¡Buenas! Antes que nada, este capítulo ha sido muy costoso ya que la mayor parte se centra en Sesshomaru y ademas ahora tengo menos tiempo para escribir. Espero que aprecieis el esfuerzo y me deis vuestra sincera opinión. No importa cuando, entiendo que muchos de ustedes tampoco tienen tiempo de leer.
Agradecimientos a: Shandy-Shan, SangoaomeOO (Lamento que la espera se prolongue un poco más, pero créeme esta vez las cosas merecen calma. Inu tendrá su gota de felcidad hecha torrente en el futuro...eh, sí, en el futuro...), k, Frozen-Winter-Heart y alei91
Disclaimer: El sensualón de Inuyasha y el resto de fantásticos personajes no me pertenecen (aunque no me importaria darles un hogar XD )Todos ellos son propiedad exclusiva de la genial Rumiko Takahashi. El resto de personajes son de mi propia autoría y están reservados bajo derechos de copyright al igual que la historia en sí.
Advertencia: Yaoi, Angst, Violación, Mpreg, Horror(?), Muerte de personajes.
Rated M
Dialogos(―) Pensamientos (hhhhh) Pensamientos Inuyasha niño ('hhhhh') Recuerdos("")
Capítulo 12.
Sesshomaru observó mientras su madre prendió sus manos de su brazo y comenzó a caminar, guiándole hacia el interior.
―¿Dónde habías estado? Suzuka estaba desolada por tu partida...
Sesshomaru guardó silencio y permaneció estoico. Irasue trató de leer el disgusto sobre su rostro, pero todo en su esquema parecía brillante, expléndido. Sólo una ligera sombra de oscuridad bajo la línea de sus ojos.
No en vano es mí hijo...
Irasue se sentía orgullosa de la criatura que había nacido de su vientre. Desde el momento en que sus ojos se abrieron ella lo supo. Con la guía adecuada, él se convertiría en el reflejo de la verdadera fuerza. Con ese pensamiento, Irasue se tomó la libertad de nombrar al heredero de su señor.
Sesshomaru...siempre has hecho gala de tu nombre...¿Por qué pareces haber olvidado quien eres?
Irasue suspiró suavemente y sacó un par de palillos de madera de su traje, jugueteando con ellos aburridamente por delante de sus ojos.
Sesshomaru los miró por un breve momento antes de retomar la mirada hacia delante, rodeando el trono de su madre que había sido sacado al exterior e internándose en las puertas de recibimiento, su mirada no se alteró cuando entraron en la enorme habitación y todos los miembros del servicio se hallaban arrodillados abriendo su camino.
―¡Bienvenido Príncipe de Occidente Sesshomaru-sama!―Gritaron en un coro enérgico, al unísono.
Sesshomaru les ignoró y siguió caminando hasta que sus pies alcanzaron por fín el pequeño escalón de madera que separaba el exterior del verdadero castillo. Dos puertas más por cruzar hasta llegar a la zona reservada para la realeza, la servidumbre se dispersó en ese mismo instante regresando a sus quehaceres habituales.
Recuperando parte del silencio previo que se había establecido entre ambos, Sesshomaru volvió a mirar de nuevo cómo los hábiles dedos de su madre movían los palillos cómo si se trataran de un arma mortal. Aún así, no preguntó.
―Sesshomaru...¿Sabes por qué tu madre juega con estos simples palillos de madera?―Preguntó enigmáticamente.
Sesshomaru apartó la mirada de ellos.
―No me interesa.―Contestó con sequedad.
―Debería.―Respondió rápidamente la otra.―¿Qué ves en ellos?
Irasue tendió ambos utensilios a su hijo, deteniéndole de avanzar.
Miró a su madre por unos momentos antes de tomar ambos y observarlos detenidamente. Después los movió rápidamente imitando el gesto anterior de su madre. Tras un breve silencio de examen, Sesshomaru les devolvió a su dueña original.
―Son dos palillos de madera.―Respondió. Su voz sin ningún ápice de molestia, ningún grado de error que pudiera identificarse como despreció hacia la mujer a su lado. Volvió a caminar.
Ella sonrió.
―Sí, eso creí yo también.―Contestó recuperando ese tono aburrido que le era característico.―Soy incapaz de entender cómo alguien podría ver en ellos algo más.
―¿Algo más?―Demandó Sesshomaru, consciente de los deseos de su madre por conversar sobre el asunto.
Irasue asintió.
―Este de aquí...―Y tomó uno de ellos con la mano derecha.―Fue confundido con una llave. Y este...―Tomó el otro con la izquierda, deshaciendo el agarre que había mantenido sobre su hijo.―...fue considerado cómo una daga. Cuánta estupidez―Dijo con pesar sobre su voz.
Sesshomaru leyó sus palabras por unos momentos. La siguiente gran puerta abriéndose de nuevo, le llevó a uno de los grandes patios del lugar. Sus pies no tocaron el suelo enlosado sin embargo, y ambos discurrieron por los pasillos de madera que bordeaban el mismo. El lugar parecía vacío. La gran mayor parte del personal aprovechando para almorzar en estos momentos.
―Problemas...―Murmuró afirmativamente, aunque en realidad pretendía ser una pregunta.
Irasue negó con su rostro lentamente.
―Sólo dos pobres enamorados que creyeron que podían engañar a esta mujer...―Ella suspiró de nuevo.―Las personas son tan estúpidas, pretenden aprovecharse de tu pobre madre...
Sesshomaru no contestó al tono de tristeza teatral que despidió la mujer y mantuvo el paso firme. La gran Inu-kimi se aferró de nuevo al brazo de su hijo, quién lo dobló para dar cabida al agarre de la mujer, y retomó inmediatamente su semblante. El teatro de poca duración ante su ineficacia.
―Sesshomaru...―El tono de su voz se convirtió en frío, serio repentinamente―...Responde sinceramente a esta desdichada madre...¿Piensas tomar como compañera a esa mujer humana...?
―Desconozco la mujer a la que te refieres.―Contestó raudo. Ni un ápice de mentira en ello.
Irasue no perdió el ritmo de la conversación.
―Hace unos años, ella era una niña. Calculo que hoy en día es una mujer...hueles a ella...―Hizo una pausa.―...parece fértil...
Las cejas de Sesshomaru dibujaron ligeramente hacia abajo en disgusto.
Rin...
La niña era parte de su paquete. Él le había dado la vida, y él estaba destinado a cuidar de la misma hasta el día de su verdadera muerte. Destinado a protegerla, a proteger el signficado de la misma y los pequeños rayos de luz que irradiaban de su débota félicidad pese a su penosa vida como humana.
Rin es una mujer fértil...
Sesshomaru se vió ligeramente abofeteado por sus pensamientos. Rin tuvo su primera menstruación poco después de ser dejada con la anciana y el lo sabía. Ella podía tener hijos a partir de entonces. Sin embargo, nunca realmente había llegado a verla como lo que era. Una mujer humana adulta en edad de crear su propia familia.
He obiado este hecho tan evidente frente a mis ojos.
Sesshomaru se reprendió ligeramente, comprendiendo la inquietud y la saga de rumores que sus visitas habituales debían de haber segregado por todo el castillo.
Pero a mis ojos...Rin sigue siendo una niña...
"Kohaku viene hoy..."
El rostro soñador de ella mientras decía ese simple hecho...Sesshomaru era muy consciente de que Rin estaba siendo cortejada por el humano dentro de las tradiciones humanas. El hecho no le molestaba. Le hacía, de hecho, satisfecho.
Sus pensamientos resueltos, contestó.
―Este Sesshomaru no alberga ninguna intención de aparearse con esta hembra humana. Tu mente puede descansar de este tipo de inútiles preocupaciones.
―Veo.―Murmuró satisfecha con la respuesta, confirmándose de hecho, lo que ella misma creía. Una sonrisa un tanto retorcida asomó por su cara mientras abrían la tercera puerta y entraban en el tercer patio destinado a sí mismos. Empujó levemente a su hijo para seguir la dirección que ella misma indicaba. A penas llegándo a la esquina de dicho patio a través del corredor de madera que lo rodeaba y que se diferenciaba en las hermosas columnas de piedra, Irasue se detuvo y abrió la puerta de una de aquellas habitaciones.
Sesshomaru entrecerró los ojos al ver los desagradables ojos azules de la mujer frente a él.
Con una reverencia formal, Suzuka se inclinó dándole paso a la sala.
―Bienvenido a casa mi señor.
La ligera tensión en el agarre de los brazos maternos provocó toda una reacción en cadena sobre los pensamientos de Sesshomaru.
Un nido de vívoras venenosas.
Con un paso virtuoso, Sesshomaru se internó en la sala y se deshizo del agarre de su madre.
―La presencia de Suzuka para nuestra conversación es innecesaria.―Sentenció con firmeza mientras miró a la mujer aún inclinada.
―Tal vez no, mi hijo. Este es, de hecho, un asunto que le concierne quizá más a ella que a vos mismo.
Irasue tomó asiento frente a su hijo, Suzuka cerró la puerta y se acercó con un juego de té organizado que posó sobre el suelo en movimientos sincronizados y mecánicos. Años de experiencia y practica en ellos.
Sesshomaru, aunque reacio, tomó asiento con las piernas cruzadas y la espalda recta frente a ella ignorando por completo los movimientos de la otra mujer más joven. Aguardó. Su madre recreándose en su distracción aparente hasta que por fín una taza de té humeante pudo ser tendida hacia ella y elevada sobre sus labios. Tras tomar un breve sorbo, Irasue miró a su primogénito y comenzó a hablar.
―Sesshomaru. A lo largo de los años, tu madre a estado intentando lograr hallar la paz y el regocijo que sólo la vejez puede otorgarme. Me hace e hizo feliz contar con Suzuka para amenizar las incesantes y aburridas tardes sin nada más que hacer que aguardar tu regreso y planear la manera en que ibas a tomar el titulo de tu padre...pero hoy en día espero sin ver una respuesta a mis deseos. Las criadas hablan y la señoras del Este y el Sur susurran a las espaldas de tu madre...Sesshomaru, ya que la lastima es una de las emociones con las que pareces haberte relacionado ultimamente, ¿No podrías imponer un poco de ese sentimiento hacia tu madre? Creo que la merezco más de lo que lo hacen esos otros humanos...
Sesshomaru observó impasible a su madre, Suzuka colocándose a su lado, ligeramente por detrás de la misma como símbolo de su respeto. Sus ojos permanecían bajos, pero Sesshomaru no perdió la pequeña sonrisa detrás de los mismos.
―No tengo tiempo que gastar en conversaciones intrancendentales. Madre, sugiero que hables a este Sesshomaru directamente.
―Ah...siempre tan frío hacia tu madre...¿Acaso no me quieres Sesshomaru?¿A la mujer que te ha dado la vida?
Sesshomaru guardó silencio absoluta. Irasue dejando caer su seriedad en una pequeña sonrisa.
―Sesshomaru...quiero un heredero. Quiero un cachorro para quedarme tranquila sobre la seguridad de tu legado. Es hora de que asientes la cabeza hijo mío. Estos tiempos de paz que siempre son tan pasajeros...si no los aprovechas ahora, el cachorro nacerá en tiempos de guerra. Yo te crié en esos tiempos...y aunque el resultado a sido satisfactorio, me considero a mí misma una gran mujer.
Sesshomaru no mostro signos de haberla escuchado. Pese a ello, Irasue pudo ver perfectamente la disidia y el aburrimiento sobre él.
Por su parte, Sesshomaru encontró que 'astiado' era una palabra adecuada para describir su estado de ánimo.
La escusa de considerarse a sí mismo como aún joven quedó anulada con el pretexto de la guerra.
Ella ha planeado largamente esta conversación. Mujeres Inu-youkai...todas ellas tan detestables...
―Tus deseos no son una ciencia exácta que pueda cumplirse madre. Sois perfectamente consciente de que mi determinación sobre el asunto no ha flaqueado. Pese a ello, Suzuka aún no ha engendrado ningún cachorro.
La mencionada alzó el rostro de las sombras que lo velaban, sus ojos reflejaban la ira, y la maldad.
Irasue terminó de beber el ligero sorbo de su delicioso té antes de contestar.
―Suzuka sin embargo, duda que esa determinación de la que habláis halla existido en algún momento desde que comenzó el coito a tu lado...¿Cuál es tu respuesta a esta acusación?
Sesshomaru observó fríamente a la joven Inu-youkai.
―Su opinión no es objeto de mi preocupación.
Irasue parpadeó sin ser sorprendida por su respuesta.
―Sesshomaru. ¿Deseas tener hijos?―Preguntó, reflexionando lentamente.
―Lo hago.―Sesshomaru no sentía que su mente era realmente de acuerdo con ello, pero sus instintos no estaban de humor para discutir.
―Deseas hijos, ¿Qué hay de Suzuka?¿La deseas?¿Tu youkai desea montarla?
Sesshomaru la miró con ligera molestia. No la pregunta en sí, sino el lento rodeo que parecía desear dar antes de que ella le dijera la conclusión que tenía desde hace un tiempo.
―No veo la utilidad de esa pregunta.
―Contesta.―Ordenó con una voz imperativa que no admitía réplica. Sus ojos haciéndose cada vez más brillantes
Sesshomaru no dudo.
―No.
La respuesta firme y sin comentarios no tuvo verdadero efecto sobre las propias damas, quienes ya lo intuían.
―Sí...eso pensábamos ambas.―Comentó de manera casual. Un nuevo sorbo de su té, antes de mirar a la ya fría taza de su hijo.―Sesshomaru, disfruta de tu té. No dejes que se desperdicie.
Sesshomaru ignoró la orden y posó sus manos sobre sus rodillas a la espera de que la conversación reanudase.
No me impresionan. Trucos viejos de palabras.
―Madre, acaba con los rodeos. Sé que has pensado en algo.
Irasue giró su rostro hacia un lado de la pared.
―Hn. Puede ser.―Concedió en el enfrentamiento verbal.―Contesta de nuevo sin embargo...Sesshomaru, antes de Suzuka...incluso mientras estabas comprometido a ella. ¿Te sentiste atraido por alguna de las mujeres que has conocido? No tienen por qué pertenecer a nuestra raza Sesshomaru. Pregunto por una razón más.
Él pensó en ello. Había, de hecho, conocido a varias mujeres a lo largo de su vida. Pero ni siquiera se había molestado en recordar el nombre de las mismas. Todas ellas demasiado similares como para poder distinguirlas en sus recuerdos frescos y difusos al mismo tiempo. ¿Mujeres? ¿Por qué motivo iba él a prestarles atención? La mayoría de ellas no sabían sobre la guerra o sobre la situación de sus propias tierras...¿Para qué dedicarles tiempo entonces? ¿Atraido? ¿de que forma...?
―No entiendo vuestra pregunta.
―¿Qué parte de ella? Creo que es simple ¿no? ¿Has deseado el coito con alguna mujer que no fuera Suzuka?
La nariz de Sesshomaru se arrugó ligeramente en una expresión de total disgusto y por primera vez, no tuvo que pensar mucho en ello.
―Claro que no. ¿Por qué iba a interesarme por algo así?
Irasue aguantó un momento de lectura antes de volver a beber de su taza. El gesto casi ocultando a la perfección el principio de su sonrisa. Cuando acabó, sus palabras estaban perfectamente organizadas en su cabeza.
―Hijo mío...eso es un tanto desalentador de escuchar...tal vez sea posible que Suzuka tenga razón en sus quejas...―Murmuró, sin tratar de continuar hablando. Su intento de motivar la subyacente curiosidad de su hijo tirada por la borda cuando este simplemente aguardó y bebió distraidamente de su té.
―Suzuka se pregunta...―El principio de sus palabras fue cortado inmediatamente
―¿Acaso Suzuka carece de boca con la que hablar?―Preguntó Sesshomaru sin un tono en particular. Sin embargo, la propia pregunta dejaba ver la irritación escondida tras el semblante en blanco.
Irasue frunció los labios ante ello.
―Por supuesto que la tiene...―Se quejó.―Pero cualquier esposa se hallaría temerosa de demandar por algo así.
Sesshomaru miró impasible a ambas y esperó a que terminaran con esta farsa de una vez. Sólo por alargar más la situación, Irasue carraspeó y volvió a beber de su té, finalmente acabándolo.
―Antes ella y ahora ambas, nos preguntamos si...tal vez estes más interesado en...―Irasue dejó salir su sonrisa colmada de colmillos.―...los hombres.
Sesshomaru se puso en pie instantáneamente, su barbilla elevada y los ojos fríos como la escarcha mientras contemplaba a las tranquilas mujeres.
―Tonterías. Este Sesshomaru jamás ha pensado de tal manera y encuentra detestable ese tipo de conducta. Basta de tus burlas, madre.
Irasue asintió complaciente, la pequeña sonrisa no eliminarse de la comisura de sus labios.
―No pretendía dañar tu orgullo Sesshomaru. Sin embargo, deberías ser uno de los que mejor sabe que la naturaleza de nuestra auténtica forma puede llegar a ser, cuanto menos, extravagante.
Sesshomaru no se sentó de nuevo y por el contrario entrecerró la mirada sobre su madre, su mente pasando con un sentimiento de repulsión por algunos de esos raros demonios que habían cruzado su camino consigo mismo y dando una muestra de cuán bajo la naturaleza podía llegar a torcerse.
Esos demonios que se consideran a sí mismos mujeres...Repugnante.
―Ni yo ni Yako hemos sido víctimas de esas 'rarezas' de las que habláis.
Irasue se mordió una de sus uñas distraidamente, disfrutando de la molestia palpable que irradiaba el aura de su propio retoño.
―No siempre somos conscientes de estos hechos Sesshomaru...―Contraatacó con simpleza. Una mirada dirigida hacia él que le ordenaba a regresar a su asiento.―No podemos juzgar las cosas que no conocemos, y dado lo hablado jamás habéis dado una oportunidad al género masculino...― Él se mantuvo en pie.
―Si deseas un nieto, ello tendrás. No voy a perder mi tiempo avergonzando a nuestra especie con prácticas inútiles.
Los ojos de Irasue brillaron con intensidad ante esas palabras.
Una abertura... Comprendió Sesshomaru por el gesto. Pero, ¿hacia qué?
―¡Oh! Pero...¿No lo has escuchado?―Preguntó con inusitada alegría.―El sanador de vuestra compañera ha confirmado recientemente que uno de los miembros masculinos de nuestra raza, puede de hecho, ¡Portar cachorros! ¿No es una noticia maravillosa?
Sesshomaru se mantuvo inmóvil mientras recibía la información, su cerebro trabajando a gran velocidad para alcanzar su resolución.
¿Pretende que me aparée con este macho?
―Imposible.―Dijo con total convicción.
Irasue negó.
―Yo misma lo he verificado. En estos momentos, está iniciándo su primer calor. Es el momento idóneo Sesshomaru.
―Este Sesshomaru no va a rebajarse a sí mismo en ese tipo de prácticas. Dudo de las capacidades de este supuesto sanador.
El rostro de Irasue alcanzó una seriedad mortífera. Su actuación burlesca cayendó con fuerza al suelo en una máscara rota de diversos trozos.
―Sesshomaru...¿Insinúas que tu madre está mintiéndo...?―Un silencio pesado cayó por toda la sala. Sesshomaru se mantuvo firme. Irasue dibujó un gesto con su mano indicando a la mujer de ojos azules que saliera. Mientras lo hacía, lucía una mirada satisfecha y una sonrisa presuntuosa.
Perra estúpida...
Irasue volvió a hablar. Su voz cambiando a un tono más grave.
―¿De verdad piensas que te obligaría a perder el tiempo sólo por un rumor?¿Una falsa conjetura? ¿Crees...―Hizo una pausa, ira sostenida a penas.―...crees qué yo dejaría en las manos de un cualquiera el futuro de nuestra especie?
―El futuro de nuestra especie es...―Comenzó Sesshomaru, su voz con absoluta seriedad y respeto. Todo quebrado rápidamente.
―¡Nuestro futuro es la nada si seguimos a este ritmo! ¿De verdad crees que con un sólo cachorro bastará? ¿Eres consciente acaso de lo complicado que realmente es lograr que ellos vivan más allá de los cien años...?
Irasue miró a su hijo y lanzó un resoplido, ligeramente satisfecha al ver la adecuada inclinación de su cabeza y la mirada fija sobre el suelo en sumisión.
―Tres hermanos Sesshomaru...ya lo sabes, tres pequeños Inu-youkais que quisieron crecer para ser grandes Daiyoukais y cuyas vidas acabaron rápidamente. Muerto uno nacio el siguiente...hasta llegar a tí.―Irasue negó suavemente.―Hábil en la guerra pero negado para la paternidad...Sesshomaru, hemos esperado demasiado tiempo para tener esta conversación.
Cayó un silencio pesado sobre la diminuta habitación, ambas personas intercambiando emociones y pensamientos a través de sus propias auras.
Irasue se acercó a su hijo y poso sus manos sobre su rostro, levantándolo de su adecuada vergüenza.
―Sesshomaru.―Sus ojos se encontraron.―Me has decepcionado.―Guardó silencio de nuevo, recogiendo la mandíbula firmemente apretada antes de soltarla y separarse de él.
Irasue le dió la espalda y le despidió con un gesto.
―Retírate ahora a hacer tus importantes decisiones y esas cosas...Luego te prepararás y esta noche irás y montarás a este hombre o...lo que pueda ser llamado...¿Has comprendido?
Sesshomaru observó la espalda de su madre y colocó su espalda y sus hombros en su lugar. La lengua ligeramente rasposa antes de hablar.
―Sí, Inu-kimi-sama.
Irasue se giró lo suficiente como para poder observarle a través de un sólo ojo. Sonrió un poco al recordar a un cachorro mucho más joven pronunciar esas mismas palabras.
―Bien.―Fue su escueta despedida otorgándole pérmiso para salir.
Sesshomaru hizo una reverencia fugaz y salió de la habitación, lejos del ambiente condensado de malestar que sin embargo parecía adherirse a su propia piel y perseguirle. Suzuka estaba sentada un poco más lejos de la habitación sobre el pequeño pasillo techado, consciente de las consecuencias de ignorar una orden directa de alguien superior.
Pasó a su lado en dirección a su estudio haciendo caso omiso de su presencia.
Sus pasos eran tranquilos pero fuertes. Ni un ápice de las emociones que burbujeaban en su interior vislumbrándose sobre su expresión.
―¿Qué sucede...?Mi amado y querido compañero...¿Vuestra madre ya os ha subyugado?―Sus palabras fueron pronunciadas con absoluta malicia. Ni siquiera tratando de ocultar su diversión.
Suzuka frunció el ceño al ver la enorme sombra de Sesshomaru cubriendo cualquier atisbo de luz. Ella se giró.
―¿Quieres que...?―Se detuvo. Su rostro perdiendo su color cuando la poderosa explosión de su youki impactó contra la suya. Todo su cuerpo temblando en el pavor y la presentación.
―Suzuka.
Su nombre retumbó por toda su alma, un suave gemido escapando de su garganta.
Sesshomaru controló su energía y le dió la espalda volviéndo a caminar, la chica dejada atrás colapsando suavemente sobre el suelo.
Esa estúpida...cuerpo inservible incapaz de producir crias. Ha estas alturas podría tener más de seis niños sobre mis brazos y entre ellos mi herdero. La inteligencia brilla por su ausencia. Mis padres jamás podrían haber elegido una perra peor cualificada que ella.
Sesshomaru se detuvo frente a su estudio. Cuatro presencias localizadas en el interior a la espera de discutir los asuntos del día.
¿Un hombre que puede portar cachorros...?
Una escena mental sobre una figura masculina con un enorme estómago apareció sobre su cabeza.
Eso es simplemente antinatu...
Todo su cuerpo retumbó repentinamente, una sensación de contento dando vueltas sobre su estómago y sus propias hormonas revolucionándose hasta la punta de sus dedos.
Imposible...eso sólo son...tonterías...
Sesshomaru abrió la puerta rápidamente y se internó en la sala como un huracán. Tratando de borrar cualquier pensamiento que no tuviera relación con sus obligaciones.
Los cuatro generales que aguardaban en el interior se inclinaron ofreciendo sus saludos a su líder.
―¡Bienvenido Sesshomaru-sama!
Sesshomaru dió la vuelta a la mesa baja entorno a la que estaban reunidos y se sentó al frente de la misma observando los planos que se mantenían esparcidos sobre la misma.
―Coméncemos.
Inmediatamente, todos los reunidos asintieron y estalló un fuerte revolotéo de papeles.
Sesshomaru miró hacia el fondo de la sala con la mirada ligeramente perdida.
Él no era de los que dudaban de sí mismos, pero cuando se trataba del youki... Los momentos de clases teóricas junto a su padre se hacían más vividos en su cabeza, recuerdos donde las lecciones eran juegos...y recuerdos donde era difícil tomarlas en serio. "¿Cómo se puede creer en las palabras de un soñador?¿En las palabras de un amante humano?"
Llegó un momento en que su orgullo estalló sobre el pecho cómo una herida sangrante y cortó los lazos que le unían a esa persona. Aún ahora, era difícil mirar hacia atrás, hacia el rostro de su padre, sin sentir vergüenza o rencor por los sucesos pasados.
Era joven e ignorante...
Irritación ganando sobre él. Le golpeó.
Aún soy...ignorante.
Sesshomaru miró sobre los cuatro hombres que había en esa habitación. Harutora, descendiente de los anteriores dueños del Oeste, los youkai-tigre, y amigo de su padre desde que él era un niño a sí mismo. Era un demonio de mediana edad, joven aún pese a los años y con fuerza suficiente como para confiar su propia espalda. Chojin, el de mayor edad, perteneciente a los youkai mono de cara roja de las montañas, antiguo líder de los mismos durante los tiempos de guerra. Natsu, como el más joven y perteneciente a los youkai grulla, quien se unió bajo su mandato con el objetivo de proteger los lugares donde su especie moraba según la época del año. Y por último Hirohito, youkai caballo de las estepas y su principal general de guerra.
Ellos eran hombres. Su compañía, conocida, aceptada e incluso en ocasiones, respetada.
Pero mi youkai no siente nada por ellos.
Por el contrario, sus instintos parecían reacios a salir a flote, la única sorpresa percatarse de que, pese a la reticencia, parecía considerar la idea con más facilidad que cuando ponía los mismos pensamientos sobre una mujer.
Eso le dejó...sin palabras...
―Sesshomaru-sama, en primer lugar, tenemos una solicitud de ayuda económica por parte de sus Padres en ley...afirman que los grandes maremotos han provocado daños irreparables en nuestras costas más cercanas al sur y han destrozado los hogares de las criaturas de las marismas.―La voz madura que sobresalía puesta en marcha por Harutora.
Sesshomaru despejó su mente y centró todos sus pensamientos sobre las piezas de papel frente a él. Por alguna razón, incapaz de mirar de frente al youkai justo a su lado.
No tengo ninguna razón para mirarle en primer lugar.
Pero él sabía por dentro, sabía que no quería encontrar más indicios que le acercaran a la verazidad sobre la oponión de su madre.
―¿Cuánto piden?―Preguntó distraidamente. La familia de Suzuka siendo lo suficiente considerados como para ser tratados justamente.
―Ocho mil piezas de oro mi líder.
Sesshomaru pensó en las cifras por algunos momentos.
Es una cantidad prudente, serán incapaces de terminar con el proceso.
―Consigue que se le envíen diez mil de las mismas. Exijo la devolución de cuatro mil de esas piezas en el plazo de medio año.―Los pinceles gotearon tinta y rozaron los papeles con un sonido firme y claro. Los pequeños trazos reflejando sus deseos a la perfección.
―Bien.―Susurró Harutora mientras revisaba el resultado de su obra.
―El segundo tema a tratar es...―Una voz más anciana, la del youkai mono comenzó a hablar.― La llegada de una solicitud de ayuda desde las tierras del Norte. La dinastía Genbu afirma que sus subditos están enfrentándose a un incremento considerable por parte de la población humana y a diversas sublebaciones e incoherencias entre los lideres de los mísmos... su señor afirma que muchos de los rebeldes están tratando de huir hacia nuestro territorio...
Ni siquiera son capaces de controlar sus propios territorios...panda de inútiles.
Cómo el demonio más poderoso de todo Japón, pese al título de Señor del Oeste, era considerado como una personalidad a tener en cuenta en cada decisión que se realizaba en todo el territorio. De no ser por los tratados firmados por su padre en su día, Sesshomaru podría ser en estos momentos el Señor de todo Japón.
―Que se refuerce la vigilancia sobre los principales caminos y vías de entrada. Quiero patrullas aéreas que busquen sobre las posibles vías de escape y la noche. Cualquier persona sospechosa de proceder de dichas tierras debe ser atrapada e interrogada por Natsu ¿Podrás hacerte cargo de ello?
―No habrá problema mi señor.―Se apresuró a puntualizar.
―¿Algo más...―Harutora abrió la boca enseñando sus fauces.―...de vital importancia?
Los cuatro generales se miraron entre sí ligeramente antes de retomar su atención hacia su señor. Apoyando su rostro sobre su barbilla, la mano libre movía distraidamente las cartas en blanco preparadas para ser escritas.
Demasiados años cerca del hijo de Inu-no-Taisho como para ignorar la necesidad de escapar que parecia correr por sus palabras.
―Nada más mi señor...
Sesshomaru asintió y recogió los papeles entregados y que debían ser autorizados de su propia mano.
―Retírense.―Ordenó mientras comenzaba la tediosa lectura.
Los cuatro generales se levantaron y salieron de la habitación. El anciano Choyomi quejándose en su vejez sobre estúpidos niños que no comprendían el esfuerzo de sus mayores.
Harutora aguanto hasta el último momento retrasándose brevemente.
El guerrero Tigre había compartido años de vida junto a Touga y sentía el aura turbulenta del niño al que había visto madurar. Sesshomaru no era una persona fácil de leer. Por el contrario, expresión en blanco y tono de voz neutro, no un movimiento pensado y ejecutado. Y sin embargo, era fácil captar esas determinadas palabras que simplemente no encajaban con el exterior o con el tono en el que eran pronunciadas. Una persona muy sagaz podría entenderlas mal, casi como una indirecta mal gestionada. Para las personas cercanas, era la manera que Sesshomaru tenía para demostrar sus emociones.
Sesshomaru estaba enfadado. Muy enfadado. Lo peor; es que su enfado parecía ser algo que no podía liberar sobre alguién más.
―Sesshomaru-sama...
Alzó el rostro para observar al youkai tigre aguardando pacientemente ante la entrada de la sala.
Los musculosos brazos se hallaban cruzados sobre el regazo, cada músculo flexionado reflejando la fibrosidad y ausencia de grasa.
Por alguna razón, el gesto le recordó a Inuyasha.
―Puedes hablar.
El hombre carraspeó torpemente antes de comenzar.
―Perdona mi atrevimiento pero...si hay algo que usted necesite...
Sesshomaru alzó su mirada por fín, enfrentándose a los ojos de dorado similar a los suyos y considerando la proposición.
Yo no necesito nada, por que no hay nada que me preocupe o sobre lo que deba pensar.
―Aprecio tu oferta, pero no hay nada que pueda otorgarte como tarea.
Harutora tragó saliva y asintió, volviéndo al exterior y deslizando la puerta tras de sí.
Los siguientes minutos, Sesshomaru leyó y contestó las cartas que habían llegado en los últimos días. Una al Norte y una a las costas de Occidente como respuesta a los temas mencionados. Una tercera carta para conceder el permiso de la abertura del mercado. Denegado. Una cuarta carta de disculpa al rechazo a la invitación que su madre tendió a la Señora Unamu del sur sobre sus territorios. Sin necesidad de respuesta. Una quinta carta de las patrullas centrales...
Sesshomaru se detuvó a leer esta con paciencia en el momento en que leyó 'esa' palabra y finalmente la dejó caer junto a las otras mientras tomaba su pincel para escribir una respuesta.
Un hanyou que causa alboroto y que ha sido avistado en dirección al Norte...Inuyasha, ¿Eres tú quien atrae los problemas?¿O los problemas te atraen a tí?
Tras un inicio de saludos cordiales, Sesshomaru detuvo sus manos y dejó de escribir. No era necesario decir nada teniendo en cuenta de quien se hablaba. A estas alturas, su hermano bastardo se hallaría en mitad de las tierras del Norte, casi con seguridad, luchando en medio del caos, dónde estaba la acción.
Dos pensamientos se hicieron paso sobre él: El primero, era de profunda ira. Inuyasha siempre estaba en medio de su camino, desprestigiando el nombre de su familia, si él resultaba ser la causa de los problemas a la dinastía Genbu, se encargaría personalmente de suministrar un nuevo castigo sobre él.
Demasiado descontrolado.
El segundo de sus pensamientos fue el extraño, el que estaba ahí pero debía luchar contra el primero bien entrenado para poder ser notado. Alivio. Alivio de que Inuyasha parecía haber logrado rehacerse y seguir adelante.
Por fin ha dejado de comportarse como un estúpido cachorro abandonado por su amo. Cómo si alguien con nuestra sangre pudiera ser verdaderamente controlado por un ser humano cualquiera.
Quizá la línea de sus pensamientos era cruel, teniendo en cuenta que la reencarnación de la primera sacerdotisa había demostrado superar con creces a su predecesora, pero aún así era molesto pensar que Inuyasha realmente le daría su vida a cualquiera de ellas.
Sesshomaru se levantó de su asiento y miró a través de la pequeña ventada con barrotes. Sólo se podía ver el espesor blanco de las nubes y los edificios de materiales artificiales. En un lugar como este, en el cielo, las plantas jamás crecerían y ningún ser vivo sería capaz de entonar sonido alguno.
Y sin embargo este es el lugar donde yo crecí. Este es el lugar donde mis cachorros creceran.
El pensamiento le lleno de cierta insatisfacción. Cómo él, el significado de la vida escaparía a sus crías hasta que tuvieran la edad suficiente para bajar al mundo exterior. Hasta ese momento, dibujos de los mismos como extraños objetos milenarios serían los que constituirían sus bosques, sus prados, su fauna...Pero él no tenía ningún voto sobre ello. Era la manera en la que era y debía ser. Lejos de este lugar, la ignorancia y el salvajismo era lo único que se podía encontrar.
Elevando sus sentidos levemente, trató de saber cuanto tiempo había pasado desde su conversación con su madre y cuanto tiempo podía faltar para el anochecer. No encontró señales que le ayudaran a saberlo, pero conociéndo su propia falta de control con respecto al transcurso del tiempo, Sesshomaru ordenó parsimoniosamente los papiros, las cartas, los mapas... Cuando todo estúvo correctamente situado para el posterior trabajo de sus generales, se levantó y salió de la sala. Recorrió el pasillo que le había llevado a la misma y salió al tercer patio exterior. Un ligero rastro de humedad sobre el ambiente, Sesshomaru adivinó que pronto el palacio sería inundado por la lluvia. Pero ese dato, no era importante. El caso era la oscuridad que las nubees parecía dejar caer sobre ellos. Si el sol estaba en el exterior, parecía decidido a permanecer oculto hasta que la noche llegara.
Sus pies se movieron por si mismos, poco a poco llevándole hacia la viviénda principal, hacia sus habitaciones.
Las enormes puertas elaboradas que daban al patio se abrieron dejando ver el hermoso y sobrecargado interior de estilos y convinaciones bizarras donde su vida cotidiana solía tener lugar. Cuándo se internó en las mismas, se giró levemente escuchando la apertura de unas segundas. Las puertas que había atravesado con su madre, situadas justo en el extremo opuesto de su posición. Cuatro guardias cruzaron empapados quejándose de lluvías torrenciales del exterior. Charlaron y sonrieron mientras se despedían y se dirigían a ocupar sus puestos de vigilancia. Los cuerpos de los hombres empapados y sudorosos por culpa de la humedad ligeramente visibles entre sus uniformes. Sesshomaru permaneció unos minutos contemplando antes de dar la vuelta y continuar a un ritmo mayor en busca de sus habitaciones.
Tonterías. Yo jamás me encendería por algo así. Esa mujer está tratando de engañarme con sus palabras.
Pero el té no había sido envenenado, manipulado u alterado. Y él lo sabía. Y también sabía que la ligera erección entre sus piernas no era algo que había surgido de la nada.
Una ligera memoria, sacada de ese rincón de la mente en el que su infancia dejada atrás se había refugiado apareció frente a él con brevedad. Era la imagen de una niña youkai muy joven. A penas la mitad de la altura que pudo tener en su juventud a los doscientos años. El no estaba seguro de recordar correctamente, o siquiera qué recordaba.
No tenía constancia de ninguna mujer.
Pero la hubo.
Pensó mientras ignoraba las habitaciones de Suzuka y se situaba frente a las suyas propias.
Cabello rosado y lujoso kimono verde. Había muchos otros youkai en el lugar. "Ella es hermosa padre." Pero la voz de sí mismo siendo un infante fue cortada por su padre con un ligero toque de humor.
Las puertas se abrieron por si solas, cuatro damas arrodillándose frente a él.
―Bienvenido Sesshomaru-sama. Permítanos ofrecer nuestros servicios.
"¡Jajaja!" Estalló la voz de su padre, la voz de sus recuerdos. "Sesshomaru, esa persona de ahí es un hombre...no dejes que su aspecto te engañe." Era el primogénito de una de las familias nobles de la frontera oriental, amenazados con una maldición sobre su primer hijo varón, su familia alejó los espíritus de la enfermedad haciéndoles creer que nació siendo niña.
Sesshomaru miró a las cuatro mujeres arrodilladas, la revelación de su memoria calando profunda sobre él. Era la única vez que realmente había creido encontrar a la persona adecuada para acompañarle en el futuro durante esas reuniones aburridas donde los hijos eran expuestos para determinar un compromiso en el futuro. Era la única vez que se había fijado en una mujer. Pero no lo era.
"Sesshomaru, antes de Suzuka...incluso mientras estabas comprometido a ella. ¿Te sentiste atraido por alguna de las mujeres que has conocido?"
No madre. No hay mujeres.
Sesshomaru jamás se había sentido tan enfadado con Yako* hasta ahora.
OOOOOOO
Inuyasha castañateó los dientes con fuerza. Tanta, que creyó romperlos en el proceso sin que nadie pudiera detenerlo. ¿Cómo había llegado a esta situación? ¿Cómo era posible que tanta mierda pudiera sucederle en tan sólo unos días?
El mundo me odia...
Eso, para él, era evidente. Justo como si Kagome hubiera sido su talisman de protección para evitar los sucesos que se habían desencadenado.
Sentía frío, un frío mortal que mantenía su interior congelándose poco a poco. Casí podía escucharlo, el sonido de la escarcha arrastrándose poco a poco en dirección a su corazón.
Crack, Crak, sonido de cristales removidos que se pegaba con fuerza sobre cada uno de sus músculos. Cada vez más tensos e insensibles, casi inmóviles. Siendo estirados y contraidos una vez, otra vez...al principio sólo era una molestia, pero con el paso de las horas sus músculos habían repetido el proceso tantas veces que un hormigueo constante se extendio por cada fibra de ellos. Pequeños pinchazos dolorosos como agujas instauradas en profundidad que había alcanzado el punto de insoportable.
Y frente a la inmoviliad del hielo...el calor. El fuego atronador que se arrastraba por y bajo su piel como una segunda capa creada a partir de lava fundida. Palpitante, sudorosa, sensible...deseosa de poner en marcha un sentido del tacto demasiado intenso como para no ser aterrorizado del mismo y lo que podría provocar sobre él. Entre otras cosas, perder la concentración sobre su respiración. Su frecuencia cardiaca en una carrera por impulsar su sangre ansiosa hasta los límites del poder demoniaco hacía que deseara hiperventilar por captar oxígeno. El dolor, instándole a gritar su agonía. Y sin embargo, frente a toda la desesperación que se batía en una mezcla compacta y pesada que nublaba sus pensamientos. El exterior no reflejaba nada.
La habitación yacía en completo silencio. Solo las exhalaciones de sus jadeos lentos y fuertes y el trasiego de la sangre dentro de él eran captados por sus oidos que permanecían laxos ocultos sobre el cabello. Sobre un nuevo futón de sábanas de seda y algodón, Inuyasha permanecía sobre sus rodillas, su rostro apoyado sobre las mantas inevitablemente ante los brazos atados con cuerdas a su espalda. Desnudo, sus nalgas elevadas y balanceántes serían lo primero que Sesshomaru vería al entrar en la habitación.
No habría pasos previos, no habría charla innecesaria. No errores.
Justo como sólo Sesshomaru podía ser.
Dada su fuerza, Inuyasha creía que realmente podría levantarse de ese lugar, abrir la puerta y escapar. Él no era débil, él podría hacer eso. Podría...si no fuese por el instrumento encayado sobre su intimidad. La pesada bola de vidrio que coronaba ahora su virilidad sobreexcitada siendo peligrosamente cerca de golpear el suelo. Si se dejaba caer, si la golpeaba, si se levantaba...cualquiera de esas acciones provocarían que la delgada aguja atravesara su carne más de lo que jamás debió ser.
Inuyasha no creía que pudiera soportar algo así de nuevo.
En sí, era sorprendente ver que su cuerpo podía asimilar el objeto extraño hasta eliminar el dolor. O al menos, cuando despertó de su inconsciencia, este había desaparecido en gran medida.
Sintiéndo su lengua de esparadrapo, hizo un increible esfuerzo y relamió sus labios para lograr tragar saliva. El sabor de la miel y las especias aromáticas del aire sobre su propia piel crearon una sensación fantasma de estar frente a un banquete de frutas exóticas. Hoy en día, él era el menu de dicho banquete.
No es cómo si pudieran soportar mi olor o mi sabor sin dar arcadas ¿cierto? El olor de un hanyou jamás despertaría el líbido de nadie...ahora yo huelo como una puta niña y con la pintura me veo como una jodida niña, si eso no es suficiente, que se busquen a otro estúpido hanyou.
Eso pensaba su mente consciente. Su yo. Pero su yo tampoco podía evitar la necesidad de ser celebrado entre los brazos de alguien. Necesidad de contacto y de comprensión cada vez que una nueva oleada de su propia youki en acelerado crecimiento impactaba sobre su cuerpo y le retorcía y deformaba para crear otra cosa. Algo nuevo. Un nuevo Inuyasha.
Pero yo no quiero cambiar, me siento bien como soy...
'Como era... ya que yo no voy a ser jamás yo de nuevo'
Su cuerpo y su mente parecían indecisos sobre que hacer consigo mismos. No entendía.
El sonido de la puerta al deslizarse inició un escalofrío sobre su columna y el enganche de su respiración. Todo su cuerpo preparándose para ser violado sin contemplaciones y toda su voluntad luchando para no gemir en necesidad de alivio en este nuevo y extraño tipo de dolor.
Dos pasos se escucharon en el interior de la habitación.
―Luces adecuado cachorro...
Toda su tensión se desplomó y volvió a respirar a regañadientes una vez más. La voz de la bruja culpable de todo su drama acercándose hacia él, Inuyasha no podía contestar a sus comentarios. Observó el kimono violeta frente a sus ojos y trató de mirar hacia arriba. Su visión estaba algo borrosa. Cedió en su poco importante intento.
―Dentro de una semana te habrás transformado en una criatura más cercana a nosotros de lo que tu sangre humana podrá evitar. Seguirás siendo un hanyou porque eso es lo que eres. Pero tu presencia será algo más tolerable. ¿No te sientes feliz? El dolor que padeces será aliviado pronto y tras este tiempo idílico de placer...serás un hanyou más fuerte. ―Irasue miró sin sentimiento el cuerpo bajo sus pies. Jadeante y exhudando calor y hormonas, toda la piel diseñada en un hermoso color enrojecido. Los ojos bordeados de pinturas majentas en semejanza a los de un demonio le hicieron recordar brevemente a su esposo. Qué desagradable.
Inuyasha escuchó las palabras atentamente. No la creía.
En lugar de ello, prefirió preocuparse más de los nuevos pasos que daba bordeando el futón y su propio cuerpo. Notó su presencia tras su espalda y los nervios subieron inmediatamente. No podía ver que hacía o qué tramaba.
Un objeto delgado y puntiagudo clavándose repentinamente sobre su agujero sonrojado y palpitante le dió su respuesta. Inuyasha se arqueó y soltó una fuerte bocanada de aire hacia el cielo. Dolor recorriendo su cuerpo en una inmensa oleada.
―Las mujeres que te ayudaron a estar presentables me dijeron que intentaste atacarlas con esto...―La madera se empujó con algo más de fuerza dentro de él, a penas la punta de la misma haciendo contacto con su conducto. Empezó a girarlo empujando su carne en la creación de un círculo pequeño.
Inuyasha jadeó.
El palillo...
Era cierto. Cuando despertó, atrapado, atado de pies y manos en el interior de unas aguas termales y rodeado de personas desconocidas, el recordatorio del objeto ligeramente punzante sobre sus dedos le dió la seguridad que necesitaba para tratar de luchar una vez más.
Su mente no tuvo en cuenta que su cuerpo estaba siendo manipulado con un veneno mucho más poderoso del que su sistema había logrado neutralizar en el viaje hacia esta maldita cárcel. Un veneno que había provocado sus sintómas actuales. Qué le estaba haciendo cambiar y morir al mismo tiempo.
―¿Te gusta cachorro? Eso es bueno. Estoy segura de que podrás hacer frente a mi hijo sin problemas...―El objeto extraño salió de ese lugar y se escucho el crujido de las ropas de Irasue al ponerse en pie. Un fuerte golpe impactó sobre las mejillas de su trasero enviando miles de pequeñas agujas sobre el músculo congelado y ardiente. Inuyasha dió un pequeño grito en respuesta. Nada más siendo posible de su garganta seca.― La próxima vez, cachorro, debes dejar los palillos de comer junto al plato. No son un juguete. Mucho menos, un juguete que se pueda compartir.
¡El chico! Él también...
Irasue se acercó de nuevo a una zona donde sus ojos y los de Inuyasha podían entrar en rango de visión. Cuando observó el breve brillo de preocupación detrás de sus orbes dorados no necesitó mucho más.
Sonrió despiadadamente.
―Ahora él esta muerto.―Dijo con un gruñido satisfactorio.
La respiración de Inuyasha se detuvo por un segundo. Y se reanudó.
Maldita perra...ella realmente es lo peor de lo peor...
―¿Eso te hace triste? Por si deseas más detalles, cabe decir que no fuí yo quien lo hizo. Murió por sí mismo tratando de salir de aquí.
Inuyasha cerró los ojos e inicio su superficial ritmo de respiración. Eso no le importaba. La culpa principal era de esta egoísta mujer que creía poder encerrarles en primer lugar.
El sonido de arrastre le llevó a abrir los ojos de nuevo. Un cubo con un cazo justo al lado de Irasue.
La mujer introdujo el cazó en la cuba y lo elevó por encima de él.
―Es licor. Es tradición durante este tipo de celebraciones que un miembro paterno se asegure de que la mujer será dócil en el proceso.
El cazó se volteó y el líquido que contenía cayó con fuerza sobre sus hombros adoloridos filtrando dolor en su piel excesivamente sensible. El líquido corrió en forma de pequeños ríos dejándo aquí y allá pequeñas gotas.
El proceso se repitió. Sobre su espalda, sobre sus piernas, sobre su cabeza. Gritó cada vez. Y sobre todo gritó cuando la mujer abofeteó sus testículo con el cazo de madera y sumergió su erección palpitante en él.
Inuyasha comenzó a temblar mientras la humedad se unía a la sinfonía climática de su cuerpo como una nueva pieza fundamental.
Una nueva revelación provocando que sus mejillas se sonrojaran con mayor fuerza y que la humillación amenazaran con llevarle al llanto.
Necesitaba vaciar su vejiga con fuerza. La imposibilidad de ello haciendo que su pene se crispara con necesidad y que su desesperación creciera. El líquido no saldría aunque quisiera por culpa de la varilla de vidrio. Eso era frustrante y aliviador todo al mismo tiempo.
Al menos no orinaré sobre mí mismo...
Aún así, parecía una esperanza bana a la que aferrarse.
―Todo listo.―Murmuró Irasue poniéndose en pie.―La próxima vez que nos veamos espero que portes la semilla de mi hijo en tu interior. Si no, por mí puedes morir en paz.
Con esas palabras finales la dama de Occidente se retiró de su lado y hacia las puertas que daban al exterior.
Inuyasha volvía a estar solo. Solo. Con sus pensamientos y temores.
El olor del lícor mezclándose a la esencia anterior empezó a intoxicarle, sus musculos tensos a causa del frío relajándose poco a poco.
Maldita sea...Sesshomaru no lo hará. Él no lo hará.
Inuyasha rezó por que esa fuera la única y absoluta verdad. No estaba seguro de que pudiera soportar otro resultado.
OOOOOOOOOOO
Sesshomaru miró su figura sobre el gran espejo que adornaba la esquina de su habitación. Un enorme salón junto a una enorme cama y muebles comunes. Una mesa baja, un escritorio...tres puertas pequeñas sobre cada pared. Una al pequeño patio interior de su propiedad, otra a su baño privado y otra al enorme vestidos del que acababa de salir.
Su habitación, excepto por el olor, jamás se había sentido como suya. El contenido que le rodeaba siendo irrelevante y no un reflejo de quien era en absoluto.
En el espejo, el reflejo de la puerta al abrirse y la figura de su madre entrando le advirtieron su presencia. Sesshomaru la ignoró mientras volvió a analizar a sí mismo. La alta cola de caballo en la que su pelo había sido contenido era incómoda y desagradable. Un peinado atribuido a su padre que no tenía gusto en compartir. Por otro lado, el haori simple de color rojo aunque en contraste con el blanco de su hakama, tampoco era algo que pudiera apreciar. El color chillón haciendo señas en su mente al pequeño y testarudo hanyou que sólo quería olvidar. Era irritante. Él era Sesshomaru. ¿Por qué debía de cargar sobre su cuerpo con el recuerdo de sus dos familiares masculinos más cercanos?
―Sesshomaru...todo esta listo.―Su madre se posó junto a él y alcanzó una mano hasta su hombro.―No me defraudes...
Sesshomaru asintió. El ligero aroma del sake alcanzando sus fosas nasales.
Su opinión no era importante. Sus deseos no eran importantes.
Él era Sesshomaru. Lord del Oeste y youkai más poderoso vivo. Portador de las Tenseiga y Bakusaiga. Él debía afrontar sus obligaciones con dignidad y olvidar cualquier disgusto interno que la situación pudiera provocar sobre él. Debía mantenerse firme, inalterable, intocable...Si su línea de sangre necesitaba un heredero para continuar con el legado de los Inu-Daiyoukais, que así fuere, lo haría. Él se rebajaría a lo que fuese necesario a partir de este momento.
No debo sentirme inferior por tocar la escoria...la escoria debe sentirse honrada de que alguién como yo está dispuesto a tocarla.
Sesshomaru abandonó la visión del espejo y salió de la habitación siendo antecedido por su madre. Su barbilla alta y sus pies pisando firmes sobre el suelo. El pasillo real permanecía en silencio, repitiendo el eco de sus pasos como único sonido posible. Ignorando los frescos de las pinturas o la belleza de la piedra, Sesshomaru sólo podía permanecer concentrado hacia su obligación. La ira que realmente latía en su interior luchando por encontrar un medio a través del que poder salir mientras sus pantalones dejaban entrever ligeramente la excitación que había permanecido renuente tras las dos horas de preparativos. Esta iba a ser una tarea rápida.
Llegando a las escaleras que llevaban al improvisado harem de las catacumbas, su madre se hizo a un lado.
―Yo no te acompañaré más lejos de aquí. No tendrás problema en encontrar su ubicación.
Sesshomaru no hizo ningún gesto y comenzó a descender las escaleras, las fuertes luces de sus recámares junto con la inquietante visión de su madre siendo sustituidas por las pequeñas lámparas de vela que colgaban en torno a la estrecha y empinada escalera que se hundía sobre las profundidades del castillo. El olor comenzó a golpearle. Un nauseabundo olor que reflejaba el descuido de la mujer sobre su cabeza para aquellos que hacían las veces de juguetes y amantes.
Sus tripas apretaron en una sensación tediosa sobre su estómago.
El olor.
Culpó descuidadamente, sin ser consciente de que quizá era algo más lo que se debatía en su interior. Alcanzando el final de su recorrido, los pasillos de blanco pristino le recibieron en completo silencio. Sus pies no hicieron sonido alguno sobre las losas que pisaba.
Él sabía la habitación. Casi todas ellas. Antiguamente, un laberinto de pasillos que había servido como un buen lugar de entrenamiento para sus sentidos poco desarrollados de cachorro. La visión de las puertas con los hermosos Inu-youkais entró en la periferia de sus ojos, justo a la derecha.
Sesshomaru miró las puertas blancas como si pudieran revelarle el contenido de su interior. Sus ojos brillaron con cierto enfado al comenzar a captar los diferentes olores que procedían del lugar. Obra de su madre, y de no ser así, el hombre dentro de la habitación asquerosamente patético y deformado. Su youki estalló fuera de él como una inmensa ola que cubría mas de la extensión de la habitación.
Abrió la puerta y la cerró tras él. Observó, su sangre volviéndose espesa y su miembro deseando ser liberado.
Un cuerpo pequeño de piel blanca y corto cabello blanco, los músculos sobre la espalda se contraían ,una bella espalda esculpida a base de esfuerzo y dedicación que sólo podía ser el resultado de un guerrero entrenado. Y un delicioso culo apretado que abría y cerraba a la espera de su llegada.
Los ojos de Sesshomaru parpadearon en rojo mientras sentía la ascendencia de su youkai llegar a él.
Es eĺ...Le gritaba su demonio. Es él a quién debemos marcar...
Un fuerte gruñido escapó de su garganta. El cuerpo delante suya comenzó a temblar en reacción inmediata.
¿Cómo es posible?
Se preguntó mientras desataba los nudos de su hakama y dejaba la tela caer sobre el suelo. El haori abierto aun sobre su pecho como símbolo de superioridad.
¿Cómo es posible que desee este cuerpo?
No debería hacerlo. Un hombre junto a otro hombre.
'Un hombre que puede crear crias, cachorros fuertes...'
Se colocó justo detrás de él, su polla acariciando la suave y sudorosa raja que le llevaría a su destino. Inhaló profundamente cuando el contacto envió un escalofrío de satisfacción. El olor dulce y femenino junto con el sake era desagradable, un recordatorio de la mujer que no podía darle crías pero debajo... debajo de toda la porquería había un olor demasiado bueno.
Era una injusticia que un hombre portara ese olor, indignante.
Sus manos agarraron las caderas masculinas y acariciaron sobre el cuerpo desnudo frente a él, la piel ardía y parecía moldearse a sus manos gracias a la humedad, el calor elevando su propia excitación. Su respiración se aceleró un poco, un jadeo nasal inevitable a medida que su cuerpo se cirnió sobre el más pequeño y la piel entro en contacto con la piel. El hombre no le ofrecía su rostro, pero la respiración jadeante era suficiente para saber que el sentimiento de necesidad era mútuo.
Este es un hombre...esto está mal...¿Cómo se atreve a excitarme de esta manera?
Sus manos soltaron los nudos que sostenían los brazos, dejándose caer cerca de la cabeza del chico antes de que sus propios brazos abrazaran el cuerpo más pequeño y acariciaran la piel del pecho, los músculos contrayéndose respondiendo al toque de sus dedos. Músculos duros y firmes, sin una pizca de grasa. Sus dedos encontraron las dos pequeñas protuverancias mientras su rostro cayó sobre la nuca del joven y su nariz respiró profundamente, el verdadero olor que definía a la persona saliendo poco a poco mientras el sudor comenzaba a escapar de sus cuerpos.
Sesshomaru pellizcó los pezones con dureza.
―¡..No...!―Gritó la voz bajo él, todo el cuerpo convulsionándose a su toque y enviando una deliciosa bofetada hacia sus bolas. Sesshomaru gruñó satisfactoriamente ante la voz grave y ahogada que había escapado de su víctima y arrastró los colmillos por la nuca. Una de sus manos torturando con dureza el pezón endurecido mientras la otra se deslizó por la piel escurridiza del estómago hasta llegar a la virílidad agena. No reconoció el elemento extraño al tacto que la coronaba, pero lo ignoró mientras sus dedos captarón la piel extendida, rugosa y caliente que parecía moverse con vida propia. El cuerpo bajo él movió las caderas hacia delante acercándose al contacto de su mano mientras comenzaba a jadear con dureza, pero con ello, rompió el contacto con su propia intimidad. Sesshomaru apartó la mano inmediatamente y se elevó sobre sus rodillas encalladas sobre el suelo, una dura bofetada sobre las mejillas duras del chico que le hizo dar un grito de dolor.
―No olvides a quién debes complacer...―Susurró amenazadoramente. La voz de Sesshomaru fundida en un gruñido salvaje que se intensifico cuando un pequeño gemido fue la respuesta del otro chico. La piel golpeada empezó a dibujar un hermoso color rojo sobre la misma. Sesshomaru abofeteó la otra mejilla provocando un nuevo grito y el proceso se repitió.
Así hermoso color rojo.
―Mío...
Sesshomaru alcanzó una mano hacia las pesadas bolas del chico y rodó las mismas con lentitud. Pesadas, calientes, escurridizas... tiró de las mismas suavemente hacia atrás y obligó al cuerpo masculino a recuperar el contacto con su propia intimidad. Las piernas elevadas temblaban incontrolablemente.
―¿Tanto así...me deseas dentro de tí?―Sesshomaru preguntó con malicia, se dió cuenta de que él estaba jadeando con tanta fuerza como el otro chico, cuando miró hacia la entrada latente y encontró su propia intimidad lanzó un gemido ronco y duro...presemen filtrando de su dureza necesitaba.
¿Tanto así lo deseo yo?
Sesshomaru se estremeció cuando hechó hacia atrás la piel del escroto y la sensible cabeza entró en contacto con la piel suave del agujero que le invitaba a entrar. La mezcla de un grito y un gemido desde el cuerpo del otro, Sesshomaru volvió a realizar una nueva toma de olor. El olor ágrio de la excitación masculina en el aire y el sudor nublando su visión. Agarró las caderas clavando sus garras en la misma, el metálico olor de la sangre transformándose en un aliciente más a la mezcla. Su intimidad latía, gritaba por ello.
―Puta...mi pequeña perra...―Gruñó. Ni siquiera sabiendo por qué hablaba. Esta no era la misión, pero...el control...era intoxicante. Sesshomaru se dejó caer de nuevo sobre la espalda del otro y ocupó su rostro en el hueco del hombro en busca de sus oidos, del rostro que se ocultaba fuera de él.―Dí que lo quieres...Pídelo...
Sus labios chuparon sobre el cuello ignorando las ebras de pelo pegadas sobre él, el pulso del chico a un ritmo desorbitado.
―...n..no...
Sesshomaru gruñó ante la respuesta. ¿Estaba negándose a sus deseos? ¿Ha entregarse a su señor, a alguien como él? La negativa provocó su ira, pero sobre todo le encendió profusamente. Dominar a una mujer era fácil. Aburrido. Ellas simplemente abrían sus piernas para dejarle entrar. Dominar a un hombre que se negaba,a un verdadero guerrero, era un reto.
Mucho más interesante.
La mano de su cadera cayó hasta encontrarse de nuevo con la virilidad más pequeña del otro, apretó con fuerza haciéndole gritar de dolor y comenzó a mover su mano con rapidez. Pequeños gritos y jadeos inconexos mientras negaba con su rostro.
―Pídelo.―Exhigió mientras aceleraba sus envestidas. La excitación del otro haciéndose propia. La temperatura de la habitación se había elevado. Sus cuerpos dibujaban ríos de sudor frente a la insatisfacción sexual―Pídelo...―Las caderas del chico respondiendo, la carne ardiente sobre sus dedos a punto de fundirse. El latido de la vena sobre su cuello acelerándose inconexo...llevándole al borde del clímax.
―¡...n.n..!¡Ah!¡Ah!―Las garras frente a sus ojos agarraron el futón con fuerza y la cabeza se elevó de su posición agachada.
―Sabes que lo necesitas...―Susurró rozándo su mejilla con la agena. Sesshomaru observó los labios finos y sonrojados abiertos, una lengua rosada acompañando los jadeos desesperados y dejándo caer por la barbilla hilos de saliva.
'Él es atractivo...el es nuestro...'
Comenzó un ritmo más rápido sobre el pene de endurecimiento hasta que este envió un latido sobre su mano. Instantáneamente el cuerpo bajo él se arqueó con un fuerte grito ahogado.
El vino...
Pero cuando acaricio la punta el objeto extravagante seguía allí y nada de líquido escapó. El grosor del apéndice creciendo en lugar de diezmar.
Entendiendo rápidamente, Sesshomaru se elevó.
―¿Quieres que lo quité?―Preguntó con dureza.
No hubo gesto u voz que contestase.
―Ruega por esto...―Sesshomaru volvió a empujar su virilidad con fuerza, un color violaceo ganando paso al rojo.―Hazlo y lo quitaré.
Aguardó unos minutos en los que su mano acarició la baja espalda dibujando líneas rojas de sangre. Sus oidos recogieron el gemido sumiso antes de sonreir por las palabras.
―Por...f.a...vor...
La voz derrotada y entrecortada hizo que sus ojos se fueran al rojo inmediatamente. En su subconsciente creyendo que ese tono era vagamente familiar.
El nuestro...
Agarró las caderas con fuerza y empujó...
Un grito compartido desde ambos escapando sin control. Sesshomaru se dejó caer de nuevo sobre la espalda del chico y se sostuvo de aplastarle sosteniéndose en sus brazos. Estaba temblando ligeramente a sí mismo.
El interior cálido, suave y húmedo envolviéndo y constriñendo su polla de espesor una y otra vez llevándole al borde de la locura.
Esto no era como una mujer, esto no era Nada como Suzuka.
Sesshomaru bateó sus caderas hacia delante, la fricción arrancándo un nuevo gruñido de esfuerzo antes de ser seguido por su gemelo.
La última forma de dominación...de subyugación...yo tengo el poder aquí, mi fuerza es su débilidad. Soy un Alpha ¡y este hombre que es un alpha ahora es mío!
Sesshomaru sacó sus caderas hacia atrás lentamente antes de golpear con fuerza de nuevo. Repitió el proceso, sangre recubriendo su excitación y perdiendo el aire ligeramente. Reajustó ligeramente, un brazo consiguiéndo levantar al hombre bajo él sobre sus brazos.
―El mío...
Y sus caderas comenzaron a un ritmo ensordecedor, el sonido de piel con piel en bofetadas, sus bolas golpeando con fuerza el trasero cálido que le acogía. Sentía el placer recorrer su cuerpo, cada vez que entraba el delicioso interior apretando a su alrededor como si jamás quisiera dejarle ir. Sus gemidos pesados se aceleraron mientras alcanzaba la velocidad demoniaca, sus manos olvidando las caderas que ahora se balanceaban en su contra tratando de seguir el ritmo para alcanzar la virilidad erecta y necesitada y acariciarla de nuevo.
―¡Ah...no!¡No...esp...era!¡Ahg!
Sesshomaru alzó su rostro al techo sintiéndo con cierto terror su pérdida de control mientras abría sus fauces y jadeaba rapidamente. Sus bolas casi azules apretando con fuerza y el hueso de su pene hinchándose en una sensación desconocida anteriormente mientras entraba y salía una y otra vez. Esa voz era familiar, ¿Por qué esa voz era familiar?¿Por que este olor tan bueno estaba haciendo gritar al pequeño lado consciente que seguía activo?
―Ah...tan apretado...
Una de sus manos agarró con fuerza el cabello cortó y tiró del chico en busca de los labios que había visto antes. Su boca jadeante devoró el interior de la caberna húmeda mientras su mano derecha acarició su cabello y su izquierda llevaba a la virilidad agena a su conclusión una vez má ó el cabello...encontrando otra cosa que tocar, suave, aterciopelada...
―Sessh...Sessho..maru...¡no...lo...!
Su cuerpo se tensó y aulló con una última embestida. El calor que le rodea encerrándole, eyaculó, el chorro húmedo siendo lanzado en el interior con fuerza. Sesshomaru jadeó, sus ojos abriéndose al máximo de repente cuando empezó a bajar de su alta orgásmica y miró al chico debajo de él. A su rostro, a su cabello...a su olor...
La respiración de Sesshomaru, ese oxígeno tan necesitado, deteniendose abruptamente cuando su mente reaccionó.
―Inuyasha...
La voz fue pronunciada en una especie de susurro incrédulo. Su hermano mestizo, la paria de su sangre, el ignorante y vulgar niño abandonado que debía estar en las tierras del norte causando estragos...Estaba bajo él, jadeando, con rastros de lágrimas que el no había captado, la mirada rota observándole acusadoramente, recibiendo su semen saliendo en grandes olas que no se detendrían hasta asegurarse de crear un hijo.
'Él es el nuestro...siempre nos perteneció...'
Inuyasha...
Y hasta aquí llegó! El Lemon continuará no se preocupen.
Espero saber su verdadera opinión sobre Sesshomaru en mi fic. Admito cualquier cosa, tanto lo malo como lo bueno. Es la única manera de mejorar.
Próximo capítulo: Sin fecha, aunque no más de una semana ;)
*Yako: Es el nombre que recibe la forma original de Sesshomaru. En este fic, sera también el nombre de su youkai interior.
