Los personajes están lejos de pertenecerme…

Si su hija sufre y llora es por una escritora de yaoi, señora

Frick song: "Disculpa los malos pensamientos" –PANDA-

"No Permitiré que remiendes mi ser. No dejaré que unas fragmentos que me nombran, ciertas distorsiones que parecen pertenecer al infinito. No asociaré tú alma con la platinada luna. Aquella que me embelesa, me traiciona, sumergiéndome en lo indómito del existir. Tempestades de destellos incandescentes de mi alma muda. No me veas, no me valores, simplemente no me quieras ni me sientas. Por que entre sueños no puedo moverme libremente, al clausurar mis ojos dejo de ser yo…" D/B

A solas todavía con el cadáver, levanté un extremo de la mortaja y alargue los dedos para tocar la carne fría y dura de la mano izquierda de Yolanda. Tenía los nudillos arañados. Dos uñas se le habían roto. Bajo las uñas de los dedos anular y meñique, había tierra incrustada. La recepcionista abrió la puerta a mis espaldas. Cubrí la mano de Yolanda con la tela y me volví.

— El señor Dietz me ha encargado que le diga que ha ido a buscar el coche con su mujer. El otro caballero esta en espera de usted.

— ¿Y los efectos personales de la difunta?

— No tenía alguno. El doctor Lencer ha guardado su ropa hasta que el juez decida. Cuando la trajeron no llevaba nada encima.

Escribí una nota para el doctor Parker en la que le pedía que por favor me llamara y se la entregue a la enfermera de la sala de urgencias. Sasuke quería pedir un taxi, pero Clyde insistió en llevarnos de vuelta a casa. Jermaine lloró descontroladamente durante el trayecto. Me sentí aliviado cuando Sasuke abrió la puerta por fin y entramos en casa. En el asiento trasero del Mercedes, su mano había estado muy cerca de la mía y nuestros meñiques se habían rosado de tal modo que fue como si me hubieran magnetizado todo el costado izquierdo. Sentí como si lo tocara por primera vez, como si a la vez lo deseara desde siempre.

Capitulo XII

[SIN RAZÓN APARENTE]

Apenas respire el olor aderezado a madera de mi hogar, me eche escaleras arriba directo a una siesta mañanera. Sólo eran veinticinco para las diez. No había mucho por hacer, a parte de encontrar al asesino contratado para matarme y develar el misterio del caso de la fallecida Yolanda.

¿Te apetece un vaso de vino? — Oí que me preguntó desde la planta baja. Le respondí con tono monocorde, que estaba cansado y deseaba una ducha rápida y una siesta.

Lance los zapatos que calzaba al otro lado de la habitación, en una seria acrobacia que practicaba desde chico en el orfanato. Me desvestí y mientras caminaba al baño le daba vueltas a todo el asunto de la vieja Graftone, sin fijarme mucho en lo que ocurría a mi alrededor.

Su presencia me tomó por sorpresa y titubeé. Parado frente al cuarto de baño me volví para mirarle, luego de que me llamara.

¿Te encuentras bien? — Me preguntó de seguro extrañado de mi silencio y mi aparente tranquilidad.

Hablábamos de un modo que se me antojaba extraño, como si cada frase contuviera un mensaje oculto; de él, tratando de estudiarme y de mí, tratando de evadir e ir a dormir un poco. Su cara parecía la misma, pero había algo nuevo en sus ojos. Allí donde su mirada había sido infranqueable, había ahora una intención, una llamada que no podía expresarse verbalmente. El lenguaje no era suficiente.

Y lo supe.

Tomé conciencia de súbito, que lo que veía en él era el reflejo deformado de mí mismo, de mí arrojo, de mí competencia, de mí temor a depender de otros. Veía en él la pasión insondable por aquello que desea. Simplemente, me vi en sus ojos. Como nunca antes. O mejor dicho, como nunca imagine, pues casi siempre gritaba a garganta viva las diferencias entre nosotros.

Sí. Ahora lo estoy — le dije luego de haberle robado un calenturiento beso y abrazado hasta la saciedad. Aunque eso me parecía verdaderamente imposible.

La neta conciencia de que en algún momento dejaremos de existir cala profundamente en los sentidos prácticos de raciocinio, llegando a las zanjas del miedo, alejándonos completamente de la razón y la verdad.

Sasuke bajó a la primera planta, tras la excusa de que se prepararía algo de comer. Y entendí que quería dejarme a solas para que pensara y arreglara mi rematada mente. Supongo que eso esta bien, me hace parecer interesante a sus ojos. Lo cierto era que deseaba dormir abrazado a su cuerpo.

Luego de un rejuvenecedor baño, caí en un sueño profundo y no desperté hasta que pasaron unas cuantas horas.

Me removí a las tres en punto, vagamente consiente de que me encontraba solo en la habitación. Le oí moverse en la planta baja. Había puesto la radio y a mis oídos llegaron los compases de una melodía de Puccini que me partieron el alma. Pero por una vez no me importo.

«Che gélida manina, se la lasci riscaldar». Y ahora tienes una pequeña mano que calentar en la tuya. No me pregunten como se que decía la letra. Es algo que si me detengo a analizar pierde pies y cabeza.

Un poco más tarde sonó el timbre… era un cartero (auténtico) que traía la caja facturada en Brawley. Yo definitivamente no estaba para nadie y Sasuke se hizo cargo de la entrega. Minutos después percibí el aroma delicioso del café recién hecho, eso me removió el estomago, moría de hambre. Me levanté, hice la cama, fui al lavabo y me cepillé los dientes. Me duché y volví a colocarme los vaqueros y la camisa de algodón de la víspera. No tenía ganas de aumentar la cantidad de ropa sucia. Bajé a la planta inferior.

Sasuke estaba junto al banco de la cocina, encaramado en uno de los taburetes, con el libro abierto ante sí, y al lado de éste, ya vacíos, una tasa para café y un plato llano. Alargó la mano, sin siquiera mirarme y le abracé por detrás. Me besó con una boca tan fresca que percibí el sabor de la bebida amarga.

¿Estás bien?

Sí. ¿Y tú?

Ajá. Ha llegado el paquete que dejaste encargado en Brawley.

La caja estaba al lado mismo de la puerta y ostentaba la etiqueta en la que yo mismo había escrito mi dirección.

Pero antes de si quiera moverme, cerró el libro, giró el taburete y se levanto. Nuestras miradas se encontraron, y bueno, perdí el sentido del tiempo. Me acerque para besarlo, sin embargo me detuvo.

Pedí pizza. — Y se lanzo a mi boca. Yo me eché hacía atrás, no sin ser tentado a sumergirme en sus labios. Pero él me había rechazado antes, si quería jugar al irresistible, yo gustoso. Frunció el ceño, tanto, que me pareció gracioso.

¿Has mirado si contiene alguna bomba? — dije, hablando de la caja junto a la puerta, distrayendo su atención, y desvío los ojos hacía la ventana. Visiblemente irritado.

No contiene ninguna — dijo con indiferencia, soltándome y caminando hacia la terraza — puedes abrirlo.

No dije nada más, sólo me serví un par de porciones de pizza y sonreí. Mí preferida, con pollo, tocineta, maíz y mucho, mucho queso cheddar. En algún momento le agradeceré a Sasuke. Lo merecía. Fui a la despensa y saque la media botella de vino que quedaba. Tome un vaso y lo lleve todo a la mesa, mientras observaba como el cabello de mi guardaespaldas se movía con el viento alegre de las tardes de California.

Y mientras veía fijamente una esquina indefinida de la sala de estar, me di cuenta de que debía adquirir una nueva TV, o si no me volvería loco con los acordes de aquella música demasiado clásica. También debía ir por mi laptop, que se encontraba en la oficina.

Me termine mi desayuno-almuerzo y tomé del cajón de la cocina un cuchillo de pelar patatas y terminé de cortar la cinta adhesiva de la caja frente a mí. Las cosas estaban tal cual las había dejado yo. Con la camisa multiuso encima de todo. La saque para inspeccionarla. Fue un alivio comprobar que no había acabado en tal mal estado como pensaba. Sólo un poco machada de barro, aunque desprendía un tufo que oscilaba entre los huevos podridos y los lavabos en desuso.

Sasuke percibió el olor y se volvió con una mueca de asco.

¿Qué es esa porquería?

Mi mejor camisa — dije, un poco malhumorado por su actitud, aunque se me paso al saber que la prenda se salvaría — La meteré en la lavadora y quedara como nueva.

La puse a un lado y seguí sacando prendas y objetos. En el fondo vi una caja extraña de cartón.

¿Qué rayos es esto? — dije apenas en un hilo de voz, queriendo hacer espacio para mis brazos dentro de la caja y sacar de esta la que me interesaba. Estaba abierta, de seguro Sasuke la había desellado.

Es un antiguo juego de té. Pensé que la habías tomado del remolque de Yolanda para entregársela a Jermaine. Como me habías dicho que el lugar estaba hecho una porquería.

Sasuke se acerco con un atisbo de duda en su rostro, visiblemente afectado por la mueca de sorpresa de mi rostro.

Yo no tomé nada del remolque, ni me acerque completamente, por que sencillamente…

No había nada salvable — dije en voz alta, un poco contrariado.

¿Qué dices?

Que el remolque estaba hecho una ruina, Sasuke. No se de dónde ha salido esto. Los libros jurídicos, mi cámara fotográfica, y mis prendas de vestir, sí. Pero no este juego de té, o lo que sea.

Entonces, supones que otra persona lo ha colocado allí ¿Con qué fin?

Sí, pienso lo mismo. El tipo del estacionamiento… − En seguida rechace la idea − ¿Qué ganaría el colocando un distinguido juego de té en la caja dirigida a mi? Además…

La pregunta sería… ¿Quién más sabía sobre tu viaje?

A sido él, Sasuke. –dije apesadumbrado, pero sin perder convicción. Atraparía a ese sujeto.

Aunque podríamos estar exagerando. Tal vez se han equivocado.

No, Sasuke. La llamada que le hizo a Jermaine es la prueba.

Mis nervios se enervaron visiblemente. Decidí dejar el asunto y encerrarme en el baño a ver pasar la gente y las mareas. Debía tranquilizarme, recuperar mi entereza y luego devolver el ataque. Bajé a los cinco minutos, más tranquilo. Sasuke me esperaba sentado elegantemente en el sofá cama de mi sala.

Lo siento. Perdí los estribos.

Sasuke no respondió, solo me observó con esa miraba que analizaba y hurgaba los rincones mas nebulosos de mi mente.

Ya sé como salir de dudas. Le llevaremos esto a Jermaine a ver si lo reconoce.

Dije esto sabiendo que los objetos que quedaban para recordar los ochenta y tantos años de Yolanda en este mundo eran escasos, y si este juego de té le pertenecía a la vieja, a Jermaine le gustaría conservarlos.

Sasuke sólo cabeceo.

Por cierto. Un tal Parker llamo a eso de las doce. Ya ha hecho la autopsia. Dijo que lo llamases en cuanto pudieras.

Si que ha ido rápida la cosa.

Eso pensé yo. Dijo que apenas entró de guardia se puso manos a la obra.

Marqué el número del St. Terry y pedí que me pusieran con patología. Ya había hablado con Laurent Parker un par de veces. Es bajo, feo, gordo, competente, laborioso, concienzudo y muy listo. Esta contratado por las autoridades del condado y hace autopsias para el juzgado en primera instancia.

Parker ― dijo una voz masculina al otro extremo de la línea.

Hola, Laurent, soy Naruto Uzumaki. Gracias por haber respondido a mi nota. ¿Qué se sabe de Yolanda Graftone?

Se produjo una breve pausa.

El juzgado no ha notificado aún el resultado de la autopsia de la señora Graftone, o sea que lo que voy a decirte es confidencial, ¿de acuerdo?

Descuida. No es la primera vez.

El resultado es negativo. Hasta dentro de unos días no tendremos los resultados de los exámenes toxicológicos, pero en términos generales no hay nada anormal.

― ¿Cuál es entonces la causa del fallecimiento?

― Básicamente, paro cardíaco, pero no se… todo el mundo muere de paro cardíaco o respiratorio, si vamos a ello. El caso es que no hay prueba alguna de que padeciera una enfermedad cardíaca orgánica ni he encontrado nada susceptible de haber contribuido a la defunción de manera natural. Técnicamente, no hay mas remedio que calificar de indeterminada la causa de muerte.

― ¿Qué quieres decir con eso de técnicamente? No me gusta como lo has dicho.

Se echó a reír.

Buena pregunta. Es verdad lo que dices. Tengo una corazonada, pero he de hacer antes ciertas averiguaciones. He pedido al bibliotecario del hospital que me encuentre cierto artículo que se público hace unos años. No se por que me vino a la cabeza, pero en este asunto hay una especie de alarma sonando al fondo.

Sé a que te refieres, hay ciertos detalles que no están claros, sin embargo ¿podrías darme algún adelanto de lo que tienes entre manos?

― Todavía no. He encargado a mi ayudante que me prepare unas muestras de tejido que analizare seguramente esta misma tarde. Tengo dieciséis casos en lista de espera y todos estaban por delante de este, pero me pica la curiosidad.

― ¿Te puedo ayudar en algo?

― Hay algo que podrías hacer. Seria interesante averiguar que le ocurrió a la anciana durante el tiempo que anduvo perdida. Si pudieras enterarte de lo sucedido en esas horas, me seria muy útil.

― Lo intentaré ― dije ― ¿He de buscar algo en concreto?

― En la muñeca derecha presenta rozaduras producidas al parecer por una cuerda y…

― Y tiene ― Dije acordándome de pronto ― un par de uñas rotas y arañazos en los nudillos de la mano izquierda.

― Exacto.

― Es posible que estuviese retenida en contra de su voluntad en alguna parte.

Me puse la mano libre en la frente. Me embargaba un poco de tristeza, pues por muy pesada y malcriada que fuese la vieja Yolanda, es completamente inhumano tratar a alguien de su edad de esa manera.

Busca algún tipo de cobertizo con herramientas de jardinería o un invernadero. He tomado muestras de la tierra que tenia debajo de las uñas que conservaba, podríamos compararla con lo que encuentres ― Laurent Parker hizo una pausa, y supe que algo desagradable venía ― Tenia además rozaduras menores en la espalda. La semana pasada atendí a un niño con señales muy parecidas. Le habían pegado con una percha… y otros objetos.

― ¿Quieres decir que fue golpeada?

― Es posible.

― Mierda ― suspiré ― ¿Lo sabe el teniente Dolan?

― Él y el fotógrafo estuvieron presentes en la autopsia, ósea que vieron lo mismo que yo. Lo que ocurre es que no había traumatismo interno y las lesiones eran demasiado insignificantes para considerarse causa de la defunción.

― ¿Y tú qué opinas?

― No quiero opinar nada en absoluto hasta que haya comprobado mas cosas. Llámame esta tarde, o mejor aún, ya te llamaré yo cuando haya visto lo que todavía me queda por analizar. Puede que entonces ya hayas averiguado algo.

Colgó. Devolví el auricular a su sitio. Me sentía confuso. Sasuke me observaba. Por lo que inevitablemente había escuchado, tenia que haber deducido ya que el caso había experimentado un giro imprevisto.

― ¿Qué ocurre?

― Vamos por tu auto. Quiero ir a casa de Jermaine. Me gustaría hablar con Clyde.

Les llamé para decirles que iba a verles y a continuación llamé a un taxi.

Le expliqué a Sasuke los detalles de la nueva situación mientras nos dirigíamos al estacionamiento de la discoteca con la caja supuesta de Jermaine en el regazo.

Llegamos a la parte de atrás del gran local nocturno y Sasuke estuvo un rato inspeccionando el motor y el sistema eléctrico del Porsche. El mozo que estaba a cargo del aparcamiento no era el mismo que el de la noche anterior y aunque juró que nadie se había acercado al vehículo, Sasuke no quiso fiarse.

No creo que en cuestión de bombas, Messenger sepa distinguir un culo de una calabaza, pero tampoco estamos ahora para sorpresas ― dijo.

Esperé mientras se tendía en el suelo y se metía bajo el coche para inspeccionar la parte inferior del chasis. No encontró cables misteriosos ni detonadores acme, ni muchos menos cartuchos de dinamita. Satisfecho de la revisión, se puso en pie, se sacudió la ropa y me abrió la puerta del copiloto, no sin antes ganarse una mirada airada de mi parte. Arrancó y salimos del aparcamiento. Excepcionalmente, condujo despacio. Tenía la palabra preocupación marcada en su atractivo rostro.

¿En qué piensas?― le pregunté.

En Messenger. Me pregunto si no seria interesante contactar realmente a su ex mujer.

¿En los Ángeles?

― Podríamos hacer que viniera. Sabemos que su hijo Erick esta con él. Por lo menos anoche lo estaba. Si le planteamos la idea de que puede recuperarlo, es posible que quiera aprovechar la oportunidad. Podríamos pedirle que nos ayudara y a cambio ayudarla a recuperar a su hijo.

― ¿Cómo?

Se encogió de hombros.

― No lo sé aún, pero es mejor eso que nada.

― ¿Sabes cómo localizarla?

― Tengo una idea: te dejo en casa de los Dietz y voy a hablar con Dolan.

― De acuerdo.

Nos detuvimos delante de la casa de los Dietz. Sasuke sostuvo la caja mientras yo liberaba mi cuerpo de las reducidas dimensiones del vehículo. Al llegar al portal, dejó la caja en el suelo al lado de la puerta y yo pulsé el timbre. Habíamos acordado que lo esperaría allí hasta que viniera a recogerme.

No tardes tanto ― murmuré ― No quiero pasar la tarde desanimado.

― Cuarenta y cinco minutos a la sumo. Si veo que voy a tardar mas te llamo. Ten cuidado. ― Me clavó en la pared con un beso que elevo no sólo mis dedos del suelo, y se alejo hacia el coche.

La chica de servicio me abrió la puerta y se hizo a un lodo para darme paso. Oí que el Porsche se ponía en marcha y se alejaba. Suspiré. Traté de concentrarme e hice un esfuerzo por parecer un investigador serio. Aunque para ser francos, notaba a la excitación roer no solo mi esfuerzo, sino también mi razón.

Dáliva, continuara.

Bueno, solo espero que alguien aun recuerde mi fic.

¿Comentarios?

"Con los ojos rojos me sonríes y yo sólo quiero llegar a abrazarte…

En el invierno de Tokio y el floreciente polvo de la nieve ¿tu llanto es por alguien?

Quería abrazar tu frío cuerpo para congelar parte de esta herida.

Sé que fue un amor no correspondido y aunque tú lo ames, no puedes volver atrás.

Quiero robar tus sentimientos; ese cariño, ese amor y destruirlos.

Mi propio amor no fue correspondido.
Las horas son tristes cada vez que quiero abrazarte."

James Blunt