Capitulo 12
Tres días después de lo ocurrido, regresó al bunker para buscar a su caballito de guerra pero en cuanto lo hizo, no pasó por alto el ambiente entre los hermanos y todo parecía indicar que ya habían arreglado las cosas. Hizo caso omiso del repentino enfado que surgió en su interior.
-Tengo una pista donde estará Abaddon dentro de unos días, así que vine a discutir el plan de batalla.
-Ni te molestes- respondió Sam- Nosotros nos haremos cargo de todo, ya no te necesitamos para esto- el mayor entrecerró los ojos.
-¿De qué hablas, alce? ¿Acaso olvidas que yo tengo la primera espada? Sin ella no podrán matar a la cabeza de zanahoria.
-Lo haremos a nuestro modo- agregó el cazador- Así que lárgate.
-Dean- dijo enfadado observando al rubio y éste correspondió su gesto- ¿Olvidas que tenemos un trato? Gracias a mí tu hermanito sigue con vida.
-En cuanto a eso- Sam sonrió indicando el techo y el demonio vio la trampa del diablo- Te propondremos otro trato, te dejaremos ir con vida y estamos a mano, ¿Te parece justo?
-Maldito- siseó apretando los puños.
-No vuelvas por aquí, Crowley, nosotros nos cargaremos a Abaddon y luego iremos por ti.
Observó fijamente a Dean pero éste desvió la vista y eso fue suficiente para que desapareciera del bunker pero las cosas no se quedarían así.
¿Cómo había podido perder contra Sam? ¿Cómo, ese alce idiota, había conseguido colocar a Dean de su lado? No, no, no y no. Debió suponer, desde un comienzo, que la fraternalidad Winchester sería un grave problema para sus planes pero por unos segundos, había pensando ingenuamente que el rubio estaría de su lado. Ese último pensamiento lo tomó de improviso y bebió un largo sorbo de sangre fresca. Algo muy raro estaba ocurriendo porque no le enfadaba el hecho de que el gran bebé llorón se hubiera salido con la suya. Lo que realmente le molestaba, era que Dean no lo escogiera a él, ¿Qué ocurrió con todo lo que pasó entre ellos? El sexo era genial y estaba muy seguro que ya no era follar por follar, sino que, un vínculo más profundo se había creado.
-Mierda… Mierda…
Apretó la mandíbula muy enojado y ante la sola idea de que estuviera sintiendo algo por la ardilla, lo hizo estremecerse y arrojó la copa contra la pared. Dio varias vueltas por la habitación antes de tomar una decisión y desapareció del lugar.
No medio palabra alguna con Dean cuando apareció en su habitación y movió la mano para dejarlo inmóvil sobre la cama. Rápidamente chasqueó los dedos para desnudarlos a ambos y subió a gatas por su cuerpo.
-¡¿Qué mierda haces?! ¡Déjame ir!- gritó el menor algo asustado.
Pero Crowley ya no estaba pensando, ni razonando, ni siquiera escuchando y simplemente atacó esos labios con salvajismo, asegurándose de morderlos con la suficiente fuerza para que sangraran y tomar el preciado líquido, ¿Cómo se atrevió ese bastardo a dejarlo? ¿Cómo, tan siquiera, se atrevía a provocarlo de esa manera? Nadie, jamás, en su larga existencia demoniaca, había conseguido suscitar ese tipo de reacciones en él. Quizás fue la sangre humana, sus recuerdos de antaño, los nuevos sentimientos que descubría por Dean. No supo con exactitud que era pero simplemente se dejó guiar por todo lo que sentía y actuó. Sin preparaciones previas comenzó a embestirlo con fuerza, enterrándole dos dedos en la cintura e ignorando los gruñidos de dolor del rubio y las maldiciones que cada tanto le lanzaba.
-Hijo de perra… Mmm… Voy a matarte… voy a… ¡Aaaahhh!- el rubio se estremeció cuando lo embistió profundamente y gimió entrecerrando los ojos- Basta… Aaaahhh… Mmm… Joder…
El demonio arqueó un poco la espalda y entre jadeos, acabó en ese estrecho interior pero aún no era suficiente. Esa pequeña puta debía aprender muy bien su lección y nadie jugaba con el rey del averno. Perdió la cuenta de las veces que se lo folló pero los gemidos de placer del cazador, eran suficiente para que no se detuviera.
-Crowley… Joder sí… ¡Aaaahhh Más!- suplicó apretando las sabanas mientras se mantenía afirmado en sus rodillas y palmas, intentando hacer frente a las desenfrenadas embestidas.
-Sí, Dean… di mi nombre de nuevo- susurró sobre su nuca, apretando su cintura con fuerza- Deaaaannn… Mmm…. Eres mío…. ¿Entiendes, ardilla? Eres mía…mi perra Mmm… y mi puta…
Los casi gritos de placer del menor llenaban todo el cuarto y movió las caderas para acompasarlas con las embestidas. El demonio sonrió con arrogancia, por fin había doblegado a ese terco rubio y disfrutaría mucho su premio. Lo arremetió más fuerte hasta Dean apretó las manos contra las sabanas y arqueó un poco la espalda, llegando al orgasmo. Crowley gruñó al sentir como su hombría era aprisionada por ese estrecho interior y se corrió.
-Deeeaaannnn…
Ambos se dejaron caer sobre la cama, jadeando pesadamente en un intento por recuperar el aire. El demonio repartió unos besitos por la espalda del cazador y esbozó una pequeña sonrisa cuando escuchó el ruido de la puerta.
-¿Qué… mierda…?- se deleitó con el temor que se reflejó en esas esmeraldas cuando vio a Sam en la puerta. Todo iba de acuerdo a su plan. Se levantó con una sonrisa y chasqueó los dedos para vestirse- ¡¿Qué está ocurriendo aquí?!
-No grites tanto, alce- dijo Crowley- ¿Acaso nunca has visto a dos personas follando?
-¿Qué…?
-Oh, así que mi querida ardilla no te lo ha dicho, estamos juntos, muy juntos- aclaró divertido.
-No… ustedes…
-Sammy… puedo explicártelo- habló el cazador levantándose con prisa y el demonio se rio levemente al notar que se estremecía mientras su esencia resbalaba por esos encantadores muslos.
-Vas a manchar el piso, cariño- apareció tras Dean para rodearle la cintura con una mano y lo forzó a separar un poco las piernas, asegurándose que el castaño viera claramente la escena- Dejé bastante en tu interior- el rubio se liberó de su agarre aterrado y caminó hacia su hermano.
-Puedo explicártelo- cuando intentó tocarlo, el menor se apartó como si quemara.
-Ahora entiendo todo- siseó enfadado- Por eso tu repentina cercanía con Crowley, ¡Por eso no querías matarlo! ¡ESTABAS DEJANDO QUE ESE HIJO DE PERRA TE USARA COMO SU PUTA!
-Sammy… por favor…
-Claro, ahora entiendo todo, lo del otro día fue una maldita actuación ¿Verdad? Me hiciste creer que ese bastardo ya no entraría al bunker pero seguramente por las noches venia a tu cuarto para follarte, ¡Eres un maldito mentiroso! ¡¿ESTO FUE LO QUE LE DISTE A CAMBIO DE SALVARME O TE AGRADA SER LA PUTA DE UN DEMONIO?!
-Rey del averno- lo corrigió el mayor divertido.
-Sammy por favor…- suplicó el rubio casi al borde de las lágrimas- Sammy…
-¡NO ME TOQUES!- lo miró decepcionado- ¿Sabes qué más? Quédate con ese infeliz, ¡sigan revolcándose cuando gusten! Yo no tengo nada que ver con esto, ni contigo, ni con ese maldito.
-No digas eso… por favor- suplicó Dean casi llorando- Las cosas no son como piensas… si me dejas explicarte… yo puedo…
-¡No te me acerques! Jamás pensé que mi hermano pudiera hacer algo así… eres un mentiroso, Dean… no te quiero cerca mío de nuevo…
-Sammy por favor…
-Haz la mierda que quieras pero no me involucres en ello, cuando nos carguemos a Abaddon, no quiero volver a verte en mi vida, nunca más.
Le dirigió una mirada furiosa al rubio y se marchó dando un sonoro portazo. Dean cayó de rodillas llorando, momento que aprovechó el demonio para acariciarle el cabello.
-No te coloques así, ardilla, tarde o temprano se iba a enterar de lo nuestro.
-¡No me toques!- gritó llorando y se levantó desesperado- ¡Es tu culpa que Sammy me deteste!
-¿MI culpa? Ambos sabemos perfectamente que te encantó que te follara como una puta, no me culpes a mí porque seas tan cobarde y no puedas aceptarlo.
-Lárgate… no quiero volver a verte…
-Tú no quieres apartarme, ardilla- lo jaló del brazo para atraerlo a su lado- Porque tú si me quieres y todo ese enfado que sientes, no es por mí, sino por ti.
-Crowley…
-Admítelo, hace mucho tiempo que esto que pasa entre nosotros dejó de ser algo casual y por alguna razón tienes miedo de aceptar la verdad.
-¿Qué verdad…?- preguntó observándolo fijamente.
-Que me quieres y que te has enamorado del jodido rey del infierno.
-Eso no es cierto…- negó despacio- Yo…
-Mírame a los ojos y dime que no sientes algo por mí, dime que me vaya para siempre de tu vida y lo haré.
Dean abrió la boca pero no salió ninguna palabra de ella, solo un sollozo entre ahogado antes de que lo abrazara con fuerza mientras lloraba. Todo el enfado se había desvanecido de su cuerpo y Crowley llevó una mano para acariciar el cabello del cazador.
-Tú me quieres y eso no tiene nada de malo- le susurró al oído- Ambos merecemos ser amados, Dean… y sabes muy bien que la única persona que puede darte lo que deseas y necesitas, soy yo.
-Yo…
-Sí, me amas y eso está bien.
-¿Tú… me quieres?- preguntó con la voz temblorosa.
-Soy un demonio, ardilla, ese tipo de sentimientos no van conmigo…
-Eres un mentiroso…- el mayor sonrió un poco.
-No engañas a un artista del engaño ¿Verdad?
Ambos permanecieron abrazados, Dean llorando y Crowley pensativo.
En algún momento, el menor se quedó dormido junto a él sobre la cama y ahora se encontraba a solas con sus pensamientos. ¿Qué es lo que sentía por el rubio? No lo tenía del todo claro pero no le gustaba que causara esas reacciones en él. Se supone que el rey del averno es alguien temido, respetado y despiadado pero todo eso se desvanecía cuando estaba junto al menor. Lo observó fijamente unos segundos antes de darle un beso en la frente.
-No me gusta esto…
Crowley apareció en el bunker mirando al par de hermanos. Desde lo ocurrido hace tres días, Sam no le dirigía la palabra al rubio a menos que fuera estrictamente necesario. El cazador hubiera resultado más afectado con la radicalidad del castaño pero ahora se apoyaba por completo en el demonio, y éste lo aprovechaba muy bien. Era consciente que su relación con el menor estaba alcanzando un nuevo nivel de profundidad y técnicamente, se podría decir que ambos compartían el mismo infierno. Carraspeó para llamar la atención de los chicos, Sam le dirigió una mirada asesina antes de cerrar el libro que hojeaba y marcharse por el pasillo.
-Hola ardilla- éste lo miró unos segundos.
-Crowley…
-Veo que las cosas siguen igual que ayer, como sea- se acercó sonriendo un poco- Tengo una pista sobre Abaddon, iré a confirmarla y vendré a buscarte.
-¿Dónde está?
-Al aparecer, se ha tomado unas vacaciones en Lawrence.
-¿Quieres que vaya contigo?
-No es necesario, cariño, te quiero listo para la batalla- acarició su cabello- No me extrañes mucho, ardillita.
Se inclinó para darle un apasionado beso y luego desapareció de la habitación guiñándole un ojo. Todo iba a acabar muy pronto y recuperaría su reino sin problemas.
Apareció en Lawrence al anochecer y miró el instituto en donde permanecía oculta la pelirroja. Una vez confirmó que se encontraba en ese lugar, se dio la vuelta para marcharse pero alguien lo tomó por el brazo con fuerza.
-¿Vas a alguna parte, Crowley?
-Abaddon.
