Hola! ¿Queda alguien por aquí?
A pesar de tener mil cosas en las que pensar- bueno, realmente solo en tres: "Danny", "¿por qué no le habré dicho la verdad antes?" y "estúpido Graham"-, Steve era un SEAL y, como tal, una parte inconsciente de su ser estaba siempre alerta a cualquier peligro que pudiese acecharle.
Era por eso por lo que se había dado cuenta de que lo estaban siguiendo.
Fuera quien fuese, iba a aprender que no es fácil pillar desprevenido a un SEAL, se dijo escabulléndose de repente y escondiéndose para sorprender a su perseguidor.
Pronto los pasos vacilaron y, al oír lo que parecía alguien sorbiendo por la nariz, se asomó con precaución y un poco desconcertado.
Tendría que cambiar su modo de pensar, porque al final sí era fácil pillarlo desprevenido, pensó corriendo hacia Grace, que, al haber perdido el rastro del marine, se había dado cuenta de que no sabía dónde estaba y había roto a llorar.
-Grace. Pequeña. ¿Qué haces aquí?- quiso saber abrazándola.
-No quería que te fueses- dijo la niña entre hipidos-. Te vine a buscar.
-Oh, pequeña…- el moreno sintió que sus propios ojos se llenaban de lágrimas. La niña estaba empapada por la lluvia y todavía en pijama. El marine se sacó la chaqueta y cubrió a Grace con ella mientras una parte de su mente se maravillaba al pensar que la pobre había caminado todo ese tiempo tras él sin cansarse.
-¿Cómo se te ocurre venir así con esta lluvia y tan tarde? Seguro que Danno y Bob están buscándote como locos.
-No saben que me fui.
Steve sonrió.
-A estas horas seguro que se han dado cuenta.
-Danno estaba enfadado contigo.
-Puedo imaginármelo- dijo el marine con tristeza.
-Estaba tan triste que no pude decirle que sí que habías venido a la fiesta. Lo siento.
-No creo que Danny estuviese enfadado por eso.
La niña asintió con rapidez.
-Dijo que te había guardado tarta para que la comiésemos mañana tú y yo.
Steve frunció el ceño. Tal vez fuese cosa de Danny, bien sabía Dios que lo que menos quería ese hombre era disgustar a su pequeña, pero ¿de verdad le había guardado tarta? ¿Sabiendo lo que sabía ahora?
De todas formas ya no tenía más remedio que hablar con él, se dijo levantando a la niña en brazos y cambiando la ruta de vuelta al club hípico de los Williams.
-También estaba enfadado con Graham… pero siempre lo está- añadió Grace ahora más contenta ya que había conseguido que el marine regresase a casa.
Llevaban un rato caminando durante el cual el moreno no dejaba de sorprenderse de la tenacidad de la niña, que en ningún momento se había quejado de cansancio tras la larga caminata, si bien era cierto que no había tardado nada en quedarse dormida en los brazos del marine.
Éste sonrió y le besó la cabeza decidiendo que no volvería a huir. Tenía que convencer a Danny de que lo perdonase, de que su amor, aunque basado en una mentira, era completamente real. Porque aquellos momentos que había pasado sin Grace y sin Danny habían sido los más vacíos de su vida entera.
Ya se estaban acercando al club cuando se cruzaron con una ambulancia que se dirigía al pueblo con celeridad. El corazón de Steve dio un vuelco y se apresuró hacia su destino sujetando con fuerza a Grace, que se había despertado con el ruido y se frotaba los ojos, desorientada.
-¿Qué pasa?
-No lo sé. Pero lo averiguaremos en seguida.
Aparcados en el exterior había varios coches patrulla.
-Vaya la que has liado, pequeña- dijo Steve entrando en la casa, donde no había nadie a parte de una mujer con uniforme.
-¿Y Danny? ¿Y Bob?
-¿Quién es usted y qué hace con Grace?
La niña se aferró al marine con fuerza
-¡Es él!- Steve puso los ojos en blanco, de toda la gente que podía entrar en aquella casa…
-Graham, no empieces- le dijo Stuart agarrándolo con fuerza del brazo. Ambos acababan de entrar en la casa.
-¡Él ha secuestrado a Grace! ¿No lo ves?
-¿E iba a ser tan idiota como para traerla de vuelta?- Stuart tenía cada vez más ganas de darle un puñetazo a su compañero.
-Para hacerse el héroe, está claro
-Bueno, ya está bien- dijo la mujer- ¿Qué demonios pasa aquí?
-Steve se iba y le seguí- dijo Grace como si aquello fuese lo más natural del mundo- ¿Dónde está Danno?
La mujer dirigió una mirada nerviosa al resto de los adultos.
-Graham, espérame en el coche- dijo Stuart- Y no te muevas o te esposaré al volante.
Graham apretó los puños y se fue murmurando. Stuart sacudió la cabeza y levantó los brazos en un gesto que indicaba que quería que Steve le pasase a la niña.
-De verdad que lo siento mucho. No debí traerlo. Llevaré a Grace a la habitación.
Mientras, la policía le explicó al marine lo que había ocurrido, lo de Bob, que Danny había salido a buscar a Grace…
-Avisaré a las patrullas de que Grace ya ha aparecido- le dijo una vez acabó de relatar los hechos.
-Muy bien. Muchas gracias. Yo iré a buscar a Danny si alguien se queda aquí con Grace.
La mujer le tendió la mano.
-Yo lo haré. ¿Necesitas que le diga a alguien que te ayude?
-No. Al fin y al cabo, soy un SEAL
Con lo que Steve no contaba era con que el teléfono de Danny no estuviese operativo. Incluso había contactado con una amiga de la marina para que localizase el móvil del rubio, pero había sido imposible.
-Vamos, Danno… ¿Dónde estás?- se dijo.
Cuando pasó por delante de la cabaña, se fijó en que la luz de la entrada estaba encendida a pesar de que recordaba claramente haberla apagado. Se apresuró al interior. No había nadie, pero su carta estaba en el suelo, abierta y con marcas en el papel que indicaban que había estado en contacto con agua. En el suelo aún se adivinaba una mancha oscura que indicaba que alguien con la ropa mojada había estado largo rato ahí.
Se imaginó a Danny calado hasta los huesos, desesperado por encontrar a su hija y leyendo su carta de despedida sentado en el suelo en un rincón de su salón y su pecho se encogió de pena.
Apagó la luz y salió a toda prisa en dirección al bosque, ya que si Danny hubiese seguido el camino al pueblo se lo habrían encontrado cuando regresaron al club.
La lluvia había dado paso a la tormenta, que azotaba con toda su fuerza. No era el mejor momento para estar en el bosque, se dijo el marine apurando el paso.
-¿Danny? ¡DANNY!- gritaba de vez en cuando.
Había perdido la noción del tiempo, solo sabía que la probabilidad de que Danny estuviese perdido era cada vez mayor, que ahora la oscuridad reinaba por completo salvo por el ocasional reflejo de los relámpagos. De pronto una voz ronca llegó de la lejanía.
-¡GRACE! ¡GRACE!
-¿DANNY?
Durante unos minutos no se oyó nada a parte de la lluvia y el rumor de los truenos.
-¿Steve?
-¡DANNY! ¿DÓNDE ESTÁS?
El rubio volvió a gritar y pronto vio una luz que le hacía señales. Corrió hacia ella agradeciendo que, a pesar de estar desesperado con la desaparición de su niña, el ex policía se hubiese detenido a hacerse con una linterna.
Cuando llegó al lugar en el que se encontraba el rubio, lo vio tan desconsolado que se le partió el alma.
-Grace… No está- balbuceó
Steve lo abrazó con fuerza.
-Todo está bien, Danno. Grace está en casa.
-No, no está
-Sí. Me siguió durante varios kilómetros antes de que yo me diese cuenta. Lo siento tanto…
Danny le miró sin decir palabra y de pronto le dio un puñetazo.
Steve se llevó la mano a la mandíbula, la verdad es que el ex policía tenía un buen derechazo.
Luego, el rubio le abrazó con fuerza y rompió a llorar.
-Danno…
-Te fuiste, Steve. Sin hablar conmigo. Y Grace no aparecía. Y Bob…
-Lo siento mucho. No he hecho nada bien.
-No- Danny enterró la cara en el pecho de Steve- Nada bien. Pero hablaremos de eso luego. ¿Dónde está Grace?
-En casa, con la inspectora Smith.
-Es una buena mujer.
-Vamos a casa, Danno
-Tengo que ir con Bob.
-Ya hablaremos de eso luego. Grace te necesita y tú estás empapado.
