Primero que nada déjenme decirles ¡gracias! A pesar que he pasado tan ausente este año con mis fics, con mi regreso de éste me han dado una calurosa bienvenida con todos sus RW, no saben lo que eso significa para mí. Espero que este nuevo año 2018 les traiga muchas bendiciones, estoy segura que no siempre tendremos días felices y de color de rosa, por eso también les deseo que tengan mucha fortaleza para poder afrontar cada reto que se nos viene encima y poder seguir adelante.
Gracias también a mi beta reader: Kim, amiga, eres grande, nunca lo olvides y gracias por hacerme siempre un espacio para leerme y sobretodo todo para levantarme el ánimo.
Y como lo prometido es deuda, este 31 de diciembre, les dejo el final de este fic, yo sé que a muchas no les gustará, pero quiero aclarar que este final es más una conclusión, quise hacerlo más largo, pero realmente no me salió más, así que sin más pasen a leer el final y por favor, que sean lechugas las que me tiren, duelen menos.
Disclaimer: todos los personajes pertenecen a la gran Rumiko Takahashi, yo solo los tomo para deleitar a quienes me leen y satisfacer mis perversiones.
Capítulo 12
Fuego y terror.
Al término de la luna llena y con lo que queda de mi cuerpo, Sesshoumaru me envía de vuelta en la carroza custodiada por sus sirvientes.
Su cercanía me perturba y él lo sabe. Mis noches son de llantos y arrepentimientos, no puedo olvidar la última mirada de odio que Bankotsu me dio, sus palabras maldiciéndome; la culpa me carcome cada día pudriendo mi alma como si fuese un cuerpo sin vida. Ya ni siquiera puedo rezarle al gran Nikkou por mi perdón, porque sé que no hay ninguno para mí.
Cada sueño es una penumbra, la muerte de aquel niño demonio de cabellos plateados me acecha, la voz de la sacerdotisa es como si fuese la mía, me voy rompiendo en pedazos y lo más extraño es que la distancia que Sesshoumaru ha puesto entre nosotros hace que mi cuerpo se congele como si estuviese desnuda y a la deriva en el intenso frío de una pequeña cueva.
El invierno llega y con ello unos los mareos y náuseas me van carcomiendo con violencia. Shippou siempre se queda a mi cuidado, y con algunas hierbas medicinales voy recobrando el color que durante la temporada he perdido. He ganado peso a pesar de que no como mucho.
No he visto a Sesshoumaru durante toda la temporada de invierno, según lo que hemos escuchado, anda cazando, quizás despojando de la dignidad a otras mujeres, pero ante las ejecuciones de Toran, sus hermanas e inclusive de su general por la ofensa de haberme tocado, nadie en el castillo confabula contra mi vida.
Cuando la nieve va cesando y el frio no es tan intenso, Shippou puede conseguir las hierbas
—He escuchado que no volverá pronto Shippou —le aseguro a mi pequeño cuidador intentando convencerlo de poder retomar nuestro plan, una vez que las fuerzas han regresado a mi cuerpo.
—No lo sé Kagome, nadie lo sabe realmente —la voz llena de miedo de Shippou me indica que él nunca estará listo, a pesar que ya han pasado 10 soles desde que él consiguió «la flor de los caídos» y se las dio a sus hermanos y madre.
La rigidez en los cuerpos de su familia, su palidez y la temperatura hicieron que Shippou dudara de mis palabras, aquel día sus lágrimas fueron tan reales que algunos se compadecieron de la suerte del pobre zorrito. Mi salida fue autorizada a través del portador de voz de Sesshoumaru, el demonio Jaken, nos custodiaron 2 soldados y tal como se lo aseguré en una ocasión a mi pequeño amigo, los dos no quisieron ayudarnos a cavar una pequeña tumba para honrar sus cuerpos.
La hicimos con tierra seca, para que a ellos no les costara salir, de poca profundidad para que no sintieran sofocación, dejamos sus rostros al aire libre con una pequeña manta la cual yo misma les coloqué, alrededor de ella para que le viento no se las llevara unas piedras formando un semi círculo, los soldados se burlaron por mi «costumbre» diciendo que todo aquello era innecesario, esos cuerpos solo serían la comida de los insectos y gusanos.
Al día siguiente cuando Shippou fue a ponerles flores, las tumbas estaban vacías, aun con sus ojos rojos y tirándose a mí regazo al regresar, me brindó una sonrisa, dándome a entender que su familia de ahora en adelante estarían a salvo, lejos de él y sin poderse ver, pero con vida.
—Yo sé que no volverá pronto Shippou. Hagámoslo esta noche, ya nada nos retiene aquí —le suplico una vez más.
—¿Es...Esta noche?
—Sí.
—Pero... no estamos listos... yo... —le agarro ambas manos a mi pequeño amigo y demonio comenzándole a suplicar.
—Nunca estaremos listos Shippou, así que si no lo hacemos esta noche, no lo haremos nunca.
El pequeño zorro asiente y a pesar de que no está seguro de ello, acepta mi petición.
La guardia decae un punto antes del amanecer, cuando el sueño más profundo cae inclusive sobre el guardia más apto y fuerte. Con mis pies descalzos sin hacer mayor ruido, nos escabullimos. Algunos guardias están dormidos, otros somnolientos, sin prestar mucha atención a su alrededor.
Mi corazón empieza a latir con fuerza y rapidez.
Con mis piernas temblorosas, llegamos a la puerta. Solo hay un guardia.
—Aguarda aquí —me indica el pequeño escabulléndose por una pequeña ventana en donde solo él puede pasar.
Empieza a crear una pequeña distracción que hace que el guardia se aleje de la entrada para ir a buscar lo que cree podría ser una amenaza, así que aprovecho y empiezo a correr.
No vuelvo a ver atrás y cuando menos lo siento, el pequeño Shippou se acomoda en mi espalda.
—Corre Kagome, no nos ha visto.
Él es quien me indica si nos vienen siguiendo o no, cuando los demonios se den cuenta de nuestra ausencia, nosotros dos estaremos ya muy lejos.
—¿No vienen Shippou? —le pregunto cansada.
—No, estamos solos.
Yo me siento desfallecer así que me detengo en un gran árbol para descansar. Hemos corrido lo suficiente alejándonos del castillo, la princesa Yukki está a punto de hacer desaparecer la intensa noche que nos protege.
—No nos detengamos Kagome, por favor, si alguien de casualidad se da cuenta, nos darán caza rápido.
—No puedo más Shippou —siento que mi vientre se agita con fuerza.
—Kagome...
Ambos nos quedamos petrificados al momento en que sentimos cómo el calor de unas llamas pasa a un lado nuestro.
—Ka... —Shippou ni siquiera puede hablar.
Al momento en que nos damos vuelta, podemos ver la majestuosidad de Sesshoumaru, su dragón está parado a su lado esperando su orden para incinerarnos.
Una mujer de cabello negro, bastante parecida a mí está acostada sobre el dragón.
—Lo siento —pido perdón arrodillándome frente a él comenzando a llorar—. Lo siento...
El pobre de Shippou está temblando, llorando y aferrándose a mi cuello temiendo lo peor. Sesshoumaru nos arroja el cadáver de la mujer a un lado nuestro y al momento en que ambos cerramos nuestros ojos, el dragón lanza sus llamas con lo que terminará nuestra historia.
Sesshoumaru POV.
Me he alejado de ella todo lo que he podido, he exterminado a todas las sacerdotisas y monjes que han aparecido a mí alrededor, el nombre de Midoriko se ha escuchado una vez más, pero en esta ocasión como una maldición para cada uno de los caídos, en nombre de ella los he tomado e incinerado sin piedad.
Si he caído en su maldición, los inmundos humanos caerán con ella también y durante épocas se escuchará mencionar al dios Demonio que extinguió a muchos de ellos con sus llamas.
Los latidos del bastardo que carga la humana en su vientre se hacen más fuerte cada día, a pesar de estar alejado de ella los puedo sentir en mi cabeza, la parte demoníaca que habita dentro de ella no la ha desgarrado desde adentro.
He pasado el invierno alejada de ella, lo único que sé es por Jaken, mi fiel sirviente quien siempre me mantiene informado.
Una noche, el corazón de ella se agita con facilidad y eso hace que regrese, ella está huyendo.
Ante mi llegada, el castillo es un caos porque saben que mi furia está a punto de ser desatada por ineptitud.
Todos imploran mi perdón y voy asesinando con mi fuerza y enojo a todos los inútiles soldados que permitieron que Kagome y el inepto zorro pudieran escapar.
Les prohíbo que salgan del castillo, no doy caza de los dos que han osado desafiarme, me voy solo con mi dragón y finalmente los encuentro, temblando ante mi presencia. La humana que serviría de alimento para mis soldados más cercanos la llevo en el lomo del animal, lo arrojo a sus pies, ambos saben lo que está a punto de suceder.
Con una orden de mi cabeza, el dragón les lanza sus feroces llamas calcinándolos. Cuando la vida se ha extinguido y el cuerpo ha quedado completamente negro, tomo el cuerpo de la humana y extingo las llamas para posarlo en mi dragón, el otro se queda calcinándose para volverse cenizas.
Los pocos demonios que quedan con vida, los reúno en el salón principal del castillo y ante ellos les arrojo el cuerpo calcinado de la humana.
—¿Creen que he sucumbido ante una inútil y asquerosa humana?
—No... no amo... —responden todos horrorizados al ver que inclusive Kagome, aun después de todo lo que ha pasado, ha sucumbido ante mi poder y furia.
Jaken, mi único y fiel sirviente, hace pasar a todas las humanas que he recolectado durante mi viaje haciéndolas crear un círculo en medio del inmenso salón.
—Todo... volverá a ser como antes.
Ante mi sentencia, mis demonios saben que es lo que tienen que hacer. Comienzan a violar a las mujeres para finalmente tomar su sangre y derramarla sobre nuestras armar, de esa manera nadie, nunca, osará decir que el gran dios Demonio, ha sucumbido ante una humana.
Con ecos he escuchado que el dios Demonio del Este se ha vuelto blando y misericordioso por haberse enamorado de una humana, pero durante muchas lunas, mi maldad y mi odio se contemplarán ante el temor de muchos, cada demonio que osó decir algo así, sucumbirá ante mi furia, aunque eso tarde años, pero nunca, nadie volverá a repetir una ofensa semejante.
Fin.
La furia del dios Demonio no podía ser contenida, su orgullo había sido mancillado y aunque tardara una eternidad o muchos años en cumplir su propia venganza, lo haría.
Aquel amor, que sintió por la humana llamada Kagome siempre lo carcomería, pero tal vez algún día podrían encontrarse de nuevo en otra vida.
