porque, bueno, así son estas criaturas, no es tanto una relación amorosa como tal.
PD: doy asco relatando besos.
-dametsuna: ¡Gracias a ti por comentar! Y sí, Levi maldito sexualón, te amo tanto e.e
-Kisara: ¿Puedes creer que aún no me recupero del todo? Maldito año nuevo, tuve que salir. Ow, que bueno que te haya gustado el capítulo y gracias a ti por el review, un abrazo.
