Capitulo XII

La situación era casi insostenible para Serena. No le molestaba los constantes estudios médicos, o la terapia de rehabilitación todos los días en su pierna, mucho menos el tiempo que compartía con Lita y su hijo. Lo que realmente estaba jugando con su cordura era la presencia de Darién en su vida.

Como buen caballero, el empresario se encargaba de todo lo que refería a su confort. La estimulaba con frases de consuelo cada vez que sus músculos adoloridos la agobiaban, o permanecía en guardia atento para que jamás se esforzara en absoluto.

Sin embargo lo que ella ansiaba era que la tomara en sus brazos y besara sus labios a conciencia, estrechándola entre sus brazos, ser aprisionada en ese fuerte tórax y morir sobrecogida por su calor y aroma. La tensión sexual que reinaba cada noche cuando la ayudaba a desvestirse era ya insoportable, al punto de la locura.

La puerta de su habitación se abrió repentinamente, sorprendiéndola con la aparición de la causa de sus tormentos internos. Este, al principio no la vio, ya que observaba en dirección a la gran cama. Su rostro mostraba verdadera preocupación, hasta que recorrió el lugar con sus hermosos ojos azules para encontrarla sentada frente al hermoso mueble francés donde Serena tenia sus perfumes y maquillajes.

- ¿Cómo llegaste hasta allí?- consulto acercándose veloz- Todavía no debes esforzarte demasiado.

- Darién, he caminado solo siete pasos- le respondió cuando estuvo frente a ella.

Sin tomarse la molestia de discutir con ella, la tomó en brazos de manera nupcial como acostumbraba y la transporto nuevamente hacia la mullida cama. Percibía su cuerpo, apenas cubierto por su camisón de seda, tenso a causa de estar molesta con él.

- Serena- la regaño como si le hablase a una niña de cinco años, frente a la cama pero aun sin bajarla de sus brazos.

La joven rubia de brazos cruzados permaneció en silencio mirando en otra dirección, en un claro acto de rebeldía ante su imposición.

- Lo único que quiero es evitar que te lastimes- le explico tranquilo.

- No eres mi dueño- contraataco muy enojada.

Aquello dejo a ambos en silencio. El pelinegro sin argumentos para rebatir lo dicho y a la joven rubia con una sensación de amargura en la boca. Esa frase había salido sin pensarla, provocada por su frustración.

- Es verdad, no lo soy- acepto en un tono muerto dejando que estuviese en pie en el suelo- Solo intento hacer lo mejor por tu bienestar y el de mi hijo.

La forma en que lo dijo, sorprendió a Serena al descubrir un dejo de amargura en su voz. Lo miro fijamente en tanto el observaba en otra dirección. Respiro hondo y tomando coraje, tomo su rostro entre sus delicadas manos hasta que consiguió que él le sostuviese la mirada. Sin previo aviso, acorto la distancia entre ambos hasta sus labios.

Darién parecía perdido en un mundo mitológico. La realidad le resultaba tan brusca e increíble que permaneció estático unos segundos, para luego dar pasó a todas sus emociones acumuladas.

La estrecho contra su cuerpo con urgencia mientras sus manos recorrían sus cuervas sin importarle nada. Serena, asombrada por la delirante respuesta se sentía feliz de por fin estar probando esos labios que la torturaban, sentir su cuerpo duro contra ella, la pasión de sus manos. Todo era extraordinario. Si aquello era un sueño, no deseaba despertar jamás.

Sin previo aviso, Darién abandono sus labios para deslizar sus besos por sus mejillas hasta la zona de su cuello mientras sus manos la levantaban un poco para tener mejor acceso. Jadeante, la joven recibió con gusto sus caricias en tanto la ardiente fiebre del deseo se apoderaba de todo su cuerpo, viajando veloz por el torrente sanguíneo.

De un momento al otro, Serena percibió que era elevada del suelo y depositada en la suave cama que ocupaba en esa magnánima mansión. Las manos de Darién viajaron hacia la piel desnuda de sus piernas, sus labios bajaron por el valle de sus pechos. Como una respuesta autónoma de su cuerpo, arqueó su espalda y separo sus piernas, permitirle un total acceso a su voluntad.

Pero tan súbitamente como empezó, Darién se alejo de su lado como si ella fuese la portadora de un letal virus sin cura. Incrédula, se sentó en la cama para ver como él, a un espacio prudente, la observaba agitado.

- Yo… lo lamento… no debí…- intento decir el empresario tratando de recuperar la tranquilidad.

- Fuera de mi cuarto- le ordeno en tono seco, dolida - Me iré de esta casa lo más pronto posible.

- ¿Por qué?

- Porque no soporto estar un día mas aquí, no soporto mas esta situación- le respondió muy molesta- No puedo estar las veinticuatro horas del día con un hombre que me trata como una estúpida muñeca. Alguien que me cuida pero ignora lo que siento.

- ¿Puedes dime que es lo que sientes?- le ordeno confundido acortando un poco la distancia.

- ¡Siento que voy a enloquecer!- exclamo frustrada- No se que diablos paso entre nosotros, no se que sientes por mi o que es lo que te obliga a cuidarme… pero lo que si se es que me están matando estas ganas enormes de besar tus labios, de acariciar tu piel, tu cabello. Que me toques… ¡sentirme mujer aunque sea una vez entre tus brazos!

Aquello sorprendió al pelinegro de sobre manera. Era la primera vez en tantos años que Serena le aseguraba que sentía deseo por él. Muchas veces hacia comprobado que la química que había entre ambos era magnifica y que ella no sabía resistírsele, pero jamás había escuchado de sus labios aquella necesidad o deseo.

- Yo…

- Soy una estúpida- sentencio ya sin mirarlo- No debí decirte esas cosas. Me iré lo mas pronto que pueda, no quiero ser una carga de ningún tipo.

No podía seguir mirando su rostro de confusión, no podía sentir el rechazo. Sintiéndose muy dolida, Serena luchaba para que las lágrimas no la invadieran… más aun frente al pelinegro. Ya se había humillado demasiado.

Pero, sin previo aviso él suprimió el espacio que los separaba. Serena sintió como era envuelta entre los calidos brazos de su acompañante. Se quedo quita, rígida, sin poder moverse ante la magnifica sensación de calor y cariño que invadió su cuerpo. Sintió como Darién hundió su rostro en su dorado cabello mientras sus manos le acariciaban sus brazos lentamente.

- Serena- le hablo cerca de su oído- No quiero que te vayas. Si he mantenido una distancia todo este tiempo en contra de mis deseos, fue porque no quería presionarte a nada. Además, hay problemas del pasado que no están resueltos entre nosotros. No quiero que sientas que me estoy aprovechando de tu estado de amnesia.

- ¿Qué problemas?- consulto débilmente, hipnotizada por las sensaciones de su cuerpo.

- Me porte mal contigo en un momento. Te lastime mucho- suspiro estrechándola aun más- Creo que es mejor esperemos un poco mas para hablar de este tema.

- De acuerdo- acepto sin darle demasiada importancia.

Lo único que le importaba era que se sentía feliz de estar entre sus brazos, de entender el porque de su actitud tan ciclotímica. Sentir sus manos grandes y fuertes adaptarse a cada curva de su cuerpo, la estremecía hasta el alma. No recordaba nada de su pasado, pero si de algo era consiente era de que amaba a ese hombre de la manera más intensa que un ser humano podía hacerlo.

- Jamás quiero que te apartes de mi lado- le confeso separándose un poco, para que observara su rostro. Luego y con delicadeza, le regalo un tierno y breve beso.


Luego de pasar un tranquilo día con su pequeña rubia, decidió estar unos minutos a solas digiriendo las grandes emociones vividas aquella mañana.

No había mentido en nada cuando le confeso que no quería que se apartara nunca mas de su lado. Aquellas agonizantes horas de espera antes de que Serena despertara del accidente, le había permitido abrir su corazón por completo a Darién, dejando en evidencia la única verdad: que amaba a esa mujer como jamás podría amar a otra. Sentir que existía la posibilidad de que Serena no se recuperara, que algo en la operación hubiese salido mal, lo había desgarrado en lo mas profundo de su ser.

En esas horas, reflexiono todo lo que había sucedido entre ellos en esos años. Recordó como la había salvado de ser violada por aquel desgraciado y había sido embrujado por su belleza perfecta. Cuando comenzó a acercársele descubrió lo buena e inocente que era, recordándole en algún punto a Esmeralda pero sin encariñarse demasiado, ya que para el todas las mujeres eran en potencia parecidas a su madre. Por ello, decidió dejar siempre en claro que solo deseaba tener sexo con aquella joven. Aprovecho su mal pasar económico para atraparla y mantenerla lejos de cualquier otra mirada que no fuese la suya. Se apodero de ella, como si se tratara de un pequeño canario dorado, le dio todos los lujos e incluso algunos que ella jamás pidió.

Aun cuando no quiso aceptar lo que había comenzado a sentir por ella, no pudo soportar cuando la vio con su mejor amigo. Algo que el nunca había querido reconocer fue esa rabia al verlos juntos en aquella fiesta, lo que después conllevo a que Serena terminara apartándose de su lado. Siempre supo que ella había dicho basta por el maltrato de esa noche, aun así no intento convencerla de que se quedara a su lado. No quería volverse dependiente de ella, pensó en ese momento mas sin embargo ya lo era inconscientemente.

Ocho largos meses pasaron sin saber de ella. Los primeros meses, su voluntad había sido férrea pero en los últimos el sentimiento de vacío ya se había apoderado de el completamente. En ese largo tiempo, siempre supo que estaba bien. Varios de sus guardaespaldas la cuidaban en la sombra, con la terminal orden de que no le comentaran nada de su nueva vida.

Cuando la encontró en el restaurante de Diamante, tan hermosa como siempre pero con un avanzado embarazo, todo su mundo se había tambaleado violentamente. La posesibidad que siempre había sentido antes y el creía superada, reapareció con mas fuerza aun consumiéndolo por dentro. Fue entonces que comprendió que aunque había transcurrido aquel tiempo, el continuaba considerándola de su propiedad, el aun esperaba inconscientemente que regresara a su lado. Verla junto a Diamante, fue la frutilla del pastel. De todas las personas del mundo, su ex mejor amigo era el golpe mas bajo.

No durmió por varias noches, ya que el sabor amargo de pensar que Serena tendría un hijo de otro hombre era insoportable. Jamás se había planteado realmente la paternidad, no obstante cuando sintió la respuesta del bebé dentro de la rubia ante el contacto de su mano, sintió que el mundo se desmoronaba a sus pies. Quería a ese niño, deseaba que fuese suyo al igual que la madre.

No pudo evitar su viaje a Londres, aun cuando lo intentó. Pero cuando todo estuvo en orden y recibió la noticia de que Serena se casaría, los sentimientos que no deseaba admitir tomaron posesión de su cuerpo dejando al orgullo atrapado en lo más hondo de su interior.

¡Cual fue su sorpresa al llegar y descubrir que el hijo de Serena era también suyo! Con solo ver al pequeño lo supo, ya que era idéntico a él cuando de niño. Toda su molestia se vio esfumada, ya que su deseo más profundo se veía cumplido. Aun cuando Serena le expreso su miedo a decírselo por temor a que le quitara al pequeño, no la culpo en absoluto. El se había comportado mal con ella en el pasado y pagaría las consecuencias.

Solo pudo ver luz al final del túnel cuando descubrió que Esmeralda estaba en Japón. Su gran amiga había vuelto, y dudaba que todo lo ocurrido entre ellos y Diamante estuviese completamente cicatrizado, dejándole un camino abierto con Serena. Comprobó su teoría en la inauguración del nuevo restaurante de Diamante, cuando pudo robarle el beso que tanto añoraba de su rubia y las miradas asesinas que Diamante le regalo al verlo muy cerca de Esme.

Sabía que pronto hervirían las cosas entre sus antiguos amigos, por lo que aprovecho y arriesgo todo lo que tenia para con Serena. Tenerla nuevamente en la cama había sido como tocar el cielo con las manos. Su cuerpo exploto de gozo, informándole que ninguna otra tenía el poder que Serena ostentaba sobre él. Aun cuando al día siguiente lo había prácticamente echado, no se sintió desanimado.

El tiempo le dio la razón, cuando Esmeralda huyo y Diamante le confeso a Serena que seguía enamorado de la modelo.

Desde entonces, no hizo más que estar a su lado. Serena poco a poco fue restableciendo la confianza en él hasta que ocurrió el accidente.

Alguien llamo a la puerta, despertándolo de sus reflexiones. Dio la orden de que entraran y por la puerta se asomo, Karmesite le informo que la cena estaba servida.


Luego de la cena, Serena le solicito a Darién que ella deseaba darle de comer y acostar a Ryo, por lo que Lita se fue mas temprano aquel día. Una vez en el cuarto del pequeño, Serena se mecía en la silla para que su hijo viajara a la tierra dorada de Morfeo. Darién, no muy lejos de ellos, observaba la escena sonriente. Una vez que el pequeño se durmió, el pelinegro suprimió el espacio y tomó a su hijo para acostarlo dentro de su cuna. Miró a la rubia, quien le sonreía esperando a su turno para ser llevada a su cama.

Una vez llegaron a la habitación, el prosiguió a prepararla como todas las noche. Serena ya no sentía timidez porque la observara casi desnuda. Decidió que aquella noche era momento de dar el primer paso. Recostó a la rubia como todas las noches pero en vez de desearle un simple "buenas noches", comenzó a desvestirse el también. Con solo quitar su camisa pudo apreciar la mirada insistente de la joven sobre su cuerpo. Una vez que estuvo solo vestido por un bóxer azul profundo, se adentró en la gran cama.

Serena suspiro extasiada cuando Darién la tomo entre sus brazos, envolviéndola de su narcótico calor. Dejando cualquier pudor de lado, recorrió con sus manos su torso sintiendo escalofríos con el tacto mientras su aroma único la ahogaba de plenitud. Sin resistirse, beso la línea de su mandíbula para recibir como respuesta las manos del pelinegro apretarse a su cintura y pegarla aún más contra él. Beso sus labios con ternura.

-Creo que ha llegado el momento de hablar- le dijo Darién tomándola del mentón, apreciando sus ojos llenos de deseo- Una vez que termine, podrás decidir si quieres estar conmigo o no, ¿de acuerdo?

-Esta bien- suspiro asintiendo, pero sin soltarse de su agarre. No lo dejaría ir lejos.

-Mis padres murieron cuando yo tenía 5 años, en un accidente automovilístico. Yo estuve presente en él, fui el único sobreviviente. Todo fue consecuencia de una discusión que ellos tuvieron, donde me entere porque mis padres no se mostraban unidos como los padres de mis amigos.

Serena escucho sin interrumpirlo, se notaba que le costaba abrirse ante aquel hecho tan traumático. De manera suave y pausada, acarició su pecho en pequeños círculos.

-Mi madre le era infiel y mi padre estaba harto de la situación, de cómo su imagen empresarial se veía perjudicada por eso. Según mi tío, el accionar de mi madre fue porque tenía rencor hacia mi padre por haberla dejado sola cuando perdió el embarazo de mi hermano menor. Luego de saber toda esta verdad, ambos murieron y quede solo con el rencor, adjudicándole toda la responsabilidad a mi madre.

-En entendible que estuvieses molesto con ella, Darién.

-Ese enojo dejo en mí una mancha. No quería enamorarme de nadie, no quería que ninguna mujer tuviera ese control sobre mi persona. Que pudiera destruirme. Por eso te lastime tanto, te aparte de mí.

- Oh, Darién- las lágrimas se apoderaron de sus ojos celestes, pero sin dejarlas salir- Pero también creo que tu madre debió sufrir mucho.

-Hace poco me entere que fue gracias a ella que sobreviví- le confeso serenándose un poco- Había reprimido ese recuerdo, a causa de mi enojo. Ella no murió de inmediato como mi padre, me protegió con su cuerpo en el impacto, y me consoló hasta poco antes que llegaran los rescatistas. Cuando me sacaron, yo creía que estaba dormida simplemente.

- Todo esto es demasiado fuerte- le aseguro acariciando su mejilla, y él la observo por primera vez desde que había comenzado a hablar- Puedo comprender tus miedos, y que eso en consecuencia me lastimo, aunque no sé lo que me hiciste…

-Creo que no debo decírtelo, ya que debes recordar tu misma- suspiro cansado- Tengo miedo que cuando recuerdes, me odies nuevamente. Por ello no quiero hacerte el amor y luego pienses que me he aprovechado de tu estado.

- Te entiendo- dijo mientras se acomodó sobre su pecho- Es mejor que descansemos. Solo el tiempo tiene la respuesta de nuestro futuro.


La recuperación de Serena avanzaba tan aceleradamente, que ya caminaba independientemente y no necesitaba de ningún tipo de traslado, a menos que se cansara demasiado. Ahora, podía disfrutar de Ryo con mayor libertad lo que le daba la perfecta oportunidad a Andrew de conquistar a la esquiva Lita.

Con Darién, mantenía una relación fresca y relajada. Se besaban todo el tiempo y disfrutaban de mutua compañía, sin entrar en terrenos peligrosos como la terrible atracción sexual que día a día era más difícil de controlar.

Sentada en el jardín miraba como Ryo caminaba tomado de la mano de Lita atraído por una gran mariposa. Tomó de su té con una sonrisa en los labios y observo de pronto como Darién se aproximaba a ella con una sonrisa. Todas las mañanas lo retenía lo más que podía para que no saliera de la cama que compartían, y era realmente buena en esa tarea.

-Pequeña- deposito un tierno beso en sus labios- Tengo una fiesta de negocios esta noche, ¿quieres acompañarme?

-Me encantaría- sonrió entusiasmada- Por fin podré usar esos vestidos hermosos que me trajiste de la casa donde vivía.

.

Aquel lugar estaba lleno de gente, pensó mirando el hermoso lugar. Sin darse cuenta se apretó aún más contra el brazo de Darién, quien le dedico una sonrisa divertida. En el pasado, Serena se había demostrado muy desenvuelta en aquellos eventos sociales. Esta vez se veía igual de tímida y nerviosa que la primera vez que habían compartido una fiesta juntos, años atrás.

Sin embargo en esta ocasión, Serena ya era toda una mujer adulta y madura, llevando en un hermoso color azul eléctrico que resaltaba su cabello dorado. No podía sentirse más vivo y feliz que en aquel momento.

La cena resulto relajada y el espectáculo de la cantante de soul acompañada de una banda había sido magnifico, al punto en que la gente había decidió que era el momento de abrir la pista de baile. Darién de acuerdo con la multitud, tomo a su acompañante y la llevo, mientras ella le sonreía entusiasmada con la idea. Bailaron un buen rato, abrazados y susurrándose palabras cariñosas.

Cuando regresaron a la mesa, un elegante hombre se aproximó a hablar con Darién sobre negocios, por lo que Serena aprovecho ese momento para ir al baño de mujeres. Camino despacio, ya que la falda sirena no le dejaba avanzar demasiado veloz.

Una vez en el baño se observó en el enorme espejo, orgullosa de verse tan hermosa con aquellas ondas en el cabello y los delicados aros de diamantes que le había regalado el pelinegro.

-Hacía mucho tiempo que no te veía, Serena- dijo una voz desde la puerta.

Miro en esa dirección para encontrar a una hermosa pelirroja quien le sonreía, aunque era evidente que no era sincera. Sus ojos verdes eran fríos, como albergara un sentimiento rencoroso hacía ella.

-¿Quién eres?- le pregunto. Sabía que la había visto ya anteriormente, y una súbita oleada de molestia la embargo.

-Cierto que no recuerdas nada- su sonrisa aumento mal- Deja me presente como corresponde. Mi nombre es Beryl Queen.

Súbitamente, todo volvió a su mente.

Continuará...


Hola Chicas!

Se que ha pasado mucho tiempo y alguna seguramente pensaron que ya no iba a terminar la historia (y es entendible). Pero despues de un tiempo realmente largo de falta de inspiración, pude continuar con la historia, y en cuanto termine este capitulo, lo he subido :)

Nos vemos pronto, y Gracias!

Miko Fleur