Me quedo al frente de la casa hasta que oscurece, hasta que el sol se oculta a mi izquierda. No sé cuántos cigarrillos me he terminado pero ya siento la garganta y la boca secas.
Después de haber tenido esa conversación con Rachel, mi tío y Hudson se fueron con ella a la ciudad para arreglar otros asuntos y para comprarle vestidos, guantes, sombreros y zapatos nuevos.
Por supuesto que el contrato que le han conseguido es el que la lanzará al estrellato, una vez descubierta, Rachel no dejará de brillar. Y quiero ser parte de ello, lo anhelo tanto al punto en el que estoy desesperada, ansiando el regreso de Julien con todas mis fuerzas, saber qué noticias me trae; siento un nudo en la boca del estómago, y a pesar de que hace un viento fresco, las manos no han dejado de sudarme.
Ya me levanto y pido que me preparen un té, ya de rato un café, luego me bebo un vaso con agua. Ya tomo el diario y lo leo y luego me doy cuenta en que en realidad no he puesto atención a mi lectura porque tantas cosas abarcan mi mente que no puedo concentrarme en ello.
Estoy como león enjaulado, esa es la frase que mejor me acomoda ¿Cómo diantres puedo estar preocupada si lo que quería ya lo tengo? Conocer a Rachel, ser parte de su vida. Ah, pero es que este tiempo que caduca es lo que me tiene así, saber que me iré.
Si Britt regresó, si Charles me ha hablado directamente de ello, es evidente e inevitable mi regreso a mi año, al dos mil.
¿Qué tengo allá? Dejo amigos, sí, dejo a mi padre, dejo a mi hermana… a los que no les he hablado en bastante tiempo, un trabajo que me agrada, pero no me fascina; en realidad mi vida allá era de esas vidas que vives por vivir, porque estás ahí. Porque en realidad no piensas en terminar con ello, pero tampoco te preocupas si un día simplemente dejas de existir.
¿Te ha pasado? Que estás ahí, siendo tú, yendo a trabajar, saliendo con los amigos, leyendo esto o aquello, pero en realidad nada, y de verdad, absolutamente nada te da una chispa lo suficientemente fuerte para adorar tu existencia.
Y la chispa es Rach, aunque no debiera, aunque yo sola deba de tener esa chispa en mi interior. Quizás, el punto es, que la magia para encender esa chispa en mí la tiene ella; así, simplemente es ella quien enciende las cosas que hacen que me sienta viva. No es lo mismo vivir, que realmente sentir que vives.
Te preguntarás por qué no fui a la ciudad con ellos… uno, Samuel insistió en que esto es algo que ellos tienen que arreglar, es su negocio, no el mío, insiste. Dos, creí prudente quedarme y relajarme pues ni yo misma iba a ser la Quinn de siempre teniendo tanto en qué pensar. No quería preocupar a Rachel y seguramente, con esa curiosidad que tiene, con ese afán de saberlo todo, no descansaría hasta saber qué es lo que me pasa.
Y no puedo decirle lo que en realidad me pasa.
Finalmente a lo lejos escucho el motor de un auto y sé, porque ya he aprendido a reconocer cómo se escucha el motor del auto que usa Samuel, que quien viene es Julien. Me siento nerviosa y emocionada, se me acelera el corazón y de pronto siento que me falta el aire.
Sabe que estoy ansiosa por saber qué ha sucedido, así que en lugar de guardar el coche, estaciona frente a mí y yo camino rápido a su encuentro, bajando las escaleras a la velocidad de la luz.
-¿Lo encontraste?-. Suspira y hace una mueca.
-Si… y no-. Maldita sea, me digo.
-Explícate Julien-. Me encuentro molesta, pero no con él, sino con la situación, estoy a punto de enloquecer. Sueno agresiva pero no es mi intención.
-Di con su casa, debo decir, que es una casa grande en un barrio que ni yo me atrevería a visitar de nuevo, es curioso ¿Sabes?-. Frunzo el ceño y me cruzo de brazos.
-¿Por qué?-. Me acerco más a él.
-Porque su casa no está mal por fuera, sí parece la casa de un rico, pero no concuerda con la ubicación. Pregunté a los vecinos si sabían de él, me han dicho que lo ven pocas veces y que lo recuerdan desde hace mucho, dicen que es el diablo porque no envejece-. Trago saliva, eso tiene sentido para mí, sin embargo Julien parece confundido, como si creyera que lo que le han dicho son cuentos de locos.
-Sigue-.
-Toqué varias veces a su puerta, nadie, absolutamente nadie abrió; me asomé por las ventanas del frente, la casa está descuidad, juraría que está abandonada, se ven muchos papeles y libros del suelo al techo, no puedo creer que alguien pueda lograr eso con techos tan altos…-. Me mira asustado –Creo que sí es el diablo Quinn, y no sé si es buena idea que tengas cualquier tipo de relación con él-.
-Vamos Julien, no creerás en lo que dices ni en lo que te dijeron-.
-Vengo de una cultura que cree en la magia, de ambos tipos, vengo de donde nace el vudú y sé que en el mundo hay cosas con las que no debemos meternos-. Sé que tiene razón y le creo, pero yo estoy dispuesta a jugar con fuego con tal de quedarme aquí.
Es algo en lo que Charles y yo ganamos, él consigue vivir muchos más años y yo consigo vivir lo que quiero vivir con Rachel.
-En fin ¿Qué hiciste con la nota?-. Lo miro directamente a los ojos, no quiero que me mienta y yo sé detectar muy bien cuando alguien miente. Los ojos, que dicen que son la ventana al alma, son más bien los delatores de la mente.
-La pasé por debajo de la puerta y me fui de ahí; lo digo en serio, Quinn, es un barrio peligroso, marginado, miserable-. No puedo encontrar respuesta a lo que estoy sintiendo cuando imagino el lugar que me dice. Siento que lo conozco, podría ser que lo conociera.
Es una ráfaga que me llega en imagen a la cabeza; como cuando al escuchar una canción Irlandesa tú te ves en un prado verde lleno de florecillas, o en un campo de batalla medieval. Y sientes, sin explicar bien cómo o por qué, que estuviste ahí en otra vida.
Probablemente Quinn estuvo ahí, quién sabe.
-Sólo queda esperar- Le digo a Julien, quien parece no entender nada y por respeto no me pregunta aunque tenga miles de interrogantes.
Pero me mira, curioso, hurgando en mi interior. Es inteligente, lo sé, y sabe muchas cosas de la vida y de los misterios de la vida. Por supuesto que viene de una raza mágica, de reinas vudú, de la santería incluso, viene de los que crean a los zombies, de los que hacen pactos con sangre de animales y conjuros en lenguas que yo desconozco.
-Gracias-. Le digo y le sonrío apenas para intentar esconder la preocupación que me sigue invadiendo porque en realidad no he obtenido una respuesta '¿Dónde estás metido Charles? Mas vale que estés buscando ese condenado cáliz'.
-Quinn-. Me dice mientras me toma de la mano y me aleja de la casa, cerciorándose de que nadie nos vea –Sabes bien que mientras estamos acompañados te trato como debo, agachando la cabeza, siendo tu esclavo. Pero tú sabes bien que fuera de ese teatro tú me cuentas cosas y por ello a solas te hablo así, sin marcar el nivel social que nos diferencía-.
Eso yo lo ignoraba por completo, no he leído en ningún lado esto. Supongo que para protegerlo, si Samuel se enteraba de nuestra complicidad muy probablemente lo destituiría, lo mandaría lejos. Y nadie quiere que le quiten a sus confidentes.
-Pero nos tenemos cariño, lo recuerdes o no, sea lo que sea que te haya pasado, lo que te haya cambiado, debes tener cuidado con él-. Y así, en un segundo, a la red de telaraña que era mi mente, se le agregan diez mil nudos más y estoy a punto de explotar como una computadora cuyo disco duro no da para más. –No tengo buena espina de esto-. Comienza a alejarse de mí.
-Julien-. Lo detengo, no quiero que me deje sola, con tanto por pensar, con tantos temores –No sé qué me sucedió-. Eso es verdad –No sé nada de antes, ignoro todo, lo que hacía en la empresa, lo que pasa con la tía Julie, lo que sucedía con Santana… me vuelvo loca intentando tener una idea de las cosas y los diarios sólo me confunden más; me horroriza no tener idea y una vez que la tengo, me horroriza más enterarme de todo lo que hacía-. Asiente, sabe a lo que me refiero.
-No eras una buena persona, Quinn, pero nosotros logramos romper las barreras y fuimos amigos-.
Tomo aire por la boca y bajo la mirada a las olas, el cielo oscuro se mezcla con el agua de mar, dándome de nuevo esa sensación de vértigo y de pequeñez .
-Vamos a la playa-. Le digo –Guardemos el coche y bajemos a caminar, entonces me contarás todo lo que debas y puedas-. Lo piensa un poco y se retrae, como pensando que es mala idea. Pero luego asiente y camina al auto, enciende el motor y se aleja en el camino de graba hacia el garaje.
Lo espero en el camino por el que bajamos a la playa. No puedo evitar pensar en lo que me ha dicho ahora que se acerca caminando con sus pantalones color negro y sus tirantes que se acomodan a su pecho, camisa blanca, boina negra también.
Bajamos en silencio y sólo al llegar a la playa, escuchando las olas y oliendo el agua salada, me animo a hablar.
-¿Es verdad que mis padres murieron en un accidente de automóvil?-. Asiente -¿Por qué no he visto fotos de ellos?-. Estoy curiosa por saber si son los mismos, por si veré la cara de Judy y Russell. Judy en mi tiempo ya no está conmigo y de pronto la extraño, la extraño tanto que me dan ganas de llorar.
-Las hay, sólo que no sé dónde las guardas tú o tu tío; no te gusta mirarlas, creo que parte de tu forma de ser se debe a ello… a la pérdida de tus padres-. Me siento en la arena y me quito los zapatos, sentirla en la planta de los pies siempre me reconforta y ahora necesito algo de eso… mas que nunca de hecho.
-¿Qué hay de Santana, tuve otros amores?-. Se echa a reír, vuelvo a decirme que su risa de demonio me encanta.
-Sí, hubieron otras mujeres, nunca ningún hombre… pero… las llamabas demasiado tontas para ti, demasiado demandantes, demasiado todo, decías… demasiado todo. Las conocías en fiestas, de esas que hacen en las mansiones de los ricos, que se acaban al amanecer, que todos quedan tirados en el piso, borrachos ¡Qué fiestas!-. Dice, y chifla.
Me gustaría recordar ello, saber cómo se siente, gente y más gente bailando, bebiendo, la música. No dista de parecerse al Cotton Club, pero la esencia de algo así, cambia cuando se hace en una casa, con invitación, con exclusividad.
-Las conocías esa noche, se iban a su casa o a un hotel, seguían bebiendo, les hablabas dulce al oído y en un segundo se enamoraban de ti-.
-Pero no me acostaba con ellas-.
-No, tenías una idea un tanto extraña de la virginidad, creo que tu tío te lo inculcó desde pequeña, y supongo que por respetarlo, te guardabas esa parte tuya-. Habla tan fluido y seguro que parece más bien un hombre de mi tempo. Se expresa tan abiertamente de las cosas y sin titubear.
-Hasta que llegó San-. San… qué extraño llamarla así.
-Sí; no lo dices, pero te enamoraste de ella; no lo tomes a mal, sólo me parece extraño-.
-¿Qué cosa?-. Lo miro a la cara y el agacha la mirada para verme también.
-Que sin más, de un día para otro, decidieras dejarla por la señorita Berry… y sin más dejaras que la señorita Pierce la pretendiera-. Sé que él, así como lo hace Samuel, sospecha que no soy la misma Quinn.
-Lo mío con Rachel fue amor a primera vista y Santana pasó a segundo plano; no voy a mentirte, me costó trabajo-. Y recuerdo todas las emociones que se apoderaron de mí en esos días, de querer verla sin saber por qué tanta urgencia, de tocarla, de hacerla mía –Pero mi corazón en realidad le pertenece a Rachel-.
Se encoge de hombros y se guarda las manos en los bolsillos, viéndose más masculino, pero aún así, sin dejar ese aire que te dice que es homosexual.
-¿Qué piensas de mí, de la de ahora, qué piensas de todo?-. Le miro atenta, pero él tiene la vista en el horizonte.
-No entiendo qué pasa contigo, sí, estas diferente desde la caída, no te reconozco del todo, aunque hay algo de ti que no ha cambiado-. Mi alma, respondo sin decirlo –Pero no sé qué es. Eres más amable, dices gracias y por favor, nunca lo hacías con los demás, ni conmigo. Jamal me contó que te disculpaste con él y he de decir que estaba tan asombrado como él-.
No sé qué decir.
-Comienzas a gustarles-.
-¿A quiénes?-.
-A la servidumbre; ellos están intrigados, no lo creen del todo, piensan que es una pantalla. También dicen que lo que haces con Britt es para ganarte su confianza y luego jugarle chueco, que así eres tú-.
-¿Y lo soy?-.
-Lo eres o lo eras, sí-.
-¿Por qué te caigo bien?-. Vuelve a reír.
-Porque conmigo has sido… diferente, y esa Quinn que yo conozco tiene carácter, pero me trata como ser humano-.
Nos quedamos en silencio unos minutos, no sabemos bien qué más decir, cómo continuar, él parece curioso de las preguntas que le hago, de mí, de esta nueva Quinn, pero de cierto modo toma distancia y no rebasa límites, eso a mí me tiene intrigada.
-¿Tienes novio?-. Julien es guapo, sería un pecado que no.
-Tengo un compañero, pero no somos muy abiertos al respecto y como yo tengo que permanecer contigo, lo veo poco-.
-Deberías estar con él-.
-Necesito el dinero-. Responde, se moja los labios y comienza a caminar. Las estrellas aparecen en el firmamento y comienza a darme frío. –Él también trabaja bastante, así que es cuestión de ambos el que nos veamos poco-.
-¿Qué hace él?-.
-Es músico-.
-¿De jazz?-. Atino.
-Toca el saxofón-.
-Quiero conocerlo-. Se me olvidan mis preocupaciones, me imagino sentada en una mesita circular, con dos sillas, una copa de lo que sea en la mano y yo escuchándolo tocar mientras Julien, sentado a mi lado, le sonríe.
-Algún día-. Se detiene y hace figuras sobre la arena mojada –Quinn, aléjate de Charles-. Qué poco duró mi paz.
-Algo sabes ¿No es así?-. Lo volteo a mí del brazo y le exijo con la mirada que me diga la verdad, mi cara es dura.
-No, no sé nada, hasta hoy no sabía de él, pero no me da buena espina-. Ahora soy yo quien voltea al horizonte y se pierde, tratando de ocultar mi cara, mis ojos, mi alma.
No es el único que no confía en él, la energía que desprende Charles es pesada, asfixiante de cierto modo, es en otras palabras: abrumadora.
Y entonces caigo en cuenta de una cosa, me golpea la cara, incluso me golpea en el pecho y se me va el aire. Me mareo y me tomo de su brazo.
-¿Estás bien?-.
-No, regresemos a la casa, necesito sentarme, necesito…-.
Lo que tengo en la mente es que, ese libro que encontró Britt en el ático, son las memorias de Charles, y ¿Cómo es que fue a dar al ático? ¿Con qué propósito? Y cómo es que Samuel sabe de Charles y lo toma como si nada.
¿No se preguntó cómo fue a dar ese libro a su casa?
No podría soportar la idea que Britt me traicionara, más que Samuel, le tengo cariño, simplemente porque ocupo el cuerpo de esta Quinn y sé que Quinn era apegada a él, eran cómplices. Pero Britt es mi confidente, le quiero como a una hermana.
Subimos casi a tientas, con la luz de la luna iluminando a través de los árboles, no he podido controlarme y siento que me tiembla el cuerpo, necesito llegar a la casa y subir a la habitación de Britt, encontrarme con ella y preguntárselo, necesito la verdad.
No me despido de Julien y subo rápido, abro la puerta de golpe y la encuentro sentada en su sillón, leyendo. En cuanto me ve el semblante se le preocupa y se levanta de su asiento, cierra el libro y lo avienta a la cama.
-Quinn ¿Qué pasa?-.
-¿Cómo es que apareció el libro de Charles en el ático?-. Casi grito -¿Cómo es que se lo comentaste a Samuel y él no ha dicho más al respecto, en una casa que es suya?-.
Me le acerco demasiado, casi siento que se hace pequeña bajo mi mirada, bajo mis palabras de voz dura. Se queda callada, no me contesta, y no sé si no lo hace porque intenta esconder la verdad o porque en realidad no hay respuesta.
-¡Habla Britt! ¡Necesito la verdad! ¿Tienes que ver en esto?-. Sigue sin responder y yo siento las manos cargadas de energía, de esa ira que se apodera de uno cuando la frustración es increíble, cuando el enojo crece y crece hasta convertirse en una fuerza imparable.
Si no me controlo podría golpearla y sé, que esto que siento no es mío, yo no soy esta Quinn. Me atemorizo, hago las manos un puño y me volteo, me siento Hulk, o me siento Mr. Hyde. Sí, Mr. Hyde.
Caigo en cuenta de mi actitud y no me queda más que pensar en Santana y lo que me ha dicho. Decía la verdad, sé que decía la verdad.
Respiro profundo, intentando calmarme, esta no soy yo y la que sí soy debe tomar el dominio de mi cuerpo. Al voltear por fin a ver a Britt, su rostro no ha cambiado mucho, tiene miedo, sigue desconcertada.
-El libro lo encontré en el ático y como te dije, le comenté a mi padre al respecto. Esta casa ha sido de los Fabray por generaciones, eso quiere decir que incluso el mismísimo Charles pudo haber vivido aquí-. Vuelvo a marearme.
Este arrebato es muy poco común, yo no reacciono así; me sentí sobrecargada, no pensaba con claridad, me sentí impulsiva, llena de una electricidad pesada y mala.
-Lo lamento Britt, es solo que…-. No termino, me siento en su cama y me llevo las manos a la cabeza.
-Tienes que dejar de pensar en tantas cosas, tienes que relajarte; hay cosas que no puedes remediar, hay cosas que están mejor donde están: en el pasado. Esta vida que bien pudiera corresponderte es una oportunidad para empezar de cero. Olvida a la Quinn que reemplazaste, esa no existe, deja que se marche junto con esos recuerdos-.
Siento su mano en mi mano y levanto la mirada.
-No sé por qué reaccioné así-. Vuelvo a suspirar.
-Así reaccionaba ella. Es su energía residual la que se apodera de ti a veces-. Abre la ventana de su habitación y abre la cigarrera. Enciende dos cigarros y me da uno. -¿Hay noticias de él?-. Niego con la cabeza y suelto el humo por la nariz.
-Julien no lo ha encontrado, encontró su casa, pero no estaba-.
-Sé paciente, es él quien te encuentra siempre. Con suerte te contacta antes de que se marche Rachel-. Volteo a verla, me siento apenada.
-Lo lamento Britt-. Con un ademán me dice que no me preocupe, que no tiene importancia.
-Quinn-.
-¿Mmm?-.
-Entiende una cosa, el propósito de las personas en la vida es enseñarnos a vivir, pero no a ser la vida misma; eso lo aprendí cuando dejé a Santana allá y yo regresé acá. También comprende que el destino es misterioso y que hay cosas que simplemente, por más que lo intentemos, no pueden ser, yo sin buscarlo, encontré a Santana, somos el destino de cada una, espera a ver si Rachel es el tuyo-. Tiene razón y por fin logro calmarme un poco. -Si Charles aparece, entonces sabremos que las letras de tu libro dicen que debes estar con Rachel, pero si no… entonces disfrútala todo lo que puedas-.
-Temo que si me voy así nada más… crea que… no la quise; que fui una cobarde-.
-Yo me encargaré de que no sea así, confía-. Me levanto y la abrazo.
-Gracias B-.
Tocan a la puerta y me separo de ella.
-Adelante-. Dice
Y veo asomarse a Rachel, está sonriéndonos y se ve contenta. Sé que le entusiasma lo que está por venir, que apenas y puede esperar para que pasen estos cinco días y nosotras podamos partir a París. Ve el futuro que siempre soñó tan cercano.
Cierra la puerta tras de sí y se acerca a mí, besándome en la mejilla, huele bien, seguramente que ha pasado algunas horas dentro de una de esas perfumerías cercanas al puente. De esos dueños franceses que inmigraron en el siglo pasado.
-¿Sigues sintiéndote mal?-. Puedo asegurar que mi cara no miente.
-Un poco, sí, pero ya Britt ha hecho favor de tranquilizarme-. Voltea a verla y le sonríe.
-Una muy buena prima, sin duda-. La abraza –No dejes que piense de más-. Le dice como consejo y como si pareciera que me conoce desde hace muchos años. Como si de verdad supiera que pensar de más, me pone loca –Nos irá bien en París, tú no te preocupes por Finn o por tu tío-. Ah, si supiera que ellos son lo que menos me preocupa.
-Creo que nadie mejor que tú para que la calmes, yo sólo la hago entrar en razón-. Nos guiña el ojo y con ello comienzo a sentirme más como yo y menos como la otra Quinn.
-Me debes una canción-. Me dice Rachel que me mira con los ojos llenos de emoción, está contenta y eso me gusta.
-¿Yo? ¿Por qué?-.
-Aquel día que cantaste me dijiste que luego me cantarías una canción y como tu tía hoy se siente mejor y ha decidido acompañarnos en la cena, creo que es buen momento para que nos deleites con tu voz-.
-Pero, yo… yo no canto-. Intento resistirme.
-Nada, vas a cantarme, cantarnos-.
Me lleva casi a rastras escaleras abajo y abre la tapa del piano.
Trato de recordar una canción, una que me sepa en piano, no me importa si es de mi tiempo.
Recuerdo una, se llama Beautiful One de Anneke Van Giersbergen.
Todos están en el salón, Samuel se nota agradable, sonriente, lo mismo que Hudson, saben que el negocio de sus vidas está por comenzar. Y pensar que mi abuelo nunca me dijo que su padre había sido uno de los impulsores de la carrera de Rachel.
Me doy a la tarea de aprovechar los momentos, por hoy no puedo hacer nada, mañana será otro día. Me siento en el banquillo y muevo los dedos, trato de recordar en dónde van, qué teclas son las que deben de ser las primeras en sonar.
La canción original no tiene piano, pero yo me di a la tarea de encontrar las notas y seguir la letra.
Cuando termino se quedan callados y la magia se rompe cuando Britt comienza a aplaudir. Me levanto y camino hacia ellos, Samuel me entrega un vaso con vino y me lo bebo de un sorbo. Luego camino hacia la mesa donde tienen la licorera y me sirvo otro vaso.
-¿De dónde sacaste esa canción?-. Me pregunta Julie.
-¿Te gusta?-. Asiente.
-Me la enseñó una amiga que es… pintora y compositora-. Miento vilmente, pero la verdad no es algo que se pueda manejar en estos momentos.
-Es hermosa-. Me dice y me estira la mano para que me acerque a ella y me siente a su lado. Nunca había tocado a la tía Julie. Nunca me había sentido tan próxima a ella.
-¿Cómo te sientes?-. Le pregunto.
-Mucho mejor, y les tenemos una noticia-. Se levanta y camina hacia donde Samuel, le toma de la mano y nos miran a todos. Incluso a Martin y a Tynice que están en la esquina del salón.
Me levanto y me pongo al lado de Rachel, temo que nos anuncie el cáncer.
-Estoy embarazada-. Britt grita y brinca, luego corre a abrazarlos.
Yo estoy sonriendo, respirando aliviada, comprendo que quien se está formando dentro de la tía Julie es Benjamin, mi abuelo. No sé si quiero llorar, pero la emoción que se me acumula en el pecho es impresionante.
Me acerco a ella y la abrazo, un abrazo extraño, que se siente más por ella que por mí, creo que eso no sucedía tan a menudo. Luego abrazo a Samuel, ese abrazo me es más familiar y vaya que es el primero que le doy yo.
-Felicidades-. Les digo; incluso la servidumbre se nota contenta y emocionada, sonriendo de oreja a oreja.
-Ahora ¡A bailar!-. Grita Samuel, y el gramófono comienza a llenar la habitación de música.
Todavía no me acostumbro a estos pasos, todavía me parecen demasiado ridículos, rápidos.
-Afloja el cuerpo Quinn, eres buena bailarina-. Me dice Britt.
Y al cabo de unos minutos todos, y de verdad, todos, estamos celebrando el embarazo de Julie. Bailando, bebiendo, fumando, me animo, se me olvida Charles, el tiempo, la magia, se me olvidan todas las preocupaciones y sólo me dedico a vivir este momento.
Por la madrugada, exhausta y con sueño, me disculpo y subo a mi habitación, Rachel y Britt a mi lado.
-No puedo creer que vaya a tener un hermano… ¡A mis veintitantos-.
-Pero es que la Señora Fabray seguramente te tuvo cuando era muy joven ¿no?-. Dice Rachel, quien, dándose cuenta que nadie nos sigue, me toma de la mano.
-Tenía diecisiete-. Chiflo y abro grandes los ojos.
-Era una chiquilla-. Respondo.
-Pues… no precisamente, así se acostumbra Quinn, que las mujeres se casen jóvenes y tengan hijos enseguida-. Es real.
-Samuel sabe que…-. Comienza a decir Rachel, sabemos a dónde va.
-No, piensa que no he encontrado hombre porque… bueno ya sabes, lo que dicen todos, soy demasiado tonta para cualquier cosa, incluso para tener un esposo-. Me río.
-Ah, si supiera-. Ella ríe también.
-Lo sé, pondría el grito en el cielo y pensaría que es contagioso-. Se detiene frente a su puerta –Mañana iremos al cine-. Me emociona saberlo, ah, qué ganas tengo de ver una película de los años treinta en un cine de los años treinta.
-Ese plan me gusta-. Digo, y antes de que entre a su habitación la abrazo y le digo quedo al oído.
-Ese niño que espera tu madre, es mi abuelo y se llamará Benjamin-. Comprende la emoción que me invade, la ternura que se apodera de mí.
-¿Será un buen abuelo?-.
-El mejor-. Me separo de ella y le doy las buenas noches.-¿Dónde está Sheila?-. Me acuerdo de pronto del gato que salvamos en la noche de tormenta.
-Tynice cuidó de ella-. Nos paramos entre mi habitación y la suya.
-Buenas noches-. Le beso los labios.
-Quizá te haga una visita-. Me dice pícara. –Te quiero aprovechar antes de partir, quien sabe cuánto tiempo tengamos que estar fingiendo entonces-. Fingir es una de las cosas que más me desagrada.
-Entiendo-.
Al cabo de media hora, escucho que se acerca alguien, pasa mi puerta y se detiene seguramente en la de Rachel. Tocan y llaman su nombre, es Hudson.
-¿Rachel?-. Me hierve la sangre –Que descanses-. Y se larga.
Estoy acostada de lado, con las manos bajo la almohada, dándole la espalda a la puerta. Empiezo a sentirme adormilada y cierro los ojos, probablemente Rachel no venga a mí esta noche. Así que me quedo dormida.
Siento unas manos que se aferran a mí y me despierto. Es Rachel, que se ha levantado quien sabe cuánto tiempo después para hacerme esa visita.
-Creí que no vendrías-. Le digo en susurros y con modorra.
-Sólo esperé a que Finn se durmiera-.
-Mmm-. Respondo malhumorada por escuchar su nombre.
-¿Te pones celosa?-. Me dice con tono chiqueado y me obliga a voltear y abrazarla, se me figura a Marion en la película de Requiem for a Dream, cuando tiene esa escena con Jared Leto antes de la cena con su terapeuta.
-Un poco-. Le digo por fin, después de darle un largo beso en los labios. –Me desespera que quiera tratarte como propiedad… me desespera cuando se te acerca, para terminar pronto-.
-Pero no me escapo de madrugada para meterme en sus sábanas ¿Verdad?-. Me da un pico.
-No-.
-Entonces deja de comportarte como una tonta y acaríciame-. No hacen falta más palabras para que se me caliente el cuerpo.
Me dedico a acariciarla y a besarla, así como lo hice ayer y como espero hacerlo por el resto de mis días.
Xxxxxx
Antes de que salga el sol Rachel me despierta, siento sus labios en los míos. Tengo el cuerpo desnudo, pero cubierto por las sábanas.
-Debo regresar a mi habitación-. Me chiqueo y la atrapo entre mis brazos. Ya está vestida, pero quiero desvestirla de nuevo.
-Quédate-. Le beso las mejillas y el cuello, la tengo fuertemente abrazada, no puede moverse. Le beso los hombros y los brazos, la frente.
-Sabes que no puedo amanecer en tu cama-.
-Sí puedes, quédate-. Se ríe quedo.
-Quinn, me haces cosquillas-.
-Mmm quédate un poco más-. Tengo los ojos cerrados, pero no la suelto y me acurruco en su pecho –Cinco minutos-. Deja de luchar y se queda quieta en mis brazos.
-Ya quiero que llegue el momento en el que pueda amanecer contigo, así como estamos ahora-. Sonrío y abro los ojos.
Le beso la punta de la nariz y ella se acurruca.
-Nunca te vayas a ir de mi lado-. Me dice tranquilamente.
-Haré lo que esté en mi poder para quedarme siempre contigo-. Respondo.
-¿Qué magia tienes tú Fabray? Que me haces quererte junto a mí cada día más, ya no puedo dejar de pensar en ti, incluso en tu compañía pienso en ti-. No puedo evitar pensar en que Santana me dijo algo como aquello en una de sus cartas.
Cierro los ojos y domino a la otra Quinn, estas palabras son de Rachel y son las que se me tatúan en el corazón.
Me quedo dormida con ella junto a mí y sé que se fue a su habitación en cuanto yo perdí la conciencia.
Por la mañana cuando me fumaré el cigarro de antes del desayuno, al abrir las ventanas y salir a la terraza la veo afuera, sonriéndome desde su habitación. Me sopla un beso y se mete.
Sé que no pasará mucho antes de tenerla de nuevo acá, iluminándome con su sonrisa y su voz. Así que me siento ante la mesa de metal, me enciendo el cigarro y la espero.
Apenas y puedo creer dónde estamos en tan poco tiempo; sonrío, hoy me siento feliz.
