Título: Pedazos de un Rompecabezas
Claim: Takeuchi Masafumi/Takahashi Nanami
Notas: Spoilers hasta el capítulo 65 del manga.
Comienza después de que Yano se marcha de la ciudad.
Rating: T
Género: Romance/Drama
Tabla de retos: Los Enamorados
Tema: 13. Reconciliación
Nanami despegó la espalda de la cama sintiendo cómo las sábanas se desprendían de su cuerpo, casi como si fueran una segunda piel. Afuera, la noche era fría y callada, de vez en cuando opacada por el canto de los grillos, creando un escenario de perfecta calma. Un viento helado le recorrió la piel y no pudo evitar temblar un poco al darse cuenta de que tenía que volver a acostarse, a guarecerse, entre los brazos de su novio. Pero es que, a veces, se sentía asfixiada entre tanto calor; a veces, como esa noche, necesitaba un soplo de aire frío que él no podía darle con sus gestos amables y sus manos grandes y suaves.
Llevaban dos años saliendo juntos y a la mujer ya se le antojaba como una vida, como el porvenir que precedía toda una eternidad. Salir de clases agotada, llegar a su apartamento a hacer las tareas, ver a su novio un momento en la noche... Luego, terminar envuelta en sábanas, en besos y fragancias. Era una costumbre adorable, tenía que aceptarlo, era un bosquejo de su felicidad que nunca había imaginado, pero que le hacía pensar que ya se había reconciliado consigo misma y con el recuerdo de Yano, cada vez más borroso.
Aquello no estaba nada mal, aunque a veces cansaba. Suponía entonces, cuando la duda y el miedo amenazaban con destrozarla a ella y a todo aquello que aún conservaba, que era natural. Que las personas se cansaban a veces, que no siempre todo era perfecto y que no pasaba nada. Seguramente a Takeuchi tampoco le gustaban algunos aspectos de ella; seguramente no eran la primera ni la única pareja en el mundo que tenía esos problemas. ¿Y no era eso precisamente lo que hacía más bello todo? ¿No era eso, precisamente, lo que le daba más sentido a las caricias furtivas, a las sonrisas radiantes? Desde el fondo de su corazón, Nanami creía que sí. Y creía también, que gracias a ello, todo el ensueño duraría por siempre.
Podía acostumbrarse a ello; podía imaginarlo, sentirlo, verlo en cada respiración del joven a su lado, plácidamente dormido, con los cabellos derramándose sobre su piel como si fueran olas. Si ambos aprendían a sortear esas dificultades, si ambos podían soportar o cambiar esa rutina, ¿quién podía afirmar que no terminarían justo así, por el resto de sus vidas? Él, dormido plácidamente tras haberle hecho el amor con palabras tiernas, ella, cansada y sudorosa, pero feliz de poder compartir tal vínculo... ¿Sería mucho pedir?
Nanami suspiró. Quería aferrarse a ese futuro y a ese pensamiento, tenía que aferrarse y nunca dejarlo ir. Porque sin Takeuchi, ¿qué le quedaba? Sin embargo, era demasiado pronto. Apenas tocaba a su fin el segundo año en la Universidad y les quedaba uno más. Nadie sabía que podía pasar en ese tiempo, nisiquiera ella, pero esperaba —y regresó a las sábanas, envolviéndose entre sus brazos—, realmente esperaba no tener que perderlo, como había pasado con Yano. Ese futuro perfecto vislumbrado bajo sus párpados al tener un orgasmo... Era suyo, tanto como Takeuchi permaneciera a su lado.
